Los renglones torcidos de Dios, de Torcuato Luca de Tena.


Tamara de Lempicka

“Los renglones torcidos de Dios” son, en verdad, muy torcidos. Unos hombres y unas mujeres ejemplares, tenaces y hasta heroicos, pretenden enderezarlos. A veces lo consiguen. (Torcuato Luca de Tena).

Los renglones torcidos de Dios es una novela inquietante, conmovedora en algunos momentos y angustiosa en otros, en la que nos internamos en un mundo confuso, peligroso e incomprensible que nos hace dudar de la realidad y de lo evidente, aunque, a la vez, nos llega a fascinar por lo enigmático y lo morboso que en sí encierra, además de por la intriga que se mantiene hasta el final.

En su prólogo a este libro, el psiquiatra Juan Antonio Vallejo Nágera afirmaba: “Es muy llamativa la afición de Torcuato Luca de Tena a los temas psiquiátricos, el acierto con que los desarrolla, la precisión de conceptos técnicos y la verosimilitud clínica de muchas de sus historias.”

Torcuato Luca de Tena la publicó en 1979 tras ingresar voluntariamente en el Hospital Psiquiátrico de Nuestra Señora de la Fuentecilla, en Zamora, “como un loco más entre los locos”, para convivir con los enfermos mentales y tomar notas de primera mano. De esta forma, casi todos los internos que aparecen en la novela corresponden a personas reales, aunque con el nombre cambiado, y los que son invención del autor fueron dotados de las características pertenecientes a otros que existieron en la realidad.

Sin embargo, esta obra no es un tratado de psiquiatría, sino una novela construida en torno el personaje central, Alice Gould, una mujer que, según asegura ella, es internada en el psiquiátrico con la intención de investigar algunas pistas que le llevasen a descubrir el autor, o autores, de un homicidio, pues todo le hacía pensar que esta persona, o personas, se hallaban dentro de este hospital. Alice afirmaba ser una detective privada que estaba llevando el caso de un cliente con la connivencia del propio director del centro, Samuel Alvar, quien, precisamente, coincidiendo con su ingreso en el centro, estaba de vacaciones, por lo que fue recibida por el doctor Teodoro Ruipérez, quien sería el primero en interrogarla. Seguidamente fue atendida por la enfermera Montserrat Castell, una muchacha muy agradable y bondadosa con la que no tarda en entablar una buena relación de amistad. Sin embargo, Ruipérez no se fiaba de su historia y sospechaba que pudiera padecer una paranoia, por lo que ordenó la realización de los exámenes pertinentes para comprobar su salud mental, pero Alice, mujer sumamente inteligente, cultivada y perspicaz, no se dejó dominar con facilidad. Sin embargo, la visión de aquel lugar y la indescriptible e inesperada colección de miserias humanas que allí se encerraban: aquellas personas que dan título a la novela como “los renglones torcidos de Dios”, estuvieron a punto de superarle en un primer momento y le surgieron diversos problemas de adaptación, hasta que conoció a Ignacio Urquieta, un joven educado y atractivo que destacaba del resto de internos por parecer completamente sano. Aunque en aquel mundo no era difícil que las cosas fueran diferentes a lo que parecían.

Con el regreso del director Samuel Alvar, que ella espera con ansia, todo se complicaría mucho más, ya que él aseguró no tener ningún acuerdo con ella, ni con nadie, para que Alice ingresara en el centro con la finalidad de llevar a cabo una investigación. Ella, muy nerviosa, pierde la compostura y agrede al director, por lo que le colocan una camisa de fuerza.

A partir de ese momento surgen las dudas, las confusiones: ¿Es Alice realmente lo que dice ser o es una mujer desequilibrada que se cree lo que su mente enferma imagina? Varios sucesos inesperados vienen a aumentar el desconcierto y sale a la luz la capacidad manipuladora y la maestría en el engaño de Alice para ir conduciendo la situación hacía donde a ella le interesa. Mientras tanto, todo un sombrío catálogo de seres torturados por los caprichos de la naturaleza y abandonados allí por sus familiares va pasando ante nosotros, como en un desfile de esperpentos y monstruosidades propios de una mente delirante. Aun así, la caracterización de los personajes está minuciosamente cuidada, el desarrollo de la trama tiene un ritmo ágil y está bien perfilada y la ambientación perfectamente conseguida, lo cual nos empuja hacia las profundidades de una historia que se debate entre la cordura y la locura que no nos dejará indiferentes y nos hará que miremos hacia nuestro interior con curiosidad no exenta de temor ante nuestras inesperadas respuestas.

Los temas que se plantean son muchos y variados, aun así, podríamos destacar la paciencia y bondades de las personas que realizan sus trabajos en el interior de una institución psiquiátrica, así como la dificultad de diagnosticar las posibles dolencias y lo peligroso que puede ser errar en algún tratamiento de las mismas o a la hora de dar el alta a los pacientes y su reincorporación a la vida cotidiana, y, sobre todo, la inmensa soledad en la que se encuentran gran parte de las personas internadas absorbidas por sus propias obsesiones.

Antes de concluir, no estaría de más dejar constancia de Torcuato Luca de Tena (1923-1999), aunque licenciado en Derecho, fue un periodista que ejerció de corresponsal en varios países repartidos por el mundo, hasta que llegó a director del periódico ABC y a miembro de número de la Real Academia Española. Escribió varias novelas, entre las que destacan Edad prohibida y la que nos ocupa, además de cultivar el teatro, la poesía, el cuento y el ensayo. A lo largo de su vida cosechó diversos premios y reconocimientos sobre su obra.

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