EN TORNO A LA LECTURA: Breve biografía de Mark Twain.

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136321-004-2564c6caSamuel Langhorne Clemens, más conocido como Mark Twain, nació en la localidad de Florida, en el estado de Missouri, Estados Unidos de América, el 30 de noviembre de 1835.

Desde su infancia, pasada en Hannibal, Misuri, tuvo un espíritu claramente aventurero, humanitario y romántico, intentando aprovechar cada segundo de su vida repleta de anécdotas, cuyas propias experiencias le dieron la inspiración para muchas de sus creaciones literarias, sobre todo para sus dos obras cumbre: Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn.

mark_twain_by_gh_jones_1850_-_retouchedTras la muerte de su padre, cuando él tan solo contaba con doce años de edad, se puso a trabajar como aprendiz de tipógrafo en una editorial, abandonando los estudios, y comenzó a escribir sus primeros artículos en el periódico que dirigía su hermano, pero su pueblo le venía pequeño y pronto marchó a trabajar a diversas ciudades: Keokuk (Iowa), Nueva York, Filadelfia… hasta que se embarcó como piloto en un vapor, más tarde sería soldado de la Confederación, minero en Nevada y periodista en el Territorial Enterprise de Virginia. En 1963 se metió de lleno en la creación literaria con el seudónimo de Mark Twain, que en realidad quiere decir “dos brazas de profundidad”, el calado mínimo para navegar por el Mississippi. Entonces comenzó un periplo que le llevó por Europa y Tierra Santa, hasta que en 1870 se casó con Olivia Langdon. En 1907 le fue otorgado el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oxford (Inglaterra). Falleció el 21 de abril de 1910 en Redding, perteneciente al estado de Connecticut, (Estados Unidos), curiosamente tal y como había vaticinado un año antes con estas palabras: “Vine al mundo con el cometa Halley en 1835. Vuelve de nuevo el próximo año, y espero marcharme con él. Será la mayor desilusión de mi vida si no me voy con el cometa Halley. El Todopoderoso ha dicho, sin duda: ‘Ahora están aquí estos dos fenómenos inexplicables, vinieron juntos, juntos deben partir’. ¡Ah! Lo espero con impaciencia.” Y así ocurrió, pues el Halley llegaba al punto más cercano de su órbita al sol (perihelio), justo cuando él murió.

Samuel Langhorne Clemens September 1-2, 1867, Pera, Constantinople

Samuel Langhorne Clemens
September 1-2, 1867, Pera, Constantinople

Mark Twain fue un hombre comprometido con el mundo en que vivía y no tenía ningún pudor en reconocer que estaba equivocado en algunas de sus ideas originales y cambiar de posición en transcurso de su vida, así, por ejemplo, en su juventud era un ferviente defensor del imperialismo norteamericano, sin embargo, tras la anexión de Filipinas por los Estados Unidos, cambión de opinión radicalmente, llegando a liderar la American Anti-Imperialist League. Así mismo, en relación con la religión cambió su punto de vista al llegar a la madurez, pues si al principio era presbiteriano, posteriormente se volvió crítico con la religión diciendo, incluso, que “la fe es creer lo que sabes que no es” o “Si Cristo estuviera ahora aquí, no sería cristiano.” Sin embargo, en lo que siempre se mantuvo fue en la defensa de los derechos humanos y en contra de cualquier tipo de esclavitud o explotación, llegando a decir que la Proclamación de Emancipación de Lincoln “no solo liberó a los esclavos negros, sino que también liberó a los blancos.” Pero todavía pensaba que en los Estados Unidos no funcionaba bien la justicia cuando se trataba de los derechos de las minorías: “He visto chinos insultados y maltratados de todas las formas más bajas y cobardes que una naturaleza degradad puede idear, pero nunca vi a un chino vindicado en un tribunal de justicia por el trato injusto recibido.” También defendió el sufragio femenino y la emancipación de la mujer, siendo un admirador de Helen Keller, la famosa activista y oradora sorda y ciega, y de su profesora Anne Sullivan, consiguiendo que su amigo Henry Rogers financiara la educación de la joven. Y no menos importante fue el apoyo que daba a los sindicatos y a la clase trabajadora: “¿Quiénes son los opresores? Los menos: el Rey, el capitalista, y un puñado de otros capataces y superintendentes. ¿Quiénes son los oprimidos? Los más: las naciones de la Tierra; los personajes valiosos; los trabajadores; ellos que hacen el pan que se comen los blandos y los ociosos.”

 

El listado de sus obras es bastante amplio y variado:

  • La célebre rana saltarina del condado de Calaveras y otros relatos, escrita en 1865, llegó a ser bastante popular en todo Estados Unidos.
  • Los inocentes en el extranjero (1869), es un conjunto de cartas humorísticas sobre sus viajes encomendadas por el periódico The Sacramento Union.
  • Pasando fatigas (1872), es otra obra sobre viajes basada en sus experiencias en el Oeste norteamericano.
  • La edad dorada: un cuento de hoy (1873), escrita en colaboración con Charles Dusley Warner, trata sobre la Guerra de Secesión y se puede considerar su primera novela.
  • Viejos tiempos en el Mississippi (1876), habla de sus experiencias en el río mediante una colección de cuentos cortos.
  • Las aventuras de Tom Sawyer (1876), está inspirada en sus aventuras infantiles y en ella aparece una serie de personajes verídicos, compañeros suyos: John Briggs, Will Bowen, Tom Blankenship (Huckleberry Finn) o Tom Sawyer (él mismo).
  • Los hechos relativos a la reciente orgía de crímenes en Connecticut (1877)
  • Taladrad, hermanos, taladrad (1878)
  • Un vagabundo en el extranjero (1880), donde nos cuenta sus viajes por Europa.
  • El príncipe y el mendigo (1881), es la historia de dos muchachos físicamente parecidos, nacidos el mismo día, pero en distintas clases sociales, siendo uno príncipe y el otro mendigo, quienes, al conocerse accidentalmente, deciden cambiar sus roles. Está considerada como su primera obra con ambiente histórico.
  • El robo del elefante blanco (1882)
  • Vida en el Mississippi (1883), basada en sus experiencias como piloto en un vapor por el río.
  • Las aventuras de Huckleberry Finn (1884), la novela sobre la cual versa nuestra Guía de Lectura actual.
  • La historia privada de una campaña que fracasó (1885), donde recuerda su participación en la Guerra de Secesión.
  • Un yanqui en la corte del Rey Arturo (1889), un viaje al pasado de un joven norteamericano que se traslada a la Inglaterra medieval y en la cual, Twain, deja patente su decepción por las políticas sociales que se desarrollaban en su tiempo.
  • El conde americano (1892)
  • El billete de un millón de libras esterlinas (1893)
  • Tom Sawyer en el extranjero (1894)
  • Pudd’nhead Wilson (1894)
  • Recuerdos personales de Juana de Arco (1896), fue la novela que más le costó escribir y de la que más orgulloso estaba.
  • Tom Sawyer detective (1896)
  • Siguiendo el Ecuador (1897)
  • El hombre que corrompió a una ciudad (1900)
  • Inglés como se lo enseñan (1900)
  • Historia detectivesca de dos cañones (1902)
  • Cuento de un perro (1904)
  • Extractos del diario de Adán (1904)
  • Soliloquio del rey Leopoldo: una defensa de su dominio del Congo (1905)
  • Oración de guerra (1905)
  • ¿Qué es el hombre? (1906)
  • Diario de Eva (1906)
  • Un legado de 30 000 dólares (1906)
  • La historia de un caballo (1907)
  • ¿Ha muerto Shakespeare? (1909)
  • El capitán Tormenta (1909)
  • El forastero misterioso (Póstuma), trata de la visita del sobrino del diablo a la Tierra.
  • Capítulos de mi autobiografía (Póstuma, 2010), recopilación de artículos aparecido en la revista literaria North American Review entre 1906 y 1907.
  • 1280px-mark_twain_statue_garden_city_ks_img_5875

EN TORNO A LA LECTURA: Mitología vasca en El guardián invisible.

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eguskiloreEl misterio que envuelve al propio origen del pueblo vasco y a la peculiaridad de su cultura, cuyo idioma ya es un verdadero dilema, lo convierten en sí mismo en una nación casi mitológica. Sus antiguas creencias que, a pesar de la presiones del cristianismo y de otras influencias culturales o filosóficas que puedan haberla modificado en alguna forma en el transcurso del tiempo, se mantienen en su materia básica, la cual viene, probablemente, de épocas tan lejanas como el Neolítico, y sigue siendo fiel a aquellos principios de convivencia y entendimiento con la naturaleza que le caracteriza, por ello, no nos debe extrañar que todos los seres que pueblan su mitología están en estrecha relación con las montañas, los bosques, ríos, cavernas y todo aquellos elementos que formaban el mundo donde ellos habitaban.

         Al igual que otras culturas prehistóricas, la vasca se basa también en el culto a los cuatro elementos: el fuego, la tierra, el aire y el agua, aunque tiene dos singularidades que la particularizan: su antigua religión era de carácter ctónico, es decir, sus dioses o espíritus procedían del inframundo, del interior de la Tierra, en oposición a aquellas otras cuyas deidades eran celestes. Y la segunda particularidad es el carácter femenino de sus dioses: Mari, diosa de la Tierra (Lurra); Eguzki Amandrea, diosa del Sol (Eguzki); Ilargi Amandre, diosa de la Luna (Ilargi)… En la Prehistoria, los antiguos vascos creían que cuando el sol o la luna se escondían por el horizonte era para dar una vuelta por el interior de la tierra, la cual imaginaban plana e infinita.

         Entre las páginas 124 y 128 de “El guardián invisible”, Dolores Redondo nos explica, por boca de Ros, una de las hermanas de la inspectora Amaia, algo de las creencias ancestrales de la cultura vasca:

“… un basajaun es una criatura real, un homínido que mide unos dos metros y medio de alto, con anchas espaldas, una larga melena y bastante pelo por todo el cuerpo. Habita en los bosques, de los que forma parte y en los que actúa como entidad protectora. Según las leyendas, cuida de que el equilibrio del bosque se mantenga intacto. Y aunque no se prodiga demasiado, solía ser amistoso con los humanos. Por la noche, mientras los pastorees dormían, el basajaun vigilaba las ovejas desde la distancia y, si se acercaba el lobo, despertaba a los pastores con fuertes silbidos que componían todo un idioma y eran audibles a varios kilómetros de distancia. También solían avisarlos desde los cerros más altos cuando se aproximaba una tormenta, para que los pastores tuvieran tiempo de poner el rebaño a salvo en las cuevas cercanas. Y los pastores se lo agradecían dejando sobre una roca o en la entrada de una cueva algo de pan, queso, nueces o leche de las mismas ovejas, ya que el basajaun no come carne…”

         A lo que Amaia, educada en el escepticismo de la búsqueda minuciosa de pistas y relaciones lógicas entre las cosas, le responde:

“Mitología (…) Sólo para paletos crédulos.

         Sin embargo, no tardará en verse envuelta, por un motivo u otro, en todo este universo misterioso y mágicos que le irá atrapando mucho más de lo que ella se imagina.

Pero comencemos a aclarar los conceptos y primero nos preguntaremos, ¿qué es la Mitología?…

El análisis etimológico de la palabra “mitología” nos indica que procede del latín “mythologia”, el cual, a su vez, derivaba de las palabras griegas “μῦθος” y “λόγος”, pudiéndose traducir la primera como “relato tradicional” o “relato fantástico”, y la segunda como “estudio” o “explicación”, lo que nos daría: “estudio de los relatos tradicionales o fantásticos”.

Los mitos son las explicaciones que los antiguos supieron darle a los fenómenos de la naturaleza que se les escapaba a su entendimiento, ya que carecían de la lógica científica suficiente para poderlos entender, surgiendo, de este modo, una relación con lo sagrado, lo inexplicable que, gracias a la tradición y a la transmisión entre generaciones de esos mismos mitos evolucionados de leyendas a historias “verdaderas” y “reveladas” por las propias divinidades, se convirtieron en religiones y sus personajes en dioses o seres con poderes mágicos.

         Nuestros antepasados adoraban, como ya hemos dicho, al sol, a la luna, al fuego, y a un largo etcétera de astros, objetos, elementos, animales, plantas y fenómenos naturales de todo tipo a los que denominaban con nombres diferentes según sus lenguas y culturas, así, en la antigua cultura egipcia, “Ra” era el dios Sol, el origen de la vida en la Tierra, mientras “Osiris” representaba a la fertilidad y la resurrección, o “Maat”, hija de “Ra”, era la diosa de la justicia, e “Isis”, de la maternidad… Y así con griegos, romanos, germanos, persas, mayas, y todo el resto de pueblos y razas del planeta. Por lo tanto, no nos debe extrañar en absoluto que el pueblo vasco, tal vez el de mayor antigüedad entre los que ocupamos la Península Ibérica, pues su permanencia en aquellas tierras viene, posiblemente, desde el Neolítico, y con toda seguridad, uno de los que mejor conserva sus tradiciones ancestrales, tenga su “Olimpo” particular de dioses y seres mágicos que componen su propia mitología.

          800px-euskal_jainkoen_familiaEn este caso, la mitología vasca es la única de las existentes en la Península que posee seres considerados dioses, los cuales presentan diversas coincidencias con otras mitologías existentes, pero la dificultad que se encuentra a la hora de realizar algún estudio sobre ella es que, a diferencia de la griega o romana, por ejemplo, en la mitología vasca no se encuentran documentos escritos, sino que es plenamente de transmisión oral, la cual fue recogida, principalmente, por dos insignes estudiosos del folklore vasco, me refiero a José Miguel Barandiarán y Julio Caro Baroja, aunque siempre con el inconveniente que representa las diferentes versiones particulares de cada narrador.

Con la llegada del cristianismo se intentó erradicar estas creencias y, al mismo tiempo que se iban sustituyendo, o en muchas ocasiones mimetizando, todas las celebraciones e imaginería pagana por las oficiales, se perseguía a aquellas personas acusadas de brujería, como ocurrió en Zugarramurdi o en el país vasco francés. Sin embargo, a pesar de todas las presiones, el pueblo vasco siempre ha sabido defender sus raíces, en las que tienen un lugar primordial su cultura y sus tradiciones.

En El guardián invisible se hace referencia a varios de estos mitos: Mari, Olentzero, Basajaun, Eguzkilore, Sorginak, Belagile, de ellos hablaremos, pero debo dejar constancia que la lista es todavía mucho más larga: Maju o Sugar, que es el esposo de Mari, con quien tuvo dos hijos, uno malo, Mikelatz, y otro bueno, Atarrabi; Urtzi, quien parece ser algo similar al Júpiter romano; Lamiak, un hada, ninfa o, incluso, sirena; Mairuak, el constructor de los círculos de piedras o crómlechs; Tartalo, el cíclope antropomorfo y antropófago de las montañas; los duendecillos del bosque, Iratxoak; los duendes de la casa, Mamarro, o los Jentiliak, los legendarios habitantes de las tierras altas.

Pero vayamos por partes…

baxajaunAl inicio hemos copiado literalmente la explicación de Ros sobre el Basajaun, “el señor del bosque”, un genio que habita en las profundidades del bosque o en las cuevas de las montañas. Su estatura es muy elevada, más de dos metros, tiene el cuerpo totalmente cubierto de pelo y una melena muy larga, por lo que se le denomina también el “Yeti Vasco”, y sus dos pies son diferentes, pues mientras uno es similar al humano, el otro es como un casco de caballo. Su misión es la de cuidar y conservar la naturaleza, por lo que también protege los rebaños avisando a los pastores sobre cualquier peligro. A pesar de su envergadura, posee gran agilidad y fuerza, así como una curiosa maestría con la manipulación de los metales, la arquitectura y la agricultura, por lo que sus secretos eran codiciados por los primeros agricultores de la zona, como Martin Txiki quien, según la tradición, le robó esos secretos y se los comunicó a los humanos. Su hábitat no se limita a la zona vasco-navarra, sino que se extiende por toda la cordillera pirenaica, aunque con nombres diferentes según la zona, pero su tradición es más fuerte en los bosques de Gorbea, Irati y Ataun. A su pareja de sexo femenino se le llama Basandere, “la señora del bosque”. Algunos paleontólogos han querido ver en este mito, al igual que en los seres similares como ogros, yetis o trolls, de otras culturas, la imagen de los neanderthales que convivieron con nuestros antepasados y cuya memoria ha ido pasando a través de generaciones hasta nuestros días. Amaia, a pesar de su posición escéptica, cree, durante el curso de la novela, haber tenido alguna especie de contacto con este ser en las espesuras del bosque, por lo que su indiferencia inicial ante las creencias de su pueblo va evolucionando hacia la duda y a una predisposición más abierta para creer.

Volvamos a las palabras de Ros, ahora en su definición de Mari:

mari“…Ella vive en las cuevas y en los riscos, siempre en lo alto de los montes. Mari aparece mucho antes del cristianismo, simboliza la madre naturaleza y el poder telúrico. Es la que protege las cosechas y los partos del ganado, y la que propicia la fecundidad no sólo de la tierra y el ganado, sino también de las familias. Un genio, una señora de la naturaleza y, para algunos, un espíritu telúrico y antojadizo capaz de tomar cualquier forma de la naturaleza, una roca, una rama, un árbol, que siempre recuerdan un poco a su forma de mujer, la forma que más le gusta: la de una dama hermosa y elegantemente vestida, como una reina. Así se presenta, y nunca sabes que es ella hasta que se ha ido. (…) Tiene muchas casas, se desplaza volando desde Aia hasta Amboto, desde Txindoki hasta aquí. Vive en lugares que por fuera parecen peñas, riscos o cuevas, pero que a través de pasadizos secretos conducen a sus aposentos, lujosos y majestuosos, repletos de riquezas. Si quieres un favor de ella, debes ir hasta la entrada de su cueva y depositar allí una ofrenda. Y si lo que quieres es tener un hijo, hay un lugar con una roca en forma de dama en la que a veces Mari se encarna para vigilar el camino. Debes ir hasta allí y poner sobre la roca un canto que habrás llevado contigo desde la puerta de tu casa. Después de depositar tu ofrenda debes alejarte sin volverte, caminando hacia atrás hasta que no puedas ver la roca o la entrada de la cueva…”

Lo cierto es que Mari era considerada como una divinidad central, con el máximo poder de crear o destruir, pero siempre de un modo ético. Vivía en grutas, cuyos tesoros eran custodiados por los Zezengorri, toros salvajes de color rojizo, y estaba casada con Sugar o Maju, quien también era capaz de cambiar de forma, aunque normalmente se le representaba como una serpiente, él poseía sus propias cuevas, y cuando se juntaba con Mari en alguna cumbre sagrada, de normal un viernes por la noche, se producían grandes tormentas, eran las noches de aquelarres… De su unión nacieron dos hijos: Mikelatz, el hijo infame, y Atarrabi, el virtuoso. Cuando Mari viajaba al monte Amboto era época de lluvias, sin embargo, cuando lo hacía al Aloña, era de sequía.

Desde la página 252 a la 257, Amaia tiene un encuentro en la montaña que le va a llenar de confusión…

olentzeroEn otro momento de la novela también se nombra al Olentzero, este es un carbonero bastante peculiar, pues en la noche del solsticio de invierno se desplazaba cargado con un gran saco desde su cabaña hasta las casas de todos los pueblos, entraba por las chimeneas, cuyos humeros habían sido limpiados bien por los habitantes de las mismas, y, tras calentarse un poquito, les dejaba regalos si se habían portado bien, o carbón, si habían sido malos; tras la llegada del cristianismo, este personaje comenzó a salir en Nochebuena con la misión de llevar a todos los hogares la Buena Nueva del nacimiento del Niño Jesús y ocupando el lugar, en Guipúzcoa y al norte de Navarra, de Papá Noel. En muchos pueblos se celebra su llegada con hogueras en la que queman un muñeco y con los niños disfrazados como él pidiendo regalos por las casas.

eguzkiloreEl Eguzkilore es una flor protectora que durante siglos se ha encargado de defender del mal las casas de los vascos. Es la llamada “flor del sol” probablemente a causa de su forma, y se trata de la flor del cardo silvestre, también llamada carlina acaulis, que se coloca en las puertas de las casas para ahuyentar a los peligros. Según una leyenda, las Lamias (seres mitológicos cuya mitad superior es una bella mujer y la inferior, la de un animal, desde una gallina hasta un pez), se acercaban a los pueblos, amparadas por la oscuridad de la noche, con la intención de robar niños, pero la gente colgaba estas flores en la puerta y solamente podían entrar si eran capaces de decir cuántos pétalos tenían. Como las Lamias no sabían contar, siempre se equivocaban y así pasaban toda la noche intentándolo, hasta que aparecía el sol y tenían que huir.

tumblr_inline_mwdbc3zanc1spdqtbLas Sorginas o Sorginak son las brujas, aunque en ocasiones ejercen de ayudantes de Mari y están encargadas de castigar a los mentirosos. Suelen reunirse los viernes por las noches en la eperlanda, o campo del “macho cabrío”, como se denomina al Diablo, para celebrar un aquelarre e invocar a Lucifer mediante ritos donde se mezclan la magia y el sexo, el alcohol y la música. Se las considera de naturaleza maligna, con muchos poderes mágicos, incluso el de volar, y el de crear venenos y ungüentos prodigiosos, y se les echa la culpa de todos los males que puedan ocurrir, desde la destrucción de las cosechas, una muerte o incluso el hundimiento de un barco, sin embargo, esta visión parece ser la impuesta por la Iglesia, siendo en realidad mujeres que conocían las cualidades de las plantas con la preparaban todo tipo de pócimas y que tenían algún don especial. Durante mucho tiempo fueron perseguidas, como en el caso de las mujeres de Zugarramurdi.

Y para concluir por este pequeño recorrido de la mitología vasca de la mano de Dolores Redondo en su novela El guardián invisible, no he encontrado nada mejor que hacerlo con las palabras de uno de sus personajes, en concreto el subinspector Jonan:

“… Hace cien años, ciento cincuenta a lo sumo, era raro encontrar a alguien que declarase no creer en brujas, sorguiñas, belagiles ,basajaun, tartalo y, sobre todo, en Mari, la diosa, genio, madre, la protectora de las cosechas y los ganados que a capricho hacía tronar el cielo y caer granizos que sumían al pueblo en la más terrible de las hambrunas. Llegó un punto en la que había más gente que creía en las brujas que en la Santísima Trinidad, y eso no escapaba a la Iglesia, que veía cómo sus fieles, al salir de misa, seguían observando los antiguos rituales que habían formado parte de las vidas de las familias desde tiempo inmemorial. Y fueron obsesos medio enfermos como el inquisidor de Bayona, Pier de Lancré, los que emprendieron la guerra sin cuartel contra las antiguas creencias, consiguiendo con su locura el efecto contrario. Lo que siempre había formado parte de las creencias de la gente se convirtió de pronto en algo maldito, perseguible, objeto de denuncias absurdas motivadas la mayoría de las veces por la creencia de que quien colaboraba con la Inquisición se veía libre de sospecha. Pero antes de llegar a esa locura la antigua religión había formado parte de los moradores del Pirineo durante cientos de años sin causar ningún problema, incluso convivió con el cristianismo sin mayores complicaciones, hasta que la intolerancia y la locura hicieron su aparición. Creo que recuperar algunos valores del pasado no vendría mal a nuestra sociedad.

lamia

EN TORNO A LA LECTURA: Entrevista a Rosario Raro

por El Olmo Club de Lectura de Castellnovo

14383524_1076673495720733_1098127280_nCon un poco de retraso (…) publicamos la entrevista que le hicimos a Rosario Raro durante la presentación de su libro “Volver a Canfranc”, en una tarde–noche bastante agradable en la que los miembros de El Olmo Club de Lectura de Castellnovo pudimos disfrutar de su simpatía y amabilidad y en la que respondió sin fatiga ni reserva a todas las preguntas que se le hicieron.

EL OLMO:

¿Por qué esta historia, cómo se te ocurrió escribir sobre Canfranc?

ROSARIO:

Porque sucede siempre en los conflictos —en los que la condición humana está en lucha contra sí misma, como desde nuestro mismo origen como especie— que estos se sostienen siempre por motivos económicos. En cuanto se rasca la primera capa, el disfraz de la ideología, de las luchas de poder, del imperialismo, el romanticismo incluso por recuperar identidades a veces pasadas, otras legendarias y otras directamente inventadas, etc. aparece el poderoso caballero don dinero, que decía Quevedo, como razón fundamental. Esta fue la clave para escribir sobre lo sucedido en Canfranc en aquella época. En mi caso la historia sobre Canfranc surgió después de ver muchas fotografías del edificio. Fui de fuera a dentro. La primera imagen la encontré en un libro publicado en Versalles que se titula Lugares abandonados. Aunque resulte difícil de creer, ese es su estado: el paso ferroviario a Francia a través del centro de los

Pirineos está cerrado a pesar de que es el trazado más corto entre Madrid y París. Después vi muchas más fotografías, centenares de ellas, y comencé a leer sobre su historia hasta el punto de que se convirtió en una obsesión nada patológica sino muy útil para escribir esta novela. Sobre todo el periodo de mayor esplendor de este enclave en el valle de Los Arañones de Huesca durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que decía al principio de los conflictos.

14384005_1076673499054066_314957963_nEL OLMO:

Recopilar toda esta información te habrá supuesto un enorme trabajo. ¿Cómo te lo organizas en esos momentos?

ROSARIO:

He leído muchas noticias sobre la época en las hemerotecas digitalizadas de algunos periódicos, bastantes libros de ensayo histórico y periodístico y he visto numerosísimos documentales sobre la Segunda Guerra Mundial y películas. También he leído algunas novelas que aprovecho para recomendaros como Suite francesa de Irène Némirovsky. Su autora murió en Auschwitz y el manuscrito que contenía esta obra apareció en una maleta que sus hijas conservaron durante sesenta años. No se publicó hasta 2004. Se escribió simultáneamente a cuando sucedían estos hechos: la convivencia de los militares alemanes con los ciudadanos franceses en la zona ocupada del país. También leí La caja de música de la autora norteamericana Deborah Chiel aunque la historia se conoce más por la magnífica adaptación cinematográfica que hizo Costa—Gavras. En ella una hija libra su propio combate entre el amor que siente hacia su padre, un húngaro afincado en EEUU y el descubrimiento de su pasado como criminal de guerra. La decisión de Sophie escrita por el también estadounidense William Styron y que relata un dilema tan cruel para una madre que su argumento se nos ha quedado grabado a todos. Estas son las que más recuerdo entre otras muchas. Que se nos queden en la memoria siempre es una buena prueba.

Creo que para escribir literatura la documentación tiene que ser mixta: historia y ficción combinadas, como en el resultado. Después viene la labor de articularla toda sobre el eje cronológico y por último, borrar las costuras.

14389758_1076673492387400_849138524_nEL OLMO:

En la zona de Canfranc, ¿encontraste todavía personas que te pudieran hablar de aquellos momentos?

ROSARIO:

Así fue, el primer contacto fue a través de la oficina de turismo de Canfranc, después de atravesar el túnel por el que se accede a la estación y de quedarme maravillada por la manera en que el tiempo y sus historias se habían quedado allí suspendidas, condensadas. Después conocí a muchos más que me hablaron de sus abuelos, entre ellos el nieto de Albert Le Lay, el Laurent Juste en mi libro. Y las guías de la estación me remitieron a bastantes personas que habían participado en los hechos que se narran.

EL OLMO:

¿Fue tan importante el paso de judíos por Canfranc?

ROSARIO:

Canfranc fue un enclave estratégico y a la vez una vía de escape de la ratonera en la que se había convertido Europa. El paso ilegal de personas a través de la frontera, como actividad clandestina que es, no tiene registro, no hay cifras exactas de cuántos pasaron. Lo que sí se sabe es que pasaron por allí (y se salvaron) algunos de los mejores artistas e intelectuales del siglo XX: Max Ernst, Marc Chagall, Alma Mahler e incluso Josephine Baker. En este último caso, quien corría peligro no era ella sino su marido Jean Lion, magnate de la industria azucarera, por su condición de judío.

EL OLMO:

¿Los vecinos del pueblo colaboraron activamente en la ayuda a los perseguidos?

ROSARIO:

Creo que como hubiéramos hecho cualquiera de nosotros ante una mujer con un niño en brazos, al ver familias enteras que huían del horror nazi a través de las montañas. Escenas que todos sabemos que en estos momentos se están produciendo en varios lugares del mundo. Si las personas no cambian, parece que la humanidad, como suma de ellas, tampoco lo hace.

img_1697EL OLMO:

En tu novela hay bastantes personajes reales. ¿Puedes hablarnos un poco de ellos? ¿Todos los datos que aportas en la novela sobre ellos son reales o hay algo de ficción?

ROSARIO:

El jefe de la aduana internacional, las fuerzas del orden que eran muchas allí: carabineros, guardia civil, policía, gendarmes, además de los militares de varias nacionalidades. Algunos periodistas han llamado a la fonda que había en Canfranc el Café de Rick de los Pirineos o han hablado de la Casablanca del norte.

Cuando han asistido a las presentaciones personas de esta zona de La Jacetania me han dicho que cualquiera de los personajes de mi novela pudo estar allí entonces, que los que conocieron eran como ellos.

Además de poner en escena la persecución de la libertad y cómo la esperanza puede conducir nuestras vidas, me interesaba ese ensalzamiento de las buenas obras, de su recompensa. Hablar, en suma, de eso tan poético de la justicia divina a través de estas personas. Al menos en literatura es posible que así suceda, que todo cuadre. Mi intención era que cobraran vida, que se encarnaran y para eso necesitaba que no fueran perfectos. Tienen bastante que esconder, al menos a los lectores, para que sus claves, que están en su pasado, no se desvelen hasta bien avanzada la historia. Por algo eran espías.

Para crearlos pienso en alguien real: un actor, un amigo, incluso en un ministro para caracterizar a alguno. De esta forma, ante mí, ya han tomado carnalidad, ya son reales, después solo tengo que trasladar al lector todas las sensaciones que me producen, de esta forma también sé también cómo hablan, qué dirían y que no, qué piensan, como se comportan, etc. Si son creaciones ex nihilo, es decir, de la nada, creo que correría el riesgo de que parecieran fantasmagorías o figuras de cartón piedra.

img_1717EL OLMO:

El paso de wolframio hacia Alemania y de oro hacia España estaría bien controlado por la resistencia, ¿por qué nunca intervinieron para cortarlo?

ROSARIO:

El oro procedía por una parte de los bancos centrales de los países que el Tercer Reich invadía y por otro de las pertenencias de los prisioneros exterminados en los campos. Cuando lo cruzaban por la estación les daban fiesta a casi todos los trabajadores para que no hubiera testigos, solo se quedaban con los descargadores. Los lingotes los subían en unos camiones suizos que cruzaban la península, una parte se quedaba en Madrid y otra la embarcaban desde Lisboa hacia América. Este es el trayecto que describe Ramón. J. Campo en su libro sobre el oro y los nazis. Parece que no era tan fácil de interceptar porque lo llevaban muy bien escoltado.

img_1721EL OLMO:

¿Nos podrías aclarar qué tipo de ocupación ejercieron los alemanes sobre la estación? ¿Podían detener a los españoles sin más?

ROSARIO:

Los alemanes estaban en la estación de Canfranc porque aducían que la mitad de sus dependencias e instalaciones eran de nacionalidad francesa, y así sucedía, a pesar de estar ocho kilómetros tierra adentro de Aragón tiene doble jurisdicción: francesa y española, pero ni quiera la línea de la frontera se correspondía con la de la Francia ocupada. Canfranc Estación tiene la peculiaridad de ser el único municipio español en el que estuvo el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial.

Muchas personas fueron deportadas a campos de concentración y exterminio. Esa era una de las funciones de las patrullas alemanas. Terrible y muy cercano, tanto geográficamente como en el tiempo.

EL OLMO:

¿Cuánto de Albert Le Lay hay en Laurent Juste?

ROSARIO:

Todo lo que yo he podido saber de él y a decir de la familia bastante.

EL OLMO:

¿Para el personaje de Jana Belerma te inspiraste en alguien real?

ROSARIO:

Sí, en una mujer guapísima a sus casi ochenta años que aparece en el documental El rey de Canfranc y que perteneció a la plantilla de trabajadores del hotel Internacional situado en la segunda planta de la estación.

img_1724EL OLMO:

¿En quién te basaste para la figura de Voltor?

ROSARIO:

El mismo nombre ya remite a su apariencia que a muchos les recordaba a un buitre. Con él quería simbolizar los prejuicios: la manera en que se juzga a alguien por su aspecto sin conocer su historia. En el caso de Voltor lo que le ha sucedido es horrible. Después de aquello se convierte en un náufrago al que el programa de eugenesia del Reich le ha despojado de lo que más quería.

Me interesaba que apareciera un funcionario modélico del régimen, un oficinista, un ciudadano alemán cualquiera con quien tampoco tuvieron piedad.

img_1751EL OLMO:

El personaje del Gobernador tiene mucho de caricatura, algo esperpéntico, ¿hay una intención premeditada por tu parte para crearlo tan grotesco?

ROSARIO:

Sí. Incluso se podría decir que los demás son personajes y que don Gervasio Casanarbore es un tipo social, es decir, una figura prefijada que recoge todos los lugares comunes: en este caso representa a aquellos a quienes su ambición les ha llevado a la política para enriquecerse mediante trampas, para abusar del poder y sojuzgar a cuantos más semejantes mejor. Le mueven siempre los más bajos instintos y utiliza el poder como biombo para ocultar sus inseguridades y complejos que son muchos. Si miramos alrededor o dentro de la televisión, encontraremos muchos ejemplos, nada ejemplares, así.

EL OLMO:

¿Qué misión tienen dentro de la estructura de la novela los personajes ficticios?

ROSARIO:

Poner en escena estas acciones valerosas, valientes y valiosas. Esas tres uves. No quería que estos sucesos se narraran sino que se vieran en su desarrollo.

img_1757EL OLMO:

Los pasajes paralelos a la trama central, como el robo de los caballos o el rapto de la niña, ¿tienen algo de verdad?

ROSARIO:

Para el episodio de los caballos que le venden a don Gervasio y después se los roban me basé en algo que hizo un bandolero andaluz en el siglo XIX. Me hizo gracia esto de la venta temporal como forma de recaudación (delictiva, claro está).

Lo que sucede con las dos Valentinas, la aragonesa y la alemana, ilustra el programa nazi de eugenesia que te decía antes: consistía en deshacerse de todos aquellos que no encajaban en los cánones de la supuesta y rememorada raza aria. Es decir, una construcción artificial como suele suceder con todos los delirios.

Se asesinaba a quienes presentaban alguna discapacidad física o mental. Los que para los nazis tenían “una vida indigna de ser vivida”. Así lo expresaban en sus consignas.

Todos conocemos cuál era el ideal de belleza para ellos: ojos claros, cabello rubio, estatura alta, cuerpo atlético, es decir, un retrato cabal de Hitler. Sorprende muchísimo que el líder fuera precisamente todo lo contrario y no lo exterminaran. Aunque intentos hubo varios.

img_1678EL OLMO:

¿Hasta qué punto en esos momentos tan difíciles el ser humano es capaz de sacar tanto lo peor como lo mejor de sí mismo?

ROSARIO:

Creo que se debe a que se deja de lado la personalidad social, las máscaras, la hipocresía, para obrar como realmente es cada uno. Ejemplos de ambos extremos: del altruismo y la mezquindad y crueldad más absoluta los conocemos todos.

En estas circunstancias los comportamientos se extreman. Me interesaba mucho ese estudio de los personajes, el análisis de cómo en la misma encrucijada para todos, se puede decidir cómo ser y cómo actuar. En aquel momento hubo acciones muy rastreras y otras de una belleza moral que deslumbra. Los personajes fueron buenos o malos, en muchos casos según las circunstancias, no en términos absolutos y en el caso del protagonista, del jefe de la aduana internacional, como dice en el libro, consideró que “solo hizo lo que la dignidad le exigía”. Me atrajo el ejemplo que suponen estas hazañas que sucedieron tan cerca. Rescatar esos hechos y que se leyeran desde esta actualidad en la que estamos tan faltos de referencias, de “practicantes” de la generosidad.

img_1767EL OLMO:

Esta es tu primera novela larga, sin embargo, tienes escritos una gran cantidad de relatos, ¿cuáles han sido las mayores dificultades que has encontrado a la hora de trabajar con un texto más extenso en comparación con la síntesis de los cuentos?

ROSARIO:

El otro día respondí en una entrevista que independientemente de la extensión tendríamos que aplicar siempre la frase del arquitecto (tan relacionado con algunos personajes de mi novela) Mies van der Rohe: “Menos es más”. Aunque una novela sea muy extensa se tiene que tender siempre a la síntesis máxima en cada párrafo. Escribir solo lo absolutamente necesario como si se tratara de un telegrama en el que nos cobraran por palabra.

img_1739EL OLMO:

¿Eres metódica en tu forma de trabajar?

ROSARIO:

Sí, muchísimo. Paso casi el mismo tiempo planificando lo que voy a contar que escribiendo. Primero lo diseño por completo mentalmente. Hay una frase de Joan Miró que me gusta mucho, decía “Cuando más trabajo es cuando no trabajo”. A mí me sucede igual, creo historias, personajes, situaciones cuando conduzco, cuando llevo a cabo otras tareas o trabajos manuales de cualquier tipo, cuando paseo, y después, el acto de escribir para mí es en realidad transcribir porque ya lo tengo todo en la cabeza, solo tengo que cambiar el estado de ese material, consignarlo en un soporte físico para que tome “corporeidad”.

Escribo a primera hora de la mañana, cuanto más temprano mejor. Así, el resto del día lo dedico a ser una persona “normal”, es decir, a vivir mis otras siete vidas simultáneas. Lo único que me resulta imprescindible para escribir es la soledad. Tampoco puedo escribir contra una pared. Si el ordenador está conectado a Internet, mejor. De esta forma, es como tener varias ventanas enfrente, además de la física, la terraza, el balcón, etc. También escribo mucho en los viajes. Sobre todo para cumplir con los plazos. La prisa me estimula, pero después, antes de enviar algo (como esta entrevista) la tengo que revisar mucho, a veces durante meses.

Dibujo mapas mentales, lo ordeno todo en esquemas, en cuadrículas, en escaletas, utilizo cualquier medio que me sirva de ancla para la memoria.

Para mí de todo el proceso, la escritura supone un 20% y corregir el texto ocupa un 80% de mi tiempo dedicado a un libro, a un relato, a un artículo, poema, etc.

A mis alumnos les digo que escribir —mejor o peor— lo puede hacer cualquiera, que como decía Óscar Wilde solo son necesarias dos cosas o tener en cuenta dos reglas: “tener algo que decir y decirlo” pero donde se mide un escritor es en la fase de taller de mecánica y después de taller de orfebrería. Suele aplicarse aquello de que cuanto más se tacha más aumenta la calidad de una obra. En la vida sucede algo parecido.

EL OLMO:

¿Qué buscas al escribir? ¿Por qué escribes?

ROSARIO:

Porque lo necesito, porque es mi manera de ejercer la libertad más absoluta, porque me proporciona muchísima felicidad, porque no podría vivir sin escribir, porque me ordena los pensamientos, porque me da mucha satisfacción y porque es muchas veces un pretexto para desarrollar actividades muy gratas y compartir el tiempo con personas muy afines, como vosotros.

14371877_1076673582387391_2050729978_nEL OLMO:

¿Cuáles consideras que son las virtudes principales de la lectura?

ROSARIO:

Abrirnos la mente. La posibilidad de acceder a eso que se llama “las fuentes del saber” de forma autodidacta. Y frente a esto nos encontramos con el hecho de que un pueblo culto, formado, con ideas, con iniciativa propia no interesa. Sé que esto suena a cliché, pero tenemos la prueba más que evidente en la obstrucción continua de nuestros políticos para llevar a cabo un pacto de estado sobre educación. No les conviene. Cuanto más iletrados y manipulables seamos, mejor, más fácilmente gobernables. Se nos despoja de todo y no reaccionamos. Tal vez el motivo sepa que la pereza por leer alcance incluso a hacerlo con una sencilla hoja de reclamaciones.

Esto tiene relación con lo que comentábamos en La Mina de Castellnovo sobre la función de escritor: sin duda rescatar acontecimientos para que no se olviden y ponerlos frente a quienes los causaron para que aunque no quieran reconocer la gravedad de algunos sucesos, al menos sepan que no ha caído sobre ellos la losa del tiempo.

Y para que haya escritores es necesario que haya lectores, por eso quiero agradeceros la labor que lleváis a cabo desde el club de lectura El Olmo, vuestros trabajos de edición, la difusión de la poesía, y el resto de actividades culturales. Estos ámbitos junto a las bibliotecas, algunas a día de hoy incluso con libros (me refiero al caso de una cercana que no tenía libros, solo contaba el cascarón, el edificio), las casas de cultura, los salones de actos, etc. que representan el último bastión de esta resistencia que no dudo de calificar de épica, y el primer motivo para la esperanza en que todo puede cambiar a mejor.

Gracias de nuevo a todos los componentes del club de lectura por contar conmigo durante aquella noche memorable del siete de mayo. Y gracias, Raúl y Ancrugon. Hasta muy pronto. Espero que me invitéis cuando salga mi próxima novela.

EL OLMO:

Gracias a ti Rosario, ha sido un placer tenerte con nosotros. Ya estamos deseando disfrutar de tu próxima novela que, seguro, llegará a ser otro éxito, y ten por seguro que volveremos a reclamar tu presencia.

EN TORNO A LA LECTURA: Borges y la realidad.

EN TORNO A LA LECTURA: Borges y la realidad Descarga en PDF

123Es natural que lo real sea más extraño que lo imaginado, ya que lo imaginado procede de nosotros, mientras que lo real procede de una imaginación infinita, la de Dios.

Chersterton

El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente es real; yo, desgraciadamente, soy Borges.

Jorge Luis Borges

Borges solía escribir a mano, con su letra diminuta, en cuadernos cuadriculados, llenándolos de anotaciones al margen, tachaduras negrísimas y símbolos tipográficos o geométricos, aunque a veces lo hacía sobre papel de contabilidad, con sus columnas para el “debe” y el “haber”, e incluso en hojas en blanco, sin líneas, donde sus renglones caían irremisiblemente hacia la derecha. Su método era el llamado de acumulación, es decir, escribía un texto en el cual, a lo largo del tiempo, iba quitando o agregando detalles que, en ningún caso, parecían definitivos. Es complicado saber si una obra suya es fiel a la primera idea porque puede haber sido transformada por él a lo largo de sus diferentes correcciones. Y es que Borges no pretendía describir la realidad pues no creía que ella existiese como tal, ya que cada persona construye su propia versión que va mudando según sus experiencias. Entonces, ¿dónde está la frontera entre realidad y ficción?…

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Borges ve la realidad como algo meramente ideológico que no tiene por qué coincidir con la verdad, ni con la memoria, ni tan siquiera con la vida, por lo los límites no están nada claros entre la soñado o lo vivido y en la mayoría de sus escritos la realidad y la fantasía se yuxtaponen y, afirma el propio autor, la realidad es ficción y se estructura como tal. Por ello, a la hora de leer uno de sus cuentos, por ejemplo, no debemos hacerlo desde la perspectiva de lo real, sino dejarnos llevar por la estructura de ficción que él nos ha planteado y disfrutar de la realidad que ha inventado para nosotros, pues, a fin de cuenta, nosotros, los lectores estamos hechos de la misma materia que sus personajes: ¿cuánto hay de realidad y de ensoñación o deseo en nuestras vidas?…

Borges nos invita, cuando leemos su obra, a crear nuestro propio mundo a partir del material que él nos aporta, de hecho, cada uno parece que hemos leído una obra diferente, y eso es a causa de que cada lector participa con sus propias experiencias y reescribe una nueva historia. Aún podría ir más lejos y afirmar que de un mismo cuento, en sucesivas lecturas, podríamos sacar diferentes conclusiones porque nuestra perspectiva de la vida va cambiando a medida que nos vamos modelando a base del barro de la experimentación.

A veces la ficción y la realidad se confunden con el texto dentro del texto, o con personajes que se leen a sí mismos y que desafían al otro de carne y hueso sumiéndonos en la confusión a causa de esta interrelación subjetiva, y Borges actúa entonces como un Dios menor que tiene el poder supremo sobre el devenir de las vidas de sus personajes, un ser omnipotente que incluso nos llega a confundir a los personajes de carne y hueso que somos nosotros que, sin darnos cuenta, hemos entrado en su juego de palabras y signos hasta perdernos en el laberinto. Y es que, para llegar a entenderlo, hemos tenido que abandonar nuestras estructuras cotidianas de pensamiento y aceptar las reglas que él nos propone, de lo contrario nada tiene sentido.

borges¿Y por qué ocurre eso?, os preguntaréis, pues Borges también nos da la respuesta: El caso es que siendo mentes pensantes supuestamente superiores a todos los seres que nos rodean, los humanos tendemos a la pereza intelectual y pretendemos simplificarlo todo, hacer del cuadro complejo de la existencia un simple boceto con cuatro trazos, y todo lo demás entra dentro de lo misterioso, lo tenebroso, lo otro… Sin embargo, nuestras mentes muchas veces se rebelan y van más allá; alucinan, decimos. Sin embargo, tanta experiencia aporta a nuestras vidas un acto soñado como uno real, pues ambos los hemos vivido. Y es aquí donde radica muchas veces la dificultad en la lectura de Borges, en nuestra simplicidad de esquemas, en que cuando cogemos uno de sus cuentos, buscamos desesperadamente los trazos y huimos de las manchas de color.

En todo relato se contraponen dos mundos, como mínimo, el del personaje y el del lector, pero lo que busca Borges es que esa frontera se rompa, y el lector entre en el libro y el personaje en nuestras vidas pues, ¿quién puede asegurarnos que nosotros mismos no seamos los protagonistas de otra historia escrita por un autor más grande?… Y cuando cogemos un libro, lo que pretendemos es evadirnos de lo cotidiano, la rutina de nuestra existencia, pero para que ello pueda ocurrir debemos dejar abiertas las puertas de la imaginación.

Por ejemplo, en el cuento “Las ruinas circulares”, se relata la historia de un mago que sueña a un hombre igual a él, hecho a su imagen y semejanza, el reflejo en el espejo. Una vez soñado, o creado, lo envía al mundo donde cree que, al ser una entidad soñada nada le podrá afectar ni hacer daño, sin embargo, cuando el mago se encuentra en el centro de las ruinas circulares, a punto de ser devorado por el fuego, tiene miedo de que al ser él destruido, también lo será su ser soñado, pero el fuego circular tampoco le alcanza a él porque el mago también era un sueño que otro estaba soñando, Borges, su creador.

¿Es entonces el mundo una mentira?… ¿Es todo un sueño?… Esto es algo que Borges se pregunta con insistencia en muchos de sus cuentos y por ello le aterra la ambigüedad de la imagen en el espejo, como en “El sur”, donde Juan Dahlmann es el espejo en el que se refleja la muerte de aquél que él mató, y todo debe desarrollarse, de forma inevitable, igual, pero al contrario. Y así, cuando los dos personajes se miran, ambos comprenden sus mutuos anhelos y la suerte debe cumplirse de forma fatídica.

Sin darnos cuenta, en una búsqueda metafórica de nuestras particulares piedras filosofales, todos andamos perdidos por los laberintos de la vida, todos vivimos una existencia más soñada que real, más llena de deseos y recuerdos que de presentes y acciones, y esto lo refleja Borges perfectamente con sus historias, pero en ocasiones las palabras son insuficientes para explicar correctamente toda esta maraña, por lo que Borges utiliza además símbolos sobre la vida que, aunque parezca lo contrario, lo hace todo más real.

“El mundo es una elemental alucinación.”

Borges

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EN TORNO A LA LECTURA: Albert Le Lay

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Albert Le Lay

Albert Le Lay

En toda guerra, frente a la estulticia y la frigidez del odio y la crueldad, siempre aparecen ejemplos de virtud, altruismo, sensibilidad y amor al prójimo que, a fin de cuentas, no es, ni más ni menos, que amor por uno mismo. Y un ejemplo de ello lo tenemos en la historia de un hombre sencillo, callado, un simple ciudadano francés que quería ser marino y recorrer el mundo en su juventud, pero que acabó siendo jefe de la aduana francesa en la Estación Internacional de Canfranc durante la Segunda Guerra Mundial.

Albert Le lay llegó a España en 1940 manteniéndose en su puesto hasta 1943, tres años durante los cuales trabajó en silencio contra el terror nazi pasando en secreto informaciones entre la resistencia y los aliados (Reino Unido y Estados Unidos), introduciendo en Francia transmisores que permitieron comunicarse con Londres a quienes luchaban en terreno galo contra los invasores, ayudando a escapar a centenares de personas que huían del aquel sinsentido para poder salvar sus vidas, y muy pocos de sus vecinos en Canfranc sabían que aquel hombre siempre amable y su familia vivían pendientes de un hilo, temerosos de ser descubiertos por la Gestapo, hasta que una tarde, alguien llegado de Oloron (Francia) le avisó de que había sido descubierto por los alemanes y venían a buscarle.

Ante esa noticia, Albert decidió dar un paseo con su mujer y el hijo pequeño de ambos por las vías del tren, como prácticamente hacían todos los días, pero esta vez no se volvieron al llegar a los túneles dirección a Zaragoza, sino que, alumbrándose con candiles, los cruzaron hasta el otro lado donde les esperaba un taxi enviado por un colaborador desde la capital aragonesa. En el pueblo quedaba la hija adolescente Jeannine, para que todo el mundo la viera y nadie sospechase nada, quien, en cuanto pudo, subió a un tren, pero la policía le siguió esperando que les llevase junto al resto de la familia, sin embargo, ella se dirigió a casa de un médico de Zaragoza, colaborador también y su futuro suegro, donde permaneció oculta durante un tiempo argumentando una enfermedad contagiosa, o por lo menos eso fue lo que alegó el doctor cuando la policía fue a buscarla. Mientras tanto, Albert viajó hasta Sevilla y desde allí zarpó a Gibraltar, donde se subió a un avión con destino a Argel.

Albert Le Lay y esposa

Albert Le Lay y esposa

Al inicio de la Guerra, Albert quiso enrolarse en el ejército, pero la resistencia pensó que en su destino de aduanero de Canfranc serviría mejor para la causa facilitando el paso hacia España a las personas que huyeran por ese paso fronterizo, consiguiéndoles salvoconductos y buscando soluciones para que pudiesen llegar a sus lugares de libertad. Aunque antes debería ganarse la confianza de los alemanes que ocupaban la parte francesa de la Estación Internacional, y ello lo consiguió gestionando perfectamente el incesante intercambio de oro y wolframio entre los gobiernos de Hitler y el de Franco. De esta forma, sin querer ser un héroe, Albert Le Lay salvo muchas vidas de hombres, mujeres y niños judíos que, de ser apresados por las SS o la Gestapo, habrían muerto allí mismo o en algún campo de exterminio, así como de cientos de disidentes y soldados aliados.

La mayoría llegaban con lo puesto y esperaban en algún punto determinado de la frontera francesa hasta la llegada de los pasadores, sobre todo en las noches sin luna, quienes les guiaban por los senderos de los Pirineos y posteriormente a cruzar el túnel de Somport, pegados a las paredes, hasta llegar a las inmediaciones de la Estación, y allí ya se hacía cargo de ellos Albert Le Lay: se tomaba el nombre de todos así como de las donaciones que ellos hacían en dinero europeo que no les valdría allá a donde iban y con las que él construyó una escuela, se les curaba las posibles heridas, se les proporcionaba alimentos y ropa nueva y limpia, se les escondía para descansar en algunos lugares ya preparados para ello, se les proporcionaba una nueva documentación sellada y luego se les ubicaba en los trenes con destino a Zaragoza, Madrid, Barcelona o Lisboa, desde donde muchos de ellos viajarían hacia Sudamérica, Norte de África o Palestina.

Una vez concluida la guerra, regresó a Canfranc, rechazando todos los honores e incluso los nombramientos que le propuso el propio Presidente de la República Francesa, Charles De Gaulle, y siempre quiso mantener en silencio todo lo que hizo durante aquel tiempo. Albert murió en San Juan de Luz en 1989. Muchas fueron las cartas de agradecimiento recibidas durante su vida, incluso de gente tan importante como el pintor Marc Chagall, o de la cantante Joséphine Baker, o del artista Max Ernst… Y todos los años volvían algunas de aquellas personas con sus hijos y nietos para mostrarles el lugar por donde escaparon a la libertad gracias a “un señor alto, elegante, con ligera cojera” que se llamaba Albert Le Lay.

EN TORNO A LA LECTURA: La Estación Internacional de Canfranc

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Estación de Canfranc

Estación de Canfranc

Canfranc es una encantadora localidad pirenaica situada en el valle del río Aragón, enclavada a más de mil metros de altitud, en medio de un paraje idílico de enormes montañas cercano a las muy conocidas pistas de esquí de Candanchú y Astún, y a los pies del antiguo puerto del Somport, ahora sustituido por el túnel internacional del mismo nombre que comunica España con Francia.

Iglesia de la Asunción. Siglo XII

Iglesia de la Asunción. Siglo XII

Sus inicios datan del siglo XI como pueblo fronterizo, al cual los reyes de Aragón concederían importantes privilegios debido a sus escasos recursos agrícolas o ganaderos. A pesar de haber sufrido dos grandes incendios durante su historia, el último en 1944 en el que la mayor parte de municipio antiguo fue destruido, todavía se conservan bastantes vestigios de su patrimonio histórico: restos del castillo medieval, la Iglesia parroquial de la Asunción, la Trinidad, el Fuerte de Coll de Ladrones del siglo XVII o la Torreta de los Fusileros del siglo XIX.

Pero lo que le dio un verdadero despegue económico y demográfico al pueblo fue la llegada del ferrocarril y la construcción de la Estación Internacional en el paraje de Los Arañones. El montaje de la línea férrea dio comienzo en el año 1882 y el túnel que comunica los dos lados de la frontera fue concluido en 1908, sin embargo el trayecto no se inauguró hasta el año 1928. El tráfico de pasajeros y mercancías se mantuvo hasta 1970, en que la estación fue cerrada a causa del descarrilamiento de un tren de mercancías francés que causó el derrumbe del puente de L’Estenguet, por lo que la localidad sufrió un gran declive perdiendo hasta dos tercios de su población.

Día de la inauguración de la Estación de Canfranc. 18 de julio de 1928

Día de la inauguración de la Estación de Canfranc. 18 de julio de 1928

El rey Alfonso XIII y el Presidente francés durante la inauguración

El rey Alfonso XIII y el Presidente francés durante la inauguración

La Estación fue inaugurada por el rey Alfonso XIII y el Presidente de la República Francesa, Gastón Doumergue, el 18 de julio de 1928, tras unos años de intensos trabajos para retener las laderas abruptas de las montañas colindantes y restaurar los bosques para prevenir las avalanchas de nieve. El edificio, alargado y simétrico, está dividido en cinco cuerpos, midiendo 241 metros de longitud y con 75 puertas por cada lado. Fue construido con cuatro materiales predominantes: cemento, hierro, cristal y pizarra, al estilo palaciego neoclásico francés del XIX, aunque también se pueden observar tendencias modernistas en algunos puntos. En el cuerpo central se encuentra el vestíbulo principal, muy elegante y luminoso, desde donde se accede a todos los departamentos: taquillas, aduanas, restaurante, bar, biblioteca, hotel… Tres años más tarde sufría un importante incendio iniciado en el vestíbulo y que se propagó por la biblioteca, el restaurante y la techumbre de madera, restaurándose posteriormente. A ambos frentes, el oriental y el occidental, están los andenes cubiertos por una marquesina metálica sostenida por columnas.

El Ejército franquista la ocupó durante la Guerra Civil Española y tapió el túnel de Somport para evitar cualquier incursión desde Francia, pero una vez concluida la contienda volvió a abrirse al tráfico ferroviario siendo ocupada, en su parte francesa, por las tropas del ejército nazi alemán, sobre todo oficiales de la SS y miembros de la Gestapo, coincidiendo este el periodo histórico con el que nos ocupa en la novela.

Estación de Canfranc

Estación de Canfranc

Esta estación se convirtió en un lugar estratégico importante durante la Segunda Guerra Mundial por varios motivos. En primer lugar, porque por sus vías llegaron toneladas de oro y plata procedentes del expolio nazi sobre los bancos nacionales de los países ocupados o, sobre todo, arrebatados a los judíos que eran llevados a los campos de concentración, unos minerales que se blanqueaban en Suiza y se convertían en divisas con las que se pagaba, por ejemplo, el wolframio español (como nos muestra la reciente película de Simán Casal, “Lobos sucios”), imprescindible para blindar los tanques y cañones, divisas que posteriormente servían para comprar de nuevo el oro y la plata, ya convertidos en lingotes, por parte de los gobiernos español y portugués. El metal precioso llegaba, desde Suiza, en tren hasta Canfranc, pero allí tenía que ser descargado, a causa de la diferencia de ancho de las vías españolas en relación con las europeas, y ser transportado en camiones hasta Madrid, Portugal o, sobre todo al final de la contienda, el Puerto de Pasajes (Guipúzcoa), desde donde era embarcado hacia algún país sudamericano destinado a los nazis exiliados. Cuando esto ocurría, los soldados alemanes impedían el acceso a la estación a los lugareños y visitantes. Esta colaboración de España con Alemania, a pesar de ser nuestro país presuntamente neutral, era una forma de pagar la deuda contraída con Hitler por su ayuda durante la Guerra Civil, y se mantuvo a pesar de las amenazas de Estados Unidos y Gran Bretaña, bloqueando los norteamericanos las importaciones petrolíferas de España hasta que el tráfico de wolframio y el blanqueo del oro robado cesó por completo.

Otro punto de la importancia estratégica de esta estación fue la guerra de espías que en ella se llevó a cabo, ya que por aquí se intercambiaron mensajes entre la resistencia francesa y el Estado Mayor de los aliados, donde el propio jefe de la aduana francesa, Albert Le Lay (Laurent Juste en la novela), tuvo un papel bastante trascendental para la consecución de la derrota de los nazis quienes, al mismo tiempo, desplegaban a su vez su propia red de contraespionaje en la zona.

Al mismo tiempo un comercio de contrabando se generaba por este punto entre los dos países fronterizos, quehacer éste que iba enriqueciendo a algunos y manteniendo a la mayoría de los habitantes de la zona, teniendo en cuenta de la situación económica que se vivía en una España recién salida de la Guerra Civil y una Francia inmersa en la Segunda Guerra Mundial.

Pero sobre todo Canfranc siempre será un nombre inolvidable en la memoria de los descendientes de aquellas personas que escapaban, gracias a los “trenes de vida” organizados por españoles y franceses que arriesgaban sus vidas para salvar las de quienes huían del genocidio nazi quienes, por cientos, llegaban a la estación con la esperanza de que fuera su primer punto hacia la libertad, allí tomaban el tren con dirección a Madrid donde hacían trasbordo con destino a Lisboa y, desde la capital portuguesa, embarcaban con rumbo a América. Aunque muchos fueron quienes lo lograron, también, desgraciadamente, otros muchos no lo consiguieron ya que la Gestapo o las SS alemanas consiguieron arrestar a centenares de ellos en la propia estación o en las zonas cercanas. No hay cifras exactas del número de judíos que consiguieron escapar por estas montañas aragonesas ayudados por los vecinos de ambos lados de la frontera, pero sí se conocen los nombres de algunas personalidades, como Max Ernst, Alma Mahler y su marido Franz Werfel, o el hermano de Thomas Mann, Heinrich, con su esposa y su sobrino, también Lion Feuchtwanger y su esposa, o el pintor bielorruso Marc Chagall (Moushe Segal) y la famosa cantante francesa Josephine Baker quien, al contrario del resto, se negó a cruzar la frontera de incógnito y los hizo ante las cámaras de los periodistas.

En conclusión, Canfranc es un gigante dormido que no ha perdido la esperanza de despertar algún día, esperemos que no muy lejano, pero que en la actualidad es un lugar muy atractivo para visitar por sus paisajes, su naturaleza, sus posibilidades deportivas y por su paz y tranquilidad, sin olvidar el tesoro que en ella se esconde para los investigadores y novelistas, como Rosario Raro, que lo pueden utilizar como el espacio ideal donde desarrollar interesantes historias.

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EN TORNO A LA LECTURA: Pequeña biografía de Rosario Raro.

Descargar PDF: Pequeña biografía de Rosario Raro

“Solo tenemos una vida pero con la que podemos salvar muchas.”

Rosario Raro (Volver a Canfranc)

 

fotografiadeRosarioRaroRosario Raro (1971) es natural de la ciudad castellonense de Segorbe, donde comenzó a escribir a la temprana edad de siete años “algo titulado Mi viaje en una nube”, según sus propias palabras, “que comenzaba en el castillo del cerro de La Estrella. En la ladera de ese monte donde aún vivo y donde espero quedarme siempre”. Es una mujer de amplio recorrido cultural y académico iniciado en la Universidad de Valencia, doctorándose en Filología Hispánica, y continuado en Perú, en cuyas tierras pasó más de diez años de su vida, con Técnicas de Escritura Creativa en la Universidad Mayor de San Marcos y en la Pontificia Universidad Católica, concluyendo con un Postgrado en Comunicación Empresarial en la Universitat Jaume I de Castellón, en la cual dirige el Curso de Escritura Creativa e imparte clases sobre esta materia.

Ha ganado los premios Ciudad de Huelva, Cruzando Culturas, Magda Portal, Ateneo Ciudad Galdós, Igualdad de Aranda, Mujer Kimetz Elkartea de Ordizia, el de Tecnocuentos de RNE 5.0, Palabras de Mujer y ha sido finalista del Certamen de Novela Vargas Llosa de la editorial Alfaguara, por nombrar sólo los más representativos entre los muchos galardones, tanto nacionales como internacionales que ha recibido, aunque para ella todo ello no tiene mucho mérito, pues afirma que “el verdadero premio son las personas que he conocido a través de la literatura”.

Rosario buscó en la escritura, desde sus inicios, un medio para alcanzar la felicidad, y lo que al principio sólo era una intuición, hoy, asegura, es algo totalmente comprobado y, por eso mismo, quiere transmitir ese sentimiento en todo lo que escribe, intentando, sobre todo, no aburrir a sus lectores ofreciendo siempre una imagen del contexto que nos rodea, sea actual o histórico, y teniendo presente en todo momento que una buena historia debe ser algo digno de compartir. Para ella la creación literaria no debe forzarse, sino dejar que fluya desde dentro surgiendo de las propias experiencias, de las propias vivencias, de las propias ausencias o necesidades: no se puede escribir de oídas, sólo se puede hacer desde uno mismo. Pero, sobre todo, afirma que en la escritura no se puede ser pretencioso, nadie es ni el primero ni el único que ha escrito algo, y jamás se acaba de aprender.

Por otro lado piensa que no hay escritura sin lectura y distingue en esto dos tipos de escritores: “aquellos que escriben de lo que han leído y los que escriben de lo que han vivido. Me quedo con el segundo grupo porque la pasión trasciende a sus textos.” Pero con todo considera a la lectura uno de los placeres de la existencia que, junto con la escritura y la amistad, nos posibilitan para tener varias vidas simultáneamente, por lo que el hecho de escribir es algo serio y responsable.

Como mujer de su tiempo ha sabido utilizar las redes sociales como una herramienta más para divulgar o acercar la creación literaria a un público ávido de la magia de la palabra, y así, además de los Talleres de Escritura Creativa que imparte en la UJI: Literapia o Cómo meter un libro en cintura (Corte y Confección Literaria), se aprovecha de Internet para impartir sus clases desde Valencia, Castellón o Benicàssim a sus cientos de participantes. No en balde su tesis doctoral giró alrededor de la literatura por Internet, la blogosfera, y de sus avances y los nuevos horizontes y posibilidades que ello nos abre.

En una entrevista que le hizo Miguel Sanfeliu para el blog “Cierta Distancia”, Rosario respondió lo siguiente sobre su forma de trabajar: Escribo a primera hora de la mañana, cuanto más temprano mejor. Así, el resto del día lo dedico a ser una persona “normal”, es decir, a vivir mis otras siete vidas simultáneas. Lo único que me resulta imprescindible para escribir es la soledad. Tampoco puedo escribir contra una pared. Si el ordenador está conectado a Internet, mejor. De esta forma, es como tener varias ventanas enfrente, además de la física, la terraza, el balcón, etc. También escribo mucho en los viajes. Sobre todo para cumplir con los plazos. La prisa me estimula, pero después, antes de enviar algo lo tengo que revisar muchísimas veces.” (…) “Para mí escribir es un trabajo sobre todo mental, plasmarlo después sobre el papel o en el procesador de textos es para mí transcribir. Eso sí, antes dibujo mapas mentales, lo ordeno todo en esquemas, en cuadrículas, en escaletas, utilizo cualquier medio que me sirva de ancla para la memoria.”

Es autora de varios libros: Carretera de la Boca do Inferno, con el que obtuvo el Premio Relatos Cortos Ciudad de Huelva 2001. Surmenage, una colección de micropoemas como “Frente al veneno siempre la sed es más fuerte que nuestro miedo.” Perder el juicio. Finlandia: Colección de micropoemas: “Es medianoche. Llueve sobre las calles. Todo se borra.” La llave de Medusa: La vida premia a los valientes con sus mejores historias y sabido es que las mejores historias se escriben solas. Ex: una novela corta. Desarmadas e invencibles, (2012), un libro de relatos cuyas protagonistas son mujeres que podrían ser absolutamente reales, por muy extrañas que nos puedan parecer sus historias. El alma de las máquinas: una divertida novela a medio camino entre la cibernética y la realidad. Los años debidos. Y la obra que nos ocupa: Volver a Canfranc.

Por otro lado, podemos encontrar artículos suyos en Vagamundos Moleskin, Axxón, The Barcelona Review, Spanorama, Realidad Literal, Letralia, Fiestacultura, Cinosargo, Literaturas.com, Maisontine y Entropía. Así como varias colaboraciones en ediciones conjuntas como Perfiles Jaula de versos, Cruzando culturas, A través de la piel, Las mujeres cuentan, Evoción, Los Excelentes, Amigos para siempre, Cuentos alígeros, Los Relatores y Por los animales.

EN TORNO A LA LECTURA: Alice Liddell y Lewis Carroll

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Alice en 1859

Alice en 1859

Lo que se esconde detrás de la obra literaria queda muchas veces silenciado y sólo el autor podría, si viviera, desvelarnos sus verdaderas intenciones y, en infinitas ocasiones, las hipótesis lanzadas por los críticos y estudiosos no son más que  meras suposiciones. Alicia en el país de las maravillas no está al margen de ello, pues a su alrededor se ha creado un mundo de especulaciones que se acercan bastante al chismorreo, incluso a la insidia aderezada de la morbosidad, pero, como siempre, solamente los protagonistas de esta historia sabrían la verdad.

Charles Lutwidge Dodgson, más conocido, como todos sabéis, por su pseudónimo Lewis Carroll, nombre que se inventó latinizando su nombre de pila, de Charles a Carolus, y el apellido de su madre, de Lutwidge a Ludovicus, y luego anglicanizándolos ambos de nuevo, Carolus como Carroll y de Ludovicus a Lewis, y variando el orden para dar con Lewis Carroll, vivía desde 1851 en el college Christ Church como estudiante de la Universidad de Oxford, al cual llegó un nuevo deán, Henry Liddell, y su familia, en 1856, con quienes Dodgson pronto entabló una amistad bastante íntima. A Alice, una de las hijas de los Liddell, la vio por primera vez el 25 de febrero de ese mismo año, al hacer una visita a su familia con la intención de fotografiar la catedral. Volvió a verles con mucha frecuencia a partir de ese momento, acompañando en repetidas ocasiones, en un principio, a Lorina y a Harry, los dos hermanos mayores de Alice, y luego, cuando el chico se ausentó por los estudios, a tres de las hermanas: Lorina, Alice y Edith, al campo o al río de los alrededores de Oxford, donde, además de merendar y jugar, él podía llevar a cabo sus dos mayores aficiones. Una era la fotografía, tomando a las niñas como modelos, aspecto éste que puede llamar mucho la atención en la actualidad, pero que era bastante frecuente dentro de la mentalidad victoriana de su época, donde la aparición de niños en las fotografías o pinturas, incluso desnudos, no era tomado como algo que atentase contra la moral, sino que era tenido como una imagen simbólica de la inocencia.

LAS HERMANAS LIDDEL

Las hermanas Liddell: (de izquierda a derecha) Edith, Lorina y Alice

La otra de sus aficiones, y la que le daría más fama, era la de inventar historias, y en una de estas excursiones, concretamente en un paseo en barca por el Támesis, apareció por primera vez la narración de “Alicia”. Según indicó el propio autor en sus diarios, era el 4 de julio de 1862, y Dodgson, junto con su amigo Dickworth, acompañaban a las niñas Liddell (Lorina de trece años, Alice, de diez y Edith, de ocho), mientras él iba improvisando la historia y acaparando la atención de las tres hermanas. Al volver a casa, una entusiasmada Alice le pidió que la escribiese, lo que Dodgson no tardó en llevar a cabo regalándole para Navidad el manuscrito, con ilustraciones realizadas por él mismo y con el título de Las aventuras subterráneas de Alicia y, a pesar de que el propio autor lo negase, es pensamiento general que la heroína de la novela está basada en la propia Alice Liddell, a quien estas aventuras siempre le entusiasmaron, lo que rebela que ella misma poseía una personalidad rebelde y espontánea, que cuestionaba los propios principios de una sociedad basada en una moral rígida, adusta y puritana

Última fotografía de Carroll a Alice en 1870

Última fotografía de Carroll a Alice en 1870

Bastantes años más tarde ha aparecido una novela basada en la relación entre Lewis Carroll y Alice Liddell, The Looking Glass House, escrita por Vanessa Tait, nada menos que la bisnieta de aquella niña, quien afirma que  “Carroll era increíblemente encantador pero también muy calculador, hacía que las niñas se lo pasaran muy bien y cautivó a la institutriz”. Asegura esta escritora que su familia posee cartas de las que se deduce que Carroll estaba enamorado de Alice y que incluso había pensado en casarse con ella, a pesar de que era veinte años mayor y en aquel momento Alice tenía la corta edad de trece años, aunque, que se sepa, nunca llegó a realizar proposición alguna, sin embargo siempre era muy afectuoso con ella, por lo que la madre de la niña habló con él sobre este hecho y le dejó entrever que le preocupaba tal comportamiento, esto le sentó mal a Carroll y dejó de visitarles por un largo tiempo. Vanessa también afirma que Carroll era un hombre extraño, muy reprimido, con un interés excepcional en las jovencitas, a las que convertía en sus amigas ideales, e incluso les hacía fotos con poca ropa o desnudas, con “su vestido hecho de nada”, como pedía el propio Lewis Carroll permiso a los padres para fotografiar a las menores, pero esta práctica era bastante común, curiosamente por otra parte, entre los fotógrafos de aquella época, aunque no cree que fuera más allá y que su bisabuela, Alice, lo recordó siempre con afecto.

El caso se queda en el aire, a pesar de las cartas que se enviaban recíprocamente las hermanas Liddel donde el tema aparece tratado muy por encima, como evitándolo, o de una carta de los propios padres de Alice enviada a Carroll donde se le pide que no se acerque nunca más a la niña. Sin embargo de aquel lapso de tiempo no se conserva ninguna epístola del autor que pueda clarificar alguna duda, y las páginas de su diario correspondientes a esas fechas fueron arrancadas y están desparecidas, aunque también se rumoreaba que Dodgson estaba utilizando a las niñas para hacer la corte a la institutriz, incluso se llegó a especular que a quien pretendía era a la hermana mayor, Lorina. Sea como fuere, lo que sí se sabe en cierto es que Carroll jamás se casó debido a su pacatería con las mujeres adultas, por lo que prefería la compañía de las niñas o jovencitas. Alice fue la primera de sus numerosas pequeñas amigas, de las que todavía se conservan fotografías, pero no fue hasta su ruptura obligada con ella, y tras un largo viaje por toda Europa, cuando la atracción de Dodgson por las niñas se convirtió en una auténtica manía, y allá donde fuera, intentaba hacerse amigo de las que con él coincidían, portando siempre encima, para ese fin, regalos o juguetes con los que ganar su atención, sin embargo, en cuanto cumplían quince o dieciséis años, dejaban de interesarle.

Lo curioso es que años después de aquella ruptura, la señora Liddell llevó a Lorina y Alice al estudio de Carroll para que les hiciera algunos retratos, lo cual parece apoyar la idea de que seguían manteniendo alguna relación amistosa. Así mismo, Dodgson escribió varias cartas a Alice, siendo la fecha de la última de 1892, seis años antes de su muerte.

Alice Liddel en 1872 fotografiada por Julia Margaret Cameron

Alice Liddel en 1872 fotografiada por Julia Margaret Cameron

Alice contrajo matrimonio en 1880 con Reginald Gervis Hargreaves, perteneciente a una próspera familia de empresarios, convirtiéndose en una dama de la alta sociedad, y tuvo tres hijos. Tras la muerte de su marido, acaecida en 1926, vendió en una subasta el manuscrito que le regalara Carroll en 1863, consiguiendo una enorme suma por él. Alice murió en Kent el 15 de noviembre de 1934.

En conclusión, lo que sí está probado es que, a pesar Alice Liddell no fuera el verdadero origen de la heroína del libro, éste si surgió a causa de ella, pues ella fue el motivo de su creación y, posiblemente, la inspiración, en gran parte, de Carroll para realizarlo. La propia Alice Liddell dejó escrito lo siguiente: “Muchos de los cuentos del Sr. Dodgson nos fueron contados en nuestras excursiones por el río, cerca de Oxford. Me parece que el principio de Alicia nos fue relatado en una tarde de verano en la que el sol era tan ardiente, que habíamos desembarcado en unas praderas situadas corriente abajo del río y habíamos abandonado el bote para refugiarnos a la sombra de un almiar recientemente formado. Allí, las tres repetimos nuestra vieja frase: cuéntenos una historia, y así comenzó su relato, siempre delicioso. Algunas veces para mortificarnos o porque realmente estaba cansado, el Sr. Dodgson se detenía repentinamente diciéndonos: esto es todo, hasta la próxima vez: ¡ah, pero esta es la próxima vez!, exclámabamos las tres al mismo tiempo, y después de varias tentativas para persuadirlo, la narración se reanudaba nuevamente”.

EN TORNO A LA LECTURA: Pequeña biografía de Lewis Carroll.

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lewis_carroll_06-552x620Charles Lutwidge Dogson, más conocido como Lewis Carroll, nació en la localidad inglesa de Daresbury, Cheshire, el 27 de enero de 1832 en el seno de una familia de la clase media-alta inglesa, aunque con algunas raíces irlandesas, conservadores y miembros de la High Church anglicana, teniendo entre sus antepasados varios militares de carrera. Fue el tercero de once hijos, aunque el primer varón, de Frances Jane Lutwidge, una mujer amable y paciente, y el reverendo Charles Dogson, quien se encargó de la instrucción de todos sus hijos e intentó encaminarlos por el camino recto que su cargo le dictaba.

Desde pequeño, Carroll, tuvo una desbordante imaginación, posiblemente producto de sus numerosas lecturas bastante precoces para su edad, y una gran capacidad para inventar juegos o escribir cuentos y poemas para sus siete hermanas y tres hermanos, sin embargo, sus tres años pasados en la Rugby School fueron algo infelices, a pesar de acabar con buenas notas, a causa de su tartamudez y su leve sordera, lo que le perjudicó bastante en sus relaciones sociales. En 1851 fue admitido en la Universidad de Oxford, donde se graduó en 1854 como profesor de Matemáticas. Una vez concluida la carrera ingresó como residente en la Christ Church, donde impartiría clases y estaría destinado para ser sacerdote, aunque él jamás quiso serlo y a los más que llegó, en 1861, fue a ser nombrado diácono.

Con las personas adultas, Dodgson era un hombre reservado y exigente, que se negaba a envolverse en las tempestades políticas y religiosas del momento, pero como Lewis Carroll era una compañía agradable para los niños, para quienes creó sus historias y poemas, por lo que muchos historiadores han creído ver en ello a un hombre con doble personalidad, aunque, más bien, parecía ser alguien que se negaba a crecer. Asistía al teatro con frecuencia, lo que le acarreó más de un disgusto a causa de la moral victoriana familiar, y se interesó vivamente por la fotografía y la escritura. En la primera afición se inclinó más hacia los niños y las personas famosas y en ella alcanzó un nivel excelente de creatividad, buscando combinar la belleza con la inocencia, sin sentimiento alguno de culpa, pues él lo consideraba un acto de gracia y libertad libre de todo pensamiento impuro. A pesar de todas las críticas, la fotografía le sirvió para relacionarse con personas de círculos sociales más altos.

Por otro lado en la escritura se inició con los temas humorísticos y matemáticos, aunque también con poesías, comenzando a firmarlas con su nuevo pseudónimo, producto de traducir sus dos nombres al latín, en orden inverso, y posteriormente darles de nuevo una fonética inglesa.

En 1856 Carroll conoció a Alice Liddell, la hija de cuatro años de edad del director de Christ Church, y para ella y sus hermanas escribió varias historias durante los siguiente años, hasta que en 1862, durante una merienda campestre, tras relatarles las aventuras de una niña que se cayó en la madriguera de un conejo, Alicia, ya con once años, le pidió que escribiese esa historia para ella y él así lo hizo, llamándola “Las aventuras subterráneas de Alicia” que, después de algunos cambios, sería publicada en 1865 como “Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas”, con ilustraciones de John Tenniel.

Animado por el éxito del libro, Carroll escribió un segundo volumen en 1872, “A través del espejo y lo que Alicia encontró allí”, basado en los juegos de ajedrez que él practicaba con las niñas Liddell, incluyendo material anterior a conocerlas.

A diferencia de la mayoría de los libros de entonces, éstos no intentan transmitir  lecciones morales, ni significados ocultos relacionados con la religión ni la política, sino que simplemente son aventuras en las que una niña normal reacciona a su manera ante el mundo, muchas veces incongruente, de los mayores.

Tras estos títulos, Carroll publicó varias obras cargadas de juegos matemáticos, como el poema “La caza de Snark”, en 1876, “Silvia y Bruno”, en 1889, o “Sivia y Bruno concluido”, en 1893. Así mismo lanzó una serie de panfletos burlándose de los asuntos universitarios, firmados con otro nombre o sin firma alguna, y otros trabajos sobre matemáticas, en esta ocasión con su verdadero nombre.

021-lewis-carroll-theredlistTras una breve enfermedad, murió el 14 de enero de 1898, posiblemente de neumonía.

Lewis Carroll ha suscitado opiniones encontradas sobre su personalidad, desde una supuesta pedofilia por su afición a fotografiar niñas desnudas o por su relación con Alice Liddell, su posible adicción a las drogas en una época en que el láudano, u otros analgésicos procedentes del opio, se recetasen frecuentemente para aliviar algunos dolores, hasta la acusación lanzada en 1996 por Richard Wallace de ser el verdadero Jack el Destripador que en otoño de 1888 aterrorizó las calles de Londres, basándose en unas frases crípticas que escribió en un libro, nada menos que en 1869, es decir, diecinueve años antes de que todo ocurriese.  Sin embargo, parece que de lo único que se le puede acusar a Carroll es de ser como Peter Pan, un eterno niño, soñador e inofensivo.