GUÍA DE LECTURA – NOVELA: El abuelo que saltó por la ventana y se largó, de Jonas Jonasson.

abuelo_que_salto_por_la_ventana_y_se_largo_el_bolsillo_300_rgbCon un argumento sospechosamente muy parecido a Forrest Gump de Winston Groom, aunque con un personaje central bastante menos entrañable que aquel interpretado por Tom Hanks, esta novela cómico-dramática con un trasfondo de thriller, como no podía ser menos viniendo de un autor sueco, nos propone un viaje emocionante, convulsivo y divertido realizado por un anciano que acaba de cumplir cien años, una edad a la que no es muy común una aventura tan disparatada.

El protagonista, Allan Karlsson, un caballero ordenado y correcto, aunque siempre ausente con lo que le rodea, como si estuviera afectado por el síndrome de Asperger, ha vivido una existencia increíble, la cual, al ser recordada durante la odisea final que le lleva desde una nevada y tranquila aldea de Sörmland, Suecia, hasta la calurosa y turística isla de Bali, Indonesia, es tomada como excusa para resumirnos, a grandes rasgos y con dudoso rigor histórico, la crónica de los acontecimientos mundiales más relevantes ocurridos durante el último siglo, ante lo cual, es fácil deducir que el libro está estructurado en dos vías temporales, yendo de una a otra entre el presente, en el que Karlsson decide huir del hogar de la tercera edad en Malmköping, donde está internado, no resignándose a una vida contemplativa y vegetal, y el pasado, del que se nos dibujan sus cien años de vida agitada hasta lo inverosímil, durante la que participó en los momentos más cruciales de la historia, siendo incluso el personaje clave en muchos de ellos… Dos vías tan remarcadas e independientes que, en ocasiones, nos da la sensación de estar leyendo dos novelas diferentes.

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Todo comienza cuando Karlsson, escapándose por la ventana de su habitación, mientras el resto de los residentes y empleados del hogar están alegremente ocupados en la preparación de la fiesta de su cumpleaños, a la que han invitado incluso al alcalde, da inicio a su particular peregrinaje hacia ningún lugar, pues tanto le da ir a un lado que a otro, algo inherente a él, como veremos en el repaso de su vida, llevado por su instinto de huir de aquello que no le agrada, en este caso de la monotonía de la residencia y de esas celebraciones que le aguardan, arreglándoselas para llegar hasta la estación de autobuses, en zapatillas, y apropiándose, circunstancialmente, de una maleta, cuyo contenido le traerá unas consecuencias que no podría imaginar, pues muy pronto, no solo las autoridades, sino también algunos delincuentes, comienzan a perseguirlo, aunque Karlsson, como si ello no fuera con él, consigue esquivarles en numerosas ocasiones y logra hacer nuevos amigos que se apuntan a su escapada, y al reparto del botín, como si de una merienda campestre se tratara e, incluso, arreglándoselas de maravilla para tratar y convencer a los que al final les dan alcance.

Realmente hay momentos bastante absurdos, grotescos y cargados de cierto sentido del humor muy al gusto anglosajón, sobre todo por lo inaudito e inesperado de las situaciones y a costa, en gran parte, de la ridiculización de unos torpes policías frustrados por su incapacidad para encontrar a un hombre de cien años, así como de un grupo de criminales que parece sacado de un guion de los Hermanos Marx o de los esperpentos de Valle-Inclán, aunque sin la ironía de aquellos ni la profundidad de estos, resultando unas aventuras demasiado simples por sus diálogos y sus acciones que dan la sensación de estar pensadas para un programa infantil, y alcanzando el clímax de lo irracional con la aparición del elefante, uno de los muchos personajes secundarios cuya interacción se ve demasiado forzada, por lo que resultan un tanto artificiales, y como ejemplo Herbert Einstein, el supuesto hermano del famoso científico y el único personaje poseedor de humildad e inocencia dentro de una historia donde todos el resto de personajes destacan por su extravagancias, éste también lo es, pero al menos no se jacta de nada. Sin embargo, no hay mucho que objetar a estos recursos cuando ya se ha comprobado que han dado un buen rendimiento en series como Mr Bean, aunque en las historias de Rowan Atkinson el sarcasmo era mucho más evidente ya que el único que se comportaba de forma desusada era el protagonista, en cambio, con esta novela, bien podríamos pensar también que estamos ante una historia estructurada al estilo de una parodia social, lo cual tendría sentido si fuera evidente el destinatario, o destinatarios, de tales críticas, pero eso no está tan claro, y menos cuando el propio autor, Jonas Jonasson, describe al protagonista como “un idiota político, una máquina de matar, un hombre sin moral, no es un hombre común”… sin embargo tampoco el resto de los personajes se comportan como personas normales.

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Cuando hacia el principio vemos como Karlsson, en su juventud, es una víctima más de la política sueca de eugenesia, por ser considerado un inadaptado social, podemos llegar a pensar que el tema va de alguna denuncia sobre las escandalosas series de esterilizaciones llevadas a cabo en Suecia durante mediados del siglo XX, e incluso bastante después, o algo así, pero cuando comprobamos que todo se queda en un simple chascarrillo sin más consecuencias, el cuerpo se nos queda frío, y más cuando utiliza como personajes a líderes de la política mundial de primer orden durante el siglo pasado, lo que podía dar pie a un ataque a la doble moral de los gobiernos, o a la falta de ética de la clase política y, sin embargo, la cosa se queda en una relación de personalidades pueriles y ridículas de la mayoría de esos líderes.

Karlsson es presentado como un hombre despreocupado que toma las cosas tal como vienen y no se queja de las dificultades, todo le da igual y solo se mueve por motivaciones muy simples y primarias: la bebida, la comida o cosas así, claro que eso, a lo mejor, fuera una consecuencia de aquella castración a la que fue sometido por Bernhard Lundborg, el médico y biólogo sueco tristemente famoso por su ideología de higiene racial. En cambio, tenía una gran facultad, por no denominarla obsesión, su afición a las voladuras con cualquier tipo de explosivo, la cual, le facilitará la existencia y le hará ganarse la confianza de varios de aquellos líderes mundiales, comenzando por Francisco Franco, a quien salva la vida, pasando por el presidente norteamericano Truman, con quien descubre el placer de la bebida y a quien la facilita la creación de la bomba atómica, invento que no tardará en revelar al propio Stalin, o bien salvando a la bella esposa de Mao, o participando los hechos históricos más relevantes, como la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial, la revolución maoísta en China, la fallida revolución comunista contra el Sha de Persia, o en el incendio de Vladivostck, del que, según parece, él fue culpable, o en la Guerra de Corea y hasta en la erupción del volcán Kunung de Indonesia, aunque en esta ocasión Karlsson nada tuvo que ver, sin olvidarnos del mayo del 68 francés ni del doble espionaje durante la Guerra fría… Como ya hemos comentado al principio, igual que Forrest Gump, Allan Karlsson es un personaje con la habilidad de estar en el lugar correcto en el momento adecuado, aunque a diferencia de aquél, éste no sea ni cándido ni inocente.

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Pero la culminación, la escapada por la ventana del hogar de jubilados, tiene ya una mezcla totalmente inesperada de acontecimientos, donde Jonasson funde, sin ningún rubor, la novela de intriga aderezada con asesinatos de lo más viscerales, llevados a cabo como por casualidad y casi sin querer, y que a nadie parece provocar el más mínimo remordimiento de conciencia, a modo de guiño estrafalario al más puro cine “gore”, con la “comedia bufa”, tan de moda en estos últimos tiempos donde la ficción lo tiene muy difícil para superar a la realidad en la que ya se ha acomodado el teatro de lo absurdo como forma de convención social por todos admitida, y todo ello revuelto en la comedia al estilo inglés con su multitud de gags sin orden ni concierto que buscan la hilaridad fácil entre los lectores. Y tal vez este ahí agazapado el mensaje de esta novela, que a fuerza de tantas sorpresas y disparates llega a no sorprendernos, por lo que al final nos esperamos cualquier cosa y casi perdemos el interés, lo triste es que en la realidad nos está ocurriendo algo parecido.

En conclusión, El abuelo que saltó por la ventana y se largó se puede definir como una sátira sobre el siglo XX, y del poquito del XXI que llevamos gastado, sin realizar su autor ningún juicio de valor sobre los diferentes hechos acontecidos ni sobre sus actores principales, así como un retrato de la sociedad actual con la intención de ridiculizar sus principios y valores. Si a esto le añadimos que es fácil de leer por su lenguaje sencillo y por su falta de profundidad o análisis y que te hace brotar la risa en muchas ocasiones de forma espontánea, gracias a sus situaciones inverosímiles e inesperadas, no es de extrañar su excelente éxito de ventas.

GUÍA DE LECTURA – NOVELA: El cuaderno de Noah, de Nicholas Sparks

589788416859283El cuaderno de Noah, es una novela de Nicholas Sparks, escrita en 1996, que se centra en un idilio, desarrollado durante medio siglo, entre Noah Calhoun y Allie Nelson, dos jóvenes sureños que se conocieron cuando eran unos adolescentes, pero que debieron superar diversos obstáculos para estar juntos, incluida la desaprobación de la familia de Allie.

La novela la va narrando un hombre de ochenta años que vive en una residencia de ancianos, y él mismo nos advierte, mientras camina por un pasillo en dirección a otra habitación distinta a la suya, que el relato puede ser tomado como una historia de amor o como una tragedia, dependiendo de la perspectiva de cada lector. Al llegar a la habitación, nos encontramos con una anciana enferma de Alzheimer llorando en su cama. Una enfermera hace entrar al anciano y éste toma asiento y comienza a leer de un viejo cuaderno para la mujer quien, poco a poco, va tranquilizándose.

La narración que él lleva a cabo tiene lugar en octubre de 1946, cuando Noah Calhoun, un hombre joven de treinta y un años, que hace un tiempo regresó de la guerra a su ciudad natal, New Bern, en Carolina del Norte, está ultimando los pequeños detalles de la casa comprada con la intención de repararla y vivir en ella, con la única compañía de su fiel perra Clementine. En este instante aparece Allie Nelson, con quien tuvo un breve romance de verano hace catorce años y a la que nunca ha podido olvidar… Pero a partir de aquí ya es cuestión vuestra ir descubriendo la trama…

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Noah Calhoun tiene ochenta años cuando comienza a leer esta historia. Él ha estado viviendo en un hogar de ancianos, que no está lejos de su casa, durante los últimos tres. Está algo maltratado por la artritis, lo que le dificulta moverse, sin embargo, cada día, lee a algunos de los otros residentes con la finalidad de distraerlos o tranquilizarlos, según el caso, siendo su lectura favorita la poesía, un hábito que ha formado a lo largo de los años y cuya afición fue una de las razones por las que Allie se enamoró de él. En su juventud era un hombre fuerte físicamente, sin embargo, suave y cariñoso en lo emocional. No le preocupaba el reconocimiento social ni la fama y prefería sentarse en su porche delantero y leer a Walt Whitman o tocar su guitarra o disfrutar de los pequeños placeres de la vida, como pescar o ir en canoa por el río. Noah se enamoró de Allie cuando tenía dieciocho años y ella quince y, a pesar de salir con otras mujeres a lo largo de los años posteriores, su amor por ella nunca fue igualado. Él no lo admitía conscientemente, pero la añoró todo el tiempo que estuvieron separados. Así, cuando Allie reapareció de repente, se dio cuenta de lo mucho que la había extrañado.

El cuaderno de Noah es, como hemos podido comprobar, una historia de amor entre Noah y Allie, personajes basados en los abuelos de la esposa de Nicholas Sparks, quienes tenían más de esa edad y todavía estaban enamorados. El amor es pues uno de los temas importantes de esta obra, aunque es una historia de amor trágica, sobre todo en los últimos años de la vida de los personajes, ya que Allie ya no puede recordar quién es Noah, lo cual es muy doloroso para él, sin embargo, la expresión de su amor es tan poderosa que incluso los efectos del Alzheimer no pueden mantener los recuerdos sumergidos permanentemente en las profundidades del olvido, algo que los médicos no son capaces de explicar, pues, de vez en cuando, Allie reconoce repentinamente a Noah, incluso en las últimas etapas de la enfermedad. En cambio, esto no es ningún misterio para las enfermeras del hogar, quienes ven ese amor constantemente reflejado en los ojos de Noah, o en la forma en que la atiende con una paciencia infinita, aunque en ocasiones ella, cuando se asusta porque no lo reconoce, le grite y lo rechace y los médicos hagan salir a Noah de la habitación.

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El autor pinta una hermosa imagen de la pasión que estos dos personajes despliegan cuando se conocen y que les insufla el valor necesario para enfrentarse a todos los desafíos que tratan de mantenerlos separados, haciendo a los lectores testigos de las emociones salvajes de Allie y Noah cuando prueban por primera vez su amor, así en como los momentos más tranquilos durante los años posteriores, cuando todo lo que tienen que hacer es agarrarse suavemente de las manos para expresar lo que profesan el uno por el otro.

Otro tema en esta novela es el proceso de envejecimiento durante el que ocurren grandes transformaciones. Noah, que una vez fue un atleta con una constitución muy fuerte, está sufriendo con la vejez. Sus manos están tan contrahechas que apenas puede pasar las páginas de los libros que lee. Su cuerpo está constantemente frío, no importa cuánta ropa use ni cuánto calor vierta el aire acondicionado en su habitación. También tiene un derrame cerebral, por lo que al final de la novela, vemos como se esfuerza por caminar, arrastrando los pies, desde su habitación hasta la de Allie. Y ella va cayendo en una profundidad sin vuelta a medida que pasa el tiempo, y recuerda cada día menos …
Pero, sobre todo, hay un tema que inquieta bastante a muchos lectores y, en especial, a los críticos literarios, el énfasis del libro en la fidelidad y las experiencias de sentimientos amorosos, por lo que muchos califican la novela como simplista e irreal, como sentimental, repetitiva y repleta de lugares comunes, algo que en ocasiones es cierto, sin embargo, no se puede negar que Sparks creó un mundo con el que muchos lectores alguna vez en sus vidas han soñado.

Cuando la historia regresa al presente, en el que Noah es un anciano de ochenta años, los lectores comprendemos lo felices que fueron. Noah y Allie están a punto de celebrar su cuadragésimo noveno aniversario de bodas, son padres de cinco hijos y tienen varios nietos, han vivido juntos en la casa de la plantación, donde naciera su amor aquel verano, Noah siempre apoyó los sueños de Allie de convertirse en artista, como demuestra el hecho de que en su habitación de la residencia cuelguen dos de sus pinturas, así mismo, cuando siente nostalgia del pasado, saca las viejas fotografías y las cartas que Allie le escribió a lo largo de los años, y calma su tristeza. Pero la crueldad del presente solo le permite compartir todo esto con Allie en los pocos momentos fugaces en que ella lo reconoce.

635809535757250980-Spark-Nicholas-credit-to-Warner-Bros.-Entertainment-IncEl cuaderno de Noah de Sparks no siempre disfrutó de comentarios favorables de críticos literarios, como ya hemos comentado, pero los lectores auparon la novela a lo más alto de las listas de libros más vendidos durante más de un año después de su publicación, y en 2004, New Line Cinema produjo una versión cinematográfica, la cual es comparada con otras historias románticas de gran éxito, como Love Story (Historia de amor) de Erich Segal (1970), The Bridges of Madison County (Los puentes de Mádison) de Robert James Waller (1992) o The Horse Whisperer (El hombre que susurraba a los caballos) de Nicholas Evans (1995), todas ellas con similares temas sobre el amor y la pérdida.

El cuaderno de Noah fue la primera novela publicada de Nicholas Sparks, aunque había escrito dos anteriormente, las cuales no han salido todavía del cajón de su escritorio. Pero tras el éxito obtenido con ella, Sparks ha escrito más de una docena, algunas tan conocidas como Mensaje en una botella o Un paseo para recordar, siete de las cuales han sido adaptadas al cine o a la televisión.

GUÍA DE LECTURA – NOVELA: Todo ese fuego, de Ángeles Caso.

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¡No soy un pájaro; y ninguna red me atrapa: soy un ser humano libre con voluntad independiente”
Charlotte Brontë, Jane Eyre

202339_portada_todo-ese-fuego_angeles-caso_201506111158En esta ocasión hemos elegido una novela biográfica en la que, como es normal, se mezclan la realidad y la ficción, pero Ángeles Caso, autora además de la que nos ocupa de otros títulos como: Elisabeth, emperatriz de Austria-Hungría, El peso de las sombras (finalista del Premio Planeta en 1994), Un largo silencio (Premio Fernando Lara en el 2000), Donde se alzan los tronos o Contra el viento (ganadora del Premio Planeta en 2009), ha mezclado ambos condimentos en la proporción adecuada, primando lo histórico sobre lo inventado y ambientando a la perfección el momento descrito tanto con su lenguaje literario como con las descripciones.

Dividida en dos partes bastante diferentes, utiliza la primera para delinearnos con perfectos trazos de su dinámica y amena narración, un día en la vida de las tres hermanas Brontë, concretamente el 16 de julio de 1846, con los sonidos cotidianos durante sus trabajos caseros, con la vieja sirvienta contando sus leyendas, con las ilusiones y fantasías de cada una de las hermanas, con la inquietud sobre el destino de su hermano Branwell, con el peso de la presencia del padre, el rector de la parroquia de Haworth, un pequeño pueblo perdido en el frío y húmedo norte inglés, y con los omnipresentes recuerdos: de amores perdidos, de sueños marchitos y de las hermanas y la madre muertas cuyas tumbas pueden verse al lado de la casa, pero por las tardes se evadían de aquella realidad creando sus mundos inventados. Y en la segunda, meramente informativa, nos va dejando constancia de los ocurrido durante los años posteriores a todos los miembros de la familia.

A medida que avanzamos por sus páginas, nos puede dar la sensación de que es una novela triste, y es así, pues en ella se refleja con bastante fiabilidad la vida de aquellas tres mujeres. Charlotte, Emily y Anne Brontë crecieron en Yorkshire a principios del siglo XIX, una época en la que lo único que se esperaba de las mujeres de clase media, como ellas, era un buen matrimonio, muchos hijos y que fueran capaces de manejar las tareas del hogar y educar a su progenie, además de que fueran unas sumisas esposas y un buen objeto decorativo sentadas en silencio y aprisionadas por sus corsés, mientras el marido se explayaba en sus opiniones en largas conversaciones con los amigos.

Las mujeres eran consideradas físicamente más débiles pero moralmente superiores a los hombres, y de ello surgió la teoría de las “esferas separadas”, mediante la cual, los varones tenían que dirigir el mundo y las mujeres el hogar, y a causa de esto, la influencia de ellas en la familia fue utilizada como un argumento en contra de su derecho a votar.

Las actividades intelectuales, y ya no digamos las físicas, eran exclusivas de los hombres, y lo mismo ocurría con la facultad de expresar sus sentimiento y pasiones. A las mujeres bien educadas solo se les consentía el recato y la discreción, y se les reconocía las habilidades que habían aprendido en los internados: “Una mujer debe tener un conocimiento profundo de la música, el canto, el dibujo, el baile y los idiomas modernos… y además de todo esto, debe poseer cierta cosa en su aire y forma de caminar, el tono de su voz, su dirección y expresiones… (Orgullo y prejuicio cap. 8, de Jane Austin). Pero las hermanas Brontë tenían la puerta de escape de la escritura, donde se permitían crear heroínas capaces de controlar sus propios destinos y sucumbir a las pasiones.

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9788439730101Sin embargo, ellas sabían muy bien que las mujeres que se dedicaban con entusiasmo a las actividades intelectuales, “azules” las llamaban, eran consideradas poco femeninas y desagradables por pretender usurpar la superioridad intelectual “natural” de los hombres. Incluso algunos “científicos” llegaron a asegurar que el estudio tenía efectos perjudiciales en los ovarios… y era muy difícil que encontrasen marido. Así que las tres hermanas escribieron bajo seudónimos masculinos: Charlotte como Currer, Emily como Ellis y Anne como Acton, tres hermanos imaginarios de apellido Bell, por lo que las iniciales seguían siendo las mismas. De esta forma consiguieron que sus manuscritos se publicaran sin ningún problema, aunque en sus novelas, además de los múltiples guiños autobiográficos, siempre dejaban alguna perla suelta, reflejo de su condición femenina. Por ejemplo, en Jane Eyre, Charlotte creó una heroína que definió como “pobre, oscura, sencilla y pequeña”, pero llena de pasión y determinación, íntegra y llena de confianza en sí mismo, y capaz de reivindicar sus derechos como persona: “Se supone que las mujeres son muy tranquilas, en general; pero las mujeres sienten lo mismo que los hombres sienten… es irreflexivo condenarlas, o reírse de ellas si buscan hacer más o aprender más de lo que la costumbre ha considerado necesario para ellas”.

9788420664934Por su parte, Emily, en su única novela, Cumbre borrascosas crea un personaje femenino egoísta, infantil y difícil de amar, Catherine Earnshaw, pero la fuerza de esta historia radica en la pasión y el poder que de ella emana, justo en un momento en que la sexualidad femenina era un tabú, por lo que este libro recibió tantas críticas, pues las mujeres jóvenes, y no tan jóvenes, de aquella época, no tenían más remedio que permanecer castas hasta el matrimonio, si éste llegaba, y ni tan siquiera se les permitía hablar con hombres a solas, a menos que hubiera otra mujer casada delante.

513CUcT15IL._SX327_BO1,204,203,200_Aunque, a pesar de haber sido eclipsada por la fama de sus hermanas, la más joven de las tres, Anne, es la más radical de las hermanas, como podemos comprobar con una de sus figuras femeninas, Helen Graham, la heroína de su segunda novela, La inquilina de Wildfell Hall, quien desafía las convenciones sociales e infringe la ley inglesa del momento al abandonar a su esposo alcohólico y criar ella sola a su hijo, solo por ello, muchos críticos la consideraron como la primera novela feminista. Puede ser que Anne fuese la que más quedó marcada por el hermano, Branwell, en quien toda la familia había depositado todas sus esperanzas, pero que resultó ser un fracasado, alcohólico, mujeriego y violento, pues Anne exploró en sus novelas las consecuencias devastadoras del alcoholismo.

bronte-hermanas-sisters-escritorasEn conclusión, las hermanas Brontë, además de ser tres exitosas autoras, tuvieron éxito en un momento en que las mujeres no tenían mucha libertad, ni en el hogar ni en la sociedad, desafiando las convenciones y abogando en sus novelas, en cierta forma, por los derechos de la mujer:

En Jane Eyre, Charlotte creó un personaje femenino fuerte, una mujer decidida a abrirse camino en el mundo. Trabajando como institutriz, Jane decide huir del señor Rochester, en lugar de convertirse en su amante. Trabajar de institutriz era la única profesión respetable para una mujer soltera, pero ofrecía una vida agotadora y ninguna seguridad. En El profesor y Villette plasmó sus propias experiencias, abogando por mejores opciones profesionales para las mujeres y por el derecho de éstas a poder expresar sus deseos sexuales.

En Cumbres borrascosas, la única novela de Emily, diseñó una protagonista apasionada y repleta de un fuego sexual, por lo que se lamente de su matrimonio respetable, lo que resultó una caracterización femenina totalmente innovadora. Para el lector victoriano esta novela resultaba extremadamente progresista, pues no se esperaba que las mujeres respetables expresaran, ni fueran conscientes, de los deseos sexuales.

En La inquilina de Wildfell Hall, Anne es una mujer maltratada que huye de su marido llevándose con ella a su hijo, impugnando de esta forma una ley de la época que daba derecho a los hombres a la custodia completa de los hijos y el derecho a la propiedad. Las mujeres todavía tardarían diez años, desde que se editó esta novela, a obtener derechos legales limitados tanto en la custodia como en la propiedad. Con Agnes Gray, Anne, al igual que su hermana Charlotte, abordará el papel y el tratamiento de la institutriz en la sociedad victoriana, desde una visión más sombría y menos romántica de los problemas reales.

Sin embargo, las hermanas Brontë no tenían una visión de futuro todavía plenamente desarrollada sobre el papel de la mujer en la sociedad en la que vivían, por lo que no estaban interesadas en conseguir el derecho al voto, pero muchas de las reivindicaciones aparecidas en sus novelas, a pesar de haber sido logradas parcialmente, todavía son una meta a alcanzar en muchas partes del mundo en la lucha por la igualdad de sexos.

GUÍA DE LECTURA – NOVELA: Los cuatro jinetes de la Apocalipsis, de Vicente Blasco Ibáñez.

GUÍA DE LECTURA – NOVELA: Los cuatro jinetes del Apocalipsis, de Vicente Blasco Ibáñez -PDF

Publicada en 1916, en pleno horror de la “Gran Guerra”, Vicente Blasco Ibáñez representó con singular acierto en Los cuatro jinetes del Apocalipsis las distintas fuerzas, intereses y mentalidades cuyo enfrentamiento llevó a la primera conflagración mundial. Estructurada en torno a dos familias -los Desnoyers y los Hartrott- que, aunque provenientes parcialmente de un tronco común, pertenecen cada uno a uno de los bandos en conflicto, la novela discurre ágilmente por los escenarios dantescos de una Europa rota, sobre cuyos desolados campos de batalla el gran vitalista que fue Blasco hace latir finalmente, salvaje e invencible, el deseo de vivir.

En todo tipo de guerra, la primera víctima es la verdad.

9788420652894[1]Vicente Blasco Ibáñez, uno de los más grandes escritores realistas, no solo de España, sino incluso universal, intentó ser fiel a los dos impulsos vitales en que se apoyaba para realizar sus obras: su militancia artística y su militancia social, lo cual le llevó a no pocos conflictos internos, pues mientras que la primera le empujaba a reflejar la realidad con toda objetividad, la segunda le hacía aflorar la subjetividad de un hombre participante convencido en el eterno desarrollo de la lucha social. De ahí que no le faltasen las acusaciones sobre la existencia de un calculado maniqueísmo en sus trabajos.
Los cuatro jinetes del apocalipsis es, tal vez, si no la más importante, una de sus mejores novelas y en ella se reflejan los horrores y errores de la guerra, concretamente la Primera Guerra Mundial, vistos en primera persona, pero no por los combatientes, sino por los espectadores inevitables que la sufrieron sin poder hacer mucho más que sobrevivir, tal y como el propio autor nos dice en la introducción:
“Esta novela la escribí en París cuando los alemanes estaban a unas docenas de kilómetros de la capital, y bastaba tomar un automóvil de alquiler en la plaza de la Ópera para hallarse en menos de una hora a pocos metros de sus trincheras, oyendo sus conversaciones a través del suelo siempre que cesaba el traquetear de los fusiles y ametralladoras, restableciéndose el silencio sobre los desolados campos de muerte”.

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Ya había concluido la batalla del Marne que frenó el avance de las tropas alemanas hacia París y Blasco Ibáñez, recién llegado de Argentina, había colaborado en la defensa de la democracia con lo que mejor sabía hacer, “sus escritos espontáneos a favor de Francia”, cosa que le agradeció el propio presidente de la República, M. Poincaré, en persona, aprovechando ese encuentro para hacerle una petición:
“Quiero que vaya usted al frente -me dijo-, pero no para escribir en los periódicos. Eso pueden hacerlo muchos. Vaya como novelista. Observe, y tal vez de su viaje nazca un libro que sirva a nuestra causa”.
¡Y vaya si lo escribió!…
Leyendo sus páginas, y gracias a su capacidad para reflejar el verismo y la inmediatez de lo que él mismo estaba contemplando, nos vamos introduciendo en una guerra inverosímil, impensable, pero que muchos deseaban. Claro que, a causa de la ideología del autor, los alemanes aparecen inevitablemente como los malos, con su sentimiento de raza superior, su desprecio de los otros pueblos europeos, sobre todo de los mediterráneos, su soberbia al considerarse los destinados para unificar Europa bajo su yugo, y empeño en adoctrinar al resto de culturas… lo curioso es que eso que él describía en 1916, se confirmó trágicamente veinticuatro años después con el infierno de Hitler.
Pero volviendo al principio, fiel a sus ideales artísticos y sociales, y no queriendo apartarse de ninguno, Vicente Blasco Ibáñez habla a través de sus personajes, predominando la observación sobre la acción, llegándonos la mayor parte de las escenas de enfrentamientos bélicos de oídas, pues no las protagonizan los personajes principales, pero son ellos quienes van exponiendo todas las ideas que fluyen de su cabeza y no el narrador en sí, sin embargo, y a pesar de que son todos ficticios, muchas de las situaciones descritas están inspiradas de la realidad:
“El primer capítulo de Los cuatro jinetes del Apocalipsis me lo proporcionó un viaje casual a bordo del último trasatlántico germánico que tocó en Francia”.

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Y en la novela esto mismo le ocurre a Julio Desnoyers, un joven franco-argentino que vuelve a casa tras recaudar las rentas de las tierras familiares en aquella nación sudamericana, y es él quien nos describe lo que en realidad escuchó y vio el propio autor de primera mano ofrecido por los pasajeros alemanes que tenía como compañeros de viaje:
“Les oí hablar con entusiasmo de la “guerra preventiva”, y celebrar, con una copa de champaña en la mano, la posibilidad, cada vez más cierta, de que Alemania declarase la guerra, sin reparar en pretextos”.
La batalla del Marne la describe desde dos posiciones: el París abandonado por el Gobierno que, ante la inminente invasión teutona prevista, se trasladó a Burdeos, de la mano de la familia Desnoyers y su día a día en una ciudad donde se respiraba el miedo, donde se palpaba el silencio, la soledad, la desesperanza, tal como él mismo pudo experimentar:
“Marchando por las avenidas afluentes al Arco del Triunfo, que en aquellos días parecían de una ciudad muerta y contrastaban por su fúnebre soledad con los esplendores y riquezas de los tiempos pacíficos, tuve la visión de los “cuatro jinetes”, azotes de la Historia, que iban a trastornar por muchos años el ritmo de nuestra existencia”.
El París de las estaciones repletas de hombres alegres camino del frente y mujeres y niños llorosos o de ancianos orgullosos, incluso algunos llenos de envidia viéndo partir a sus hijos a defender a la patria. Hijos que muchos ya no volvería y que otros muchos lo harían sin aquella alegría inicial, destrozados físicamente o en lo más profundo de su espíritu.
Y la otra posición era el mismo frente, donde él fue por petición del presidente de la República, desarrollándose esa visita a cargo del viejo Marcelo Desnoyers, en dos episodios, concretamente: uno con la excusa de defender sus posesiones y el otro, cargado de enfrentados sentimientos de culpabilidad y arrepentimiento, arrastrado por el miedo de perder lo único que le queda, su hijo.
Con la guerra llegan los cuatro jinetes del Apocalipsis: la Guerra, el Hambre, la Peste y la Muerte, azuzados por el militarismo prusiano, ese pueblo que, para quienes defendían la razón y la libertad, representaba la fuerza bruta de la caverna y el sentimiento reaccionario más oscuro de Europa. Alemania quería instaurar “el reino de la Bestia”, el retorno de la barbarie, como así lo proclamaba otro de los personajes alter ego del autor, el ruso Tchernoff.
Al igual que éste, el resto de los personajes fueron elegidos con artesanal cuidado para poder encajar la función propagandística evidente que debía tener la novela, sin perder por ello ni ápice de verosimilitud ni realismo:
Marcelo Desnoyers, en su juventud, 1870, huye de Francia a Argentina por causa de su militancia republicana negándose a formar parte del ejército imperial. En aquellas lejanas tierras encuentra trabajo en la inmensa hacienda de un español primario y vital, Madariaga, quien desprecia cualquier atisbo de nacionalismo, pues para él todo hombre es de donde trabaja y funda una familia:
“Fíjate, gabacho: yo soy español, tú francés, Karl es alemán, mis niñas argentinas, el cocinero ruso, su ayudante griego, el peón de cuadra inglés, las chinas de la cocina unas son del país, otras gallegas o italianas, y entre los peones hay de todas castas y leyes. ¡Y todos vivimos en paz! En Europa tal vez nos habríamos golpeado a estas horas, pero aquí todos amigos”.
jinetes[1]Este hombre, además de repoblar sus tierras con los hijos que siembra entre las nativas, tiene dos hijas de su matrimonio con una india, la China, con una se casa Marcelo y con la otra Karl Hartrott, un joven alemán que emigró a Sudamérica en busca de fortuna. Tras la muerte de Madariaga, sus hijas y sus nietos marchan a los países de sus esposos: Francia y Alemania. Ambos no pueden ser más diferentes, pues mientras Desnoyers siente una impulsiva necesidad de proteger sus propiedades y tiene remordimientos, al ver cercana la guerra, por haber desertado en su juventud, Hartrott esta imbuido del pensamiento racista y nacionalista alemán, asegurando que “la guerra es un hecho necesario para la salud de la humanidad”. Y mientras los hijos del segundo buscan su futuro en la carrera militar y en la teorización de la enseñanza, los del primero no pueden ser más dispares, pues Julio, por su lado, carece completamente de conciencia nacional y pretende vivir sin ningún reparo de la fortuna de su padre, dedicándose a la vida bohemia de la pintura, el tango y las mujeres, y Chichi, por el suyo, muchacha fuerte y comprometida, vuelca toda su energía en su amor por René. Pero la guerra todo lo cambia, aunque no voy a profundizar más en la historia para dejaros la puerta abierta a su lectura.
En conclusión, tras acabar la novela, nos queda la amarga evidencia de que es inevitable no responder a la agresión con agresión, de que en este planeta se ha creado una sociedad de sordos donde el diálogo es inútil, pues todos quieren llegar a él mejor posicionados que el otro y entonces forzar las posibles soluciones, lo que nos lleva a la deducción de que no hay parlamento sino extorsión y, lo más triste, llegamos a descubrir que se mata por unas ideas que no son nada más que mentiras, invenciones de quienes mueven los hilos en la oscuridad para pretextar su maldad, haciendo creer a un pueblo, necesitado de convicciones, de que está luchando por algo justo.
Escrito en 1916, con la Gran Guerra todavía en su desarrollo, esta novela pasó casi desapercibida en Europa, pero no así en América y, sobre todo, en Estados Unidos, donde tuvo un éxito espectacular. Ha sido llevada al cine en varias ocasiones.

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Para concluir con la Guía de Lectura, podemos centrar nuestra atención en varios puntos que nos ayudarán a comprender mejor la obra en todo su conjunto:

  1. En la novela, el autor mezcla experiencias personales con escenas totalmente ficticias, pero en ningún momento aparece en la trama como un personaje más, sino que las encubre en diferentes acciones realizadas por distintos caracteres.
  2. En el desarrollo de la novela la observación de los hechos predomina sobre la acción, por lo que todo se percibe y se conoce de oídas, y en las escasas escenas de combates que aparecen, los personajes principales jamás las protagonizan.
  3. El hecho de que la familia central sea de procedencia argentina le da a la historia un punto de distanciamiento que nos permite juzgar los acontecimientos con más equidad y realismo, sin embargo, este recurso tiene una trampa, pues las ideas de Vicente Blasco Ibáñez van apareciendo por medio de ellos y, de esta forma, disimula su verdadera intención.
  4. Al mismo tiempo, sus opiniones negativas sobre los alemanes se demuestra mediante sus palabras y sus hechos.
  5. Los personajes sufren una evidente transformación a lo largo de la novela y, podríamos asegurar, que cuando todo acaba ya no son las mismas personas que al inicio. Este proceso es bastante realista, pues en la vida cotidiana cualquier suceso importante puede modificar conductas y pensamientos.
  6. La idea del nacionalismo es atacada en muchas ocasiones a lo largo de la novela e, incluso, se le culpabiliza de los grandes males de la humanidad, sin embargo, podemos encontrar una contradicción en esta tesis cuando vemos que se defiende el sentido patriótico de la defensa de Francia.
  7. En sus anteriores novelas, Vicente Blasco Ibáñez plantea constantemente las injusticias causadas por la sociedad clasista, en cambio, en esta novela todo eso carece de importancia, al igual que la familia o el amor, y todo se sacrifica ante el interés de la comunidad, por lo que en ella no encontraremos la figura del héroe individual, sino que aquí ese papel le corresponde al pueblo, el cual es un héroe colectivo.
  8. El posible antibelicismo de Blasco Ibáñez no es tal en esta historia, pues parece que es capaz de justificar la guerra y sus muertos dividiéndolos en dos categorías: los invasores y los defensores. Y es irrefrenable la atracción de los uniformes en las mujeres de París…

En 1921, Los cuatro jinetes del Apocalipsis era calificado como el segundo libro más leído del mundo, después de la Biblia, por la revista británica The Illustrated London News, pero su autor comentó: “Yo ni siquiera había sospechado el éxito de Las cuatro jinetes del Apocalipsis. En el año 16 yo estaba en París. La gente me creía rico, pero la verdad es que vivía con mil pesetas al mes”.

GUÍA DE LECTURA: La Templanza, de María Dueñas.

 

18952716_1737665556300147_7133341681939572147_nEs esta una novela de aventuras. Bien argumentada, calibrada en su escritura, trabajada en su documentación y fácil de leer, pero sin sesudas proposiciones trascendentales ni profundos estudios de personalidad ni complicadas evoluciones íntimas o sociales. No, nada de eso encontraremos en sus quinientas treinta y seis páginas, cuya mayor virtud es que fluyen con bastante facilidad, lo cual ya es mucho si lo que buscamos en ellas es un buen rato de evasión. Algunos críticos la han calificado de “novela histórica”, pero yo no estoy totalmente de acuerdo, pues para que así fuera, el argumento de ficción tendría que ubicarse en un momento histórico concreto y hacerse referencias a ciertos acontecimientos o a personajes históricos reales y, en este caso, aunque es cierto que todo se desarrolla en la época decimonónica de mediados del siglo XIX y que se nos describe con cierta fidelidad la forma de vivir de las clases más pudientes de las sociedades burguesas coloniales y jerezana, lo que demuestra que la autora se ha quemado las pestañas investigando, algo que es de agradecer, esto la acercaría más al género costumbrista que al histórico, pues no hay referencia alguna ni a hechos ni a personas reales del momento.
La línea argumental está basada en el camino recorrido por el personaje central, Mauro Larrea, desde su caída, posteriormente su huida hacia lo desconocido, hasta lograr su resurrección de sus propias cenizas, como Ave Fénix. En esto coincide con la tradición clásica del viaje iniciático que va desde la Odisea de Homero, hasta 2001, Una odisea al Espacio de Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick, pasando, entre otras muchas obras, por Don Quijote de la Mancha de Cervantes, pues al igual que en todas ellas, en esta historia aparece un individuo que se verá abocado a tomar conciencia de sí mismo a causa de una situación hostil y desesperada, lo que le llevará a enfrentarse a una serie de situaciones difíciles y complicadas peripecias, las cuales le irán mejorando en su personalidad hasta que, por fin, logrará alcanzar su meta, su Itaca personal y soñada.

 

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Plaza del Zócalo de la Ciudad de México en 1851

 

El protagonista, Mauro Larrea, es un personaje potente y bien diseñado. Hombre maduro y atractivo, emigrado a México donde consigue hacerse con una gran fortuna en el mundo de la minería, eso sí, desde lo más bajo hasta lo más alto, gracias a su tenacidad y su pragmatismo, lo pierde todo a causa de la Guerra de Secesión en los Estados Unidos que impide que le lleguen las máquinas necesarias para explotar una mina de plata y en las que ha invertido todo su dinero, así que no le queda otro remedio que reinventarse y escapar hacia adelante, para ello le pide un préstamo a un repelente prestamista, quien le concede un plazo de cuatro meses para comenzar a devolvérselo con unos intereses desorbitantes, quedando como aval su palacio de Ciudad de México. Y aquí comienza una aventura que le llevará, con su empuje luchador no menguado con los años, y acompañado de la sombra protectora de su indio fiel, Santos Huesos, y de la voz de la cordura, su apoderado Elías Andrade que quedó allá en América, desde la Ciudad de México, a la bullanguera ciudad de La Habana, capital de una Cuba todavía española, donde se le ofrecerán varias oportunidades de invertir con pingües beneficios, pero que, unas veces por la indecisión y otras por el escrúpulo al no querer beneficiarse del dolor de la esclavitud, los va dejando pasar, hasta que el rumbo de su vida dará un giro inesperado a causa que de una partida de billar que le llevará, mediante afortunadas carambolas, hasta el Jerez emprendedor y activo de las grandes familias vinateras que abrieron sus rancias puertas nobiliarias venidas a menos al comercio exterior con los ingleses, antítesis del resto de la España oscura, que se dejaba languidecer mirándose su ombligo imperial y ya abocada al desastre inevitable de finales del siglo XIX.

 

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Una imagen de La Habana colonial

 

Alrededor de éste, pululan una gran cantidad de personajes que, con algunas excepciones, están construidos sin pizca de maniqueísmo, lo que les hace más creíbles, pues todos ellos, tanto los femeninos como los masculinos, intentan salir adelante en sus vidas y hacen lo que sea para conseguirlo, a veces sin ningún escrúpulo.
Mención aparte merecen las mujeres de la novela, aunque entre sí bastante diferentes, todas ellas son fuertes y decididas, desde la hija de Mauro, Mariana, quien a diferencia de su hermano Nicolás, un joven disoluto y aventurero que lleva de cabeza a su padre, es una mujer cabal e inteligente, pasando por su suegra, que todavía pretende seguir ostentando su caduco título nobiliario dentro de la República Mexicana, sin olvidar a Carola Gorostiza, maquinadora, fría y con suficiente pizca de crueldad como para luchar por lo que considera suyo con uñas y dientes, hasta llegar a la seductora Soledad Montalvo, una belleza jerezana casada con un viejo importador inglés, conocedora del negocio del vino, hábil negociadora que no hace ascos a utilizar cualquier recurso para conseguir sus fines.

 

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Bahía de La Habana colonial

 

Naturalmente, no nos sorprendemos cuando surge algo parecido al amor entre Mauro y Soledad, pero a sus edades ya carente del ardor juvenil, de la borrachera de los sentidos, sosegándoles las posibles veleidades el sentido práctico de su relación, por lo que estando presente el tema del amor dentro de la novela, no podemos catalogarla como romántica.
Y ya para concluir, me gustaría hacer notar el juego que da el título de este libro, La templanza, esa virtud cardinal que aconseja moderación con los placeres que nos rodean, no tomándolos en exceso para poder guardar un equilibrio que nos asegure el poder seguir siendo dueños de nuestros sentidos y, por consiguiente, de nosotros mismos. Lo curioso es que Mauro Larrea parte de México en busca de su nuevo destino y lo encuentra en La Templanza, la finca de Jerez donde cultivará sus viñas… ¿No es una bonita metáfora?…

 

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Grabado de una bodega jerezana del siglo XIX

 

GUÍA DE LECTURA: El amante japonés, de Isabel Allende.

 

Es una frase recurrente del pensamiento romántico aquella que afirma que “el amor es eterno”, por desgracia, eso no es categóricamente cierto… la eternidad del amor, como la de cualquier otro sentimiento humano, dura lo que dura el recuerdo… luego llega el momento del desvanecimiento acabando su etérea existencia en el universo del olvido.
Al momento de comenzar la lectura de esta historia escrita por Isabel Allende, es importante tener en cuenta la afirmación precedente pues, si nos dejamos guiar por el título, “El amante japonés”, podría llevarnos al fácil equívoco de la imagen central de una persona en la que confluyen todas las acciones, afectividades y pasiones que en sus páginas se desarrollen, sin embargo, no es así, pues, a pesar de que este personaje esté, en esencia, permanentemente presente durante toda la novela, no es el protagonista de la misma, excepto en los capítulos durante los que se relata partes de su vida y en los pensamientos de aquella mujer que le amó y en la imaginación de quienes lo buscaron entre las sombras del pasado.
De hecho, son tantos los personajes de quienes se nos documenta su biografía: Irina Bazili, cuyo nombre real descubriremos que es Elisabeta, una joven empleada de la residencia de procedencia moldava, y quien acabará llevando gran parte de la carga del argumento; Hans Voigt, el maduro director del centro; Catherine Hope “Cathy”, una doctora incapacitada a causa de un accidente; Alma Blasco, o Alma Mendel, la figura central de la historia; Jackes Devine, el anciano casanova francés; Seth Blasco, nieto de Alma, abogado de éxito, enamorado de Irina y concienzudo cazador de los secretos de su abuela; Ichimei Fukuda, el niño de los “dedos verdes” y el hombre que da título a la novela; Samuel Mendel, hermano de Alma, un hombre que pudo visitar su propia tumba; Isaac Blasco, el tío de Alma, un hombre bueno a pesar de sus riquezas; Nathaniel Blasco, primo y esposo de Alma; Takao Fukuda, padre de Ichimei y Jardinero de Sea Cliff; Haideco Fukuda, madre de Ichimei; Megumi Fukuda, hermana de Ichimei; Lenny Beal, el hombre misterioso y atractivo que se inscribe como nuevo huésped de la residencia de ancianos con la única intención de estar junto a Alma, o Rod Wilkins, el extraño agente afroamericano de la FBI que llega para hablar con Irina… Excluyendo a muchos otros personajes que, no por secundarios, son menos importantes, y es que en esta novela no se cuenta una historia, sino muchas, tal como ocurre en la vida real, que confluyen, directa o indirectamente, en aquella que sirve como hilo conductor.
De esta forma, a medida que vamos avanzando por sus páginas, nos vamos sorprendiendo con la solución de algunos secretos o con la aparición de otros nuevos:

 ¿Quién le escribe una carta semanal, en un sobre amarillo, acompañada de su correspondiente ramo de tres gardenias, a Alma desde que llegó a la residencia?… ¿Por qué?…
 Catherine Hope está cautiva en su silla de ruedas y depende de las atenciones de las demás personas para sobrevivir, pero es ella la persona que aconseja y anima al resto de las almas que residen allí y quien les facilita la medicina que necesitan para su consuelo, afirmando que nunca ha estado más contenta que en ese momento… ¿Por qué afirma eso?… ¿En qué consiste la medicina que tanto anima al resto de residentes?…
 Jackes Devine, el viejo conquistador francés, se enamora de Irina y, al morir, la deja como heredera de toda su fortuna. ¿En qué consiste esa fortuna?… ¿Qué hace ella?…
 Seth, el nieto de Alma, un joven atractivo y con éxito tanto en su trabajo como entre las mujeres, se propone escribir la historia de su abuela, aunque al principio no le hacía demasiada ilusión. ¿Por qué se decide al final a llevar ese proyecto adelante?… ¿Qué es lo que más le atrae de Irina?…
 Alma e Ichimei están enamorados desde pequeños, entonces, ¿por qué rompe Alma con él?…
 En la familia Fukuda, compuesta de cuatro hombres y dos mujeres, son ellas realmente quienes al final toman las decisiones más importantes. ¿Cómo actúa Haideko en el campo de concentración?… ¿Y con el negocio de flores?… ¿Y cuándo Alma corta con Ichimei?…
 Ichimei es el más pacífico de todos los hermanos, entonces, ¿por qué es él quien desentierra la espada de la familia?…
 ¿Por qué Megumi Fukuda se casa pasado los treinta años, a una edad tan mayor para la costumbre japonesa?…
 ¿Por qué hemos afirmado anteriormente que Samuel Mendel, el hermano de Alma, visitó su propia tumba?…
 ¿Qué descubrieron los Blasco, a la muerte de Isaac, sobre lo que había hecho con la mayor parte de las personas que le debían dinero?…
 ¿Cuáles fueron las causas que llevaron a Nathaniel a casarse con su prima?…
 ¿Qué secretos callaba Irina?… ¿Por qué Rod Wilkins era el único hombre a quien dejaba abrazarla?…
 ¿Dónde iba Alma los fines de semana que desaparecía en su coche?…
 ¿Quién era Lenny Beal y por qué llega a la residencia buscando a Alma?…
 ¿Quién era Kirsten y qué misión tenía?…

Son muchas las preguntas realmente que se pueden hacer sobre esta novela, las cuales, al final, van encontrando sus respuestas, pero que nos muestran que ella mantiene la tensión desde el principio hasta el final porque en su desarrollo se van entrelazando diversas historias, abriendo unas puertas y cerrando otras: historias de exilio, historias de la persecución de los nazis hacia los judíos, del holocausto, de la injusticia del gobierno americano hacia los americano-japoneses, de racismo, de intolerancia, historias de triunfos, y de derrotas, de pederastia, de maltrato, de amor, de orgullo, de sexo… de amistad… de muerte…

En ciertos momentos, en ciertos pasajes, me ha venido a la memoria otra novela leída con anterioridad, como Mientras nieva sobre los cedros, del autor norteamericano David Guterson, sobre todo porque en ella también se narra el éxodo de los japoneses residentes en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, y un amor “imposible” entre dos personas de distinta raza y cultura. Así como no podemos obviar el recurso del “realismo fantástico”, tan empleado en la literatura hispanoamericana, en tres momentos de la historia… ¿sabríais decir cuáles son?…
Pero para completar la guía de lectura me vais a permitir que utilice algunos fragmentos del comentario que sobre este libro hice hace tiempo para la revista El volumen de una sombra (Podéis acceder a él pinchando en la siguiente fotografía):

https://www.ancrugon.com/libros/mis-amigos-los-libros/el-amante-japonés/

El tópico carpe diem se hace más patente e, incluso, más urgente en la vejez, esa época de la vida en que amanecer con cada nuevo día es un milagro y, por lo tanto, una aventura que disfrutar, sobre todo cuando se ama porque, a pesar de lo que se cree, el amor en la vejez es más puro ya que se presenta desnudo, tal como es, un sentimiento honesto, libre de las ataduras de la carne, libre de los afeites de los convencionalismos, libre de los miedos y tabúes, libre incluso de sí mismo. El amor en la vejez es la esencia y no necesita una burda representación que sea reflejada sobre la pared de la caverna para engañar a los humanos, porque cuando se llega a la vejez se está más cerca de la luz que de la materia. Por eso mismo, otra falacia bastante común sobre esa época de la vida queda totalmente al descubierto: el amor, cuando aparece, no se alimenta sólo entonces de nostalgia, ya que ese es su alimento propio a cualquier edad, porque acaso ¿qué es el amor sino un noventa por cien de evocaciones y un diez de realidad?… Sin embargo, en la vejez los recuerdos no forman parte realmente del pasado, sino de un presente intemporal, pero tangible y actual en cada minuto: los espíritus del ayer se acercan tanto que hasta su aliento roza las mejillas…
En la página 278 nos dice la protagonista: “La verdad es que cuanto más vieja soy, más me gustan mis defectos. La vejez es el mejor momento para ser y hacer lo que a uno le place”. Una brava reflexión sobre lo que es madurar, llegar a la cumbre de la existencia: “Esta es la etapa más frágil y difícil de la vida, porque empeora con el paso de los días y no tiene más futuro que la muerte” (197). Sin embargo, no habla de desesperación, ni miedo, ni fracaso porque a fin de cuentas “el amor y la amistad no envejecen” (199).
Pero El amante japonés no es una novela de amor en el ocaso, no, todo lo contrario, ya que el amor está patente en cada una de las etapas vitales de sus protagonistas y es un sentimiento que nació con ellos, en ellos habita y con ellos partirá. De manera que podríamos asegurar que sí es una novela de amor, aunque de amor a la vida.
Bajo el paraguas del argumento central, el del amor joven y eterno de Alma e Ichimei, que en ciertos pasajes me recordó a la novela Mientras nieva sobre los cedros, de David Guterson, aunque con los papeles cambiados, discurren otras variadas historias que recorren el mapa mundial del sufrimiento humano: el genocidio de judíos polacos a cargo de los nazis alemanes, la lucha por abrirse un hueco como país de los hebreos de Israel en Palestina, la incomprensión hacia los japoamericanos durante la Segunda Guerra Mundial y su exilio forzado hacia los campos de concentración de Utha, la lacra de la intolerancia racial, la soledad del amor homosexual clandestino, la explotación sexual de niñas sin infancia, la lenta desintegración de unas vidas en la vejez, la bendición de la amistad, el miedo a la verdad, el dolor de la enfermedad, la lucha por la vida… pero, sobre todo, el amor, el amor que todo lo impregna, que todo lo aplaca, que todo lo suaviza, aunque a veces duela, aunque en ocasiones se disfrace de desesperación, de frustración, de silencio… porque el amor es la única solución.
Para el resumen utilizaremos las palabras de la misma autora: “A los veintidós años, sospechando que tenían el tiempo contado, Ichimei y Alma se atragantaron de amor para consumirlo entero, pero mientras más intentaban agotarlo, más imprudente era el deseo, y quien diga que todo fuego se apaga solo tarde o temprano, se equivoca: hay pasiones que son incendios hasta que las ahoga el destino de un zarpazo y aun así quedan brasas calientes listas para arder apenas se les da oxígeno”.
La novela transcurre entre dos líneas temporales, la que viene del pasado y la que camina por el presente, utilizando como espacio de partida una residencia de ancianos, Lark House, cercana a San Francisco, California, y por este espacio y por aquellas líneas de tiempo se desenvuelven los diferentes personajes: la joven asistenta Irina Bazili, quien llega a ser la confidente de Alma, una enigmática anciana cuya historia será el argumento central, y el amor de su nieto Seth, que pronto iniciará la tarea de escribir el libro de la familia, los Belasco. Pero no sólo están ellos, aunque sean quienes llevan el peso de la narración, sino que a su alrededor emergen un buen número de personas sin cuya participación la novela quedaría totalmente incompleta, comenzando por Ichimei Fukuda, el autor de las cartas, el culpable, si en el amor existe esa figura, de la bella historia que en estas páginas se nos relata, y acabando por Nathaniel, su primo, su amigo, su esposo, y la persona que le descubrió que en el amor no todo son los cuerpos.

NOTA: Las ilustraciones son representaciones de la pintura “sumi-e”, que era, según indica la novela, el arte empleado por Alma Blasco para decorar sus prendas.

GUÍA DE LECTURA: Historia de un canalla, de Julia Navarro.

 

Skyline New York
La afirmación de que el ser humano es bueno por naturaleza es una aseveración bastante peregrina, sin base sólida y que se desmorona fácilmente como un castillo de naipes. En la humanidad, no nos engañemos, lo que predomina es la maldad. Pruebas de ello las tenemos todos los días y a todas las horas. Lo que ocurre es que nuestras facultades perversas no son ejercidas en todo momento y situación, por muchas razones, pero principalmente a causa de la educación recibida, a nuestros sentimentalismos inherentes o por el simple hecho de que los humanos estamos diseñados para ser seres sociales, de manada, y no vamos a quedar apartados de buenas a primeras del grupo por un “quitarme allá estas pajas…”
Pensaréis que o me he vuelto loco o soy demasiado duro con mis semejantes, incluso conmigo mismo, porque de ninguna manera pienso excluirme, pero no, realmente es lo que pienso y, a medida que voy avanzando en edad, las circunstancias me lo van confirmando. Cierto que no todo el mundo es un asesino en potencia, aunque a veces nos llevemos alguna que otra sorpresa: “Pero si parecía una buena persona…” Ni que todos roben, aunque cada vez falta menos para lograrlo con lo de moda que se está poniendo… Ni que todos los hombres vayan por ahí maltratando a las mujeres, aunque de obra no, pero de pensamiento…
libro_1453898913Claro que encontrarnos con un personaje como Thomas Spencer es como conseguir un catálogo completo y esmerado del género perverso: un ser infantil, egoísta, caprichoso, inseguro, envidioso, vengativo, celoso, carente de escrúpulos, incapacitado para los sentimientos… es muy difícil de lograr, además si en él aparece lo que en otras personas podríamos calificar como virtud, la sinceridad, en sus manos se convierte en una terrorífica arma de destrucción masiva capaz de rendir hasta las más resistentes fortalezas. No, el resto de los humanos no somos tan completos ni sofisticados en nuestras dotes malignas, simplemente nos conformamos con poseer algunas, variadas, y desarrollarlas, para darle a nuestra personalidad el punto exacto de sal y pimienta que nos salve de ser catalogados como seres insulsos. Porque no nos equivoquemos, lo que más atrae de los otros son sus pequeñas maldades… aunque luego lo podamos pagar caro.
De hecho, en la novela Historia de un canalla, de Julia Navarro, que es sobre lo que estoy hablando, por si no os habíais dado cuenta, el verdadero canalla es Thomas, pero ¿podríais señalarme, entre la multitud de personajes que aparecen, y es que 863 páginas dan para mucho, alguno que realmente pueda definirse como íntegramente bueno?… Si hasta el prometedor hermanito Jaime tiene su lado oscuro, fijaos cómo pierde la fortuna a causa de su vanidad, ¿y qué me decís de codiciar la mujer de su propio hermano?… y no me lo negaréis que, de tan bueno, amable, comprensivo, cariñoso, abnegado, etcétera, etcétera, no os resulta pastoso…
Todos los personajes, absolutamente todos, ejercen su capacidad para el mal en alguna que otra ocasión, unos porque lo son, aunque no lo habían ejercitado nunca antes de conocer al rey maligno, Thomas, otros porque no pueden más y necesitan devolver los golpes, unos por omisión, otros por beneficiarse, otros por venganza, incluso algunos, por miedo… pero todos, absolutamente todos, coinciden con Thomas en algún que otro artículo de su completo catálogo.

london-skyline2[1]Y es que personas buenas hay pocas, muy pocas, incluso los santos y santas no son todos los que están, pero posiblemente sí estén todos los que son, y los que ejercen como tales, tampoco ostentan este título al completo, pues a más de uno lo han tenido que meter en el santoral con calzador. Y como no somos perfectos, lo cual sería bastante soporífero, nos damos normas, leyes, estudiamos ética y moral y santificamos a aquellos que han conseguido vivir en el camino de la bondad sin parecer tontos, de lo contrario, nos mataríamos como humanos…
Sí, sí, como humanos, no es un error de imprenta, porque yo pienso que deberíamos aparcar ya de una vez frases hechas como la de “esto es inhumano” cuando vemos en el telediario un genocidio o algo parecido, sí, deberíamos dejar de usarlas porque no se ajustan a la realidad, pues lo verdaderamente humano es eso, hacer daño a tus semejantes por hacerlo. Cuando un perro muerde a una persona ponemos el grito en el cielo protestando por el hecho de que no los lleven atados y con bozal… ¿Cómo deberíamos ser llevados entonces nosotros?… Por cada ser humano que muere a causa de un perro, son millares los humano que mueren a manos de otro humano, y ya no digamos perros u otros animales.
Pues de esto va la última novela de Julia Navarro. Algunos, más entendidos que yo, la califican de “novela psicológica”, puede ser, ¿quién soy yo para discutirlo? La verdad es que, a medida que nos vamos introduciendo en ella, nos va aportando cosas en las que pensar, pero, lo curioso, es que simplemente nos va exponiendo eso mismo que vemos todos los días si ponemos la tele, o escuchamos la radio, o leemos la prensa, o sencillamente salimos a la calle, o lo sufrimos en nuestras propias carnes… Así que yo le daría un calificativo más metafórico, el de “novela espejo”.
Varios son los temas que aparecen en ella, aunque, sin discusión, la maldad es el número uno y sobre él gira todo el argumento, pero no estaría de más echarle un vistazo a esos otros que he creído vislumbrar entre sus numerosas páginas. Por ejemplo, la corrupción. Está ahí, desde el principio al fin, como algo natural, como algo que debería enseñarse en las academias de economía, lo cierto es que en la de Paul Hard es la asignatura principal, pero es que da la impresión de que en esta sociedad la corrupción se ha convertido en una herramienta imprescindible para poder llegar a triunfar, para ser alguien, para tener un nombre, para ganar dinero, influencia, poder… incluso para pegar un polvo… No me extrañaría ver algún día manuales al uso con el título “Cómo llegar a ser un corrupto ejemplar” o “Hágase un maestro de la corrupción en pocos meses…” ¿Y las consecuencias?… ¡Bah!… Simples daños colaterales…
Otro muy esgrimido es la mentira. Sí, la verdad está obsoleta, da pena, no vende… Nadie llega a ser congresista, o ministro, o presidente de lo que sea diciendo la verdad… se le iban a reír en su cara. El único pecado que tiene la mentira, y que puede costar muy caro si nos descuidamos, es que te pillen. Lo ideal es saber mentir, es lo que está de moda… miente que algo queda… y a ver como lo limpian luego… La verdad se ha quedado relegada para las películas románticas de batín, cafecito o chocolate, y clínex. Para la vida, para la lucha diaria, para poder salir a la calle, hay que saber disimular, adular, falsear, embaucar, aparentar, fingir, disimular, ocultar, enredar, confundir, inventar, fantasear… es decir, mentir. Sólo así se garantiza un gran futuro en aquella empresa que desees alcanzar, sea económica, académica, política o religiosa. Con la verdad, mejor te quedas en casa. ¿Y las consecuencias?… ¡Bah!… Simples daños colaterales…
Otro tema, bastante importante, es el desamor. No el amor, no, no, el desamor. Enamorarse es un error, trae quebraderos de cabeza, problemas, complicaciones… El desamor es más pragmático, pues se le parece en el brillo, incluso para el sexo parece más efectivo, y no compromete a nada. En la novela no se enamora casi nadie y, las pocas personas que lo hacen han tenido que sufrir las consecuencias. Se percibe como que el amor es algo imperdonable, de hecho, ¿no os ha ocurrido alguna vez que habéis declarado vuestros sentimientos y habéis perdido una amistad?… Además, el amor y los negocios son totalmente incompatibles, un tándem inadecuado, y ya no digamos el amor y la política, o la pretensión de un ascenso rápido donde sea… El amor es una losa y hacer algo por amor, tarde o temprano, le revienta en la cara a los personajes de esta historia. ¿Qué es eso de amor filial, o fraternal, familiar o lo que sea?… Nada, losas y más losas que aplastan a quienes lo siente. ¿Y las consecuencias?… ¡Bah!… Simples daños colaterales…
El cuarto tema importante es el pasado. El pasado es traidor, le gusta contar cosas inoportunas que afectan al presente, incluso al futuro. Lo que ocurre es que todo el mundo tiene un pasado… Y mucha gente tiene memoria… Y algunas personas saben utilizar el pretérito de los otros en beneficio propio… No importa quién seas ahora, ni lo que hayas hecho por los demás, ni los sacrificios que hayas realizado en tu vida, no, nada importa… Cuando el pasado regresa, aquello que parecía ya olvidado te escupe en la cara y te revienta en las manos… y todo se da la vuelta. ¿Quieres tumbar a un contrincante más poderoso que tú?, busca en su basura que igual ayer tiró algo que puedas utilizar en su contra. Del pasado solo vienen fantasmas capaces de hacer mucho daño. ¿Y las consecuencias?… ¡Bah!… Simples daños colaterales…
Pero no podemos olvidarnos de la hipocresía, esa bruja obstinadamente falsa que siempre viaja de la mano de su amiga inseparable, la cobardía. Ambas, tanto monta, monta tanto, son esgrimidas por las personas que, como en el caso de Thomas, rodean a un líder malo malísimo para medrar con él y, cuando la cosa se tuerce, el malo es el culpable. Le tienen miedo, le odian, les da asco, pero ahí están, chupando de la teta y besando la mano que les hace ricos, aunque de vez en cuando les de también algún tortazo. ¿Y las consecuencias?… ¡Bah!… Simples daños colaterales…

Skiline_madrid_muralesyvinilos_39870443__Monthly_XXL[1]Y el poder. ¿Qué me decís del poder?… El poder es la mayor pornografía de la sociedad, ¿o deberíamos decir “suciedad”?… Eso es lo que le pone a Thomas, por él tortura, por él golpea, por él atesora una fortuna para poder seguir ejerciéndolo, por él odia, por él desprecia y por él nunca se pone al frente de ninguna candidatura política, porque sabe que el poder no está en los que ganan las elecciones, sino en quienes manejan los hilos para hacerles ganar, en las empresas publicitarias, en los gurús del presente que son capaces de hacer cambiar la opinión de las masas de la noche a la mañana. Y para el poder trabajan los buscadores de tesoros en los mares del pasado, los hechiceros del desamor, los domadores de la mentira, los ingenieros de la corrupción, las mariposas del miedo y la hipocresía, en fin, toda la curia de sacerdotes del mal.
Sí, Julia Navarro me ha hecho pensar en todo esto porque con su novela me ha puesto un espejo y, más todavía, cuando ha ido intercalando párrafos en cursiva donde el protagonista versiona lo que hubiera ocurrido si él hubiera actuado bien… Han sido insufribles, tanto que he acabado por saltármelos, lo reconozco. Sin embargo, al ver que la inmensa mayoría de la gente ha hecho lo mismo, me he dado cuenta de cuál era la misión de ellos en la novela: demostrar que la bondad nos aburre.
No considero Historia de un canalla como la mejor novela de Julia Navarro, ni mucho menos. Juzgo que está lejos de Dispara que ya estoy muerto o Dime quién soy, con cuyas historias disfruté, aprendí y saboreé el placer de la lectura. Sin embargo, Historia de un canalla me ha hecho preguntarme muchas cosas y replantearme otras, lo cual siempre es molesto, aunque interesante y productivo. Sobre todo, me he dado cuenta de que esos “daños colaterales” que se desprenden de nuestros actos no nos resultarán siempre gratis, pues algún día encontraremos la horma de nuestro zapato, que hurgará en el cubo de nuestro pasado, y nos los hará pagar con creces.
Felices lecturas.

GUÍA DE LECTURA: La huella de una carta, de Rosario Raro.

GUÍA DE LECTURA. Descarga en PDF.

“El consuelo que nos queda es que en la literatura es más fácil hacer justicia”

Rosario Raro

 

portada_la-huella-de-una-carta_rosario-raroEste es el segundo libro de Rosario Raro que comentamos dentro de nuestro Club de Lectura, y no simplemente por el hecho de que esta excelente escritora sea amiga personal nuestra, lo cual ya sería motivo suficiente para ello, sino porque los temas que aparecen en sus novelas son lo bastante atractivos e interesantes para llamar la atención y despertar la curiosidad de cualquier lector con el sano afán de sumergirse en historias repletas de intriga, dinamismo, sorpresas y un enorme trabajo de investigación histórica.

Sobre Rosario no vamos a decir mucho más que lo que ustedes pueden leer en nuestro artículo “Pequeña biografía de Rosario Raro”, publicada en este blog allá por el 20 de abril de 2016 con motivo de la edición de su primera novela: “Volver a Canfranc”, pero sí podemos añadir que, gracias a ser una mujer comprometida con la realidad del mundo que le rodea, gracias a su gran sensibilidad y gracias a su enorme sentido de la justicia y la ética bien entendida, puede desarrollar estas historias repletas de temas capaces de hacernos empatizar con los personajes que en ellas aparecen.

En “La huella de una carta” se nos describe la sociedad apocada y gris de las décadas del 50 y 60 del pasado siglo bajo el peso de la moral hipócrita del régimen franquista, pues los mismo mandatarios que subyugaban a un pueblo con las leyes de la intransigencia, permitían, al mismo tiempo, con plena libertad, premeditación y alevosía, los desmanes más irracionales  por parte de las industrias poderosas con el sagrado pretexto del progreso y desarrollo general… aunque disfrutando, con total seguridad, de parte de aquellos beneficios obtenidos del sufrimiento, el dolor e incluso la muerte de muchas personas anónimas.

En aquella sociedad anclada en la tradición mal entendida y en una moral peor interpretada, la mujer disfrutaba de un estatus poco más elevado al de un simple objeto, eso sí, dignificado por su capacidad de ser madre, lo que en vez de sacarla de la postración cultural, laboral y económica, la sumía todavía más en el ostracismo social, algo totalmente impensable para los hombres, aquellos seres libres, aunque algunos mucho más que otros, no lo olvidemos, a quienes ellas debían permanecer sometidas de por vida, por eso, hablar de amor en aquellos tiempos era peligroso, pecaminoso, o, al menos, sospechoso, pues la mujer debía enamorarse una sola vez y para toda la vida, ya que, una vez dado el paso del tan ansiado matrimonio, se metamorfoseaba en simple sombra de su esposo y criada tanto de él como de sus hijos, eso sí, le estaban permitidas las reuniones castas, la oración, las misas y la confesión como alimento cotidiano a un dios misógino… Por ello no era de extrañar el éxito de las novelas de Corín Tellado o de consultorios radiofónicos tales como el de Elena Francis, pues en estos sucedáneos encontraban el sabor de una vida de ciencia ficción.

Sin embargo, en esta novela está Nuria, una mujer bella y joven, casada con un viajante que pasa la mayor parte de la semana fuera del hogar trabajándose el mercado y otras oportunidades, quedando, por tanto, ella en defensa de su honor mientras ahogaba sus inquietudes y habilidades en la eterna espera picotear las migajas de cariño que el marido tuviese a bien obsequiar en sus regresos, y desempeñando la labor del continuo cuidado y atención de sus dos retoños… Hasta que un día lee un anuncio en la prensa en el que se buscaban personas para un trabajo, el cual pudiese ser desempeñado desde casa para el que se requería “responsabilidad, dotes en el ámbito de la psicología, buen nivel de redacción, ser una persona creativa, de mucha intuición y capacidad resolutiva” … ni pintado para ella, una chica con estudios y bien capacitada… Y aquí comenzó todo.

Su trabajo en este consultorio consistía en leer las cartas de las oyentes y responder sus consultas, que podían ir desde una simple receta de cocina hasta la búsqueda de consejos para solucionar algún problema amoroso, claro que, para las más complicadas, Nuria debía de ceñirse a la moral cristiana y no atentar contra la unión familiar, por lo que en sus dictámenes prevalecían el conformismo, la sumisión y la discreción, valores muy cotizados por el sistema vigente, sobre todo, si eran aplicados a las clases trabajadoras, y todo por el bien de la apariencia, sacrosanta virtud de la España tradicionalista… Hasta que, en una de estas ocasiones, llegó a sus manos una misiva que destapaba uno de los grandes escándalos farmacéuticos del siglo, sobre el que todavía no se ha impartido justicia, por lo menos en nuestro país respecta: la talidomida.

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Supongo que a estas alturas ya conocerán, al menos la mayoría de ustedes, en qué consistió todo este atentado, pero, por si les interesa refrescarlo, les comentaré brevemente que, durante décadas se fue administrando a las mujeres embarazadas un producto para aliviar sus problemas de vómitos y dolores de cabeza el cual, a la larga, causó el nacimiento de bebés afectados por malformaciones en sus miembros, lo que se conoce como focomelia. Pero aquello no era reconocido ni por la empresa farmacéutica, la Grünenthal alemana, ni por los gobiernos, ni tan siquiera por la prensa. Así que Nuria, ciertamente impactada por tal dramático panorama, decide investigar por su cuenta, pero como sus conocimientos eran escasos y sus tentáculos cortos para poderlo llevar a buen cabo, necesitada de ayuda, la buscó en un compañero científico de los laboratorios de estética y perfumería que patrocinaban el consultorio, y ahí aparecerá el otro personaje principal, Boro, con le unirá algo más que el afán de hacer justicia.

Pero no quiero destripar el argumento, sino que solo os diré que a medida que la historia va desarrollándose por las páginas del libro, la acción se va volviendo más trepidante, vertiginosa, y va envolviendo al lector en una atmósfera de peligro e intriga que lo atrapará hasta el final y lo llenará de adrenalina; y claro, la trama es importante, pero si a ello le sumamos la corrección literaria impecable desarrollada por Rosario en cada frase, la sencillez de sus exposiciones y descripciones que facilitan la comprensión, y la ambientación perfectamente fundamentada en sus investigaciones históricas, el cóctel es de los que nos garantizan momentos inolvidables repletos de sentimientos encontrados.

En conclusión, “La huella de una carta” es una novela que, sin ser histórica, nos permite descubrir las características peculiares de una parte de nuestra historia donde se descubrirán muchos datos que darán luz sobre este periodo oscuro de nuestro pasado que a nadie dejará indiferente.

GUÍA DE LECTURA: Pasaje a la India, de E. M. Forster

Guía de Lectura: Descargar en PDF

forsterpasajealaindiaNo es fácil simplificar el tema central que aglutine y direccione la trama o argumento de esta novela, pues en ella se desarrollan, como en un amplio abanico, una serie de variados asuntos que se interrelacionan, se solapan, se empujan, se anulan o, incluso, coordinan. Podríamos, tal vez centrarnos en el problema tan sobado del colonialismo, pero eso sería quedarnos cortos, pues las relaciones de amor-odio interraciales, religiosas, culturales, clasistas, de género, etcétera, van apareciendo por todas las rendijas que dejan los párrafos escritos con una prosa ágil, culta, aunque cercana y asequible, correcta, si bien amena e irónica, empleada por E.M. Forster, y eso sin olvidarnos de cuestiones tan poco livianas como el amor o la amistad.

         Se dice que Pasaje a la India es la obra cumbre de su autor, no lo sé, pues no he leído todos los libros que Forster escribió, ni tan siquiera un número adecuado para poder opinar, no obstante, sí que estoy en condiciones de afirmar que, desde el comienzo, hasta el final, me ha atrapado y me he visto, curiosamente, identificado en algunos puntos, y matizo lo de curiosamente pues, a pesar del abismo temporal, generacional, cultural y de pensamiento que nos separa, he visto bastantes reflejos de los defectos actuales, tanto sociales como personales, en los cuales nos regodeamos en nuestros días de tan creciente desconcierto.

Lógico es que no me vea reflejado ni en Aziz, ni en Fielding, ni en Heaslop, ni en ningún otro personaje masculino tanto británico como nativo, así mismo, también dudo que alguna mujer actual se sienta representada por Miss Quested o Mrs. Moore, y mucho menos por las otras estiradas y afectadas damas inglesas o por las sutilmente invisibles hindúes o musulmanas, pero sí nos podemos descubrir evidenciados en sus innumerables destellos de miseria, egoísmo, hipocresía y demás afeites sociales que no han evolucionado en nada desde entonces, si no es por el reboce materialista de una sociedad infinitamente más consumista que la mostrada en las páginas de este libro, así como en sus peregrinas esperanzas y en sus fatales deseos.

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         Pues bien, el texto en sí no se limita, como he ya afirmado más arriba, a la simple denuncia del imperialismo británico, o de cualquier otra índole, y sus innumerables y gratuitos estragos, catástrofes, trastornos, devastaciones o cualquier otro sinónimo que se nos ocurra cuyo significado se acerque al hecho de explotar a muchos para el beneficio de unos pocos, en el subcontinente indio, no, sino que al enfrentar Forster dos mundos tan opuestos, dos actitudes mentales tan dispares como la lógica de Occidente contra la intuitiva de Oriente, el pragmatismo frente a la ensoñación , de dos normas de conducta y morales tan enfrentadas, como la estética y la utilidad, tuvo que esgrimir, para lograrlo, la perspectiva de la poesía, de la imagen, y por ello utiliza la descripción como herramienta simbolista, al igual que el pintor usa el paisaje: con la finalidad de darle sentido a su obra.

         Y con el paisaje indio como fondo, a veces desolador, áspero, ingrato, pero otras, sin embargo, lozano, agradable, divertido y fértil en increíbles sensaciones, la acción comienza con la llegada de dos damas inglesas, la joven Miss Adela Quested y Mrs. Moore, con el propósito principal de que la primera conozca más profundamente al hijo de la segunda, Ronny, quien desempeña el cargo de magistrado en la ciudad india de Chandrapore, para decidir si contrae matrimonio con él, y el secundario de que ambas mujeres esperan ver la India real durante su visita, al margen de la cultura institucional importada por los británicos.

         Por otro lado, Aziz, un joven médico musulmán, se siente profundamente frustrado por el trato mediocre que recibe a manos de los ingleses, sobre todo por parte de su jefe directo, el Mayor Callendar, preocupación que suele comentar con sus dos amigos, Hamidullah y Mahmoud Ali, con quienes discute sobre si un indio puede llegar a ser amigo de un inglés en la India. Tras una acalorada velada de charla, Aziz busca el refugio del silencio de la mezquita y allí, por casualidad, conoce a Mrs. Moore y se sorprende gratamente de la familiaridad y amabilidad que ella despliega hacia él.

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         Mr. Turton, el gobernador de la zona, organiza una fiesta a la que invita a los indios más importantes, y a sus mujeres, en honor de las recién llegadas, allí Adela conoce a Cyril Fielding, el director del colegio estatal, quien, ante el deseo de la joven de descubrir la verdadera India, la invita a tomar el té en casa del profesor hindú Godbole, al que también acude Aziz. De esa reunión surge la amistad entre el profesor inglés y el médico musulmán quien, emocionado por sus nuevas relaciones, invita a todos a un viaje hasta las Cuevas de Maribor.

         Esta jornada será la desencadenante de los sucesos que precipitarán una serie de acontecimientos causante de enfrentamientos los cuales pondrán al descubierto las diferencias irreconciliables entre los dos mundos que pugnan por dominar aquella parte de Asia. Pero no vamos a descubrirlos aquí, sino que dejaremos el hallazgo de los mismo para su lectura.

         Ya he comentado que los temas que conforman la novela son varios y heterogéneos, por ejemplo, Un pasaje a la India comienza y termina por plantear la cuestión de si es posible para un inglés y un indio ser amigos, al menos en el contexto del colonialismo británico. Forster utiliza esta pregunta como marco para explorar la cuestión general del control político de Gran Bretaña sobre la India en un nivel más personal, a través de la amistad entre Aziz y Fielding. Al principio de la novela, Aziz desdeña a los ingleses y sólo los considera en forma irónica o los ignora completamente. Sin embargo, la conexión intuitiva que Aziz siente con la Sra. Moore en la mezquita le abre la posibilidad de tener una amistad con Fielding. Así, en la primera mitad de la novela, Fielding y Aziz representan un modelo positivo del humanismo liberal: Forster sugiere que la regla británica en la India podría ser acertada y respetuosa si ingleses e indios se trataran unos a otros como personas conectadas a través de la franqueza, inteligencia y buena voluntad.

Sin embargo, a raíz del clímax de la novela: la acusación de Adela contra Aziz, la amistad entre Aziz y Fielding decae, creándose ciertas tensiones en su relación a causa de interpretaciones tendenciosas de sus respectivas culturas. La tendencia de Aziz es dejar que su imaginación viaje libre y ello le hace crearse sospechas que le endurecen y le llenan de rencor. Fielding, en cambio, se deja llevar por la literalidad inglesa y racionalismo occidental que ciegan sus verdaderos sentimientos, por lo que su amistad queda relegada a conversaciones demasiado formales o cartas. Además, sus respectivas comunidades, india e inglesa, les va separando a través de sus mutuos estereotipos. Como vemos al final de la novela, incluso el paisaje de la India parece oprimir su amistad. Así pues, la visión final de Forster sobre la posibilidad de amistad anglo-india es pesimista, aunque sí considera factible esa posibilidad en suelo inglés, o después de la liberación de la India.

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Los personajes principales de Un pasaje a la India suelen ser cristianos o musulmanes, pero el hinduismo también desempeña un papel importante en la temática de la novela. El aspecto del hinduismo, que a Forster le preocupa particularmente, es el ideal de religión que incluye a todos los seres vivos, desde los más bajos a los más altos, unidos en el amor. Esta visión del universo parece ofrecer la redención a la India a través del misticismo, pues desaparecen las diferencias individuales en una colectividad pacífica que no reconoce jerarquías. Las intrigas y la culpa individual no es percibida en favor de la atención a las cuestiones de la más alta espiritualidad. El profesor Godbole, el hindú más visible en la novela, es para Forster el ejemplo de la unidad de todos los seres vivos. Godbole permanece al margen del drama, se abstiene de tomar partido, pues reconoce que todos están implicados en el mal de Marabar. Mrs. Moore, también se muestra, en este aspecto, cercana al hinduismo, aunque ella es cristiana, su experiencia de la India le ha hecho percibir un cierto descontento que hace empequeñecer sus creencias. Mrs. Moore parece sentir un gran sentido de conexión con la todas las criaturas vivientes, como lo demuestra su respeto a la avispa en su dormitorio.

Sin embargo, a través de la Sra. Moore, Forster también demuestra que la visión de la unidad de todos los seres vivos puede ser aterradora. Como vemos en la experiencia de la señora Moore con el eco de Marabar. Godbole no está preocupado por la idea de que la negación es un resultado inevitable cuando todas las cosas se juntan. Mrs. Moore, sin embargo, pierde interés en el mundo de las relaciones después de visionar esta falta de distinciones como algo horrible. Por otra parte, aunque Forster apoya generalmente la idea hinduista de la unidad de todos los seres vivos, también sugiere que puede haber problemas inherentes con él. Incluso Godbole, por ejemplo, parece reconocer que algo – aunque sólo sea una piedra — debe quedar fuera de la visión de unidad si la visión es coherente. Este problema de la exclusión es, en cierto sentido, simplemente otra manifestación de las diferencias individuales y la jerarquía que el hinduismo pretende superar.

Hay que distinguir entre confuso y misterioso en la novela. El propio Fielding, que actúa como voz del mismo Forster, admite que la India es un “caos”, mientras que figuras como la Mrs. Moore y Godbole ven India como un misterio. El lío que es la India en la novela se construye desde el suelo hacia arriba: el mismo paisaje y arquitectura del paisaje carece de forma y la vida natural de plantas y animales desafía cualquier identificación. Esta calidad confusa del medio ambiente se refleja en la composición de la población nativa de la India, que se mezcla en un embrollo de diferentes religiosos, etnias, grupos lingüísticos y regionales.

La confusión de la India desorienta a Adela; de hecho, los acontecimientos en las cuevas de Marabar pueden considerarse como la manifestación de esta maraña. Al final de la novela, no estamos seguros de lo que realmente ha sucedido en las cuevas. Forster sugiere que los sentimientos de Adela sobre Ronny se le hacen presentes en las cuevas y que ella de repente experimenta estas emociones como algo fuera de ella. El caos de la India también afecta a la amistad de Aziz y de Fielding y sus buenas intenciones son desviadas por el desconcierto que supone las identidades interculturales.

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Aunque Forster simpatiza con la India y los indios en la novela, su abrumadora representación de la India como una sociedad confusa coincide con la manera en que muchos escritores occidentales de su día trataron al Este en sus obras, quienes justificaron la dominación occidental en aquellas tierras como algo razonable, incluso necesaria, a la vista de la superioridad de la capacidad de razonar de la lógica europea frente al “caos” de las civilizaciones orientales.

Sin embargo, a pesar de que Pasaje a la India es en muchos aspectos un texto altamente simbólico, o incluso místico, también pretende ser una documentación realista de las actitudes de los funcionarios coloniales británicos en la India. Forster, utilizando su capacidad para la sátira, se mofa de las diversas actitudes típicas de los ingleses hacia los indios que controlan y los representa como racistas, autosuficientes, y condescendientes hacia la población indígena, saliendo, en general, bastante más mal paradas las mujeres que los hombres, aunque no parece cuestionar el derecho del imperio británico a gobernar la India, y sugiere que los británicos serían mejor servidos si fuesen más amables y más comprensivos con los indios con los que viven, pero no sugiere que los británicos deban abandonar la India en absoluto.

Por otro lado, podemos encontrar a lo largo de la novela una serie de estructuras y elementos recurrentes que nos pueden aportar bastante luz sobre los temas principales de la obra. Analizaremos los tres más importantes.

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Uno de ellos es el eco que aparece en las cuevas de Marabar: primero Mrs. Moore y posteriormente Adela escuchan el eco y son atormentadas por él durante semanas. El sonido del eco es “Boum”, como el ruido monótono de una salmodia que va adormeciendo los sentidos e impide desligar los detalles del entorno agobiante y, como ya hemos dicho anteriormente al hablar de la filosofía hinduista, esta unidad de todos los seres vivos, aparentemente positiva, puede llegar a una cierta confusión entre el bien y el mal, y ese acoso a que se ve sometida Mrs. Moore hasta su muerte por parte del eco hace que deje de preocuparse de las relaciones humanas y que Adela acuse a Aziz totalmente confundida, pero, curiosamente, este eco desaparece nada más reconocer que se ha equivocado.

Otro de estos elementos es la diferencia entre las arquitecturas oriental y occidental. Tres estructuras arquitectónicas, aunque una de ellas sea de origen natural, proporcionan el esquema de las tres secciones del libro, “mezquita”, “cuevas” y “templo”. Forster presenta la estética de las estructuras orientales y occidentales como indicativas de las diferencias de las respectivas culturas en su conjunto. En la India, la arquitectura es confusa y sin forma: los interiores se mezclan con los jardines exteriores, la tierra y los edificios compiten entre sí, y las estructuras aparecen inconclusas o monótonas. Como tal, la arquitectura India refleja la confusión reinante en aquella sociedad misma y Forster lo ve como el desinterés característico de los indios hacia la forma y la lógica. De vez en cuando, sin embargo, Forster tiene una visión positiva de la arquitectura India. La mezquita en la parte I y el templo en la parte III representan la promesa de la apertura de la India, el misticismo y la amistad. La arquitectura occidental, mientras tanto, se describe durante la parada de Fielding en Venecia en su camino a Inglaterra. Las estructuras de Venecia, que Fielding considera representativas de la arquitectura occidental en general, honran la forma y la proporción y complementan la tierra sobre la que se construyen. Fielding lee en esta arquitectura la corrección evidente de la razón occidental: un orden que, se lamenta, sus amigos indios no reconocerían ni apreciarían.

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Y el tercero es la canción hindú que Godbole canta para los visitantes ingleses, en la cual una lechera ruega para que Dios venga a ella o a su gente. El estribillo de la canción de “¡ven!”, reflejando en la apelación a todo el país en la búsqueda de algo más grande que él mismo. Después de la canción, Godbole admite que Dios nunca llega a la lechera. La canción descorazona mucho a lMrs. Moore, estableciendo el escenario para su posterior apatía espiritual, pues llega a tener la conciencia simultánea de una presencia espiritual y la falta de confianza en lo espiritual como una fuerza redentora. Godbole aparentemente pretende que su canción sea como un mensaje o lección de que el reconocimiento de la existencia de una figura de Dios puede unir al mundo y erosionar las diferencias. Forster usa el estribillo de la canción de Godbole, “¡ven!”, para sugerir que la redención de la India todavía está por llegar.

Del mismo modo, se pueden percibir una clara simbología que busca, mediante la abstracción de algunos objetos, colores, personajes o figuras, la representación de ideas o conceptos. Veamos otros tres elementos simbólicos del libro.

Las Cuevas de Marabar representan todo lo que es ajeno en la naturaleza. Las cuevas son más antiguas que cualquier otra cosa de aquella tierra y encarnan la nada y el vacío. Desafían tanto a los ingleses como a los indios y su extraña belleza descoloca a los visitantes. La calidad alienígena de las cuevas también tiene el poder de hacer que visitantes como Mrs. Moore y Adela se enfrenten a sí mismas descubriéndose rincones de su interior que no habían reconocido previamente. El eco de las cuevas hace que Mrs. Moore vea el lado más oscuro de su espiritualidad, y Adela se enfrenta a la verdad de que ella y Ronny no se atraen realmente el uno al otro, incluso duda de que sea capaz de atraer a alguien.

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El pájaro verde que Adela y Ronny ven cuando acaban de romper su compromiso por primera vez les demuestra las diferencias insalvables entre ellos dos, pues mientras ella lo ve como lo vería un nativo: atenta a su belleza, a su canto, a sus matices, al trasfondo de las emociones que le inspira, él se esfuerza por darle nombre, catalogarlo, etiquetarlo, llevado por su típica obsesión inglesa de clasificar todo lo que les rodea.

Y, por último, la avispa aparece varias veces en la novela, normalmente en conjunción con la visión hindú de la unidad de todos los seres vivos. La avispa es descrita como la criatura más baja que los hindúes incorporan en su visión de la unidad universal. Mrs. Moore está estrechamente asociada con la avispa, ya que encuentra una en su habitación y no intenta matarla, sino que la respeta.

Para terminar, os propongo que busquéis, durante vuestra lectura, las respuestas a las siguientes preguntas como herramienta que os ayude a entenderla mejor:

  1. ¿Qué esperan Adela y la señora Moore para salir de su visita a la India? ¿Tienen éxito?
  2. ¿Qué causa el colapso de Adela? ¿Por qué acusa a Aziz? ¿Qué cualidades le permiten admitir la verdad en el juicio?
  3. ¿Para qué sirve la Parte III, “Templo”, en Un pasaje a la India?
  4. ¿Cuál es la crítica principal de Forster a los británicos en la India? ¿Qué parece pensar sobre el Imperio en general?
  5. Evaluad el papel de la negación en la novela. Buscad ejemplos de la palabra “nada”, descripciones que usan la falta o negatividad, y puntos de trama en los que “nada” sucede, aunque los personajes piensan que algo sucede. ¿Qué significa la negación y cómo se usa?
  6. ¿Cuál es el papel de la naturaleza en Un pasaje a la India?
  7. ¿Qué papel desempeña la sexualidad en la novela? Considerad cualquier diferencia de opinión sobre la sexualidad entre Fielding y Aziz y entre Ronny y Adela.
  8. Comparad la representación de Forster de los ingleses en Chandrapore con su representación de la comunidad india de Aziz. ¿Los dos grupos tienen similitudes? ¿Forster retrata a un grupo con más simpatía?

REFERENCIAS:

  • SparkNotes Editors. “SparkNote on A Passage to India.” SparkNotes.com. SparkNotes LLC. 2002. Web. 2 May 2017.
  • «All Time 100 Novels». Time. 16 de octubre de 2005. Archivado desde el original el 25 de abril de 2010. Consultado el 2 de mayo de 2017.
  • J. Wallia (1996). «IndiaStar book review: Satyajit Ray by Surabhi Banerjee». Archivado desde el original el 27 de noviembre de 2015. Consultado el 2 de mayo de 2017.
  • Fotografías de la película A Passage to India, by Davin Lean. Columbia Pictures, 1984.

Sus ojos en mí, de Fernando Delgado

 

“Y fue para mí una desgracia que en Beas de Segura y en día de primavera pusiera en mí sus ojos; seguro hállome de que pecó de precipitada al mostrar su complacencia en mi persona antes de cualquier examen.”

Jerónimo Gracián de la Madre de Dios

         Y no se equivocaba el bueno de Gracián al calificar de “desgracia” el hecho de que Teresa “pusiera sus ojos en él” pues ello le acarrearía muchos sufrimientos, sin embargo, no pudo evitar sentirse atraído por aquella mujer que le doblaba en edad y a la que describió con estas palabras: “No diré que el rostro de aquella mujer, recortado en la toca de una monja, fuera tan bello que incitara al pecado al que lo viera al retirar su velo. Ni que su cuerpo, ágil para su edad de mujer plena, llamara a cualquier hombre a imaginarlo con malicia, Tampoco diré que la santidad le alumbraba los ojos, porque no era su mirada la recatada mirada de una virgen. La cara vivaz, el cuerpo inquieto, la mirada solícita y la inteligencia moviéndole los labios hacían de Teresa de Cepeda una mujer de apariencia más joven a sus sesenta años y presta al atractivo.” Pero aquel amor que surgió entre ellos, o más bien en ella, pues era ella mujer “que no ponía puertas al amor ni separaba el amor divino del humano porque al fin todo lo que tocaba el amor era para ella divino”, le obligaría a sumergirse en las enfangadas aguas de una guerra sin cuartel que, durante años, se desarrolló en los submundos humanos de quienes predicaban lo divino.

         Partiendo, pues, de estas premisas, y teniendo como escenario histórico los seis últimos años de vida de la santa durante el reinado de Su Católica Majestad Felipe II de España, quien también tendrá sus momentos en el argumento, esta novela no solo despliega, con sintaxis añeja, cargada de ironía y cercana a las formas y estilo de sus protagonistas, una bella historia de amor, aquella que dio comienzo el día en que Teresa de Jesús recibe en el convento de Beas de Segura al joven visitador de la orden, Jerónimo Gracián, y ella siente de inmediato por él “lo que no había sentido antes por nadie”, calificando como “los más luminosos de mi vida” los día que pasaron juntos hablando de lo divino y lo humano y compartiendo sus mutuos sentimientos e inquietudes, sino también, al mismo tiempo, la lucha despiadada entre aquellos representantes de Dios en la tierra quienes, olvidándose de lo eterno, buscaban la gloria en lo efímero, y es que la erótica del poder abre más puertas en el infierno que la del sexo.

La novela tiene una estructura original, pues transcurre en dos tiempos narrativos: el más actual, a mediados del siglo XX, donde Julio Weyler (más tarde Fray Casto del Niño Jesús) busca los consejos de Fray Humberto San Luis para que le ayude a escribir una novela sobre San Juan de la Cruz, aunque éste le quita esa idea inicial pues considera al personaje poco interesante para la narración, en cambio piensa que es más novelesca la relación entre Teresa de Jesús y Jerónimo Gracián. Así que Julio se replantea su inicial objetivo y, en colaboración con Fray Humberto y con su tío Ronald Weyler, se lanza a una extensa labor de investigación que dará como fruto esta historia.

El otro tiempo narrativo es el de la segunda mitad del siglo XVI, donde se desarrolla la labor reformadora de Teresa de Jesús, Juan de la Cruz y Jerónimo Gracián.

         La iglesia católica se había desviado bastante de sus principios originales relajando la disciplina, la observancia de las reglas, el comportamiento y la moral, por lo que, tras la reforma protestante de Lutero, se vieron en la necesidad de dar una respuesta contundente, o contrarreforma, si no querían caer en la más absoluta debilidad y permitir el avance del protestantismo. Para ello se convocó el Concilio de Trento de donde surgieron nuevas normas disciplinarias más acordes a la ortodoxia de sus creencias, revitalizando el uso de las herramientas infalibles de la oración y la meditación, así como del sacramento de la confesión, al mismo tiempo, se impulsó la formación de nuevas órdenes religiosas, cofradías y hermandades, para extender la fe y ayudar a los necesitados y, por entidad vigilante y censora se dio máximo poder a la Santa Inquisición. Y como siempre ocurre en estos casos, surgieron diferentes interpretaciones: por un lado, la idea impulsada por Pablo IV de un Dios intransigente y castigador, y por el otro el acercamiento individual a la fe y el uso de la piedad popularizado por Teresa de Jesús o Juan de la Cruz.

Sin embargo, no todos estaban por la labor de reformarse y menos cuando los monasterios y conventos veíanse repletos de hijos e hijas de casas nobles, o adineradas, que entraban en ellos por motivos bastante más peregrinos que la fe. Y ese era el caso de la orden del Carmelo, donde muchos de sus frailes “eran unos borrachos y puteros”, y de lo cual tampoco se salvaban muchas monjas

Ante la resistencia de los carmelitas calzados a mudar en sus costumbres, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz se lanzaron a una reforma según la regla antigua, mucho más estricta en los votos y mucho más humilde en las formas, que les acarrearía no pocos disgustos y sufrimientos en sus personas, sino también incluso agresiones, encarcelamientos, persecuciones y muertes entre sus seguidores, a manos de quienes hasta hacía poco eran sus hermanos.

Teresa estaba en total desacuerdo con la relajación de las normas de los conventos del Carmelo, por lo que decidió, ayudada por Juan de la Cruz, crear una nueva rama de carmelitas, los descalzos, mucho más revestidos de austeridad, pobreza, clausura y reflexión, construyendo, para ello, una serie de retiros por toda la península, comenzando por el de San José, en Ávila, su tierra natal, al que siguieron otros en Medina del Campo, Malagón, Toledo, Salamanca, Segovia, Beas de Segura, Sevilla Caravaca, Palencia y Burgos. Pero a causa de esta frenética actividad fundadora y reformista despertó la desconfianza en la Inquisición y fueron sus pasos constantemente mantenidos en estrecha vigilancia, sin olvidarnos de las suspicacias que levantaban sus escritos.

         Por su parte, Jerónimo Gracián Dantisco, natural de Valladolid, llegó, como ya hemos mencionado, ante Teresa como visitador de la orden alcanzando a ser el primer provincial de los Carmelitas descalzos. Sufrió numerosas persecuciones en su empeño por llevar a cabo las ideas de la mujer que le iluminaba y, sin perder nunca el buen humor, conoció el dolor de las traiciones y la soledad, aunque jamás la indiferencia, y nunca llegó a comprender por qué un amor tan puro, como el que había surgido entre Teresa y él, podía ser utilizado para atacarles y humillarles: “Mas este amor que yo tenía a la madre Teresa y ella a mí, en mí causaba pureza, espíritu y amor de Dios, y en ella consuelo y alivio para sus trabajos, como muchas veces me dijo, y así no querría que ni aún mi madre me quisiese más que ella. Bendito sea Dios que me dio tan buena amiga que estando en el cielo no se le entibiará este amor, y puedo tener confianza que me será de gran fruto. Mas mira qué cosa son lenguas mordaces, que de la grande comunicación y familiaridad que teníamos los dos, juzgaban algunos maliciosos no ser amor santo, y cuando no fuera ella tan santa como era y yo el más malo del mundo, de una mujer de sesenta años tan encerrada y recatada no había que sospechar mal; y con todo eso encubríamos esta tan íntima amistad porque no se nos echase a mala parte”. Y es que aquella relación produjo también muchas envidias y habladurías, incluso entre su propia comunidad, llegando Jerónimo a ser expulsado de España, apresado por los corsarios y acabando, paradójicamente, siendo recogido por los carmelitas calzados.

Recordando, pues, aquellos lances y peripecias de estos personajes históricos, Fernando Delgado nos ha dejado una deliciosa historia de amor platónico, o tal vez no tanto: “cualquier alma, por perfecta que sea, ha de tener un desguadero. Déjeme a mí tener este, que por más que me diga no pienso mudar del estilo que con él llevo”, en cuyas páginas aparece, de vez en cuando, su diablillo interno que nos hace burlas y bromas provocándonos la duda de todo lo que leemos y haciéndonos reflexionar sobre el límite entre lo divino y lo humano.