GUÍA DE LECTURA – NOVELA: Desgracia, de J.M. Coetzee

9788497599443Antes de pasar a desarrollar el libro, detengámonos un momento en su título. Desgracia (Disgrace, en inglés original) no es una palabra que llame mucho la atención, más bien resulta un tanto repulsiva. Si analizamos sus diferentes acepciones, según el Diccionario de la RAE, todas parecen girar entorno al mismo concepto: “- Situación de quien sufre un suceso doloroso. – Suceso que produce dolor o pena. – Situación de infelicidad. – Mala suerte. – Situación de quien ha perdido la gracia o amistad. – Desagrado, desabrimiento y aspereza. – Falta de gracia o de maña”. Lo que nos lleva a que desgracia también puede referirse a la acción de avergonzarse de sí mismo o avergonzar a los demás. Esta palabra aparece repetidas veces a lo largo de la novela. ¿Cuál de todas estas acepciones creéis que se acomoda mejor al título?

14659960144356Desgracia se desarrolla en Sudáfrica, unos años después del final del Apartheid (separación, en afrikáans), un sistema oficial de segregación racial que se mantuvo en vigor desde 1948 hasta 1994, donde los derechos de los negros, la población mayoritaria, estaba limitado: no se les consideraba ciudadanos legales y fueron divididos en tribus autónomas llamadas bantustanes, teniendo que residir en guetos apartados de las ciudades o en el campo, estudiaban en escuelas separadas, asistían a hospitales separados y utilizaban servicios públicos separados; por su parte, los blancos, población minoritaria, tenían todos los derechos y disfrutaban de las mejores escuelas, hospitales, servicios, etcétera, pudiendo residir donde les placiera. Sin embargo, esto generó un creciente aislamiento internacional de Sudáfrica al romper con ella muchas naciones las relaciones diplomáticas y comerciales, lo que llevó a Frederik De Klerl al poder, quien inició el desmantelamiento del Apartheid y el establecimiento de un sistema político democrático comprometido a conseguir la igualdad entre hombres, mujeres y gentes de todas las razas. Tras las elecciones de 1994 Nelson Mandela fue elegido Presidente por mayoría absoluta.
La novela comienza en la moderna y cosmopolita Ciudad del Cabo, capital de la provincia de Cabo Occidental donde David es profesor en la Universidad, pero luego se va a vivir con su hija a su granja situada en la provincia de Cabo Oriental, es decir, en plena Sudáfrica negra, un lugar menos seguro y con tensiones raciales todavía latentes, aunque, curiosamente, en el libro son casi inexistentes las expresiones racistas, pero con la particularidad de que, al leerlo, siempre sabemos si son blancos o negros los protagonistas. Entonces ¿cómo consigue Coetzee que tengamos esa referencia?…

70160283_2563844373682257_6018719658239066112_oEl narrador es omnisciente y en tercera persona, pero se limita solamente al personaje de David al exponernos sus pensamientos, al explicarnos cómo percibe las cosas, cómo se siente, lo que recuerda o imagina, lo que le preocupa…, sin embargo, con el resto no lo hace, simplemente se limita a exponer sus palabras y acciones, por lo que toda la trama la vemos desde el punto de vista de David, es como si estuviéramos metidos en su cabeza, o quizá ¿sería mejor decir en la cabeza del autor? ¿Qué pretende con ello Coetzee?…
Desgracia tiene una narrativa sencilla, pues son escasos los comentarios secundarios: todo se nos presenta tal y cómo es, y aunque el tono de la novela resulta un poco sombrío, supongo que tendrá que ver más por los hechos que en ella se narran que por el estilo del autor. Y es que el estilo de Coetzee es bastante limpio, conciso y directo, simple, aunque la estructura es mucho más compleja.

70475310_2563815680351793_7622326976161775616_oHay dos grupos de elementos dentro de la novela que, con toda nitidez, han sido utilizados con una clara intención simbólica, me refiero a los perros, por un lado, y a los personajes de la ópera que pretende escribir sobre los amoríos de Byron.
Los perros nunca habían tenido ninguna importancia en la vida de David hasta que se traslada a la casa de su hija, entonces se convierten en un personaje más de la novela, y no solamente aquellos que como Katy, la hembra bulldog que le acompaña en todos sus paseos, o el resto que tienen nombre propio y personalidad definida, si no a todos en general, tanto los que cuida Lucy, como los que languidecen en la clínica de animales, y Coetzee, en algunos casos, los utiliza para enfatizar el estatus social o la caída en desgracia. Dos ejemplos de ello los podemos encontrar en las palabras de Lucy, en el capítulo 8, y de Petrus, en el 15, ¿cuáles pensáis que son sus significados concretos?:
“No quiero reencarnarme en una futura existencia como perro o como cerdo y tener que vivir como viven los perros o los cerdos bajo nuestro dominio”. (p. 96)
 “Se acabaron los perros. Ya no soy el perrero. El hombre perro”. (p. 163)
Sin embargo, con relación a David son utilizados como un recurso para reflejar sus estados anímicos y sus tribulaciones internas, pues a medida que las cosas empeoran para él y se sumerge más en la vergüenza y la desgracia, su personaje se alinea más con el de un perro, como se refleja, en el capítulo 11, con sus palabras explicándole a Lucy su humillación en la Universidad. ¿A qué se refiere David con estas frases y qué está justificando?:
“En aquel espectáculo había algo tan innoble, tan ignominioso, que llegaba a desesperarme. A mí me parece que puede castigarse a un perro por una falta como morder o destrozar una zapatilla. Un perro siempre aceptará una justicia de esa clase: por destrozar un objeto, una paliza. El deseo, en cambio, es harina de otro costal. Ningún animal aceptará esa justicia, es decir, que se le castigue por ceder a su instinto”. (p. 115)
s adelante, cuando David ayuda en la clínica de animales, llega a empatizar con aquellos seres abandonados, tristes, solitarios, temerosos, pero, en el fondo, agradecidos, incluso le toma apego a uno de ellos, tullido de una pata trasera, y a pesar de que ve la desgracia en el hecho de morir, también ve la vergüenza que supone la forma en que el perro se ve obligado a vivir. Todo ello lo extrapola Coetzee a la vida de los seres humanos, como podemos observar en este pequeño diálogo del capítulo 22, entre David y Lucy, ¿a qué humillación se refiere el diálogo?:
 “- Qué humillante – dice él por fin -. Con tan altas esperanzas, mira que terminar así…
– Estoy de acuerdo: es humillante, pero tal vez ese sea un buen punto de partida. Tal vez sea eso lo que debo aprender a aceptar. Empezar de cero, sin nada de nada. No con nada de nada, sino sin nada. Sin nada. Sin tarjetas, sin armas, sin tierra, sin derechos, sin dignidad.
– Como un perro.
– Pues sí, como un perro”. (p. 254)

69826469_2563774190355942_2549301447976026112_nEn el segundo grupo de elementos, el de los personajes de la ópera que David quiere escribir sobre Byron, tres son los símbolos elegidos: Byron, Teresa y Allegra.
David, como buen estudioso de los poetas románticos, tiene una enorme cantidad de conocimientos de Lord Byron sobre el que ya ha escrito varias cosas y ahora tiene un nuevo proyecto: una ópera basada en la relación del poeta y su amante Teresa. Sin embargo, el interés de David sobre Byron es mucho más profundo pues, en el fondo, quiere ser como él o, mejor dicho, como el héroe idealizado e imperfecto que el propio Lord Byron retrató en su poema en parte autobiográfico Childe Harold´s Pilgrimage, y a pesar de carecer de la capacidad byroniana de cautivar a las mujeres con sus dulces palabras ni de ser un amante suave con ellas, se considera, como aquél: inteligente, perceptivo, sofisticado, educado, misterioso, magnético, carismático y seductor, pero, al mismo tiempo, alardeando de su parte oscura: conflictivo, cínico, arrogante, solitario, autodestructivo… Por ello no es de extrañar que, a medida que crece la desgracia de David, éste se aferre más a la figura de Byron.
La Condesa Teresa Gamba Guiccioli, con dieciocho añitos, contrajo matrimonio con el Conde Guiccioli y tres días después conoció a Lord Byron quien se convirtió en su “cicisbeo” (chichisbeo en castellano: Galanteo, obsequio y servicio cortesano asiduo de un hombre a una dama. RAE), con la complacencia de su esposo, algo realmente atractivo para David y con cuya figura podemos observar cómo evoluciona éste en su actitud ante el amor y el sexo, pues cuando retoma el proyecto aparcado desde Ciudad del Cabo, vemos que la aventura lujuriosa de Teresa y Byron en su proyecto operístico tenía algo de su aventura con Melaine, como podemos comprobar en el capítulo 20:
 “Así es como él la había concebido: una pieza de cámara en torno al amor y la muerte, con una joven apasionada y un hombre de edad ya madura que tuvo gran renombre por su pasión, aunque ésta solo sea un recuerdo…” (p. 224)
Sin embargo, en el momento que se dispone a continuarla, ya no se atreve a escenificar ese romance y decide darle un enfoque retrospectivo, con una Teresa madura y Byron ya tiempo muerto. ¿Quién, pensáis, que representa a esta nueva Teresa en la novela?:
“El paso del tiempo no ha sido amable con Teresa. Con la pesadez de su busto, con su tronco fornido y sus piernas abreviadas, tiene un aire más de campesina, de contadina, que de aristócrata. La tez que Byron tanto admiró en su día se le ha vuelto febril; en verano se ve postrada a menudo por unos ataques de asma que la dejan sin aliento”. (p. 226)
¿Quiere decir esto que David ha realizado una transición hacia la madurez al buscar el amor en mujeres más mayores en vez de en jovencitas que solo podían traerle problemas?…
Y por fin aparece Allegra, la hija legítima de Lord Byron y Clair Clairmont, quien murió de malaria a la temprana edad de cinco años, lo que produjo en Byron un sentimiento de culpabilidad al haberla descuidado durante su corta vida, y aparece sin más, sin justificación alguna, en la ópera que David está escribiendo… Claro que si tenemos en cuenta que la mencionada ópera es una metáfora de las propias experiencias de David, Byron es una metáfora de él mismo y Teresa otra sobre su concepción del amor, ¿o deberíamos llamarlo sexo?, entonces ¿cuál sería el significado metafórico de Allegra?…
Del final no hablaremos, pero me gustaría haceros reflexionar sobre ella porque seguro que os ha dejado con alguna pregunta en vuestras cabezas. Es un final simbólico en el que se mezclan la muerte y la vergüenza, la compasión y la liberación, pero reflexionemos un poco y preguntémonos: ¿qué mensaje ha querido enviarnos Coetzee con este final?…
En conclusión, Desgracia es una novela en la que se acumulan diversos temas e intenciones, aunque parece, a simple vista, que el tema más importante es el sexual, pero el amor brilla por su ausencia, y en las cuatro relaciones que aparecen se nos plantea un pequeño catálogo de las mismas: el sexo comprado (Soraya), el irresponsable (Melaine), el consensuado (Bev) y el violento (Lucy), pero en todos ellos se esconden los sentimientos reales que los han originado. ¿Sabríais decir cuáles son estos sentimientos en cada caso?
AVT_JM-Coetzee_9370John Maxwell Coetzee nació el 9 de febrero de 1940 en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, en cuya Universidad estudió Matemáticas e Inglés. Tras acabar sus estudios superiores, marchó a Londres donde trabajó de informático para la IBM. En 1965 se trasladó a la Universidad de Texas doctorándose en Inglés, Lingüística y Lenguas germánicas, tras lo cual consiguió trabajo como profesor de Literatura inglesa en la Universidad Estatal de Nueva York, Buffalo, aunque a los tres años le fue denegado su permiso de residencia por participar en unas manifestaciones en contra de la intervención norteamericana en Vietnam, por lo que tuvo que regresar a Ciudad del Cabo en cuya Universidad pudo enseñar como profesor de Literatura. En 1974 publicó Dusklans, su primer libro, que consta de dos historias: una sobre los efectos psicológicos de la guerra de Vietnam en las personas que participaron en ella y la otra sobre Sudáfrica del siglo XVIII. Tres años más tarde apareció En medio de ninguna parte, novela bastante premiada y con la que consiguió fama internacional. Con Esperando a los bárbaros (1980) y Vida y época de Michael K (1983), profundizó en la problemática de su país, recalcando la culpa de los colonizadores y ganando con la segunda su primer Premio Booker. Tres años más tarde publicaría Foe, en la que revisa el mito de Robinson Crusoe viviendo esa misma aventura desde el punto de vista de una mujer. Después vendrían La edad de hierro (1990) y El maestro de Petersburgo (1994), hasta que en 1999 publicaría Desgracia, con la que ganaría su segundo Premio Booker. En 2002 se trasladó a Australia para ejercer de profesor en la Universidad de Adelaida, donde sigue residiendo, y allí recibió la noticia de que se le había concedido el Premio Nobel de Literatura. Desde entonces a seguido publicando novelas, ensayos, crítica y traducciones, manteniéndose al margen de la vida pública y trabajando en su mundo privado, procurando que su biografía interese menos al público que sus novelas.

GUÍA DE LECTURA NOVELA: Seda, de Alessandro Baricco, por Ancrugon

65016343_2414702758596420_4274778316893847552_nLeer Seda supone una experiencia breve, aunque intensa, como suele ocurrir con esas pequeñas obras de arte hermosas y fascinantes que, gracias a su sencillez y su grandeza, son capaces de transmitir una emoción tan real y fuerte que es capaz de conmover. Novela de capítulos cortos emulando a los haikus, de los que se inspira en su estructura narrativa y en su esencia estimulante, y rezumando el encanto de las historias místicas capaces de apaciguar el ánimo con su cadencia de escritura hipnótica y repetitiva, es a la vez alegre, juguetona, sincera y triste, a ratos melancólica y, en otros momentos, capaz de arrancarnos una sonrisa.
9788433976598Seda, con su lenguaje conciso, preciso, casi fugaz, no abrevia, sin embargo, en su significado, en su mensaje, por lo que tiene la capacidad de sugerir la libertad suficiente para poder aportar, a los lectores, su propia nostalgia o experiencia o sueño, y es que en muchos casos es infinitamente mejor la puerta abierta de la vaguedad, que los muros cerrados de lo demasiado explícito, sobre todo en la creación artística donde los autores se olvidan con frecuencia de que su obra se culmina con la lectura. Por todo ello, en este mundo literario de volúmenes inmensos donde abundan las páginas totalmente prescindibles, Seda es un soplo de aire fresco.
Seda es la historia de Herve Joncour, un joven francés, felizmente casado con su bella esposa Hélène, que se gana la vida comprando y vendiendo huevos de gusano de seda. Y para obtenerlos debe viajar mucho más allá de su pequeña ciudad de Lavilledieu (La Ciudad de Dios), en un principio hasta Siria o Egipto. Pero una plaga que mata a esos huevos se va extendiendo por occidente, quedando un único lugar libre de ella, Japón. Sin embargo, durante siglos, este país, “isla compuesta por islas”, “había vivido completamente separada del resto de la humanidad, rechazando cualquier contacto con el continente y prohibiendo el acceso a todo extranjero”. Esto no iba a durar. “En julio de 1853 el comandante Matthew C. Perry entró en la bahía de Yokohama con una moderna flota de buques de vapor y entregó a los japoneses un ultimátum en el que se auspiciaba la apertura de la isla a los extranjeros”. De esta forma Perry obtuvo sus concesiones, y los grandes comerciantes su anhelado libre comercio, aunque ello fuese el desencadenante de la guerra civil en Japón.
64780314_2414702768596419_7729117755974090752_nEl caso es que, ante la necesidad de huevos sanos, Herve “cruzó la frontera cerca de Metz, viajó a lo largo de Wurttemberg y Baviera, entró a Austria, llegó en tren a Viena y Budapest, para proseguir después hasta Kiev. Recorrió a caballo dos mil kilómetros de estepa rusa, superó los Urales, entró Siberia, viajó durante cuarenta días hasta llegar al lago Baikal, al que la gente del lugar llamaba mar. Descendió por el curso del río Amur, bordeando la frontera china hasta el océano, se detuvo en el puerto de Sabirk durante once días, hasta que un barco de contrabandistas holandeses lo llevó a Cabo Teraya, en la costa oeste de Japón. A pie, viajando por caminos, atravesó las provincias de Ishikawa, Toyama, Niigata, entró en la de Fukushima y llegó a la ciudad de Shirakawa, la rodeó por el lado este, esperó durante dos días a un hombre vestido de negro que le vendó los ojos y lo llevó hasta una aldea en las colinas, donde permaneció una noche, y a la mañana siguiente negoció la compra de los huevos con un hombre que no hablaba y que llevaba la cara cubierta con un velo de seda, Negra. Quién lo hizo No habló y mantuvo su rostro cubierto con un velo de seda “. Este era el pasaje que se repetía cada vez que Herve regresaba a Japón, como esos viajes iniciáticos y trascendentales que deben repetirse una y otra vez hasta alcanzar la meta. Y es en el lejano Oriente donde la seda se convierte en una historia de amor.
64286215_2414702658596430_4472133799311835136_nLa estructura externa de Seda es la de una novela corta. Segmentada y fragmentaria, dividida en capítulos breves. La estructura interna tiene todos los componentes de una historia mítica, según la estructura de la tradición mitológica clásica: un héroe (Hervé Joncour) realiza un viaje en busca de un objeto de gran valor (los huevos de los gusanos de seda), durante el cual se enfrenta a un poderoso malvado (Hara Kei) y se enamora de una mujer misteriosa y fascinante (la amante de Hara Kei), durante todo este tiempo es aconsejado por un mentor (Baldabiou), así mismo aparece una figura materna (Madame Blanche), y una esposa fiel (Hélène Joncour). El héroe, atendiendo a la llamada de la aventura, hace un viaje a una tierra legendaria en los confines de la tierra, supera grandes contratiempos con enormes sacrificios, salva a su gente y adquiere sabiduría. Su estilo, al igual que en otras obras de Baricco, es rápido y sugestivo, con el uso de oraciones cortas y nominales, con una gran importancia de los silencios y las pausas. Su prosa se torna poética con frecuencia, diluyéndose como la seda entre los dedos, y en sus diálogos se vislumbran discursos dramáticos.
En conclusión, Seda es una novela que debe leerse despacio, degustando y asimilando esas situaciones que pueden parecer absurdas y personajes un tanto irreales, pero que forman un todo repleto de fantasía y sugestión.

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GUÍA DE LECTURA NOVELA: Las uvas de la ira, de John Steinbeck

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“Las últimas lluvias cayeron con suavidad sobre los campos rojos y parte de los campos grises de Oklahoma, y no hendieron la tierra llena de cicatrices. Los arados cruzaron una y otra vez por encima de las huellas dejadas por los arroyos. Las últimas lluvias hicieron crecer rápidamente el maíz y salpicaron las orillas de las carreteras de hierbas y maleza, hasta que el gris y el rojo oscuro de los campos empezaron a desaparecer bajo una manta de color verde. A finales de mayo el cielo palideció y las rachas de nubes altas que habían estado colgando tanto tiempo durante la primavera se disiparon. El sol ardió un día tras otro sobre el maíz que crecía hasta que una línea marrón tiñó el borde de las bayonetas verdes. Las nubes aparecieron, luego se trasladaron y después de un tiempo ya no volvieron a asomar. La maleza intentó protegerse oscureciendo su color verde y cesó de extenderse. Una costra cubrió la superficie de la tierra, una costra delgada y dura, y a medida que el cielo palidecía, la tierra palideció también, rosa en el campo rojo y blanca en el campo gris.”
Las uvas de la ira (Inicio)
John Steinbeck

9788491813590Las uvas de la ira es una novela del escritor norteamericano John Steinbeck donde se describe la pugna por la subsistencia de miles de familias campesinas del centro y medio oeste de Estados Unidos durante la Gran Depresión de los años treinta del pasado siglo.
Sin embargo, este conflicto surge mucho antes motivado por una mala planificación, curiosamente, durante un momento altamente favorable para sus intereses. Todo comenzó cuando la Primera Guerra Mundial asolaba las tierras europeas y la mayor parte de sus campesinos no podían cultivar sus campos, ante tal situación, los agricultores norteamericanos, sin apenas competencia, recibieron una enorme demanda de productos agrícolas a unos elevados precios, lo que les condujo a querer invertir en mejores equipos agrícolas y en la compra de más tierras de cultivo, para lo que se dirigieron en masa a las entidades bancarias en busca de préstamos. Pero la Gran Guerra concluyó en 1918 y, poco a poco, los campesinos europeos volvieron a producir en sus campos bajando, automáticamente, el precio de los productos. Los agricultores norteamericanos vieron caer sus ventas y hundirse sus ingresos, en cambio, sus cuotas mensuales de la devolución de los créditos les llegaban con desesperante precisión y los intereses de las mismas se iban elevando a causa de los impagos. En conclusión, muchas de estas familias fueron expulsadas de sus tierras por los bancos al no poder pagar las deudas contraídas con ellos, algo que dio comienzo en la década de los años veinte, pero que se agravó en la de los treinta a causa del Crac del 29, cuando muchas familias, no solo campesinas, sino de cualquier ámbito social, perdieron sus ahorros, empleos y hogares.
Pero todavía se podía poner peor la situación, y así fue, pues en extensas áreas rurales de los estados de Oklahoma, Kansas y Texas la sequía se cebó con particular saña, y si a esto le sumamos los años de malas prácticas agrícolas, en un ciego empeño de sacarle el mayor beneficio en el menor tiempo posible, tales como la sobreexplotación de la tierra y la ausencia de rotación de cultivos, empobrecieron aquellos campos dejando un paisaje desértico donde el polvo se acumulaba sobre cosas, animales y humanos, soportando continuas tormentas secas enormemente devastadoras. Este periodo es conocido como el Dust Bowl, durante el cual se produjo un éxodo de miles de familias hacia la idílica California, prácticamente con lo puesto, en busca de unas condiciones mejores de vida.
60343469_2350143508385679_7395272464906846208_nAnte esta situación desesperada, la administración del presidente Roosevelt creó The Farm Security Administration, en 1933, dentro del New Deal, construyendo campamentos gubernamentales en el estado de California que pudieran albergar a familias de agricultores migrantes, con la intención de influir en los propietarios de tierras para que estos edificaran viviendas similares en sus fincas destinadas a estos desterrados, cosa que no ocurrió, quedándose muchas de estas familias en aquellos campamentos durante años con poca o ninguna ayuda y a expensas de la explotación laboral por parte de los propietarios de California. Ante esto, los migrantes intentaron hacerse fuertes asociándose en sindicatos, algo que se empeñaron en desbaratar, por todos los medios, los terratenientes locales con ayuda de las fuerzas policiales, lo que produjo muchas situaciones de gran violencia.
Steinbeck, fuertemente sensibilizado por este problema, se involucró en la vida de estos trabajadores yendo a los campos gubernamentales donde se ocupó como uno más de ellos, conociendo así, desde dentro, el sistema de trabajo de las granjas californianas, algo que dejó plasmado en la serie de novelas sobre los sueños y la lucha de los campesinos migrantes por sobrevivir ante los efectos adversos del capitalismo: En lucha incierta (In Dubious Battle [1936], De ratones y hombres (Of Mice and Men) [1937] y Las uvas de la ira (The Grapes of Wrath) [1939].
60203420_2350143408385689_5092504656572055552_nLas uvas de la ira produjo muchas controversias desde el mismo momento de su publicación en 1939, sobre todo por tres cuestiones principales: la filosofía social que encierra en sí misma, que algunos confundieron con una apología del comunismo, el posible ateísmo que se desprende del desengaño de los personajes y el lenguaje profano e irreverente empleado por el autor, lo que le llevó a estar censurada en muchos colegios y bibliotecas públicas de Oklahoma, California, Kansas o New York, llegando, incluso, a boicotear la filmación de la película de John Ford algunos grupos religiosos y varias cámaras de comercio. Sin embargo, la película estuvo nominada a siete Oscar, de los que se llevó dos, y la novela se convirtió rápidamente en un gran éxito de ventas, consiguiendo el Premio Pulitzer en 1940, y sigue siendo considerada la mejor obra de Steinbeck.
En lo concerniente al supuesto ateísmo, se malinterpretaron las actitudes espirituales de ciertos personajes, como Jim Casy, Tom Joad y Rose of Sharon, ante las situaciones negativas que se les plantea en sus vidas, sin embargo, Casy se sacrifica para salvar a la familia que le dio cobijo y compartió con él lo poco que tenían, lo mismo se puede decir de Tom, y las dos mujeres tienen muchas cualidades que se podrían calificar de cristianas, como espíritu de sacrificio, amor al prójimo y fortaleza ante la tragedia, algo de lo que parecían carecer quienes tanto atacaron esta obra.
Las acusaciones de apología del comunismo también se caen por su peso, pero claro, en unos Estados Unidos, donde el capitalismo era casi una religión, toda persona que reivindicase sus derechos contra la estructura del poder, derechos pragmáticos, no ideológicos, hacía brotar sarpullidos de terror en la sensible piel de las clases dirigentes. Pero la novela simplemente denuncia la decadencia de una sociedad materialista que teme al diferente, sobre todo si es pobre y mucho más si se revela contra la opresión y la explotación.
60075334_2350143621719001_905156480661979136_nLa novela, escrita en tercera persona, no tiene un punto de vista omnisciente fijo, sino que se acomoda, mediante el ritmo y el tono de la redacción, a las diferentes perspectivas de los personajes y a sus cambios de pensamiento o tono, por lo que es más sencillo para el lector comprender el texto. Al mismo tiempo, Steinbeck va intercalando, entre el desarrollo de la acción, unos capítulos breves que no tratan del viaje de la familia Joad, sino que en ellos explora diversos conceptos y temas que van con el argumento, como el uso de la tierra, la emigración, la lucha de clases, etcétera, lo que da a la lectura un aspecto contextual mucho más amplio. El lenguaje es coloquial y perfectamente adaptado a las distintas esferas sociales, aunque en la traducción al castellano no lo podamos apreciar, por un lado, el típico de los campesinos del medio oeste norteamericano y, por otro, el de la costa oeste de California. Esto es algo bastante importante, pues en esta diferencia del lenguaje radica el indicador diferencial entre los peones migrantes y los terratenientes californianos, fundamento del conflicto de clases y el maltrato a los trabajadores en que se centra la novela. De esta forma consigue que los lectores simpaticen más con el habla desenfadada, amable e irónica de los trabajadores, que con el lenguaje frío y crítico de los contratistas o policías.
60063125_2350143511719012_1381988585997074432_nSteinbeck no utiliza las descripciones gratuitamente ni sin venir a cuento, pues ellas son empleadas como un medio más, y bastante eficaz, de la narración. La historia comienza en las secas e implacables tierras de Oklahoma, en el hogar de los Joads devastado por las tormentas de polvo, donde todo es rojo o marrón, polvoriento y con escasa vegetación y casi sin sombras donde cobijarse, lo que nos da una clara idea de la grave situación por la que pasan los Joads y comprendemos su necesidad de marcharse de allí para sobrevivir.
El contraste viene marcado por las tierras fértiles del Valle de San Joaquín en California, sin embargo, a pesar de ser un lugar mucho más saludable que del que vienen, allí no son bien acogidos y les explotan en sus trabajos.
La Ruta 66 es la utilizada en su largo viaje y se nos describe como una zona inestable e insegura hasta llegar al río Colorado, la frontera entre los dos mundos y donde la familia pierde a uno de sus hijos, Noah, quien decide quedarse allí. Los sucios e inquietantes “hoovervilles”, asentamientos irregulares construidos por los migrantes a los que se iban acoplando a medida que llegaban, contrastaban con el Weedpatch Camp construido por el gobierno, limpio, pulcro y perfectamente organizado por los propios desempleados y sus familias, un lugar que les permitía seguir teniendo esperanzas, lo que no gustaba a los nativos, quienes preferían seguir pensando en ellos como en unos desarrapados vagabundos, vagos y maleantes, y así continuar teniendo una buena excusa para echarlos.
Pero el cenit del maltrato, el abuso y la explotación les llega en la granja Pixley Peach, donde las lluvias torrenciales y la inundación subsiguiente les hace ver que nada podrán conseguir si no se unen, y esto es el comienzo de mayores problemas y sufrimientos…
60012226_2350143418385688_2222105281679065088_nLa novela es cruda, realista, no maquilla nada y nada esconde, pero no hace apología ni quiere adoctrinar ni convencer, simplemente nos va mostrando los hechos tal como fueron para que nosotros saquemos nuestras propias conclusiones. Y su tema, a pesar de estar centrado en un momento determinado de la historia, es tristemente muy actual. Sin embargo, como siempre, para quienes quieren seguir manteniendo su estatus y no consienten que nada cambie, resulta peligrosa y sospechosa de poseer sus peores fantasmas. La verdad siempre lo es.

 

GUÍA DE LECTURA – NOVELA: El abuelo que saltó por la ventana y se largó, de Jonas Jonasson.

abuelo_que_salto_por_la_ventana_y_se_largo_el_bolsillo_300_rgbCon un argumento sospechosamente muy parecido a Forrest Gump de Winston Groom, aunque con un personaje central bastante menos entrañable que aquel interpretado por Tom Hanks, esta novela cómico-dramática con un trasfondo de thriller, como no podía ser menos viniendo de un autor sueco, nos propone un viaje emocionante, convulsivo y divertido realizado por un anciano que acaba de cumplir cien años, una edad a la que no es muy común una aventura tan disparatada.

El protagonista, Allan Karlsson, un caballero ordenado y correcto, aunque siempre ausente con lo que le rodea, como si estuviera afectado por el síndrome de Asperger, ha vivido una existencia increíble, la cual, al ser recordada durante la odisea final que le lleva desde una nevada y tranquila aldea de Sörmland, Suecia, hasta la calurosa y turística isla de Bali, Indonesia, es tomada como excusa para resumirnos, a grandes rasgos y con dudoso rigor histórico, la crónica de los acontecimientos mundiales más relevantes ocurridos durante el último siglo, ante lo cual, es fácil deducir que el libro está estructurado en dos vías temporales, yendo de una a otra entre el presente, en el que Karlsson decide huir del hogar de la tercera edad en Malmköping, donde está internado, no resignándose a una vida contemplativa y vegetal, y el pasado, del que se nos dibujan sus cien años de vida agitada hasta lo inverosímil, durante la que participó en los momentos más cruciales de la historia, siendo incluso el personaje clave en muchos de ellos… Dos vías tan remarcadas e independientes que, en ocasiones, nos da la sensación de estar leyendo dos novelas diferentes.

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Todo comienza cuando Karlsson, escapándose por la ventana de su habitación, mientras el resto de los residentes y empleados del hogar están alegremente ocupados en la preparación de la fiesta de su cumpleaños, a la que han invitado incluso al alcalde, da inicio a su particular peregrinaje hacia ningún lugar, pues tanto le da ir a un lado que a otro, algo inherente a él, como veremos en el repaso de su vida, llevado por su instinto de huir de aquello que no le agrada, en este caso de la monotonía de la residencia y de esas celebraciones que le aguardan, arreglándoselas para llegar hasta la estación de autobuses, en zapatillas, y apropiándose, circunstancialmente, de una maleta, cuyo contenido le traerá unas consecuencias que no podría imaginar, pues muy pronto, no solo las autoridades, sino también algunos delincuentes, comienzan a perseguirlo, aunque Karlsson, como si ello no fuera con él, consigue esquivarles en numerosas ocasiones y logra hacer nuevos amigos que se apuntan a su escapada, y al reparto del botín, como si de una merienda campestre se tratara e, incluso, arreglándoselas de maravilla para tratar y convencer a los que al final les dan alcance.

Realmente hay momentos bastante absurdos, grotescos y cargados de cierto sentido del humor muy al gusto anglosajón, sobre todo por lo inaudito e inesperado de las situaciones y a costa, en gran parte, de la ridiculización de unos torpes policías frustrados por su incapacidad para encontrar a un hombre de cien años, así como de un grupo de criminales que parece sacado de un guion de los Hermanos Marx o de los esperpentos de Valle-Inclán, aunque sin la ironía de aquellos ni la profundidad de estos, resultando unas aventuras demasiado simples por sus diálogos y sus acciones que dan la sensación de estar pensadas para un programa infantil, y alcanzando el clímax de lo irracional con la aparición del elefante, uno de los muchos personajes secundarios cuya interacción se ve demasiado forzada, por lo que resultan un tanto artificiales, y como ejemplo Herbert Einstein, el supuesto hermano del famoso científico y el único personaje poseedor de humildad e inocencia dentro de una historia donde todos el resto de personajes destacan por su extravagancias, éste también lo es, pero al menos no se jacta de nada. Sin embargo, no hay mucho que objetar a estos recursos cuando ya se ha comprobado que han dado un buen rendimiento en series como Mr Bean, aunque en las historias de Rowan Atkinson el sarcasmo era mucho más evidente ya que el único que se comportaba de forma desusada era el protagonista, en cambio, con esta novela, bien podríamos pensar también que estamos ante una historia estructurada al estilo de una parodia social, lo cual tendría sentido si fuera evidente el destinatario, o destinatarios, de tales críticas, pero eso no está tan claro, y menos cuando el propio autor, Jonas Jonasson, describe al protagonista como “un idiota político, una máquina de matar, un hombre sin moral, no es un hombre común”… sin embargo tampoco el resto de los personajes se comportan como personas normales.

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Cuando hacia el principio vemos como Karlsson, en su juventud, es una víctima más de la política sueca de eugenesia, por ser considerado un inadaptado social, podemos llegar a pensar que el tema va de alguna denuncia sobre las escandalosas series de esterilizaciones llevadas a cabo en Suecia durante mediados del siglo XX, e incluso bastante después, o algo así, pero cuando comprobamos que todo se queda en un simple chascarrillo sin más consecuencias, el cuerpo se nos queda frío, y más cuando utiliza como personajes a líderes de la política mundial de primer orden durante el siglo pasado, lo que podía dar pie a un ataque a la doble moral de los gobiernos, o a la falta de ética de la clase política y, sin embargo, la cosa se queda en una relación de personalidades pueriles y ridículas de la mayoría de esos líderes.

Karlsson es presentado como un hombre despreocupado que toma las cosas tal como vienen y no se queja de las dificultades, todo le da igual y solo se mueve por motivaciones muy simples y primarias: la bebida, la comida o cosas así, claro que eso, a lo mejor, fuera una consecuencia de aquella castración a la que fue sometido por Bernhard Lundborg, el médico y biólogo sueco tristemente famoso por su ideología de higiene racial. En cambio, tenía una gran facultad, por no denominarla obsesión, su afición a las voladuras con cualquier tipo de explosivo, la cual, le facilitará la existencia y le hará ganarse la confianza de varios de aquellos líderes mundiales, comenzando por Francisco Franco, a quien salva la vida, pasando por el presidente norteamericano Truman, con quien descubre el placer de la bebida y a quien la facilita la creación de la bomba atómica, invento que no tardará en revelar al propio Stalin, o bien salvando a la bella esposa de Mao, o participando los hechos históricos más relevantes, como la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial, la revolución maoísta en China, la fallida revolución comunista contra el Sha de Persia, o en el incendio de Vladivostck, del que, según parece, él fue culpable, o en la Guerra de Corea y hasta en la erupción del volcán Kunung de Indonesia, aunque en esta ocasión Karlsson nada tuvo que ver, sin olvidarnos del mayo del 68 francés ni del doble espionaje durante la Guerra fría… Como ya hemos comentado al principio, igual que Forrest Gump, Allan Karlsson es un personaje con la habilidad de estar en el lugar correcto en el momento adecuado, aunque a diferencia de aquél, éste no sea ni cándido ni inocente.

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Pero la culminación, la escapada por la ventana del hogar de jubilados, tiene ya una mezcla totalmente inesperada de acontecimientos, donde Jonasson funde, sin ningún rubor, la novela de intriga aderezada con asesinatos de lo más viscerales, llevados a cabo como por casualidad y casi sin querer, y que a nadie parece provocar el más mínimo remordimiento de conciencia, a modo de guiño estrafalario al más puro cine “gore”, con la “comedia bufa”, tan de moda en estos últimos tiempos donde la ficción lo tiene muy difícil para superar a la realidad en la que ya se ha acomodado el teatro de lo absurdo como forma de convención social por todos admitida, y todo ello revuelto en la comedia al estilo inglés con su multitud de gags sin orden ni concierto que buscan la hilaridad fácil entre los lectores. Y tal vez este ahí agazapado el mensaje de esta novela, que a fuerza de tantas sorpresas y disparates llega a no sorprendernos, por lo que al final nos esperamos cualquier cosa y casi perdemos el interés, lo triste es que en la realidad nos está ocurriendo algo parecido.

En conclusión, El abuelo que saltó por la ventana y se largó se puede definir como una sátira sobre el siglo XX, y del poquito del XXI que llevamos gastado, sin realizar su autor ningún juicio de valor sobre los diferentes hechos acontecidos ni sobre sus actores principales, así como un retrato de la sociedad actual con la intención de ridiculizar sus principios y valores. Si a esto le añadimos que es fácil de leer por su lenguaje sencillo y por su falta de profundidad o análisis y que te hace brotar la risa en muchas ocasiones de forma espontánea, gracias a sus situaciones inverosímiles e inesperadas, no es de extrañar su excelente éxito de ventas.

GUÍA DE LECTURA – NOVELA: El cuaderno de Noah, de Nicholas Sparks

589788416859283El cuaderno de Noah, es una novela de Nicholas Sparks, escrita en 1996, que se centra en un idilio, desarrollado durante medio siglo, entre Noah Calhoun y Allie Nelson, dos jóvenes sureños que se conocieron cuando eran unos adolescentes, pero que debieron superar diversos obstáculos para estar juntos, incluida la desaprobación de la familia de Allie.

La novela la va narrando un hombre de ochenta años que vive en una residencia de ancianos, y él mismo nos advierte, mientras camina por un pasillo en dirección a otra habitación distinta a la suya, que el relato puede ser tomado como una historia de amor o como una tragedia, dependiendo de la perspectiva de cada lector. Al llegar a la habitación, nos encontramos con una anciana enferma de Alzheimer llorando en su cama. Una enfermera hace entrar al anciano y éste toma asiento y comienza a leer de un viejo cuaderno para la mujer quien, poco a poco, va tranquilizándose.

La narración que él lleva a cabo tiene lugar en octubre de 1946, cuando Noah Calhoun, un hombre joven de treinta y un años, que hace un tiempo regresó de la guerra a su ciudad natal, New Bern, en Carolina del Norte, está ultimando los pequeños detalles de la casa comprada con la intención de repararla y vivir en ella, con la única compañía de su fiel perra Clementine. En este instante aparece Allie Nelson, con quien tuvo un breve romance de verano hace catorce años y a la que nunca ha podido olvidar… Pero a partir de aquí ya es cuestión vuestra ir descubriendo la trama…

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Noah Calhoun tiene ochenta años cuando comienza a leer esta historia. Él ha estado viviendo en un hogar de ancianos, que no está lejos de su casa, durante los últimos tres. Está algo maltratado por la artritis, lo que le dificulta moverse, sin embargo, cada día, lee a algunos de los otros residentes con la finalidad de distraerlos o tranquilizarlos, según el caso, siendo su lectura favorita la poesía, un hábito que ha formado a lo largo de los años y cuya afición fue una de las razones por las que Allie se enamoró de él. En su juventud era un hombre fuerte físicamente, sin embargo, suave y cariñoso en lo emocional. No le preocupaba el reconocimiento social ni la fama y prefería sentarse en su porche delantero y leer a Walt Whitman o tocar su guitarra o disfrutar de los pequeños placeres de la vida, como pescar o ir en canoa por el río. Noah se enamoró de Allie cuando tenía dieciocho años y ella quince y, a pesar de salir con otras mujeres a lo largo de los años posteriores, su amor por ella nunca fue igualado. Él no lo admitía conscientemente, pero la añoró todo el tiempo que estuvieron separados. Así, cuando Allie reapareció de repente, se dio cuenta de lo mucho que la había extrañado.

El cuaderno de Noah es, como hemos podido comprobar, una historia de amor entre Noah y Allie, personajes basados en los abuelos de la esposa de Nicholas Sparks, quienes tenían más de esa edad y todavía estaban enamorados. El amor es pues uno de los temas importantes de esta obra, aunque es una historia de amor trágica, sobre todo en los últimos años de la vida de los personajes, ya que Allie ya no puede recordar quién es Noah, lo cual es muy doloroso para él, sin embargo, la expresión de su amor es tan poderosa que incluso los efectos del Alzheimer no pueden mantener los recuerdos sumergidos permanentemente en las profundidades del olvido, algo que los médicos no son capaces de explicar, pues, de vez en cuando, Allie reconoce repentinamente a Noah, incluso en las últimas etapas de la enfermedad. En cambio, esto no es ningún misterio para las enfermeras del hogar, quienes ven ese amor constantemente reflejado en los ojos de Noah, o en la forma en que la atiende con una paciencia infinita, aunque en ocasiones ella, cuando se asusta porque no lo reconoce, le grite y lo rechace y los médicos hagan salir a Noah de la habitación.

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El autor pinta una hermosa imagen de la pasión que estos dos personajes despliegan cuando se conocen y que les insufla el valor necesario para enfrentarse a todos los desafíos que tratan de mantenerlos separados, haciendo a los lectores testigos de las emociones salvajes de Allie y Noah cuando prueban por primera vez su amor, así en como los momentos más tranquilos durante los años posteriores, cuando todo lo que tienen que hacer es agarrarse suavemente de las manos para expresar lo que profesan el uno por el otro.

Otro tema en esta novela es el proceso de envejecimiento durante el que ocurren grandes transformaciones. Noah, que una vez fue un atleta con una constitución muy fuerte, está sufriendo con la vejez. Sus manos están tan contrahechas que apenas puede pasar las páginas de los libros que lee. Su cuerpo está constantemente frío, no importa cuánta ropa use ni cuánto calor vierta el aire acondicionado en su habitación. También tiene un derrame cerebral, por lo que al final de la novela, vemos como se esfuerza por caminar, arrastrando los pies, desde su habitación hasta la de Allie. Y ella va cayendo en una profundidad sin vuelta a medida que pasa el tiempo, y recuerda cada día menos …
Pero, sobre todo, hay un tema que inquieta bastante a muchos lectores y, en especial, a los críticos literarios, el énfasis del libro en la fidelidad y las experiencias de sentimientos amorosos, por lo que muchos califican la novela como simplista e irreal, como sentimental, repetitiva y repleta de lugares comunes, algo que en ocasiones es cierto, sin embargo, no se puede negar que Sparks creó un mundo con el que muchos lectores alguna vez en sus vidas han soñado.

Cuando la historia regresa al presente, en el que Noah es un anciano de ochenta años, los lectores comprendemos lo felices que fueron. Noah y Allie están a punto de celebrar su cuadragésimo noveno aniversario de bodas, son padres de cinco hijos y tienen varios nietos, han vivido juntos en la casa de la plantación, donde naciera su amor aquel verano, Noah siempre apoyó los sueños de Allie de convertirse en artista, como demuestra el hecho de que en su habitación de la residencia cuelguen dos de sus pinturas, así mismo, cuando siente nostalgia del pasado, saca las viejas fotografías y las cartas que Allie le escribió a lo largo de los años, y calma su tristeza. Pero la crueldad del presente solo le permite compartir todo esto con Allie en los pocos momentos fugaces en que ella lo reconoce.

635809535757250980-Spark-Nicholas-credit-to-Warner-Bros.-Entertainment-IncEl cuaderno de Noah de Sparks no siempre disfrutó de comentarios favorables de críticos literarios, como ya hemos comentado, pero los lectores auparon la novela a lo más alto de las listas de libros más vendidos durante más de un año después de su publicación, y en 2004, New Line Cinema produjo una versión cinematográfica, la cual es comparada con otras historias románticas de gran éxito, como Love Story (Historia de amor) de Erich Segal (1970), The Bridges of Madison County (Los puentes de Mádison) de Robert James Waller (1992) o The Horse Whisperer (El hombre que susurraba a los caballos) de Nicholas Evans (1995), todas ellas con similares temas sobre el amor y la pérdida.

El cuaderno de Noah fue la primera novela publicada de Nicholas Sparks, aunque había escrito dos anteriormente, las cuales no han salido todavía del cajón de su escritorio. Pero tras el éxito obtenido con ella, Sparks ha escrito más de una docena, algunas tan conocidas como Mensaje en una botella o Un paseo para recordar, siete de las cuales han sido adaptadas al cine o a la televisión.

GUÍA DE LECTURA – NOVELA: Todo ese fuego, de Ángeles Caso.

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¡No soy un pájaro; y ninguna red me atrapa: soy un ser humano libre con voluntad independiente”
Charlotte Brontë, Jane Eyre

202339_portada_todo-ese-fuego_angeles-caso_201506111158En esta ocasión hemos elegido una novela biográfica en la que, como es normal, se mezclan la realidad y la ficción, pero Ángeles Caso, autora además de la que nos ocupa de otros títulos como: Elisabeth, emperatriz de Austria-Hungría, El peso de las sombras (finalista del Premio Planeta en 1994), Un largo silencio (Premio Fernando Lara en el 2000), Donde se alzan los tronos o Contra el viento (ganadora del Premio Planeta en 2009), ha mezclado ambos condimentos en la proporción adecuada, primando lo histórico sobre lo inventado y ambientando a la perfección el momento descrito tanto con su lenguaje literario como con las descripciones.

Dividida en dos partes bastante diferentes, utiliza la primera para delinearnos con perfectos trazos de su dinámica y amena narración, un día en la vida de las tres hermanas Brontë, concretamente el 16 de julio de 1846, con los sonidos cotidianos durante sus trabajos caseros, con la vieja sirvienta contando sus leyendas, con las ilusiones y fantasías de cada una de las hermanas, con la inquietud sobre el destino de su hermano Branwell, con el peso de la presencia del padre, el rector de la parroquia de Haworth, un pequeño pueblo perdido en el frío y húmedo norte inglés, y con los omnipresentes recuerdos: de amores perdidos, de sueños marchitos y de las hermanas y la madre muertas cuyas tumbas pueden verse al lado de la casa, pero por las tardes se evadían de aquella realidad creando sus mundos inventados. Y en la segunda, meramente informativa, nos va dejando constancia de los ocurrido durante los años posteriores a todos los miembros de la familia.

A medida que avanzamos por sus páginas, nos puede dar la sensación de que es una novela triste, y es así, pues en ella se refleja con bastante fiabilidad la vida de aquellas tres mujeres. Charlotte, Emily y Anne Brontë crecieron en Yorkshire a principios del siglo XIX, una época en la que lo único que se esperaba de las mujeres de clase media, como ellas, era un buen matrimonio, muchos hijos y que fueran capaces de manejar las tareas del hogar y educar a su progenie, además de que fueran unas sumisas esposas y un buen objeto decorativo sentadas en silencio y aprisionadas por sus corsés, mientras el marido se explayaba en sus opiniones en largas conversaciones con los amigos.

Las mujeres eran consideradas físicamente más débiles pero moralmente superiores a los hombres, y de ello surgió la teoría de las “esferas separadas”, mediante la cual, los varones tenían que dirigir el mundo y las mujeres el hogar, y a causa de esto, la influencia de ellas en la familia fue utilizada como un argumento en contra de su derecho a votar.

Las actividades intelectuales, y ya no digamos las físicas, eran exclusivas de los hombres, y lo mismo ocurría con la facultad de expresar sus sentimiento y pasiones. A las mujeres bien educadas solo se les consentía el recato y la discreción, y se les reconocía las habilidades que habían aprendido en los internados: “Una mujer debe tener un conocimiento profundo de la música, el canto, el dibujo, el baile y los idiomas modernos… y además de todo esto, debe poseer cierta cosa en su aire y forma de caminar, el tono de su voz, su dirección y expresiones… (Orgullo y prejuicio cap. 8, de Jane Austin). Pero las hermanas Brontë tenían la puerta de escape de la escritura, donde se permitían crear heroínas capaces de controlar sus propios destinos y sucumbir a las pasiones.

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9788439730101Sin embargo, ellas sabían muy bien que las mujeres que se dedicaban con entusiasmo a las actividades intelectuales, “azules” las llamaban, eran consideradas poco femeninas y desagradables por pretender usurpar la superioridad intelectual “natural” de los hombres. Incluso algunos “científicos” llegaron a asegurar que el estudio tenía efectos perjudiciales en los ovarios… y era muy difícil que encontrasen marido. Así que las tres hermanas escribieron bajo seudónimos masculinos: Charlotte como Currer, Emily como Ellis y Anne como Acton, tres hermanos imaginarios de apellido Bell, por lo que las iniciales seguían siendo las mismas. De esta forma consiguieron que sus manuscritos se publicaran sin ningún problema, aunque en sus novelas, además de los múltiples guiños autobiográficos, siempre dejaban alguna perla suelta, reflejo de su condición femenina. Por ejemplo, en Jane Eyre, Charlotte creó una heroína que definió como “pobre, oscura, sencilla y pequeña”, pero llena de pasión y determinación, íntegra y llena de confianza en sí mismo, y capaz de reivindicar sus derechos como persona: “Se supone que las mujeres son muy tranquilas, en general; pero las mujeres sienten lo mismo que los hombres sienten… es irreflexivo condenarlas, o reírse de ellas si buscan hacer más o aprender más de lo que la costumbre ha considerado necesario para ellas”.

9788420664934Por su parte, Emily, en su única novela, Cumbre borrascosas crea un personaje femenino egoísta, infantil y difícil de amar, Catherine Earnshaw, pero la fuerza de esta historia radica en la pasión y el poder que de ella emana, justo en un momento en que la sexualidad femenina era un tabú, por lo que este libro recibió tantas críticas, pues las mujeres jóvenes, y no tan jóvenes, de aquella época, no tenían más remedio que permanecer castas hasta el matrimonio, si éste llegaba, y ni tan siquiera se les permitía hablar con hombres a solas, a menos que hubiera otra mujer casada delante.

513CUcT15IL._SX327_BO1,204,203,200_Aunque, a pesar de haber sido eclipsada por la fama de sus hermanas, la más joven de las tres, Anne, es la más radical de las hermanas, como podemos comprobar con una de sus figuras femeninas, Helen Graham, la heroína de su segunda novela, La inquilina de Wildfell Hall, quien desafía las convenciones sociales e infringe la ley inglesa del momento al abandonar a su esposo alcohólico y criar ella sola a su hijo, solo por ello, muchos críticos la consideraron como la primera novela feminista. Puede ser que Anne fuese la que más quedó marcada por el hermano, Branwell, en quien toda la familia había depositado todas sus esperanzas, pero que resultó ser un fracasado, alcohólico, mujeriego y violento, pues Anne exploró en sus novelas las consecuencias devastadoras del alcoholismo.

bronte-hermanas-sisters-escritorasEn conclusión, las hermanas Brontë, además de ser tres exitosas autoras, tuvieron éxito en un momento en que las mujeres no tenían mucha libertad, ni en el hogar ni en la sociedad, desafiando las convenciones y abogando en sus novelas, en cierta forma, por los derechos de la mujer:

En Jane Eyre, Charlotte creó un personaje femenino fuerte, una mujer decidida a abrirse camino en el mundo. Trabajando como institutriz, Jane decide huir del señor Rochester, en lugar de convertirse en su amante. Trabajar de institutriz era la única profesión respetable para una mujer soltera, pero ofrecía una vida agotadora y ninguna seguridad. En El profesor y Villette plasmó sus propias experiencias, abogando por mejores opciones profesionales para las mujeres y por el derecho de éstas a poder expresar sus deseos sexuales.

En Cumbres borrascosas, la única novela de Emily, diseñó una protagonista apasionada y repleta de un fuego sexual, por lo que se lamente de su matrimonio respetable, lo que resultó una caracterización femenina totalmente innovadora. Para el lector victoriano esta novela resultaba extremadamente progresista, pues no se esperaba que las mujeres respetables expresaran, ni fueran conscientes, de los deseos sexuales.

En La inquilina de Wildfell Hall, Anne es una mujer maltratada que huye de su marido llevándose con ella a su hijo, impugnando de esta forma una ley de la época que daba derecho a los hombres a la custodia completa de los hijos y el derecho a la propiedad. Las mujeres todavía tardarían diez años, desde que se editó esta novela, a obtener derechos legales limitados tanto en la custodia como en la propiedad. Con Agnes Gray, Anne, al igual que su hermana Charlotte, abordará el papel y el tratamiento de la institutriz en la sociedad victoriana, desde una visión más sombría y menos romántica de los problemas reales.

Sin embargo, las hermanas Brontë no tenían una visión de futuro todavía plenamente desarrollada sobre el papel de la mujer en la sociedad en la que vivían, por lo que no estaban interesadas en conseguir el derecho al voto, pero muchas de las reivindicaciones aparecidas en sus novelas, a pesar de haber sido logradas parcialmente, todavía son una meta a alcanzar en muchas partes del mundo en la lucha por la igualdad de sexos.

GUÍA DE LECTURA – NOVELA: Los cuatro jinetes de la Apocalipsis, de Vicente Blasco Ibáñez.

GUÍA DE LECTURA – NOVELA: Los cuatro jinetes del Apocalipsis, de Vicente Blasco Ibáñez -PDF

Publicada en 1916, en pleno horror de la “Gran Guerra”, Vicente Blasco Ibáñez representó con singular acierto en Los cuatro jinetes del Apocalipsis las distintas fuerzas, intereses y mentalidades cuyo enfrentamiento llevó a la primera conflagración mundial. Estructurada en torno a dos familias -los Desnoyers y los Hartrott- que, aunque provenientes parcialmente de un tronco común, pertenecen cada uno a uno de los bandos en conflicto, la novela discurre ágilmente por los escenarios dantescos de una Europa rota, sobre cuyos desolados campos de batalla el gran vitalista que fue Blasco hace latir finalmente, salvaje e invencible, el deseo de vivir.

En todo tipo de guerra, la primera víctima es la verdad.

9788420652894[1]Vicente Blasco Ibáñez, uno de los más grandes escritores realistas, no solo de España, sino incluso universal, intentó ser fiel a los dos impulsos vitales en que se apoyaba para realizar sus obras: su militancia artística y su militancia social, lo cual le llevó a no pocos conflictos internos, pues mientras que la primera le empujaba a reflejar la realidad con toda objetividad, la segunda le hacía aflorar la subjetividad de un hombre participante convencido en el eterno desarrollo de la lucha social. De ahí que no le faltasen las acusaciones sobre la existencia de un calculado maniqueísmo en sus trabajos.
Los cuatro jinetes del apocalipsis es, tal vez, si no la más importante, una de sus mejores novelas y en ella se reflejan los horrores y errores de la guerra, concretamente la Primera Guerra Mundial, vistos en primera persona, pero no por los combatientes, sino por los espectadores inevitables que la sufrieron sin poder hacer mucho más que sobrevivir, tal y como el propio autor nos dice en la introducción:
“Esta novela la escribí en París cuando los alemanes estaban a unas docenas de kilómetros de la capital, y bastaba tomar un automóvil de alquiler en la plaza de la Ópera para hallarse en menos de una hora a pocos metros de sus trincheras, oyendo sus conversaciones a través del suelo siempre que cesaba el traquetear de los fusiles y ametralladoras, restableciéndose el silencio sobre los desolados campos de muerte”.

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Ya había concluido la batalla del Marne que frenó el avance de las tropas alemanas hacia París y Blasco Ibáñez, recién llegado de Argentina, había colaborado en la defensa de la democracia con lo que mejor sabía hacer, “sus escritos espontáneos a favor de Francia”, cosa que le agradeció el propio presidente de la República, M. Poincaré, en persona, aprovechando ese encuentro para hacerle una petición:
“Quiero que vaya usted al frente -me dijo-, pero no para escribir en los periódicos. Eso pueden hacerlo muchos. Vaya como novelista. Observe, y tal vez de su viaje nazca un libro que sirva a nuestra causa”.
¡Y vaya si lo escribió!…
Leyendo sus páginas, y gracias a su capacidad para reflejar el verismo y la inmediatez de lo que él mismo estaba contemplando, nos vamos introduciendo en una guerra inverosímil, impensable, pero que muchos deseaban. Claro que, a causa de la ideología del autor, los alemanes aparecen inevitablemente como los malos, con su sentimiento de raza superior, su desprecio de los otros pueblos europeos, sobre todo de los mediterráneos, su soberbia al considerarse los destinados para unificar Europa bajo su yugo, y empeño en adoctrinar al resto de culturas… lo curioso es que eso que él describía en 1916, se confirmó trágicamente veinticuatro años después con el infierno de Hitler.
Pero volviendo al principio, fiel a sus ideales artísticos y sociales, y no queriendo apartarse de ninguno, Vicente Blasco Ibáñez habla a través de sus personajes, predominando la observación sobre la acción, llegándonos la mayor parte de las escenas de enfrentamientos bélicos de oídas, pues no las protagonizan los personajes principales, pero son ellos quienes van exponiendo todas las ideas que fluyen de su cabeza y no el narrador en sí, sin embargo, y a pesar de que son todos ficticios, muchas de las situaciones descritas están inspiradas de la realidad:
“El primer capítulo de Los cuatro jinetes del Apocalipsis me lo proporcionó un viaje casual a bordo del último trasatlántico germánico que tocó en Francia”.

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Y en la novela esto mismo le ocurre a Julio Desnoyers, un joven franco-argentino que vuelve a casa tras recaudar las rentas de las tierras familiares en aquella nación sudamericana, y es él quien nos describe lo que en realidad escuchó y vio el propio autor de primera mano ofrecido por los pasajeros alemanes que tenía como compañeros de viaje:
“Les oí hablar con entusiasmo de la “guerra preventiva”, y celebrar, con una copa de champaña en la mano, la posibilidad, cada vez más cierta, de que Alemania declarase la guerra, sin reparar en pretextos”.
La batalla del Marne la describe desde dos posiciones: el París abandonado por el Gobierno que, ante la inminente invasión teutona prevista, se trasladó a Burdeos, de la mano de la familia Desnoyers y su día a día en una ciudad donde se respiraba el miedo, donde se palpaba el silencio, la soledad, la desesperanza, tal como él mismo pudo experimentar:
“Marchando por las avenidas afluentes al Arco del Triunfo, que en aquellos días parecían de una ciudad muerta y contrastaban por su fúnebre soledad con los esplendores y riquezas de los tiempos pacíficos, tuve la visión de los “cuatro jinetes”, azotes de la Historia, que iban a trastornar por muchos años el ritmo de nuestra existencia”.
El París de las estaciones repletas de hombres alegres camino del frente y mujeres y niños llorosos o de ancianos orgullosos, incluso algunos llenos de envidia viéndo partir a sus hijos a defender a la patria. Hijos que muchos ya no volvería y que otros muchos lo harían sin aquella alegría inicial, destrozados físicamente o en lo más profundo de su espíritu.
Y la otra posición era el mismo frente, donde él fue por petición del presidente de la República, desarrollándose esa visita a cargo del viejo Marcelo Desnoyers, en dos episodios, concretamente: uno con la excusa de defender sus posesiones y el otro, cargado de enfrentados sentimientos de culpabilidad y arrepentimiento, arrastrado por el miedo de perder lo único que le queda, su hijo.
Con la guerra llegan los cuatro jinetes del Apocalipsis: la Guerra, el Hambre, la Peste y la Muerte, azuzados por el militarismo prusiano, ese pueblo que, para quienes defendían la razón y la libertad, representaba la fuerza bruta de la caverna y el sentimiento reaccionario más oscuro de Europa. Alemania quería instaurar “el reino de la Bestia”, el retorno de la barbarie, como así lo proclamaba otro de los personajes alter ego del autor, el ruso Tchernoff.
Al igual que éste, el resto de los personajes fueron elegidos con artesanal cuidado para poder encajar la función propagandística evidente que debía tener la novela, sin perder por ello ni ápice de verosimilitud ni realismo:
Marcelo Desnoyers, en su juventud, 1870, huye de Francia a Argentina por causa de su militancia republicana negándose a formar parte del ejército imperial. En aquellas lejanas tierras encuentra trabajo en la inmensa hacienda de un español primario y vital, Madariaga, quien desprecia cualquier atisbo de nacionalismo, pues para él todo hombre es de donde trabaja y funda una familia:
“Fíjate, gabacho: yo soy español, tú francés, Karl es alemán, mis niñas argentinas, el cocinero ruso, su ayudante griego, el peón de cuadra inglés, las chinas de la cocina unas son del país, otras gallegas o italianas, y entre los peones hay de todas castas y leyes. ¡Y todos vivimos en paz! En Europa tal vez nos habríamos golpeado a estas horas, pero aquí todos amigos”.
jinetes[1]Este hombre, además de repoblar sus tierras con los hijos que siembra entre las nativas, tiene dos hijas de su matrimonio con una india, la China, con una se casa Marcelo y con la otra Karl Hartrott, un joven alemán que emigró a Sudamérica en busca de fortuna. Tras la muerte de Madariaga, sus hijas y sus nietos marchan a los países de sus esposos: Francia y Alemania. Ambos no pueden ser más diferentes, pues mientras Desnoyers siente una impulsiva necesidad de proteger sus propiedades y tiene remordimientos, al ver cercana la guerra, por haber desertado en su juventud, Hartrott esta imbuido del pensamiento racista y nacionalista alemán, asegurando que “la guerra es un hecho necesario para la salud de la humanidad”. Y mientras los hijos del segundo buscan su futuro en la carrera militar y en la teorización de la enseñanza, los del primero no pueden ser más dispares, pues Julio, por su lado, carece completamente de conciencia nacional y pretende vivir sin ningún reparo de la fortuna de su padre, dedicándose a la vida bohemia de la pintura, el tango y las mujeres, y Chichi, por el suyo, muchacha fuerte y comprometida, vuelca toda su energía en su amor por René. Pero la guerra todo lo cambia, aunque no voy a profundizar más en la historia para dejaros la puerta abierta a su lectura.
En conclusión, tras acabar la novela, nos queda la amarga evidencia de que es inevitable no responder a la agresión con agresión, de que en este planeta se ha creado una sociedad de sordos donde el diálogo es inútil, pues todos quieren llegar a él mejor posicionados que el otro y entonces forzar las posibles soluciones, lo que nos lleva a la deducción de que no hay parlamento sino extorsión y, lo más triste, llegamos a descubrir que se mata por unas ideas que no son nada más que mentiras, invenciones de quienes mueven los hilos en la oscuridad para pretextar su maldad, haciendo creer a un pueblo, necesitado de convicciones, de que está luchando por algo justo.
Escrito en 1916, con la Gran Guerra todavía en su desarrollo, esta novela pasó casi desapercibida en Europa, pero no así en América y, sobre todo, en Estados Unidos, donde tuvo un éxito espectacular. Ha sido llevada al cine en varias ocasiones.

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Para concluir con la Guía de Lectura, podemos centrar nuestra atención en varios puntos que nos ayudarán a comprender mejor la obra en todo su conjunto:

  1. En la novela, el autor mezcla experiencias personales con escenas totalmente ficticias, pero en ningún momento aparece en la trama como un personaje más, sino que las encubre en diferentes acciones realizadas por distintos caracteres.
  2. En el desarrollo de la novela la observación de los hechos predomina sobre la acción, por lo que todo se percibe y se conoce de oídas, y en las escasas escenas de combates que aparecen, los personajes principales jamás las protagonizan.
  3. El hecho de que la familia central sea de procedencia argentina le da a la historia un punto de distanciamiento que nos permite juzgar los acontecimientos con más equidad y realismo, sin embargo, este recurso tiene una trampa, pues las ideas de Vicente Blasco Ibáñez van apareciendo por medio de ellos y, de esta forma, disimula su verdadera intención.
  4. Al mismo tiempo, sus opiniones negativas sobre los alemanes se demuestra mediante sus palabras y sus hechos.
  5. Los personajes sufren una evidente transformación a lo largo de la novela y, podríamos asegurar, que cuando todo acaba ya no son las mismas personas que al inicio. Este proceso es bastante realista, pues en la vida cotidiana cualquier suceso importante puede modificar conductas y pensamientos.
  6. La idea del nacionalismo es atacada en muchas ocasiones a lo largo de la novela e, incluso, se le culpabiliza de los grandes males de la humanidad, sin embargo, podemos encontrar una contradicción en esta tesis cuando vemos que se defiende el sentido patriótico de la defensa de Francia.
  7. En sus anteriores novelas, Vicente Blasco Ibáñez plantea constantemente las injusticias causadas por la sociedad clasista, en cambio, en esta novela todo eso carece de importancia, al igual que la familia o el amor, y todo se sacrifica ante el interés de la comunidad, por lo que en ella no encontraremos la figura del héroe individual, sino que aquí ese papel le corresponde al pueblo, el cual es un héroe colectivo.
  8. El posible antibelicismo de Blasco Ibáñez no es tal en esta historia, pues parece que es capaz de justificar la guerra y sus muertos dividiéndolos en dos categorías: los invasores y los defensores. Y es irrefrenable la atracción de los uniformes en las mujeres de París…

En 1921, Los cuatro jinetes del Apocalipsis era calificado como el segundo libro más leído del mundo, después de la Biblia, por la revista británica The Illustrated London News, pero su autor comentó: “Yo ni siquiera había sospechado el éxito de Las cuatro jinetes del Apocalipsis. En el año 16 yo estaba en París. La gente me creía rico, pero la verdad es que vivía con mil pesetas al mes”.

GUÍA DE LECTURA: La Templanza, de María Dueñas.

 

18952716_1737665556300147_7133341681939572147_nEs esta una novela de aventuras. Bien argumentada, calibrada en su escritura, trabajada en su documentación y fácil de leer, pero sin sesudas proposiciones trascendentales ni profundos estudios de personalidad ni complicadas evoluciones íntimas o sociales. No, nada de eso encontraremos en sus quinientas treinta y seis páginas, cuya mayor virtud es que fluyen con bastante facilidad, lo cual ya es mucho si lo que buscamos en ellas es un buen rato de evasión. Algunos críticos la han calificado de “novela histórica”, pero yo no estoy totalmente de acuerdo, pues para que así fuera, el argumento de ficción tendría que ubicarse en un momento histórico concreto y hacerse referencias a ciertos acontecimientos o a personajes históricos reales y, en este caso, aunque es cierto que todo se desarrolla en la época decimonónica de mediados del siglo XIX y que se nos describe con cierta fidelidad la forma de vivir de las clases más pudientes de las sociedades burguesas coloniales y jerezana, lo que demuestra que la autora se ha quemado las pestañas investigando, algo que es de agradecer, esto la acercaría más al género costumbrista que al histórico, pues no hay referencia alguna ni a hechos ni a personas reales del momento.
La línea argumental está basada en el camino recorrido por el personaje central, Mauro Larrea, desde su caída, posteriormente su huida hacia lo desconocido, hasta lograr su resurrección de sus propias cenizas, como Ave Fénix. En esto coincide con la tradición clásica del viaje iniciático que va desde la Odisea de Homero, hasta 2001, Una odisea al Espacio de Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick, pasando, entre otras muchas obras, por Don Quijote de la Mancha de Cervantes, pues al igual que en todas ellas, en esta historia aparece un individuo que se verá abocado a tomar conciencia de sí mismo a causa de una situación hostil y desesperada, lo que le llevará a enfrentarse a una serie de situaciones difíciles y complicadas peripecias, las cuales le irán mejorando en su personalidad hasta que, por fin, logrará alcanzar su meta, su Itaca personal y soñada.

 

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Plaza del Zócalo de la Ciudad de México en 1851

 

El protagonista, Mauro Larrea, es un personaje potente y bien diseñado. Hombre maduro y atractivo, emigrado a México donde consigue hacerse con una gran fortuna en el mundo de la minería, eso sí, desde lo más bajo hasta lo más alto, gracias a su tenacidad y su pragmatismo, lo pierde todo a causa de la Guerra de Secesión en los Estados Unidos que impide que le lleguen las máquinas necesarias para explotar una mina de plata y en las que ha invertido todo su dinero, así que no le queda otro remedio que reinventarse y escapar hacia adelante, para ello le pide un préstamo a un repelente prestamista, quien le concede un plazo de cuatro meses para comenzar a devolvérselo con unos intereses desorbitantes, quedando como aval su palacio de Ciudad de México. Y aquí comienza una aventura que le llevará, con su empuje luchador no menguado con los años, y acompañado de la sombra protectora de su indio fiel, Santos Huesos, y de la voz de la cordura, su apoderado Elías Andrade que quedó allá en América, desde la Ciudad de México, a la bullanguera ciudad de La Habana, capital de una Cuba todavía española, donde se le ofrecerán varias oportunidades de invertir con pingües beneficios, pero que, unas veces por la indecisión y otras por el escrúpulo al no querer beneficiarse del dolor de la esclavitud, los va dejando pasar, hasta que el rumbo de su vida dará un giro inesperado a causa que de una partida de billar que le llevará, mediante afortunadas carambolas, hasta el Jerez emprendedor y activo de las grandes familias vinateras que abrieron sus rancias puertas nobiliarias venidas a menos al comercio exterior con los ingleses, antítesis del resto de la España oscura, que se dejaba languidecer mirándose su ombligo imperial y ya abocada al desastre inevitable de finales del siglo XIX.

 

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Una imagen de La Habana colonial

 

Alrededor de éste, pululan una gran cantidad de personajes que, con algunas excepciones, están construidos sin pizca de maniqueísmo, lo que les hace más creíbles, pues todos ellos, tanto los femeninos como los masculinos, intentan salir adelante en sus vidas y hacen lo que sea para conseguirlo, a veces sin ningún escrúpulo.
Mención aparte merecen las mujeres de la novela, aunque entre sí bastante diferentes, todas ellas son fuertes y decididas, desde la hija de Mauro, Mariana, quien a diferencia de su hermano Nicolás, un joven disoluto y aventurero que lleva de cabeza a su padre, es una mujer cabal e inteligente, pasando por su suegra, que todavía pretende seguir ostentando su caduco título nobiliario dentro de la República Mexicana, sin olvidar a Carola Gorostiza, maquinadora, fría y con suficiente pizca de crueldad como para luchar por lo que considera suyo con uñas y dientes, hasta llegar a la seductora Soledad Montalvo, una belleza jerezana casada con un viejo importador inglés, conocedora del negocio del vino, hábil negociadora que no hace ascos a utilizar cualquier recurso para conseguir sus fines.

 

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Bahía de La Habana colonial

 

Naturalmente, no nos sorprendemos cuando surge algo parecido al amor entre Mauro y Soledad, pero a sus edades ya carente del ardor juvenil, de la borrachera de los sentidos, sosegándoles las posibles veleidades el sentido práctico de su relación, por lo que estando presente el tema del amor dentro de la novela, no podemos catalogarla como romántica.
Y ya para concluir, me gustaría hacer notar el juego que da el título de este libro, La templanza, esa virtud cardinal que aconseja moderación con los placeres que nos rodean, no tomándolos en exceso para poder guardar un equilibrio que nos asegure el poder seguir siendo dueños de nuestros sentidos y, por consiguiente, de nosotros mismos. Lo curioso es que Mauro Larrea parte de México en busca de su nuevo destino y lo encuentra en La Templanza, la finca de Jerez donde cultivará sus viñas… ¿No es una bonita metáfora?…

 

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Grabado de una bodega jerezana del siglo XIX

 

GUÍA DE LECTURA: El amante japonés, de Isabel Allende.

 

Es una frase recurrente del pensamiento romántico aquella que afirma que “el amor es eterno”, por desgracia, eso no es categóricamente cierto… la eternidad del amor, como la de cualquier otro sentimiento humano, dura lo que dura el recuerdo… luego llega el momento del desvanecimiento acabando su etérea existencia en el universo del olvido.
Al momento de comenzar la lectura de esta historia escrita por Isabel Allende, es importante tener en cuenta la afirmación precedente pues, si nos dejamos guiar por el título, “El amante japonés”, podría llevarnos al fácil equívoco de la imagen central de una persona en la que confluyen todas las acciones, afectividades y pasiones que en sus páginas se desarrollen, sin embargo, no es así, pues, a pesar de que este personaje esté, en esencia, permanentemente presente durante toda la novela, no es el protagonista de la misma, excepto en los capítulos durante los que se relata partes de su vida y en los pensamientos de aquella mujer que le amó y en la imaginación de quienes lo buscaron entre las sombras del pasado.
De hecho, son tantos los personajes de quienes se nos documenta su biografía: Irina Bazili, cuyo nombre real descubriremos que es Elisabeta, una joven empleada de la residencia de procedencia moldava, y quien acabará llevando gran parte de la carga del argumento; Hans Voigt, el maduro director del centro; Catherine Hope “Cathy”, una doctora incapacitada a causa de un accidente; Alma Blasco, o Alma Mendel, la figura central de la historia; Jackes Devine, el anciano casanova francés; Seth Blasco, nieto de Alma, abogado de éxito, enamorado de Irina y concienzudo cazador de los secretos de su abuela; Ichimei Fukuda, el niño de los “dedos verdes” y el hombre que da título a la novela; Samuel Mendel, hermano de Alma, un hombre que pudo visitar su propia tumba; Isaac Blasco, el tío de Alma, un hombre bueno a pesar de sus riquezas; Nathaniel Blasco, primo y esposo de Alma; Takao Fukuda, padre de Ichimei y Jardinero de Sea Cliff; Haideco Fukuda, madre de Ichimei; Megumi Fukuda, hermana de Ichimei; Lenny Beal, el hombre misterioso y atractivo que se inscribe como nuevo huésped de la residencia de ancianos con la única intención de estar junto a Alma, o Rod Wilkins, el extraño agente afroamericano de la FBI que llega para hablar con Irina… Excluyendo a muchos otros personajes que, no por secundarios, son menos importantes, y es que en esta novela no se cuenta una historia, sino muchas, tal como ocurre en la vida real, que confluyen, directa o indirectamente, en aquella que sirve como hilo conductor.
De esta forma, a medida que vamos avanzando por sus páginas, nos vamos sorprendiendo con la solución de algunos secretos o con la aparición de otros nuevos:

 ¿Quién le escribe una carta semanal, en un sobre amarillo, acompañada de su correspondiente ramo de tres gardenias, a Alma desde que llegó a la residencia?… ¿Por qué?…
 Catherine Hope está cautiva en su silla de ruedas y depende de las atenciones de las demás personas para sobrevivir, pero es ella la persona que aconseja y anima al resto de las almas que residen allí y quien les facilita la medicina que necesitan para su consuelo, afirmando que nunca ha estado más contenta que en ese momento… ¿Por qué afirma eso?… ¿En qué consiste la medicina que tanto anima al resto de residentes?…
 Jackes Devine, el viejo conquistador francés, se enamora de Irina y, al morir, la deja como heredera de toda su fortuna. ¿En qué consiste esa fortuna?… ¿Qué hace ella?…
 Seth, el nieto de Alma, un joven atractivo y con éxito tanto en su trabajo como entre las mujeres, se propone escribir la historia de su abuela, aunque al principio no le hacía demasiada ilusión. ¿Por qué se decide al final a llevar ese proyecto adelante?… ¿Qué es lo que más le atrae de Irina?…
 Alma e Ichimei están enamorados desde pequeños, entonces, ¿por qué rompe Alma con él?…
 En la familia Fukuda, compuesta de cuatro hombres y dos mujeres, son ellas realmente quienes al final toman las decisiones más importantes. ¿Cómo actúa Haideko en el campo de concentración?… ¿Y con el negocio de flores?… ¿Y cuándo Alma corta con Ichimei?…
 Ichimei es el más pacífico de todos los hermanos, entonces, ¿por qué es él quien desentierra la espada de la familia?…
 ¿Por qué Megumi Fukuda se casa pasado los treinta años, a una edad tan mayor para la costumbre japonesa?…
 ¿Por qué hemos afirmado anteriormente que Samuel Mendel, el hermano de Alma, visitó su propia tumba?…
 ¿Qué descubrieron los Blasco, a la muerte de Isaac, sobre lo que había hecho con la mayor parte de las personas que le debían dinero?…
 ¿Cuáles fueron las causas que llevaron a Nathaniel a casarse con su prima?…
 ¿Qué secretos callaba Irina?… ¿Por qué Rod Wilkins era el único hombre a quien dejaba abrazarla?…
 ¿Dónde iba Alma los fines de semana que desaparecía en su coche?…
 ¿Quién era Lenny Beal y por qué llega a la residencia buscando a Alma?…
 ¿Quién era Kirsten y qué misión tenía?…

Son muchas las preguntas realmente que se pueden hacer sobre esta novela, las cuales, al final, van encontrando sus respuestas, pero que nos muestran que ella mantiene la tensión desde el principio hasta el final porque en su desarrollo se van entrelazando diversas historias, abriendo unas puertas y cerrando otras: historias de exilio, historias de la persecución de los nazis hacia los judíos, del holocausto, de la injusticia del gobierno americano hacia los americano-japoneses, de racismo, de intolerancia, historias de triunfos, y de derrotas, de pederastia, de maltrato, de amor, de orgullo, de sexo… de amistad… de muerte…

En ciertos momentos, en ciertos pasajes, me ha venido a la memoria otra novela leída con anterioridad, como Mientras nieva sobre los cedros, del autor norteamericano David Guterson, sobre todo porque en ella también se narra el éxodo de los japoneses residentes en Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, y un amor “imposible” entre dos personas de distinta raza y cultura. Así como no podemos obviar el recurso del “realismo fantástico”, tan empleado en la literatura hispanoamericana, en tres momentos de la historia… ¿sabríais decir cuáles son?…
Pero para completar la guía de lectura me vais a permitir que utilice algunos fragmentos del comentario que sobre este libro hice hace tiempo para la revista El volumen de una sombra (Podéis acceder a él pinchando en la siguiente fotografía):

https://www.ancrugon.com/libros/mis-amigos-los-libros/el-amante-japonés/

El tópico carpe diem se hace más patente e, incluso, más urgente en la vejez, esa época de la vida en que amanecer con cada nuevo día es un milagro y, por lo tanto, una aventura que disfrutar, sobre todo cuando se ama porque, a pesar de lo que se cree, el amor en la vejez es más puro ya que se presenta desnudo, tal como es, un sentimiento honesto, libre de las ataduras de la carne, libre de los afeites de los convencionalismos, libre de los miedos y tabúes, libre incluso de sí mismo. El amor en la vejez es la esencia y no necesita una burda representación que sea reflejada sobre la pared de la caverna para engañar a los humanos, porque cuando se llega a la vejez se está más cerca de la luz que de la materia. Por eso mismo, otra falacia bastante común sobre esa época de la vida queda totalmente al descubierto: el amor, cuando aparece, no se alimenta sólo entonces de nostalgia, ya que ese es su alimento propio a cualquier edad, porque acaso ¿qué es el amor sino un noventa por cien de evocaciones y un diez de realidad?… Sin embargo, en la vejez los recuerdos no forman parte realmente del pasado, sino de un presente intemporal, pero tangible y actual en cada minuto: los espíritus del ayer se acercan tanto que hasta su aliento roza las mejillas…
En la página 278 nos dice la protagonista: “La verdad es que cuanto más vieja soy, más me gustan mis defectos. La vejez es el mejor momento para ser y hacer lo que a uno le place”. Una brava reflexión sobre lo que es madurar, llegar a la cumbre de la existencia: “Esta es la etapa más frágil y difícil de la vida, porque empeora con el paso de los días y no tiene más futuro que la muerte” (197). Sin embargo, no habla de desesperación, ni miedo, ni fracaso porque a fin de cuentas “el amor y la amistad no envejecen” (199).
Pero El amante japonés no es una novela de amor en el ocaso, no, todo lo contrario, ya que el amor está patente en cada una de las etapas vitales de sus protagonistas y es un sentimiento que nació con ellos, en ellos habita y con ellos partirá. De manera que podríamos asegurar que sí es una novela de amor, aunque de amor a la vida.
Bajo el paraguas del argumento central, el del amor joven y eterno de Alma e Ichimei, que en ciertos pasajes me recordó a la novela Mientras nieva sobre los cedros, de David Guterson, aunque con los papeles cambiados, discurren otras variadas historias que recorren el mapa mundial del sufrimiento humano: el genocidio de judíos polacos a cargo de los nazis alemanes, la lucha por abrirse un hueco como país de los hebreos de Israel en Palestina, la incomprensión hacia los japoamericanos durante la Segunda Guerra Mundial y su exilio forzado hacia los campos de concentración de Utha, la lacra de la intolerancia racial, la soledad del amor homosexual clandestino, la explotación sexual de niñas sin infancia, la lenta desintegración de unas vidas en la vejez, la bendición de la amistad, el miedo a la verdad, el dolor de la enfermedad, la lucha por la vida… pero, sobre todo, el amor, el amor que todo lo impregna, que todo lo aplaca, que todo lo suaviza, aunque a veces duela, aunque en ocasiones se disfrace de desesperación, de frustración, de silencio… porque el amor es la única solución.
Para el resumen utilizaremos las palabras de la misma autora: “A los veintidós años, sospechando que tenían el tiempo contado, Ichimei y Alma se atragantaron de amor para consumirlo entero, pero mientras más intentaban agotarlo, más imprudente era el deseo, y quien diga que todo fuego se apaga solo tarde o temprano, se equivoca: hay pasiones que son incendios hasta que las ahoga el destino de un zarpazo y aun así quedan brasas calientes listas para arder apenas se les da oxígeno”.
La novela transcurre entre dos líneas temporales, la que viene del pasado y la que camina por el presente, utilizando como espacio de partida una residencia de ancianos, Lark House, cercana a San Francisco, California, y por este espacio y por aquellas líneas de tiempo se desenvuelven los diferentes personajes: la joven asistenta Irina Bazili, quien llega a ser la confidente de Alma, una enigmática anciana cuya historia será el argumento central, y el amor de su nieto Seth, que pronto iniciará la tarea de escribir el libro de la familia, los Belasco. Pero no sólo están ellos, aunque sean quienes llevan el peso de la narración, sino que a su alrededor emergen un buen número de personas sin cuya participación la novela quedaría totalmente incompleta, comenzando por Ichimei Fukuda, el autor de las cartas, el culpable, si en el amor existe esa figura, de la bella historia que en estas páginas se nos relata, y acabando por Nathaniel, su primo, su amigo, su esposo, y la persona que le descubrió que en el amor no todo son los cuerpos.

NOTA: Las ilustraciones son representaciones de la pintura “sumi-e”, que era, según indica la novela, el arte empleado por Alma Blasco para decorar sus prendas.

GUÍA DE LECTURA: Historia de un canalla, de Julia Navarro.

 

Skyline New York
La afirmación de que el ser humano es bueno por naturaleza es una aseveración bastante peregrina, sin base sólida y que se desmorona fácilmente como un castillo de naipes. En la humanidad, no nos engañemos, lo que predomina es la maldad. Pruebas de ello las tenemos todos los días y a todas las horas. Lo que ocurre es que nuestras facultades perversas no son ejercidas en todo momento y situación, por muchas razones, pero principalmente a causa de la educación recibida, a nuestros sentimentalismos inherentes o por el simple hecho de que los humanos estamos diseñados para ser seres sociales, de manada, y no vamos a quedar apartados de buenas a primeras del grupo por un “quitarme allá estas pajas…”
Pensaréis que o me he vuelto loco o soy demasiado duro con mis semejantes, incluso conmigo mismo, porque de ninguna manera pienso excluirme, pero no, realmente es lo que pienso y, a medida que voy avanzando en edad, las circunstancias me lo van confirmando. Cierto que no todo el mundo es un asesino en potencia, aunque a veces nos llevemos alguna que otra sorpresa: “Pero si parecía una buena persona…” Ni que todos roben, aunque cada vez falta menos para lograrlo con lo de moda que se está poniendo… Ni que todos los hombres vayan por ahí maltratando a las mujeres, aunque de obra no, pero de pensamiento…
libro_1453898913Claro que encontrarnos con un personaje como Thomas Spencer es como conseguir un catálogo completo y esmerado del género perverso: un ser infantil, egoísta, caprichoso, inseguro, envidioso, vengativo, celoso, carente de escrúpulos, incapacitado para los sentimientos… es muy difícil de lograr, además si en él aparece lo que en otras personas podríamos calificar como virtud, la sinceridad, en sus manos se convierte en una terrorífica arma de destrucción masiva capaz de rendir hasta las más resistentes fortalezas. No, el resto de los humanos no somos tan completos ni sofisticados en nuestras dotes malignas, simplemente nos conformamos con poseer algunas, variadas, y desarrollarlas, para darle a nuestra personalidad el punto exacto de sal y pimienta que nos salve de ser catalogados como seres insulsos. Porque no nos equivoquemos, lo que más atrae de los otros son sus pequeñas maldades… aunque luego lo podamos pagar caro.
De hecho, en la novela Historia de un canalla, de Julia Navarro, que es sobre lo que estoy hablando, por si no os habíais dado cuenta, el verdadero canalla es Thomas, pero ¿podríais señalarme, entre la multitud de personajes que aparecen, y es que 863 páginas dan para mucho, alguno que realmente pueda definirse como íntegramente bueno?… Si hasta el prometedor hermanito Jaime tiene su lado oscuro, fijaos cómo pierde la fortuna a causa de su vanidad, ¿y qué me decís de codiciar la mujer de su propio hermano?… y no me lo negaréis que, de tan bueno, amable, comprensivo, cariñoso, abnegado, etcétera, etcétera, no os resulta pastoso…
Todos los personajes, absolutamente todos, ejercen su capacidad para el mal en alguna que otra ocasión, unos porque lo son, aunque no lo habían ejercitado nunca antes de conocer al rey maligno, Thomas, otros porque no pueden más y necesitan devolver los golpes, unos por omisión, otros por beneficiarse, otros por venganza, incluso algunos, por miedo… pero todos, absolutamente todos, coinciden con Thomas en algún que otro artículo de su completo catálogo.

london-skyline2[1]Y es que personas buenas hay pocas, muy pocas, incluso los santos y santas no son todos los que están, pero posiblemente sí estén todos los que son, y los que ejercen como tales, tampoco ostentan este título al completo, pues a más de uno lo han tenido que meter en el santoral con calzador. Y como no somos perfectos, lo cual sería bastante soporífero, nos damos normas, leyes, estudiamos ética y moral y santificamos a aquellos que han conseguido vivir en el camino de la bondad sin parecer tontos, de lo contrario, nos mataríamos como humanos…
Sí, sí, como humanos, no es un error de imprenta, porque yo pienso que deberíamos aparcar ya de una vez frases hechas como la de “esto es inhumano” cuando vemos en el telediario un genocidio o algo parecido, sí, deberíamos dejar de usarlas porque no se ajustan a la realidad, pues lo verdaderamente humano es eso, hacer daño a tus semejantes por hacerlo. Cuando un perro muerde a una persona ponemos el grito en el cielo protestando por el hecho de que no los lleven atados y con bozal… ¿Cómo deberíamos ser llevados entonces nosotros?… Por cada ser humano que muere a causa de un perro, son millares los humano que mueren a manos de otro humano, y ya no digamos perros u otros animales.
Pues de esto va la última novela de Julia Navarro. Algunos, más entendidos que yo, la califican de “novela psicológica”, puede ser, ¿quién soy yo para discutirlo? La verdad es que, a medida que nos vamos introduciendo en ella, nos va aportando cosas en las que pensar, pero, lo curioso, es que simplemente nos va exponiendo eso mismo que vemos todos los días si ponemos la tele, o escuchamos la radio, o leemos la prensa, o sencillamente salimos a la calle, o lo sufrimos en nuestras propias carnes… Así que yo le daría un calificativo más metafórico, el de “novela espejo”.
Varios son los temas que aparecen en ella, aunque, sin discusión, la maldad es el número uno y sobre él gira todo el argumento, pero no estaría de más echarle un vistazo a esos otros que he creído vislumbrar entre sus numerosas páginas. Por ejemplo, la corrupción. Está ahí, desde el principio al fin, como algo natural, como algo que debería enseñarse en las academias de economía, lo cierto es que en la de Paul Hard es la asignatura principal, pero es que da la impresión de que en esta sociedad la corrupción se ha convertido en una herramienta imprescindible para poder llegar a triunfar, para ser alguien, para tener un nombre, para ganar dinero, influencia, poder… incluso para pegar un polvo… No me extrañaría ver algún día manuales al uso con el título “Cómo llegar a ser un corrupto ejemplar” o “Hágase un maestro de la corrupción en pocos meses…” ¿Y las consecuencias?… ¡Bah!… Simples daños colaterales…
Otro muy esgrimido es la mentira. Sí, la verdad está obsoleta, da pena, no vende… Nadie llega a ser congresista, o ministro, o presidente de lo que sea diciendo la verdad… se le iban a reír en su cara. El único pecado que tiene la mentira, y que puede costar muy caro si nos descuidamos, es que te pillen. Lo ideal es saber mentir, es lo que está de moda… miente que algo queda… y a ver como lo limpian luego… La verdad se ha quedado relegada para las películas románticas de batín, cafecito o chocolate, y clínex. Para la vida, para la lucha diaria, para poder salir a la calle, hay que saber disimular, adular, falsear, embaucar, aparentar, fingir, disimular, ocultar, enredar, confundir, inventar, fantasear… es decir, mentir. Sólo así se garantiza un gran futuro en aquella empresa que desees alcanzar, sea económica, académica, política o religiosa. Con la verdad, mejor te quedas en casa. ¿Y las consecuencias?… ¡Bah!… Simples daños colaterales…
Otro tema, bastante importante, es el desamor. No el amor, no, no, el desamor. Enamorarse es un error, trae quebraderos de cabeza, problemas, complicaciones… El desamor es más pragmático, pues se le parece en el brillo, incluso para el sexo parece más efectivo, y no compromete a nada. En la novela no se enamora casi nadie y, las pocas personas que lo hacen han tenido que sufrir las consecuencias. Se percibe como que el amor es algo imperdonable, de hecho, ¿no os ha ocurrido alguna vez que habéis declarado vuestros sentimientos y habéis perdido una amistad?… Además, el amor y los negocios son totalmente incompatibles, un tándem inadecuado, y ya no digamos el amor y la política, o la pretensión de un ascenso rápido donde sea… El amor es una losa y hacer algo por amor, tarde o temprano, le revienta en la cara a los personajes de esta historia. ¿Qué es eso de amor filial, o fraternal, familiar o lo que sea?… Nada, losas y más losas que aplastan a quienes lo siente. ¿Y las consecuencias?… ¡Bah!… Simples daños colaterales…
El cuarto tema importante es el pasado. El pasado es traidor, le gusta contar cosas inoportunas que afectan al presente, incluso al futuro. Lo que ocurre es que todo el mundo tiene un pasado… Y mucha gente tiene memoria… Y algunas personas saben utilizar el pretérito de los otros en beneficio propio… No importa quién seas ahora, ni lo que hayas hecho por los demás, ni los sacrificios que hayas realizado en tu vida, no, nada importa… Cuando el pasado regresa, aquello que parecía ya olvidado te escupe en la cara y te revienta en las manos… y todo se da la vuelta. ¿Quieres tumbar a un contrincante más poderoso que tú?, busca en su basura que igual ayer tiró algo que puedas utilizar en su contra. Del pasado solo vienen fantasmas capaces de hacer mucho daño. ¿Y las consecuencias?… ¡Bah!… Simples daños colaterales…
Pero no podemos olvidarnos de la hipocresía, esa bruja obstinadamente falsa que siempre viaja de la mano de su amiga inseparable, la cobardía. Ambas, tanto monta, monta tanto, son esgrimidas por las personas que, como en el caso de Thomas, rodean a un líder malo malísimo para medrar con él y, cuando la cosa se tuerce, el malo es el culpable. Le tienen miedo, le odian, les da asco, pero ahí están, chupando de la teta y besando la mano que les hace ricos, aunque de vez en cuando les de también algún tortazo. ¿Y las consecuencias?… ¡Bah!… Simples daños colaterales…

Skiline_madrid_muralesyvinilos_39870443__Monthly_XXL[1]Y el poder. ¿Qué me decís del poder?… El poder es la mayor pornografía de la sociedad, ¿o deberíamos decir “suciedad”?… Eso es lo que le pone a Thomas, por él tortura, por él golpea, por él atesora una fortuna para poder seguir ejerciéndolo, por él odia, por él desprecia y por él nunca se pone al frente de ninguna candidatura política, porque sabe que el poder no está en los que ganan las elecciones, sino en quienes manejan los hilos para hacerles ganar, en las empresas publicitarias, en los gurús del presente que son capaces de hacer cambiar la opinión de las masas de la noche a la mañana. Y para el poder trabajan los buscadores de tesoros en los mares del pasado, los hechiceros del desamor, los domadores de la mentira, los ingenieros de la corrupción, las mariposas del miedo y la hipocresía, en fin, toda la curia de sacerdotes del mal.
Sí, Julia Navarro me ha hecho pensar en todo esto porque con su novela me ha puesto un espejo y, más todavía, cuando ha ido intercalando párrafos en cursiva donde el protagonista versiona lo que hubiera ocurrido si él hubiera actuado bien… Han sido insufribles, tanto que he acabado por saltármelos, lo reconozco. Sin embargo, al ver que la inmensa mayoría de la gente ha hecho lo mismo, me he dado cuenta de cuál era la misión de ellos en la novela: demostrar que la bondad nos aburre.
No considero Historia de un canalla como la mejor novela de Julia Navarro, ni mucho menos. Juzgo que está lejos de Dispara que ya estoy muerto o Dime quién soy, con cuyas historias disfruté, aprendí y saboreé el placer de la lectura. Sin embargo, Historia de un canalla me ha hecho preguntarme muchas cosas y replantearme otras, lo cual siempre es molesto, aunque interesante y productivo. Sobre todo, me he dado cuenta de que esos “daños colaterales” que se desprenden de nuestros actos no nos resultarán siempre gratis, pues algún día encontraremos la horma de nuestro zapato, que hurgará en el cubo de nuestro pasado, y nos los hará pagar con creces.
Felices lecturas.