GUÍA DE LECTURA POESÍA: Armonía, de José Hierro.

Quise tocar el gozo primitivo,
batir mis alas, trasponer la linde
y volver, al origen, desde el fin de
mi juventud, para sentirme vivo.
 
Quise reverdecer el viejo olivo
de la paz, pero el alma se me rinde.
¿Quién es sin su dolor? ¿Quién que no brinde,
sin pena, su ayer libre a su hoy cautivo?
 
Y ¿quién se adueñará de la armonía
universal, si rompe, nota a nota,
grano a grano, el racimo, los acordes?
 
¿Quién se olvida que es cuna y tumba, día
y noche, honda raíz y flor que brota,
luz, sombra, vida y muerte hasta los bordes?

Al igual que ocurrió con la novela y el teatro, también hubo en España una poesía social durante la década de los años 50 del siglo XX, cuyo objetivo, hermosa e ingenua utopía, era motivar un cambio político y social en el país mostrando la realidad cotidiana, denunciando los problemas y apoyando a los más desfavorecidos. Para ello, los poetas, preocupados por las injusticias sociales y las crecientes dificultades internas y externas, hicieron el esfuerzo de presentarse más comprensibles a una mayor cantidad de lectores con un tono coloquial, lenguaje más claro y un estilo más funcional, sin aparcar sus recursos literarios, claro está, pero haciéndolos más cercanos al público y subordinando la estética al contenido, con el consecuente peligro de convertir la poesía en algo prosaico y vulgar sin valor artístico. Sin embargo, nada de esto ocurrió, pues la enorme calidad de los autores que se apuntaron a este movimiento (Blas de Otero, Gabriel Celaya, Vicente Aleixandre, Carlos Bousoño o José Hierro, entre otros) produjo verdaderas joyas literarias que, en su gran mayoría, sobrevivieron las tijeras de los censores, igual porque no las entendieron, aunque no consiguieron la meta deseada, pues ¿qué podía hacer la literatura en una nación en la que apenas se leía?…

El poema que hemos elegido, Armonía, es de José Hierro (1922-2002), un hombre que fue detenido a los diecinueve años por pertenecer a una organización en defensa de los presos políticos, como era el caso de su propio padre, y se pasó cuatro en la cárcel, algo que le marcaría como persona y como poeta, algo que se puede observar en su retrato de España como un país en ruinas mediante metáforas otoñales de su primer libro, Tierra sin nosotros (1947), o en la búsqueda de la esperanza desde el pesimismo y la amargura de su segundo libro, Alegría (1947). Ese escepticismo se acentuó en las tres obras que podemos encuadrar, de algún modo, dentro de la poesía social: Con las piedras, con el viento (1950), Quinta del 42 (1952) y Cuanto sé de mí (1957), en las que, sin embargo, a pesar de su profunda ansiedad existencialista y su compromiso social, no dejó de lado su preocupaciones formales y estéticas.

Armonía, un soneto en endecasílabos, pertenece a Quinta del 42, un libro cuyo título procede de la denominación que Hierro y varios amigos daban a su grupo reunido en torno a dos revistas: Corcel, en Valencia, y Proel, en Santander. Armonía, entendida, en este caso, como el arte de enlazar los diversos elementos en su justa proporción y correspondencia para concertar una buena máquina social, es lo que buscaba el poeta al querer volver “al origen, desde el fin de su juventud” (en esos momentos José Hierro tenía treinta años), a un pasado del que una buena parte le fue robada, pues el presente no le era propicio para realizarse como persona. Quería recuperar la paz necesaria para que se desarrollase la armonía, pero le podían más las heridas, que no le permitían olvidar, de toda una vida basada en el dolor y de una libertad ofrecida y perdida, y aquí es donde nos lanza dos preguntas de profundo calado que cada cual podrá responder a su manera: “¿Quién es sin su dolor? ¿Quién que no brinde, sin pena, su ayer libre a su hoy cautivo?”, pues en un mundo sin libertad todo el mundo es cautivo, unos de los que mandan y estos de su propia obsesión. Pero cuando llega a los tercetos se da cuenta de que esa armonía es imposible si se van arrancando los granos del racimo, si se van rompiendo las notas de los acordes cuando hay alguien que quiere imponer una “armonía” ficticia, a su capricho, porque siempre hay que no quiere recordar que, hasta el ser que se piensa el más poderoso, está hecho de la misma materia que todos y, como todos, repleto de claros y oscuros, de luces y sombras.

Armonía define perfectamente la búsqueda de todo ser humano que solo aspira a vivir plenamente, que ya es mucho, ese camino a cuya meta nunca llegamos, pero que da sentido a nuestra existencia, el cual, en esencia, solo existe en cada nuevo paso que damos, pues las huellas quedaron atrás y son irrecuperables y acabarán siendo borradas por el polvo de tiempo.

GUÍA DE LECTURA NOVELA: Últimas tardes con Teresa, de Juan Marsé.

“Caminan lentamente sobre un lecho de confeti y serpentinas, una noche estrellada de septiembre, a lo largo de la desierta calle adornada con un techo de guirnaldas, papeles de colores y farolillos rotos: última noche de Fiesta Mayor (el confeti del adiós, el vals de las velas) en un barrio popular y suburbano…” Así comienza Últimas tardes con Teresa, dejándonos una premonición de un posible desenlace.

Juan Marsé, cuyo nombre de nacimiento era Juan Faneca Roca, se definía a sí mismo como “un novelista catalán que escribía en castellano”, pero sus novelas van más allá de la narrativa social que se desarrolló en España durante la década de los años cincuenta del pasado siglo, utilizando un estilo bastante personal con el que pretendía poner orden estético al caos que le rodeaba, por todo ello es difícil encasillarlo en alguna tendencia narrativa existente en su época.

Juan Marsé

Nacido en Barcelona el 8 de enero de 1933, su madre murió en el parto y su padre, taxista de profesión, se encontró de golpe solo y con una niña y un recién nacido, no tardando en darlo en adopción al matrimonio Marsé, quienes no podían tener hijos, una familia trabajadora procedente de sendos pueblos tarraconenses, que emigraron a Barcelona para poder subsistir.

Juan fue un pésimo estudiante, aunque un ávido lector de novelas de aventuras, un devorador de películas americanas y un empedernido callejeador de los barrios de Gracia, Guinardó y Monte Carmelo, todo ello, y sus simpatías anarquistas y su militancia comunista, configurarían su mundo literario.

Comenzó a trabajar como aprendiz de joyero a la edad de trece años, desempeñando ese oficio durante más de una década, el tiempo que le llevó a descubrir su afición por la escritura, apareciendo algunos de sus relatos en la revista Ínsula y ganando el premio Sésamo de cuentos en 1959.

En 1960 marcha a Paris, aconsejado por Jaime Gil de Biedma, donde trabajaría como mozo de recados en el Instituto Pasteur, bajo las órdenes de Jacques Monod, quien le introduciría en el PCE. Dos años más tarde regresaría a Barcelona. Tras varias novelas publicadas, entre las que destacan Encerrados con un solo juguete y Esta cara de la luna, de las que Marsé no se sentía muy orgulloso, edita Últimas tardes con Teresa, con la que conseguiría el Premio Biblioteca Breve de Seix Barral y que le daría el empujón necesario para dedicarse por entero a la literatura, publicando más de quince novelas, muchas de ellas llevadas al cine, una gran cantidad de relatos cortos y otro buen número de creaciones diversas, consiguiendo muchos premios entre los que destacan el Premio Nacional de Narrativa 2001 y el Premio Cervantes 2008.

El espacio de la mayor parte de su obra se sitúa en la Barcelona de su infancia y parte de su juventud, más concretamente en el barrio del Guinardó y sus circundantes, y en el contexto temporal de la postguerra o las décadas de los 50 y 60 del franquismo. Pero centrémonos en la novela que nos ocupa: Últimas tardes con Teresa.

El crítico literario Gonzalo Sobejano definió Últimas tardes con Teresa “como una parodia sarcástica de la novela social en sus dos vertientes: como testimonio de los sufrimientos del pueblo y como testimonio de la decadencia de la burguesía”. Y el propio Marsé pensaba que los personajes de esta novela le habían salido algo desfigurados, algo caricaturizados, tal vez por la admiración que sentía hacia Valle Inclán y sus esperpentos.

Portada del libro

Juan Marsé desarrolló su primera época como creador en el periodo literario definido como “Literatura de posguerra” y, dentro de ella, en la “novela social”, la cual se caracterizaba por su realismo, intentando dar testimonio del momento histórico y general que estaban viviendo, tanto en el aspecto existencial de los personajes, lo que le acercaría a la novela psicológica, como a su comportamiento colectivo como individuos dentro de una comunidad.

Marsé pretende utilizar la figura del narrador omnisciente en tercera persona que va describiendo las acciones, pensamientos y sentimientos de los personajes sin vincularse con ellos, un narrador muy escrupuloso en ocasiones con los datos y las fechas, pero que en otras no evita aportar la subjetividad de sus propias opiniones, con lo que toma partido y desvirtúa su figura a favor del autor, por ejemplo, al inicio de la Tercera Parte, cuando deja claro lo que piensa de aquellos niños bien subiéndose al carro revolucionario:

“La naturaleza del poder que ejercen es ambigua como la naturaleza misma de nuestra situación: de ellos solo puede decirse que son de ideas contrarias. Sus primeros y juveniles desasosiegos universitarios tuvieron algo del vicio solitario. Desgraciadamente, en nuestra universidad, donde no existía lo que Luis Trias de Giralt, en un alarde menos retórico de lo que pudiera pensarse, dio en llamar la cópula democrática, la conciencia política nació de una ardiente, gozosa erección y de un solitario manoseo ideológico. De ahí el carácter lúbrico, turbio, sibilino y fundamentalmente secreto de aquella generación de héroes en su primer contacto con la subversión.”

Así mismo, hay dos momentos en los que quien habla no es el narrador si no la moribunda Maruja que, desde su inconsciencia, repasa sus recuerdos mediante un monólogo interior, como cuando conoció a Manolo:

“… la fragancia del jardín esa noche, las parejas bailando en la pista, la música y los cohetes de la verbena de San Juan, estaba muy asustada, fue durante un pequeño descanso después de preparar y distribuir otra bandeja de canapés (ya sabía yo que faltarían) pues me dije mira vamos a sentarnos un rato al borde de la piscina para verles bailar…”

Es lo que se denomina ‘enfoque múltiple’, recurso que, si bien en un principio puede desconcertar, en cambio nos muestra aquellos pensamientos más ocultos del personaje que no pudieron ser mostrados en el transcurso de la trama, algo que, menos acentuado, se repite cuando Manolo fantasea con sus ensoñaciones heroico-eróticas donde él salva a su heroína que se confunde entre Teresa y su actriz preferida, Jean Simmons.

Las minuciosas descripciones de los espacios, llevadas a cabo tanto por el narrador como por los personajes, dejan bien clara la división de los dos mundos antagonistas y definen, por ende, a los personajes que los habitan, levantándose una impenetrable barrera entre ambos:

“para la señora Serrat, el monte Carmelo era algo así como el Congo, un país remoto e infrahumano, con sus leyes propias, distintas”

El barrio del Carmelo, tan cercano y, al mismo tiempo, tan lejano del de San Gervasio, lugar de residencia de los Serrat era “una ensalada picante de varias regiones del país, especialmente del Sur”, es decir, un barrio de xarnegos, inmigrantes de vida precaria o, incluso, en los límites de la delincuencia.

El contexto en el que se desarrolla la novela es la sociedad española de finales de los 50 y principios de los 60 la cual, gracias al desarrollo del turismo y de una incipiente y frágil industrialización, ve como se van aclarando algo los nubarrones de la posguerra. Sin embargo, esta mejora económica trae consigo una acentuada diferenciación social que distribuye a la población en dos grupos bastante alejados: la clase baja, inmigrantes en su mayoría, y la incipiente y cada vez más pujante burguesía, lugar en el que se encontraban los Serrat. Esta diferencia de clases es algo que en Cataluña todavía se acentuaba más a causa de la identificación racial entre catalanes y no catalanes (xarnegos). El caso es que los hijos de los privilegiados (aquellos que forman una especie de aristocracia de altos cargos vinculados con el régimen) y, poco a poco en mayor número, los de la burguesía son los que llenan las universidades del país, siendo estos jóvenes quienes, al tener acceso a otras fuentes de información y de pensamiento, se van dando cuenta del estado social, político y religioso de represión en el que estaban viviendo, surgiendo entre ellos los primeros grupos intelectuales de oposición con personas jóvenes, en algunos casos bastante entregadas a la causa, aunque no faltaban quienes lo hacían por simple esnobismo. Al mismo tiempo, con la misma finalidad, pero alejados de estos por su estatus social, aparecen los primeros movimientos obreros que se oponen a la dictadura con sus acciones reivindicativas y revolucionarias. Así que se podría asegurar que a finales de los 50 y principios de los 60 comenzó en España el embrión de una resistencia social al franquismo que, con el tiempo, culminaría en la transición democrática.

Con este telón de fondo, la acción de la novela se despliega entre dos mundos sociales bastante distantes e incomunicados y que solo suelen encontrarse o bien por medio de acciones violentas (robos, irrupción en las propiedades o destrucción del mobiliario, como el suceso de la valla rota en la casa de la playa), o mediante una relación de poder y sometimientos (amo/criado, como en el caso de Maruja y su familia), por lo tanto, el tema principal es el sueño utópico de Manolo de conseguir una relación tan desigual a causa de las muchas diferencias económicas, culturales, familiares y sociales entre los dos protagonistas. Pero también podemos encontrar una serie de subtemas de bastante interés: la inconsistencia de una sociedad basada en las apariencias, la falacia del pensamiento romántico de que el amor rompe barreras, la impostura de unos personajes que fingen ser lo que no son, la moda del progresismo frente al inmovilismo…

Los personajes que componen el elenco de esta novela pertenecen a uno o a otro de los dos mundos contrapuestos que en ella se reflejan. Así, Teresa y sus amigos (Bori, Mari Carmen, Luis Trías y otros), a pesar de sus ideales democráticos, más o menos sinceros, no pueden esconder que vienen de un ámbito relamido, clasista y lleno de prejuicios, como tampoco Manolo, por mucho que lo intente, y sus colegas (el Cardenal, Hortensia, las hermanas Sister o Bernardo) pueden disimular que proceden del barrio obrero del Carmelo.

Estos personajes no están creados de una manera maniquea, es decir, Marsé no redujo la visión de la realidad en un enfrentamiento entre buenos y malos, pues todos ellos están formados de partes oscuras y partes luminosas. Cierto que su concepción social le hace ser más crítico con algunos personajes procedentes del lado burgués, pero en compensación también presenta a los otros con características bastante negativas. Tampoco sus personajes son planos, pues todos presentan alguna evolución, sobre todo tras algún fracaso y diversas contradicciones, consiguiendo de esta forma una mayor verosimilitud.

El lenguaje también es un rasgo que les diferencia, sobre todo en los giros y jergas propias de cada grupo, en sus frases a medias, en sus dobles sentidos, en sus características ironías y en la diferencia del sentido del humor, sin olvidarnos de sus variados apodos.

En conclusión, Últimas tardes con Teresa es una novela espejo porque en ella nos podemos ver reflejados, una novela donde entran en juego las contradicciones, los sueños imposibles, utópicos, que a sabiendas de ser una quimera se siguen hasta el final, el creerse lo que no es porque se necesita tener fe en algo, aunque sea falso, es una huida de la realidad, pero no solo de los menos favorecidos, sino, incluso, de quienes lo tienen todo menos la felicidad, es una búsqueda romántica de un mundo inexistente, pero que les ha hecho, al menos, en algunos momentos, sentirse vivos.

TEMAS DE TRABAJO.

En este comentario he hablado de los personajes de forma general pues quería que ellos fueran el eje de nuestras discusiones, así que os propongo que los describamos los principales uno a uno, no solo como han aparecido en la novela, sino yendo un poco más allá y viéndolos desde nuestros puntos de vista personales.

PERSONAJES: Manolo (Pijoaparte), Teresa, Maruja, El Cardenal, Hortensia, Bernardo, Luis Trías y los padres de Teresa.

GUÍA DE LECTURA POESÍA: Distinto, de Juan Ramón Jiménez

Tras leer la novela propuesta para esta ocasión, Viento del este, viento del oeste, de la autora norteamericana Pearl S. Buck, me ha quedado un cierto escozor al comprobar qué poco hemos evolucionado, aunque a primera vista no parezca tan evidente, a lo largo de la historia en relación con los prejuicios hacia las otras personas y, por ello, he considerado oportuno que el poema a comentar podría ser Distinto, de Juan Ramón Jiménez.

Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura 1956, partió al exilio en agosto de 1936 y murió en Puerto Rico en mayo de 1958 siendo todavía un expatriado. Su creación literaria dio comienzo en 1900, alcanzando su plenitud poética cincuenta años más tarde, lo curioso es que la mayor parte de los poemarios escritos entre 1936 y 1954 no pasaran por la imprenta hasta después de su muerte: En el otro costado en 1974, Dios deseado y deseante en 1964, De ríos que se van en 1974 y Una colina meridiana, gestado en su totalidad en Estados Unidos entre 1942 y 1950 y libro en el que aparece el poema que nos ocupa, fue editado en España en 2003 con prólogo de Alfonso Alegre Heitzmann.

El poema en sí es una elegía en memoria de la libertad, de la diversidad, del individualismo, caídos bajo la intransigencia, el odio y la majadería del pensamiento único. Aquella fue la época del auge del fascismo y la supremacía racial nazi, pero el tiempo ha pasado y el peligro persiste y se amplía por diversos frentes, por lo que, tristemente, el mensaje del poema está de plena actualidad. Veámoslo:

Lo querían matar
los iguales
porque era distinto.
 
Si veis un pájaro distinto,
tiradlo;
si veis un monte distinto,
caedlo;
si veis un camino distinto,
cortadlo;
si veis una rosa distinta,
deshojadla;
si veis un río distinto,
cegadlo…;
si veis un hombre distinto,
matadlo.
 
¿Y el sol y la luna
dando en lo distinto?,
altura, olor, largor, frescura, cantar, vivir
distinto
de lo distinto;
lo que seas, que eres
distinto
(monte, camino, rosa, río, pájaro, hombre…):
si te descubren los iguales
huye a mí,
ven a mi ser, mi frente, mi corazón distinto.

No es un poema de difícil comprensión, sin embargo, el poeta ha utilizado diversos recursos para hacerlo más efectivo, sobre todo destacan las repeticiones y paralelismos machacones de la segunda estrofa que recuerdan a las consignas ideológicas proferidas y vociferadas por un crispado líder y coreadas por una masa de sumisos clones en cuyos cerebros se acuñan los mensajes de odio. Se repiten los elementos y los conceptos y, sobre todo, el adjetivo “distinto”.

El texto está dividido en tres partes que coinciden con las tres estrofas: en la primera (de los versos 1 a 3) Juan Ramón expone cuál era el problema con una sencillez rotunda que no admite interpretaciones: “Lo querían matar / los iguales / porque era distinto”. Y eso fue lo que les ocurrió a muchos hombres y mujeres durante aquellos tristes años de la atribulada historia de España: unos lo pudieron contar, pero otros no. Y es que el ser humano añora la esclavitud intelectual porque es más fácil que otros piensen por uno que hacerlo uno mismo con los quebraderos de cabeza que ello conlleva. Y de aquí surge el miedo a lo “distinto”, al “cambio”, a la “diversidad”… Sin embargo, la humanidad seguiría en la edad de piedra si no hubiesen aparecido pensamientos distintos, innovadores, revolucionarios… Los clones solo sirven para las cadenas de producción y para consumir en los centros comerciales. Y ahí es donde radica el problema, pues al poder, sea el que sea: político, religioso, económico, intelectual, etcétera, no le interesa el pensamiento individual, ya que es impredecible y muy poco manejable, sin embargo la masa, esa cantidad amorfa de seres vociferantes y obedientes, puede convertirse en un ejército eficaz con el ánimo, la vista y oído puestos únicamente en una meta: la consigna, como vemos en la segunda parte del poema, la irreflexiva (del verso 4 al 12). Pero todo da un giro en la tercera parte (del verso 13 al 24), la reflexiva, donde Juan Ramón se pregunta qué hay de igual entre la luz y la oscuridad, entre el día y la noche, entre el sol y la luna… Todo en el universo es distinto y por ello se complementa y la naturaleza puede funcionar. Y así, el poeta se propone como cobijo de lo distinto, no porque sea igual a él, sino porque es distinto.

El poema, como habréis podido comprobar, es de una sencillez aplastante, por lo que llega con facilidad y muestra el mensaje con claridad. Ello fue algo premeditado por Juan Ramón Jiménez quien, como muchos otros intelectuales, hombres y mujeres, no tuvieron otro remedio que dejar España para seguir con vida, tanto mental como física, simplemente por no compartir las mismas ideas de aquellos que ganaron la guerra. Eso fue en el siglo pasado, pero sigue repitiéndose constantemente en todo momento y en cualquier parte del planeta. Y no solo por cuestiones políticas, sino también por creencias religiosas, por tendencias sexuales, por el color de la piel, por nacionalidad, por el origen cultural, en fin, ¿para qué seguir? La capacidad del ser humano para encontrar motivos por los que odiar a quien no procede de su propio rebaño es infinita y, lamentablemente, los avances en los medios de comunicación, en vez de ser un canal para unir y educar en la convivencia, están siendo acaparados por aquellos grupos que fomentan y alientan la división y el enfrentamiento en beneficio de unos oscuros intereses que solo conocen las personas que pretenden dictar las normas, el resto de lacayos solo son meros instrumentos. Pero lo triste es que, a causa de esto, desde que la humanidad pulula sobre la litosfera, se han desencadenado miles de guerras a causa de este odio estéril con el resultado de cientos de millones de muertos, lo que nos lleva hacia un único destino: el día que un grupo de iguales consiga exterminar a todos sus diferentes, ellos mismos se autodestruirán por carecer de sentido sus vidas.

GUÍA DE LECTURA NOVELA: Viento del este, viento del oeste, de Pearl S. Buck

La primera novela publicada de Pearl S. Buck se desarrolla en la década de los treinta del siglo pasado y en ella pretende mostrar su interés por la cultura china y por la situación de la mujer, planteando una historia donde entran en conflicto la tradición con el cambio y el choque cultural entre Oriente y Occidente, dos contiendas que vienen de antiguo en la historia de la humanidad.

Los años durante los que Pearl vivió en China, y que fueron la inspiración para gran parte de su obra, resultaron bastante turbulentos a causa de una profunda crisis de identidad y una desgarradora lucha interna por el poder. China era un país muy apegado a sus tradiciones y a su forma de vida gracias a una de las culturas más antigua y rica del planeta. Sin embargo, soplaban aires de cambio y estos se presumían imparables, sobre todo en las zonas urbanas donde lo occidental estaba penetrando con mucha fuerza. Otra cosa era el mundo rural, de gran importancia en aquellos momentos en la economía y la sociedad china, donde los campesinos mantenían sus costumbres por encima de todo, aguantando con empeño, aunque sin esperanzas, tanto los conflictos políticos como los golpes de la Naturaleza que les traería terribles épocas de hambruna. Pero, con todo, el resto del mundo tampoco se encontraba en sus mejores tiempos a caballo entre dos guerras mundiales y sufriendo los envites de sucesivas crisis políticas, sociales, financieras y sanitarias.

En la época en la que se desarrolla la novela gobernaban en China los ricos terratenientes, quienes dirigían a los campesinos analfabetos mediante un sistema medieval, lo que provocaba el rechazo de las clases burguesas de las ciudades y los jóvenes con estudios, por lo que la China tradicional daba la sensación de estar entrando en un declive imparable. La dinastía reinante de la Emperatriz Tzu Hsi perdió el favor del pueblo tras las matanzas de la Rebelión de los Bóxers, un torpe intento de liberar a China de la influencia extranjera, y por el creciente endeudamiento del país a causa de la guerra contra Japón por el dominio de Corea, por todo ello, no tardaría mucho en caer la monarquía y proclamarse una república que tampoco trajo la tranquilidad, pues con el gobierno de Chiang Kai-Shek se retomó el enfrentamiento con Japón y se producirían nuevos ataques contra los intereses extranjeros, como en el incidente de Nanking de 1927.

El libro está dividido en dos partes: la primera parte se centra en el matrimonio de Kwei-lan, el personaje principal, y la segunda se centra en el creciente conflicto que ocurre cuando el hermano de Kwei-lan decide casarse con una estadounidense, negándose a hacerlo con la joven china a la que estaba comprometido por acuerdo entre las familias. La narradora es una mujer china, la misma Kwei-lan, quien le va contando su historia a otra mujer a la que llama “hermana” y que se intuye occidental.

La primera parte se centra en ella. Se ha casado recientemente con su prometido, un médico chino estudiante de médica en los Estados Unidos y, por lo tanto, acostumbrado a la forma de vida occidental, lo que crea un conflicto en el matrimonio, pues Kwei-lan no sabe mucho sobre la cultura occidental, de hecho, le han enseñado que es inferior a la cultura tradicional china. Así mismo, Kwei-lan está educada en las costumbres tradicionales de la mujer china. Le han educado para ser inferior a su esposo, a no considerarse jamás como una igual a él, a respetar siempre a sus mayores y a llevar sus pies vendados para que no crecieran. 

El marido de Kwei-lan aborrece las costumbres chinas considerándolas arcaicas y desfasadas, practica la medicina occidental en lugar de la tradicional de su tierra, se viste como un occidental y se niega a vivir en la casa de sus padres, al mismo tiempo, no demuestra demasiado interés por la muchacha que le han dado como esposa, a la que trata con respeto, aunque con indiferencia, y eso a ella le angustia y no le comprende cuando él le dice que quiere que sea su igual y que se quite las vendas que aprisionan sus pies impidiendo su crecimiento. Sin embargo, tras el nacimiento de su primer hijo Kwei-lan va aceptando las opiniones de su esposo y se va acercando poco a poco a su forma de pensar.

Por su parte, el hermano de Kwei-lan vuelve de Estados Unidos, donde fue a estudiar contra la voluntad de su madre, pero con el permiso de su padre, algo que su madre aceptó a regañadientes, por lo que le pidió, al menos, que se casase con su prometida, a lo que él se negó. Mientras está en América, se contrae matrimonio con una joven estadounidense y regresa a China para obtener la aceptación de sus padres sobre su nueva esposa, cosa que no consigue, pues ello indigna a su madre, su padre lo toma a broma y considera a la mujer occidental como una concubina y Kwei-lan, aunque al principio está enojada por la desobediencia de su hermano a sus padres y no está dispuesta a aceptar su matrimonio con la extranjera, sin embargo, con el tiempo y el trato se va dando cuenta de que realmente se aman y eso le hace cambiar de opinión. Esto crea una grieta entre su madre y ella. Su hermano y su esposa se mudan a la casa de sus padres con la esperanza de obtener la aceptación de su esposa. En cambio, su esposa es relegada e ignorada por todo el mundo y, cuando se queda embarazada, su madre se molesta todavía más, quien incluso muere sin reconocerla como su legítima esposa. Su padre también decide no reconocerla como la esposa de su hijo. Ante esta situación, terminan saliendo de la casa de sus padres y él renuncia a su herencia para estar con la mujer que ama.

Pearl S. Buck intentó mejorar el tradicional enfrentamiento entre las culturas oriental y occidental con sus escritos demostrando que, en realidad, ambas tradiciones tenían más en común de lo que se quería reconocer. Así mismo, esta pugna corre paralela con la que se lleva a cabo entre lo tradicional y lo moderno donde la guerra está siempre perdida para los pensamientos inmovilistas y conservadores, pues solo es cuestión de tiempo. Y se repite la eterna contradicción de las sociedades paternalistas, procedan del continente que procedan, aquellas donde el papel de las mujeres es, con suerte, secundario y donde están siempre sometidas a los caprichos de los varones y, sin embargo, son ellas las más reacias a los cambios y las más celosas defensoras de las tradiciones, fenómeno este que, seguramente, mucho tendrá que ver con la educación recibida. Sin embargo, Pearl quiere ver una luz al final del túnel haciendo que su protagonista, Kwei-lan, vaya evolucionando a medida que su marido le va mostrando la nueva realidad de las cosas o, como en el caso de la esposa americana de su hermano, sea la paciencia y el tiempo quienes vayan colocando las cosas en su sitio.

Por su parte, Pearl describe el status secundario de las mujeres chinas en su cultura: Los hombres viven en la misma casa separados de las mujeres. El padre tiene varias concubinas e hijos de ellas. La madre de Kwei-lan los alimenta y los aloja, aunque esté molesta. Su madre también acepta todas las decisiones que toma su esposo, incluso si ella no está de acuerdo. Solo cuando su madre se está muriendo, Kwei-lan la escucha decir palabras de resentimiento por la forma en que su padre la ha tratado. Este tema de la discriminación de género puede darnos la sensación de algo propio de tiempos antiguos, sin embargo, solo tenemos que comparar los derechos de la mujer española en la década de los setenta del pasado siglo con los de la actualidad, y eso que todavía queda mucho camino por andar. Pero estados similares a los representados en esta novela, incluso bastante peores, todavía están vigentes hoy en día en diversas partes de nuestro planeta.

Curiosamente, Viento del este, viento del oeste, fue rechazada por veintiocho editoriales y siete revistas, hasta que llegó a manos de Richard J. Wash quien se decidió a publicarlo, a pesar de que no le acababa demasiado, y así su compañía John Day Company dio el pelotazo comprando los derechos de las futuras obras de una mujer de treinta y ocho años, casada, aunque a punto de separarse, con un montón de hijos adoptivos, quien había vivido casi toda su vida en China, que llegaría a ser Premio Nobel de Literatura y su próxima esposa, por lo que no resulta extraño que, al recordar ese primer contrato, Wash asegurase que fue la mejor decisión que había tomado en su vida.

Pearl Comfort Sydenstricker nació el 26 de junio de 1892 en Hillsboro, Virginia Occidental, hija de Caroline Stulting y Absolom Sydenstricker, ambos misioneros presbiterianos. El resto de su familia fueron su hermano mayor, Edgar, y su hermana menor, Grace. A la tierna edad de tres meses, sus padres decidieron volver a China, donde ya habían estado anteriormente, y donde Pearl recibió una educación mixta: su madre le enseñó su cultura natal, mientras que su tutor chino le enseñó sobre su país adoptivo. El amor de Pearl por la escritura se desarrolló a una edad temprana con el estímulo de su madre; a los 7 años había logrado publicar una de sus cartas en el Christian Observer. En 1900, el mismo año en que nació su hermana, se produjo la tumultuosa rebelión de los boxers, por lo que la familia se mudó a Shanghai, donde asistiría a la Escuela Jewell. Tras de una breve visita a los Estados Unidos, Pearl y su familia se mudaron nuevamente a Chinkiang. En 1911, Pearl volvió a los Estados Unidos, donde asistió a Randolph – Macon Woman’s College en Virginia, graduándose en 1914 y regresó a China para trabajar como misionera presbiteriana. El 13 de mayo de 1917 se casó con John Lossing Buck, convirtiéndose ambos se convertirían en profesores universitarios de la ciudad china donde vivían. En 1920, Pearl daría a luz a su primer y único hijo biológico, una niña llamada Carol que sufría de discapacidad intelectual. Carol, sin embargo, no sería la única hija de Pearl, pues adoptaría a nueve niños más de raza mixta. Tras los incidentes de Nanking de 1927 se marcharon a Japón, pero a causa de la frágil salude de Carol, Pearl viajó a Estados Unidos con su hija para buscar alguna solución y allí escribió Viento del este, viento del oeste, en un intento desesperado de encontrar financiación. La novela sería publicada en 1930. Cinco años más tarde, Pearl se había divorciado de su primer marido, vivía definitivamente en Pensilvania y se había casado con su editor. En 1931, Pearl escribiría La buena tierra, que la daría la fama y una variedad cantidad de premios: entre ellos el Pulitzer y la Medalla William Dean Howells. Sin embargo, su mayor premio vendría en 1938, cuando recibió el Premio Nobel de Literatura, siendo la primera mujer estadounidense en recibirlo. Pearl continuaría escribiendo durante toda su vida, teniendo más de 40 libros en su haber, y compatibilizando su trabajo con las causas humanitarias, por lo que pronto estuvo en el punto de mira del senador Joseph McCarthy, de infausto recuerdo, incluso después de que ella denunciara públicamente el comunismo. Pearl Buck murió en 1973 en Danby, Virginia, a la edad de 81 años.

El lagarto está llorando, de Federico García Lorca.

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El poema que os proponemos en esta ocasión es un ejemplo del interés que Federico García Lorca tuvo por el mundo infantil y por la naturaleza, dos temas que nos sirve para relacionarlo, como siempre intentamos hacer, con la novela propuesta, la cual, como ya podréis haber comprobado quienes la hayáis leído, tiene como tema principal la visión del mundo natural desde la perspectiva de un niño.

El lagarto está llorando.                                                                    La lagarta está llorando.

El lagarto y la lagarta                                                                      con delantalitos blancos. 

Han perdido sin querer                                                                      su anillo de desposados.

¡Ay, su anillito de plomo,                                                                   ay, su anillito plomado!

Un cielo grande y sin gente                                                              monta en su globo a los pájaros. 

El sol, capitán redondo,                                                                 lleva un chaleco de raso.

¡Miradlos qué viejos son!                                                               ¡Qué viejos son los lagartos!

¡Ay cómo lloran y lloran, ¡ay!,                                                       ¡ay!, cómo están llorando!

fot_4818_grEl poema tiene una estructura adecuada para ser musicado: estrofas de dos versos que forman individualmente una unidad de significado, rima asonante en los versos pares quedando libres los impares, todos los versos, excepto los dos últimos que tienen nueve y siete sílabas, son octosílabos y aparecen muchas interjecciones, exclamaciones, diminutivos y repeticiones, así mismo, debemos tener en cuenta la personificación de los lagartos, los cuales son utilizados como símbolo de la vejez, y la del cielo y del sol, al que incluso le adjudica el título de “capitán”. Todos estos elementos favorecen el ritmo y hacen el poema atractivo para el recitado y fácil de memorizar.

Los protagonistas son dos viejos lagartos, el lagarto y la lagarta, que están llorando porque han perdido su anillo de desposados, por lo que es fácil deducir que en su llanto hay más una motivación nostálgica por el paso del tiempo que por la pérdida del objeto en sí, el cual representa todas las sucesivas pérdidas de aquellas cosas, momentos, sentimientos que ya no volverán.

El amor y el afecto son de por sí los elementos que subyacen en el poema y que se adivinan al ver la imagen de ambos lagartos llorando juntos, compartiendo juntos una pena común por una vida pasada en armonía entre ambos que ya no regresará, eso es lo que han perdido sin querer perderlo. En este caso, los diminutivos ayudan a aumentar la expresión de esa imagen de ternura y, en cierta forma, de tristeza, como “delantitos blancos”, que no es ni más ni menos que una descripción de los lagartos, los cuales suelen ser oscuros por el dorso y claros por la panza, aunque en manos de Lorca, estas dos palabras pueden ser una metáfora de la pureza, así como el anillo representa la unión, el compromiso del uno con el otro, mucho más grande, si cabe, al no estar fabricado con un metal precioso como oro o plata, sino con plomo, un metal mucho más pesado y que necesitaría de los dos para poder ser cargado.

Esta tristeza contrasta con el despliegue de vida y jovialidad que desarrolla la naturaleza a su alrededor: el cielo, los pájaros, el sol… todo redondo y puro y sin gente… Demostrándonos de esta forma lo íntimo de las penas propias y la evidencia de que, a pesar de nuestras aflicciones, el mundo sigue su curso.

Es curioso descubrir que en un poema infantil se puedan esconder sentimientos tan profundos y, a la vez, contradictorios, pero eso es algo totalmente intencionado por parte de Lorca para quien el mensaje no estaba reñido con lo lúdico ni lo bello. Él poseía una sensibilidad jovial y una curiosidad auténtica por las cosas, lo que le hacía verlas desde un prisma diferente, por eso, cuando componía poemas para niños, no trataba de ellos, si no que infantilizaba los temas importantes de la existencia para que la gente menuda pudiese captar la idea.

Este poema fue incluido por Lorca en su poemario Canciones, publicado en 1927 y donde se puede apreciar el Lorca popular y tradicional que siempre se compaginó, a lo largo de toda su obra, con el poeta vanguardista.

GUÍA DE LECTURA – NOVELA: Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell

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Mi familia y otros animales es una novela, autobiográfica en cierta medida, del escritor británico Gerald Durrell, donde se describen los primeros años pasados por la familia Durrell en la isla griega de Corfú, esta novela tendrá sus secuelas en Bichos y demás parientes y El jardín de los dioses, formando así la trilogía de Corfú. La novela es un divertido retrato de varios personajes y diferentes lugares.

9788420674155El personaje central y narrador es Gerry, quien en el momento de llegar a Corfú tiene diez años. Es el primer miembro de su familia en aprender griego y se adapta perfectamente a las costumbres isleñas. Sus intereses principales son la biología, la botánica y el cuidado de los animales, por lo que pasa la mayor parte de su tiempo observando la vida vegetal y animal en los jardines de su familia, o por los terrenos aledaños, detallando sus descubrimientos. Gerry tiene una visión negativa de la educación, pues piensa que las actividades educativas tienen poco o nada que ver con la ciencia y son aburridas e improductivas, por lo que sus tutores lo van culturizando con el recurso de ir insertando algún toque zoológico en las lecciones. Su pasión es ir coleccionando mascotas, ya sea capturándolas o comprándolas, a las cuales personifica poniéndoles nombres. Este amor de Gerry por la naturaleza es tolerado, aunque no compartido, por la mayor parte de la familia, excepto por Larry, el hermano mayor, quien está en total desacuerdo y hace todo lo posible para desviarlo hacia la literatura, con muy poco éxito. Uno de los mejores amigos de Gerry es Teodoro, un científico que trata a Gerry como si fuera un adulto y le presta libros sobre biología y botánica y herramientas, como microscopios, diapositivas, productos químicos para preservar especímenes, que ayudan a Gerry a aprender con más facilidad sobre la naturaleza.

image-w1280Por su parte, Teodoro es un biólogo entusiasta a quien Gerry conoce a través de George, un amigo de Larry. Impecablemente vestido y con una larga barba que es una evidencia, para Gerry, de su valía como científico, Teodoro se convierte rápidamente en uno de los mejores amigos de Gerry. Teodoro es su primer en su tutor y se lo gana con su manera de enseñar que consiste en no parecer que está enseñando, sino recordándole cosas que ya sabía y de las que se había olvidado. A Teodoro le encanta ver cómo aterrizan los hidroaviones y se siente muy incómodo en los saludos y en las reuniones. Tiene una enorme biblioteca sobre temas que él llama “sensibles”, como biología, botánica o folklore, así como una buena colección de novelas de misterio y crímenes que comparte con Madre. Los jueves por la tarde se reúnen Teodoro y Gerry para mirar diapositivas o pasear y recolectar especímenes de la naturaleza. Le encanta contar historias absurdas sobre Corfú, y también tiene un gran repertorio de chistes y juegos de palabras malos que despliega en cuanto tiene ocasión, aunque de quien más se ríe es de sí mismo y nunca se toma demasiado en serio, por lo que pronto se convierte en una persona imprescindible en la familia y es al único que Madre permite verla en traje de baño.

En el polo opuesto tenemos a Larry (Lawrence Durrell, quien también sería un escritor famoso autor de Cuarteto de Alejandría). Larry tiene veintitrés años al principio de la novela. Es el intelectual y carga consigo tantos libros que tiene que contratar a unos trabajadores locales para que metan sus baúles a través de una ventana por medio de unas poleas. Al igual que su madre, está obsesionado con dar la sensación de pertenecer a una familia inglesa acomodada, por culpa de ello siempre está exasperado o decepcionado con los miembros de la familia a quienes acusa de comportarse de manera incorrecta, ya que la única manera correcta de hacer las cosas es como él piensa, sin embargo, cuando él comete errores, no es capaz de asumir su responsabilidad. Con frecuencia sugiere cosas a Madre bastante absurdas, como mudarse a Corfú porque en Inglaterra llueve mucho o cambiar de villa, ya en la isla, para acomodar a la tropa de amigos que invitó durante el verano, en ambos casos, ante las primeras negativas de Madre, asegura que lo que él dice es la forma lógica de proceder y que su madre es una rara por no acceder. Se pasa todo el tiempo intentando convencer a la familia de que lean literatura “adecuada” en vez de las novelas de misterio. Pero, sobre todo, Larry es el mayor adversario de Gerry en relación con el mundo natural desde que descubre pequeños animalitos guardados en las cajas de fósforos y ya se sublima cuando las urracas le destrozan la habitación.

Madre, de quien nunca se menciona su nombre, es una viuda cuyas vocaciones se circunscriben entre la cocina y el jardín. Hace todo lo posible para apoyar a sus hijos en sus respectivos intereses e intenta dirigir la familia de forma razonable, aunque, menos Gerry, el resto de hermanos se burlan de ella. Es la típica mujer burguesa preocupada por mantener las apariencias, sin embargo, es la única persona en toda la familia que apoya a Gerry en su interés por la naturaleza, acepta sus mascotas e intenta que el resto haga lo mismo, aunque también se niega a admitir animales peligrosos en casa. Trata a sus hijos con aire despreocupado y los humilla con ironía, pero casi siempre cede, incluso sabiendo que lo pedido es claramente absurdo.

2683909_originalDesde los primeros capítulos, nada más llegar a la isla, se les une un personaje bastante peculiar, Spiro Hakiaopulos, un griego corpulento y peludo que trabaja de taxista y toma a la familia Durrell bajo su protección, sobre todo porque él habla inglés que aprendió en Chicago, donde pasó ocho años. Spiro se encarga de que los Durrell no sean estafados y discute con el agente de aduanas para que las pertenencias de la familia les lleguen sin demasiados problemas. Gerry dice de Spiros que actúa como si fuera el dueño de la isla, aunque eso mismo dice Spiro de otros cuando habla mal de ellos, aunque Gerry también se refiere a Spiro como el ángel guardián de la familia. Spiro adora a Madre y le informa de todas las correrías de sus hijos, sobre todo cuando él piensa que están sobre terreno inseguro. Spiro tiene cierto cariño por Gerry a quien le consigue los peces dorados, los cuales los sustrajo del estanque del palacio donde se hospedan los dignatarios extranjeros cuando visitan la isla.

El segundo hermano en edad de Gerry es Leslie, quien cuando comienza la novela tiene diecinueve años. Sus principales intereses son la caza y las armas, comprando varias de estas durante su estancia en Corfú, pues piensa que, si uno puede cazar y navegar, ya puede sobrevivir en la vida, y esto lo utiliza Gerry para convencerle de que le construya un bote para su cumpleaños. Leslie y Larry son bastante antagonistas y lo que más le saca de quicio a Larry es la agilidad y elasticidad de Leslie y le asegura que todo el mundo puede hacer las cosas que él hace si se para a pensarlo con lógica, pero cada vez que Leslie le reta, Larry hace el ridículo. Lo que más le gusta, después de cazar, es contar a la familia sus aventuras cinegéticas. No se mete con la afición a las mascotas de Gerry salvo cuando trae serpientes, que le aterrorizan.

Y la única hermana de Gerry es Margo, la cual tiene dieciocho años al comienzo de la novela. Sus mayores intereses son: curar su acné, para lo que usa varias lociones y cremas, tomar el sol, vestir con ropas diáfanas y fluidas y experimentar con dietas ridículas. Es la única de todos los hermanos que aboga por las aficiones de Gerry, menos cuando se refiere a los insectos. Durante la estancia en la isla tuvo diferentes relaciones, aunque ninguna duró mucho tiempo, sin embargo, cuando la familia orquesta su ruptura con Peter, ella se encerró una semana en el ático.

El último tutor de Gerry fue Kralefsky, un hombre de baja estatura, calvo y jorobado que, la primera vez que lo vio, Gerry pensó que era un gnomo. Su misión era enseñarle inglés, pero sus primeros intentos fueron bastante frustrantes, así que cambió el método y le hizo aprender francés leyendo una guía de aves francesas, porque Kralefsky era avicultor y tenía el piso superior de su casa repleto de jaulas con toda clase de pájaros. Al igual que a Teodoro, a Kralefsky también le encantaba contar historias, pero a diferencia de aquel, estas no eran ciertas y Gerry descubre que, si él le contaba algo, al día siguiente Kralefsky tenía una historia preparada sobre ello. Pero Kralefsky también tenía su parte seria y responsable, pues cuidaba con mucho cariño de su anciana madre, la cual una tarde presenta a Gerry.

Y por último en este repaso de los personajes más importantes de la novela, está Roger, el perro de la familia y el compañero de Gerry en todas sus correrías. Es grande y con pelo negro rizado y una buena cola. Su lealtad a la familia le conduce a atacar todo aquello que considera una amenaza para ellos, incluido el traje de baño con volantes de Madre. Su amistad con Gerry le lleva a aceptar a todas las mascotas que aquel adopta, sin embargo, tiene una fuerte rivalidad con todos los perros callejeros de Corfú, contra los que intenta luchar a la mínima ocasión.

descargarMi familia y otros animales se desarrolla, principalmente, en la isla griega de Corfú, situada en el Adriático, frente a las costas de Albania y Grecia. En ese momento Gerry tiene diez años y está muy interesado en todo lo que concierne con la naturaleza, por lo que esta isla supone para él un enorme paraíso donde puede observar a sus anchas plantas y animales. De esta forma, Gerry conecta a su familia con el mundo natural, incluso a pesar de ellos, demostrando que la naturaleza forma parte inevitable de la existencia y, para coexistir armoniosamente con ella, lo mejor es no intentar domesticarla, sino aceptarla tal cual es.

Las descripciones de lo que Gerry observa tanto en su jardín, como en sus correrías por la isla, ocupan gran parte de la narración, y Durrell no economiza ejemplos de ello, desde los ciclos de la vida de las tijeretas o las mantis religiosas, hasta los hábitos de apareamiento de las tortugas. Así mismo, muchos capítulos los abre describiéndonos los cambios estacionales, dando casi más importancia al curso natural de la vida isleña que a los hechos realizados por los miembros de la familia protagonista.

610300Este enfoque centrado en el mundo natural sitúa a éste como una realidad que afecta a todo lo demás, queriendo demostrar que está intrínsecamente conectado a las personas que lo habitan, algo que solamente Gerry y el grupo de personajes con los que se relaciona saben valorar, mientras el resto, o lo ignoran normalmente, aunque a veces colaboren con Gerry, como Madre o Margo, o directamente lo detestan, como el hermano mayor, Larry.

Sin embargo, todos tienen que convivir con las mascotas con las que Gerry va llenando la casa, siendo algunos tolerados, como la tortuga Aquiles o la paloma Quasimodo, resultando esta aceptación familiar un reforzamiento de la creencia de Gerry sobre que el mundo natural es maravilloso y capaz de proporcionar compañía e interés a la vida de los humanos, así como que, recíprocamente, los humanos deben esforzarse por vivir en armonía con la naturaleza. Claro que está tolerancia no aparece con otros animales de los que Gerry lleva a casa, como la madre escorpión y sus bebés o las destructivas y revoltosas urracas.

c1f32dacbbf0a0c681b744430e4b9e92f6689e4aEl interés por la naturaleza diferencia a Gerry del resto de su familia, pues él es el único que está interesado en comprender al mundo natural, y el resto, aunque a veces lo disfrute, solamente se interesa por sus posibles utilidades, como Leslie, para cazar, o Margo, para coger color al sol. Pero Gerry tampoco llega a comprender, a pesar de las reacciones incontrolables de algunas de sus mascotas, que la naturaleza no se puede domesticar al completo por los humanos.

Otro punto digno de mencionar en Mi familia y otros animales tiene que ver con las absurdas historias que se cuentan en ella, sobre todo por parte de Teodoro, quien parece estar convencido que lo absurdo es algo inherente a Corfú, pues asegura que en aquella isla puede ocurrir cualquier cosa, apoyándose en la máxima de que, si algo puede salir mal, saldrá mal. Lo curioso es que los lugareños tienen esa misma sensación y han hecho de lo absurdo su forma de vivir.

En principio, los sucesos absurdos y humorísticos surgen de las diferencias culturales y lingüísticas entre los Durrell ingleses y la población griega local, y ello provoca pequeños conflictos y malentendidos que producen hilaridad en los lectores, aunque en este caso también dependerá de la perspectiva y los estereotipos culturales, pues no todo lo que parece gracioso para unos lo tiene que parecer necesariamente igual para el resto.

En esta diferenciación también tiene mucha importancia la brecha generacional, y como ejemplo podemos utilizar la fácil adaptabilidad de Gerry, el más joven de la familia Durrell, a las costumbres isleñas y que sea el único que aprende a hablar griego, algo que al resto les parece absurdo y pintoresco.

Con todo, las historias narradas por Teodoro, por muy irracionales que parezcan, llenan de colorido la narración y son bastante bien aceptadas por la familia en general, lo que sugiere que, por muy absurda que los visitantes encuentren la vida de Corfú, es innegable que la vida allí es maravillosamente extraña y, por ello, mucho más satisfactoria y rica que la de quienes se consideran intelectualmente superiores.

Por otro lado, la novela también nos plantea una reflexión sobre la evolución de los valores desde la infancia hasta la edad adulta y el papel que juega en este cambio el tipo de educación recibida. El ejemplo lo tenemos con la diferencia de perspectiva de Gerry y el resto de su familia hacia lo que les rodea. Él lo ve todo desde su punto de vista infantil: curioso, un poco ingenuo y a menudo absorto en su mundo, pero, sobre todo, anhelante de hacer amigos y ser aceptado por todas aquellas personas que le pueden aportar algo a sus deseos de descubrir los secretos de la naturaleza. Mientras tanto, Madre y los hermanos se encierran en su caparazón mirándolo todo desde la distancia y, cuando se dignan a contactar con la gente de Corfú, lo hacen con cierto sentimiento de condescendencia.

2459En cambio, sus mejores amigos durante su estancia en Corfú son todos mayores, como Teodoro, a quien el niño encuentra fascinante, que trata a Gerry como una persona plena y se comporta con él con una naturalidad espontánea que el propio Gerry considera infantil y traviesa, a pesar de su naturaleza científica, algo que el niño agradece, o el avicultor Kralefsky, quien también lleva una vida muy atractiva a los ojos del pequeño, aunque no descuida por ello sus deberes como persona madura, como cuidar a su anciana madre o machacar a Gerry con el francés y que fuera él quien aconsejara a Madre que Gerry debería volver a Inglaterra para completar su educación, algo que el niño no ve con buenos ojos pues teme que, al hacerlo, pierda su afán de curiosidad sobre las cosas. Y es que Gerry ve que sus hermanos y su madre, productos de una educación tradicional, han perdido interés por los misterios de la vida, creyendo saber mucho cuando, en realidad, no saben casi nada.

Y es que, para Gerry, las únicas cosas en la vida que son más importantes que sus actividades científicas, son sus relaciones con sus amigos, y en especial, con sus amigos no humanos, a quienes antropomorfiza dándoles nombres y descubriendo sus personalidades y peculiaridades, al mismo tiempo que se responsabiliza de ellos y les cuida.

Así, tenemos a Roger, el perro familiar, que acompaña a Gerry donde quiera que él vaya y dándole sus opiniones sobre sus descubrimientos, tirando de él cuando las cosas se ponen aburridas y siendo amistoso con otras criaturas cuando se lo pide Gerry, encarnando, de esta forma todas las cualidades de un buen amigo. Luego está Ulises, el búho, quien al principio no parece muy interesado en entablar una amistad con el perro, pero que a la larga decide que Roger puede ser una forma aceptable de transporte, estableciendo una relación que reafirma la tesis de Gerry de que los animales también pueden ser amigos entre ellos y con el ser humano, por lo que toda forma de vida merece tener una atención adecuada y cierta consideración.

Sin embargo, hay otras especies con las que es más difícil establecer esos lazos, por ejemplo, con las urracas Magenpies que, tras destrozar la habitación de Larry, no le quedó otro remedio a Gerry que encerrarlas en una jaula. Algo similar le ocurrió con la gaviota Alecko, aunque él siempre mantuvo limpias sus jaulas y les atendió en todas sus necesidades. Con los hábitats de las tortugas, los peces dorados y las serpientes, tuvo más problemas y, sobre todo, porque entre estos animalitos no se pudo conseguir un acercamiento amistoso, ya que las tortugas comen peces dorados y las serpientes se comen a las otras dos especies, aunque algo tuvo que ver con este fracaso el hecho de que Leslie se encontrase las serpientes en el baño. Y aunque Gerry abogase a favor de sus mascotas, no le queda otra que aceptar que él es el único miembro de su familia dispuesto a responsabilizarse de ellas.

El amor de Gerry por los animales nos brinda algunos de los pasajes más conmovedores de la novela y, sobre todo, al tratarlos con la misma consideración que a las personas, a pesar de que, hoy en día, no estaría bien visto que sacase a las crías de sus nidos o a otros animales de su hábitat natural, pare tenerlos encerrados en su casa.

p01g73q9Gerald Durrell fue el quinto y último hijo de su familia, pues una hermana mayor murió en la infancia. Su padre era ingeniero en la India, aunque la familia se trasladó a Londres antes de que el padre muriera. Al poco tiempo de este hecho, la señora Durrell se trasladó a la isla griega de Corfú con sus hijos Gerald (Gerry), Margo y Leslie, pues Lawrence (Larry) ya vivía allí con su esposa. La familia Durrell abandonó Corfú al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, y en 1943, Gerald sirvió en el ejército trabajando en una granja. En 1947 comenzó a realizar expediciones de recolección de vida silvestre, cuya técnica difería mucho de las practicadas en la época, ya que nunca recolectaba en exceso y no compraba a los recolectores profesionales. Después de casarse con Jacquie, ambos comenzaron a escribir libros para financiar las expediciones de Gerald y la conservación de los animales. A mediados de la década de los cincuenta del pasado siglo, desilusionado con la forma en que trataban a los animales en los zoológicos, Gerald se decidió a abrir el suyo propio, cosa que llevó a cabo el año 1959 en Jersey, un zoológico que pronto se convirtió en pionero en la cría en cautividad de especies en peligro de extinción. Gerald y Jacquie se divorciaron en 1979 y, poco después, se casó con su segunda esposa, Lee McGeorge. Durante la siguiente década lanzó varios grupos de conservación, destacando el Durrell Wildlife Conservation Trust. Gerald Durrell falleció en 1995 después de que su salud comenzara a deteriorarse tras un viaje a Madagascar.

GUÍA DE LECTURA – POESÍA: Oda a la pacificación, de Mario Benedetti

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No sé hasta dónde irán los pacificadores con su ruido metálico de paz
pero hay ciertos corredores de seguros que ya colocan póliza contra la pacificación
y hay quienes reclaman la pena del garrote para los que no quieren ser pacificados.

cuando los pacificadores apuntan por supuesto tiran a pacificar
y a veces hasta pacifican dos pájaros de un tiro.

es claro que siempre hay algún necio que se niega a ser pacificado por la espalda
o algún estúpido que resiste la pacificación a fuego lento

en realidad somos un país tan peculiar
que quién pacifique a los pacificadores un buen pacificador será.

El fino sarcasmo del poeta uruguayo Mario Benedetti está presente en cada uno de los nueve versos de este poema, jugando con la contradicción que supone el eufemismo utilizado por muchos golpistas para hacerse con el control del poder, sobre todo económico (a fin de cuentas, lo único que les interesa), de sus países, triste realidad histórica y actual de Hispanoamérica. Algo que el propio Benedetti sufrió en persona tras el Golpe de Estado y la instauración en su país de una dictadura cívico – militar desde el 27 de junio de 1973 hasta el 1 de marzo de 1985, lo que le llevó al exilio.

En aquellas naciones donde la pobreza es norma y la riqueza es propiedad de unos pocos, el ejército no es el garante de la estabilidad y la defensa del pueblo, por el contrario, al proceder todos sus mandos de las familias oligarcas, el orden que defienden es el de la alta burguesía, la cual, cuando siente en peligro algunos de sus privilegios, no duda en echar manos de las tropas para “pacificar” el país.

Pero lo triste es que también hemos visto, a lo largo de la historia, cómo varias revoluciones que se denominaban populares, una vez alcanzado el poder, se han convertido en otro tipo de tiranía olvidándose de los ideales que les llevaron hasta allí y queriendo perpetuarse en la poltrona hasta convertirse también ellos en opresores.

Por ello, el sarcasmo de Benedetti sabe a amargura y va mucho más allá de una simple ironía, sabe a desengaño, a pérdida de la esperanza y a la dura resignación ante la condición humana. Y es que se da cuenta de que el pueblo no necesita que nadie haga las cosas por “su bien”, no necesita de salvadores ni mesías, que más pronto o más tarde se descubren en su cruda realidad. Y Benedetti lanza su protesta con sonrisa torcida por el dolor de ver cómo se oprime, se tortura y se mata a inocentes en nombre de la paz, tanto en aquellos que se lanzan contra su propio pueblo como esos “pacificadores” que invaden países para imponer la democracia. La democracia no se impone ni se regala, simplemente se consigue entre todos. Imponer democracias es la nueva escusa que disfraza la colonización.

Oda a la pacificación apareció en su poemario Letras de emergencia, escrito entre 1969 y 1973, cuando en Uruguay se abatía una profunda crisis económica, social y política que contrastaba con los años de bonanza y prosperidad vividos en las décadas anteriores cuando se llegó a denominar a este país “la Suiza de América”, pero una necesidad casi absoluta de la inversión extranjera, lo que hacía salir al exterior la mayor parte de los beneficios, quedando el resto en manos de unos pocos, y una dependencia energética completa de terceros países, lo que hacía aumentar la deuda pública, produjo una enorme inflación que abrió mucho más la gran brecha existente en las clases dirigentes y el resto del pueblo, lo que provocó disturbios, revueltas y la aparición de la guerrilla de los “Tupamaros”, algo que los diferentes gobiernos de las décadas de los 50 y 60 no supieron controlar, dejando el paso franco al ejército para llevar a cabo el Golpe de Estado que encontró la resistencia de la mayoría del pueblo, por lo que no dudaron en utilizar la fuerza de las armas, las detenciones masivas, las torturas tanto físicas como psicológicas, las vigilancias permanentes, los exilios, las desapariciones y las muertes. Todo para “restaurar la paz”…

GUÍA DE LECTURA – NOVELA: El Señor Presidente, de Miguel Ángel Asturias.

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El Señor Presidente es una novela-denuncia que va más allá de la memoria colectiva, donde se revela la situación de desigualdad social, la injusta explotación del campesinado, el acoso a los pueblos nativos y a la cultura tradicional de los “hombres del maíz”, además de la sensación de miedo ante los caprichos de una de las dictaduras que se sucedieron en su país, Guatemala.

MANUEL JOSÉ ESTRADA

MANUEL JOSÉ ESTRADA

El Señor Presidente está inspirada en la vida real del tirano Manuel José Estrada quien accedió a la presidencia el 8 de febrero de 1898, como primer designado para la sucesión, al ser asesinado el presidente José María Reina Barrios.

Cabrera, como le denominaban sus detractores, se mantuvo en el poder hasta 1920 mediante elecciones fraudulentas, algunas tan ridículas como en la que consiguió diez millones de votos siendo la población total de Guatemala de dos millones, pero contaba con la lealtad del Ejército y mantenía bajo control a los altos mandos militares así como a las personas más influyentes del país, además de seguirle una corte de aduladores que le designaban con diferentes apelativos que iban desde el sencillo “Don Manuel” hasta el rimbombante “Benemérito de la Patria”, pasando por “Jefe del Partido Liberal”, “Excelencia” o “Benefactor de la juventud estudiosa”, pero lo peor fue que, tras tomar el poder, no permitió ningún tipo de oposición y no dudó en desencadenar una inmensa crueldad hacia sus contrarios mediante asesinatos, detenciones, torturas y fusilamientos. Casado con Desideria Ocampo, tuvo dos hijos con ella y doce más con otras mujeres, aunque todos reconocidos… eso le daba caché de macho.

La fuerza de la novela de Miguel Ángel Asturias no se basa tanto en la creación de un personaje tiránico para luego seguirlo en sus fechorías como figura despótica y central de la narrativa, sino más bien en el estudio psicológico de cómo ese personaje se convierte en una imposición en la vida de todos quienes le rodean. Su nombre nunca aparece, pues todos se refieren a él como El Presidente y su aspecto físico no se transcribe, pero, aunque técnicamente se le puede considerar un personaje secundario, su presencia está siempre presente, por lo que se le podría calificar como el personaje principal de la novela.

Alrededor de El Presidente se mueve una constelación de personajes que subsisten gracias a, o a pesar de, él, pero los más importantes de esta historia son:
– Miguel Cara de Ángel (bello y malo como Satán) es su favorito y el asesor más cercano del tirano, un hombre sin corazón y carente de escrúpulos que veremos evolucionar a lo largo de la novela.
– El General Eusebio Canales, un influyente alto mando militar al que, aprovechando el asesinato del Coronel Panales Sonriente, se acusa falsamente de tal crimen y debe huir del país.
– Camila, la heroína dramática de esta historia, es la hija del General Canales y es sobre quien Miguel Cara de Ángel tiene sus ojos puestos y decide raptar el mismo día en que va a ser detenido su padre.
– El Mayor Farfán, a quien Miguel Cara de Ángel salva la vida jugando a doble carta y en espera de que algún día lo necesite.
– Y el Pelele, un pobre perturbado mental de quien se burlaban todos los pordioseros de la ciudad que se acumulaban en las gradas de la Puerta del Señor, junto a la Catedral, y que fue el desencadenante accidental de todo este argumento, tan disparatado como él, cuando mató al Coronel Parrales Sonriente, “el hombre de la mulita”, con sus propias manos, lo que le sirvió al Señor Presidente para organizar una agresiva ofensiva con la misión de librarse de todos aquellos a quienes consideraba una amenaza para su poder.

Aunque también los secundarios tienen importancia en esta novela coral donde a todos les puede llegar la lotería de la crueldad, como la pobre Fedina de Rodas, quien fue torturada y vendida a un prostíbulo con su hijo muerto en sus brazos sin saber de qué se le acusaba, o el malvado Auditor que disfrutaba torturando y de todo intentaba sacar provecho, o Genaro de Rodas quien busca trabajo y hace lo que sea, incluso traicionar y creerse las mentiras sobre su mujer, o la Masacuata, una de las figuras más íntegras de la novela, o toda esa variedad de mendigos, presos, parientes, aduladores, prostitutas, funcionarios y camareros que pululan por la historia alrededor la luz del Presidente, como las moscas alrededor de la bombilla, hasta que mueren abrasadas.

EL PORTAL DEL SEÑOR

EL PORTAL DEL SEÑOR

La trama es lineal, en un lenguaje bastante lírico, a veces reflexivo y en otras lleno de acción, apareciendo en varios capítulos de la novela secuencias ilusorias de sueños que difuminan la línea entre la fantasía y la realidad, que nos transmiten, con más fidelidad, las dificultades existentes al vivir bajo el poder de una dictadura en la que el tirano decide qué es verdad, por que quienes sufren bajo su opresión deben esforzarse constantemente para poder adaptarse a esa verdad cambiante, responder a ella y no convertirse en víctimas de puro accidente. Por ello, los personajes que Miguel Ángel Asturias recrea en esta novela dan la sensación de ser planos en general, escasamente dimensionales, pero es difícil que exista la ambigüedad bajo un poder político que no la permite, pues la confusión moral y ética se castiga, según la moral o la ética del dirigente, incluso con la muerte, en un mundo austero donde todo o es blanco o es negro, pero jamás gris.

El argumento se basa en la crueldad sufrida por hombres y mujeres de un país latinoamericano bajo el poder de una dictadura, pero el autor lo aprovecha, entrelazando la verdad y la fantasía surrealista, para dar cuenta de las costumbres y la naturaleza del pueblo guatemalteco. La crueldad impulsada por la codicia y la ambición de poder de unos pocos contra una mayoría de seres indefensos e inocentes. La crueldad que llega incluso a no permitirles morir en paz y les llenan el ánimo de mentiras e injurias para que su agonía sea más dolorosa.

No existe un tiempo específico, sino que todo se mueve con relación a la luz el sonido o las necesidades de los personajes, como destellos intemporales que entre todos dan a la historia una sensación de temporalidad. Solo en los títulos de las tres partes en las que se divide aparecen referencias temporales concretas.

La obra está dividida en cuarenta y un capítulos breves más un epílogo y en cada uno de ellos Asturias ha ido desgranando su mensaje por medio de diversos actos que constituyen un pequeño universo de tragedias. A veces nos damos de bruces con párrafos verdaderamente incomprensibles que se relacionan con momentos de gran tensión, como el encierro en un calabozo, algunos sueños o pesadillas, el miedo o la locura. Párrafos en los que hay palabras fuera de orden, onomatopeyas sin sentido aparente, frases sin acabar, repeticiones confusas… Es el juego de Asturias en una alianza entre el sonido y el sentido que produce en el lector sensaciones de confusión y desazón similares a las que sufren los personajes, sus espíritus apasionados, e introducirnos en sus vidas, sus sufrimientos o sus gozos y, por supuesto, sus esperanzas, describiendo unos personajes nítidos y comprensibles cargados de veracidad. Unos seres deformados y degradados por la imaginación del autor con la intención de hacerlos visibles para los lectores, pues siempre tendemos a apartar la mirada cuando pasamos ante la miseria, como si al no verla, no existiera. Y sin darnos cuenta, nuestra postura burguesa resulta mucho más grotesca.

El empleo del habla popular, coloquial, con un numeroso uso de las frases hechas que nos cuesta entender, con palabras dialectales o de jerga utilizada por ciertos grupos, nos hace utilizar continuamente el vocabulario que aparece al final del libro, pero todo esto es necesario porque de lo contrario la novela no tendría sentido. De esta forma tan realista, Asturias describe el contexto cotidiano y da coherencia a la ambientación argumental. Algo similar ocurre con su descripción de aquellos lugares, como El Portal del Señor, ya desaparecidos, capaces de transportarnos a un pasado ya no existente, pero sentido como real.

El génesis de El Señor Presidente fue un cuento escrito por Miguel Ángel Asturias en su juventud que llevaba por título Los mendigos políticos y que viajó con él hasta Francia en 1923. Allí escribió la novela, concluyéndola en 1933, sin embargo, no pudo ser publicada hasta 1946, en México, a causa de las sucesivas prohibiciones de los gobiernos dictatoriales guatemaltecos.

Miguel-Ábgel-AsturiasMiguel Ángel Asturias nació en Ciudad de Guatemala el 19 de octubre de 1899 y falleció en Madrid el 9 de junio de 1974. Además de diplomático fue un gran poeta y novelista ganador del Premio Nobel de Literatura en 1967. En sus escritos se combina el misticismo de la cultura Maya con un impulso épico hacia la protesta social, resumiendo las aspiraciones sociales y morales de su pueblo tantos siglos reprimido. Sus obras más importantes son: Leyendas de Guatemala (1930), donde se describe la vida y cultura de los mayas antes de la llegada de los españoles; Sonetos (1930), su primer trabajo poético; El Señor Presidente (1946); Hombres del maíz (1949), novela considerada su obra maestra; El ciclón (1950); El Papa verde (1954) y Los ojos de los enterrados (1960).

GUÍA DE LECTURA – POESÍA: Mi querida jungla, de Sujata Bhatt.

GUÍA DE LECTURA

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Mi querida jungla,

Ahora el lugar más seguro para ti es el invernadero.
Los animales tienen que permanecer en un zoo.
Los pájaros tienen su propia jaula,
que está en otra parte, muy distante;
y las serpientes viven en el serpentario.
He rociado los mosquitos;
no tiene sentido conservarlos.
Lamento que las mariposas murieran también.
Fue un accidente.
No estés triste. Te visitaré un día sí y un día no.
Vestiré mi nuevo traje tropical, con casco y todo.
Llevaré galletitas y té, Darjeeling, solo para nosotras.
Mi querida jungla, por favor entiende
mi amor por ti; necesito tu “junglería junglesca”.
Oh, ¿cómo podré vivir sin tu verde,
verde crudeza toda sobre mí?

My Dear Jungle,

The safest place for you is in a greenhouse now.
The animals have to stay in a zoo.
The birds have their own cage
which is somewhere else, far away;
and the snakes live in a snake house.
I’ve sprayed mosquitoes;
there’s no point in keeping them.
I’m sorry the butterflies died too.
It was an accident.
Don’t be sad. I’ll visit you every other day.
I’ll wear my new tropical outfit, helmet and all.
I’ll bring biscuits and tea, Darjeeling, just for us.
My dear jungle, please understand
my love for you; I need your jungly jungliness.
Oh, how shall I live without your green,
green rawness all over me?

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El poema que os proponemos está escrito por la poeta india Sujata Bhatt y trata sobre la destrucción de la naturaleza. Bhatt se dirige a la jungla como si fuera una persona con la que poder dialogar (personificación o prosopopeya), más aún, lo hace como si fueran íntimas amigas, diciéndole, casi aconsejándole, en un tono desenfadado y familiar, a pesar de que el mensaje es algo tristemente definitivo, que el lugar más seguro para ella es un invernadero… como la anciana a quien se le informa que sus últimos días los pasará en una incolora residencia.
Pero no se queda ahí y continúa enumerando el destino de algunos de los seres que la habitan: los animales al zoo, los pájaros a jaulas lejanas, las serpientes al serpentario y los mosquitos al genocidio, al igual que las mariposas, aunque estas, como otras tantas especies, se contabilizarán en daños colaterales… como el reparto de las pocas pertenencias de la anciana entre sus deudos.
No estés triste. Le dice. Y le deja la promesa, con esa alegre despreocupación de quien no piensa cumplirla, que irá a visitarla un día sí y un día no, con su nuevo traje tropical, con casco y todo… como quien va a un safari contratado con una agencia de viajes a la última moda.
Y le llevará aquellas galletitas que tanto le gustaban y té, pero no cualquier té, sino nada menos que el Darjeeling, ese que se cosecha en las tierras indias que le dan nombre, arrancadas en su tiempo a otra jungla tan anciana que ya no quedó ni en el recuerdo.
Y ella, la poeta, lo sabe. Sabe que, a pesar de su sarcasmo, a pesar de sus promesas y de sus juegos de palabras cuando inventa junglería junglesca, como si dijera monería monesca a la acción y la cualidad del mono, a pesar de todo ello, ya nada será lo mismo cuando la jungla muera.
Este poema, en verso libre, tiene la osadía, y la virtud, de no ir de frente con acusaciones para las que siempre hay defensas o contraataques preparadas, sino que funciona como un pequeño espejo donde se ven reflejadas algunas de las pequeñas miserias humanas que comportan un monstruo enorme y horrible que acabará devorando el planeta entero.

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9c2bedbcdcf00fa67e09b9bf3b2680f7.630x630x1Sujata Bhatt es una poeta india nacida el 6 de mayo de 1956 en Ahmedabad, aunque se crio en Pune hasta 1968, cuando emigró a los Estados Unidos con su familia, estudiando en la Universidad de Iowa y trabajó en la Universidad de Victoria, Canadá, y el Dickinson College, Pensylvania. Actualmente ejerce como escritora independiente y vive en Alemania con su esposo, el también escritor alemán Michael Agustin, y la hija de ambos. Sus poemas, escritos normalmente en inglés, aunque también emplea la lengua gujarati, tratan sobre el amor y la violencia, explorando temas como el racismo, la interacción entre diferentes culturas, la política, el erotismo y la defensa de la naturaleza, siendo su libro Poemas de diferentes culturas y, en especial, el poema titulado Search for My Tongue, de lectura obligatoria en la educación media británica.

GUÍA DE LECTURA – NOVELA: El dios de las pequeñas cosas, de Arundathi Roy

GUÍA DE LECTURA – NOVELA

01Antes de profundizar en la guía de lectura de esta novela, creo que es importante familiarizarnos con su autora, pues mucho de ella queda reflejado, o lo ha impulsado, en el espíritu de la historia que narra.
AVT_Arundhati-Roy_5508Suzanna Arundhati Roy es una mujer india nacida el 24 de noviembre de 1961 en Shillong, la capital del estado indio de Meghalaya, en el seno de una familia poco convencional, pues su padre era un propietario bengalí hinduista plantador de té y su madre una cristiana de ascendencia siria, quien logró ganar un pleito al Estado al demandarlo judicialmente por su derecho a recibir la parte proporcional que le correspondía de la herencia de sus padres, a pesar de que en la India no se reconocía el derecho de las mujeres a heredar.
Arundhati Roy estudió arquitectura, sin embargo, su interés personal estaba enfocado en la literatura comenzando por escribir varios guiones de películas, algunas de las cuales coprotagonizó, y series televisivas. Pero su carrera cinematográfica se vio frustrada a causa de su activismo político y social que le ha llevado a publicar artículos de opinión, enfrentamientos con las autoridades, peticiones de destitución y exigencia de cambios legales, que le han conducido ante los tribunales de justicia en numerosas ocasiones, defendiendo diversas causas ambientales y de derechos humanos, siendo la última de sus acciones en el año 2019, cuando encabezó una petición para que las mujeres afganas participaran en las conversaciones de paz entre los Estados Unidos y los talibanes.
3795684202a708af7f1ddb75a5481e4313b171b6En 1997 Roy publicó El dios de las pequeñas cosas, su primera y única novela, de corte semiautobiográfico, en la que se aparta de las tramas convencionales y de la prosa ligera típica de la literatura comercial. Compuesta en un lenguaje lírico, trata sobre temas y personajes del sur de Asia en una narración que va dando continuos saltos temporales, convirtiéndose en el libro más vendido por un escritor indio no expatriado y ganando con él el Premio Booker en 1998, uno de los premios más prestigiosos del mundo.
La novela tiene lugar en Ayemenem, una aldea del estado de Kerala, en el sureste de la India, entre 1969 y 1993. La narración no es lineal dando continuos saltos temporales entre recuerdos y presagios. La trama se centra en los dos hermanos gemelos, Estha y Rahel, quienes viven con su madre divorciada, Ammu, y su familia, siendo el acontecimiento central la fatídica visita de su prima medio inglesa, Sophie Mol, y su madre Margaret Kochamma, ahogándose la niña en el río cercano a la casa familiar, algo que ya sabemos desde el principio de la novela, por lo que el resto de la misma se centra en los eventos que conducen hasta su muerte y en las secuelas que llegaron tras ella, yendo y viniendo entre la infancia y la edad adulta de Estha y Rahel en este proceso.
Sin embargo, la novela no se queda en el mero hecho de ese accidente, sino que al contar la historia de la muerte de Sophie Mol, surgen a su alrededor los problemas políticos y sociales que acucian a la sociedad india, una sociedad que todavía está conformada en el sistema de castas que define las clases sociales en la India y dictamina el estatus de cada persona, algo que la Constitución india de 1949 prohibió, pero que en la práctica aún hoy persiste y llena la convivencia entre los indios de una serie de reglas sociales que deben cumplirse, sobre todo en los términos de quién puede interactuar con quién, como en las denominadas “leyes del amor”, que determina quién puede amar a quién, cómo y cuánto interpretando el sistema de castas. Al mismo tiempo, la novela también se interesa por la política de clases, particularmente sobre las basadas en el marxismo y el comunismo, ya que el surgimiento de las clases bajas y el derrocamiento de las altas es un concepto que anida en el interior de estas ideologías y da esperanza a algunos de los personajes de la novela, mientras llena de miedo a otros.
02Pero, sobre todo, El dios de las pequeñas cosas es una novela sobre la familia, pues explora las relaciones entre hermano y hermana, madre e hijo, abuelos, tíos, sobrinos, etcétera. Analiza las circunstancias que obligan a las familias a permanecer unidas y, por otro lado, a desmoronarse. Lo mismo que en la vida real, en la novela las relaciones familiares llegan a ser confusas, complicadas y, en muchas ocasiones, frustrantes, pues a veces nos sentimos obligados a amar a los miembros de la familia, con ese amor incondicional que parece surgir de los lazos de sangre, aunque, por otro lado, esa relación de contigüidad no garantiza que tengas que amarlos o que te correspondan. Sobre todo esto tenemos diferentes ejemplos en este libro, como la relación de Chacko y Ammu comparada con la que tienen Estha y Rahel, pero todavía llama más la atención la reacción de Vellya Paapen contra su hijo Valutha, al que está dispuesto a matar, lo que nos inclina a reflexionar sobre qué tiene más importancia para estos seres, si los lazos familiares o las reglas sociales…
Y es que los personajes de El dios de las pequeñas cosas están constantemente enfrentados a las fuerzas sociales y clasistas. La sociedad india estuvo estructurada durante siglos de acuerdo con las clases y límites sociales muy rígidos, lo que se conoce como el sistema de castas, y aunque la novela tiene lugar después de que este sistema dejara de ser legal, sus personajes todavía están limitados por lo que es o se considera socialmente aceptable según dicten las reglas sociales que deciden a quién puedes, o no, amar, cuál debe ser tu ocupación o quién es mejor o peor que tú. Pero por muy fuertes que sean las creencias, todos los límites pueden ser rotos, como demuestra la evolución de Ammu quien, en un principio, le dice a Rahel que no quiere que los gemelos pasen tanto tiempo con Velutha, y luego, sin embargo…
04Es por eso un gran logro de la autora el hecho de que podamos ver las cosas desde los diferentes puntos de vista de los personajes, teniendo, de esta forma, diferentes versiones de la misma realidad. Y así podemos observar a Estha y Rahel en dos momentos muy distintos de sus vidas con veintitrés años de diferencia entre ellos, cuando tenían siete y cuando tienen treinta y uno, y así, mientras al principio aprendían sobre el mundo, a pesar de que algunas de sus reflexiones infantiles fueran bastante perspicaces, luego, cuando ya son adultos, simplemente intentan dar un sentido a su pasado.
Y es que hay algo que flota sobre las cabezas de los personajes en esta novela y que les pesa y les atenaza: la culpa. Sí, la culpa les acecha detrás de cada esquina pues todos tienen algo en su pasado que querrían olvidar: Estha se siente culpable por lo que le hizo hacer aquel hombre de la limonada en el cine; Sophie Mol se ahoga y todos se sienten culpables; las familias se separan y la culpa anida entre sus miembros… Todos se sienten culpables de algo y, para liberarse de ello, buscan a quién culpar: Margaret Kochamma culpa a Estha por la muerte de su hija, mientras que Chacko culpa a su hermana Ammu… y Estha se culpa de todo…
Estha y Rahel pierden la inocencia a lo largo de la novela y en esto la autora ha conseguido algo bastante interesante, pues nos ayuda a ver y comprender el mundo desde la perspectiva de los niños y cómo ésta va cambiando ante sus ojos y dentro de sus mentes, y lo hace desde dos aspectos cotidianos de la vida: el significado de las palabras, sobre todo de ciertas palabras, y los hechos impactantes y dolorosos que les van ocurriendo. La inocencia es un mundo simple, sencillo, donde lo que no sabes no puede hacerte daño, es la felicidad de la ingenuidad, pero a medida que vamos alcanzando el conocimiento de las cosas, llega el dolor. Cuatro son los conceptos más importantes sobre los que vamos adquiriendo conocimientos a lo largo de nuestras vidas: el amor, el temor, la identidad y la mortalidad.
El amor es libre por naturaleza, en cambio, no hay otro concepto que cargue sobre sí mismo con tantas reglas, cargas y limitaciones. El amor y las reglas chocan continuamente en esta novela, por ejemplo, el amor entre Ammu y Velutha está prohibido debido a su diferencia de castas; el amor entre Rahel y Estha, que se expresa físicamente al final del libro, está considerado pecaminoso por incesto; el amor de Mammachi hacia su hijo Chacko tiene unas líneas muy difuminadas entre lo familiar y lo romántico; Baby Kochamma está enamorada del padre Mulligan, un sacerdote que tiene prohibido el matrimonio, y ello la marca de por vida… o Rahel intenta tener claro las diferencias entre “amor” y “deber”, es decir, a quién realmente ama y a quién debe amar. El amor, en El dios de las pequeñas cosas es el mayor transgresor de las reglas sociales.
El miedo, por su parte, está siempre presente en la novela. No hay un solo personaje que no tema algo en algún momento. Pero este miedo no es simplemente una reacción ante algo aterrador, sino que es un motivador que les empuja a actuar de formas particulares y, a menudo, peligrosas: el miedo de Estha al hombre de la limonada y el de Rahel a que Ammu ya no la quiera provoca que ambos huyan de casa y se decidan a cruzar el río; el miedo de Baby Kochamma y Mammachi a lo que dirán les obliga a encerrar a Ammu y a denunciar a Velutha… El miedo, pues, es un mecanismo decisivo que les cambia la vida con un resultado mucho más aterrador que aquello que temían.
Y ello les lleva a un problema de identidad a todos los personajes: Sophie Mol es mitad blanca y mitad india, Vallya Paapen es un paravan y su personalidad se acomoda al papel en una simbiosis inevitable de identidad y clase social, Velutha afirma tener un hermano gemelo para no admitir que él estuvo en la marcha de los comunistas… pero, sobre todo, para los gemelos Estha y Rahel, pues ambos son extensiones el uno del otro, complementándose a la perfección cuando están juntos y creándose identidades alternativas a medida que se enfrentan a diferentes situaciones: el Embajador Elvis Presley, la Embajadora Insecto Palo… La separación amputa de un tajo esa identidad común y no volverán a considerarse completos hasta reunirse de nuevo veintitrés años después.
Y por último, la muerte, la cual es un eco constante en toda la novela, pues ya desde el principio sabemos que Sophie Mol va a morir, sin embargo, esta anticipación no nos evita la intriga, pues nada de sus causas, y mucho menos de sus consecuencias, se nos descubre hasta llegado el momento. Pero esta no es la única muerte, pues nada nos predispone a la visión de la gráfica violencia de la de Velutha, ni a la angustia y miedo de la de Ammu, ni a la soledad de las muertes de la inocencia, ni a la muerte de la confianza, ni a la muerte del amor…
03Por todo ello, El dios de las pequeñas cosas es una novela donde abunda el simbolismo, comenzando con la casa que Chacko utiliza como metáfora de la historia de la India y la familia, la cual está compuesta de anglófilos, una casa vieja en la noche, con las lámparas encendidas y antepasados susurrando en su interior, una casa en la que hay que entrar y escuchar lo que dicen y mirar los libros y los cuadros de la pared y oler sus olores, lo cual quiere decir que, a causa de su fascinación con las cosas británicas, la familia ha perdido la noción de lo que verdaderamente son, algo que, a pesar de haberlo perdido de vista, está delante de ellos y solo tienen que mirar y escuchar cuidadosamente, pero el problema, según él, es que no pueden entrar en esa casa porque todo está cerrado y deben contentarse con mirar por las ventanas y ver sombras y escuchar susurros que no entienden porque “nuestras mentes han sido invadidas por una guerra (…) Una guerra que nos ha hecho adorar a nuestros conquistadores y despreciarnos a nosotros mismos”. Es decir, amar a Inglaterra, el país que les colonizó, significa amar menos a la India y a sí mismos. Claro que Estha y Rahel, todavía unos niños, no saben muy bien de qué está hablando su tío y ellos identifican esa casa con la vieja morada de Kari Saipu, quien murió hace muchos años, la cual permanece abandonada en medio de la plantación de caucho, al otro lado del río, es la única casa misteriosa de todo Ayemenem, la que está en el “corazón de las tienieblas”, un mundo todavía inexplorado por ellos, y es así como aquella casa se convierte en la “Casa de la Historia”, donde Velutha y Ammu tienen sus furtivos encuentros como amantes, donde Estha y Rahel se esconden tras la muerte de Sophie Mol, donde Velutha es golpeado hasta morir… Y de esta forma, lo que era una metáfora sobre la India, se convierte en emblema de historia real.
No menos importancia tiene la polilla de Pappachi, aquel insecto que descubrió un día y que jamás le fue reconocido, el cual pasó al catálogo mundial de insectos con otro nombre ajeno a su descubridor, algo que Pappachi consideró una ofensa y lo volvió un hombre irritable para el resto de su vida. Ese lepidóptero, gris, peludo y con mechones dorsales inusualmente densos, se convertirá en un fantasma pernicioso que le atormentará a él, a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Es la encarnación del miedo en los momentos más duros para Rahel: “una polilla fría con mechones dorsales inusualmente densos aterrizó ligeramente en el corazón de Rahel”.
En una novela en la que el tiempo pierde su condición inexorable de fluidez, el reloj de Rahel, permanentemente detenido en las dos menos diez, se identifica como un símbolo de la brevedad, de un lapsus durante el cual el tiempo dejó de caminar: aquellos días de la infancia en que perdieron la inocencia mientras Sophie Mol perdía la vida. Un caso similar podría representar la fábrica de encurtidos de Mammachi donde se intentaba conservar algo perecedero haciéndolo duradero para siempre, algo parecido a lo que hace la familia: recordar, conservar la memoria.
El narrador de esta historia no es un personaje de la misma, sino que la cuenta desde la distancia, profundizando en la perspectiva de cada personaje, mostrándonos sus diferentes puntos de vista, algo que ayuda a la hora de ir avanzando en la trama, que está fragmentada en múltiples piezas las cuales debemos ir recogiendo y ensamblando.
Aunque, en realidad, gran parte de la novela la vamos descubriendo siguiendo a Rahel, tanto cuando era niña, como cuando era mujer, algo que la autora mezcla con el tono, entre serio y alegre, tierno y sórdido, como muestra de la complejidad de los acontecimientos desarrollados en la novela, cada personaje tiene su propia historia personal.
Y para finalizar, pensemos un poco sobre el título. El dios de las pequeñas cosas tiene un doble significado, pues, por un lado, en el capítulo 11 ese dios se identifica con Velutha según el sueño de Ammu, donde un hombre con un brazo la abraza: “él solo podía hacer una cosa a la vez. Si la abrazaba, no podía besarla. Si la besaba, no podía verla. Si la veía, no podía sentirla”. Entonces, cuando despierta ve que Rahel tiene un rizo de viruta enredado en su pelo y eso le confirma que los niños han ido a ver a Velutha, el dios de la pérdida, el dios de las pequeñas cosas, porque eso es a todo lo que aspiran los amantes, a esos pequeños encuentros románticos, y no piensan nunca en las grandes cosas, como el futuro, porque para ellos no existen. Pero, así mismo, son esas pequeñas cosas las que deciden un destino porque si Margaret no hubiera decidido viajar a la India llevando a su hija para que conociera a su padre… si Estha no hubiera cantado en el cine y su madre lo obligara a salir y así tuviera aquel encuentro con el hombre de la limonada, a quien temía volver a ver y eso le llevó a querer escapar… si Rahel no hubiera ofendido a Ammu y por ello llegase a pensar que ya no la quería, lo que también le hizo desear largarse… si todas estas pequeñas decisiones, y otras más que se les fueron sumando, no hubieran ocurrido, Sophie Mol no habría muerto ahogada. Así que podemos afirmar que, tanto en el título de la novela, como en su estilo de escritura, Roy enfatiza los pequeños momentos, objetos y cambios que simbolizan y conducen hacia las “grandes cosas” en la vida.