La casa de las bellas durmientes, de Yasunari Kawabata.


La casa de las bellas durmientes se basa en el viejo mito sobre la utilización por los ancianos de la fragancia propia de las doncellas como elixir de la juventud. Pero todo supuesto milagro conlleva un elevado precio. En este caso, enfrentarse cara a cara con la propia realidad.

Yoshio Eguchi es un hombre de sesenta y siete años a quien un amigo le comenta la existencia de una posada donde se puede yacer junto a una hermosa joven durmiente. Este establecimiento atiende solamente a caballeros ancianos, cuya potencia sexual ya se ha visto mermada considerablemente, pero, a pesar de todo, la casa les exige una serie de estrictas reglas, pues todas las muchachas son vírgenes y deben seguir intactas. La niña está drogada, por lo que no puede ser despertada, y acostada totalmente desnuda en una habitación decorada con cortinas de terciopelo rojo. El anciano debe marcharse por la mañana temprano, antes de que la muchacha despierte, de esta forma, ella nunca sabrá con quién ha estado ni qué ha pasado. Todo lo que este comentario implica despierta la curiosidad de Eguchi, por lo que decide visitar el lugar.

La casa de las bellas durmientes es una novela breve pues consta de tan solo cinco capítulos que corresponden a las cinco visitas de Eguchi y en cada ocasión se acostará con una muchacha diferente, menos en la ultima que, en lugar de una, se encontrará con dos niñas en la cama. Estas sucesivas visitas se convertirán en una especie de viaje a través de los recuerdos provocados por la presencia de cada una de las seis chicas junto a las cuales duerme, en el que irá comprendiendo su propia naturaleza imperfecta y aceptando su propia muerte.

Las cinco visitas de Eguchi a la posada tienen lugar en el transcurso de pocos meses de un mismo año que van desde el otoño hasta mediados del invierno, lo que queda muy claro en la narración por los comentarios con la encargada y los sonidos que llegan desde el exterior, reforzando, de este modo, el impulso metafísico de la novela.

Aunque las chicas junto a las que duerme están vivas y responden a los estímulos, no pueden ser despertadas por mucho que lo intente, y Eguchi, por ello, las ve como cadáveres; considerando que su sueño es una forma de muerte. Sin embargo, él mismo les crea una personalidad y carácter a partir de los detalles físicos que contempla, y la experiencia de acostarse junto a ellas, el aroma de sus cuerpos, los matices en el color de sus pieles y las diferentes texturas, estimulan su memoria, aunque de forma aleatoria, según el impulso surgido del proceso de asociación, pero todos tienen en común el hecho de referirse a una etapa de la vida y pueden variar desde la inocencia de la infancia hasta la experiencia de la muerte.

La casa de las bellas durmientes es una reflexión sobre la aceptación de nuestro cuerpo a medida que envejecemos y nos acercamos al final de la vida. Del mismo modo, se debe aprender a aceptar la pérdida de los placeres de este mundo. Es un enfoque moral de un Kawabata ya maduro quien, para reforzar su tesis, hace repasar a su personaje todas aquellas amantes que, en realidad, no le hicieron feliz, más bien le aumentaron el vacío, para acabar con el recuerdo de la madre moribunda, de su piel pálida, sus manos frías, el contraste del rojo de su sangre sobre las sábanas limpias… ese cuerpo ajado que, sin embargo, tanto amó. Y es que Eguchi, cada vez que entra en la habitación de terciopelo rojo pretende renacer gracias a la juventud de las bellas durmientes, pero el sonido del mar y el viento que llega de fuera no le deja perder conciencia de la realidad.

Kawabata describe los hermosos cuerpos con una gran minuciosidad y profusión de detalles, aunque sin abandonar jamás la perfecta elegancia y delicadeza, sin dejarse atraer en ningún momento por el recuso fácil de lo pornográfico. Todas sus imágenes son muy alusivas, consiguiendo una perfecta interconexión entre los sexual y lo espiritual, dejando bien claro que el valor y el significado de la vida de cualquier persona se aclaran a medida que se acerca al final de ella.

Recopilando, la acción de La casa de las bellas durmientes ocurre solo en la conciencia de Eguchi, pues las chicas de la posada ni actúan ni hablan. La única persona con la que interactúa Eguchi es la mujer que dirige la posada, una persona autodisciplinada y tranquila que rechaza las repetidas solicitudes de Eguchi para tomar la misma droga que pone a las niñas para dormir. Eguchi teme a la muerte y se siente atraído por ella. Utiliza sus experiencias en la posada y los recuerdos que evocan las chicas, tanto para afirmar su propia vitalidad como para enfrentar el vacío de la mayoría de sus encuentros con otras mujeres. Al carecer de conocimiento de los hombres que las besan y acarician, estas chicas permanecen incorruptas por la experiencia. Varían en edad y apariencia, pero todas representan a la mujer eterna. Eguchi las ve como encarnaciones de la complejidad de la vida. Sus recuerdos de las mujeres que ha amado, impulsados por las seis chicas, confirman tanto su placer en su propia capacidad sexual como su reconocimiento de su vacío moral y espiritual. Al igual que el Buda, las bellezas dormidas llevan a Eguchi al autoconocimiento. Despertándose, lo despiertan.

Durante las horas que pasa junto a estas muchachas, la tentación de romper las normas establecidas y aceptadas previamente va haciéndose cada vez más poderosa y debe hacer verdaderos esfuerzos para no ceder, lo cual refleja las tensiones internas en la mente de Eguchi. Pero no adelantaremos acontecimientos y dejaremos el desarrollo y final de este bellísimo relato para ser descubierto en su lectura.

Cuando Kawabata fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1968, se hizo hincapié en su capacidad para transmitir, mediante la ficción, la sensación de la forma de vida tradicional de Japón, algo que queda bastante patente en esta novela gracias a su énfasis en la psicología de la atracción sexual, que a la luz del enfoque explícitamente budista de la creciente comprensión de Eguchi de sí mismo, La casa de las bellas durmiente se convierte en un libro sobre un aspecto tradicional de la cultura japonesa.

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