GUÍA DE LECTURA. POESÍA: Haikus, la poesía sencilla.

GUÍA DE LECTURA. POESÍA: HAIKUS (Descarga en PDF)

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El haiku es la principal expresión poética propiamente japonesa, ya al margen de la influencia cultural china del principio de su historia o de las nuevas tendencias occidentales de la actualidad; su tono bucólico es apropiado para las descripciones de la naturaleza o el paisaje, aunque es un gran vehículo expresivo del sentimiento y las sensaciones.
La poesía, al igual que el resto de las artes japonesas, se nutre de la estrecha relación del pensamiento japonés entre la creación y la intuición filosófica como método de expresar la realidad, en la que, como enseña la rama de la doctrina budista denominada zen, mayoritaria en este país, todo, incluso el objeto más insignificante y humilde, tiene un significado y un alma sagrada y en cada tarea, en cada trabajo, estudio, creación o actividad, se hallan insertadas misteriosas fuerzas invisibles, los kami, representaciones abstractas y etéreas, presentes en todos los actos cotidianos de la vida y favorecedores de los mismos, que representan lo divino y, cuyo conjunto, forma la religión nacional llamada sinto, siendo una de las máximas de ella la armonía con la Naturaleza y la búsqueda de la sustancia de las cosas, por lo cual, el principal elemento de su arte en general: pintura, arquitectura, poesía, música, jardinería o, incluso, la ceremonia del té, es el vacío, la paz interior, por lo que esta búsqueda, que veremos bien reflejada en los haikus, se caracteriza por su simplicidad de formas, de austeridad y pobreza en los elementos empleados en la creación artística.
El haiku debe tener como temática la transformación de un instante en algo místico, por ello la naturaleza es tan importante, porque de ella sacamos las impresiones que nos manifiestan lo divino y la expresión de los sentimientos más profundos. De ahí su sencillez, porque la sencillez es belleza, la sencillez está más cerca de lo eterno, pero el ser humano necesita mucha preparación y destreza para comprenderla y llegar a percibirla, y no digamos en dominarla sin caer en la nada, cegado como está por las magnas manifestaciones de la ostentación y lo superfluo, así pues, el haiku debe resultar breve, tan solo 17 sílabas repartidas en tres versos, sin rima, de 5 – 7 – 5, aunque esto puede ser flexible si el número de sílabas no excede ni alcanza en una cantidad elevada a la norma, hay que tener en cuenta que los japoneses utilizan la unidad fónica denominada mora, que es más breve que la sílabas.

b96e63680d78688d376c7c355785e384Este camino
nadie ya lo recorre,
salvo el crepúsculo.
Matsuo Basho (1644-1694)

 

 

 

 

 

El haiku suele poseer una palabra o expresión que haga referencia a la época del año a la que se refiere el poema, es decir, un kigo. Aunque no es una norma obligada. Algunas veces puede estar muy claro:

a9c4a3551e4f5634c4a64f94ee4ab22d El Año Nuevo:
clarea y los gorriones
cuentan sus cuentos.
Hattori Ransetsu

 

 

 

 

 

Pero en otras no tanto, por ejemplo, en el siguiente el kigo es la palabra “crisantemo”, porque está flor aparece al principio del otoño:

2010072604510900000001690000040868No hablan palabra
el anfitrión, el huésped
y el crisantemo.
Oshima Ryota

 

 

 

El haiku habla de la vida cotidiana y describe escenas de la naturaleza, quedando el “yo” al margen, puesto que el actor no nos habla de sí mismo, sino del acto, de aquello que ocurre a su alrededor, evitando utilizar el verbo “ser”, y de esta forma, mediante la expresión de una inquietud, reconocemos también al poeta y las impresiones que le causan a su persona y las emociones que siente:

41e52d2f66d9f29de732479de97519cdY de repente
una hoja tardía
vuela del árbol.
Pedro José Merlos Navarro

 

 

 

 

 

Por último, el haiku debe tener un lenguaje sencillo y natural, sin recargos ni adornos de ningún tipo, pues no se busca la belleza en las palabras, sino que se pretende que las palabras puedan expresar la belleza que vemos o percibimos:

171562pintura_japonesa_11dos mujeresPrimer amor.
Se arrima al farol,
cara con cara.
Taigi (179 – 1771)

 

 

 

 

HAIKUS DE OTOÑO

GUÍA DE LECTURA: Brindis y versos, de Joaquín Sabina

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Se dice que Joaquín Sabina nació un 12 de febrero de 1949, y debe ser verdad; además que lo hizo en el municipio jienense de Úbeda, capital de la comarca de La Loma; que estudió en un colegio de Carmelitas y en otro de Salesianos, aunque no podamos creerlo, y que ya de jovencito leía a Fray Luis de León, a Jorge Manrique, a José Hierro, a Proust, a Joyce y a Macusse, lo cual ya nos cuesta más aceptar.
Se dice que formó una banda de adolescentes con un nombre tan equívoco como Merry Youngs con la única intención de destrozar las canciones de Elvis, Chuck Berry o Little Richard, entre otros; que se graduó en Filología Románica por la Universidad de Granada, puede ser, aunque algunos nieguen la calidad de sus versos, y que se metió en tantos líos por el pecado de ser rojo durante la dictadura de Franco e ingresar un cóctel molotov en una sucursal bancaria, por lo que, a los diecinueve años, tuvo que ser detenido por su propio padre, a la sazón comisario de policía, y al poco no le quedó más remedio que exiliarse, rebautizado como Mariano Zugasti, a tierras de la Pérfida Albión… y esto nos resulta más creíble.
Se dice que en Inglaterra comenzó a escribir sus primeras canciones, que colaboraba con clubs de exiliados, que montaba obras de teatro por el gusto de crear polémicas y que, en su casa, daba refugio a algún esporádico etarra, aunque luego se arrepintiera de ello y lo publicase a los cuatro vientos en las páginas de Interviú: “la izquierda de este país, a la que orgullosamente he pertenecido y creo pertenecer, debiera pedir perdón por su complacencia con ETA durante muchos años. Yo tuve en mi casa de Londres a etarras y era una gente encantadora que pegaban tiros en la nuca, algo que nos parecía una cosa muy graciosa en ese momento. Y hacíamos mal. Porque de aquellos polvos vinieron estos lodos. Así que creo que la gente como yo está muy obligada a estar muy en contra y a decirlo muy alto por cobardes que sean. Y yo lo soy como el que más” … Y seguramente podremos admitirlo.


Y de él se dice que ha sido un ángel con alas negras, un profeta del vicio, un héroe en las barricadas, un ocupa, un esquirol, un rey de los suburbios, una flor del precipicio, un cantante de orquesta y el Dylan español, un vendedor de humo, un juglar del asfalto, un rojo de salón, alguien que esconde la pasión o la perfuma, alguien que ha quemado sus naves y no sabe pedir perdón, un suicida o bala perdida, un santo beodo y un hombre que ha defraudado a todos empezando por él mismo… pero Joaquín Sabina lo niega todo: “Lo niego todo, / aquellos polvos y estos lodos, / lo niego todo / incluso la verdad”.
Se dice que cantó en un cumpleaños de George Harrison y éste le dio cinco libras, que se gastó en la barra de algún bar… es posible; que Bob Dylan le prohibió interpretar la versión de su Man gave names to all the animals (In the beginning) porque Sabina la tituló Con su bikini, o que Antonio Flores consiguió el número uno de los 40 Principales con su Pongamos que hablo de Madrid, y que tiene dos hijas…
Se dice que cuando ibas a sus conciertos era como jugar a la lotería, pues igual ni lo veías, y de ello doy fe; que al principio cantaba en el café La Mandrágora con Javier Krahe y Alberto Pérez, y que ha lanzado discos como churros con títulos que dicen mucho de su vida: “Inventario”, “Malas compañías”, “Ruleta rusa”, “Juez y parte”, “Hotel, dulce hotel”, “El hombre del traje gris”, “Mentiras piadosas”, “Física y química”, “Esta boca es mía”, “Yo, mí, me, contigo”, “Enemigos íntimos”, “19 días y 500 noches”, “Ciento volando de catorce”, “Dímelo en la calle”, “Alivio de luto”, Vinagre y rosas”, “La orquesta del Titanic” o “Lo niego todo”.
Se dice que, a pesar de todo, es un hombre con muchos amigos y muchas mujeres, de muchas protestas y reivindicaciones, de premios y de ventas… y todo puede ser verdad, aunque él lo niega todo…


Sin embargo, todavía tenemos sus poemas para descubrir la realidad de sus palabras:

Brindis y versos
I
Brindo por las guitarras despeinadas,
por los adúlteros sin indulgencia,
por los pecados contra la prudencia,
por los escombros de la madrugada.
II
Brindo por los abuelos sin medallas
que no cuentan batallas a sus nietos,
por las abuelas que zurcen y callan,
por la acuarela, el thriller, el soneto.
III
Brindo por Medellín, por Guanajuato,
Isla Negra, Macondo, Guatemala,
Región, Santa María, Chiapas, Comala,
la rumba, el son, la cumbia, el vallenato.
IV
Hoy brindo por los sabios despistados,
los parados, los santos inocentes,
los que luchan con uñas y con dientes
los que se rinden, los desconsolados.
V
Brindo por los yogures caducados,
por los pecados que cometería,
por la alegría del desesperado,
por los premiados con la lotería.
VI
Brindo por los amores clandestinos,
por el sudor con uñas y con dientes,
por los fans de al pan pan y al vino vino,
por el tímido, el raro, el impotente.
VII
Brindo por los pecados veniales,
por el orgullo de los vagabundos,
por la morfina de los moribundos,
por el idioma de los animales.
VIII
Brindo por la memoria sin olvido,
por la lluvia que empapa a los amantes,
por las alas del pájaro sin nido,
por los heridos, por los caminantes.
IX
Brindo por el negrito sin patera
por la sangre torera de Morante
por el grito del blues de la frontera
por los mares del sur, por el Levante.
X
Brindo por los que brindan con cualquiera
que tenga un corazón noble y caliente,
por las fatigas de la buena gente,
por el swing que derrochan tus caderas.

A esta serie de poemas, Brindis y versos, hay que añadir el que dedicó Sabina a su amigo y compañero Javier Krahe justo al cumplirse el primer aniversario de su muerte. De él diría el propio Joaquín el día de su fallecimiento: “Hoy la poesía, la decencia y el saber vivir están absolutamente de luto”:

Brindo por la razón del imprudente,
por las cartas de amor de los soldados,
por el voto con dos dedos de frente,
contra el olvido de los olvidados.

Guía de Lectura. Poesía: “Hombres necios que acusáis”, de Sor Juana Inés de la Cruz

HOMBRES NECIOS QUE ACUSÁIS… Descarga en PDF

REDONDILLAS:

“ARGUYE DE INCONSECUENTES EL GUSTO Y LA CENSURA DE LOS HOMBRES QUE EN LAS MUJERES ACUSAN LO QUE CAUSAN”

Hombres necios que acusáis
a la mujer, sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis;

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis
para prentendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión, ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende?,
¿si la que es ingrata ofende,
y la que es fácil enfada?

Mas, entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?

¿O cuál es de más culpar,
aunque cualquiera mal haga;
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

¿Pues, para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.

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“Yo no estudio para saber más, sino para ignorar menos”.

juana_ines_3Se dice que este poema, escrito en redondillas, es la primera manifestación feminista de la historia… Tal vez sea cierto o tal vez no, pero el caso es que su autora, Sor Juana Inés de la Cruz, una monja mexicana del siglo XVII, una mujer rebelde e incómoda para los altos cargos eclesiásticos de la época, erudita, estudiosa, autodidacta y aplaudida entre el mundillo mujeril coetáneo, fue una tenaz valedora de los derechos de la mujer.

Nacida en la población mexicana de San Miguel de Nepantla, en 1651, fue, lo que hoy en día se consideraría, una niña prodigio, pues con tan solo tres años de edad ya sabía leer y escribir perfectamente y, a los catorce, pasó a ser dama de la esposa del virrey, en cuya corte brilló por su sabiduría, su enérgica inteligencia y su talento para versificar. En 1667, debido a su deseo de “no tener una ocupación fija que pudiera restringir mi libertad de estudio”, según sus propias palabras, y a pesar de poseer una escasa vocación religiosa, ingresó en un convento de carmelitas descalzas, donde sólo permaneció cuatro meses por problemas de salud, aunque, dos años más tarde, se enclaustraría definitivamente en otro convento de la Orden de San Jerónimo.

Pero su celda, lejos de ser un lugar de retiro y meditación, se convirtió en un punto de reunión de poetas, intelectuales y damas con inquietudes poéticas y literarias. Allí se realizaron, también, investigaciones y experimentos científicos, se compusieron piezas musicales, obras de teatro, ensayos, poemas e, incluso, estudios filosóficos, atesorando entre aquellas cuatro paredes, una considerable biblioteca.

En respuesta a un escrito en prosa de Sor Juana Inés sobre un sermón de un jesuita portugués, el obispo de Puebla escribió: “Carta de Sor Filotea de la Cruz”, aconsejándole que se dedicase a las cosas propias de su condición de monja y mujer, por lo que ella le contestó con: “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz”, donde reivindicaba el derecho de las mujeres a poder aprender y a opinar, respuesta que pudo causarle muchos problemas y a causa de la que tuvo que deshacerse de la biblioteca y dedicarse a la vida monástica a tiempo completo.

juana_inesEl estilo literario de Sor Juana Inés de la Cruz no puede ser más representativo del Barroco, pues está a caballo entre el culteranismo gongorino y el conceptismo de Quevedo, sin embargo, su perspicacia, agudeza, penetración y originalidad, le han hecho mantener una personalidad propia por encima de los movimientos y corrientes poéticas.

Escribió de todo: astronomía, filosofía, humanidades, artes… y literatura (prosa, poesía, teatro). Su poesía es mayoritariamente profana, utilizando diversos versos y estrofas: redondillas, liras, endechas, sonetos… destacando en estos últimos donde conseguiría una calidad digna de compararse a Calderón o el mismísimo Góngora, como podemos comprobar en el siguiente ejemplo:

Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias, atractivo,
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes, satisfecho,
de que triunfa de mí tu tiranía:
que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.

Sus temas preferidos son el amor, donde alcanzaría sus mejores logros, la mística, en cuyos argumentos brillaría su capacidad de razonamiento, y el psicológico o didáctico, como el poema que nos ocupa. Así mismo, no debemos olvidarnos de sus villancicos, muy populares en su tiempo, y el largo poema escrito en silvas, “Primer sueño”, sobre el conocimiento humano.

Sor Juana murió en 1695, durante una epidemia de cólera de devastó México, mientras cuidaba de sus compañeras enfermas.

El poema que hemos elegido consta de dieciséis estrofas de cuatro versos octosílabos cada una, rimando en consonante con el esquema: abba, es decir, son redondillas. En casi todas las estrofas aparecen encabalgamientos, o bien entre el primer y segundo versos, o entre el tercero y el cuarto, que marcan una pausa a la hora de leerlos.

Como buen ejemplo del Barroco, podemos encontrar bastantes muestras de figuras retóricas, como las siguientes a nivel morfosintáctico: el retruécano (la que peca por la paga / o el que paga por pecar), el apóstrofe (¿Por qué queréis que obren bien / si las incitáis al mal?), el paralelismo (quejándoos, si os trata mal / burlándoos, si os quieren bien), preguntas retóricas (¿cuál mayor culpa ha tenido / en una pasión errada: / la que cae de rogada, / o el que ruega de caído?), subrayando en todos estos ejemplos la hipocresía moral del hombre y su desprecio hacia la mujer, porque este es un poema satírico que quiere ridiculizar la doble moral de la sociedad de su tiempo que permite a los hombres seducir a las mujeres, pero, si éstas ceden, las acusan de livianas, una sociedad de hombres que subliman la imagen ideal de la mujer decente, aunque luego insisten para que ceda ante sus deseos, como podemos ver en la siguiente antítesis: (Y después de hacerlas malas / las queréis hallar muy buenas).

En conclusión, lo que pretende demostrar Sor Juana Inés de la Cruz es que es el hombre quien conquista, por lo tanto, la culpa es suya y no de la mujer, por lo que les aconseja que se dejen seducir por ellas y entonces podrán criticar.

“Sin claridad no hay voz ni sabiduría”.

El último trato, de Rabindranath Tagore.

El último trato Descarga en PDF

Una mañana iba yo por la pedregosa carretera,
cuando espada en mano, llegó el Rey en su carroza.
“¡Me vendo!”, grité. el Rey me cogió de la mano y me dijo:
“Soy poderoso, puedo comprarte.” Pero de nada le valió su poderío
y se volvió sin mí en su carroza.

Las casas estaban cerradas en el sol del mediodía
y yo vagaba por el callejón retorcido
cuando un viejo cargado con un saco de oro me salió al encuentro.
Dudó un momento, y me dijo: “Soy rico, puedo comprarte.”
Una a una ponderó sus monedas. Pero yo le volví la espalda y me fui.

Anochecía y el seto del jardín estaba todo en flor.
Una muchacha gentil apareció delante de mí, y me dijo:
“Te compro con mi sonrisa.” Pero su sonrisa palideció
y se borró en sus lágrimas. Y se volvió sola otra vez a la sombra.

El sol relucía en la arena y las olas del mar rompían caprichosamente.
Un niño estaba sentado en la playa jugando con las conchas.
Levantó la cabeza y, como si me conociera, me dijo:
“Puedo comprarte con nada.” Desde que hice este trato jugando, soy libre.

EL ÚLTIMO TRATO

“El último trato” es un poema, compuesto por Rabindranath Tagore, en dieciséis versos blancos que transmite un poderoso mensaje contra el mundo materialista donde todo lo que parece importante es el poder, el dinero o el deseo, pensando que esas son las cosas que pueden hacernos felices, olvidándonos de que la simplicidad y la inocencia son los bienes más supremos de todos.

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El poema comienza con una metáfora que claramente alude a la vida: “iba yo por la pedregosa carretera”, y estaba en plena juventud: “una mañana”, la época de buscar líderes, héroes, grandes metas donde demostrar nuestro valor, y en eso, se le aparece “el Rey”, con sus dos distintivos más emblemáticos del poder: la fuerza de las armas con las que doblegan al pueblo: “espada en mano” y el hecho de que es transportado por ese mismo pueblo: “en su carroza”, y entonces el “yo” se le ofrece: “¡Me vendo!”, pero el poder, por muy fuerte que sea, no puede poseer nada más que cuerpos, nunca almas, nunca pensamientos, nunca la razón de cada uno. Así que no le quedó más remedio que seguir su camino, acarreado por sus súbditos y sin el “yo”, pues él sabe que, además, el poder llega un momento en que se acaba y no sirve para encontrar lo que realmente busca.

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En la segunda estrofa llegamos a la madurez de la vida: “en el sol del mediodía”, donde todo se vuelve complicado y el “yo” tiene que trabajar con dureza para abrirse camino: “las casas estaban cerradas (…) y yo vagaba por el callejón retorcido”. Es entonces cuando nos tientan las riquezas, representadas en este caso por: “un viejo cargado con un saco de oro”, imagen del codicioso y el avaricioso: “una a una ponderó sus monedas”, que no ha hecho otra cosa en su existencia que atesorar, pero que, llegada la vejez, le sirve de poco porque está solo ya que no puede ofrecer otra cosa que dinero a los demás, y cuando el dinero se acaba, ya no queda nada, por lo que el “yo”, viendo que eso no le sirve para lo que busca, se va.

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En la vejez, “anochecía”, lo que más se anhela es el universo de los sentidos, que poco a poco se van perdiendo, por lo que la belleza se percibe con más nitidez, como algo que dentro de poco ya no podremos disfrutar: “jardín todo en flor”. Entonces el “yo” es tentado por “una muchacha gentil”, con el significado de “hermosa, agradable…”, la cual le quiere comprar con su “sonrisa”, pero el “yo” sabe que todo deseo material, una vez conseguido, se aplaca, se consume y desaparece, por lo que tampoco le sirve para lo que anda buscando.

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Finalmente llegamos a un nuevo amanecer, pues “el sol relucía en la arena y las olas del mar rompían caprichosamente” (observemos el contraste entre los paisajes de la primera estrofa y ésta), donde “un niño”, la inocencia, “sentado en la playa”, en contacto directo con la tierra, con la naturaleza, “jugando con las conchas”, la sencillez, las cosas más simples, “levantó la cabeza y, como si me conociera”, ausencia de miedo, franqueza, naturalidad, “me dijo: ‘Te compro con nada.’” Y esta gran oferta, no pudo resistirse, pues el “yo” que se tenga aprecio y conserve algo de dignidad, sabe que no tiene precio, por mucho que quienes están acostumbrados a tasarlo todo digan lo contrario, y entonces, solo pueden venderse por nada, pues, de esa forma, es la única manera de conseguir su propia libertad. La lujuria, la codicia y el poder son incapaces de crear personas libres, pues siempre serán esclavos de su propia obsesión y estarán muy lejos de la verdadera felicidad.

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Rabindranath Tagore nació en Calcuta el 6 de mayo de 1861. Fue educado en su propia casa hasta que, más tarde marchó para estudiar a la University College de Londres. Fue poeta, dramaturgo, novelista, narrador, filósofo y un constructor de su patria. Fundó una escuela en Shantiniketan, Bengala Oriental, que más tarde se convirtió en una universidad internacional conocida como “Rabindra Sangeet”. Es el autor del himno nacional de la India, el “Jana Gana Mana”, y recibió el Premio Nobel de Literatura en 1913, siendo el primer autor asiático en conseguirlo.

Para terminar esta guía, se me han venido a la mente estos versos de Benjamín Franklin, los cuales, creo, que encajan perfectamente con el tema que hemos tratado:

Piensa en tres cosas:

         de dónde vienes,

                   a dónde vas

                            y a quién debes tener en cuenta.

 

Felices lecturas.

“Vivo sin vivir en mí…”, de Teresa de Ávila

Vivo sin vivir en mí,
y de tan alta vida espero
que muero porque no muero. 

Vivo ya fuera de mí
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí;
cuando el corazón le di
puse en él este letrero:
que muero porque no muero. 


Esta divina prisión
del amor con que yo vivo
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero. 

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero. 

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga.
Quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero. 

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo, el vivir
me asegura mi esperanza.
Muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero. 

Mira que el amor es fuerte,
vida, no me seas molesta;
mira que sólo te resta,
para ganarte, perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero,
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba
es la vida verdadera;
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva.
Muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero. 

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios, que vive en mí,
si no es el perderte a ti
para mejor a Él gozarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.  

PDF: “Vivo sin vivir en mí…”, de Teresa de Ávila

Prácticamente obligatorio era hoy, aprovechando la lectura de la novela de Fernando Delgado, Sus ojos en mí, traer a debate un poema de Teresa de Cepeda y Ahumada, más conocida como Santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila. Y ya dispuestos a ello, qué mejor que leer los tan citados, glosados y conocidos versos de “Vivo sin vivir en mí”.

Mucho se puede decir de Teresa de Ávila. Pero vayamos por partes antes de comentar el poema: nacida en Ávila en 1515 y fallecida en Alba de Tormes en 1582, durante su vida fundó las carmelitas descalzas, una rama de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Es importante este detalle para entender su obra, ya que la tradición de la orden se inspira en el espíritu contemplativo de la vida eremítica, fundamentado en el desprendimiento y en la contemplación. Ello, unido al legado de los franciscanos, podría explicar por qué la espiritualidad de sus miembros consigue alcanzar tan altas cotas, sobre todo, si nos fijamos en dos de los grandes místicos, no solo de la literatura española, sino universal, que pertenecieron a ella: San Juan de la Cruz y Teresa de Ávila.

“Vivo sin vivir en mí…” es un poema místico. Esto quiere decir que trata de expresar, haciendo uso de las posibilidades poéticas y simbólicas del lenguaje, la experiencia y los sentimientos del poeta-místico durante el éxtasis sufrido en su proceso de unión íntima con la divinidad; Dios, el dios de los católicos, en este caso. Especifico porque existe mística en prácticamente todas las culturas.

Esa experiencia es inefable, es decir, no puede ser traducida a lenguaje convencional, ya que ni siquiera el propio místico la comprende ni la puede comunicar porque su inmensidad desborda cualquier categoría humana. Ante esta insuficiencia del lenguaje, únicamente es posible recurrir al lenguaje poético y a sus procedimientos más poderosos: la comparación o símil y la alegoría.

Muy claramente se observa en el poema de Teresa de Ávila otro procedimiento que persigue llevar al extremo las posibilidades significativas del lenguaje: la paradoja, que funciona al unir dos ideas aparentemente contradictorias por naturaleza con la finalidad de buscar un sentido profundo tras ellas: “Vivo sin vivir en mí / y tan alta vida espero / que muero porque no muero”. Todo el poema está recorrido por ellas, hasta el punto de que el final de cada estrofa, como en salmodia, se repite el verso “que muero porque no muero”, en un intento de reflejar de manera constante dichas contradicciones, obligando al lector avanzar sobre el propio lenguaje para buscar una interpretación fuera de la lógica racional.

Santa Teresa encuentra en ese mecanismo un modo de trasladar la experiencia mística en negro sobre blanco: ¿A qué se refiere, por lo tanto, con ese vivir afuera? Pronto lo señala: “Vivo ya fuera de mí / después que muero de amor; / porque vivo en el señor, / que me quiso para sí”. Desde el inicio, está claramente marcado el cariz místico del que hablábamos anteriormente. De manera recurrente se repite este motivo, en ocasiones atravesado por otras imágenes con mucho recorrido en la tradición, como es el de la prisión: “Esta divina prisión / del amor con que yo vivo / ha hecho a Dios mi cautivo, / y libre mi corazón; / y causa en mí tal pasión / ver a Dios mi prisionero / que muero porque no muero”.

Teresa de Ávila se lamenta de su encierro en esta vida y persigue la esperanza de que al final del camino pueda unirse definitivamente con la divinidad: “¡Ay, qué larga es esta vida! / ¡Qué duros estos destierros, / esta cárcel, estos hierros / en que el alma está metida!” o “Ay, qué vida tan amarga / do no se goza el Señor! / Porque si es dulce el amor, / no lo es la esperanza larga”.

Hasta el final de la composición, Teresa de Ávila juega con la idea de unión con la divinidad después de la muerte. Al final, incluso, lo explicita abiertamente en la penúltima estrofa: “Aquella vida de arriba / es la vida verdadera; / hasta que esta vida muera / no se goza estando viva”. Este recorrido, tan marcado en una misma dirección, finaliza con un estruendo final. En apenas tres versos y tras una pregunta dirigida a Dios, Santa Teresa dicta: “Quiero muriendo alcanzarle, / pues tanto a mi Amado quiero,  / que muero porque no muero”.

P.D.1: Teresa de Jesús. Una vida de experiencia mística.

Capítulo 1:

Capítulo 2:

“Y aún así, me levanto”, de Maya Angelou

Tú puedes escribirme en la historia
con tus amargas, torcidas mentiras,
puedes aventarme al fango
y aún así, como el polvo… me levanto.

¿Mi descaro te molesta?
¿Porqué estás ahí quieto, apesadumbrado?
Porque camino
como si fuera dueña de pozos petroleros
bombeando en la sala de mi casa…

Como lunas y como soles,
con la certeza de las mareas,
como las esperanzas brincando alto,
así… yo me levanto.

¿Me quieres ver destrozada?
cabeza agachada y ojos bajos,
hombros caídos como lágrimas,
debilitados por mi llanto desconsolado.

¿Mi arrogancia te ofende?
No lo tomes tan a pecho,
Porque yo río como si tuviera minas de oro
excavándose en el mismo patio de mi casa.

Puedes dispararme con tus palabras,
puedes herirme con tus ojos,
puedes matarme con tu odio,
y aún así, como el aire, me levanto.

¿Mi sensualidad te molesta?
¿Surge como una sorpresa
que yo baile como si tuviera diamantes
ahí, donde se encuentran mis muslos?

De las barracas de vergüenza de la historia
yo me levanto
desde el pasado enraizado en dolor
yo me levanto
soy un negro océano, amplio e inquieto,
manando
me extiendo, sobre la marea,
dejando atrás noches de temor, de terror,
me levanto,
a un amanecer maravillosamente claro,
me levanto,
brindado los regalos legados por mis ancestros.
Yo soy el sueño y la esperanza del esclavo.
Me levanto.
Me levanto.
Me levanto.

PDF: “Y aún así me levanto”, de Maya Angelou

De Maya Angelou dicen que nació en una familia norteamericana de1 pasado esclavo. Sus antepasados, llevados desde países de África central hasta Estados Unidos, pasaron duros años trabajando de sol a sol en la recolección de algodón. Y sin embargo,  su abuela, Annie Henderson, fue una de esas increíbles excepciones que durante la Gran Depresión consiguió, pese a ser afroamericana, prosperar económicamente. Hija de un matrimonio roto, vivió bajo los abusos sexuales de su padrastro hasta que este fue asesinado, probablemente, por su propia familia. Tras varios traslados a lo largo y ancho de Norteamérica, Maya Angelou comenzó una militancia activa durante los años cincuenta y sesenta en el Movimiento por los Derechos Civiles, junto a Martin Luther King y Malcom X (ambos asesinados por segregacionistas blancos). Durante su adolescencia, trabajó de camarera, de prostituta, de bailarina en clubes nocturnos y de cantante. Per Angelou consiguió superar los escollos y marchó, como periodista, a cubrir los procesos de descolonización de Egipto y Ghana. En 1982 consigue una plaza de profesora en la Universidad de Winstom-Salem, en Carolina del Norte. Sus autobiografías y poemas fueron enormemente celebrados, como una muestra de la resistencia frente a la opresión a la que eran sometidas las personas de raza negra en Estados Unidos, y se convirtió en una de sus principales portavoces.

Aunque su prosa ha sido más estudiada y aclamada que su poesía, 2algunas de sus composiciones en verso han llegado a ser verdaderos himnos para la comunidad afroamericana. “Y aún así, me levanto” es uno de ellos. Probablemente, su poema más conocido y traducido, más leído  y recitado. Un grito ante la insumisión, una bocanada de aire y, a la vez, un alegato a favor de la resistencia: Tú puedes escribirme en la historia /con tus amargas, torcidas mentiras,/ puedes aventarme al lodo / y aún así, como el polvo… me levanto”.

Maya Angelou resume en estos versos su militancia y su pensamiento, las creencias por las que luchó durante toda su vida contra xenófobos y homófobos de todos los rincones del mundo. A ellos, les lanza unas preguntas que apuntan directamente a sus carencias que les obligan a refugiarse en ideologías retrógradas: “¿Mi descaro te molesta?/ ¿Porqué estás ahí quieto, apesadumbrado?/ Porque camino
como si fuera dueña de pozos petroleros/ bombeando en la sala de mi 3casa…”. Y tras cada una de ellas, un grito que es una forma de rebelión: “Como lunas y como soles,/ con la certeza de las mareas, /como las esperanzas brincando alto, / así… yo me levanto”. Su ánimo no decae pese a las trabas a las que es sometida, porque siempre queda la risa y la felicidad frente a las injusticias: ¿Me quieres ver destrozada? / cabeza agachada y ojos bajos, / hombros caídos como lágrimas, / debilitados por mi llanto desconsolado. // ¿Mi arrogancia te ofende? / No lo tomes tan a pecho, / Porque yo río como si tuviera minas de oro / excavándose en el mismo patio de mi casa”. Ese y aún así yo me levanto aparece a lo largo del poema como un leitmotiv que se repite y resuena como un eco que invita a sumarse a la lucha por la igualdad: “Puedes dispararme con tus palabras, / puedes herirme con tus ojos, / puedes matarme con tu odio, / y aún así, como el aire, me levanto. // ¿Mi sensualidad te molesta? / ¿Surge como una sorpresa / que yo baile como si tuviera diamantes / ahí, donde se encuentran mis muslos?”.

Hacia el final, el poema redunda en estos ecos y transita las vergüenzas del pasado y del presente, a la vez que se abre hacia las reivindicaciones que han ido apareciendo a lo largo de los versos anteriores: “De las barracas de vergüenza de la historia / yo me levanto / desde el pasado enraizado en dolor / yo me levanto / soy un negro océano, / amplio e inquieto, / manando / me extiendo, sobre la marea, / dejando atrás noches de temor, de terror, / me levanto, / a un amanecer maravillosamente claro, / me levanto, / brindado los regalos legados por mis ancestros”. Y de nuevo, en los últimos versos, gritan las mismas voces que acaban resonando en nuestros oídos una vez finaliza el poema: “Yo soy el sueño y la esperanza del esclavo. / Me levanto. / Me levanto. / Me levanto”. Seguimos.

P.E. 1: Maya Angelou recitando “Still I rise” (Y aún así me levanto):

“Romance de la muerte del Cid”, Anónimo

Banderas antiguas, tristes,

de victoria un tiempo amadas,

tremolando están al viento

y lloran, aunque no hablan.

Sonaban las roncas voces

de las destempladas cajas,

y los pífanos, soberbios,

calles y plazas arrancan.

Estaba el Campeador

humilde y manso en la cama,

y sujeto a la inclemencia

de la vengativa Parca.

Hizo traer las reliquias

de las victorias pasadas,

y mandó que le truxesen

sus compaíieras espadas.

Y desque fueron traídas

levantábase en la cama;

tomándolas en sus manos

les dijo aquestas palabras:

“¡Colada y Tizona mías,

no colada, mas calada

por mil contrarios arneses

y por mil contrarias armas!

¿Cómo os hallaréis sin mí?

¿A quién os dejaré en guarda

que no manche vuestro honor,

pues que tan fácil se mancha?”

Y luego, en diciendo aquesto,

mandó que a “Babieca” traigan.

que quiere verle primero

que comience su jornada.

Entró el caballo más manso

que una corderilla mansa:

abriendo los anchos ojos,

como si sintiera, calla.

“Ya me parto, caro amigo;

quien os gobierna, ya falta.

Quisiera pagaros bien,

pero recibid por paga

que con los fechos que he fecho

será inmortal vuestra fama.”

Y no diciendo más que eso,

la muerte tira una jara…

PDF: “Romance de la muerte del Cid”, Anónimo

Aprovechando la ocasión que nos brinda hoy la lectura de una novela histórica que nos retrotrae hasta la Edad Media, quiero recuperar una parte de la literatura popular de mayor difusión en el medievo y de gran influencia en la historia literaria posterior. Hablo, evidentemente, de las poesía de romancero.210px-portadaromancero

El romance es una composición de origen medieval, anónima y escrita con el verso más tradicional de la poesía castellana: el octosílabo. Estas construcciones eran perfectas para su difusión oral, ya que la longitud del verso y su ritmo facilitaba enormemente su memorización. Hay diversas teorías sobre su origen. Quizás, la más popular de ellas cuenta que estas poesías tenían un origen popular (quizás desgajadas o inspiradas en los cantares épicos de gesta, como el Poema de Mío Cid) y se transmitían de generación en generación, sirviendo en muchos casos para dar a conocer hechos relevantes de la historia medieval de la Península Ibérica. A caballo entre el siglo XV y XVI, algunos autores cultos los recopilaron en cancioneros y romanceros que han permitido preservarlos hasta nuestros días. Así pues, teniendo en cuenta el componente de noticiario histórico de los mismo, es muy común encontrar romances dedicados a figuras heroicas como el Cid, Carlomagno o Bernardo del Carpio, entre otros, así como de temática fronteriza (esto es: de la relación entre musulmanes y cristianos durante la conquista; no la reconquista, grave equivocación terminológica demasiado anclada por siglos de uso). Pero no sólo se cultivaron romances históricos, sino también de tipo amoroso o lírico, de tipo foclórico o satírico, incluso los llamados vulgares o ciegos, que narraban hechos sensacionalistas o bandoleristas).

El romancero (entendido como el conjunto de romances recopilados y transmitidos a lo largo de los siglos de forma oral y, posteriormente, recogidos por escrito) ha tenido una grandísima influencia en la literatura posterior a la Edad Media. Góngora, Quevedo o Cervantes lo cultivaron; fue muy popular en el Romanticismo (tan propicio a rescatar lo medieval sumándole un plus gótico y exótico), gracias al Duque de Rivas; pero también en la Generación del 27, con Lorca como gran cultivador en su Romancero Gitano. Este conjunto, recibió el nombre de Romancero romancenuevo y la diferencia principal es su transmisión por escrito y la ampliación temática y formal (ya no sólo vamos a poder hablar de romances en octosílabo, sino en otros versos y adjuntándoles otras formas tradicionales, como la letrilla o los estribillos). Pero la influencia del romancero no se limitó a la literatura española. Principalmente, los poetas medievalizantes europeos del Romanticismo se dejaron mecer por sus versos: el francés Víctor Hugo, autor de Los Miserables y de Nuestra señora de París, escribió varios poemas inspirados en esta tradición, Betty Paoli, escritora vienesa, fue autora de un Romancero en 1845, como también el filósofo y escritor alemán Heinrich Heine.

Así pues, nos encontramos ante una de las formas populares de creación poética de mayor recorrido en la historia de la literatura española. Son miles los romances escritos desde época medieval hasta la más estricta contemporaneidad. Hoy, aquí, vamos a leer un romance de tema medieval aprovechando la lectura de Las memorias del Infante Fortuna, de Rafael Martín Artíguez, novela en forma de diario que, como ya hemos podido ver, recupera los sucesos acaecidos durante la denominada Guerra de los Tres Meses, entre el Duque de Segorbe, Enrique de Aragón (el Infante Fortuna), y la población de la ciudad por la oposición de los segorbinos a depender de un señor feudal. Al fin y al cabo, la construcción de ambas obras de ficción no dista demasiado: si bien es verdad que la novela está mucho más trabajada desde el punto de vista histórico y son centenares los detalles que su autor ha tenido que recuperar en antiguos archivos y bibliotecas, no es menos cierto que en ambos casos la historia, como toda obra de ficción, está más o menos “decorada” de artificios diversos.

El poema elegido para su lectura hoy es el “Romance de la muerte del Cid”, perteneciente a uno de los ciclos, el dedicado a Rodrigo Díaz de Vivar, que más material literario inspiró en los siglos posteriores a sucidcampeador muerte. Son centenares los romances sobre su vida y sus gestas, las más de las veces ficticios, tal y como ha demostrado la historiografía. Existió un Cid real, histórico, pero también uno literario capaz de las mayores heroicidades. Ambos se confunden en un gran revuelto de hechos, hazañas, guerras, traiciones, amores y promesas, que hacen muy difícil distinguir la realidad de la ficción. El presente romance, cuya sencillez no exige un gran comentario del mismo, narra el instante de la muerte del héroe castellano quien, “humilde y manso en la cama” pide que le traigan las reliquias de sus victorias pasadas. Primero, las espadas, Colada y Tizona y, segundo, a Babieca, su caballo, fiel y valiente compañero de andanzas al que le dice, a modo de disculpa, “quisiera pagaros bien, / pero recibid por paga / que con los fechos que he fecho / será inmortal vuestra fama”. Y es cierto lo que dice el poema: Colada, Tizona, Babieca y el propio Cid, inmortales gracias a la literatura, gracias a la difusión oral de las mismas durante le Edad Media en forma de cantares de gesta o de romances. Sea como sea, la tercera vida de la que hablaban en el medioevo, representada en unos versos y recuperada, muchos siglos después, por nosotros.

P.E. 1: “Romance del Conde Niño”, anónimo de los siglos XV-XVI musicado por Paco Ibáñez

P.E. 2: Conocido romance de Luis de Góngora musicado por Paco Ibáñez

EL REMORDIMIENTO, de Borges

EL REMORDIMIENTO, descarga en PDF

He cometido el peor de los pecados

que un hombre puede cometer. No he sido

feliz. Que los glaciares del olvido

me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego

arriesgado y hermoso de la vida,

para la tierra, el agua, el aire, el fuego.

Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente

se aplicó a las simétricas porfías

del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.

No me abandona. Siempre está a mi lado

la sombra de haber sido un desdichado

 

remorse-or-sphinx-embedded-in-the-sandBorges escribe este soneto en endecasílabos tras la muerte de su mejor amiga y su camarada más fiel, su madre, ocurrida el 8 de julio de 1975, y lo publicó en el diario La Nación pocos días después de este suceso.

Hombre de personalidad insaciable, siempre fue detrás de un imposible, tanto en sus ideales artísticos, como en aspiraciones filosóficas, incluso en su realización como ser humano. Por lo cual es fácil llegar a comprender que la insatisfacción fuera una de sus compañeras más asiduas, y la frustración le acechase por los rincones, incluso en los espejos que tanto temía: es difícil contemplarse a uno mismo tal como es…

Su variedad de intereses era casi incalculable y, como bien dice el refrán de la sabiduría popular, “quien mucho abarca, poco aprieta”, por lo que a cada nuevo descubrimiento se abrían nuevas dudas que se iban acumulando hasta el infinito, haciendo su búsqueda irrealizable. La creación de su mundo fantástico, subjetivo y metafísico le supuso, seguramente, un enorme esfuerzo: investigación, exploración, estudio, argumentación, deducción… una vida dedicada por entero al universo literario e intelectual. Su obra no es de fácil comprensión a causa de la constante simbología utilizada, en muchos casos totalmente personal, pero ahí también radica la fascinación que provoca en numerosos escritores, estudiosos y críticos literarios, porque este universo, cuando lo penetras, te atrapa.

El propio Borges se definió a sí mismo en los siguientes términos: “No soy ni un pensador ni un moralista, sino sencillamente un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura”.

hqdefaultPero, ¿y la vida?… ¿Se debe ceñir la existencia a esta labor agotadora e irrealizable?… ¿Se encuentra la felicidad en el logro de esas metas que todo estudioso se plantea?… La respuesta es complicada porque lo absoluto no existe, nuestro paso por la vida está compuesto por pequeños lapsos de tiempo, por diminutos instantes, inapreciables flases que se van acoplando unos con otros hasta formar nuestra historia. Nada es duradero y ni mucho menos eterno, por ello es muy posible que aparezcan momentos de vacío, esos en los que se piensa que todo lo que se ha hecho no vale para nada, que se ha desaprovechado el tiempo y has tirado las oportunidades por la borda… pero eso también depende del momento y del entorno y de otros factores que se nos escapan porque no dependen de nosotros. Sí, es difícil responder a las anteriores preguntas, pero de lo que no cabe ninguna duda, es que Borges hizo lo que quería hacer y llegó, como suele ocurrir, hasta donde pudo, pero en relación con el resto de los mortales, bastante lejos.

Así pues, este poema simplemente refleja el estado de ánimo de su autor en un momento determinado de su vida en el que estaba afectado por algo que se escapaba de su propia voluntad. Todo él rezuma una profunda tristeza y un amargo sentimiento de fracaso, y siente remordimientos por ello, por no haber cumplido las expectativas de felicidad que sus padres pusieron en él… Suele ocurrir cuando perdemos a un ser querido que aparezca un cierto sentimiento de culpa, tal vez porque se nos han quedado en el cajón del olvido tantas cosas por decir, tanto por dar, mucho por hacer, y nos embarga una sensación de impotencia insoportable, y tal vez entonces nos damos cuenta de lo puramente humanos, y por lo tanto frágiles y limitados, que somos…

Lo curioso de “El Remordimiento” es que, al contrario de lo que ocurre con gran parte del resto de su obra, se entiende perfectamente y podemos empatizar con él, percibir lo que siente. Sin embargo, esto no era muy común en sus creaciones poéticas, como ya he remarcado, pues Borges fue en su juventud un ultraísta ferviente, cuando reducía la expresión poética al uso casi exclusivo de la metáfora, construyendo las frases sin nexos ni prácticamente adjetivos y creando y sintetizando imágenes que estimularan la sugerencia en el lector, como podemos comprobar en el titulado “Mañana”:

 

Las banderas cantaron sus colores

y el viento es una vara de bambú entre las manos

El mundo crece como un árbol claro

Ebrio como una hélice

el sol toca la diana sobre las azoteas

el sol con sus espuelas desgarra los espejos

Como un naipe mi sombra

ha caído de bruces sobre la carretera

Arriba el cielo vuela

y lo surcan los pájaros como noches errantes

La mañana viene a posarse fresca en mi espalda.

28-2-2011-1-17-11-cebccebc

“Poema de despedida para mi hermana”, de Elena Medel

En cuanto a las despedidas, apenas existen gestos más allá
de las pancartas: abrazos y lágrimas en el control de seguridad,
una cámara para que el momento exista
tras el regreso. ¿Tú qué prefieres? Wislawa, por favor, reza
por ella. De pequeña te confundían con un niño
por el pelo corto y la sangre en las rodillas. Tienes una cicatriz en el labio superior
porque te caíste al servirnos la merienda. Al crecer te cambiaron el nombre:
alguien te llamó Pentecostés. Todas las lenguas
las conoces                       tan sabia como un dios.

Bestia del norte, ahora vivirás a ciento ochenta grados: cuando yo actúe,
tú en mi oposición. Del dolor ‒tú también, Celan, reza por ella‒,
aquí no nos enteraremos: finge que todo marcha bien. También yo fingiría
que todo marcha bien. Podría aconsejarte. De pequeña
te confundían con un animal porque golpeabas con furia
y después rumiabas estiércol y perdón. Tienes aún el deje de quien hace
y luego piensa. Al crecer te dejaste la melena larguísima. Quién te imaginara
en aquellos días salvajes como ahora               quién te imaginaría
en aquellos días salvaje como un dios.

Voy a velar tus libros y tu ropa; voy a velar desde mi adolescencia
para que no te ocurra lo que a mí. ¿Tú qué prefieres
guardar en la maleta? He recogido los zapatos, he tocado su suela
demasiado fina. El dolor, te lo recuerdo: representa
bien. Sé cómo se hace. De pequeña te confundían con una de esas fábricas
que encadenan turnos y humo. Tus ojos
azules encendidos. Como un niño que sangra y como un
animal que muerde: así te exigen otros
así te exigen xxxxinmisericorde como un dios.
Quizá algún día desconozcas esta lengua.
Por si acaso, buen Yeats, por favor, reza con ella.

Autor: Raúl Molina

PDF:

Poema extraido de – Medel, Elena (2015): Un día negro en una casa de mentira (1998-2014), Madrid, Visor, pp. 194-195.

Adiós, au revoir, tchau, arrivederci, la revedere, auf wiedersehen, tot ziens,medel-elena-foto vi ses, favel, ha det bra, totsiens. En ocasiones, tenemos la sensación de que la vida es eso que pasa entre despedida y despedida hasta que alguna se convierte en definitiva. Preferimos un hasta luego a un adiós (las más de las veces), igual que preferimos un nos vemos pronto a un hasta nunca (habitualmente). Decía el maestro: “Esos labios que saben a despedida, a vinagre en las heridas,  pañuelo de estación”. Y es que, todo tiene en esta vida su principio y su final, aunque nos cueste aceptarlo. Elena Medel, poeta precoz (publicó Mi primer bikini con apenas diecisiete años en 2002), comprometida (ha participado, entre otras muchas acciones, en el documental feminista de Sofía Castañón Se dice poeta) y reconocida (varios libros y cuadernos después, se hizo con el prestigioso Premio Loewe en 2014 por Chatterton, poemario al que pertenece esta composición), afirma: “En cuanto a las despedidas, apenas existen gestos más allá / de las pancartas: abrazos y lágrimas en el control de seguridad, / una cámara para que el momento exista / tras el regreso ¿Tú que prefieres?”. Nos habla de la marcha de su hermana y encomienda su cuidado a sus personales dioses de la poesía: “Wislawa, por favor, reza / por ella”, “Tú también, Celan, reza por / ella” y “Por si acaso, buen Yeats, por favor, reza con ella”. Wislawa Szymborska, poeta polaca galordonada con el Premio Nobel en 1996; Paul Celan, poeta alemán de origen judío, cuya obra y pensamiento ha influido enormemente en la cultura posterior a la II Guerra Mundial con composiciones como “Shibboleth” o “Todesfugue”;  William Butler Yeats, poeta inglés, Premio Nobel de Literatura en 1923.

Medel imagina la conversación con un tú que es su propia hermana, ladespedidas viajera, la exiliada por causas que no acabamos de atisbar ¿una denuncia, quizás, de la precariedad de la juventud, obligada a marcharse en busca de un trabajo en condiciones?: “De pequeña te confundía con un niño / por el pelo corto y la sangre en las rodillas. Tienes una cicatriz en el labio superior / porque te caíste al servirnos la merienda”. Navega entre recuerdos personales y va perfilando, a la vez, el retrato de su compañera de viaje u el suyo propio: “Al crecer te cambiaron el nombre: / alguien te llamó Pentecostés. Todas las lenguas / las conocer tan sabia como un dios”. Ella, esa “bestia del norte” cuya ausencia es una herida que sangra en la distancia “a ciento ochenta grados: cuando / yo actúe / tú en mi oposición. Del dolor […] aquí no nos enteramos: finge que todo marcha bien”. No hay como la lejanía para activar los recuerdos felices de una infancia que se aleja a sesenta segundos por minuto: “De pequeña / te confundían con un animal porque golpeabas con furia / y después rumiabas estiércol y perdón”. Sí, se aparta, pero permanece: “Tienes aún el deje de quien hace / y luego piensa”. El monólogo dramático del yo lírico oscila entre un presente imposible de asir y un pasado coagulado en la memoria: “Al crecer te dejaste la melena larguísima. / Quién te imaginara, / en aquellos días salvajes como ahora / quién te imaginaría / en aquellos días salvajes como un dios”.

Con la marcha de un ser querido, creamos fetiches; elementos que se convierten en símbolos de la falta. A veces, apenas un ligero aroma, otras, un lugar, un espacio o un objeto: “Voy a velar tus libros y tu ropa; voy a velar desde mi adolescencia / para que no te ocurra lo que a mí. ¿Tú que prefieres / guardar en la maleta? He recogido los zapatos, he tocado su suela / demasiado fina”. En ese divagar fino, va hilando reflexiones personales con detalles vividos, salta de uno a otros como salta nuestra imaginación cuando la ponemos en marcha: “El dolor, te lo recuerdo: representa / bien. Sé cómo se hace. De pequeña te confundían con una de / esas fábricas / que encadenan turnos y humo”. Quedandescarga materializados en estos versos, suavemente, la denuncia social propia de los poetas jóvenes y entusiastas. Buena parte de la poesía joven que se escribe hoy en España (lo vimos ya con Ben Clark) destila estas proclamas o, mejor, las puntea en un discurso que surge a partir de lo particular, de detalles concretos que forman parte de la experiencia del poeta, para dar el salto hacia lo social. Es lógico que así sea en una sociedad que tradicionalmente, y ahora si cabe de forma más marcada, expulsa a la juventud hacia los márgenes. Y, sin más, continúa con su vagabundear, siempre con ese tú en el horizonte: “Tus ojos / azules hendidos. Como un niño que sangra y como un / animal que muerde: así te exigen / otros así te exigen inmiseridorde como un dios”. Como un dios, sí, pero como un dios que puede llegar a perder la identidad al insertarse en un espacio que no es el suyo. Y es que no hay muestra más palpable de ello que el olvido de lo que es propio y que nos moldea como seres humanos: “Quizá algún día desconozcas esta lengua”. Y al fin, una plegaria o, más bien, una demanda de ayuda a quienes ella considera compañeros, luces en el horizonte: “Por si acaso, buen Yeats por favor, reza con ella”.

“‘Hijos de la bonanza nos llamaban…”, de Ben Clark

“Hijos de la bonanza” nos llamaban:
los que no conocieron ni la hambruna
ni las agudas larvas de estridencia
chillando en el oído por las bombas.
Y cuando nuestras piernas tan delgadas
caían y sangraban porque el parque
era de un hormigón armado y frío,
se quedaban callados, observando
nuestro llanto con un gesto de sorna.

Debíamos vivir y dar las gracias
por la ocre rozadura en la garganta
que provocaba el aire al refugiarse.
Agradecer las flechas de las nubes
y que un fango lechoso a nuestros pies
-en un último gesto agonizante-
le mordiera las botas al progreso.
¿Y cómo agradecerles la alegría?
La risa provocada por los hombres
inocentes del mar
cuando se encaminaban hacia el río
dispuestos a bañarse entre excrementos.

También estaba el tedio
de tener que explicarles a los niños
palabras como pueblo indio, oso
pardo, ballena azul o lince ibérico.
Pero esto eran minucias, sacrificios
en nada comparables al sufrido
por aquellos que ahora nos decían
“hijos de nuestra sangre”, tan severos.

Aunque, a veces, es cierto, no era fácil,
simplemente intentamos ir viviendo.
Haciendo caso omiso al comezón,
al vacío que moraba en nosotros,
hijos de la bonanza;
los hijos de los hijos de la ira,
herederos de todos los despojos.

Autor: Raúl Molina

PDF: ‘Hijos de la bonanza nos llamaban…”, de Ben Clark

thumbSomos Europa y parece que ya nada irá mal. Somos Europa y nos enorgullecemos. España avanza a pasos agigantados: años setenta, ochenta, noventa, dos mil. Es inaudito: nuevos derechos, nuevas libertades, mercado global, democracia, etc. Sobre ruedas. Y entre tanto, nuevas generaciones van naciendo. Hijos de los ochenta y los noventa que cayeron a un mundo en el que todo parecía haber sido ya conquistado. Alguien luchó por nosotros (me incluyo: nací en 1991) y ahora, quizás, había llegado el momento de recrearse en lo alcanzado. Nos tumbamos en los sillones (recién comprados en alguna gran superficie con precios de escándalo), encendimos los televisores (de no sé cuántas pulgadas, por supuesto) y mientras paladeábamos cervezas amargas de importación la vida pasaba, como dijo Sabina, como pasan las cosas que no tienen mucho sentido: “‘Hijos de la bonanza’ nos llamaban: / los que no conocieron ni la hambruna / ni las agudas larvas de estridencia / chillando en el oído por las bombas”.

benclarkBen Clark, nacido en Ibiza en 1984, es uno entre tantos. El Premio Hiperión 2006 y Premio RNE Joven en 2012, lo han confirmado como uno de los poetas de su generación. Su libro, Los hijos de los hijos de la ira, poemario del que he extraído esta composición, mantiene una relación intertextual directa con la obra de Dámaso Alonso Hijos de la ira, de 1944 y una de las cimas de la poesía desarraigada de posguerra. Con él, comparte una visión existencialista de la vida y el desencanto propio de quien no encuentra su lugar en una sociedad que lo maltrata constantemente.

Con una mezcla de nostalgia, duda y desilusión, nos dejamos llevar por el ritmo cadente de unos versos que nos señalan como culpables de la inmanencia: “Y cuando nuestras6a00d8341bfb1653ef019b00dcd219970c piernas tan delgadas / caían y sangraban porque el parque / era de un hormigón armado y frío, / se quedaban callados, observando / nuestro llanto con un gesto de sorna”. Ellos, la mirada de la experiencia, los que han luchado; nosotros, los que lloramos por una simple caída. Una delicada recriminación generacional la de Ben Clark en estos versos; una invitación velada a que de una vez por todas nos indignemos.

“Debíamos vivir y dar las gracias / por la ocre rozadura en la garganta / que provocaba el aire al refugiarse”, continúa. El existencialismo, recordemos, es esa vertiente de la filosofía que Sartre (gran ideólogo del Mayo del 68 parisino) resumió en una de esas sentencias para la historia: “Un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”. Esto es: lo que consigue trascender a partir de lo que otros le ha legado. Nosotros, otra vez, los de la Generación Y, armados de tecnología hasta los dientes parece que tenemos (o debemos) “Agradecer las flechas de las nubes / y que un fango lechoso a nuestros pies / -en un último gesto agonizante-/ le mordiera las botas al progreso”. Y es que el progreso constante, tal y como lo entienden las actuales sociedades capitalistas occidentales, nos ha dado todo, pero también acabará con nosotros en un parricidio de dimensiones bíblicas: al fin y al cabo es imposible un progreso infinito en un mundo de recursos finitos, ¿no? Y sigue, ahora a partir de una cuestión que a todos nos atañe: “¿Y cómo agradecerles la alegría? / La risa provocada por los hombres / inocentes del mar/ cuando se encaminaban hacia el río / dispuestos a bañarse en excrementos”. ¡Ay, engañados! Ignorantes cegados por caminos que llevan a Comala, que es el infierno. Ellos lucharon, sí, pero ¿por qué? ¿hacia dónde? ¿para qué? Divertirse hasta morir, título de un libro de Postman, parece ser el fin último de una existencia como la actual: pasar por este mundo donde la historia ha muerto porque sólo existe el presente: explotamos el planeta para tenerlo todo ya, y nos olvidamos que los que vienen después; no hay utopía, es decir, no existe ningún gran relato hacia el que caminar en el horizonte. Vivimos, somosAcampada Sol presente y con eso basta. Al menos en 2006, cuando escribe Ben Clark: las agitaciones políticas de los últimos años a nivel mundial están desenterrando esas viejas ideas del 68. ¿Tarde? El futuro nos dirá.

“También está el tedio / de tener que explicarles a los niños / palabras como pueblo indio, oso / pardo, ballena azul o lince ibérico”: monótono, sí, porque hemos exterminado esos referentes casi por completo y sólo quedan recuerdos: lenguaje. Y entonces el eterno todo tiempo pasado fue mejor: “Pero esto eran minucias, sacrificio / en nada comparables al sufrido / por aquellos que ahora nos decían/ ‘hijos de nuestra sangre’, tan severos”. Difícil hacer frente a tan grandes ídolos de roca. Cuando una sociedad idealiza su pasado se enfrenta a un hoy demasiado desangelado. Ahora bien, reclamemos lo que es nuestro: “Aunque, a veces, es cierto, no era fácil, / simplemente intentamos ir viviendo. / Haciendo caso omiso al comezón, / al vacío que moraba en nosotros, / hijos de la bonanza”. Y es que, pese a haber tenido el plato sobre la mesa, la conexión a la red global al alcance de un click de ratón y un bonito utilitario con el que desplazarnos, estábamos (estamos) vacíos: el ser533-24 humano del existencialismo, lanzado al mundo para vivir en un tránsito hacia la muerte, es más de lo que posee. Poseemos mucho hoy en día, sí, pero tenemos los mismos huecos que nuestros antecesores (que no eran propietarios de casi nada) porque hay cuestiones metafísica que trascienden los objetos. No somos albaceas del oro de los tiempos, para nada, no: nosotros, “los hijos de los hijos de la ira, / herederos de todos los despojos”.