GUÍA DE LECTURA: Brindis y versos, de Joaquín Sabina

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Se dice que Joaquín Sabina nació un 12 de febrero de 1949, y debe ser verdad; además que lo hizo en el municipio jienense de Úbeda, capital de la comarca de La Loma; que estudió en un colegio de Carmelitas y en otro de Salesianos, aunque no podamos creerlo, y que ya de jovencito leía a Fray Luis de León, a Jorge Manrique, a José Hierro, a Proust, a Joyce y a Macusse, lo cual ya nos cuesta más aceptar.
Se dice que formó una banda de adolescentes con un nombre tan equívoco como Merry Youngs con la única intención de destrozar las canciones de Elvis, Chuck Berry o Little Richard, entre otros; que se graduó en Filología Románica por la Universidad de Granada, puede ser, aunque algunos nieguen la calidad de sus versos, y que se metió en tantos líos por el pecado de ser rojo durante la dictadura de Franco e ingresar un cóctel molotov en una sucursal bancaria, por lo que, a los diecinueve años, tuvo que ser detenido por su propio padre, a la sazón comisario de policía, y al poco no le quedó más remedio que exiliarse, rebautizado como Mariano Zugasti, a tierras de la Pérfida Albión… y esto nos resulta más creíble.
Se dice que en Inglaterra comenzó a escribir sus primeras canciones, que colaboraba con clubs de exiliados, que montaba obras de teatro por el gusto de crear polémicas y que, en su casa, daba refugio a algún esporádico etarra, aunque luego se arrepintiera de ello y lo publicase a los cuatro vientos en las páginas de Interviú: “la izquierda de este país, a la que orgullosamente he pertenecido y creo pertenecer, debiera pedir perdón por su complacencia con ETA durante muchos años. Yo tuve en mi casa de Londres a etarras y era una gente encantadora que pegaban tiros en la nuca, algo que nos parecía una cosa muy graciosa en ese momento. Y hacíamos mal. Porque de aquellos polvos vinieron estos lodos. Así que creo que la gente como yo está muy obligada a estar muy en contra y a decirlo muy alto por cobardes que sean. Y yo lo soy como el que más” … Y seguramente podremos admitirlo.


Y de él se dice que ha sido un ángel con alas negras, un profeta del vicio, un héroe en las barricadas, un ocupa, un esquirol, un rey de los suburbios, una flor del precipicio, un cantante de orquesta y el Dylan español, un vendedor de humo, un juglar del asfalto, un rojo de salón, alguien que esconde la pasión o la perfuma, alguien que ha quemado sus naves y no sabe pedir perdón, un suicida o bala perdida, un santo beodo y un hombre que ha defraudado a todos empezando por él mismo… pero Joaquín Sabina lo niega todo: “Lo niego todo, / aquellos polvos y estos lodos, / lo niego todo / incluso la verdad”.
Se dice que cantó en un cumpleaños de George Harrison y éste le dio cinco libras, que se gastó en la barra de algún bar… es posible; que Bob Dylan le prohibió interpretar la versión de su Man gave names to all the animals (In the beginning) porque Sabina la tituló Con su bikini, o que Antonio Flores consiguió el número uno de los 40 Principales con su Pongamos que hablo de Madrid, y que tiene dos hijas…
Se dice que cuando ibas a sus conciertos era como jugar a la lotería, pues igual ni lo veías, y de ello doy fe; que al principio cantaba en el café La Mandrágora con Javier Krahe y Alberto Pérez, y que ha lanzado discos como churros con títulos que dicen mucho de su vida: “Inventario”, “Malas compañías”, “Ruleta rusa”, “Juez y parte”, “Hotel, dulce hotel”, “El hombre del traje gris”, “Mentiras piadosas”, “Física y química”, “Esta boca es mía”, “Yo, mí, me, contigo”, “Enemigos íntimos”, “19 días y 500 noches”, “Ciento volando de catorce”, “Dímelo en la calle”, “Alivio de luto”, Vinagre y rosas”, “La orquesta del Titanic” o “Lo niego todo”.
Se dice que, a pesar de todo, es un hombre con muchos amigos y muchas mujeres, de muchas protestas y reivindicaciones, de premios y de ventas… y todo puede ser verdad, aunque él lo niega todo…


Sin embargo, todavía tenemos sus poemas para descubrir la realidad de sus palabras:

Brindis y versos
I
Brindo por las guitarras despeinadas,
por los adúlteros sin indulgencia,
por los pecados contra la prudencia,
por los escombros de la madrugada.
II
Brindo por los abuelos sin medallas
que no cuentan batallas a sus nietos,
por las abuelas que zurcen y callan,
por la acuarela, el thriller, el soneto.
III
Brindo por Medellín, por Guanajuato,
Isla Negra, Macondo, Guatemala,
Región, Santa María, Chiapas, Comala,
la rumba, el son, la cumbia, el vallenato.
IV
Hoy brindo por los sabios despistados,
los parados, los santos inocentes,
los que luchan con uñas y con dientes
los que se rinden, los desconsolados.
V
Brindo por los yogures caducados,
por los pecados que cometería,
por la alegría del desesperado,
por los premiados con la lotería.
VI
Brindo por los amores clandestinos,
por el sudor con uñas y con dientes,
por los fans de al pan pan y al vino vino,
por el tímido, el raro, el impotente.
VII
Brindo por los pecados veniales,
por el orgullo de los vagabundos,
por la morfina de los moribundos,
por el idioma de los animales.
VIII
Brindo por la memoria sin olvido,
por la lluvia que empapa a los amantes,
por las alas del pájaro sin nido,
por los heridos, por los caminantes.
IX
Brindo por el negrito sin patera
por la sangre torera de Morante
por el grito del blues de la frontera
por los mares del sur, por el Levante.
X
Brindo por los que brindan con cualquiera
que tenga un corazón noble y caliente,
por las fatigas de la buena gente,
por el swing que derrochan tus caderas.

A esta serie de poemas, Brindis y versos, hay que añadir el que dedicó Sabina a su amigo y compañero Javier Krahe justo al cumplirse el primer aniversario de su muerte. De él diría el propio Joaquín el día de su fallecimiento: “Hoy la poesía, la decencia y el saber vivir están absolutamente de luto”:

Brindo por la razón del imprudente,
por las cartas de amor de los soldados,
por el voto con dos dedos de frente,
contra el olvido de los olvidados.

GUÍA DE LECTURA: Historia de un canalla, de Julia Navarro.

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“Soy un canalla y no me arrepiento de serlo.
He mentido, engañado y manipulado a mi antojo sin que me importaran las consecuencias.
He destruido sueños y reputaciones, he traicionado a los que me han sido leales, he provocado dolor a aquellos que quisieron ayudarme.
He jugado con las esperanzas de quienes pensaron que podrían cambiar lo que soy.
Sé lo que hice y siempre supe lo que debí hacer.
Esta es la historia de un canalla. La mía.”

Thomas Spencer sabe cómo conseguir todo lo que desea. Una salud delicada es el precio que ha tenido que pagar por su estilo de vida, pero no se lamenta por ello. Sin embargo, desde su último episodio cardíaco, una sensación extraña se ha apoderado de él y en la soledad de su lujoso apartamento de Brooklyn, se suceden las noches en que no puede evitar preguntarse cómo habría sido la vida que conscientemente eligió no vivir.
El recuerdo de los momentos que le llevaron a triunfar como publicista y asesor de imagen, entre Londres y Nueva York en los ochenta y noventa, nos descubre los turbios mecanismos que en ocasiones emplean los centros de poder para conseguir sus fines. Un mundo hostil, gobernado por hombres, en el que las mujeres se resisten a tener un papel secundario.
Sinopsis editorial (Plaza & Janés)

Skyline New York
La afirmación de que el ser humano es bueno por naturaleza es una aseveración bastante peregrina, sin base sólida y que se desmorona fácilmente como un castillo de naipes. En la humanidad, no nos engañemos, lo que predomina es la maldad. Pruebas de ello las tenemos todos los días y a todas las horas. Lo que ocurre es que nuestras facultades perversas no son ejercidas en todo momento y situación, por muchas razones, pero principalmente a causa de la educación recibida, a nuestros sentimentalismos inherentes o por el simple hecho de que los humanos estamos diseñados para ser seres sociales, de manada, y no vamos a quedar apartados de buenas a primeras del grupo por un “quitarme allá estas pajas…”
Pensaréis que o me he vuelto loco o soy demasiado duro con mis semejantes, incluso conmigo mismo, porque de ninguna manera pienso excluirme, pero no, realmente es lo que pienso y, a medida que voy avanzando en edad, las circunstancias me lo van confirmando. Cierto que no todo el mundo es un asesino en potencia, aunque a veces nos llevemos alguna que otra sorpresa: “Pero si parecía una buena persona…” Ni que todos roben, aunque cada vez falta menos para lograrlo con lo de moda que se está poniendo… Ni que todos los hombres vayan por ahí maltratando a las mujeres, aunque de obra no, pero de pensamiento…
libro_1453898913Claro que encontrarnos con un personaje como Thomas Spencer es como conseguir un catálogo completo y esmerado del género perverso: un ser infantil, egoísta, caprichoso, inseguro, envidioso, vengativo, celoso, carente de escrúpulos, incapacitado para los sentimientos… es muy difícil de lograr, además si en él aparece lo que en otras personas podríamos calificar como virtud, la sinceridad, en sus manos se convierte en una terrorífica arma de destrucción masiva capaz de rendir hasta las más resistentes fortalezas. No, el resto de los humanos no somos tan completos ni sofisticados en nuestras dotes malignas, simplemente nos conformamos con poseer algunas, variadas, y desarrollarlas, para darle a nuestra personalidad el punto exacto de sal y pimienta que nos salve de ser catalogados como seres insulsos. Porque no nos equivoquemos, lo que más atrae de los otros son sus pequeñas maldades… aunque luego lo podamos pagar caro.
De hecho, en la novela Historia de un canalla, de Julia Navarro, que es sobre lo que estoy hablando, por si no os habíais dado cuenta, el verdadero canalla es Thomas, pero ¿podríais señalarme, entre la multitud de personajes que aparecen, y es que 863 páginas dan para mucho, alguno que realmente pueda definirse como íntegramente bueno?… Si hasta el prometedor hermanito Jaime tiene su lado oscuro, fijaos cómo pierde la fortuna a causa de su vanidad, ¿y qué me decís de codiciar la mujer de su propio hermano?… y no me lo negaréis que, de tan bueno, amable, comprensivo, cariñoso, abnegado, etcétera, etcétera, no os resulta pastoso…
Todos los personajes, absolutamente todos, ejercen su capacidad para el mal en alguna que otra ocasión, unos porque lo son, aunque no lo habían ejercitado nunca antes de conocer al rey maligno, Thomas, otros porque no pueden más y necesitan devolver los golpes, unos por omisión, otros por beneficiarse, otros por venganza, incluso algunos, por miedo… pero todos, absolutamente todos, coinciden con Thomas en algún que otro artículo de su completo catálogo.

london-skyline2[1]Y es que personas buenas hay pocas, muy pocas, incluso los santos y santas no son todos los que están, pero posiblemente sí estén todos los que son, y los que ejercen como tales, tampoco ostentan este título al completo, pues a más de uno lo han tenido que meter en el santoral con calzador. Y como no somos perfectos, lo cual sería bastante soporífero, nos damos normas, leyes, estudiamos ética y moral y santificamos a aquellos que han conseguido vivir en el camino de la bondad sin parecer tontos, de lo contrario, nos mataríamos como humanos…
Sí, sí, como humanos, no es un error de imprenta, porque yo pienso que deberíamos aparcar ya de una vez frases hechas como la de “esto es inhumano” cuando vemos en el telediario un genocidio o algo parecido, sí, deberíamos dejar de usarlas porque no se ajustan a la realidad, pues lo verdaderamente humano es eso, hacer daño a tus semejantes por hacerlo. Cuando un perro muerde a una persona ponemos el grito en el cielo protestando por el hecho de que no los lleven atados y con bozal… ¿Cómo deberíamos ser llevados entonces nosotros?… Por cada ser humano que muere a causa de un perro, son millares los humano que mueren a manos de otro humano, y ya no digamos perros u otros animales.
Pues de esto va la última novela de Julia Navarro. Algunos, más entendidos que yo, la califican de “novela psicológica”, puede ser, ¿quién soy yo para discutirlo? La verdad es que, a medida que nos vamos introduciendo en ella, nos va aportando cosas en las que pensar, pero, lo curioso, es que simplemente nos va exponiendo eso mismo que vemos todos los días si ponemos la tele, o escuchamos la radio, o leemos la prensa, o sencillamente salimos a la calle, o lo sufrimos en nuestras propias carnes… Así que yo le daría un calificativo más metafórico, el de “novela espejo”.
Varios son los temas que aparecen en ella, aunque, sin discusión, la maldad es el número uno y sobre él gira todo el argumento, pero no estaría de más echarle un vistazo a esos otros que he creído vislumbrar entre sus numerosas páginas. Por ejemplo, la corrupción. Está ahí, desde el principio al fin, como algo natural, como algo que debería enseñarse en las academias de economía, lo cierto es que en la de Paul Hard es la asignatura principal, pero es que da la impresión de que en esta sociedad la corrupción se ha convertido en una herramienta imprescindible para poder llegar a triunfar, para ser alguien, para tener un nombre, para ganar dinero, influencia, poder… incluso para pegar un polvo… No me extrañaría ver algún día manuales al uso con el título “Cómo llegar a ser un corrupto ejemplar” o “Hágase un maestro de la corrupción en pocos meses…” ¿Y las consecuencias?… ¡Bah!… Simples daños colaterales…
Otro muy esgrimido es la mentira. Sí, la verdad está obsoleta, da pena, no vende… Nadie llega a ser congresista, o ministro, o presidente de lo que sea diciendo la verdad… se le iban a reír en su cara. El único pecado que tiene la mentira, y que puede costar muy caro si nos descuidamos, es que te pillen. Lo ideal es saber mentir, es lo que está de moda… miente que algo queda… y a ver como lo limpian luego… La verdad se ha quedado relegada para las películas románticas de batín, cafecito o chocolate, y clínex. Para la vida, para la lucha diaria, para poder salir a la calle, hay que saber disimular, adular, falsear, embaucar, aparentar, fingir, disimular, ocultar, enredar, confundir, inventar, fantasear… es decir, mentir. Sólo así se garantiza un gran futuro en aquella empresa que desees alcanzar, sea económica, académica, política o religiosa. Con la verdad, mejor te quedas en casa. ¿Y las consecuencias?… ¡Bah!… Simples daños colaterales…
Otro tema, bastante importante, es el desamor. No el amor, no, no, el desamor. Enamorarse es un error, trae quebraderos de cabeza, problemas, complicaciones… El desamor es más pragmático, pues se le parece en el brillo, incluso para el sexo parece más efectivo, y no compromete a nada. En la novela no se enamora casi nadie y, las pocas personas que lo hacen han tenido que sufrir las consecuencias. Se percibe como que el amor es algo imperdonable, de hecho, ¿no os ha ocurrido alguna vez que habéis declarado vuestros sentimientos y habéis perdido una amistad?… Además, el amor y los negocios son totalmente incompatibles, un tándem inadecuado, y ya no digamos el amor y la política, o la pretensión de un ascenso rápido donde sea… El amor es una losa y hacer algo por amor, tarde o temprano, le revienta en la cara a los personajes de esta historia. ¿Qué es eso de amor filial, o fraternal, familiar o lo que sea?… Nada, losas y más losas que aplastan a quienes lo siente. ¿Y las consecuencias?… ¡Bah!… Simples daños colaterales…
El cuarto tema importante es el pasado. El pasado es traidor, le gusta contar cosas inoportunas que afectan al presente, incluso al futuro. Lo que ocurre es que todo el mundo tiene un pasado… Y mucha gente tiene memoria… Y algunas personas saben utilizar el pretérito de los otros en beneficio propio… No importa quién seas ahora, ni lo que hayas hecho por los demás, ni los sacrificios que hayas realizado en tu vida, no, nada importa… Cuando el pasado regresa, aquello que parecía ya olvidado te escupe en la cara y te revienta en las manos… y todo se da la vuelta. ¿Quieres tumbar a un contrincante más poderoso que tú?, busca en su basura que igual ayer tiró algo que puedas utilizar en su contra. Del pasado solo vienen fantasmas capaces de hacer mucho daño. ¿Y las consecuencias?… ¡Bah!… Simples daños colaterales…
Pero no podemos olvidarnos de la hipocresía, esa bruja obstinadamente falsa que siempre viaja de la mano de su amiga inseparable, la cobardía. Ambas, tanto monta, monta tanto, son esgrimidas por las personas que, como en el caso de Thomas, rodean a un líder malo malísimo para medrar con él y, cuando la cosa se tuerce, el malo es el culpable. Le tienen miedo, le odian, les da asco, pero ahí están, chupando de la teta y besando la mano que les hace ricos, aunque de vez en cuando les de también algún tortazo. ¿Y las consecuencias?… ¡Bah!… Simples daños colaterales…

Skiline_madrid_muralesyvinilos_39870443__Monthly_XXL[1]Y el poder. ¿Qué me decís del poder?… El poder es la mayor pornografía de la sociedad, ¿o deberíamos decir “suciedad”?… Eso es lo que le pone a Thomas, por él tortura, por él golpea, por él atesora una fortuna para poder seguir ejerciéndolo, por él odia, por él desprecia y por él nunca se pone al frente de ninguna candidatura política, porque sabe que el poder no está en los que ganan las elecciones, sino en quienes manejan los hilos para hacerles ganar, en las empresas publicitarias, en los gurús del presente que son capaces de hacer cambiar la opinión de las masas de la noche a la mañana. Y para el poder trabajan los buscadores de tesoros en los mares del pasado, los hechiceros del desamor, los domadores de la mentira, los ingenieros de la corrupción, las mariposas del miedo y la hipocresía, en fin, toda la curia de sacerdotes del mal.
Sí, Julia Navarro me ha hecho pensar en todo esto porque con su novela me ha puesto un espejo y, más todavía, cuando ha ido intercalando párrafos en cursiva donde el protagonista versiona lo que hubiera ocurrido si él hubiera actuado bien… Han sido insufribles, tanto que he acabado por saltármelos, lo reconozco. Sin embargo, al ver que la inmensa mayoría de la gente ha hecho lo mismo, me he dado cuenta de cuál era la misión de ellos en la novela: demostrar que la bondad nos aburre.
No considero Historia de un canalla como la mejor novela de Julia Navarro, ni mucho menos. Juzgo que está lejos de Dispara que ya estoy muerto o Dime quién soy, con cuyas historias disfruté, aprendí y saboreé el placer de la lectura. Sin embargo, Historia de un canalla me ha hecho preguntarme muchas cosas y replantearme otras, lo cual siempre es molesto, aunque interesante y productivo. Sobre todo, me he dado cuenta de que esos “daños colaterales” que se desprenden de nuestros actos no nos resultarán siempre gratis, pues algún día encontraremos la horma de nuestro zapato, que hurgará en el cubo de nuestro pasado, y nos los hará pagar con creces.
Felices lecturas.

Guía de Lectura. Poesía: “Hombres necios que acusáis”, de Sor Juana Inés de la Cruz

HOMBRES NECIOS QUE ACUSÁIS… Descarga en PDF

REDONDILLAS:

“ARGUYE DE INCONSECUENTES EL GUSTO Y LA CENSURA DE LOS HOMBRES QUE EN LAS MUJERES ACUSAN LO QUE CAUSAN”

Hombres necios que acusáis
a la mujer, sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis;

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis
para prentendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión, ninguna gana,
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues como ha de estar templada
la que vuestro amor pretende?,
¿si la que es ingrata ofende,
y la que es fácil enfada?

Mas, entre el enfado y la pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?

¿O cuál es de más culpar,
aunque cualquiera mal haga;
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

¿Pues, para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.

juana_ines_firma

“Yo no estudio para saber más, sino para ignorar menos”.

juana_ines_3Se dice que este poema, escrito en redondillas, es la primera manifestación feminista de la historia… Tal vez sea cierto o tal vez no, pero el caso es que su autora, Sor Juana Inés de la Cruz, una monja mexicana del siglo XVII, una mujer rebelde e incómoda para los altos cargos eclesiásticos de la época, erudita, estudiosa, autodidacta y aplaudida entre el mundillo mujeril coetáneo, fue una tenaz valedora de los derechos de la mujer.

Nacida en la población mexicana de San Miguel de Nepantla, en 1651, fue, lo que hoy en día se consideraría, una niña prodigio, pues con tan solo tres años de edad ya sabía leer y escribir perfectamente y, a los catorce, pasó a ser dama de la esposa del virrey, en cuya corte brilló por su sabiduría, su enérgica inteligencia y su talento para versificar. En 1667, debido a su deseo de “no tener una ocupación fija que pudiera restringir mi libertad de estudio”, según sus propias palabras, y a pesar de poseer una escasa vocación religiosa, ingresó en un convento de carmelitas descalzas, donde sólo permaneció cuatro meses por problemas de salud, aunque, dos años más tarde, se enclaustraría definitivamente en otro convento de la Orden de San Jerónimo.

Pero su celda, lejos de ser un lugar de retiro y meditación, se convirtió en un punto de reunión de poetas, intelectuales y damas con inquietudes poéticas y literarias. Allí se realizaron, también, investigaciones y experimentos científicos, se compusieron piezas musicales, obras de teatro, ensayos, poemas e, incluso, estudios filosóficos, atesorando entre aquellas cuatro paredes, una considerable biblioteca.

En respuesta a un escrito en prosa de Sor Juana Inés sobre un sermón de un jesuita portugués, el obispo de Puebla escribió: “Carta de Sor Filotea de la Cruz”, aconsejándole que se dedicase a las cosas propias de su condición de monja y mujer, por lo que ella le contestó con: “Respuesta a Sor Filotea de la Cruz”, donde reivindicaba el derecho de las mujeres a poder aprender y a opinar, respuesta que pudo causarle muchos problemas y a causa de la que tuvo que deshacerse de la biblioteca y dedicarse a la vida monástica a tiempo completo.

juana_inesEl estilo literario de Sor Juana Inés de la Cruz no puede ser más representativo del Barroco, pues está a caballo entre el culteranismo gongorino y el conceptismo de Quevedo, sin embargo, su perspicacia, agudeza, penetración y originalidad, le han hecho mantener una personalidad propia por encima de los movimientos y corrientes poéticas.

Escribió de todo: astronomía, filosofía, humanidades, artes… y literatura (prosa, poesía, teatro). Su poesía es mayoritariamente profana, utilizando diversos versos y estrofas: redondillas, liras, endechas, sonetos… destacando en estos últimos donde conseguiría una calidad digna de compararse a Calderón o el mismísimo Góngora, como podemos comprobar en el siguiente ejemplo:

Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias, atractivo,
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes, satisfecho,
de que triunfa de mí tu tiranía:
que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.

Sus temas preferidos son el amor, donde alcanzaría sus mejores logros, la mística, en cuyos argumentos brillaría su capacidad de razonamiento, y el psicológico o didáctico, como el poema que nos ocupa. Así mismo, no debemos olvidarnos de sus villancicos, muy populares en su tiempo, y el largo poema escrito en silvas, “Primer sueño”, sobre el conocimiento humano.

Sor Juana murió en 1695, durante una epidemia de cólera de devastó México, mientras cuidaba de sus compañeras enfermas.

El poema que hemos elegido consta de dieciséis estrofas de cuatro versos octosílabos cada una, rimando en consonante con el esquema: abba, es decir, son redondillas. En casi todas las estrofas aparecen encabalgamientos, o bien entre el primer y segundo versos, o entre el tercero y el cuarto, que marcan una pausa a la hora de leerlos.

Como buen ejemplo del Barroco, podemos encontrar bastantes muestras de figuras retóricas, como las siguientes a nivel morfosintáctico: el retruécano (la que peca por la paga / o el que paga por pecar), el apóstrofe (¿Por qué queréis que obren bien / si las incitáis al mal?), el paralelismo (quejándoos, si os trata mal / burlándoos, si os quieren bien), preguntas retóricas (¿cuál mayor culpa ha tenido / en una pasión errada: / la que cae de rogada, / o el que ruega de caído?), subrayando en todos estos ejemplos la hipocresía moral del hombre y su desprecio hacia la mujer, porque este es un poema satírico que quiere ridiculizar la doble moral de la sociedad de su tiempo que permite a los hombres seducir a las mujeres, pero, si éstas ceden, las acusan de livianas, una sociedad de hombres que subliman la imagen ideal de la mujer decente, aunque luego insisten para que ceda ante sus deseos, como podemos ver en la siguiente antítesis: (Y después de hacerlas malas / las queréis hallar muy buenas).

En conclusión, lo que pretende demostrar Sor Juana Inés de la Cruz es que es el hombre quien conquista, por lo tanto, la culpa es suya y no de la mujer, por lo que les aconseja que se dejen seducir por ellas y entonces podrán criticar.

“Sin claridad no hay voz ni sabiduría”.

GUÍA DE LECTURA: La huella de una carta, de Rosario Raro.

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“El consuelo que nos queda es que en la literatura es más fácil hacer justicia”

Rosario Raro

 

portada_la-huella-de-una-carta_rosario-raroEste es el segundo libro de Rosario Raro que comentamos dentro de nuestro Club de Lectura, y no simplemente por el hecho de que esta excelente escritora sea amiga personal nuestra, lo cual ya sería motivo suficiente para ello, sino porque los temas que aparecen en sus novelas son lo bastante atractivos e interesantes para llamar la atención y despertar la curiosidad de cualquier lector con el sano afán de sumergirse en historias repletas de intriga, dinamismo, sorpresas y un enorme trabajo de investigación histórica.

Sobre Rosario no vamos a decir mucho más que lo que ustedes pueden leer en nuestro artículo “Pequeña biografía de Rosario Raro”, publicada en este blog allá por el 20 de abril de 2016 con motivo de la edición de su primera novela: “Volver a Canfranc”, pero sí podemos añadir que, gracias a ser una mujer comprometida con la realidad del mundo que le rodea, gracias a su gran sensibilidad y gracias a su enorme sentido de la justicia y la ética bien entendida, puede desarrollar estas historias repletas de temas capaces de hacernos empatizar con los personajes que en ellas aparecen.

En “La huella de una carta” se nos describe la sociedad apocada y gris de las décadas del 50 y 60 del pasado siglo bajo el peso de la moral hipócrita del régimen franquista, pues los mismo mandatarios que subyugaban a un pueblo con las leyes de la intransigencia, permitían, al mismo tiempo, con plena libertad, premeditación y alevosía, los desmanes más irracionales  por parte de las industrias poderosas con el sagrado pretexto del progreso y desarrollo general… aunque disfrutando, con total seguridad, de parte de aquellos beneficios obtenidos del sufrimiento, el dolor e incluso la muerte de muchas personas anónimas.

En aquella sociedad anclada en la tradición mal entendida y en una moral peor interpretada, la mujer disfrutaba de un estatus poco más elevado al de un simple objeto, eso sí, dignificado por su capacidad de ser madre, lo que en vez de sacarla de la postración cultural, laboral y económica, la sumía todavía más en el ostracismo social, algo totalmente impensable para los hombres, aquellos seres libres, aunque algunos mucho más que otros, no lo olvidemos, a quienes ellas debían permanecer sometidas de por vida, por eso, hablar de amor en aquellos tiempos era peligroso, pecaminoso, o, al menos, sospechoso, pues la mujer debía enamorarse una sola vez y para toda la vida, ya que, una vez dado el paso del tan ansiado matrimonio, se metamorfoseaba en simple sombra de su esposo y criada tanto de él como de sus hijos, eso sí, le estaban permitidas las reuniones castas, la oración, las misas y la confesión como alimento cotidiano a un dios misógino… Por ello no era de extrañar el éxito de las novelas de Corín Tellado o de consultorios radiofónicos tales como el de Elena Francis, pues en estos sucedáneos encontraban el sabor de una vida de ciencia ficción.

Sin embargo, en esta novela está Nuria, una mujer bella y joven, casada con un viajante que pasa la mayor parte de la semana fuera del hogar trabajándose el mercado y otras oportunidades, quedando, por tanto, ella en defensa de su honor mientras ahogaba sus inquietudes y habilidades en la eterna espera picotear las migajas de cariño que el marido tuviese a bien obsequiar en sus regresos, y desempeñando la labor del continuo cuidado y atención de sus dos retoños… Hasta que un día lee un anuncio en la prensa en el que se buscaban personas para un trabajo, el cual pudiese ser desempeñado desde casa para el que se requería “responsabilidad, dotes en el ámbito de la psicología, buen nivel de redacción, ser una persona creativa, de mucha intuición y capacidad resolutiva” … ni pintado para ella, una chica con estudios y bien capacitada… Y aquí comenzó todo.

Su trabajo en este consultorio consistía en leer las cartas de las oyentes y responder sus consultas, que podían ir desde una simple receta de cocina hasta la búsqueda de consejos para solucionar algún problema amoroso, claro que, para las más complicadas, Nuria debía de ceñirse a la moral cristiana y no atentar contra la unión familiar, por lo que en sus dictámenes prevalecían el conformismo, la sumisión y la discreción, valores muy cotizados por el sistema vigente, sobre todo, si eran aplicados a las clases trabajadoras, y todo por el bien de la apariencia, sacrosanta virtud de la España tradicionalista… Hasta que, en una de estas ocasiones, llegó a sus manos una misiva que destapaba uno de los grandes escándalos farmacéuticos del siglo, sobre el que todavía no se ha impartido justicia, por lo menos en nuestro país respecta: la talidomida.

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Supongo que a estas alturas ya conocerán, al menos la mayoría de ustedes, en qué consistió todo este atentado, pero, por si les interesa refrescarlo, les comentaré brevemente que, durante décadas se fue administrando a las mujeres embarazadas un producto para aliviar sus problemas de vómitos y dolores de cabeza el cual, a la larga, causó el nacimiento de bebés afectados por malformaciones en sus miembros, lo que se conoce como focomelia. Pero aquello no era reconocido ni por la empresa farmacéutica, la Grünenthal alemana, ni por los gobiernos, ni tan siquiera por la prensa. Así que Nuria, ciertamente impactada por tal dramático panorama, decide investigar por su cuenta, pero como sus conocimientos eran escasos y sus tentáculos cortos para poderlo llevar a buen cabo, necesitada de ayuda, la buscó en un compañero científico de los laboratorios de estética y perfumería que patrocinaban el consultorio, y ahí aparecerá el otro personaje principal, Boro, con le unirá algo más que el afán de hacer justicia.

Pero no quiero destripar el argumento, sino que solo os diré que a medida que la historia va desarrollándose por las páginas del libro, la acción se va volviendo más trepidante, vertiginosa, y va envolviendo al lector en una atmósfera de peligro e intriga que lo atrapará hasta el final y lo llenará de adrenalina; y claro, la trama es importante, pero si a ello le sumamos la corrección literaria impecable desarrollada por Rosario en cada frase, la sencillez de sus exposiciones y descripciones que facilitan la comprensión, y la ambientación perfectamente fundamentada en sus investigaciones históricas, el cóctel es de los que nos garantizan momentos inolvidables repletos de sentimientos encontrados.

En conclusión, “La huella de una carta” es una novela que, sin ser histórica, nos permite descubrir las características peculiares de una parte de nuestra historia donde se descubrirán muchos datos que darán luz sobre este periodo oscuro de nuestro pasado que a nadie dejará indiferente.

El último trato, de Rabindranath Tagore.

El último trato Descarga en PDF

Una mañana iba yo por la pedregosa carretera,
cuando espada en mano, llegó el Rey en su carroza.
“¡Me vendo!”, grité. el Rey me cogió de la mano y me dijo:
“Soy poderoso, puedo comprarte.” Pero de nada le valió su poderío
y se volvió sin mí en su carroza.

Las casas estaban cerradas en el sol del mediodía
y yo vagaba por el callejón retorcido
cuando un viejo cargado con un saco de oro me salió al encuentro.
Dudó un momento, y me dijo: “Soy rico, puedo comprarte.”
Una a una ponderó sus monedas. Pero yo le volví la espalda y me fui.

Anochecía y el seto del jardín estaba todo en flor.
Una muchacha gentil apareció delante de mí, y me dijo:
“Te compro con mi sonrisa.” Pero su sonrisa palideció
y se borró en sus lágrimas. Y se volvió sola otra vez a la sombra.

El sol relucía en la arena y las olas del mar rompían caprichosamente.
Un niño estaba sentado en la playa jugando con las conchas.
Levantó la cabeza y, como si me conociera, me dijo:
“Puedo comprarte con nada.” Desde que hice este trato jugando, soy libre.

EL ÚLTIMO TRATO

“El último trato” es un poema, compuesto por Rabindranath Tagore, en dieciséis versos blancos que transmite un poderoso mensaje contra el mundo materialista donde todo lo que parece importante es el poder, el dinero o el deseo, pensando que esas son las cosas que pueden hacernos felices, olvidándonos de que la simplicidad y la inocencia son los bienes más supremos de todos.

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El poema comienza con una metáfora que claramente alude a la vida: “iba yo por la pedregosa carretera”, y estaba en plena juventud: “una mañana”, la época de buscar líderes, héroes, grandes metas donde demostrar nuestro valor, y en eso, se le aparece “el Rey”, con sus dos distintivos más emblemáticos del poder: la fuerza de las armas con las que doblegan al pueblo: “espada en mano” y el hecho de que es transportado por ese mismo pueblo: “en su carroza”, y entonces el “yo” se le ofrece: “¡Me vendo!”, pero el poder, por muy fuerte que sea, no puede poseer nada más que cuerpos, nunca almas, nunca pensamientos, nunca la razón de cada uno. Así que no le quedó más remedio que seguir su camino, acarreado por sus súbditos y sin el “yo”, pues él sabe que, además, el poder llega un momento en que se acaba y no sirve para encontrar lo que realmente busca.

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En la segunda estrofa llegamos a la madurez de la vida: “en el sol del mediodía”, donde todo se vuelve complicado y el “yo” tiene que trabajar con dureza para abrirse camino: “las casas estaban cerradas (…) y yo vagaba por el callejón retorcido”. Es entonces cuando nos tientan las riquezas, representadas en este caso por: “un viejo cargado con un saco de oro”, imagen del codicioso y el avaricioso: “una a una ponderó sus monedas”, que no ha hecho otra cosa en su existencia que atesorar, pero que, llegada la vejez, le sirve de poco porque está solo ya que no puede ofrecer otra cosa que dinero a los demás, y cuando el dinero se acaba, ya no queda nada, por lo que el “yo”, viendo que eso no le sirve para lo que busca, se va.

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En la vejez, “anochecía”, lo que más se anhela es el universo de los sentidos, que poco a poco se van perdiendo, por lo que la belleza se percibe con más nitidez, como algo que dentro de poco ya no podremos disfrutar: “jardín todo en flor”. Entonces el “yo” es tentado por “una muchacha gentil”, con el significado de “hermosa, agradable…”, la cual le quiere comprar con su “sonrisa”, pero el “yo” sabe que todo deseo material, una vez conseguido, se aplaca, se consume y desaparece, por lo que tampoco le sirve para lo que anda buscando.

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Finalmente llegamos a un nuevo amanecer, pues “el sol relucía en la arena y las olas del mar rompían caprichosamente” (observemos el contraste entre los paisajes de la primera estrofa y ésta), donde “un niño”, la inocencia, “sentado en la playa”, en contacto directo con la tierra, con la naturaleza, “jugando con las conchas”, la sencillez, las cosas más simples, “levantó la cabeza y, como si me conociera”, ausencia de miedo, franqueza, naturalidad, “me dijo: ‘Te compro con nada.’” Y esta gran oferta, no pudo resistirse, pues el “yo” que se tenga aprecio y conserve algo de dignidad, sabe que no tiene precio, por mucho que quienes están acostumbrados a tasarlo todo digan lo contrario, y entonces, solo pueden venderse por nada, pues, de esa forma, es la única manera de conseguir su propia libertad. La lujuria, la codicia y el poder son incapaces de crear personas libres, pues siempre serán esclavos de su propia obsesión y estarán muy lejos de la verdadera felicidad.

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Rabindranath Tagore nació en Calcuta el 6 de mayo de 1861. Fue educado en su propia casa hasta que, más tarde marchó para estudiar a la University College de Londres. Fue poeta, dramaturgo, novelista, narrador, filósofo y un constructor de su patria. Fundó una escuela en Shantiniketan, Bengala Oriental, que más tarde se convirtió en una universidad internacional conocida como “Rabindra Sangeet”. Es el autor del himno nacional de la India, el “Jana Gana Mana”, y recibió el Premio Nobel de Literatura en 1913, siendo el primer autor asiático en conseguirlo.

Para terminar esta guía, se me han venido a la mente estos versos de Benjamín Franklin, los cuales, creo, que encajan perfectamente con el tema que hemos tratado:

Piensa en tres cosas:

         de dónde vienes,

                   a dónde vas

                            y a quién debes tener en cuenta.

 

Felices lecturas.

GUÍA DE LECTURA: Pasaje a la India, de E. M. Forster

Guía de Lectura: Descargar en PDF

forsterpasajealaindiaNo es fácil simplificar el tema central que aglutine y direccione la trama o argumento de esta novela, pues en ella se desarrollan, como en un amplio abanico, una serie de variados asuntos que se interrelacionan, se solapan, se empujan, se anulan o, incluso, coordinan. Podríamos, tal vez centrarnos en el problema tan sobado del colonialismo, pero eso sería quedarnos cortos, pues las relaciones de amor-odio interraciales, religiosas, culturales, clasistas, de género, etcétera, van apareciendo por todas las rendijas que dejan los párrafos escritos con una prosa ágil, culta, aunque cercana y asequible, correcta, si bien amena e irónica, empleada por E.M. Forster, y eso sin olvidarnos de cuestiones tan poco livianas como el amor o la amistad.

         Se dice que Pasaje a la India es la obra cumbre de su autor, no lo sé, pues no he leído todos los libros que Forster escribió, ni tan siquiera un número adecuado para poder opinar, no obstante, sí que estoy en condiciones de afirmar que, desde el comienzo, hasta el final, me ha atrapado y me he visto, curiosamente, identificado en algunos puntos, y matizo lo de curiosamente pues, a pesar del abismo temporal, generacional, cultural y de pensamiento que nos separa, he visto bastantes reflejos de los defectos actuales, tanto sociales como personales, en los cuales nos regodeamos en nuestros días de tan creciente desconcierto.

Lógico es que no me vea reflejado ni en Aziz, ni en Fielding, ni en Heaslop, ni en ningún otro personaje masculino tanto británico como nativo, así mismo, también dudo que alguna mujer actual se sienta representada por Miss Quested o Mrs. Moore, y mucho menos por las otras estiradas y afectadas damas inglesas o por las sutilmente invisibles hindúes o musulmanas, pero sí nos podemos descubrir evidenciados en sus innumerables destellos de miseria, egoísmo, hipocresía y demás afeites sociales que no han evolucionado en nada desde entonces, si no es por el reboce materialista de una sociedad infinitamente más consumista que la mostrada en las páginas de este libro, así como en sus peregrinas esperanzas y en sus fatales deseos.

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         Pues bien, el texto en sí no se limita, como he ya afirmado más arriba, a la simple denuncia del imperialismo británico, o de cualquier otra índole, y sus innumerables y gratuitos estragos, catástrofes, trastornos, devastaciones o cualquier otro sinónimo que se nos ocurra cuyo significado se acerque al hecho de explotar a muchos para el beneficio de unos pocos, en el subcontinente indio, no, sino que al enfrentar Forster dos mundos tan opuestos, dos actitudes mentales tan dispares como la lógica de Occidente contra la intuitiva de Oriente, el pragmatismo frente a la ensoñación , de dos normas de conducta y morales tan enfrentadas, como la estética y la utilidad, tuvo que esgrimir, para lograrlo, la perspectiva de la poesía, de la imagen, y por ello utiliza la descripción como herramienta simbolista, al igual que el pintor usa el paisaje: con la finalidad de darle sentido a su obra.

         Y con el paisaje indio como fondo, a veces desolador, áspero, ingrato, pero otras, sin embargo, lozano, agradable, divertido y fértil en increíbles sensaciones, la acción comienza con la llegada de dos damas inglesas, la joven Miss Adela Quested y Mrs. Moore, con el propósito principal de que la primera conozca más profundamente al hijo de la segunda, Ronny, quien desempeña el cargo de magistrado en la ciudad india de Chandrapore, para decidir si contrae matrimonio con él, y el secundario de que ambas mujeres esperan ver la India real durante su visita, al margen de la cultura institucional importada por los británicos.

         Por otro lado, Aziz, un joven médico musulmán, se siente profundamente frustrado por el trato mediocre que recibe a manos de los ingleses, sobre todo por parte de su jefe directo, el Mayor Callendar, preocupación que suele comentar con sus dos amigos, Hamidullah y Mahmoud Ali, con quienes discute sobre si un indio puede llegar a ser amigo de un inglés en la India. Tras una acalorada velada de charla, Aziz busca el refugio del silencio de la mezquita y allí, por casualidad, conoce a Mrs. Moore y se sorprende gratamente de la familiaridad y amabilidad que ella despliega hacia él.

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         Mr. Turton, el gobernador de la zona, organiza una fiesta a la que invita a los indios más importantes, y a sus mujeres, en honor de las recién llegadas, allí Adela conoce a Cyril Fielding, el director del colegio estatal, quien, ante el deseo de la joven de descubrir la verdadera India, la invita a tomar el té en casa del profesor hindú Godbole, al que también acude Aziz. De esa reunión surge la amistad entre el profesor inglés y el médico musulmán quien, emocionado por sus nuevas relaciones, invita a todos a un viaje hasta las Cuevas de Maribor.

         Esta jornada será la desencadenante de los sucesos que precipitarán una serie de acontecimientos causante de enfrentamientos los cuales pondrán al descubierto las diferencias irreconciliables entre los dos mundos que pugnan por dominar aquella parte de Asia. Pero no vamos a descubrirlos aquí, sino que dejaremos el hallazgo de los mismo para su lectura.

         Ya he comentado que los temas que conforman la novela son varios y heterogéneos, por ejemplo, Un pasaje a la India comienza y termina por plantear la cuestión de si es posible para un inglés y un indio ser amigos, al menos en el contexto del colonialismo británico. Forster utiliza esta pregunta como marco para explorar la cuestión general del control político de Gran Bretaña sobre la India en un nivel más personal, a través de la amistad entre Aziz y Fielding. Al principio de la novela, Aziz desdeña a los ingleses y sólo los considera en forma irónica o los ignora completamente. Sin embargo, la conexión intuitiva que Aziz siente con la Sra. Moore en la mezquita le abre la posibilidad de tener una amistad con Fielding. Así, en la primera mitad de la novela, Fielding y Aziz representan un modelo positivo del humanismo liberal: Forster sugiere que la regla británica en la India podría ser acertada y respetuosa si ingleses e indios se trataran unos a otros como personas conectadas a través de la franqueza, inteligencia y buena voluntad.

Sin embargo, a raíz del clímax de la novela: la acusación de Adela contra Aziz, la amistad entre Aziz y Fielding decae, creándose ciertas tensiones en su relación a causa de interpretaciones tendenciosas de sus respectivas culturas. La tendencia de Aziz es dejar que su imaginación viaje libre y ello le hace crearse sospechas que le endurecen y le llenan de rencor. Fielding, en cambio, se deja llevar por la literalidad inglesa y racionalismo occidental que ciegan sus verdaderos sentimientos, por lo que su amistad queda relegada a conversaciones demasiado formales o cartas. Además, sus respectivas comunidades, india e inglesa, les va separando a través de sus mutuos estereotipos. Como vemos al final de la novela, incluso el paisaje de la India parece oprimir su amistad. Así pues, la visión final de Forster sobre la posibilidad de amistad anglo-india es pesimista, aunque sí considera factible esa posibilidad en suelo inglés, o después de la liberación de la India.

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Los personajes principales de Un pasaje a la India suelen ser cristianos o musulmanes, pero el hinduismo también desempeña un papel importante en la temática de la novela. El aspecto del hinduismo, que a Forster le preocupa particularmente, es el ideal de religión que incluye a todos los seres vivos, desde los más bajos a los más altos, unidos en el amor. Esta visión del universo parece ofrecer la redención a la India a través del misticismo, pues desaparecen las diferencias individuales en una colectividad pacífica que no reconoce jerarquías. Las intrigas y la culpa individual no es percibida en favor de la atención a las cuestiones de la más alta espiritualidad. El profesor Godbole, el hindú más visible en la novela, es para Forster el ejemplo de la unidad de todos los seres vivos. Godbole permanece al margen del drama, se abstiene de tomar partido, pues reconoce que todos están implicados en el mal de Marabar. Mrs. Moore, también se muestra, en este aspecto, cercana al hinduismo, aunque ella es cristiana, su experiencia de la India le ha hecho percibir un cierto descontento que hace empequeñecer sus creencias. Mrs. Moore parece sentir un gran sentido de conexión con la todas las criaturas vivientes, como lo demuestra su respeto a la avispa en su dormitorio.

Sin embargo, a través de la Sra. Moore, Forster también demuestra que la visión de la unidad de todos los seres vivos puede ser aterradora. Como vemos en la experiencia de la señora Moore con el eco de Marabar. Godbole no está preocupado por la idea de que la negación es un resultado inevitable cuando todas las cosas se juntan. Mrs. Moore, sin embargo, pierde interés en el mundo de las relaciones después de visionar esta falta de distinciones como algo horrible. Por otra parte, aunque Forster apoya generalmente la idea hinduista de la unidad de todos los seres vivos, también sugiere que puede haber problemas inherentes con él. Incluso Godbole, por ejemplo, parece reconocer que algo – aunque sólo sea una piedra — debe quedar fuera de la visión de unidad si la visión es coherente. Este problema de la exclusión es, en cierto sentido, simplemente otra manifestación de las diferencias individuales y la jerarquía que el hinduismo pretende superar.

Hay que distinguir entre confuso y misterioso en la novela. El propio Fielding, que actúa como voz del mismo Forster, admite que la India es un “caos”, mientras que figuras como la Mrs. Moore y Godbole ven India como un misterio. El lío que es la India en la novela se construye desde el suelo hacia arriba: el mismo paisaje y arquitectura del paisaje carece de forma y la vida natural de plantas y animales desafía cualquier identificación. Esta calidad confusa del medio ambiente se refleja en la composición de la población nativa de la India, que se mezcla en un embrollo de diferentes religiosos, etnias, grupos lingüísticos y regionales.

La confusión de la India desorienta a Adela; de hecho, los acontecimientos en las cuevas de Marabar pueden considerarse como la manifestación de esta maraña. Al final de la novela, no estamos seguros de lo que realmente ha sucedido en las cuevas. Forster sugiere que los sentimientos de Adela sobre Ronny se le hacen presentes en las cuevas y que ella de repente experimenta estas emociones como algo fuera de ella. El caos de la India también afecta a la amistad de Aziz y de Fielding y sus buenas intenciones son desviadas por el desconcierto que supone las identidades interculturales.

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Aunque Forster simpatiza con la India y los indios en la novela, su abrumadora representación de la India como una sociedad confusa coincide con la manera en que muchos escritores occidentales de su día trataron al Este en sus obras, quienes justificaron la dominación occidental en aquellas tierras como algo razonable, incluso necesaria, a la vista de la superioridad de la capacidad de razonar de la lógica europea frente al “caos” de las civilizaciones orientales.

Sin embargo, a pesar de que Pasaje a la India es en muchos aspectos un texto altamente simbólico, o incluso místico, también pretende ser una documentación realista de las actitudes de los funcionarios coloniales británicos en la India. Forster, utilizando su capacidad para la sátira, se mofa de las diversas actitudes típicas de los ingleses hacia los indios que controlan y los representa como racistas, autosuficientes, y condescendientes hacia la población indígena, saliendo, en general, bastante más mal paradas las mujeres que los hombres, aunque no parece cuestionar el derecho del imperio británico a gobernar la India, y sugiere que los británicos serían mejor servidos si fuesen más amables y más comprensivos con los indios con los que viven, pero no sugiere que los británicos deban abandonar la India en absoluto.

Por otro lado, podemos encontrar a lo largo de la novela una serie de estructuras y elementos recurrentes que nos pueden aportar bastante luz sobre los temas principales de la obra. Analizaremos los tres más importantes.

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Uno de ellos es el eco que aparece en las cuevas de Marabar: primero Mrs. Moore y posteriormente Adela escuchan el eco y son atormentadas por él durante semanas. El sonido del eco es “Boum”, como el ruido monótono de una salmodia que va adormeciendo los sentidos e impide desligar los detalles del entorno agobiante y, como ya hemos dicho anteriormente al hablar de la filosofía hinduista, esta unidad de todos los seres vivos, aparentemente positiva, puede llegar a una cierta confusión entre el bien y el mal, y ese acoso a que se ve sometida Mrs. Moore hasta su muerte por parte del eco hace que deje de preocuparse de las relaciones humanas y que Adela acuse a Aziz totalmente confundida, pero, curiosamente, este eco desaparece nada más reconocer que se ha equivocado.

Otro de estos elementos es la diferencia entre las arquitecturas oriental y occidental. Tres estructuras arquitectónicas, aunque una de ellas sea de origen natural, proporcionan el esquema de las tres secciones del libro, “mezquita”, “cuevas” y “templo”. Forster presenta la estética de las estructuras orientales y occidentales como indicativas de las diferencias de las respectivas culturas en su conjunto. En la India, la arquitectura es confusa y sin forma: los interiores se mezclan con los jardines exteriores, la tierra y los edificios compiten entre sí, y las estructuras aparecen inconclusas o monótonas. Como tal, la arquitectura India refleja la confusión reinante en aquella sociedad misma y Forster lo ve como el desinterés característico de los indios hacia la forma y la lógica. De vez en cuando, sin embargo, Forster tiene una visión positiva de la arquitectura India. La mezquita en la parte I y el templo en la parte III representan la promesa de la apertura de la India, el misticismo y la amistad. La arquitectura occidental, mientras tanto, se describe durante la parada de Fielding en Venecia en su camino a Inglaterra. Las estructuras de Venecia, que Fielding considera representativas de la arquitectura occidental en general, honran la forma y la proporción y complementan la tierra sobre la que se construyen. Fielding lee en esta arquitectura la corrección evidente de la razón occidental: un orden que, se lamenta, sus amigos indios no reconocerían ni apreciarían.

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Y el tercero es la canción hindú que Godbole canta para los visitantes ingleses, en la cual una lechera ruega para que Dios venga a ella o a su gente. El estribillo de la canción de “¡ven!”, reflejando en la apelación a todo el país en la búsqueda de algo más grande que él mismo. Después de la canción, Godbole admite que Dios nunca llega a la lechera. La canción descorazona mucho a lMrs. Moore, estableciendo el escenario para su posterior apatía espiritual, pues llega a tener la conciencia simultánea de una presencia espiritual y la falta de confianza en lo espiritual como una fuerza redentora. Godbole aparentemente pretende que su canción sea como un mensaje o lección de que el reconocimiento de la existencia de una figura de Dios puede unir al mundo y erosionar las diferencias. Forster usa el estribillo de la canción de Godbole, “¡ven!”, para sugerir que la redención de la India todavía está por llegar.

Del mismo modo, se pueden percibir una clara simbología que busca, mediante la abstracción de algunos objetos, colores, personajes o figuras, la representación de ideas o conceptos. Veamos otros tres elementos simbólicos del libro.

Las Cuevas de Marabar representan todo lo que es ajeno en la naturaleza. Las cuevas son más antiguas que cualquier otra cosa de aquella tierra y encarnan la nada y el vacío. Desafían tanto a los ingleses como a los indios y su extraña belleza descoloca a los visitantes. La calidad alienígena de las cuevas también tiene el poder de hacer que visitantes como Mrs. Moore y Adela se enfrenten a sí mismas descubriéndose rincones de su interior que no habían reconocido previamente. El eco de las cuevas hace que Mrs. Moore vea el lado más oscuro de su espiritualidad, y Adela se enfrenta a la verdad de que ella y Ronny no se atraen realmente el uno al otro, incluso duda de que sea capaz de atraer a alguien.

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El pájaro verde que Adela y Ronny ven cuando acaban de romper su compromiso por primera vez les demuestra las diferencias insalvables entre ellos dos, pues mientras ella lo ve como lo vería un nativo: atenta a su belleza, a su canto, a sus matices, al trasfondo de las emociones que le inspira, él se esfuerza por darle nombre, catalogarlo, etiquetarlo, llevado por su típica obsesión inglesa de clasificar todo lo que les rodea.

Y, por último, la avispa aparece varias veces en la novela, normalmente en conjunción con la visión hindú de la unidad de todos los seres vivos. La avispa es descrita como la criatura más baja que los hindúes incorporan en su visión de la unidad universal. Mrs. Moore está estrechamente asociada con la avispa, ya que encuentra una en su habitación y no intenta matarla, sino que la respeta.

Para terminar, os propongo que busquéis, durante vuestra lectura, las respuestas a las siguientes preguntas como herramienta que os ayude a entenderla mejor:

  1. ¿Qué esperan Adela y la señora Moore para salir de su visita a la India? ¿Tienen éxito?
  2. ¿Qué causa el colapso de Adela? ¿Por qué acusa a Aziz? ¿Qué cualidades le permiten admitir la verdad en el juicio?
  3. ¿Para qué sirve la Parte III, “Templo”, en Un pasaje a la India?
  4. ¿Cuál es la crítica principal de Forster a los británicos en la India? ¿Qué parece pensar sobre el Imperio en general?
  5. Evaluad el papel de la negación en la novela. Buscad ejemplos de la palabra “nada”, descripciones que usan la falta o negatividad, y puntos de trama en los que “nada” sucede, aunque los personajes piensan que algo sucede. ¿Qué significa la negación y cómo se usa?
  6. ¿Cuál es el papel de la naturaleza en Un pasaje a la India?
  7. ¿Qué papel desempeña la sexualidad en la novela? Considerad cualquier diferencia de opinión sobre la sexualidad entre Fielding y Aziz y entre Ronny y Adela.
  8. Comparad la representación de Forster de los ingleses en Chandrapore con su representación de la comunidad india de Aziz. ¿Los dos grupos tienen similitudes? ¿Forster retrata a un grupo con más simpatía?

REFERENCIAS:

  • SparkNotes Editors. “SparkNote on A Passage to India.” SparkNotes.com. SparkNotes LLC. 2002. Web. 2 May 2017.
  • «All Time 100 Novels». Time. 16 de octubre de 2005. Archivado desde el original el 25 de abril de 2010. Consultado el 2 de mayo de 2017.
  • J. Wallia (1996). «IndiaStar book review: Satyajit Ray by Surabhi Banerjee». Archivado desde el original el 27 de noviembre de 2015. Consultado el 2 de mayo de 2017.
  • Fotografías de la película A Passage to India, by Davin Lean. Columbia Pictures, 1984.

“Vivo sin vivir en mí…”, de Teresa de Ávila

Vivo sin vivir en mí,
y de tan alta vida espero
que muero porque no muero. 

Vivo ya fuera de mí
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí;
cuando el corazón le di
puse en él este letrero:
que muero porque no muero. 


Esta divina prisión
del amor con que yo vivo
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero. 

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero. 

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga.
Quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero. 

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo, el vivir
me asegura mi esperanza.
Muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero. 

Mira que el amor es fuerte,
vida, no me seas molesta;
mira que sólo te resta,
para ganarte, perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero,
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba
es la vida verdadera;
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva.
Muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero. 

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios, que vive en mí,
si no es el perderte a ti
para mejor a Él gozarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.  

PDF: “Vivo sin vivir en mí…”, de Teresa de Ávila

Prácticamente obligatorio era hoy, aprovechando la lectura de la novela de Fernando Delgado, Sus ojos en mí, traer a debate un poema de Teresa de Cepeda y Ahumada, más conocida como Santa Teresa de Jesús o Teresa de Ávila. Y ya dispuestos a ello, qué mejor que leer los tan citados, glosados y conocidos versos de “Vivo sin vivir en mí”.

Mucho se puede decir de Teresa de Ávila. Pero vayamos por partes antes de comentar el poema: nacida en Ávila en 1515 y fallecida en Alba de Tormes en 1582, durante su vida fundó las carmelitas descalzas, una rama de la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo. Es importante este detalle para entender su obra, ya que la tradición de la orden se inspira en el espíritu contemplativo de la vida eremítica, fundamentado en el desprendimiento y en la contemplación. Ello, unido al legado de los franciscanos, podría explicar por qué la espiritualidad de sus miembros consigue alcanzar tan altas cotas, sobre todo, si nos fijamos en dos de los grandes místicos, no solo de la literatura española, sino universal, que pertenecieron a ella: San Juan de la Cruz y Teresa de Ávila.

“Vivo sin vivir en mí…” es un poema místico. Esto quiere decir que trata de expresar, haciendo uso de las posibilidades poéticas y simbólicas del lenguaje, la experiencia y los sentimientos del poeta-místico durante el éxtasis sufrido en su proceso de unión íntima con la divinidad; Dios, el dios de los católicos, en este caso. Especifico porque existe mística en prácticamente todas las culturas.

Esa experiencia es inefable, es decir, no puede ser traducida a lenguaje convencional, ya que ni siquiera el propio místico la comprende ni la puede comunicar porque su inmensidad desborda cualquier categoría humana. Ante esta insuficiencia del lenguaje, únicamente es posible recurrir al lenguaje poético y a sus procedimientos más poderosos: la comparación o símil y la alegoría.

Muy claramente se observa en el poema de Teresa de Ávila otro procedimiento que persigue llevar al extremo las posibilidades significativas del lenguaje: la paradoja, que funciona al unir dos ideas aparentemente contradictorias por naturaleza con la finalidad de buscar un sentido profundo tras ellas: “Vivo sin vivir en mí / y tan alta vida espero / que muero porque no muero”. Todo el poema está recorrido por ellas, hasta el punto de que el final de cada estrofa, como en salmodia, se repite el verso “que muero porque no muero”, en un intento de reflejar de manera constante dichas contradicciones, obligando al lector avanzar sobre el propio lenguaje para buscar una interpretación fuera de la lógica racional.

Santa Teresa encuentra en ese mecanismo un modo de trasladar la experiencia mística en negro sobre blanco: ¿A qué se refiere, por lo tanto, con ese vivir afuera? Pronto lo señala: “Vivo ya fuera de mí / después que muero de amor; / porque vivo en el señor, / que me quiso para sí”. Desde el inicio, está claramente marcado el cariz místico del que hablábamos anteriormente. De manera recurrente se repite este motivo, en ocasiones atravesado por otras imágenes con mucho recorrido en la tradición, como es el de la prisión: “Esta divina prisión / del amor con que yo vivo / ha hecho a Dios mi cautivo, / y libre mi corazón; / y causa en mí tal pasión / ver a Dios mi prisionero / que muero porque no muero”.

Teresa de Ávila se lamenta de su encierro en esta vida y persigue la esperanza de que al final del camino pueda unirse definitivamente con la divinidad: “¡Ay, qué larga es esta vida! / ¡Qué duros estos destierros, / esta cárcel, estos hierros / en que el alma está metida!” o “Ay, qué vida tan amarga / do no se goza el Señor! / Porque si es dulce el amor, / no lo es la esperanza larga”.

Hasta el final de la composición, Teresa de Ávila juega con la idea de unión con la divinidad después de la muerte. Al final, incluso, lo explicita abiertamente en la penúltima estrofa: “Aquella vida de arriba / es la vida verdadera; / hasta que esta vida muera / no se goza estando viva”. Este recorrido, tan marcado en una misma dirección, finaliza con un estruendo final. En apenas tres versos y tras una pregunta dirigida a Dios, Santa Teresa dicta: “Quiero muriendo alcanzarle, / pues tanto a mi Amado quiero,  / que muero porque no muero”.

P.D.1: Teresa de Jesús. Una vida de experiencia mística.

Capítulo 1:

Capítulo 2:

Sus ojos en mí, de Fernando Delgado

Guía de Lectura. Descarga en PDF

“Y fue para mí una desgracia que en Beas de Segura y en día de primavera pusiera en mí sus ojos; seguro hállome de que pecó de precipitada al mostrar su complacencia en mi persona antes de cualquier examen.”

Jerónimo Gracián de la Madre de Dios

         Y no se equivocaba el bueno de Gracián al calificar de “desgracia” el hecho de que Teresa “pusiera sus ojos en él” pues ello le acarrearía muchos sufrimientos, sin embargo, no pudo evitar sentirse atraído por aquella mujer que le doblaba en edad y a la que describió con estas palabras: “No diré que el rostro de aquella mujer, recortado en la toca de una monja, fuera tan bello que incitara al pecado al que lo viera al retirar su velo. Ni que su cuerpo, ágil para su edad de mujer plena, llamara a cualquier hombre a imaginarlo con malicia, Tampoco diré que la santidad le alumbraba los ojos, porque no era su mirada la recatada mirada de una virgen. La cara vivaz, el cuerpo inquieto, la mirada solícita y la inteligencia moviéndole los labios hacían de Teresa de Cepeda una mujer de apariencia más joven a sus sesenta años y presta al atractivo.” Pero aquel amor que surgió entre ellos, o más bien en ella, pues era ella mujer “que no ponía puertas al amor ni separaba el amor divino del humano porque al fin todo lo que tocaba el amor era para ella divino”, le obligaría a sumergirse en las enfangadas aguas de una guerra sin cuartel que, durante años, se desarrolló en los submundos humanos de quienes predicaban lo divino.

         Partiendo, pues, de estas premisas, y teniendo como escenario histórico los seis últimos años de vida de la santa durante el reinado de Su Católica Majestad Felipe II de España, quien también tendrá sus momentos en el argumento, esta novela no solo despliega, con sintaxis añeja, cargada de ironía y cercana a las formas y estilo de sus protagonistas, una bella historia de amor, aquella que dio comienzo el día en que Teresa de Jesús recibe en el convento de Beas de Segura al joven visitador de la orden, Jerónimo Gracián, y ella siente de inmediato por él “lo que no había sentido antes por nadie”, calificando como “los más luminosos de mi vida” los día que pasaron juntos hablando de lo divino y lo humano y compartiendo sus mutuos sentimientos e inquietudes, sino también, al mismo tiempo, la lucha despiadada entre aquellos representantes de Dios en la tierra quienes, olvidándose de lo eterno, buscaban la gloria en lo efímero, y es que la erótica del poder abre más puertas en el infierno que la del sexo.

La novela tiene una estructura original, pues transcurre en dos tiempos narrativos: el más actual, a mediados del siglo XX, donde Julio Weyler (más tarde Fray Casto del Niño Jesús) busca los consejos de Fray Humberto San Luis para que le ayude a escribir una novela sobre San Juan de la Cruz, aunque éste le quita esa idea inicial pues considera al personaje poco interesante para la narración, en cambio piensa que es más novelesca la relación entre Teresa de Jesús y Jerónimo Gracián. Así que Julio se replantea su inicial objetivo y, en colaboración con Fray Humberto y con su tío Ronald Weyler, se lanza a una extensa labor de investigación que dará como fruto esta historia.

El otro tiempo narrativo es el de la segunda mitad del siglo XVI, donde se desarrolla la labor reformadora de Teresa de Jesús, Juan de la Cruz y Jerónimo Gracián.

         La iglesia católica se había desviado bastante de sus principios originales relajando la disciplina, la observancia de las reglas, el comportamiento y la moral, por lo que, tras la reforma protestante de Lutero, se vieron en la necesidad de dar una respuesta contundente, o contrarreforma, si no querían caer en la más absoluta debilidad y permitir el avance del protestantismo. Para ello se convocó el Concilio de Trento de donde surgieron nuevas normas disciplinarias más acordes a la ortodoxia de sus creencias, revitalizando el uso de las herramientas infalibles de la oración y la meditación, así como del sacramento de la confesión, al mismo tiempo, se impulsó la formación de nuevas órdenes religiosas, cofradías y hermandades, para extender la fe y ayudar a los necesitados y, por entidad vigilante y censora se dio máximo poder a la Santa Inquisición. Y como siempre ocurre en estos casos, surgieron diferentes interpretaciones: por un lado, la idea impulsada por Pablo IV de un Dios intransigente y castigador, y por el otro el acercamiento individual a la fe y el uso de la piedad popularizado por Teresa de Jesús o Juan de la Cruz.

Sin embargo, no todos estaban por la labor de reformarse y menos cuando los monasterios y conventos veíanse repletos de hijos e hijas de casas nobles, o adineradas, que entraban en ellos por motivos bastante más peregrinos que la fe. Y ese era el caso de la orden del Carmelo, donde muchos de sus frailes “eran unos borrachos y puteros”, y de lo cual tampoco se salvaban muchas monjas

Ante la resistencia de los carmelitas calzados a mudar en sus costumbres, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz se lanzaron a una reforma según la regla antigua, mucho más estricta en los votos y mucho más humilde en las formas, que les acarrearía no pocos disgustos y sufrimientos en sus personas, sino también incluso agresiones, encarcelamientos, persecuciones y muertes entre sus seguidores, a manos de quienes hasta hacía poco eran sus hermanos.

Teresa estaba en total desacuerdo con la relajación de las normas de los conventos del Carmelo, por lo que decidió, ayudada por Juan de la Cruz, crear una nueva rama de carmelitas, los descalzos, mucho más revestidos de austeridad, pobreza, clausura y reflexión, construyendo, para ello, una serie de retiros por toda la península, comenzando por el de San José, en Ávila, su tierra natal, al que siguieron otros en Medina del Campo, Malagón, Toledo, Salamanca, Segovia, Beas de Segura, Sevilla Caravaca, Palencia y Burgos. Pero a causa de esta frenética actividad fundadora y reformista despertó la desconfianza en la Inquisición y fueron sus pasos constantemente mantenidos en estrecha vigilancia, sin olvidarnos de las suspicacias que levantaban sus escritos.

         Por su parte, Jerónimo Gracián Dantisco, natural de Valladolid, llegó, como ya hemos mencionado, ante Teresa como visitador de la orden alcanzando a ser el primer provincial de los Carmelitas descalzos. Sufrió numerosas persecuciones en su empeño por llevar a cabo las ideas de la mujer que le iluminaba y, sin perder nunca el buen humor, conoció el dolor de las traiciones y la soledad, aunque jamás la indiferencia, y nunca llegó a comprender por qué un amor tan puro, como el que había surgido entre Teresa y él, podía ser utilizado para atacarles y humillarles: “Mas este amor que yo tenía a la madre Teresa y ella a mí, en mí causaba pureza, espíritu y amor de Dios, y en ella consuelo y alivio para sus trabajos, como muchas veces me dijo, y así no querría que ni aún mi madre me quisiese más que ella. Bendito sea Dios que me dio tan buena amiga que estando en el cielo no se le entibiará este amor, y puedo tener confianza que me será de gran fruto. Mas mira qué cosa son lenguas mordaces, que de la grande comunicación y familiaridad que teníamos los dos, juzgaban algunos maliciosos no ser amor santo, y cuando no fuera ella tan santa como era y yo el más malo del mundo, de una mujer de sesenta años tan encerrada y recatada no había que sospechar mal; y con todo eso encubríamos esta tan íntima amistad porque no se nos echase a mala parte”. Y es que aquella relación produjo también muchas envidias y habladurías, incluso entre su propia comunidad, llegando Jerónimo a ser expulsado de España, apresado por los corsarios y acabando, paradójicamente, siendo recogido por los carmelitas calzados.

Recordando, pues, aquellos lances y peripecias de estos personajes históricos, Fernando Delgado nos ha dejado una deliciosa historia de amor platónico, o tal vez no tanto: “cualquier alma, por perfecta que sea, ha de tener un desguadero. Déjeme a mí tener este, que por más que me diga no pienso mudar del estilo que con él llevo”, en cuyas páginas aparece, de vez en cuando, su diablillo interno que nos hace burlas y bromas provocándonos la duda de todo lo que leemos y haciéndonos reflexionar sobre el límite entre lo divino y lo humano.

EN TORNO A LA LECTURA: Breve biografía de Mark Twain.

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136321-004-2564c6caSamuel Langhorne Clemens, más conocido como Mark Twain, nació en la localidad de Florida, en el estado de Missouri, Estados Unidos de América, el 30 de noviembre de 1835.

Desde su infancia, pasada en Hannibal, Misuri, tuvo un espíritu claramente aventurero, humanitario y romántico, intentando aprovechar cada segundo de su vida repleta de anécdotas, cuyas propias experiencias le dieron la inspiración para muchas de sus creaciones literarias, sobre todo para sus dos obras cumbre: Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn.

mark_twain_by_gh_jones_1850_-_retouchedTras la muerte de su padre, cuando él tan solo contaba con doce años de edad, se puso a trabajar como aprendiz de tipógrafo en una editorial, abandonando los estudios, y comenzó a escribir sus primeros artículos en el periódico que dirigía su hermano, pero su pueblo le venía pequeño y pronto marchó a trabajar a diversas ciudades: Keokuk (Iowa), Nueva York, Filadelfia… hasta que se embarcó como piloto en un vapor, más tarde sería soldado de la Confederación, minero en Nevada y periodista en el Territorial Enterprise de Virginia. En 1963 se metió de lleno en la creación literaria con el seudónimo de Mark Twain, que en realidad quiere decir “dos brazas de profundidad”, el calado mínimo para navegar por el Mississippi. Entonces comenzó un periplo que le llevó por Europa y Tierra Santa, hasta que en 1870 se casó con Olivia Langdon. En 1907 le fue otorgado el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oxford (Inglaterra). Falleció el 21 de abril de 1910 en Redding, perteneciente al estado de Connecticut, (Estados Unidos), curiosamente tal y como había vaticinado un año antes con estas palabras: “Vine al mundo con el cometa Halley en 1835. Vuelve de nuevo el próximo año, y espero marcharme con él. Será la mayor desilusión de mi vida si no me voy con el cometa Halley. El Todopoderoso ha dicho, sin duda: ‘Ahora están aquí estos dos fenómenos inexplicables, vinieron juntos, juntos deben partir’. ¡Ah! Lo espero con impaciencia.” Y así ocurrió, pues el Halley llegaba al punto más cercano de su órbita al sol (perihelio), justo cuando él murió.

Samuel Langhorne Clemens September 1-2, 1867, Pera, Constantinople

Samuel Langhorne Clemens
September 1-2, 1867, Pera, Constantinople

Mark Twain fue un hombre comprometido con el mundo en que vivía y no tenía ningún pudor en reconocer que estaba equivocado en algunas de sus ideas originales y cambiar de posición en transcurso de su vida, así, por ejemplo, en su juventud era un ferviente defensor del imperialismo norteamericano, sin embargo, tras la anexión de Filipinas por los Estados Unidos, cambión de opinión radicalmente, llegando a liderar la American Anti-Imperialist League. Así mismo, en relación con la religión cambió su punto de vista al llegar a la madurez, pues si al principio era presbiteriano, posteriormente se volvió crítico con la religión diciendo, incluso, que “la fe es creer lo que sabes que no es” o “Si Cristo estuviera ahora aquí, no sería cristiano.” Sin embargo, en lo que siempre se mantuvo fue en la defensa de los derechos humanos y en contra de cualquier tipo de esclavitud o explotación, llegando a decir que la Proclamación de Emancipación de Lincoln “no solo liberó a los esclavos negros, sino que también liberó a los blancos.” Pero todavía pensaba que en los Estados Unidos no funcionaba bien la justicia cuando se trataba de los derechos de las minorías: “He visto chinos insultados y maltratados de todas las formas más bajas y cobardes que una naturaleza degradad puede idear, pero nunca vi a un chino vindicado en un tribunal de justicia por el trato injusto recibido.” También defendió el sufragio femenino y la emancipación de la mujer, siendo un admirador de Helen Keller, la famosa activista y oradora sorda y ciega, y de su profesora Anne Sullivan, consiguiendo que su amigo Henry Rogers financiara la educación de la joven. Y no menos importante fue el apoyo que daba a los sindicatos y a la clase trabajadora: “¿Quiénes son los opresores? Los menos: el Rey, el capitalista, y un puñado de otros capataces y superintendentes. ¿Quiénes son los oprimidos? Los más: las naciones de la Tierra; los personajes valiosos; los trabajadores; ellos que hacen el pan que se comen los blandos y los ociosos.”

 

El listado de sus obras es bastante amplio y variado:

  • La célebre rana saltarina del condado de Calaveras y otros relatos, escrita en 1865, llegó a ser bastante popular en todo Estados Unidos.
  • Los inocentes en el extranjero (1869), es un conjunto de cartas humorísticas sobre sus viajes encomendadas por el periódico The Sacramento Union.
  • Pasando fatigas (1872), es otra obra sobre viajes basada en sus experiencias en el Oeste norteamericano.
  • La edad dorada: un cuento de hoy (1873), escrita en colaboración con Charles Dusley Warner, trata sobre la Guerra de Secesión y se puede considerar su primera novela.
  • Viejos tiempos en el Mississippi (1876), habla de sus experiencias en el río mediante una colección de cuentos cortos.
  • Las aventuras de Tom Sawyer (1876), está inspirada en sus aventuras infantiles y en ella aparece una serie de personajes verídicos, compañeros suyos: John Briggs, Will Bowen, Tom Blankenship (Huckleberry Finn) o Tom Sawyer (él mismo).
  • Los hechos relativos a la reciente orgía de crímenes en Connecticut (1877)
  • Taladrad, hermanos, taladrad (1878)
  • Un vagabundo en el extranjero (1880), donde nos cuenta sus viajes por Europa.
  • El príncipe y el mendigo (1881), es la historia de dos muchachos físicamente parecidos, nacidos el mismo día, pero en distintas clases sociales, siendo uno príncipe y el otro mendigo, quienes, al conocerse accidentalmente, deciden cambiar sus roles. Está considerada como su primera obra con ambiente histórico.
  • El robo del elefante blanco (1882)
  • Vida en el Mississippi (1883), basada en sus experiencias como piloto en un vapor por el río.
  • Las aventuras de Huckleberry Finn (1884), la novela sobre la cual versa nuestra Guía de Lectura actual.
  • La historia privada de una campaña que fracasó (1885), donde recuerda su participación en la Guerra de Secesión.
  • Un yanqui en la corte del Rey Arturo (1889), un viaje al pasado de un joven norteamericano que se traslada a la Inglaterra medieval y en la cual, Twain, deja patente su decepción por las políticas sociales que se desarrollaban en su tiempo.
  • El conde americano (1892)
  • El billete de un millón de libras esterlinas (1893)
  • Tom Sawyer en el extranjero (1894)
  • Pudd’nhead Wilson (1894)
  • Recuerdos personales de Juana de Arco (1896), fue la novela que más le costó escribir y de la que más orgulloso estaba.
  • Tom Sawyer detective (1896)
  • Siguiendo el Ecuador (1897)
  • El hombre que corrompió a una ciudad (1900)
  • Inglés como se lo enseñan (1900)
  • Historia detectivesca de dos cañones (1902)
  • Cuento de un perro (1904)
  • Extractos del diario de Adán (1904)
  • Soliloquio del rey Leopoldo: una defensa de su dominio del Congo (1905)
  • Oración de guerra (1905)
  • ¿Qué es el hombre? (1906)
  • Diario de Eva (1906)
  • Un legado de 30 000 dólares (1906)
  • La historia de un caballo (1907)
  • ¿Ha muerto Shakespeare? (1909)
  • El capitán Tormenta (1909)
  • El forastero misterioso (Póstuma), trata de la visita del sobrino del diablo a la Tierra.
  • Capítulos de mi autobiografía (Póstuma, 2010), recopilación de artículos aparecido en la revista literaria North American Review entre 1906 y 1907.
  • 1280px-mark_twain_statue_garden_city_ks_img_5875

Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain

 

 Guía de lectura: Las aventuras de Huckleberry Finn PDF

titulo“Toda la literatura estadounidense moderna procede de un libro de Mark Twain titulado Huckleberry Finn (…) Es el mejor libro que tenemos. Toda la escritura estadounidense viene de ahí. Antes no había nada. Desde entonces no ha habido nada tan bueno.”

Hemingway (Verdes colinas de África)

 

The writings of Mark Twain Edition de Luxe, vol. 13 Hartford: American publishing company, 1899-1907 PS1300 1899 RAREBOOK Special Collections SC-STKS

Curiosamente, a pesar de ser considerada una de las primeras grandes novelas norteamericanas, Las aventuras de Huckleberry Finn apareció publicada en Inglaterra por primera vez a finales de 1884 y unos meses después en Estados Unidos y, desde entonces, no ha dejado de suscitar una constante controversia entre quienes están a favor y quienes la consideran poco menos que una basura, por lo que es notable la diferencia de criterios que sobre ella han surgido: desde los que ven en ella una buena lectura para el público juvenil, hasta los que pretenden su prohibición por inapropiada; desde aquellas personas que la consideran un panfleto racista, hasta las que la utilizan como la mejor publicación antirracista; todo lo cual ha colaborado en darle mucho más interés a una historia que ya lo tenía por sí sola gracias a su calidad, a su poder de seducción y a la variedad de temas que en ella se tratan.

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Huckleberry Finn, aunque fue escrita dos décadas después de la Guerra de Secesión, está ambientada en la época de la esclavitud anterior a esta contienda. Su narrador es el propio Huckleberry Finn, quien ya apareciera en la anterior novela de Mark Twain, Las aventuras de Tom Sawyer, como un niño paria del que en aquellas aventuras se dice que “era cordialmente odiado y temido por todas las madres del pueblo, porque era vago, ordinario y malo, vivía al margen de la ley, y todos sus hijos lo admiraban, disfrutaban de su compañía prohibida y deseaban atreverse a ser como él.” En esta ocasión el niño huye, por un lado, de las restricciones y comodidades que le impone su madre adoptiva, la viuda Douglas, las cuales le resultan embarazosas y cargantes, y por otro, del constante maltrato recibido por su padre biológico quien lo arrastra con él para poder quedarse con el dinero que Huck cobró como recompensa por capturar a un delincuente junto con su amigo Tom, y en esta fuga se le une el esclavo Jim, que a su vez se escapa de la posibilidad de ser vendido a otro amo de mucho más al sur del Mississippi, con lo que sería alejado de su mujer e hijos, y pretende llegar hasta Ohio para poder alcanzar la tierra donde no existe la esclavitud, trabajar y conseguir el dinero suficiente para liberar a su familia. De esta forma vemos que la novela en sí es un viaje hacia la libertad.

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  Ambos fugitivos van conformando una sólida amistad en la balsa donde viajan a lo largo del río. Su primera supuesta etapa debe acabar en Cairo, en el estado de Illinois, donde pretenden vender la balsa y comprar unos pasajes para un vapor y remontar el Ohio, pero la niebla les impide ver bien y pasan por delante de la ciudad sin darse cuenta bajando por el Mississippi hacia los territorios sureños y esclavistas. Entonces a Hunck le aparecen los remordimientos al darse cuenta de que está ayudando a un esclavo a escapar de su dueño legítimo, entonces le surge una lucha entre la moral inculcada por su educación esclavista y el sentimiento de camaradería, entre la aceptación de los presupuestos de la esclavitud y su inclinación hacia la dignidad humana, algo muy complicado en una sociedad de clases en la que un borracho ignorante y cruel se siente superior a un esclavo amable, trabajador y buena persona, simplemente por la diferencia de color y puede permitirse el lujo de venderlo para seguir gastándose el dinero en bebida.

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Pero a pesar de sus temas tan polémicos para la sociedad de su tiempo, Mark Twain logra escribir una historia neutra, sin un narrador omnisciente que emita juicios de valor ni con fantasías que desvíen la atención de la trama, por lo que si comparamos Tom Sawyer con Huckleberry Finn, veremos que si la primera era una novela narrada por una persona madura para un posible lector juvenil, ésta es la narración de un muchacho con la intención de que sea comprendida por un adulto. Así mismo, si lo comparamos con La cabaña del tío Tom, escrito en 1852 por Harriet Beecher Stowe, el cual fue considerado una de las chispas desencadenantes de la Guerra de Secesión, comprobamos como éste sí toma partido claramente, y de forma apasionada, en defensa de la libertad de los esclavos, en cambio, Huckleberry Finn se limita a mostrar las diferentes formas de pensar sin más. Se ha querido ver en la amistad creciente entre Huck y Jim un alegato antiesclavista, pero no considero que eso sea cierto ya que en aquella época no pocas amistades, o relaciones de afecto, surgirían entre las dos clases de seres humanos que estaban condenados a convivir.

        hucfront El personaje central y narrador, Huckleberry Finn, es un adolescente con muy buen corazón y con una gran empatía con las personas que le rodean, quien, a fuerza de oír decírselo a los demás, se considera un niño malo y está en constante lucha con su conciencia, creyendo que acabará en el infierno, algo que llega a aceptar. Carece de la desbordante imaginación de Tom y del sentido del humor de aquel, pero es bastante observador e inteligente y se limita a describir lo que ve sin enjuiciar nada. Es un inadaptado social a causa del maltrato infantil al que le somete su padre borracho y siente vergüenza de su origen y, sin embargo, en su carácter se imprime un fuerte sentido de superación.

        huck-finn-and-jim-on-raft Uno de los motivos de las malas críticas que recibió este libro tras su publicación fue a causa de su lenguaje demasiado natural y espontáneo que chocaba frontalmente con los gustos de una sociedad puritana y repleta de rígidas normas; que se abandonara el tradicional lenguaje formal en favor de la auténtica voz del pueblo, ordinaria, pero natural, verosímil, pues era la única que correspondía a la forma de hablar de un niño inculto y pobre de la rivera del Mississipi, resultaba intolerable para muchas personas de las clases media y alta, tanto como el hecho de tener como héroe a ese muchacho que, a pesar de todas las virtudes que va desplegando durante sus aventuras: nobleza, audacia, bondad y generosidad, sólo se le tenía en cuenta el otro aspecto de su personalidad: su rebeldía, sus vicios, sus hurtos, su lengua aguda y ofensiva y su tendencia a mentir, sin importarles la realidad de que la personalidad de cada ser humano es una suma de claros y oscuros y nadie es simplemente un ser plano. Pero, sobre todo, lo que no le perdonaban al autor es que, después de todas sus fechorías, el pilluelo saliera bien parado.

huck-finn-jim         Así pues, pronto surgieron voces que pedían su prohibición en nombre de la moral, y fue desterrado de las estanterías de algunos colegios y de varias bibliotecas, sin embargo, este ataque despiadado y absurdo logró lo contrario de lo que pretendía conseguir, y La aventuras de Huckleberry Finn se hizo más famoso y más tentador, por lo que sus ventas crecieron.

         Los personajes que llenan esta novela son de lo más heterogéneo entre los que nos encontramos bastantes caricaturas de la sociedad fronteriza del medio Oeste americano a mediados del siglo XIX. Podríamos comenzar con el propio Huckleberry Finn, el protagonista y narrador de la novela, un niño de trece años, cuyo padre es el borracho del pueblo, San Petersburgo, Mussouri, ribereño al río Mississippi, y a quien la necesidad y la marginación le ha obligado a sobrevivir gracias a su inteligencia, una especie de pícaro a la americana, y a pesar de no tener formación, es reflexivo y siempre saca sus propias conclusiones de todo, lo cual, a veces, le acarrea algunos problemas morales porque se descubre pensando de forma contraria a las normas de la sociedad en la que vive, pero como todavía es un niño, se deja influenciar con facilidad, sobre todo por su amigo Tom, el protagonista de Tom Sawyer, a diferencia de Huck, Tom es imaginativo y dominante, a quien le entusiasman los planes descabellados y peligrosos y para quien la vida debe vivirse como las de las novelas de aventuras a las que es bastante aficionado, lo que le lleva a veces a cometer estupideces que pueden rayar la crueldad, así mismo, a diferencia de su amigo, Tom es más convencional con las normas sociales.

huckleberry-finn-2012       La viuda Douglas es la mujer que adopta a Huck en la primera novela, tiene un carácter suave y permisivo, por lo que a Huck le da pena decepcionarla cada vez que comete algún error, pero aun así se escapa porque no puede soportar tanto aburrimiento en la vida cómoda que lleva en su casa. Con ella vive su hermana, la señorita Watson, quien representa la hipocresía de aquellos valores éticos y religiosos que permitían tener esclavos, y a quien Huck no tiene mucho aprecio. Esta señorita tiene un esclavo llamado Jim, el cual es muy supersticioso y sentimental, pero también bastante inteligente y el más adulto y lógico de todos los personajes de la novela, así mismo, hace gala de una gran generosidad, de un fuerte amor por su familia y su amistad con Huck le demuestra al joven la humanidad no tiene nada que ver con el color de la piel, sin embargo, al ser un esclavo, siempre está a merced de los caprichos del resto de actores del relato, quienes, en ocasiones, le fuerzan a realizar situaciones ridículas y vergonzosas.

         El padre de Huck se llama Papanicolaou, un hombre desagradable y malvado quien casi siempre está borracho y a quien lo único que le interesa de Huck es el dinero que consiguió en la recompensa; su aspecto es deplorable, con la piel tan blanca como la de un fantasma y la ropa hecha girones, así mismo, intenta por todos los medios que su hijo sea un ignorante como él prohibiéndoles ir al colegio y le golpea con mucha frecuencia por el simple hecho de que le apetece o para degradarlo; este hombre representa la degradación en que se estaba sumiendo la sociedad blanca y el fracaso de la estructura de la familia.

twahuc11         El juez Thatcher ejerce en la localidad donde viven Huck, Tom y Jim y comparte la custodia de Huck con la viuda Douglas además de ser el encargado de velar por su dinero, el mismo que pretende Papanicolaou, por eso, cuando Huck se da cuenta de que ha regresado a la ciudad, le entrega su fortuna al juez a cambio de un dólar, pero el juez simplemente le sigue el juego tratando de ayudarle. El juez tiene una hija, Becky, que era la novia de Tom en la anterior novela a la que ellos llaman “Bessie”.

         Otros personajes que también simbolizan esa triste degradación son el Duque y el Delfín, un par de estafadores recatados por Huck y Jim en su balsa de una muerte segura al ser perseguidos por una multitud, y que dicen ser: el más viejo, el “Delfín de Francia”, hijo del ejecutado rey Luis XVI y, por lo tanto, el heredero al trono, y el más joven, pretende hacerse pasar por el Duque de Bridgewater, cuyo ducado le fue usurpado. Huck se da cuenta enseguida que eso es un fraude, pero él y Jim deciden seguirles el juego para no tener problemas, algo de lo que los dos bribones se aprovechan teniéndolos como criados personales, mientras van desplegando una serie de estafas a lo largo del viaje por el río. Unas víctimas de sus fechorías son las tres herederas de Peter Wilks, un hombre adinerado que muere y ha dejado una fortuna y sobre el cual un hombre les habla a los estafadores dándole mucha información que utilizarán para hacerse pasar por hermanos del finado, a quienes dejó gran parte de la herencia, siendo las pobres huérfanas, tres muchachas jóvenes, las sufren la mayor parte de las tropelías, pero Huck intenta por todos los medios desbaratar aquella estafa.

         Durante la historia aparecen otras dos familias que quieren hacerse cargo de Huck, los Grangerford y los Phelps. La primera se lleva a Huck después de que un vapor golpea la balsa y le separa de Jim, ellos le ofrecen al chiquillo alojamiento en su casa de campo, pero, sin quererlo, se ve envuelto en una disputa entre familias enemigas, contra los Shepherdson, una guerra sin cuartel, bastante ridícula y cruel, que simboliza la estupidez del tradicional honor familiar que les llevará a la muerte de todos sus miembros. Por otro lado, los Phelps, Silas y Sally, la única familia más o menos estable que aparece en toda la novela, los cuales son tíos de Tom Sawyer a quines Huck encuentra por casualidad, cuando el “Delfín” les vende a Jim como un esclavo fugitivo y él va a buscarlo; Huck se hace pasar por Tom y éste, al que están realmente esperando, cuando llega, para no descubrir el embuste, se hace pasar por su hermano mayor. Los dos juntos les hacen víctimas de todas las locuras ideadas por Tom para liberar a Jim.

         Y por último tenemos a la tía Polly, la hermana de Sally Phelps y la custodia de Tom Shawyer, quien aparece al final de la novela desmontando todo el montaje de los dos amigos.

         Las aventuras de Huckleberry Finn es el típico viaje iniciático a semejanza de la Ilíada o de Don Quijote, realizado por un niño y un esclavo por el gran río norteamericano, el Mississippi, en busca cada uno de su particular libertad, un viaje en el que se van desarrollando una serie diferentes aventuras que ellos irán sorteando con esfuerzo y de las que sacarán enseñanzas que les ayudarán a formase como hombres. Huckleberry es un héroe atípico mezcla de un caballero andante y de un pícaro, lleno de confusiones y dudas, pero siempre divertido.

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