El ruido y la furia, de William Faulkner


Esta fue la cuarta novela de William Faulkner (1997-1962). Una obra inquietante y desconcertante que sorprende y absorbe al lector. Fue la favorita de su autor y generalmente se la considera una de las mejores obras de literatura en inglés del siglo XX.

El ruido y la furia consta de cuatro capítulos, unidos por un conjunto común de personajes y temas, pudiéndose leer cada uno de ellos como un trabajo independiente. Todos ellos cuentan el declive de la familia Compson. Los tres primeros se presentan desde la perspectiva de un personaje en particular en cada uno: el primero, fechado el 7 de abril de 1928, se cuenta desde el punto de vista de Benjy; el segundo, fechado el 2 de junio de 1910, está narrado desde la perspectiva de Quentin; el tercero, con fecha del viernes 6 de abril de 1928, lo narra Jason, y el cuarto está narrado en tercera persona y fechado el domingo de Pascua, 8 de abril de 1928. Falta la hermana de todos ellos, Caddy, que sin tener voz propia es el hilo conductor de toda la novela.

Los cuatro hermanos Compson son los personajes centrales de la novela.

Candace Compson es la única hija de la familia. Todos la llaman Caddy y ello confunde a su hermano Benjy que es deficiente mental, ya que así llaman los jugadores de golf a los ayudantes que transportan la bolsa con los palos por el campo vecino donde juegan y que antes era un terreno de la familia vendido para pagar la carrera de Quentin, pues él piensa que todos la llaman a ella. Caddy es una muchacha cariñosa, impulsiva y promiscua, tanto que incluso incita a Quentin a tener relaciones sexuales con ella, por lo que, cuando se queda embarazada, él no tiene muy claro quién es el padre de ese hijo. Ella se dedica siempre a sus hermanos, menos a Jason, con quien no tiene muy buena relación. Asimismo, tampoco tiene buena sintonía con su madre. Tras dar a luz a una niña, a la que había puesto el nombre de su amado hermano muerto Quentin, antes incluso de saber el sexo de la criatura, la deja con la familia y se va de casa, aunque todos los meses envía un cheque para la pequeña.

Quentin Compson está obsesionado por un sentimiento de culpa que le viene de su inquietud por los problemas familiares, como: la venta de unos pastos para pagar sus estudios en Harvard, la pérdida del honor de su hermana, la desesperación mórbida que siente por su hermano disminuido, la atracción que tiene hacia su hermana, el odio hacia los vicios familiares del orgullo y el esnobismo… Todo ello le lleva a suicidarse en junio de 1910, dos meses después del matrimonio de Caddy.

Jason Compson IV, el único hijo que se quedó en la residencia familiar, es una persona egoísta y agresiva que pretende ser el heredero de todo. Controla los ahorros de su madre y se queda con los cheques que su hermana envía para su hija. Al mismo tiempo, es un hombre amargado y fracasado, y quiere deshacerse de sus responsabilidades tanto hacia su sobrina como con los criados de su casa.

Benjamin Compson, Benjy, quien al principio fue llamado Maury por el hermano de su madre. Es un retrasado mental que lo observa todo, huele la tragedia y se lamenta por su viejo terreno vendido para el golf donde jugaba feliz. Ama a su hermana Caddy y a la luz del fuego, pero no puede componer sus pensamientos desordenados en ningún patrón coherente de vida o habla. Es constantemente despreciado por su hermano Jason, quien se queja de su lamentable existencia, lo manda castrar cuando persigue a una muchacha por la calle y finalmente lo envía al asilo estatal de Jackson.

Los padres son Jason Licurgo Compson III y Caroline Bascomb Compson. Él era nieto de un gobernador de Mississippi, hijo de un general confederado y padre del último de los Compson. Al igual que sus ilustres antepasados, su nombre sugiere su pasión: los clásicos; a diferencia de sus antepasados, es incapaz de ganarse la vida o cumplir su ambición más profunda: el estudio de los epigramáticos griegos y latinos. Pero gracias a su filosofía estoica, extraída de su lectura, lo coloca en una buena posición. Habla sabiamente, hace poco, bebe mucho y está cansado de su esposa que se queja constantemente, de su hija descarriada y de sus hijos que discuten. Por su parte, ella es una mujer neurótica con síntomas psicosomáticos. Se queja constantemente de sus males reales o ficticios, es reacia a enfrentarse a la realidad y se regocija de no haber nacido Compson, pues considera que su linaje es superior. Se entrega a sus fantasías y finge ser una dama sureña de antes de la guerra. Su fortaleza en la tragedia es notable, pero victimiza a sus hijos y sirvientes dedicados por entero a mantener su resentimiento y enfermedades.

Quentin, la hija de Caddy y, posiblemente, de su hermano Quentin, aunque también podría ser su padre un joven llamado Dalton Ames con quien su madre retozaba por el mismo tiempo, es criada por Dilsey, la cocinera negra. Quentin es todo lo opuesto a la antigua vida de los Compson. Tan asertiva como su tío, le roba el dinero que él llama suyo, pero que es legítimamente de ella y se fuga con un feriante que ha llegado a la ciudad para Pascua. Hermosa a la manera salvaje de su madre, nunca ha tenido el afecto de nadie, excepto de su morbosa abuela y una sirvienta con el corazón roto.

Detrás de todos ellos, aunque participando de sus vicisitudes, están los criados negros, sobre todo Dilsey Gibson, la acosadora, pero querida criada de la familia negra, cocinera, financiera y benefactora que mantiene los estándares familiares que ya no conciernen a los Compson, profundamente preocupada por ellos, cuida de Benjy, del desafortunado Quentin y de la vieja y quejumbrosa señora de la casa, aunque se resiste al egocéntrico Jason. Dilsey es una mujer cuya naturaleza es sabia y comprensiva, va más allá de los límites de la raza o color, ella perdura por los demás y prolonga las vidas de aquellos que dependen de su astucia y fuerza. El resto son: Roskus, el cochero negro de los Compson cuando los niños eran pequeños. T.P., un sirviente negro que ayuda a cuidar de Benjy y que más tarde se va a vivir a Memphis. Luster, un niño negro de catorce años que es el cuidador y compañero de juegos de Benjy cuando aquél tenía treinta y tres años. Y Frony, la hija de Disey.

Los dos primeros capítulos de El ruido y la furia contienen un texto algo difícil ya que en ellos se representan sendos monólogos interiores de los protagonistas y funcionan igual que el pensamiento de cualquier persona: dando saltos sin control. En ellos se mezclan el pasado y el presente, sensaciones y memoria, sueños y realidad. Aunque algunas escenas son relativamente claras, no siempre estaremos muy seguros de lo que está sucediendo. Por lo tanto, debemos estar dispuestos a aceptar algo que no sea una comprensión completa. Y, aunque nos sintamos desorientados y confundidos, debemos relajarnos con la novela y disfrutar de la viveza del diálogo y la descripción, entonces, a medida que vayamos penetrando en la trama, se nos irán iluminando aquellos trozos que quedaron oscuros.

Aunque la mayor parte de la acción se comunica a través de los pensamientos internos de los personajes, su situación física también juega un papel importante en la novela. Faulkner creó el condado ficticio de Yoknapatawpha en su tercera novela y lo utilizó en muchas de sus obras posteriores, incluyendo la que nos ocupa. Este escenario del Sur en la década de 1920 es perfecto para enfrentar el ideal anticuado del caballero sureño, que defiende el honor de la familia y protege a quienes están a su cuidado, especialmente a las mujeres, con los ideales del mundo moderno y el cambio de las relaciones raciales. Por ello, el orgullo será la perdición de la familia Compson, así como el amor, el natural y el antinatural entre hermanos, el amor entre los sexos y el amor cristiano. Pero, sobre todo, lo que acabó con la familia fue la locura, aquella de Benjy que no le permite comprender la realidad y muestra un mundo en caos a través de su monólogo, o la de Quentin que surge de su incapacidad por lidiar con la realidad y le lleva al suicidio, o el retiro antinatural de la señora Compson y el alcoholismo de su marido. En cambio, los dos personajes que podríamos llamar más cuerdos, como Dilsey y Jason, se basan en su total aceptación de la realidad, mediante la resignación ante la vida de la primera, y mediante la perversión de sus resentimientos, del segundo.

William Faulkner, quien escribió una serie de novelas e historias donde se reflejan verdades y condiciones humanas universales usando el Sur como inspiración y escenario, es considerado uno de los más grandes novelistas estadounidenses y en 1951 ganó el Premio Nobel de Literatura. Sus mejores novelas se sitúan en el condado ficticio de Yoknapatawpha y, en realidad, tratan sobre la gente de su ciudad, Jefferson, y el campo de Mississippi. Sin embargo, sus temas no se encasillan en un tema regional y sus personajes no se limitan a un solo lugar o tiempo, sino que toca las necesidades y emociones humanas universales, usando una retórica poderosa, candente e hipnótica, y explotando la amplia gama y variedad del inglés estadounidense.

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