GUÍA DE LECTURA: Pasaje a la India, de E. M. Forster

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forsterpasajealaindiaNo es fácil simplificar el tema central que aglutine y direccione la trama o argumento de esta novela, pues en ella se desarrollan, como en un amplio abanico, una serie de variados asuntos que se interrelacionan, se solapan, se empujan, se anulan o, incluso, coordinan. Podríamos, tal vez centrarnos en el problema tan sobado del colonialismo, pero eso sería quedarnos cortos, pues las relaciones de amor-odio interraciales, religiosas, culturales, clasistas, de género, etcétera, van apareciendo por todas las rendijas que dejan los párrafos escritos con una prosa ágil, culta, aunque cercana y asequible, correcta, si bien amena e irónica, empleada por E.M. Forster, y eso sin olvidarnos de cuestiones tan poco livianas como el amor o la amistad.

         Se dice que Pasaje a la India es la obra cumbre de su autor, no lo sé, pues no he leído todos los libros que Forster escribió, ni tan siquiera un número adecuado para poder opinar, no obstante, sí que estoy en condiciones de afirmar que, desde el comienzo, hasta el final, me ha atrapado y me he visto, curiosamente, identificado en algunos puntos, y matizo lo de curiosamente pues, a pesar del abismo temporal, generacional, cultural y de pensamiento que nos separa, he visto bastantes reflejos de los defectos actuales, tanto sociales como personales, en los cuales nos regodeamos en nuestros días de tan creciente desconcierto.

Lógico es que no me vea reflejado ni en Aziz, ni en Fielding, ni en Heaslop, ni en ningún otro personaje masculino tanto británico como nativo, así mismo, también dudo que alguna mujer actual se sienta representada por Miss Quested o Mrs. Moore, y mucho menos por las otras estiradas y afectadas damas inglesas o por las sutilmente invisibles hindúes o musulmanas, pero sí nos podemos descubrir evidenciados en sus innumerables destellos de miseria, egoísmo, hipocresía y demás afeites sociales que no han evolucionado en nada desde entonces, si no es por el reboce materialista de una sociedad infinitamente más consumista que la mostrada en las páginas de este libro, así como en sus peregrinas esperanzas y en sus fatales deseos.

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         Pues bien, el texto en sí no se limita, como he ya afirmado más arriba, a la simple denuncia del imperialismo británico, o de cualquier otra índole, y sus innumerables y gratuitos estragos, catástrofes, trastornos, devastaciones o cualquier otro sinónimo que se nos ocurra cuyo significado se acerque al hecho de explotar a muchos para el beneficio de unos pocos, en el subcontinente indio, no, sino que al enfrentar Forster dos mundos tan opuestos, dos actitudes mentales tan dispares como la lógica de Occidente contra la intuitiva de Oriente, el pragmatismo frente a la ensoñación , de dos normas de conducta y morales tan enfrentadas, como la estética y la utilidad, tuvo que esgrimir, para lograrlo, la perspectiva de la poesía, de la imagen, y por ello utiliza la descripción como herramienta simbolista, al igual que el pintor usa el paisaje: con la finalidad de darle sentido a su obra.

         Y con el paisaje indio como fondo, a veces desolador, áspero, ingrato, pero otras, sin embargo, lozano, agradable, divertido y fértil en increíbles sensaciones, la acción comienza con la llegada de dos damas inglesas, la joven Miss Adela Quested y Mrs. Moore, con el propósito principal de que la primera conozca más profundamente al hijo de la segunda, Ronny, quien desempeña el cargo de magistrado en la ciudad india de Chandrapore, para decidir si contrae matrimonio con él, y el secundario de que ambas mujeres esperan ver la India real durante su visita, al margen de la cultura institucional importada por los británicos.

         Por otro lado, Aziz, un joven médico musulmán, se siente profundamente frustrado por el trato mediocre que recibe a manos de los ingleses, sobre todo por parte de su jefe directo, el Mayor Callendar, preocupación que suele comentar con sus dos amigos, Hamidullah y Mahmoud Ali, con quienes discute sobre si un indio puede llegar a ser amigo de un inglés en la India. Tras una acalorada velada de charla, Aziz busca el refugio del silencio de la mezquita y allí, por casualidad, conoce a Mrs. Moore y se sorprende gratamente de la familiaridad y amabilidad que ella despliega hacia él.

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         Mr. Turton, el gobernador de la zona, organiza una fiesta a la que invita a los indios más importantes, y a sus mujeres, en honor de las recién llegadas, allí Adela conoce a Cyril Fielding, el director del colegio estatal, quien, ante el deseo de la joven de descubrir la verdadera India, la invita a tomar el té en casa del profesor hindú Godbole, al que también acude Aziz. De esa reunión surge la amistad entre el profesor inglés y el médico musulmán quien, emocionado por sus nuevas relaciones, invita a todos a un viaje hasta las Cuevas de Maribor.

         Esta jornada será la desencadenante de los sucesos que precipitarán una serie de acontecimientos causante de enfrentamientos los cuales pondrán al descubierto las diferencias irreconciliables entre los dos mundos que pugnan por dominar aquella parte de Asia. Pero no vamos a descubrirlos aquí, sino que dejaremos el hallazgo de los mismo para su lectura.

         Ya he comentado que los temas que conforman la novela son varios y heterogéneos, por ejemplo, Un pasaje a la India comienza y termina por plantear la cuestión de si es posible para un inglés y un indio ser amigos, al menos en el contexto del colonialismo británico. Forster utiliza esta pregunta como marco para explorar la cuestión general del control político de Gran Bretaña sobre la India en un nivel más personal, a través de la amistad entre Aziz y Fielding. Al principio de la novela, Aziz desdeña a los ingleses y sólo los considera en forma irónica o los ignora completamente. Sin embargo, la conexión intuitiva que Aziz siente con la Sra. Moore en la mezquita le abre la posibilidad de tener una amistad con Fielding. Así, en la primera mitad de la novela, Fielding y Aziz representan un modelo positivo del humanismo liberal: Forster sugiere que la regla británica en la India podría ser acertada y respetuosa si ingleses e indios se trataran unos a otros como personas conectadas a través de la franqueza, inteligencia y buena voluntad.

Sin embargo, a raíz del clímax de la novela: la acusación de Adela contra Aziz, la amistad entre Aziz y Fielding decae, creándose ciertas tensiones en su relación a causa de interpretaciones tendenciosas de sus respectivas culturas. La tendencia de Aziz es dejar que su imaginación viaje libre y ello le hace crearse sospechas que le endurecen y le llenan de rencor. Fielding, en cambio, se deja llevar por la literalidad inglesa y racionalismo occidental que ciegan sus verdaderos sentimientos, por lo que su amistad queda relegada a conversaciones demasiado formales o cartas. Además, sus respectivas comunidades, india e inglesa, les va separando a través de sus mutuos estereotipos. Como vemos al final de la novela, incluso el paisaje de la India parece oprimir su amistad. Así pues, la visión final de Forster sobre la posibilidad de amistad anglo-india es pesimista, aunque sí considera factible esa posibilidad en suelo inglés, o después de la liberación de la India.

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Los personajes principales de Un pasaje a la India suelen ser cristianos o musulmanes, pero el hinduismo también desempeña un papel importante en la temática de la novela. El aspecto del hinduismo, que a Forster le preocupa particularmente, es el ideal de religión que incluye a todos los seres vivos, desde los más bajos a los más altos, unidos en el amor. Esta visión del universo parece ofrecer la redención a la India a través del misticismo, pues desaparecen las diferencias individuales en una colectividad pacífica que no reconoce jerarquías. Las intrigas y la culpa individual no es percibida en favor de la atención a las cuestiones de la más alta espiritualidad. El profesor Godbole, el hindú más visible en la novela, es para Forster el ejemplo de la unidad de todos los seres vivos. Godbole permanece al margen del drama, se abstiene de tomar partido, pues reconoce que todos están implicados en el mal de Marabar. Mrs. Moore, también se muestra, en este aspecto, cercana al hinduismo, aunque ella es cristiana, su experiencia de la India le ha hecho percibir un cierto descontento que hace empequeñecer sus creencias. Mrs. Moore parece sentir un gran sentido de conexión con la todas las criaturas vivientes, como lo demuestra su respeto a la avispa en su dormitorio.

Sin embargo, a través de la Sra. Moore, Forster también demuestra que la visión de la unidad de todos los seres vivos puede ser aterradora. Como vemos en la experiencia de la señora Moore con el eco de Marabar. Godbole no está preocupado por la idea de que la negación es un resultado inevitable cuando todas las cosas se juntan. Mrs. Moore, sin embargo, pierde interés en el mundo de las relaciones después de visionar esta falta de distinciones como algo horrible. Por otra parte, aunque Forster apoya generalmente la idea hinduista de la unidad de todos los seres vivos, también sugiere que puede haber problemas inherentes con él. Incluso Godbole, por ejemplo, parece reconocer que algo – aunque sólo sea una piedra — debe quedar fuera de la visión de unidad si la visión es coherente. Este problema de la exclusión es, en cierto sentido, simplemente otra manifestación de las diferencias individuales y la jerarquía que el hinduismo pretende superar.

Hay que distinguir entre confuso y misterioso en la novela. El propio Fielding, que actúa como voz del mismo Forster, admite que la India es un “caos”, mientras que figuras como la Mrs. Moore y Godbole ven India como un misterio. El lío que es la India en la novela se construye desde el suelo hacia arriba: el mismo paisaje y arquitectura del paisaje carece de forma y la vida natural de plantas y animales desafía cualquier identificación. Esta calidad confusa del medio ambiente se refleja en la composición de la población nativa de la India, que se mezcla en un embrollo de diferentes religiosos, etnias, grupos lingüísticos y regionales.

La confusión de la India desorienta a Adela; de hecho, los acontecimientos en las cuevas de Marabar pueden considerarse como la manifestación de esta maraña. Al final de la novela, no estamos seguros de lo que realmente ha sucedido en las cuevas. Forster sugiere que los sentimientos de Adela sobre Ronny se le hacen presentes en las cuevas y que ella de repente experimenta estas emociones como algo fuera de ella. El caos de la India también afecta a la amistad de Aziz y de Fielding y sus buenas intenciones son desviadas por el desconcierto que supone las identidades interculturales.

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Aunque Forster simpatiza con la India y los indios en la novela, su abrumadora representación de la India como una sociedad confusa coincide con la manera en que muchos escritores occidentales de su día trataron al Este en sus obras, quienes justificaron la dominación occidental en aquellas tierras como algo razonable, incluso necesaria, a la vista de la superioridad de la capacidad de razonar de la lógica europea frente al “caos” de las civilizaciones orientales.

Sin embargo, a pesar de que Pasaje a la India es en muchos aspectos un texto altamente simbólico, o incluso místico, también pretende ser una documentación realista de las actitudes de los funcionarios coloniales británicos en la India. Forster, utilizando su capacidad para la sátira, se mofa de las diversas actitudes típicas de los ingleses hacia los indios que controlan y los representa como racistas, autosuficientes, y condescendientes hacia la población indígena, saliendo, en general, bastante más mal paradas las mujeres que los hombres, aunque no parece cuestionar el derecho del imperio británico a gobernar la India, y sugiere que los británicos serían mejor servidos si fuesen más amables y más comprensivos con los indios con los que viven, pero no sugiere que los británicos deban abandonar la India en absoluto.

Por otro lado, podemos encontrar a lo largo de la novela una serie de estructuras y elementos recurrentes que nos pueden aportar bastante luz sobre los temas principales de la obra. Analizaremos los tres más importantes.

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Uno de ellos es el eco que aparece en las cuevas de Marabar: primero Mrs. Moore y posteriormente Adela escuchan el eco y son atormentadas por él durante semanas. El sonido del eco es “Boum”, como el ruido monótono de una salmodia que va adormeciendo los sentidos e impide desligar los detalles del entorno agobiante y, como ya hemos dicho anteriormente al hablar de la filosofía hinduista, esta unidad de todos los seres vivos, aparentemente positiva, puede llegar a una cierta confusión entre el bien y el mal, y ese acoso a que se ve sometida Mrs. Moore hasta su muerte por parte del eco hace que deje de preocuparse de las relaciones humanas y que Adela acuse a Aziz totalmente confundida, pero, curiosamente, este eco desaparece nada más reconocer que se ha equivocado.

Otro de estos elementos es la diferencia entre las arquitecturas oriental y occidental. Tres estructuras arquitectónicas, aunque una de ellas sea de origen natural, proporcionan el esquema de las tres secciones del libro, “mezquita”, “cuevas” y “templo”. Forster presenta la estética de las estructuras orientales y occidentales como indicativas de las diferencias de las respectivas culturas en su conjunto. En la India, la arquitectura es confusa y sin forma: los interiores se mezclan con los jardines exteriores, la tierra y los edificios compiten entre sí, y las estructuras aparecen inconclusas o monótonas. Como tal, la arquitectura India refleja la confusión reinante en aquella sociedad misma y Forster lo ve como el desinterés característico de los indios hacia la forma y la lógica. De vez en cuando, sin embargo, Forster tiene una visión positiva de la arquitectura India. La mezquita en la parte I y el templo en la parte III representan la promesa de la apertura de la India, el misticismo y la amistad. La arquitectura occidental, mientras tanto, se describe durante la parada de Fielding en Venecia en su camino a Inglaterra. Las estructuras de Venecia, que Fielding considera representativas de la arquitectura occidental en general, honran la forma y la proporción y complementan la tierra sobre la que se construyen. Fielding lee en esta arquitectura la corrección evidente de la razón occidental: un orden que, se lamenta, sus amigos indios no reconocerían ni apreciarían.

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Y el tercero es la canción hindú que Godbole canta para los visitantes ingleses, en la cual una lechera ruega para que Dios venga a ella o a su gente. El estribillo de la canción de “¡ven!”, reflejando en la apelación a todo el país en la búsqueda de algo más grande que él mismo. Después de la canción, Godbole admite que Dios nunca llega a la lechera. La canción descorazona mucho a lMrs. Moore, estableciendo el escenario para su posterior apatía espiritual, pues llega a tener la conciencia simultánea de una presencia espiritual y la falta de confianza en lo espiritual como una fuerza redentora. Godbole aparentemente pretende que su canción sea como un mensaje o lección de que el reconocimiento de la existencia de una figura de Dios puede unir al mundo y erosionar las diferencias. Forster usa el estribillo de la canción de Godbole, “¡ven!”, para sugerir que la redención de la India todavía está por llegar.

Del mismo modo, se pueden percibir una clara simbología que busca, mediante la abstracción de algunos objetos, colores, personajes o figuras, la representación de ideas o conceptos. Veamos otros tres elementos simbólicos del libro.

Las Cuevas de Marabar representan todo lo que es ajeno en la naturaleza. Las cuevas son más antiguas que cualquier otra cosa de aquella tierra y encarnan la nada y el vacío. Desafían tanto a los ingleses como a los indios y su extraña belleza descoloca a los visitantes. La calidad alienígena de las cuevas también tiene el poder de hacer que visitantes como Mrs. Moore y Adela se enfrenten a sí mismas descubriéndose rincones de su interior que no habían reconocido previamente. El eco de las cuevas hace que Mrs. Moore vea el lado más oscuro de su espiritualidad, y Adela se enfrenta a la verdad de que ella y Ronny no se atraen realmente el uno al otro, incluso duda de que sea capaz de atraer a alguien.

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El pájaro verde que Adela y Ronny ven cuando acaban de romper su compromiso por primera vez les demuestra las diferencias insalvables entre ellos dos, pues mientras ella lo ve como lo vería un nativo: atenta a su belleza, a su canto, a sus matices, al trasfondo de las emociones que le inspira, él se esfuerza por darle nombre, catalogarlo, etiquetarlo, llevado por su típica obsesión inglesa de clasificar todo lo que les rodea.

Y, por último, la avispa aparece varias veces en la novela, normalmente en conjunción con la visión hindú de la unidad de todos los seres vivos. La avispa es descrita como la criatura más baja que los hindúes incorporan en su visión de la unidad universal. Mrs. Moore está estrechamente asociada con la avispa, ya que encuentra una en su habitación y no intenta matarla, sino que la respeta.

Para terminar, os propongo que busquéis, durante vuestra lectura, las respuestas a las siguientes preguntas como herramienta que os ayude a entenderla mejor:

  1. ¿Qué esperan Adela y la señora Moore para salir de su visita a la India? ¿Tienen éxito?
  2. ¿Qué causa el colapso de Adela? ¿Por qué acusa a Aziz? ¿Qué cualidades le permiten admitir la verdad en el juicio?
  3. ¿Para qué sirve la Parte III, “Templo”, en Un pasaje a la India?
  4. ¿Cuál es la crítica principal de Forster a los británicos en la India? ¿Qué parece pensar sobre el Imperio en general?
  5. Evaluad el papel de la negación en la novela. Buscad ejemplos de la palabra “nada”, descripciones que usan la falta o negatividad, y puntos de trama en los que “nada” sucede, aunque los personajes piensan que algo sucede. ¿Qué significa la negación y cómo se usa?
  6. ¿Cuál es el papel de la naturaleza en Un pasaje a la India?
  7. ¿Qué papel desempeña la sexualidad en la novela? Considerad cualquier diferencia de opinión sobre la sexualidad entre Fielding y Aziz y entre Ronny y Adela.
  8. Comparad la representación de Forster de los ingleses en Chandrapore con su representación de la comunidad india de Aziz. ¿Los dos grupos tienen similitudes? ¿Forster retrata a un grupo con más simpatía?

REFERENCIAS:

  • SparkNotes Editors. “SparkNote on A Passage to India.” SparkNotes.com. SparkNotes LLC. 2002. Web. 2 May 2017.
  • «All Time 100 Novels». Time. 16 de octubre de 2005. Archivado desde el original el 25 de abril de 2010. Consultado el 2 de mayo de 2017.
  • J. Wallia (1996). «IndiaStar book review: Satyajit Ray by Surabhi Banerjee». Archivado desde el original el 27 de noviembre de 2015. Consultado el 2 de mayo de 2017.
  • Fotografías de la película A Passage to India, by Davin Lean. Columbia Pictures, 1984.

Sus ojos en mí, de Fernando Delgado

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“Y fue para mí una desgracia que en Beas de Segura y en día de primavera pusiera en mí sus ojos; seguro hállome de que pecó de precipitada al mostrar su complacencia en mi persona antes de cualquier examen.”

Jerónimo Gracián de la Madre de Dios

         Y no se equivocaba el bueno de Gracián al calificar de “desgracia” el hecho de que Teresa “pusiera sus ojos en él” pues ello le acarrearía muchos sufrimientos, sin embargo, no pudo evitar sentirse atraído por aquella mujer que le doblaba en edad y a la que describió con estas palabras: “No diré que el rostro de aquella mujer, recortado en la toca de una monja, fuera tan bello que incitara al pecado al que lo viera al retirar su velo. Ni que su cuerpo, ágil para su edad de mujer plena, llamara a cualquier hombre a imaginarlo con malicia, Tampoco diré que la santidad le alumbraba los ojos, porque no era su mirada la recatada mirada de una virgen. La cara vivaz, el cuerpo inquieto, la mirada solícita y la inteligencia moviéndole los labios hacían de Teresa de Cepeda una mujer de apariencia más joven a sus sesenta años y presta al atractivo.” Pero aquel amor que surgió entre ellos, o más bien en ella, pues era ella mujer “que no ponía puertas al amor ni separaba el amor divino del humano porque al fin todo lo que tocaba el amor era para ella divino”, le obligaría a sumergirse en las enfangadas aguas de una guerra sin cuartel que, durante años, se desarrolló en los submundos humanos de quienes predicaban lo divino.

         Partiendo, pues, de estas premisas, y teniendo como escenario histórico los seis últimos años de vida de la santa durante el reinado de Su Católica Majestad Felipe II de España, quien también tendrá sus momentos en el argumento, esta novela no solo despliega, con sintaxis añeja, cargada de ironía y cercana a las formas y estilo de sus protagonistas, una bella historia de amor, aquella que dio comienzo el día en que Teresa de Jesús recibe en el convento de Beas de Segura al joven visitador de la orden, Jerónimo Gracián, y ella siente de inmediato por él “lo que no había sentido antes por nadie”, calificando como “los más luminosos de mi vida” los día que pasaron juntos hablando de lo divino y lo humano y compartiendo sus mutuos sentimientos e inquietudes, sino también, al mismo tiempo, la lucha despiadada entre aquellos representantes de Dios en la tierra quienes, olvidándose de lo eterno, buscaban la gloria en lo efímero, y es que la erótica del poder abre más puertas en el infierno que la del sexo.

La novela tiene una estructura original, pues transcurre en dos tiempos narrativos: el más actual, a mediados del siglo XX, donde Julio Weyler (más tarde Fray Casto del Niño Jesús) busca los consejos de Fray Humberto San Luis para que le ayude a escribir una novela sobre San Juan de la Cruz, aunque éste le quita esa idea inicial pues considera al personaje poco interesante para la narración, en cambio piensa que es más novelesca la relación entre Teresa de Jesús y Jerónimo Gracián. Así que Julio se replantea su inicial objetivo y, en colaboración con Fray Humberto y con su tío Ronald Weyler, se lanza a una extensa labor de investigación que dará como fruto esta historia.

El otro tiempo narrativo es el de la segunda mitad del siglo XVI, donde se desarrolla la labor reformadora de Teresa de Jesús, Juan de la Cruz y Jerónimo Gracián.

         La iglesia católica se había desviado bastante de sus principios originales relajando la disciplina, la observancia de las reglas, el comportamiento y la moral, por lo que, tras la reforma protestante de Lutero, se vieron en la necesidad de dar una respuesta contundente, o contrarreforma, si no querían caer en la más absoluta debilidad y permitir el avance del protestantismo. Para ello se convocó el Concilio de Trento de donde surgieron nuevas normas disciplinarias más acordes a la ortodoxia de sus creencias, revitalizando el uso de las herramientas infalibles de la oración y la meditación, así como del sacramento de la confesión, al mismo tiempo, se impulsó la formación de nuevas órdenes religiosas, cofradías y hermandades, para extender la fe y ayudar a los necesitados y, por entidad vigilante y censora se dio máximo poder a la Santa Inquisición. Y como siempre ocurre en estos casos, surgieron diferentes interpretaciones: por un lado, la idea impulsada por Pablo IV de un Dios intransigente y castigador, y por el otro el acercamiento individual a la fe y el uso de la piedad popularizado por Teresa de Jesús o Juan de la Cruz.

Sin embargo, no todos estaban por la labor de reformarse y menos cuando los monasterios y conventos veíanse repletos de hijos e hijas de casas nobles, o adineradas, que entraban en ellos por motivos bastante más peregrinos que la fe. Y ese era el caso de la orden del Carmelo, donde muchos de sus frailes “eran unos borrachos y puteros”, y de lo cual tampoco se salvaban muchas monjas

Ante la resistencia de los carmelitas calzados a mudar en sus costumbres, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz se lanzaron a una reforma según la regla antigua, mucho más estricta en los votos y mucho más humilde en las formas, que les acarrearía no pocos disgustos y sufrimientos en sus personas, sino también incluso agresiones, encarcelamientos, persecuciones y muertes entre sus seguidores, a manos de quienes hasta hacía poco eran sus hermanos.

Teresa estaba en total desacuerdo con la relajación de las normas de los conventos del Carmelo, por lo que decidió, ayudada por Juan de la Cruz, crear una nueva rama de carmelitas, los descalzos, mucho más revestidos de austeridad, pobreza, clausura y reflexión, construyendo, para ello, una serie de retiros por toda la península, comenzando por el de San José, en Ávila, su tierra natal, al que siguieron otros en Medina del Campo, Malagón, Toledo, Salamanca, Segovia, Beas de Segura, Sevilla Caravaca, Palencia y Burgos. Pero a causa de esta frenética actividad fundadora y reformista despertó la desconfianza en la Inquisición y fueron sus pasos constantemente mantenidos en estrecha vigilancia, sin olvidarnos de las suspicacias que levantaban sus escritos.

         Por su parte, Jerónimo Gracián Dantisco, natural de Valladolid, llegó, como ya hemos mencionado, ante Teresa como visitador de la orden alcanzando a ser el primer provincial de los Carmelitas descalzos. Sufrió numerosas persecuciones en su empeño por llevar a cabo las ideas de la mujer que le iluminaba y, sin perder nunca el buen humor, conoció el dolor de las traiciones y la soledad, aunque jamás la indiferencia, y nunca llegó a comprender por qué un amor tan puro, como el que había surgido entre Teresa y él, podía ser utilizado para atacarles y humillarles: “Mas este amor que yo tenía a la madre Teresa y ella a mí, en mí causaba pureza, espíritu y amor de Dios, y en ella consuelo y alivio para sus trabajos, como muchas veces me dijo, y así no querría que ni aún mi madre me quisiese más que ella. Bendito sea Dios que me dio tan buena amiga que estando en el cielo no se le entibiará este amor, y puedo tener confianza que me será de gran fruto. Mas mira qué cosa son lenguas mordaces, que de la grande comunicación y familiaridad que teníamos los dos, juzgaban algunos maliciosos no ser amor santo, y cuando no fuera ella tan santa como era y yo el más malo del mundo, de una mujer de sesenta años tan encerrada y recatada no había que sospechar mal; y con todo eso encubríamos esta tan íntima amistad porque no se nos echase a mala parte”. Y es que aquella relación produjo también muchas envidias y habladurías, incluso entre su propia comunidad, llegando Jerónimo a ser expulsado de España, apresado por los corsarios y acabando, paradójicamente, siendo recogido por los carmelitas calzados.

Recordando, pues, aquellos lances y peripecias de estos personajes históricos, Fernando Delgado nos ha dejado una deliciosa historia de amor platónico, o tal vez no tanto: “cualquier alma, por perfecta que sea, ha de tener un desguadero. Déjeme a mí tener este, que por más que me diga no pienso mudar del estilo que con él llevo”, en cuyas páginas aparece, de vez en cuando, su diablillo interno que nos hace burlas y bromas provocándonos la duda de todo lo que leemos y haciéndonos reflexionar sobre el límite entre lo divino y lo humano.

Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain

 

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titulo“Toda la literatura estadounidense moderna procede de un libro de Mark Twain titulado Huckleberry Finn (…) Es el mejor libro que tenemos. Toda la escritura estadounidense viene de ahí. Antes no había nada. Desde entonces no ha habido nada tan bueno.”

Hemingway (Verdes colinas de África)

 

The writings of Mark Twain Edition de Luxe, vol. 13 Hartford: American publishing company, 1899-1907 PS1300 1899 RAREBOOK Special Collections SC-STKS

Curiosamente, a pesar de ser considerada una de las primeras grandes novelas norteamericanas, Las aventuras de Huckleberry Finn apareció publicada en Inglaterra por primera vez a finales de 1884 y unos meses después en Estados Unidos y, desde entonces, no ha dejado de suscitar una constante controversia entre quienes están a favor y quienes la consideran poco menos que una basura, por lo que es notable la diferencia de criterios que sobre ella han surgido: desde los que ven en ella una buena lectura para el público juvenil, hasta los que pretenden su prohibición por inapropiada; desde aquellas personas que la consideran un panfleto racista, hasta las que la utilizan como la mejor publicación antirracista; todo lo cual ha colaborado en darle mucho más interés a una historia que ya lo tenía por sí sola gracias a su calidad, a su poder de seducción y a la variedad de temas que en ella se tratan.

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Huckleberry Finn, aunque fue escrita dos décadas después de la Guerra de Secesión, está ambientada en la época de la esclavitud anterior a esta contienda. Su narrador es el propio Huckleberry Finn, quien ya apareciera en la anterior novela de Mark Twain, Las aventuras de Tom Sawyer, como un niño paria del que en aquellas aventuras se dice que “era cordialmente odiado y temido por todas las madres del pueblo, porque era vago, ordinario y malo, vivía al margen de la ley, y todos sus hijos lo admiraban, disfrutaban de su compañía prohibida y deseaban atreverse a ser como él.” En esta ocasión el niño huye, por un lado, de las restricciones y comodidades que le impone su madre adoptiva, la viuda Douglas, las cuales le resultan embarazosas y cargantes, y por otro, del constante maltrato recibido por su padre biológico quien lo arrastra con él para poder quedarse con el dinero que Huck cobró como recompensa por capturar a un delincuente junto con su amigo Tom, y en esta fuga se le une el esclavo Jim, que a su vez se escapa de la posibilidad de ser vendido a otro amo de mucho más al sur del Mississippi, con lo que sería alejado de su mujer e hijos, y pretende llegar hasta Ohio para poder alcanzar la tierra donde no existe la esclavitud, trabajar y conseguir el dinero suficiente para liberar a su familia. De esta forma vemos que la novela en sí es un viaje hacia la libertad.

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  Ambos fugitivos van conformando una sólida amistad en la balsa donde viajan a lo largo del río. Su primera supuesta etapa debe acabar en Cairo, en el estado de Illinois, donde pretenden vender la balsa y comprar unos pasajes para un vapor y remontar el Ohio, pero la niebla les impide ver bien y pasan por delante de la ciudad sin darse cuenta bajando por el Mississippi hacia los territorios sureños y esclavistas. Entonces a Hunck le aparecen los remordimientos al darse cuenta de que está ayudando a un esclavo a escapar de su dueño legítimo, entonces le surge una lucha entre la moral inculcada por su educación esclavista y el sentimiento de camaradería, entre la aceptación de los presupuestos de la esclavitud y su inclinación hacia la dignidad humana, algo muy complicado en una sociedad de clases en la que un borracho ignorante y cruel se siente superior a un esclavo amable, trabajador y buena persona, simplemente por la diferencia de color y puede permitirse el lujo de venderlo para seguir gastándose el dinero en bebida.

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Pero a pesar de sus temas tan polémicos para la sociedad de su tiempo, Mark Twain logra escribir una historia neutra, sin un narrador omnisciente que emita juicios de valor ni con fantasías que desvíen la atención de la trama, por lo que si comparamos Tom Sawyer con Huckleberry Finn, veremos que si la primera era una novela narrada por una persona madura para un posible lector juvenil, ésta es la narración de un muchacho con la intención de que sea comprendida por un adulto. Así mismo, si lo comparamos con La cabaña del tío Tom, escrito en 1852 por Harriet Beecher Stowe, el cual fue considerado una de las chispas desencadenantes de la Guerra de Secesión, comprobamos como éste sí toma partido claramente, y de forma apasionada, en defensa de la libertad de los esclavos, en cambio, Huckleberry Finn se limita a mostrar las diferentes formas de pensar sin más. Se ha querido ver en la amistad creciente entre Huck y Jim un alegato antiesclavista, pero no considero que eso sea cierto ya que en aquella época no pocas amistades, o relaciones de afecto, surgirían entre las dos clases de seres humanos que estaban condenados a convivir.

        hucfront El personaje central y narrador, Huckleberry Finn, es un adolescente con muy buen corazón y con una gran empatía con las personas que le rodean, quien, a fuerza de oír decírselo a los demás, se considera un niño malo y está en constante lucha con su conciencia, creyendo que acabará en el infierno, algo que llega a aceptar. Carece de la desbordante imaginación de Tom y del sentido del humor de aquel, pero es bastante observador e inteligente y se limita a describir lo que ve sin enjuiciar nada. Es un inadaptado social a causa del maltrato infantil al que le somete su padre borracho y siente vergüenza de su origen y, sin embargo, en su carácter se imprime un fuerte sentido de superación.

        huck-finn-and-jim-on-raft Uno de los motivos de las malas críticas que recibió este libro tras su publicación fue a causa de su lenguaje demasiado natural y espontáneo que chocaba frontalmente con los gustos de una sociedad puritana y repleta de rígidas normas; que se abandonara el tradicional lenguaje formal en favor de la auténtica voz del pueblo, ordinaria, pero natural, verosímil, pues era la única que correspondía a la forma de hablar de un niño inculto y pobre de la rivera del Mississipi, resultaba intolerable para muchas personas de las clases media y alta, tanto como el hecho de tener como héroe a ese muchacho que, a pesar de todas las virtudes que va desplegando durante sus aventuras: nobleza, audacia, bondad y generosidad, sólo se le tenía en cuenta el otro aspecto de su personalidad: su rebeldía, sus vicios, sus hurtos, su lengua aguda y ofensiva y su tendencia a mentir, sin importarles la realidad de que la personalidad de cada ser humano es una suma de claros y oscuros y nadie es simplemente un ser plano. Pero, sobre todo, lo que no le perdonaban al autor es que, después de todas sus fechorías, el pilluelo saliera bien parado.

huck-finn-jim         Así pues, pronto surgieron voces que pedían su prohibición en nombre de la moral, y fue desterrado de las estanterías de algunos colegios y de varias bibliotecas, sin embargo, este ataque despiadado y absurdo logró lo contrario de lo que pretendía conseguir, y La aventuras de Huckleberry Finn se hizo más famoso y más tentador, por lo que sus ventas crecieron.

         Los personajes que llenan esta novela son de lo más heterogéneo entre los que nos encontramos bastantes caricaturas de la sociedad fronteriza del medio Oeste americano a mediados del siglo XIX. Podríamos comenzar con el propio Huckleberry Finn, el protagonista y narrador de la novela, un niño de trece años, cuyo padre es el borracho del pueblo, San Petersburgo, Mussouri, ribereño al río Mississippi, y a quien la necesidad y la marginación le ha obligado a sobrevivir gracias a su inteligencia, una especie de pícaro a la americana, y a pesar de no tener formación, es reflexivo y siempre saca sus propias conclusiones de todo, lo cual, a veces, le acarrea algunos problemas morales porque se descubre pensando de forma contraria a las normas de la sociedad en la que vive, pero como todavía es un niño, se deja influenciar con facilidad, sobre todo por su amigo Tom, el protagonista de Tom Sawyer, a diferencia de Huck, Tom es imaginativo y dominante, a quien le entusiasman los planes descabellados y peligrosos y para quien la vida debe vivirse como las de las novelas de aventuras a las que es bastante aficionado, lo que le lleva a veces a cometer estupideces que pueden rayar la crueldad, así mismo, a diferencia de su amigo, Tom es más convencional con las normas sociales.

huckleberry-finn-2012       La viuda Douglas es la mujer que adopta a Huck en la primera novela, tiene un carácter suave y permisivo, por lo que a Huck le da pena decepcionarla cada vez que comete algún error, pero aun así se escapa porque no puede soportar tanto aburrimiento en la vida cómoda que lleva en su casa. Con ella vive su hermana, la señorita Watson, quien representa la hipocresía de aquellos valores éticos y religiosos que permitían tener esclavos, y a quien Huck no tiene mucho aprecio. Esta señorita tiene un esclavo llamado Jim, el cual es muy supersticioso y sentimental, pero también bastante inteligente y el más adulto y lógico de todos los personajes de la novela, así mismo, hace gala de una gran generosidad, de un fuerte amor por su familia y su amistad con Huck le demuestra al joven la humanidad no tiene nada que ver con el color de la piel, sin embargo, al ser un esclavo, siempre está a merced de los caprichos del resto de actores del relato, quienes, en ocasiones, le fuerzan a realizar situaciones ridículas y vergonzosas.

         El padre de Huck se llama Papanicolaou, un hombre desagradable y malvado quien casi siempre está borracho y a quien lo único que le interesa de Huck es el dinero que consiguió en la recompensa; su aspecto es deplorable, con la piel tan blanca como la de un fantasma y la ropa hecha girones, así mismo, intenta por todos los medios que su hijo sea un ignorante como él prohibiéndoles ir al colegio y le golpea con mucha frecuencia por el simple hecho de que le apetece o para degradarlo; este hombre representa la degradación en que se estaba sumiendo la sociedad blanca y el fracaso de la estructura de la familia.

twahuc11         El juez Thatcher ejerce en la localidad donde viven Huck, Tom y Jim y comparte la custodia de Huck con la viuda Douglas además de ser el encargado de velar por su dinero, el mismo que pretende Papanicolaou, por eso, cuando Huck se da cuenta de que ha regresado a la ciudad, le entrega su fortuna al juez a cambio de un dólar, pero el juez simplemente le sigue el juego tratando de ayudarle. El juez tiene una hija, Becky, que era la novia de Tom en la anterior novela a la que ellos llaman “Bessie”.

         Otros personajes que también simbolizan esa triste degradación son el Duque y el Delfín, un par de estafadores recatados por Huck y Jim en su balsa de una muerte segura al ser perseguidos por una multitud, y que dicen ser: el más viejo, el “Delfín de Francia”, hijo del ejecutado rey Luis XVI y, por lo tanto, el heredero al trono, y el más joven, pretende hacerse pasar por el Duque de Bridgewater, cuyo ducado le fue usurpado. Huck se da cuenta enseguida que eso es un fraude, pero él y Jim deciden seguirles el juego para no tener problemas, algo de lo que los dos bribones se aprovechan teniéndolos como criados personales, mientras van desplegando una serie de estafas a lo largo del viaje por el río. Unas víctimas de sus fechorías son las tres herederas de Peter Wilks, un hombre adinerado que muere y ha dejado una fortuna y sobre el cual un hombre les habla a los estafadores dándole mucha información que utilizarán para hacerse pasar por hermanos del finado, a quienes dejó gran parte de la herencia, siendo las pobres huérfanas, tres muchachas jóvenes, las sufren la mayor parte de las tropelías, pero Huck intenta por todos los medios desbaratar aquella estafa.

         Durante la historia aparecen otras dos familias que quieren hacerse cargo de Huck, los Grangerford y los Phelps. La primera se lleva a Huck después de que un vapor golpea la balsa y le separa de Jim, ellos le ofrecen al chiquillo alojamiento en su casa de campo, pero, sin quererlo, se ve envuelto en una disputa entre familias enemigas, contra los Shepherdson, una guerra sin cuartel, bastante ridícula y cruel, que simboliza la estupidez del tradicional honor familiar que les llevará a la muerte de todos sus miembros. Por otro lado, los Phelps, Silas y Sally, la única familia más o menos estable que aparece en toda la novela, los cuales son tíos de Tom Sawyer a quines Huck encuentra por casualidad, cuando el “Delfín” les vende a Jim como un esclavo fugitivo y él va a buscarlo; Huck se hace pasar por Tom y éste, al que están realmente esperando, cuando llega, para no descubrir el embuste, se hace pasar por su hermano mayor. Los dos juntos les hacen víctimas de todas las locuras ideadas por Tom para liberar a Jim.

         Y por último tenemos a la tía Polly, la hermana de Sally Phelps y la custodia de Tom Shawyer, quien aparece al final de la novela desmontando todo el montaje de los dos amigos.

         Las aventuras de Huckleberry Finn es el típico viaje iniciático a semejanza de la Ilíada o de Don Quijote, realizado por un niño y un esclavo por el gran río norteamericano, el Mississippi, en busca cada uno de su particular libertad, un viaje en el que se van desarrollando una serie diferentes aventuras que ellos irán sorteando con esfuerzo y de las que sacarán enseñanzas que les ayudarán a formase como hombres. Huckleberry es un héroe atípico mezcla de un caballero andante y de un pícaro, lleno de confusiones y dudas, pero siempre divertido.

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GUÍA DE LECTURA: Las memorias del Infante Fortuna, de Rafael Martín Artíguez

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teaserbox_39603978“Las memorias del Infante Fortuna”, del escritor segorbino Rafael Martín Artiguez, es la primera novela histórica ambientada en la ciudad de Segorbe y la comarca del Alto Palancia y fue galardonada como ganadora de los Terceros Premios literarios Villa de Jérica.

El argumento de esta historia se desarrolla en el último tercio del siglo XV centrándose en los sucesos ocurridos durante la denominada Guerra de los Tres Meses, entre el Duque de Segorbe, Enrique de Aragón (el Infante Fortuna), y la población de la ciudad por la oposición de los segorbinos a depender de un señor feudal.

Castillo%20de%20SegorbeSegorbe era por aquellos tiempos una de las ciudades más importantes del Reino de Valencia (incluso el rey Martín I de Aragón, casado con María de Luna, Señora de Segorbe, pasó algunas jornadas en esta localidad), y su Concejo había comprado en diversas ocasiones el derecho de pertenencia directa a la Corona, sin embargo, siempre habían visto sus pobladores como eran repetidamente engañados por los mismos reyes en quienes habían depositado su confianza, quienes, sin tener en cuenta sus derechos, regalaban con ligereza el señorío de su villa y tierras a distintos familiares de los monarcas.

800px-Segorbe._Torre_del_Botxí_y_acueducto_2Ya en 1435 dejó de formar parte del patrimonio real, pues Alfonso V de Aragón se la cedió al Infante Enrique, padre del que nos ocupa, como compensación a los territorios perdidos por éste en Castilla, algo que los segorbinos no vieron con mucho gusto ni alegría. En 1459, Juan II de Aragón, apodado el Grande, otorgó a la villa el título de ciudad Ducal, recayendo el título de primer Conde a Enrique de Aragón y Pimentel, el conocido como Infante Fortuna, que entonces contaba con la fresca e inexperta edad de tan sólo catorce años, por lo que no pudo imponerse sobre los deseos populares, pero pocos años más tarde fue Fernando II de Aragón, más conocido como Fernando el Católico, esposo de Isabel de Castilla, quien devolvería los estados de Segorbe al mismo Infante Fortuna, quien por más detalle era su primo, Enrique de Aragón y Pimentel, y éste decidió tomar cartas definitivas en el asunto y poner punto final a la oposición de la ciudad a su mandato, lo que nos lleva al momento justo que se narra en la novela.

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A pesar de la resistencia de los vecinos, con varias escaramuzas y algunas muertes por ambos bandos, Segorbe capituló finalmente y el duque tomó posesión de su señorío, lo que no evitó que siguieran los asesinatos en ambos partidos, creando un ambiente de tensión y miedo que podía desencadenar, si no se actuaba con sumo cuidado y destreza, en otra revuelta de peores consecuencias, sin embargo, y aquí salimos de lo propiamente histórico para penetrar en lo propiamente novelesco, entre tanto odio, surge el amor ya que el Duque se queda prendado de un joven musulmana, Muyein, lo que será el desencadenante inesperado del final.

Arms_of_Henry_II,_Count_of_Empúries,_Duke_of_Segorbe.svgEl narrador es el propio Infante quien no sólo nos va descubriendo sus sentimientos más recónditos, sino que, además, va describiendo la ciudad antigua, con sus estrechas calles y sus edificios más relevantes, como la Catedral, las murallas, las distintas puertas, el castillo del Cerro de la Estrella, calles y construcciones que, en mayor o menor proporción y mejor o peor estado, todavía pueden verse en un paseo por el Segorbe actual, pero incluso va más allá y nos hace referencias a los pueblos y villas del valle o cercanos a éste, como Almonacid, Altura, Bejís, Castellnovo, Caudiel, Geldo, Navajas, Novaliches, Viver… Y no podía falta las referencias a la vida y costumbre de los segorbinos de la época, sus comidas, sus comercios, su organización social…

Una vez ya dentro de la ciudad, las reflexiones del Duque se ven refrendadas al final de cada jornada por “una trova cantada por una fina voz de mujer y la suave melodía de una flauta, proveniente de una de las casas próximas al castillo…”, voz que unas veces resume lo acontecido y otras anticipa sucesos que van a ocurrir, como en la primera estrofa de ellas:

“Cuentan que el infante Enrique

se siente hoy muy hombre

porque como nuevo duque

ha conquistado Segorbe,

y el pueblo pide que abdique

pues no quiere noble que estorbe.”

Y es que una vez alcanzado el poder, debe ejercer éste de forma justa, pero con mano dura, premiar a quienes le fueron fieles y castigar ejemplarmente a aquellos que se le opusieron, lo que le lleva a cometer contradicciones que minan su poca popularidad entre el pueblo:

“El duque no tiene las cosas tan claras

como el viento que llega de Calderona,

negocia con gente de mitras y varas

y rechaza consejos de sabias personas,

quiere hacer fiesta para cambiar caras

y habla de perdón, pero no perdona.!

Realmente el problema no había acabado con la victoria y la rendición de la ciudad, dentro de sus murallas continuaba el odio entre las dos facciones enfrentadas: los afines al duque y los partidarios de la pertenencia a la Corona. Cada noche aparece alguien asesinado y él debe impartir justicia, pero es difícil en tales circunstancias acertar con lo que es realmente justo:

“En la cárcel dos hombres claman justicia

y un duque comprometido la niega,

¿cómo puede Henrique ser virrey de Valencia

si de esta forma innoble juega

y cómo pondrá paz en la conciencia

si las cabezas del contrario siega?”

La sociedad de aquellos tiempos, años antes de la expulsión de judíos y moriscos, era bastante heterogénea y, aunque convivían en relativa paz, la hostilidad racial, cultural o religiosa estaba agazapada a la espera de cualquier excusa para aparecer, por todo ello, el hecho de que se enamorase de una mujer mora no agradaba ni a unos ni a otros. Pero Enrique, además, tenía otras obligaciones en otros lugares, ya que también ejercía como Virrey en Valencia y era Señor de otras poblaciones más o menos cercanas, com Vall de Uxó, por lo que debía viajar para atenderlas, lo que siempre le hacía temer si algún día podría volver o no:

“Se ausenta Henrique el infante,

para desliar tendencias cruzadas.

Por la memoria que va por delante

hallará que en fechas pasadas,

en otro viaje, la ciudad le dio plante

y se encontró con las puertas cerradas.”

Y frente a un panorama tan tenso y cargado de odio, el aporte de ficción de la novela proporciona el condimento necesario para darle el contrapunto y la estabilidad necesaria, el amor enfrentado al rencor:

“El infante está herido

y no sólo del puñal,

tiene el corazón partido

y el cuerpo abierto en canal

por una hija de vecino

que no comparte su mal.”

800px-Claustre_de_la_Catedral_de_Sogorb,_Alt_PalànciaAl inicio de esta historia, el Infante Fortuna tiene su cuartel general en un monasterio cercano situado sobre un pequeño cerro desde el cual podía contemplar la ciudad que se le negaba, y en sus memorias, escribía lo que desde allí veía, una imagen que, a pesar de los cambios lógicos traídos por el paso de los tiempos y la llegada de las nuevas técnicas, podría describir a la perfección lo que es el valle del río Palancia:

“Desde aquella ventana y sin dificultad veía las murallas, serpenteando por las laderas del cerro, salpicadas de baluartes, torres, cubos y terraplenes, encerrando la ciudad, coronada por un castillo, el de la Estrella, dominando el valle y el río que pasa a sus pies, con el cauce marcado por las sombras que le prestan latoneros, chopos y cañares. A su alrededor, fructíferos montes de moreras, vides y olivos, con parcelas que se distribuyen aterrazadas hasta las puntas de los picos más enriscados. Hermosas huertas y ricas aguas de más de cien manantiales se conjuran para producir el mejor aceite y el mejor vino, y seda y lino, y trigo, adasa y panizo, y las más sabrosas y variadas frutas de los alrededores vecinos. Y al fondo, la mole azul, quebrada y tenebrosa de la Sierra de Espadán, tierra de moros, escondiendo pueblos donde mi Dios todavía no había extendido su túnica, sólo el rey.

P1340148Rafael Martín Artíguez, nacido en Segorbe en 1955, ha dedicado casi toda su vida al periodismo y la escritura colaborando en diversos medios de comunicación que van desde la prensa escrita hasta la televisión y radio. Su actividad profesional no ha restado en nada su amor por su pueblo y su comarca, donde ha creado, participado y contribuido activamente en diversas asociaciones y actividades siempre con la vista puesta en la difusión de la cultura local. Su trabajo se ha visto recompensado con diversos premios de diversa índole y ha ocupado cargos de relevancia cultural como el de Cronista Oficial de la Ciudad de Segorbe o el de Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana. Actualmente reside en su ciudad natal donde continúa con su labor de investigación y difusión cultural.

EN TORNO A LA LECTURA: Borges y la realidad.

EN TORNO A LA LECTURA: Borges y la realidad Descarga en PDF

123Es natural que lo real sea más extraño que lo imaginado, ya que lo imaginado procede de nosotros, mientras que lo real procede de una imaginación infinita, la de Dios.

Chersterton

El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente es real; yo, desgraciadamente, soy Borges.

Jorge Luis Borges

Borges solía escribir a mano, con su letra diminuta, en cuadernos cuadriculados, llenándolos de anotaciones al margen, tachaduras negrísimas y símbolos tipográficos o geométricos, aunque a veces lo hacía sobre papel de contabilidad, con sus columnas para el “debe” y el “haber”, e incluso en hojas en blanco, sin líneas, donde sus renglones caían irremisiblemente hacia la derecha. Su método era el llamado de acumulación, es decir, escribía un texto en el cual, a lo largo del tiempo, iba quitando o agregando detalles que, en ningún caso, parecían definitivos. Es complicado saber si una obra suya es fiel a la primera idea porque puede haber sido transformada por él a lo largo de sus diferentes correcciones. Y es que Borges no pretendía describir la realidad pues no creía que ella existiese como tal, ya que cada persona construye su propia versión que va mudando según sus experiencias. Entonces, ¿dónde está la frontera entre realidad y ficción?…

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Borges ve la realidad como algo meramente ideológico que no tiene por qué coincidir con la verdad, ni con la memoria, ni tan siquiera con la vida, por lo los límites no están nada claros entre la soñado o lo vivido y en la mayoría de sus escritos la realidad y la fantasía se yuxtaponen y, afirma el propio autor, la realidad es ficción y se estructura como tal. Por ello, a la hora de leer uno de sus cuentos, por ejemplo, no debemos hacerlo desde la perspectiva de lo real, sino dejarnos llevar por la estructura de ficción que él nos ha planteado y disfrutar de la realidad que ha inventado para nosotros, pues, a fin de cuenta, nosotros, los lectores estamos hechos de la misma materia que sus personajes: ¿cuánto hay de realidad y de ensoñación o deseo en nuestras vidas?…

Borges nos invita, cuando leemos su obra, a crear nuestro propio mundo a partir del material que él nos aporta, de hecho, cada uno parece que hemos leído una obra diferente, y eso es a causa de que cada lector participa con sus propias experiencias y reescribe una nueva historia. Aún podría ir más lejos y afirmar que de un mismo cuento, en sucesivas lecturas, podríamos sacar diferentes conclusiones porque nuestra perspectiva de la vida va cambiando a medida que nos vamos modelando a base del barro de la experimentación.

A veces la ficción y la realidad se confunden con el texto dentro del texto, o con personajes que se leen a sí mismos y que desafían al otro de carne y hueso sumiéndonos en la confusión a causa de esta interrelación subjetiva, y Borges actúa entonces como un Dios menor que tiene el poder supremo sobre el devenir de las vidas de sus personajes, un ser omnipotente que incluso nos llega a confundir a los personajes de carne y hueso que somos nosotros que, sin darnos cuenta, hemos entrado en su juego de palabras y signos hasta perdernos en el laberinto. Y es que, para llegar a entenderlo, hemos tenido que abandonar nuestras estructuras cotidianas de pensamiento y aceptar las reglas que él nos propone, de lo contrario nada tiene sentido.

borges¿Y por qué ocurre eso?, os preguntaréis, pues Borges también nos da la respuesta: El caso es que siendo mentes pensantes supuestamente superiores a todos los seres que nos rodean, los humanos tendemos a la pereza intelectual y pretendemos simplificarlo todo, hacer del cuadro complejo de la existencia un simple boceto con cuatro trazos, y todo lo demás entra dentro de lo misterioso, lo tenebroso, lo otro… Sin embargo, nuestras mentes muchas veces se rebelan y van más allá; alucinan, decimos. Sin embargo, tanta experiencia aporta a nuestras vidas un acto soñado como uno real, pues ambos los hemos vivido. Y es aquí donde radica muchas veces la dificultad en la lectura de Borges, en nuestra simplicidad de esquemas, en que cuando cogemos uno de sus cuentos, buscamos desesperadamente los trazos y huimos de las manchas de color.

En todo relato se contraponen dos mundos, como mínimo, el del personaje y el del lector, pero lo que busca Borges es que esa frontera se rompa, y el lector entre en el libro y el personaje en nuestras vidas pues, ¿quién puede asegurarnos que nosotros mismos no seamos los protagonistas de otra historia escrita por un autor más grande?… Y cuando cogemos un libro, lo que pretendemos es evadirnos de lo cotidiano, la rutina de nuestra existencia, pero para que ello pueda ocurrir debemos dejar abiertas las puertas de la imaginación.

Por ejemplo, en el cuento “Las ruinas circulares”, se relata la historia de un mago que sueña a un hombre igual a él, hecho a su imagen y semejanza, el reflejo en el espejo. Una vez soñado, o creado, lo envía al mundo donde cree que, al ser una entidad soñada nada le podrá afectar ni hacer daño, sin embargo, cuando el mago se encuentra en el centro de las ruinas circulares, a punto de ser devorado por el fuego, tiene miedo de que al ser él destruido, también lo será su ser soñado, pero el fuego circular tampoco le alcanza a él porque el mago también era un sueño que otro estaba soñando, Borges, su creador.

¿Es entonces el mundo una mentira?… ¿Es todo un sueño?… Esto es algo que Borges se pregunta con insistencia en muchos de sus cuentos y por ello le aterra la ambigüedad de la imagen en el espejo, como en “El sur”, donde Juan Dahlmann es el espejo en el que se refleja la muerte de aquél que él mató, y todo debe desarrollarse, de forma inevitable, igual, pero al contrario. Y así, cuando los dos personajes se miran, ambos comprenden sus mutuos anhelos y la suerte debe cumplirse de forma fatídica.

Sin darnos cuenta, en una búsqueda metafórica de nuestras particulares piedras filosofales, todos andamos perdidos por los laberintos de la vida, todos vivimos una existencia más soñada que real, más llena de deseos y recuerdos que de presentes y acciones, y esto lo refleja Borges perfectamente con sus historias, pero en ocasiones las palabras son insuficientes para explicar correctamente toda esta maraña, por lo que Borges utiliza además símbolos sobre la vida que, aunque parezca lo contrario, lo hace todo más real.

“El mundo es una elemental alucinación.”

Borges

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GUÍA DE LECTURA: Artificios (Segunda parte de Ficciones), de Jorge Luis Borges

GUÍA DE LECTURA: Artificios (Segunda parte de Ficciones), de Jorge Luis Borges

9788499089508En esta ocasión la guía de lectura se va a referir a una parte de la obra propuesta y no a su totalidad, como es la costumbre, debido a la dificultad de comprensión que para nuestros lectores puede resultar este libro de Jorge Luis Borges.

Borges fue uno de los escritores más eruditos del siglo XX, cuyo lenguaje rayaba la perfección y cuyas creaciones sobrepasaban la originalidad común, creando con su obra una mitología propia y erigiendo alrededor de su propia persona un mundo de ficción que se confunde con la misma realidad, llegando muchas veces a confundir de tal manera que no se sabe ciertamente si lo que nos está contando lo vivió de verdad o era pura invención. Su riqueza de vocabulario es a veces abrumadora para el común de los mortales y sus laberintos lógicos, repletos de bestiarios lógicos, disquisiciones filosóficas, juegos de lógica geométrica y la fantasía de su realidad, sobrepasa lo racional, por lo que es necesario un esfuerzo extra si se quiere llegar a su completa comprensión. Pero sobre su persona y amplia obra hablaremos en otro próximo artículo.

Por otra parte, Ficciones, la obra que nos ocupa, es una colección de cuentos publicada en 1944 y compuesta en dos partes con sus respectivos prólogos realizados por el propio autor: El jardín de senderos que se bifurcan, dividida a su vez en ocho relatos, y Artificios, con nueve cuentos. Nosotros nos centraremos en esta última, pero antes indaguemos un poco sobre las peculiaridades de Borges como como cuentista.

Funes-el-MemoriosoEn el microcosmos de Borges la realidad y el sueño se confunden, incluso llegan a ser dos caras de una misma moneda. “El mundo es tal vez el bosquejo rudimentario de algún dios infantil, que lo abandonó a medio hacer, avergonzado de su ejecución deficiente; es obra de un dios subalterno, de quien los dioses superiores se burlan; es la confusa producción de una divinidad decrépita y jubilada, que ya se ha muerto.” De esta afirmación de Hume parte Borges para utilizar la filosofía y la teología como herramientas singulares y mágicas con una elevada carga estética, para crear su universo de ficción como medio de introducción en el esquema divino de la creación porque, pensaba que, a fin de cuentas, un coordinador de palabras también es un creador de mundos. Así pues, sus cuentos suelen basarse en hipótesis metafísicas que fue adquiriendo en sus muchos años de lecturas y estudio de la filosofía y las religiones, sobre sus cimientos más o menos razonados o más o menos mitológicos se diseña la arquitectura de sus cuentos, en cuyos argumentos podemos observar cómo se mantiene una estrecha relación los sucesos individuales, particulares y palpables de los personajes, con la intención alegórica de ir más allá, hacia lo universal y la abstracción. Lo concreto se llena de un valor genérico, por lo que es frecuente la aparición de símbolos, referencias o entes míticos que trascienden lo real para deslizarse a lo onírico. Y es que el hombre es incapaz de percibir la esencia de lo que le rodea y por ello siempre ha inventado una realidad particular que pueda explicarlo: las religiones, los mitos… Y de esta materia se nutren las narraciones de Borges.

la forma de la espadaVolviendo a Ficciones, en verdad la primera parte, El jardín de senderos que se bifurcan, publicada en 1941, es bastante complicada, sin embargo, contiene en sus cuentos un virtuoso despliegue de la genialidad de su autor y en todas sus líneas van apareciendo las diferentes obsesiones borgianas, desde su pavor a los espejos hasta su devoción por los libros, pasando por los laberintos, el tiempo, el ajedrez, la muerte, la memoria…, aderezado todo ello con una profusión de citas, referencias y un constante despliegue de su sabiduría, por todo esto, aunque ahora pasemos por encima, no descartéis leerlos algún día, cuando os sintáis preparados para hacerlo, sin prisas, porque a Borges hay que leerlo con los cinco sentidos.

Los nueve cuentos que componen Artificios son bastante más asequibles, y aunque en ellos aparecen los mismos temas anteriores, pues Borges repite sus obsesiones en toda su obra, encontramos unos personajes más concretos, unos problemas menos abstractos y un estilo más directo, sin tantas referencias intelectuales ni un universo tan laberíntico. Veamos cada uno por separado.

Funes el memorioso es, según el propio autor, “una larga metáfora del insomnio” y trata de Ireneo Funes, un muchacho uruguayo, vecino de la ciudad de Fray Bentos, donde lo conoce un estudiante cuando era un niño y tenía la destreza de saber siempre la hora exacta sin necesidad de un reloj. A los diecinueve años sufre un accidente que le dejó postrado de por vida, sin embargo, lo más curioso fue que, al recobrar el conocimiento, era poseedor de una memoria prodigiosa capaz de recordarlo todo, aunque hubiese pasado mucho tiempo: “Más recuerdos tengo yo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo.” Eso se debía a que sufría una hipermnesia, un incremento del conjunto de recuerdos que no se borran nunca, a causa de su incapacidad de conciliar el sueño y, por lo tanto, sus recuerdos no se eliminaban nunca, por lo que toda su mente era un mero almacén de evocaciones lo que le incapacitaba para pensar y razonar debidamente, empleando su tiempo en buscar formas de archivarlas, como cuando decide crear un sistema de numeración en el que a cada número le correspondía una cosa, un proyecto que tuvo que abandonar ya que era interminable.

La-Muerte-y-la-BrújulaEn La forma de la espada el protagonista, un misterioso personaje conocido como “El Inglés”, quien ostenta una enorme cicatriz en su rostro, cuenta la historia de la misma a otro hombre que tuvo que hospedarse en la estancia “La Colorada” a causa de una tormenta, una narración de final inesperado sobre la guerra y la cobardía.

En Tema del traidor y del héroe hay un paralelismo entre la muerte de Julio César, el Macbeth de Shakespeare, que había traducido al gaélico uno de sus seguidores más fervientes, Alexander Nolan, y la del revolucionario independentista irlandés Fergus Kilpatrick, quien días antes había firmado la ejecución de un traidor, pero Nolan descubre algo inesperado y esa ejecución se llevará a cabo como si de una obra de teatro se tratase. Con una adaptación sobre este cuento Bernardo Bertolucci dirigiría, en 1970, la película La estrategia de la araña.

La muerte y la brújula es una historia de investigación policial a cargo del detective Lönnrot y el comisario Treviranus sobre una serie de crímenes que tienen una estrecha relación entre sí: ocurren cada tres meses, en un punto cardinal distinto, a idéntica distancia uno de otro y en todos aparece una inscripción que vincula el hecho a la letra de un nombre. Tras el tercero, cuyo cadáver no es encontrado, se piensa que ya no habrá un cuarto porque las localizaciones forman un triángulo equilátero, una figura perfecta. Sin embargo, gracias al simbolismo de la religión judía, el inspector descubrirá un final imprevisto.

Tres versiones de Judas es una rehabilitación de Judas Iscariote justificando sus actos. La acción transcurre a principios del siglo XX en Lund, una de las ciudades más antiguas de Suecia y su protagonista es un miembro de la Unión Evangélica Nacional.

El fin trata de la muerte de Martín Fierro, el gaucho héroe del poema narrativo compuesto por José Hernández en 1872, vista por Recabarren, su asesino, para vengar la muerte de su hermano. Esa pelea marca el final de un contrapunto de guitarra prolongado durante mucho tiempo por el negro Recabarren en la pulpería donde parece esperar a alguien.

La secta del Fénix es la historia de una hermandad que está presente en todas partes, pero cuyos miembros son completamente desconocidos y la cual tiene un único rito: el Secreto, por lo que cualquiera puede haber pertenecido, o pertenecer a ella, sin saberlo o sin quererlo saber porque les avergüenza reconocerlo.

Y por último El Sur, su mejor cuento, según afirmaba el propio Borges, cuyo protagonista es el secretario de una biblioteca municipal de Buenos Aires llamado Juan Dahlmann quien, a pesar de su apellido germánico, era un ferviente nacionalista argentino y soñaba con una muerte romántica, como les ocurrió a algunos de sus antepasados. Un día se da un fuerte golpe en la cabeza con un batiente olvidado de cerrar, lo que le causó un fuerte traumatismo que le puso al borde de la muerte en un hospital. Hasta aquí todo más o menos normal, pero a partir de este momento Dahlmann aparece en la historia en dos lugares a la vez: el sanatorio y de camino hacia el Sur, donde su familia tiene una estancia y allí…

No quiero adelantar ningún final, eso os corresponde a vosotros y vosotras descubrirlo porque, a pesar de que en un principio os resulte lento y trabajoso ir desentrañando todo lo que estos cuentos encierran en sí mismos, mucho más de lo que a primera vista parece, os aseguro que vale la pena, pues va a ser difícil que encontréis una prosa tan rica y tan bien desarrollada como la de Borges y ya no digamos del universo tan amplio y maravilloso que abre ante nosotros. Adelante pues…

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GUÍA DE LECTURA: Volver a Canfranc, de Rosario Raro

GUÍA DE LECTURA: Volver a Canfranc, de Rosario Raro. PDF

PortadaVolver a Canfranc es una novela histórica, escrita por la autora segorbina Rosario Raro, cuyo arduo trabajo de documentación e investigación le ha permitido desentrañar una serie de hechos reales acaecidos en aquella localidad de los Pirineos, que han permanecido ocultos al conocimiento de la mayoría de los españoles. En el título ya se nos informa con bastante precisión de lo que pretende decirnos la autora, pero su pensamiento, su tesis general, aparece en pequeñas, aunque constantes, dosis a lo largo del discurso de la obra y no la descubriremos en su plenitud hasta que lleguemos al final de la lectura del libro.

Durante el transcurso de la narración, perfectamente delimitada y dirigida, se van utilizando diversas señales que aportan pistas de lo que nos vamos a encontrar más adelante, tal que un juego propio de espías, como los que nos vamos a encontrar a medida que avancemos, por ejemplo con la lectura de la famosa obra de Alejandro Dumas, El Conde de Montecristo, por parte de una de las protagonistas de la obra, o el título del libro que lee uno de los vigilantes alemanes, Ser y Tiempo, o los de aquellos tomos utilizados para recibir los mensajes de la resistencia… Guiños estos que no debemos ignorar pues nos ayudan a entrar, poco a poco, en el sentido de esta historia.

Alguien que se acerque a la Estación Internacional de Canfranc en el presente tendrá la sensación de estar contemplando a un colosal gigante dormido. El abandono, la naturaleza, el tiempo y algún que otro gamberro o amigo de lo ajeno, han ido ajando su piel y socavando sus intestinos, pero su belleza sigue impresionando, y todo lo que calla en su memoria de edificio que ha visto pasar por su interior la vida y la muerte, la esperanza y la decepción, el reencuentro y la despedida, le reviste de un aura de misterio y aventura cuyo atractivo es difícil de resistir. Por eso no nos equivocaremos al decir que el personaje central de esta novela, aunque de piedra, madera, metal y vidrio, es la propia Estación.

Durante la Segunda Guerra Mundial en ese punto de los Pirineos convergieron diferentes personas, héroes unos, villanos otros, víctimas en diferente grado la inmensa mayoría de un ejemplo más de la estupidez humana… Lo triste es que luego, a esos seres sin escrúpulos, quienes llevados por el egocentrismo y la avaricia de poder, cuyo mérito se mide por los miles, o millones de muertes que han causado, tengamos que estudiarlos en los libros de historia con nombres y apellidos… Y mientras en el resto del planeta se regaba con sangre humana los campos quemados, en esta Estación se llevaba a cabo otra guerra silenciosa y encubierta entre los que trabajaban por la vida y quienes lo hacían por la muerte y la destrucción.

Estación Internacional de Canfranc

Por Canfranc salía el wolframio español de Carballo (Ourense), Tornavacas (Cáceres) y el Bierzo leonés (curiosamente los cuatro puntos bajo control del ejército del Tercer Reich con el beneplácito del Gobierno nacional), para perfeccionar los panzerkampfwagen (panzer) de la muerte, aquellos carros blindados que recorrieron Europa y el Norte de África arrasándolo todo a su paso, o como refuerzo de sus balas u obuses. Y por Canfranc entraba el oro expoliado a los prisioneros judíos evacuados a los campos de exterminio, el cual era llevado primero a Suiza donde lo cambiaban por francos suizos, pagándose con esta moneda el wolframio a España, y seguidamente el Gobierno español gastaba este dinero en comprar el oro nazi, ya fundido en lingotes, y perfectamente blanqueado, a Suiza. Así llegaba a la parte francesa de la Estación Internacional, donde era transferido a mano por el túnel que comunica las dos partes por debajo de la Estación, y finalmente se cargaba en camiones en la zona española para llevarlo al Banco de España en Madrid.

Pero el tráfico por la frontera no se detenía ahí, pues miembros de la resistencia francesa, apoyados por ciudadanos españoles, sobre todo de la zona, crearon una red de fuga para opositores al gobierno invasor y para miles de judíos, tanto anónimos como famosos, que huían de una muerte segura, salvando así muchas vidas aún a riesgo de perder las suyas. Y por esta Estación salía y entraba información secreta e imprescindible para que los aliados pudiesen derrotar al ejército alemán.

Pero para que todo ello pudiese ser llevado a cabo eran necesarios una serie de personajes que, con sus actuaciones, desarrollasen la trama del relato, y Rosario Raro, utilizando actores tanto reales como ficticios, teje una red de historias que confluyen en la central, y así es como todos los protagonistas se mueven alrededor de la Estación, siendo el más destacado el Jefe de la aduana francesa Laurent Juste, inspirado en Albert Le Lay, cuyo trabajo como espía a favor de la resistencia y los aliados, así como en la liberación de los perseguidos, fue encomiable. Un hombre humilde y sacrificado, que no quería honores ni recompensas, sino sencillamente el lujo de poder vivir libre y en paz.

Pero este hombre no estaba solo, sino que contaba con la ayuda de otros héroes como Jana Belerma, la camarera del Hotel Internacional, una joven zaragozana, hija de un profesor de química que, aprovechándose de sus conocimientos en esta materia, fabricaba los documentos falsos necesarios para dotar a los exiliados de una nueva identidad, cuidando, al mismo tiempo, de ellos y preocupándose de esconderlos hasta el momento de que pudiesen partir hacia sus futuros destinos. O Esteve Durandarte, hombre enigmático y centro de muchos de los chismes del lugar quien, dedicado al contrabando de tabaco y opio, además de otras mercancías clandestinas, se aprovechaba de esta circunstancia para guiar y proteger a los evadidos por las montañas. Y no podemos olvidarnos del obrero de vías Didier, ni del violinista Monthlun, quien acabó trabajando de ayudante del panadero, ni de Arlette, la esposa de Juste, y sus hijos, ni de los posaderos Tricio y Pilar quienes regentaban La Serena (Fonda Marraco en la realidad), donde se mezclaban, sin saberlo, nazis y fugitivos, oficiales de la Gestapo y espías aliados…

Así mismo encontraremos antagonistas que aportarán el contrapunto oscuro a la trama, como el oficial de la Gestapo, Eberhard Gröber, que se estableció en el lugar porque Hitler decidió aumentar el control sobre este paso fronterizo puesto que comenzaba a ser un coladero y un problema para su “solución final”, y así sustituyó al blando capitán Wagner, quien realmente existió. Otro de estos personajes es el grotesco Gobernador don Gervasio Casarnarbore, esposo de la bella doña Mimín y enemigo acérrimo de Durandarte. O el el vagabundo alemán Voltor.

Dentro del argumento principal se desgranan diversas historias y aventuras que le van dando cuerpo funcionando como las piezas de un puzle, y ya no me refiero solamente a las distintas historias personales de los diferentes actores, las cuales ya son bastante interesantes de por sí y daríansuficientes temas para otras tantas novelas, sino a hechos puntuales como el rapto de Valentina que llevará de cabeza a todos los habitantes del valle, o el robo de los caballos de un oficial alemán por parte de Durandarte, los cuales acabarán en manos de quien menos podamos imaginarnos, o los chismorreos sobre las relaciones del contrabandista con la mujer del Gobernador, o el trabajo de una madre y su hija húngaras por reunirse con el marido y padre desaparecido, sin olvidarnos del espectacular paso por la Estación de la cantante, bailarina y actriz norteamericana nacionalizada francesa Josphine Baker, ni del desparrame de las obras del pintor Marc Chagal por el andén de la Estación… Y todo entrelazado por la historia de amor entre Jana y Esteve, como queriendo demostrar que incluso en esos momentos de locura hay esperanza.

En conclusión, esta es una novela de las que una vez comenzada te duele dejar. Repleta de metáforas sobre la vida, nos cuenta un hecho histórico real aderezado con pequeños momentos de ficción que le dan el toque justo. Pero nada mejor que cerrar esta guía con las palabras de la propia autora, Rosario Raro: “Esta, además de una historia sobre la dignidad, es una historia sobre la frontera. La que separa Francia de España, la guerra de la paz, las prácticas delictivas de la solidaridad. Los personajes están en el filo de la navaja, entre la vida y la muerte, el amor y el odio”.

GUÍA DE LECTURA: Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll, por Ancrugon

.DESCARGA EN PDF: Me acuerdo cuando leía cuentos de hadas

Me acuerdo cuando leía cuentos de hadas y me parecía que nunca podían ocurrir cosas como aquellas. ¡Y aquí estoy yo en medio de una aventura completamente mágica¡… Debían escribir un libro sobre mi

Lewis Carroll (Alicia en el país de las maravillas)

alice-in-wonderland-by-john-tennielYa hemos hablado, aunque muy por encima, de la personalidad de Lewis Carroll (ver Pequeña biografía de Lewis Carroll en nuestra web El Olmo), un diácono y profesor de la Universidad de Oxford, donde enseñó matemáticas y humanidades, y un pionero en la fotografía creativa, un hombre pintoresco y retraído, de cruda inteligencia y arrebatada imaginación quien, con frecuencia, parecía no tener muy claro la frontera entre realidad y fantasía, creando así una literatura sin sentido y repleta de disparates.

Así mismo, también hemos dicho algo sobre su posible musa, Alice Liddell (ver Alice Liddell y Lewis Carroll en nuestra web El Olmo), una niña sobre la que Carroll sintió una verdadera obsesión, con la que tuvo una especial relación y a la que veía diariamente desde las ventanas de la biblioteca de la Universidad mientras ella jugaba con sus hermanas en el jardín vecino del Christ Church College del que el padre de las niñas era el deán.

alicia04También hemos comentado, en el anterior trabajo mencionado, que fue ella quien le pidió que escribiera la historia que nos ocupa tras habérsela narrado durante una excursión en barca por el río Támesis, pero Carroll no se lo entregaría hasta dos años después, en 1864 como “un regalo de Navidad para una querida niña en recuerdo de un día de verano”, según la dedicatoria que él mismo le pusiera en el manuscrito en el cual se incluían 37 ilustraciones realizadas por el propio autor, sin embargo el libro no se editaría hasta un año después, esta vez con 42 dibujos de John Tenniel que, en la primera edición, salieron defectuosos, por lo que se destruyó toda la tirada. Tras el éxito de este cuento, llegaron dos partes adicionales: Alicia a través del espejo (1871) y Alicia para los pequeños (1890).

Pero, aún a pesar de su génesis y su motivación, y de que con toda posibilidad Carroll fuera dejando navegar libremente a su imaginación ante la premura de tener que ir inventando al paso, éste es un libro que en su momento rompía con los esquemas y si de algo no se le puede acusar es de contener lugares comunes. Alicia sólo contiene un enorme universal: la necesidad que todos y todas alguna vez hemos tenido de huir de los cotidiano, de lo normal, pues ¿quién no ha sentido la picazón del deseo de escapar, de volar, de ser otro y otra y correr nuevas aventuras que nos llenen de vida? Y tampoco debemos olvidarnos de que todo autor está firmemente influenciado por su tiempo, por su educación y, lo que puede ser más importante, por sus ansias de libertad y rebeldía que le impulsan a sacar lo que le grita dentro.

Uno de los primeros temas con que nos encontramos en esta historia es el de la identidad, pues Alicia, la protagonista, llega un momento que no sabe quién es, tiene claro quién no quiere ser, pero no está segura de ser ella misma u otra persona… Pero, en realidad, ¿podemos asegurar que todos tenemos claro quiénes somos?… Lo triste es que muchas veces nos hacemos una idea de nuestra personalidad más por lo que piensan los demás que por lo que sabemos de nosotros mismos, aunque tengamos la vana certeza de saberlo.

58BLo único que desea Alicia es seguir, correr, avanzar por donde sea, bien por el agujero, bien por la diminuta puerta, siempre detrás de una quimera, tal vez, pero que ella vislumbra como un conejo blanco hiperactivo que parece ser el maestro de ceremonias de aquella fiesta grotesca.

Sí, huir de los convencionalismos y adentrarnos en un mundo de fantasía donde todo es posible, donde todo puede ocurrir. Pero incluso allí Alicia se encuentra con lo formal, con lo dirigido, con lo que es correcto o incorrecto, con lo que debe ser, como ocurre con el mazo de cartas, donde cada cual ocupa su lugar determinado y realiza la función para la que está destinado sin plantearse ninguna duda ante las órdenes sin sentido de una reina caprichosa, dentro del juego de la vida: el partido de croquet, y por eso están dispuestos a obedecer sin cuestionárselo, pues es más fácil dejar que otros piensen por ellos, y hacen de todo: de puentes, de mazos, de bolas, y cuando se equivocan en plantar unas flores blancas, puesto que se las habían pedido rojas, pues mienten y las pintan.

El caso es que siempre necesitamos de un conejo blanco que, sin necesidad de invitarnos, persigamos por otros caminos que no sean el de nuestra rutina, aunque en la actualidad nos dejemos ganar por la comodidad y un confort tóxico que nos arrastra, no a la aventura y la actividad, sino al abandono y la pasividad… Cosas del marketing… Sin embargo, el conejo blanco de la historia es lo más opuesto a un héroe de aventuras: corriendo continuamente, eternamente esclavo del reloj, sumiso hasta la desesperación a las órdenes de la condesa, atemorizado hasta la histeria por las represalias ante algo mal hecho y, por otra parte, siempre dando órdenes a quienes están por debajo de él… Curioso que al perseguir a este conejo blanco, tan poco apasionante, Alicia llegara a un “país de maravillas”, lo que ocurre es que ella todavía no se ha dado cuenta de que ese supuesto mundo maravilloso sólo es una alegoría del real.

alice15aY Alicia debe acomodarse a las circunstancias, pues o es demasiado grande para entrar por las puertas, o demasiado pequeña para alcanzar la llave… ¡Qué triste destino el de los humanos!… Claro que como ella está en el mundo de las maravillas puede aumentar o disminuir de tamaño comiendo o bebiendo lo que por allí alcanza, sin embargo, ¡cuántos errores comete!, y ello le lleva a la desesperación, a la sensación de derrota, al abatimiento, y con su llanto lo inunda todo, lo arrasa todo… como aquel mártir que apagaba el fuego que lo consumía con sus propias lágrimas… Y a causa de tal inundación debe participar en un típico debate, para conseguir la mejor forma de secarse, con diferentes personajes arquetípicos de la sociedad: el loro vanidoso que todo lo sabe porque es mayor, el ratón listillo que sólo consigue quedar en ridículo, el pragmático dodo que utiliza poses de líder y quien, al finalizar la loca carrera para conseguir airearse y ante la absurda y tradicional pregunta de “¿Quién ha ganado?”, decide, salomónicamente, que todos han sido los ganadores, cuando lo único que estado haciendo es perder el tiempo, pero él, como buen político, ha contentado a todos.

Y llegamos hasta uno de los personajes más decisivos de la historia, la oruga azul. Ésta, relajada y ausente de todo, fumando tranquilamente su pipa sobre un hongo, le formula un verdadero tercer grado a Alicia, a lo que la niña le responde: “Al menos puedo decirle quién era cuando me levanté esta mañana, pero creo que me deben haber cambiado varias veces en el día”. A lo que la oruga le aconseja que tenga paciencia… ¿Normal, no?… ¿A fin de cuentas no están ambas en la misma situación?… Quiero decir que tanto la oruga como la niña están próximas a sus particulares metamorfosis: la niña pasara por el periodo de adolescencia para hacerse mujer y la oruga se convertirá en crisálida para surgir de su capullo como una linda mariposa. Y para ambos periodos lo más correcto es tener mucha paciencia…

Tenniel-CheshirePero lo curioso de esta escena es la función del hongo: si come de un lado del mismo, crece, si lo hace del otro, mengua… Hay quienes han querido ver en ello una referencia, más o menos velada, a la utilización de drogas como solución a los problemas, pero, a pesar de que en aquella época victoriana tan puritana y severa era bastante frecuente entre la clase bien el uso del opio y otros estupefacientes naturales, no me atrevería a asegurar que Carroll aconsejase eso a su amada niña… Más bien puede que se refiriera a otro tipo de sustancias, o más bien argucias, ese ejemplar de alcaloide psicológico que nos hace sentir mejor, aunque sea un engaño: digamos, por ejemplo, los convencionalismos, las creencias, los tan llevados y traídos sentidos de la vida… es decir, una fuerza del inconsciente que simplemente nos dé el tamaño de autoestima que necesitemos para cada momento.

Pero no debemos olvidar a uno de los personajes más fantásticos, el gato de Cheshire, un ser que no suele estar constantemente a tu lado, pero que siempre aparece cuando se le necesita, aunque sólo sea la cabeza, y siempre con una enorme sonrisa… ¿no es lo más parecido a un amigo de verdad, que nos aconseja, nos consuela y nos dice, incluso, lo que no queremos escuchar?… Es el personaje que encarna a la lógica y por ello le gusta desaparecer de aquel mundo de disparate y no se inclina ante los convencionalismos, como ocurre ante los reyes.  Su primera conversación no tiene desperdicio:

– ¿Me podrías indicar hacia dónde tengo que ir desde aquí? – pregunta Alicia.

– Eso depende de a dónde quieras llegar – responde el gato.

– A mí no me importa demasiado a dónde.

– En ese caso, da igual hacia dónde vayas.

– Siempre que llegue a alguna parte.

– ¡Oh! Siempre llegarás a alguna parte si caminas lo suficiente.

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Un poco más adelante llega Alicia a una mesa donde siempre se sirve y se toma el té, porque allí siempre son las seis, y donde ella se siente confusa ante tanta estupidez, sin embargo, en nuestras vidas cotidianas y periódicas, siempre son las seis, pues repetimos sin cesar los mismos ritos, idénticas costumbres, similares comportamientos, ya que hemos basado los pilares de nuestra existencia en la rutina y, si algo cambia bruscamente, ya no sabemos qué hacer. Pero Alicia no está poseída todavía por esa adicción y no se deja engañar por el supuesto beneficio del conformismo, por lo que se aleja de allí y entonces se da cuenta de que el gato tenía razón al decir que aquél era un país de locos…

Y para el final dejamos el poder, el puesto más absurdo de la creación, pues, cuando alguien es torpe, o poco habilidoso, o sinvergüenza, o simple, o malo… cuanto más alto está, más se le nota, y sólo se mantiene gracias a quienes comen a su costa, que no son más nobles, pero sí más listos. Lo malo es que en la carrera por el poder los buenos ni participan, o desaparecen, porque en ella se avanza a costa de los demás. Los dos personajes que representan al poder en Alicia son la Reina y la Duquesa.

La Duquesa, tradicional y orgullosa en su necedad, siempre está buscándole moralejas a todo, tal vez para encontrarle un poco de sentido a su vida, y siempre está de acuerdo con todo lo que se diga, una forma fácil de agradar, aunque en realidad, ni se entera, pero teme, mientras acuna a un cerdito entre los brazos, cuando los otros pueden pensar por sí mismos:

– Pensando otra vez ¿eh? – preguntó la Duquesa.

– Tengo derecho a pensar – dijo Alicia con cierta aspereza, pues estaba empezando a preocuparse.

La Reina ya es el colmo de lo absurdo, pero sólo tendremos que dar un vistazo a la situación mundial, o un pequeño repaso por la historia, para darnos cuenta de que Carroll incluso se ha quedado corto. Sólo piensa en decapitar a todo el que le lleve la contraria o haga algo mal o que no está como ella quiere:

– ¡Que le corten la cabeza!

Menos mal que luego va el Rey perdonando a todos los que ha castigado su tiránica mujer, lo cual puede hacernos pensar un poco porque esta novela se escribió en la época en que la Reina Victoria ocupaba el trono de Inglaterra, aunque no creo que detrás de esta figura se esconda una crítica a la soberana del Reino Unido…  A lo mejor, los Reyes, además de representar la posible tiranía paternalista de los mayores hacia los niños, pueden también ser el reflejo de la doble personalidad de cada ser humano individualmente, pues en nosotros mismos se esconde el opresor y el tolerante, la justicia y la injusticia, el bien y el mal…

En conclusión, Alicia en el país de las maravillas es un libro repleto de insinuaciones a las costumbre y la educación de la época en que fue escrito, poseyendo bastante referencias a los problemas anímicos y morales que los seres humanos nos vamos encontrando a lo largo de nuestras vidas, pues ya nada más comenzar podemos observar un enorme ejemplo de depresión, una inquietante caída por el agujero interminable de la madriguera del conejo; un conejo que vive en una constante ansiedad, siempre pendiente del reloj y siempre con exigencias que rayan un comportamiento maniático. Es un intento de huir de un mundo rutinario, el mundo de los mayores, al que Alicia vuelve al despertar de su sueño. Pero no debemos olvidar que en realidad, en su origen, era un cuento para una niña, una niña con la que el autor quiso casarse cuando ella sólo contaba con trece años de edad…

EN TORNO A LA LECTURA: Alice Liddell y Lewis Carroll

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Alice en 1859

Alice en 1859

Lo que se esconde detrás de la obra literaria queda muchas veces silenciado y sólo el autor podría, si viviera, desvelarnos sus verdaderas intenciones y, en infinitas ocasiones, las hipótesis lanzadas por los críticos y estudiosos no son más que  meras suposiciones. Alicia en el país de las maravillas no está al margen de ello, pues a su alrededor se ha creado un mundo de especulaciones que se acercan bastante al chismorreo, incluso a la insidia aderezada de la morbosidad, pero, como siempre, solamente los protagonistas de esta historia sabrían la verdad.

Charles Lutwidge Dodgson, más conocido, como todos sabéis, por su pseudónimo Lewis Carroll, nombre que se inventó latinizando su nombre de pila, de Charles a Carolus, y el apellido de su madre, de Lutwidge a Ludovicus, y luego anglicanizándolos ambos de nuevo, Carolus como Carroll y de Ludovicus a Lewis, y variando el orden para dar con Lewis Carroll, vivía desde 1851 en el college Christ Church como estudiante de la Universidad de Oxford, al cual llegó un nuevo deán, Henry Liddell, y su familia, en 1856, con quienes Dodgson pronto entabló una amistad bastante íntima. A Alice, una de las hijas de los Liddell, la vio por primera vez el 25 de febrero de ese mismo año, al hacer una visita a su familia con la intención de fotografiar la catedral. Volvió a verles con mucha frecuencia a partir de ese momento, acompañando en repetidas ocasiones, en un principio, a Lorina y a Harry, los dos hermanos mayores de Alice, y luego, cuando el chico se ausentó por los estudios, a tres de las hermanas: Lorina, Alice y Edith, al campo o al río de los alrededores de Oxford, donde, además de merendar y jugar, él podía llevar a cabo sus dos mayores aficiones. Una era la fotografía, tomando a las niñas como modelos, aspecto éste que puede llamar mucho la atención en la actualidad, pero que era bastante frecuente dentro de la mentalidad victoriana de su época, donde la aparición de niños en las fotografías o pinturas, incluso desnudos, no era tomado como algo que atentase contra la moral, sino que era tenido como una imagen simbólica de la inocencia.

LAS HERMANAS LIDDEL

Las hermanas Liddell: (de izquierda a derecha) Edith, Lorina y Alice

La otra de sus aficiones, y la que le daría más fama, era la de inventar historias, y en una de estas excursiones, concretamente en un paseo en barca por el Támesis, apareció por primera vez la narración de “Alicia”. Según indicó el propio autor en sus diarios, era el 4 de julio de 1862, y Dodgson, junto con su amigo Dickworth, acompañaban a las niñas Liddell (Lorina de trece años, Alice, de diez y Edith, de ocho), mientras él iba improvisando la historia y acaparando la atención de las tres hermanas. Al volver a casa, una entusiasmada Alice le pidió que la escribiese, lo que Dodgson no tardó en llevar a cabo regalándole para Navidad el manuscrito, con ilustraciones realizadas por él mismo y con el título de Las aventuras subterráneas de Alicia y, a pesar de que el propio autor lo negase, es pensamiento general que la heroína de la novela está basada en la propia Alice Liddell, a quien estas aventuras siempre le entusiasmaron, lo que rebela que ella misma poseía una personalidad rebelde y espontánea, que cuestionaba los propios principios de una sociedad basada en una moral rígida, adusta y puritana

Última fotografía de Carroll a Alice en 1870

Última fotografía de Carroll a Alice en 1870

Bastantes años más tarde ha aparecido una novela basada en la relación entre Lewis Carroll y Alice Liddell, The Looking Glass House, escrita por Vanessa Tait, nada menos que la bisnieta de aquella niña, quien afirma que  “Carroll era increíblemente encantador pero también muy calculador, hacía que las niñas se lo pasaran muy bien y cautivó a la institutriz”. Asegura esta escritora que su familia posee cartas de las que se deduce que Carroll estaba enamorado de Alice y que incluso había pensado en casarse con ella, a pesar de que era veinte años mayor y en aquel momento Alice tenía la corta edad de trece años, aunque, que se sepa, nunca llegó a realizar proposición alguna, sin embargo siempre era muy afectuoso con ella, por lo que la madre de la niña habló con él sobre este hecho y le dejó entrever que le preocupaba tal comportamiento, esto le sentó mal a Carroll y dejó de visitarles por un largo tiempo. Vanessa también afirma que Carroll era un hombre extraño, muy reprimido, con un interés excepcional en las jovencitas, a las que convertía en sus amigas ideales, e incluso les hacía fotos con poca ropa o desnudas, con “su vestido hecho de nada”, como pedía el propio Lewis Carroll permiso a los padres para fotografiar a las menores, pero esta práctica era bastante común, curiosamente por otra parte, entre los fotógrafos de aquella época, aunque no cree que fuera más allá y que su bisabuela, Alice, lo recordó siempre con afecto.

El caso se queda en el aire, a pesar de las cartas que se enviaban recíprocamente las hermanas Liddel donde el tema aparece tratado muy por encima, como evitándolo, o de una carta de los propios padres de Alice enviada a Carroll donde se le pide que no se acerque nunca más a la niña. Sin embargo de aquel lapso de tiempo no se conserva ninguna epístola del autor que pueda clarificar alguna duda, y las páginas de su diario correspondientes a esas fechas fueron arrancadas y están desparecidas, aunque también se rumoreaba que Dodgson estaba utilizando a las niñas para hacer la corte a la institutriz, incluso se llegó a especular que a quien pretendía era a la hermana mayor, Lorina. Sea como fuere, lo que sí se sabe en cierto es que Carroll jamás se casó debido a su pacatería con las mujeres adultas, por lo que prefería la compañía de las niñas o jovencitas. Alice fue la primera de sus numerosas pequeñas amigas, de las que todavía se conservan fotografías, pero no fue hasta su ruptura obligada con ella, y tras un largo viaje por toda Europa, cuando la atracción de Dodgson por las niñas se convirtió en una auténtica manía, y allá donde fuera, intentaba hacerse amigo de las que con él coincidían, portando siempre encima, para ese fin, regalos o juguetes con los que ganar su atención, sin embargo, en cuanto cumplían quince o dieciséis años, dejaban de interesarle.

Lo curioso es que años después de aquella ruptura, la señora Liddell llevó a Lorina y Alice al estudio de Carroll para que les hiciera algunos retratos, lo cual parece apoyar la idea de que seguían manteniendo alguna relación amistosa. Así mismo, Dodgson escribió varias cartas a Alice, siendo la fecha de la última de 1892, seis años antes de su muerte.

Alice Liddel en 1872 fotografiada por Julia Margaret Cameron

Alice Liddel en 1872 fotografiada por Julia Margaret Cameron

Alice contrajo matrimonio en 1880 con Reginald Gervis Hargreaves, perteneciente a una próspera familia de empresarios, convirtiéndose en una dama de la alta sociedad, y tuvo tres hijos. Tras la muerte de su marido, acaecida en 1926, vendió en una subasta el manuscrito que le regalara Carroll en 1863, consiguiendo una enorme suma por él. Alice murió en Kent el 15 de noviembre de 1934.

En conclusión, lo que sí está probado es que, a pesar Alice Liddell no fuera el verdadero origen de la heroína del libro, éste si surgió a causa de ella, pues ella fue el motivo de su creación y, posiblemente, la inspiración, en gran parte, de Carroll para realizarlo. La propia Alice Liddell dejó escrito lo siguiente: “Muchos de los cuentos del Sr. Dodgson nos fueron contados en nuestras excursiones por el río, cerca de Oxford. Me parece que el principio de Alicia nos fue relatado en una tarde de verano en la que el sol era tan ardiente, que habíamos desembarcado en unas praderas situadas corriente abajo del río y habíamos abandonado el bote para refugiarnos a la sombra de un almiar recientemente formado. Allí, las tres repetimos nuestra vieja frase: cuéntenos una historia, y así comenzó su relato, siempre delicioso. Algunas veces para mortificarnos o porque realmente estaba cansado, el Sr. Dodgson se detenía repentinamente diciéndonos: esto es todo, hasta la próxima vez: ¡ah, pero esta es la próxima vez!, exclámabamos las tres al mismo tiempo, y después de varias tentativas para persuadirlo, la narración se reanudaba nuevamente”.

GUÍA DE LECTURA: Crematorio, de Rafael Chirbes, por Ancrugon.

GUÍA DE LECTURA en PDF

“Estás tendido sobre una sábana, sobre una lámina de met9788433973764al, o sobre un mármol. Te estoy viendo. Vuelvo a verte. Me he olvidado de ti mientras he estado charlando con el ruso en la cafetería, observando por detrás de la cristalera a los turistas que, a primera hora de la mañana, ocupan las sillas de la terraza y a los que, unos metros más allá, se tienden sobre la arena o chapotean en el agua. Él se ha tomado un par de whiskies. Yo me he pedido un té con hielo. No quiero beber tan temprano. Pero he mirado con ansiedad los dos vasos que el camarero le ha puesto delante. Si no hubiera sido porque estaba con él, de haber venido solo, me habría encontrado a gusto en el amplio salón aún vacío (allí dentro estábamos los dos solos), mirando el mar, verdoso en la orilla y de un intenso cobalto en la franja que precede al horizonte, por la que ya se mueven las lanchas, los barcos de vela, los catamaranes…
                                                            Inicio de “Crematorio”, de Rafael Chirbes

“No aguanto la doble moral, y me molesta el que llega arriba y desprecia al de abajo. Hay una especie de amor por los de abajo en todos mis libros. No me acabo de curar de eso.” Dijo una vez Rafael Chirbes, un novelista en cuyas obras es evidente la crítica social, aunque evita reducir la realidad a una simple oposición entre lo bueno y lo malo.
“Crematorio” es una de las novelas de este escritor valenciano donde se aborda el mundo resultante de un capitalismo desenfrenado, de dudosos negocios en los que afloran las más oscuras contradicciones del ser humano sin escrúpulos y deshumanizado, en una España ávida de dinero fácil y rápido donde a los simples timadores y especuladores se les llama empresarios.
orilla-2013-rafael-chirbes-rescoldos-crematorio_1_2107416               La historia se localiza en el pueblo ficticio de Misent, pero se podría fácilmente situar en cualquier lugar de la costa levantina española, y gira en torno a la muerte de Matías Bertomeu, un viejo idealista dedicado a la agricultura ecologista, sirviendo este suceso como excusa para introducirnos en las personalidades de los diferentes personajes que componen el clan Bertomeu, gracias a lo cual descubrimos las distintas perspectivas sobre Rubén, el hermano del fallecido, sobre sus actos, sobre su ética, sobre la destrucción de la naturaleza causada por la construcción de sus edificios costeros.

La novela se estructura en trece capítulos sin numerar, en los que tanto familiares como amigos del difunto van recreando sus vidas y las interrelaciones mantenidas con el resto de actores, formando así un conjunto polifónico que converge en una trama perfectamente organizada y compuesta de fragmentos aparentemente independientes.

Cada capítulo pertenece a un individuo, siendo pequeños monólogos en cuyas digresiones se abordan diferentes temas como la política o el dinero, la cultura o los sentimientos… Y es trabajo del lector el ir encajando las piezas de este puzle, el ir asimilando las circunstancias particulares de cada uno de ellos, y llegar al conjunto final que les dará la comprensión del drama.

Es una historia realista, sin buenos ni malos al uso, y con una carga de imperfección moral, de innumerables miserias confundidas con algunas virtudes y con un insufrible temor a la verdad que se nos hará bastante familiar y reconocible. Sin embargo es una historia válida para mostrar un espectáculo de corrupción que alimenta a toda una sociedad donde la destrucción de la naturaleza solamente es un símbolo más del futuro sin esperanza que nos aguarda. Es una sociedad abandonada, sin fe, sin creencias, sin ideas elevadas, viviendo solamente del envoltorio, de la imagen, de la apariencia, donde hasta el arte se prostituye y se doblega ante el valor monetario.

una-imagen-de-la-serie-crematorio-inspirada-en-la-novela-de-chirbesLos trece narradores nos van conduciendo mediante sus recuerdos, opiniones, deseos, temores… a lo largo de una historia en la que apenas ocurre nada porque todo sucedió en el pasado, por lo que es frecuente la utilización de regresiones que transportan al lector a otras épocas temporales: Guerra Civil, franquismo, transición, primeros gobiernos socialistas… hasta llegar a la actualidad, y todo para encuadrar la historia de una familia que se fue procurando un espacio dentro de la clase poderosa del país, “haciendo lo que había que hacer” para acumular capital, formándose como “clase social”, e intentando en el presente que ese mundo clasista se blinde de impermeabilidad para evitar que lleguen otros con nuevas armas a ocupar sus sitios.

Y mediante un perspectivismo múltiple, se analiza el conjunto agrupando los diferentes puntos de vista de los diferentes personajes, como el difunto Matías, un viejo revolucionario que, a pesar de todo, se mantuvo fiel a sus principios cobijándose en la agricultura; o su hermano Rubén, el arquitecto constructor sin escrúpulos que se ha enriquecido gracias a los manejos especulativos del boom del ladrillo; o Silvia, la hija de Rubén, una mujer dedicada a la restauración de arte y que todavía cree en los demás a pesar de las evidencias, y quien está casada con el catedrático y biógrafo Juan Mullor, totalmente opuesto al despropósito urbanístico de su suegro, y dedicado a escribir la biografía de un viejo amigo de la familia Bertomeu, el escritor fracasado, Federico Brouard, cuya perspectiva diaria gira alrededor del alcohol, las drogas y la prostitución; o el fiel perro guardián Ramón Collado, el de los trabajos sucios; o Traian, el mafioso ruso que comparte negocios con Rubén; o Mónica, su joven segunda esposa, lista y ambiciosa…

Estos monólogos interiores comienzan y acaban con el mismo Rubén, en primera persona, mientras el resto está dirigido por un narrador omnisciente y en estilo indirecto o directo libre:

“Pero aquel viaje no fue así, estaba demasiado enferma, no se sentía ni con fuerzas para escribir, o quizás pensó que lo que escribiera ya no iba a servirle para recordar nada, para documentar nada. Rubén le pidió a Silvia que los acompañara. Como cuando era pequeña, le dijo, pero ella no quiso, o no pudo ir. Seguramente, las dos cosas: no le apetecía aquella peregrinación triste, la animación forzada de preparar los equipajes y recoger las guías, ni tampoco sabía lo que hacer con los niños, con Juan, con el trabajo.”

Así pues, podemos decir que “Crematorio” es la visión de una época triste de nuestra historia, una época que todavía pervive, donde lo único que importa es el beneficio, por encima de lo que sea: destrucción del medio ambiente, sumisión de los derechos de las personas, limitación de las libertades, prostitución de la democracia… Todo vale si con ello el especulador obtiene ganancias. Y sin embargo, esos seres sin sentimientos sociales son individuos cultos, con una juventud repleta de ideales que en muchas ocasiones acabaron en las panzas de unos caballos repletas de drogas, tal y como se enriqueció Rubén.

El título, “Crematorio”, es bastante simbólico pues tanto representa el lugar donde van a acabar los restos de Matías, como el de aquellos ideales de las generaciones que ahora detentan el poder. Y en el transcurso de la historia, el ritmo textual se va incrementando, como las llamas que envuelven al lector, alimentadas por una prosa repleta de efectos, imágenes, matices y un léxico preciso.

thumbformatEl autor, Rafael Chirbes Magraner, nació el 27 de junio de 1949 en la localidad valenciana de Tabernes de Valldigna, muriendo en Valencia el 15 de agosto de 2015. En su trayectoria profesional destacan sus trabajos como crítico literario y el de novelista, con títulos como “Mimoun” (1988), que quedó finalista del Premio Herralde y que está ambientada en sus experiencias vividas durante su estancia en Marruecos como profesor de Castellano en la universidad de FEz; “La larga marcha” (1996), galardonada con el Premio SWR-Bestenliste en Alemania, primera entrega de la trilogía que habla de la sociedad española desde posguerra hasta la transición democrática y a la que siguieron “La caída de Madrid” (2000) y “Los viejos amigos” (2003); con “Crematorio” (2007) recibió el Premio Nacional de la Crítica y el V Premio Dulce Chacón, a ésta le siguió en la visión de una España en crisis “En la orilla” (2013), con la cual volvió a ganar el Premio Nacional de la Crítica de 2014 además del Premio Francisco Umbral al libro del año, y póstumamente apareció “Paris-Austerlitz”. En la actualidad Chirbes todavía es considerado el novelista que mejor ha novelado la problemática y evolución de la sociedad española de los últimos tiempos. Él mismo subrayó sobre su trabajo:

“Escribo de lo que veo. La relación entre las novelas viene después. En cada libro empiezas de cero: lo que en uno fue un hallazgo en el siguiente es un lastre. En el fondo, el tema es una excusa para las digresiones de los personajes. Por eso digo que todos son yo. Además, ninguno es del todo bueno ni malo, incluso las víctimas tienen sus mezquindades. No me gusta que los malos sean, además, tontos.”

En conclusión, “Crematorio” es como una catarsis en la que el lector se enfrenta a un estado de cosas que él mismo está tolerando y de la que forma parte más o menos activa, o por lo menos permisiva, con su actitud de cerrar los ojos para no ver, para no tener que juzgar y, en ocasiones, incluso envidiando. Y aunque en ella no aparece la trama, sí está repleta de estados de ánimo, de frustraciones, de traiciones, de deudas con la vida.

El tema es el del fracaso de esa persona que deja por testamento la ruina y las deudas, no tanto económicas, sino morales, algo que deja bien claro el propio autor:
“Crematorio no quiere ser una denuncia de la corrupción urbanística, eso de la corrupción es solo uno de los temas que circulan por detrás. Lo que se quiere contar aquí es cómo nuestra modernidad, lo que se suponía que íbamos a traer detrás del franquismo, ha dado como fruto esta especie de planta venenosa que nos asfixia. La novela trata también de si los ideales se han cumplido o no, y de la deriva de los individuos”.
Y esto no es ni más ni menos que el propio retrato de nuestra España: un país enfermo y sumido en un profunda crisis cuyas raíces se hunden en la codicia y la deshumanización de unas personas bastante cercanas genéticamente a las aves de rapiña, pues aunque la narración comience y termine el mismo día del funeral de Matías, todo gira alrededor de su hermano, Rubén, un empresario al estilo de Don Vito Corleone que ahora quiere redimirse de su pasado criminal: “Se acabó la época de lo sucio, ahora es la hora de lo limpio…”

Sin embargo él se siente feliz, contento con lo que ha hecho, porque todo lo sucio lo ha llevado a cabo la mafia rusa y sus personas de confianza, mientras él simulaba mantenerse al margen, y aunque todo lo que ha creado y le rodea sea corrupción: venta de drogas, negocio del sexo, tráfico de influencias o dinero negro, él se considera un hombre de negocios y se siente triunfador… y no asume responsabilidades en absoluto: la culpa siempre es de los otros… Y así ha ido evolucionando nuestra sociedad y el estado de nuestras almas. ¿Qué se puede esperar de aquellos que disculpan todos estos desmanes porque consideran que el beneficio justifica los medios?…

En 2011 “Crematorio”, fue llevada a la televisión en forma de serie dirigida por Jorge Sánchez-Cabezudo y con José Sancho en el papel principal.