GUÍA DE LECTURA: Pasaje a la India, de E. M. Forster

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forsterpasajealaindiaNo es fácil simplificar el tema central que aglutine y direccione la trama o argumento de esta novela, pues en ella se desarrollan, como en un amplio abanico, una serie de variados asuntos que se interrelacionan, se solapan, se empujan, se anulan o, incluso, coordinan. Podríamos, tal vez centrarnos en el problema tan sobado del colonialismo, pero eso sería quedarnos cortos, pues las relaciones de amor-odio interraciales, religiosas, culturales, clasistas, de género, etcétera, van apareciendo por todas las rendijas que dejan los párrafos escritos con una prosa ágil, culta, aunque cercana y asequible, correcta, si bien amena e irónica, empleada por E.M. Forster, y eso sin olvidarnos de cuestiones tan poco livianas como el amor o la amistad.

         Se dice que Pasaje a la India es la obra cumbre de su autor, no lo sé, pues no he leído todos los libros que Forster escribió, ni tan siquiera un número adecuado para poder opinar, no obstante, sí que estoy en condiciones de afirmar que, desde el comienzo, hasta el final, me ha atrapado y me he visto, curiosamente, identificado en algunos puntos, y matizo lo de curiosamente pues, a pesar del abismo temporal, generacional, cultural y de pensamiento que nos separa, he visto bastantes reflejos de los defectos actuales, tanto sociales como personales, en los cuales nos regodeamos en nuestros días de tan creciente desconcierto.

Lógico es que no me vea reflejado ni en Aziz, ni en Fielding, ni en Heaslop, ni en ningún otro personaje masculino tanto británico como nativo, así mismo, también dudo que alguna mujer actual se sienta representada por Miss Quested o Mrs. Moore, y mucho menos por las otras estiradas y afectadas damas inglesas o por las sutilmente invisibles hindúes o musulmanas, pero sí nos podemos descubrir evidenciados en sus innumerables destellos de miseria, egoísmo, hipocresía y demás afeites sociales que no han evolucionado en nada desde entonces, si no es por el reboce materialista de una sociedad infinitamente más consumista que la mostrada en las páginas de este libro, así como en sus peregrinas esperanzas y en sus fatales deseos.

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         Pues bien, el texto en sí no se limita, como he ya afirmado más arriba, a la simple denuncia del imperialismo británico, o de cualquier otra índole, y sus innumerables y gratuitos estragos, catástrofes, trastornos, devastaciones o cualquier otro sinónimo que se nos ocurra cuyo significado se acerque al hecho de explotar a muchos para el beneficio de unos pocos, en el subcontinente indio, no, sino que al enfrentar Forster dos mundos tan opuestos, dos actitudes mentales tan dispares como la lógica de Occidente contra la intuitiva de Oriente, el pragmatismo frente a la ensoñación , de dos normas de conducta y morales tan enfrentadas, como la estética y la utilidad, tuvo que esgrimir, para lograrlo, la perspectiva de la poesía, de la imagen, y por ello utiliza la descripción como herramienta simbolista, al igual que el pintor usa el paisaje: con la finalidad de darle sentido a su obra.

         Y con el paisaje indio como fondo, a veces desolador, áspero, ingrato, pero otras, sin embargo, lozano, agradable, divertido y fértil en increíbles sensaciones, la acción comienza con la llegada de dos damas inglesas, la joven Miss Adela Quested y Mrs. Moore, con el propósito principal de que la primera conozca más profundamente al hijo de la segunda, Ronny, quien desempeña el cargo de magistrado en la ciudad india de Chandrapore, para decidir si contrae matrimonio con él, y el secundario de que ambas mujeres esperan ver la India real durante su visita, al margen de la cultura institucional importada por los británicos.

         Por otro lado, Aziz, un joven médico musulmán, se siente profundamente frustrado por el trato mediocre que recibe a manos de los ingleses, sobre todo por parte de su jefe directo, el Mayor Callendar, preocupación que suele comentar con sus dos amigos, Hamidullah y Mahmoud Ali, con quienes discute sobre si un indio puede llegar a ser amigo de un inglés en la India. Tras una acalorada velada de charla, Aziz busca el refugio del silencio de la mezquita y allí, por casualidad, conoce a Mrs. Moore y se sorprende gratamente de la familiaridad y amabilidad que ella despliega hacia él.

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         Mr. Turton, el gobernador de la zona, organiza una fiesta a la que invita a los indios más importantes, y a sus mujeres, en honor de las recién llegadas, allí Adela conoce a Cyril Fielding, el director del colegio estatal, quien, ante el deseo de la joven de descubrir la verdadera India, la invita a tomar el té en casa del profesor hindú Godbole, al que también acude Aziz. De esa reunión surge la amistad entre el profesor inglés y el médico musulmán quien, emocionado por sus nuevas relaciones, invita a todos a un viaje hasta las Cuevas de Maribor.

         Esta jornada será la desencadenante de los sucesos que precipitarán una serie de acontecimientos causante de enfrentamientos los cuales pondrán al descubierto las diferencias irreconciliables entre los dos mundos que pugnan por dominar aquella parte de Asia. Pero no vamos a descubrirlos aquí, sino que dejaremos el hallazgo de los mismo para su lectura.

         Ya he comentado que los temas que conforman la novela son varios y heterogéneos, por ejemplo, Un pasaje a la India comienza y termina por plantear la cuestión de si es posible para un inglés y un indio ser amigos, al menos en el contexto del colonialismo británico. Forster utiliza esta pregunta como marco para explorar la cuestión general del control político de Gran Bretaña sobre la India en un nivel más personal, a través de la amistad entre Aziz y Fielding. Al principio de la novela, Aziz desdeña a los ingleses y sólo los considera en forma irónica o los ignora completamente. Sin embargo, la conexión intuitiva que Aziz siente con la Sra. Moore en la mezquita le abre la posibilidad de tener una amistad con Fielding. Así, en la primera mitad de la novela, Fielding y Aziz representan un modelo positivo del humanismo liberal: Forster sugiere que la regla británica en la India podría ser acertada y respetuosa si ingleses e indios se trataran unos a otros como personas conectadas a través de la franqueza, inteligencia y buena voluntad.

Sin embargo, a raíz del clímax de la novela: la acusación de Adela contra Aziz, la amistad entre Aziz y Fielding decae, creándose ciertas tensiones en su relación a causa de interpretaciones tendenciosas de sus respectivas culturas. La tendencia de Aziz es dejar que su imaginación viaje libre y ello le hace crearse sospechas que le endurecen y le llenan de rencor. Fielding, en cambio, se deja llevar por la literalidad inglesa y racionalismo occidental que ciegan sus verdaderos sentimientos, por lo que su amistad queda relegada a conversaciones demasiado formales o cartas. Además, sus respectivas comunidades, india e inglesa, les va separando a través de sus mutuos estereotipos. Como vemos al final de la novela, incluso el paisaje de la India parece oprimir su amistad. Así pues, la visión final de Forster sobre la posibilidad de amistad anglo-india es pesimista, aunque sí considera factible esa posibilidad en suelo inglés, o después de la liberación de la India.

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Los personajes principales de Un pasaje a la India suelen ser cristianos o musulmanes, pero el hinduismo también desempeña un papel importante en la temática de la novela. El aspecto del hinduismo, que a Forster le preocupa particularmente, es el ideal de religión que incluye a todos los seres vivos, desde los más bajos a los más altos, unidos en el amor. Esta visión del universo parece ofrecer la redención a la India a través del misticismo, pues desaparecen las diferencias individuales en una colectividad pacífica que no reconoce jerarquías. Las intrigas y la culpa individual no es percibida en favor de la atención a las cuestiones de la más alta espiritualidad. El profesor Godbole, el hindú más visible en la novela, es para Forster el ejemplo de la unidad de todos los seres vivos. Godbole permanece al margen del drama, se abstiene de tomar partido, pues reconoce que todos están implicados en el mal de Marabar. Mrs. Moore, también se muestra, en este aspecto, cercana al hinduismo, aunque ella es cristiana, su experiencia de la India le ha hecho percibir un cierto descontento que hace empequeñecer sus creencias. Mrs. Moore parece sentir un gran sentido de conexión con la todas las criaturas vivientes, como lo demuestra su respeto a la avispa en su dormitorio.

Sin embargo, a través de la Sra. Moore, Forster también demuestra que la visión de la unidad de todos los seres vivos puede ser aterradora. Como vemos en la experiencia de la señora Moore con el eco de Marabar. Godbole no está preocupado por la idea de que la negación es un resultado inevitable cuando todas las cosas se juntan. Mrs. Moore, sin embargo, pierde interés en el mundo de las relaciones después de visionar esta falta de distinciones como algo horrible. Por otra parte, aunque Forster apoya generalmente la idea hinduista de la unidad de todos los seres vivos, también sugiere que puede haber problemas inherentes con él. Incluso Godbole, por ejemplo, parece reconocer que algo – aunque sólo sea una piedra — debe quedar fuera de la visión de unidad si la visión es coherente. Este problema de la exclusión es, en cierto sentido, simplemente otra manifestación de las diferencias individuales y la jerarquía que el hinduismo pretende superar.

Hay que distinguir entre confuso y misterioso en la novela. El propio Fielding, que actúa como voz del mismo Forster, admite que la India es un “caos”, mientras que figuras como la Mrs. Moore y Godbole ven India como un misterio. El lío que es la India en la novela se construye desde el suelo hacia arriba: el mismo paisaje y arquitectura del paisaje carece de forma y la vida natural de plantas y animales desafía cualquier identificación. Esta calidad confusa del medio ambiente se refleja en la composición de la población nativa de la India, que se mezcla en un embrollo de diferentes religiosos, etnias, grupos lingüísticos y regionales.

La confusión de la India desorienta a Adela; de hecho, los acontecimientos en las cuevas de Marabar pueden considerarse como la manifestación de esta maraña. Al final de la novela, no estamos seguros de lo que realmente ha sucedido en las cuevas. Forster sugiere que los sentimientos de Adela sobre Ronny se le hacen presentes en las cuevas y que ella de repente experimenta estas emociones como algo fuera de ella. El caos de la India también afecta a la amistad de Aziz y de Fielding y sus buenas intenciones son desviadas por el desconcierto que supone las identidades interculturales.

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Aunque Forster simpatiza con la India y los indios en la novela, su abrumadora representación de la India como una sociedad confusa coincide con la manera en que muchos escritores occidentales de su día trataron al Este en sus obras, quienes justificaron la dominación occidental en aquellas tierras como algo razonable, incluso necesaria, a la vista de la superioridad de la capacidad de razonar de la lógica europea frente al “caos” de las civilizaciones orientales.

Sin embargo, a pesar de que Pasaje a la India es en muchos aspectos un texto altamente simbólico, o incluso místico, también pretende ser una documentación realista de las actitudes de los funcionarios coloniales británicos en la India. Forster, utilizando su capacidad para la sátira, se mofa de las diversas actitudes típicas de los ingleses hacia los indios que controlan y los representa como racistas, autosuficientes, y condescendientes hacia la población indígena, saliendo, en general, bastante más mal paradas las mujeres que los hombres, aunque no parece cuestionar el derecho del imperio británico a gobernar la India, y sugiere que los británicos serían mejor servidos si fuesen más amables y más comprensivos con los indios con los que viven, pero no sugiere que los británicos deban abandonar la India en absoluto.

Por otro lado, podemos encontrar a lo largo de la novela una serie de estructuras y elementos recurrentes que nos pueden aportar bastante luz sobre los temas principales de la obra. Analizaremos los tres más importantes.

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Uno de ellos es el eco que aparece en las cuevas de Marabar: primero Mrs. Moore y posteriormente Adela escuchan el eco y son atormentadas por él durante semanas. El sonido del eco es “Boum”, como el ruido monótono de una salmodia que va adormeciendo los sentidos e impide desligar los detalles del entorno agobiante y, como ya hemos dicho anteriormente al hablar de la filosofía hinduista, esta unidad de todos los seres vivos, aparentemente positiva, puede llegar a una cierta confusión entre el bien y el mal, y ese acoso a que se ve sometida Mrs. Moore hasta su muerte por parte del eco hace que deje de preocuparse de las relaciones humanas y que Adela acuse a Aziz totalmente confundida, pero, curiosamente, este eco desaparece nada más reconocer que se ha equivocado.

Otro de estos elementos es la diferencia entre las arquitecturas oriental y occidental. Tres estructuras arquitectónicas, aunque una de ellas sea de origen natural, proporcionan el esquema de las tres secciones del libro, “mezquita”, “cuevas” y “templo”. Forster presenta la estética de las estructuras orientales y occidentales como indicativas de las diferencias de las respectivas culturas en su conjunto. En la India, la arquitectura es confusa y sin forma: los interiores se mezclan con los jardines exteriores, la tierra y los edificios compiten entre sí, y las estructuras aparecen inconclusas o monótonas. Como tal, la arquitectura India refleja la confusión reinante en aquella sociedad misma y Forster lo ve como el desinterés característico de los indios hacia la forma y la lógica. De vez en cuando, sin embargo, Forster tiene una visión positiva de la arquitectura India. La mezquita en la parte I y el templo en la parte III representan la promesa de la apertura de la India, el misticismo y la amistad. La arquitectura occidental, mientras tanto, se describe durante la parada de Fielding en Venecia en su camino a Inglaterra. Las estructuras de Venecia, que Fielding considera representativas de la arquitectura occidental en general, honran la forma y la proporción y complementan la tierra sobre la que se construyen. Fielding lee en esta arquitectura la corrección evidente de la razón occidental: un orden que, se lamenta, sus amigos indios no reconocerían ni apreciarían.

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Y el tercero es la canción hindú que Godbole canta para los visitantes ingleses, en la cual una lechera ruega para que Dios venga a ella o a su gente. El estribillo de la canción de “¡ven!”, reflejando en la apelación a todo el país en la búsqueda de algo más grande que él mismo. Después de la canción, Godbole admite que Dios nunca llega a la lechera. La canción descorazona mucho a lMrs. Moore, estableciendo el escenario para su posterior apatía espiritual, pues llega a tener la conciencia simultánea de una presencia espiritual y la falta de confianza en lo espiritual como una fuerza redentora. Godbole aparentemente pretende que su canción sea como un mensaje o lección de que el reconocimiento de la existencia de una figura de Dios puede unir al mundo y erosionar las diferencias. Forster usa el estribillo de la canción de Godbole, “¡ven!”, para sugerir que la redención de la India todavía está por llegar.

Del mismo modo, se pueden percibir una clara simbología que busca, mediante la abstracción de algunos objetos, colores, personajes o figuras, la representación de ideas o conceptos. Veamos otros tres elementos simbólicos del libro.

Las Cuevas de Marabar representan todo lo que es ajeno en la naturaleza. Las cuevas son más antiguas que cualquier otra cosa de aquella tierra y encarnan la nada y el vacío. Desafían tanto a los ingleses como a los indios y su extraña belleza descoloca a los visitantes. La calidad alienígena de las cuevas también tiene el poder de hacer que visitantes como Mrs. Moore y Adela se enfrenten a sí mismas descubriéndose rincones de su interior que no habían reconocido previamente. El eco de las cuevas hace que Mrs. Moore vea el lado más oscuro de su espiritualidad, y Adela se enfrenta a la verdad de que ella y Ronny no se atraen realmente el uno al otro, incluso duda de que sea capaz de atraer a alguien.

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El pájaro verde que Adela y Ronny ven cuando acaban de romper su compromiso por primera vez les demuestra las diferencias insalvables entre ellos dos, pues mientras ella lo ve como lo vería un nativo: atenta a su belleza, a su canto, a sus matices, al trasfondo de las emociones que le inspira, él se esfuerza por darle nombre, catalogarlo, etiquetarlo, llevado por su típica obsesión inglesa de clasificar todo lo que les rodea.

Y, por último, la avispa aparece varias veces en la novela, normalmente en conjunción con la visión hindú de la unidad de todos los seres vivos. La avispa es descrita como la criatura más baja que los hindúes incorporan en su visión de la unidad universal. Mrs. Moore está estrechamente asociada con la avispa, ya que encuentra una en su habitación y no intenta matarla, sino que la respeta.

Para terminar, os propongo que busquéis, durante vuestra lectura, las respuestas a las siguientes preguntas como herramienta que os ayude a entenderla mejor:

  1. ¿Qué esperan Adela y la señora Moore para salir de su visita a la India? ¿Tienen éxito?
  2. ¿Qué causa el colapso de Adela? ¿Por qué acusa a Aziz? ¿Qué cualidades le permiten admitir la verdad en el juicio?
  3. ¿Para qué sirve la Parte III, “Templo”, en Un pasaje a la India?
  4. ¿Cuál es la crítica principal de Forster a los británicos en la India? ¿Qué parece pensar sobre el Imperio en general?
  5. Evaluad el papel de la negación en la novela. Buscad ejemplos de la palabra “nada”, descripciones que usan la falta o negatividad, y puntos de trama en los que “nada” sucede, aunque los personajes piensan que algo sucede. ¿Qué significa la negación y cómo se usa?
  6. ¿Cuál es el papel de la naturaleza en Un pasaje a la India?
  7. ¿Qué papel desempeña la sexualidad en la novela? Considerad cualquier diferencia de opinión sobre la sexualidad entre Fielding y Aziz y entre Ronny y Adela.
  8. Comparad la representación de Forster de los ingleses en Chandrapore con su representación de la comunidad india de Aziz. ¿Los dos grupos tienen similitudes? ¿Forster retrata a un grupo con más simpatía?

REFERENCIAS:

  • SparkNotes Editors. “SparkNote on A Passage to India.” SparkNotes.com. SparkNotes LLC. 2002. Web. 2 May 2017.
  • «All Time 100 Novels». Time. 16 de octubre de 2005. Archivado desde el original el 25 de abril de 2010. Consultado el 2 de mayo de 2017.
  • J. Wallia (1996). «IndiaStar book review: Satyajit Ray by Surabhi Banerjee». Archivado desde el original el 27 de noviembre de 2015. Consultado el 2 de mayo de 2017.
  • Fotografías de la película A Passage to India, by Davin Lean. Columbia Pictures, 1984.

Sus ojos en mí, de Fernando Delgado

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“Y fue para mí una desgracia que en Beas de Segura y en día de primavera pusiera en mí sus ojos; seguro hállome de que pecó de precipitada al mostrar su complacencia en mi persona antes de cualquier examen.”

Jerónimo Gracián de la Madre de Dios

         Y no se equivocaba el bueno de Gracián al calificar de “desgracia” el hecho de que Teresa “pusiera sus ojos en él” pues ello le acarrearía muchos sufrimientos, sin embargo, no pudo evitar sentirse atraído por aquella mujer que le doblaba en edad y a la que describió con estas palabras: “No diré que el rostro de aquella mujer, recortado en la toca de una monja, fuera tan bello que incitara al pecado al que lo viera al retirar su velo. Ni que su cuerpo, ágil para su edad de mujer plena, llamara a cualquier hombre a imaginarlo con malicia, Tampoco diré que la santidad le alumbraba los ojos, porque no era su mirada la recatada mirada de una virgen. La cara vivaz, el cuerpo inquieto, la mirada solícita y la inteligencia moviéndole los labios hacían de Teresa de Cepeda una mujer de apariencia más joven a sus sesenta años y presta al atractivo.” Pero aquel amor que surgió entre ellos, o más bien en ella, pues era ella mujer “que no ponía puertas al amor ni separaba el amor divino del humano porque al fin todo lo que tocaba el amor era para ella divino”, le obligaría a sumergirse en las enfangadas aguas de una guerra sin cuartel que, durante años, se desarrolló en los submundos humanos de quienes predicaban lo divino.

         Partiendo, pues, de estas premisas, y teniendo como escenario histórico los seis últimos años de vida de la santa durante el reinado de Su Católica Majestad Felipe II de España, quien también tendrá sus momentos en el argumento, esta novela no solo despliega, con sintaxis añeja, cargada de ironía y cercana a las formas y estilo de sus protagonistas, una bella historia de amor, aquella que dio comienzo el día en que Teresa de Jesús recibe en el convento de Beas de Segura al joven visitador de la orden, Jerónimo Gracián, y ella siente de inmediato por él “lo que no había sentido antes por nadie”, calificando como “los más luminosos de mi vida” los día que pasaron juntos hablando de lo divino y lo humano y compartiendo sus mutuos sentimientos e inquietudes, sino también, al mismo tiempo, la lucha despiadada entre aquellos representantes de Dios en la tierra quienes, olvidándose de lo eterno, buscaban la gloria en lo efímero, y es que la erótica del poder abre más puertas en el infierno que la del sexo.

La novela tiene una estructura original, pues transcurre en dos tiempos narrativos: el más actual, a mediados del siglo XX, donde Julio Weyler (más tarde Fray Casto del Niño Jesús) busca los consejos de Fray Humberto San Luis para que le ayude a escribir una novela sobre San Juan de la Cruz, aunque éste le quita esa idea inicial pues considera al personaje poco interesante para la narración, en cambio piensa que es más novelesca la relación entre Teresa de Jesús y Jerónimo Gracián. Así que Julio se replantea su inicial objetivo y, en colaboración con Fray Humberto y con su tío Ronald Weyler, se lanza a una extensa labor de investigación que dará como fruto esta historia.

El otro tiempo narrativo es el de la segunda mitad del siglo XVI, donde se desarrolla la labor reformadora de Teresa de Jesús, Juan de la Cruz y Jerónimo Gracián.

         La iglesia católica se había desviado bastante de sus principios originales relajando la disciplina, la observancia de las reglas, el comportamiento y la moral, por lo que, tras la reforma protestante de Lutero, se vieron en la necesidad de dar una respuesta contundente, o contrarreforma, si no querían caer en la más absoluta debilidad y permitir el avance del protestantismo. Para ello se convocó el Concilio de Trento de donde surgieron nuevas normas disciplinarias más acordes a la ortodoxia de sus creencias, revitalizando el uso de las herramientas infalibles de la oración y la meditación, así como del sacramento de la confesión, al mismo tiempo, se impulsó la formación de nuevas órdenes religiosas, cofradías y hermandades, para extender la fe y ayudar a los necesitados y, por entidad vigilante y censora se dio máximo poder a la Santa Inquisición. Y como siempre ocurre en estos casos, surgieron diferentes interpretaciones: por un lado, la idea impulsada por Pablo IV de un Dios intransigente y castigador, y por el otro el acercamiento individual a la fe y el uso de la piedad popularizado por Teresa de Jesús o Juan de la Cruz.

Sin embargo, no todos estaban por la labor de reformarse y menos cuando los monasterios y conventos veíanse repletos de hijos e hijas de casas nobles, o adineradas, que entraban en ellos por motivos bastante más peregrinos que la fe. Y ese era el caso de la orden del Carmelo, donde muchos de sus frailes “eran unos borrachos y puteros”, y de lo cual tampoco se salvaban muchas monjas

Ante la resistencia de los carmelitas calzados a mudar en sus costumbres, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz se lanzaron a una reforma según la regla antigua, mucho más estricta en los votos y mucho más humilde en las formas, que les acarrearía no pocos disgustos y sufrimientos en sus personas, sino también incluso agresiones, encarcelamientos, persecuciones y muertes entre sus seguidores, a manos de quienes hasta hacía poco eran sus hermanos.

Teresa estaba en total desacuerdo con la relajación de las normas de los conventos del Carmelo, por lo que decidió, ayudada por Juan de la Cruz, crear una nueva rama de carmelitas, los descalzos, mucho más revestidos de austeridad, pobreza, clausura y reflexión, construyendo, para ello, una serie de retiros por toda la península, comenzando por el de San José, en Ávila, su tierra natal, al que siguieron otros en Medina del Campo, Malagón, Toledo, Salamanca, Segovia, Beas de Segura, Sevilla Caravaca, Palencia y Burgos. Pero a causa de esta frenética actividad fundadora y reformista despertó la desconfianza en la Inquisición y fueron sus pasos constantemente mantenidos en estrecha vigilancia, sin olvidarnos de las suspicacias que levantaban sus escritos.

         Por su parte, Jerónimo Gracián Dantisco, natural de Valladolid, llegó, como ya hemos mencionado, ante Teresa como visitador de la orden alcanzando a ser el primer provincial de los Carmelitas descalzos. Sufrió numerosas persecuciones en su empeño por llevar a cabo las ideas de la mujer que le iluminaba y, sin perder nunca el buen humor, conoció el dolor de las traiciones y la soledad, aunque jamás la indiferencia, y nunca llegó a comprender por qué un amor tan puro, como el que había surgido entre Teresa y él, podía ser utilizado para atacarles y humillarles: “Mas este amor que yo tenía a la madre Teresa y ella a mí, en mí causaba pureza, espíritu y amor de Dios, y en ella consuelo y alivio para sus trabajos, como muchas veces me dijo, y así no querría que ni aún mi madre me quisiese más que ella. Bendito sea Dios que me dio tan buena amiga que estando en el cielo no se le entibiará este amor, y puedo tener confianza que me será de gran fruto. Mas mira qué cosa son lenguas mordaces, que de la grande comunicación y familiaridad que teníamos los dos, juzgaban algunos maliciosos no ser amor santo, y cuando no fuera ella tan santa como era y yo el más malo del mundo, de una mujer de sesenta años tan encerrada y recatada no había que sospechar mal; y con todo eso encubríamos esta tan íntima amistad porque no se nos echase a mala parte”. Y es que aquella relación produjo también muchas envidias y habladurías, incluso entre su propia comunidad, llegando Jerónimo a ser expulsado de España, apresado por los corsarios y acabando, paradójicamente, siendo recogido por los carmelitas calzados.

Recordando, pues, aquellos lances y peripecias de estos personajes históricos, Fernando Delgado nos ha dejado una deliciosa historia de amor platónico, o tal vez no tanto: “cualquier alma, por perfecta que sea, ha de tener un desguadero. Déjeme a mí tener este, que por más que me diga no pienso mudar del estilo que con él llevo”, en cuyas páginas aparece, de vez en cuando, su diablillo interno que nos hace burlas y bromas provocándonos la duda de todo lo que leemos y haciéndonos reflexionar sobre el límite entre lo divino y lo humano.

EN TORNO A LA LECTURA: Breve biografía de Mark Twain.

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136321-004-2564c6caSamuel Langhorne Clemens, más conocido como Mark Twain, nació en la localidad de Florida, en el estado de Missouri, Estados Unidos de América, el 30 de noviembre de 1835.

Desde su infancia, pasada en Hannibal, Misuri, tuvo un espíritu claramente aventurero, humanitario y romántico, intentando aprovechar cada segundo de su vida repleta de anécdotas, cuyas propias experiencias le dieron la inspiración para muchas de sus creaciones literarias, sobre todo para sus dos obras cumbre: Las aventuras de Tom Sawyer y Las aventuras de Huckleberry Finn.

mark_twain_by_gh_jones_1850_-_retouchedTras la muerte de su padre, cuando él tan solo contaba con doce años de edad, se puso a trabajar como aprendiz de tipógrafo en una editorial, abandonando los estudios, y comenzó a escribir sus primeros artículos en el periódico que dirigía su hermano, pero su pueblo le venía pequeño y pronto marchó a trabajar a diversas ciudades: Keokuk (Iowa), Nueva York, Filadelfia… hasta que se embarcó como piloto en un vapor, más tarde sería soldado de la Confederación, minero en Nevada y periodista en el Territorial Enterprise de Virginia. En 1963 se metió de lleno en la creación literaria con el seudónimo de Mark Twain, que en realidad quiere decir “dos brazas de profundidad”, el calado mínimo para navegar por el Mississippi. Entonces comenzó un periplo que le llevó por Europa y Tierra Santa, hasta que en 1870 se casó con Olivia Langdon. En 1907 le fue otorgado el título de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oxford (Inglaterra). Falleció el 21 de abril de 1910 en Redding, perteneciente al estado de Connecticut, (Estados Unidos), curiosamente tal y como había vaticinado un año antes con estas palabras: “Vine al mundo con el cometa Halley en 1835. Vuelve de nuevo el próximo año, y espero marcharme con él. Será la mayor desilusión de mi vida si no me voy con el cometa Halley. El Todopoderoso ha dicho, sin duda: ‘Ahora están aquí estos dos fenómenos inexplicables, vinieron juntos, juntos deben partir’. ¡Ah! Lo espero con impaciencia.” Y así ocurrió, pues el Halley llegaba al punto más cercano de su órbita al sol (perihelio), justo cuando él murió.

Samuel Langhorne Clemens September 1-2, 1867, Pera, Constantinople

Samuel Langhorne Clemens
September 1-2, 1867, Pera, Constantinople

Mark Twain fue un hombre comprometido con el mundo en que vivía y no tenía ningún pudor en reconocer que estaba equivocado en algunas de sus ideas originales y cambiar de posición en transcurso de su vida, así, por ejemplo, en su juventud era un ferviente defensor del imperialismo norteamericano, sin embargo, tras la anexión de Filipinas por los Estados Unidos, cambión de opinión radicalmente, llegando a liderar la American Anti-Imperialist League. Así mismo, en relación con la religión cambió su punto de vista al llegar a la madurez, pues si al principio era presbiteriano, posteriormente se volvió crítico con la religión diciendo, incluso, que “la fe es creer lo que sabes que no es” o “Si Cristo estuviera ahora aquí, no sería cristiano.” Sin embargo, en lo que siempre se mantuvo fue en la defensa de los derechos humanos y en contra de cualquier tipo de esclavitud o explotación, llegando a decir que la Proclamación de Emancipación de Lincoln “no solo liberó a los esclavos negros, sino que también liberó a los blancos.” Pero todavía pensaba que en los Estados Unidos no funcionaba bien la justicia cuando se trataba de los derechos de las minorías: “He visto chinos insultados y maltratados de todas las formas más bajas y cobardes que una naturaleza degradad puede idear, pero nunca vi a un chino vindicado en un tribunal de justicia por el trato injusto recibido.” También defendió el sufragio femenino y la emancipación de la mujer, siendo un admirador de Helen Keller, la famosa activista y oradora sorda y ciega, y de su profesora Anne Sullivan, consiguiendo que su amigo Henry Rogers financiara la educación de la joven. Y no menos importante fue el apoyo que daba a los sindicatos y a la clase trabajadora: “¿Quiénes son los opresores? Los menos: el Rey, el capitalista, y un puñado de otros capataces y superintendentes. ¿Quiénes son los oprimidos? Los más: las naciones de la Tierra; los personajes valiosos; los trabajadores; ellos que hacen el pan que se comen los blandos y los ociosos.”

 

El listado de sus obras es bastante amplio y variado:

  • La célebre rana saltarina del condado de Calaveras y otros relatos, escrita en 1865, llegó a ser bastante popular en todo Estados Unidos.
  • Los inocentes en el extranjero (1869), es un conjunto de cartas humorísticas sobre sus viajes encomendadas por el periódico The Sacramento Union.
  • Pasando fatigas (1872), es otra obra sobre viajes basada en sus experiencias en el Oeste norteamericano.
  • La edad dorada: un cuento de hoy (1873), escrita en colaboración con Charles Dusley Warner, trata sobre la Guerra de Secesión y se puede considerar su primera novela.
  • Viejos tiempos en el Mississippi (1876), habla de sus experiencias en el río mediante una colección de cuentos cortos.
  • Las aventuras de Tom Sawyer (1876), está inspirada en sus aventuras infantiles y en ella aparece una serie de personajes verídicos, compañeros suyos: John Briggs, Will Bowen, Tom Blankenship (Huckleberry Finn) o Tom Sawyer (él mismo).
  • Los hechos relativos a la reciente orgía de crímenes en Connecticut (1877)
  • Taladrad, hermanos, taladrad (1878)
  • Un vagabundo en el extranjero (1880), donde nos cuenta sus viajes por Europa.
  • El príncipe y el mendigo (1881), es la historia de dos muchachos físicamente parecidos, nacidos el mismo día, pero en distintas clases sociales, siendo uno príncipe y el otro mendigo, quienes, al conocerse accidentalmente, deciden cambiar sus roles. Está considerada como su primera obra con ambiente histórico.
  • El robo del elefante blanco (1882)
  • Vida en el Mississippi (1883), basada en sus experiencias como piloto en un vapor por el río.
  • Las aventuras de Huckleberry Finn (1884), la novela sobre la cual versa nuestra Guía de Lectura actual.
  • La historia privada de una campaña que fracasó (1885), donde recuerda su participación en la Guerra de Secesión.
  • Un yanqui en la corte del Rey Arturo (1889), un viaje al pasado de un joven norteamericano que se traslada a la Inglaterra medieval y en la cual, Twain, deja patente su decepción por las políticas sociales que se desarrollaban en su tiempo.
  • El conde americano (1892)
  • El billete de un millón de libras esterlinas (1893)
  • Tom Sawyer en el extranjero (1894)
  • Pudd’nhead Wilson (1894)
  • Recuerdos personales de Juana de Arco (1896), fue la novela que más le costó escribir y de la que más orgulloso estaba.
  • Tom Sawyer detective (1896)
  • Siguiendo el Ecuador (1897)
  • El hombre que corrompió a una ciudad (1900)
  • Inglés como se lo enseñan (1900)
  • Historia detectivesca de dos cañones (1902)
  • Cuento de un perro (1904)
  • Extractos del diario de Adán (1904)
  • Soliloquio del rey Leopoldo: una defensa de su dominio del Congo (1905)
  • Oración de guerra (1905)
  • ¿Qué es el hombre? (1906)
  • Diario de Eva (1906)
  • Un legado de 30 000 dólares (1906)
  • La historia de un caballo (1907)
  • ¿Ha muerto Shakespeare? (1909)
  • El capitán Tormenta (1909)
  • El forastero misterioso (Póstuma), trata de la visita del sobrino del diablo a la Tierra.
  • Capítulos de mi autobiografía (Póstuma, 2010), recopilación de artículos aparecido en la revista literaria North American Review entre 1906 y 1907.
  • 1280px-mark_twain_statue_garden_city_ks_img_5875

Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain

 

 Guía de lectura: Las aventuras de Huckleberry Finn PDF

titulo“Toda la literatura estadounidense moderna procede de un libro de Mark Twain titulado Huckleberry Finn (…) Es el mejor libro que tenemos. Toda la escritura estadounidense viene de ahí. Antes no había nada. Desde entonces no ha habido nada tan bueno.”

Hemingway (Verdes colinas de África)

 

The writings of Mark Twain Edition de Luxe, vol. 13 Hartford: American publishing company, 1899-1907 PS1300 1899 RAREBOOK Special Collections SC-STKS

Curiosamente, a pesar de ser considerada una de las primeras grandes novelas norteamericanas, Las aventuras de Huckleberry Finn apareció publicada en Inglaterra por primera vez a finales de 1884 y unos meses después en Estados Unidos y, desde entonces, no ha dejado de suscitar una constante controversia entre quienes están a favor y quienes la consideran poco menos que una basura, por lo que es notable la diferencia de criterios que sobre ella han surgido: desde los que ven en ella una buena lectura para el público juvenil, hasta los que pretenden su prohibición por inapropiada; desde aquellas personas que la consideran un panfleto racista, hasta las que la utilizan como la mejor publicación antirracista; todo lo cual ha colaborado en darle mucho más interés a una historia que ya lo tenía por sí sola gracias a su calidad, a su poder de seducción y a la variedad de temas que en ella se tratan.

The writings of Mark Twain Edition de Luxe, vol. 13 Hartford: American publishing company, 1899-1907 PS1300 1899 RAREBOOK Special Collections SC-STKS

Huckleberry Finn, aunque fue escrita dos décadas después de la Guerra de Secesión, está ambientada en la época de la esclavitud anterior a esta contienda. Su narrador es el propio Huckleberry Finn, quien ya apareciera en la anterior novela de Mark Twain, Las aventuras de Tom Sawyer, como un niño paria del que en aquellas aventuras se dice que “era cordialmente odiado y temido por todas las madres del pueblo, porque era vago, ordinario y malo, vivía al margen de la ley, y todos sus hijos lo admiraban, disfrutaban de su compañía prohibida y deseaban atreverse a ser como él.” En esta ocasión el niño huye, por un lado, de las restricciones y comodidades que le impone su madre adoptiva, la viuda Douglas, las cuales le resultan embarazosas y cargantes, y por otro, del constante maltrato recibido por su padre biológico quien lo arrastra con él para poder quedarse con el dinero que Huck cobró como recompensa por capturar a un delincuente junto con su amigo Tom, y en esta fuga se le une el esclavo Jim, que a su vez se escapa de la posibilidad de ser vendido a otro amo de mucho más al sur del Mississippi, con lo que sería alejado de su mujer e hijos, y pretende llegar hasta Ohio para poder alcanzar la tierra donde no existe la esclavitud, trabajar y conseguir el dinero suficiente para liberar a su familia. De esta forma vemos que la novela en sí es un viaje hacia la libertad.

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  Ambos fugitivos van conformando una sólida amistad en la balsa donde viajan a lo largo del río. Su primera supuesta etapa debe acabar en Cairo, en el estado de Illinois, donde pretenden vender la balsa y comprar unos pasajes para un vapor y remontar el Ohio, pero la niebla les impide ver bien y pasan por delante de la ciudad sin darse cuenta bajando por el Mississippi hacia los territorios sureños y esclavistas. Entonces a Hunck le aparecen los remordimientos al darse cuenta de que está ayudando a un esclavo a escapar de su dueño legítimo, entonces le surge una lucha entre la moral inculcada por su educación esclavista y el sentimiento de camaradería, entre la aceptación de los presupuestos de la esclavitud y su inclinación hacia la dignidad humana, algo muy complicado en una sociedad de clases en la que un borracho ignorante y cruel se siente superior a un esclavo amable, trabajador y buena persona, simplemente por la diferencia de color y puede permitirse el lujo de venderlo para seguir gastándose el dinero en bebida.

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Pero a pesar de sus temas tan polémicos para la sociedad de su tiempo, Mark Twain logra escribir una historia neutra, sin un narrador omnisciente que emita juicios de valor ni con fantasías que desvíen la atención de la trama, por lo que si comparamos Tom Sawyer con Huckleberry Finn, veremos que si la primera era una novela narrada por una persona madura para un posible lector juvenil, ésta es la narración de un muchacho con la intención de que sea comprendida por un adulto. Así mismo, si lo comparamos con La cabaña del tío Tom, escrito en 1852 por Harriet Beecher Stowe, el cual fue considerado una de las chispas desencadenantes de la Guerra de Secesión, comprobamos como éste sí toma partido claramente, y de forma apasionada, en defensa de la libertad de los esclavos, en cambio, Huckleberry Finn se limita a mostrar las diferentes formas de pensar sin más. Se ha querido ver en la amistad creciente entre Huck y Jim un alegato antiesclavista, pero no considero que eso sea cierto ya que en aquella época no pocas amistades, o relaciones de afecto, surgirían entre las dos clases de seres humanos que estaban condenados a convivir.

        hucfront El personaje central y narrador, Huckleberry Finn, es un adolescente con muy buen corazón y con una gran empatía con las personas que le rodean, quien, a fuerza de oír decírselo a los demás, se considera un niño malo y está en constante lucha con su conciencia, creyendo que acabará en el infierno, algo que llega a aceptar. Carece de la desbordante imaginación de Tom y del sentido del humor de aquel, pero es bastante observador e inteligente y se limita a describir lo que ve sin enjuiciar nada. Es un inadaptado social a causa del maltrato infantil al que le somete su padre borracho y siente vergüenza de su origen y, sin embargo, en su carácter se imprime un fuerte sentido de superación.

        huck-finn-and-jim-on-raft Uno de los motivos de las malas críticas que recibió este libro tras su publicación fue a causa de su lenguaje demasiado natural y espontáneo que chocaba frontalmente con los gustos de una sociedad puritana y repleta de rígidas normas; que se abandonara el tradicional lenguaje formal en favor de la auténtica voz del pueblo, ordinaria, pero natural, verosímil, pues era la única que correspondía a la forma de hablar de un niño inculto y pobre de la rivera del Mississipi, resultaba intolerable para muchas personas de las clases media y alta, tanto como el hecho de tener como héroe a ese muchacho que, a pesar de todas las virtudes que va desplegando durante sus aventuras: nobleza, audacia, bondad y generosidad, sólo se le tenía en cuenta el otro aspecto de su personalidad: su rebeldía, sus vicios, sus hurtos, su lengua aguda y ofensiva y su tendencia a mentir, sin importarles la realidad de que la personalidad de cada ser humano es una suma de claros y oscuros y nadie es simplemente un ser plano. Pero, sobre todo, lo que no le perdonaban al autor es que, después de todas sus fechorías, el pilluelo saliera bien parado.

huck-finn-jim         Así pues, pronto surgieron voces que pedían su prohibición en nombre de la moral, y fue desterrado de las estanterías de algunos colegios y de varias bibliotecas, sin embargo, este ataque despiadado y absurdo logró lo contrario de lo que pretendía conseguir, y La aventuras de Huckleberry Finn se hizo más famoso y más tentador, por lo que sus ventas crecieron.

         Los personajes que llenan esta novela son de lo más heterogéneo entre los que nos encontramos bastantes caricaturas de la sociedad fronteriza del medio Oeste americano a mediados del siglo XIX. Podríamos comenzar con el propio Huckleberry Finn, el protagonista y narrador de la novela, un niño de trece años, cuyo padre es el borracho del pueblo, San Petersburgo, Mussouri, ribereño al río Mississippi, y a quien la necesidad y la marginación le ha obligado a sobrevivir gracias a su inteligencia, una especie de pícaro a la americana, y a pesar de no tener formación, es reflexivo y siempre saca sus propias conclusiones de todo, lo cual, a veces, le acarrea algunos problemas morales porque se descubre pensando de forma contraria a las normas de la sociedad en la que vive, pero como todavía es un niño, se deja influenciar con facilidad, sobre todo por su amigo Tom, el protagonista de Tom Sawyer, a diferencia de Huck, Tom es imaginativo y dominante, a quien le entusiasman los planes descabellados y peligrosos y para quien la vida debe vivirse como las de las novelas de aventuras a las que es bastante aficionado, lo que le lleva a veces a cometer estupideces que pueden rayar la crueldad, así mismo, a diferencia de su amigo, Tom es más convencional con las normas sociales.

huckleberry-finn-2012       La viuda Douglas es la mujer que adopta a Huck en la primera novela, tiene un carácter suave y permisivo, por lo que a Huck le da pena decepcionarla cada vez que comete algún error, pero aun así se escapa porque no puede soportar tanto aburrimiento en la vida cómoda que lleva en su casa. Con ella vive su hermana, la señorita Watson, quien representa la hipocresía de aquellos valores éticos y religiosos que permitían tener esclavos, y a quien Huck no tiene mucho aprecio. Esta señorita tiene un esclavo llamado Jim, el cual es muy supersticioso y sentimental, pero también bastante inteligente y el más adulto y lógico de todos los personajes de la novela, así mismo, hace gala de una gran generosidad, de un fuerte amor por su familia y su amistad con Huck le demuestra al joven la humanidad no tiene nada que ver con el color de la piel, sin embargo, al ser un esclavo, siempre está a merced de los caprichos del resto de actores del relato, quienes, en ocasiones, le fuerzan a realizar situaciones ridículas y vergonzosas.

         El padre de Huck se llama Papanicolaou, un hombre desagradable y malvado quien casi siempre está borracho y a quien lo único que le interesa de Huck es el dinero que consiguió en la recompensa; su aspecto es deplorable, con la piel tan blanca como la de un fantasma y la ropa hecha girones, así mismo, intenta por todos los medios que su hijo sea un ignorante como él prohibiéndoles ir al colegio y le golpea con mucha frecuencia por el simple hecho de que le apetece o para degradarlo; este hombre representa la degradación en que se estaba sumiendo la sociedad blanca y el fracaso de la estructura de la familia.

twahuc11         El juez Thatcher ejerce en la localidad donde viven Huck, Tom y Jim y comparte la custodia de Huck con la viuda Douglas además de ser el encargado de velar por su dinero, el mismo que pretende Papanicolaou, por eso, cuando Huck se da cuenta de que ha regresado a la ciudad, le entrega su fortuna al juez a cambio de un dólar, pero el juez simplemente le sigue el juego tratando de ayudarle. El juez tiene una hija, Becky, que era la novia de Tom en la anterior novela a la que ellos llaman “Bessie”.

         Otros personajes que también simbolizan esa triste degradación son el Duque y el Delfín, un par de estafadores recatados por Huck y Jim en su balsa de una muerte segura al ser perseguidos por una multitud, y que dicen ser: el más viejo, el “Delfín de Francia”, hijo del ejecutado rey Luis XVI y, por lo tanto, el heredero al trono, y el más joven, pretende hacerse pasar por el Duque de Bridgewater, cuyo ducado le fue usurpado. Huck se da cuenta enseguida que eso es un fraude, pero él y Jim deciden seguirles el juego para no tener problemas, algo de lo que los dos bribones se aprovechan teniéndolos como criados personales, mientras van desplegando una serie de estafas a lo largo del viaje por el río. Unas víctimas de sus fechorías son las tres herederas de Peter Wilks, un hombre adinerado que muere y ha dejado una fortuna y sobre el cual un hombre les habla a los estafadores dándole mucha información que utilizarán para hacerse pasar por hermanos del finado, a quienes dejó gran parte de la herencia, siendo las pobres huérfanas, tres muchachas jóvenes, las sufren la mayor parte de las tropelías, pero Huck intenta por todos los medios desbaratar aquella estafa.

         Durante la historia aparecen otras dos familias que quieren hacerse cargo de Huck, los Grangerford y los Phelps. La primera se lleva a Huck después de que un vapor golpea la balsa y le separa de Jim, ellos le ofrecen al chiquillo alojamiento en su casa de campo, pero, sin quererlo, se ve envuelto en una disputa entre familias enemigas, contra los Shepherdson, una guerra sin cuartel, bastante ridícula y cruel, que simboliza la estupidez del tradicional honor familiar que les llevará a la muerte de todos sus miembros. Por otro lado, los Phelps, Silas y Sally, la única familia más o menos estable que aparece en toda la novela, los cuales son tíos de Tom Sawyer a quines Huck encuentra por casualidad, cuando el “Delfín” les vende a Jim como un esclavo fugitivo y él va a buscarlo; Huck se hace pasar por Tom y éste, al que están realmente esperando, cuando llega, para no descubrir el embuste, se hace pasar por su hermano mayor. Los dos juntos les hacen víctimas de todas las locuras ideadas por Tom para liberar a Jim.

         Y por último tenemos a la tía Polly, la hermana de Sally Phelps y la custodia de Tom Shawyer, quien aparece al final de la novela desmontando todo el montaje de los dos amigos.

         Las aventuras de Huckleberry Finn es el típico viaje iniciático a semejanza de la Ilíada o de Don Quijote, realizado por un niño y un esclavo por el gran río norteamericano, el Mississippi, en busca cada uno de su particular libertad, un viaje en el que se van desarrollando una serie diferentes aventuras que ellos irán sorteando con esfuerzo y de las que sacarán enseñanzas que les ayudarán a formase como hombres. Huckleberry es un héroe atípico mezcla de un caballero andante y de un pícaro, lleno de confusiones y dudas, pero siempre divertido.

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EN TORNO A LA LECTURA: Mitología vasca en El guardián invisible.

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eguskiloreEl misterio que envuelve al propio origen del pueblo vasco y a la peculiaridad de su cultura, cuyo idioma ya es un verdadero dilema, lo convierten en sí mismo en una nación casi mitológica. Sus antiguas creencias que, a pesar de la presiones del cristianismo y de otras influencias culturales o filosóficas que puedan haberla modificado en alguna forma en el transcurso del tiempo, se mantienen en su materia básica, la cual viene, probablemente, de épocas tan lejanas como el Neolítico, y sigue siendo fiel a aquellos principios de convivencia y entendimiento con la naturaleza que le caracteriza, por ello, no nos debe extrañar que todos los seres que pueblan su mitología están en estrecha relación con las montañas, los bosques, ríos, cavernas y todo aquellos elementos que formaban el mundo donde ellos habitaban.

         Al igual que otras culturas prehistóricas, la vasca se basa también en el culto a los cuatro elementos: el fuego, la tierra, el aire y el agua, aunque tiene dos singularidades que la particularizan: su antigua religión era de carácter ctónico, es decir, sus dioses o espíritus procedían del inframundo, del interior de la Tierra, en oposición a aquellas otras cuyas deidades eran celestes. Y la segunda particularidad es el carácter femenino de sus dioses: Mari, diosa de la Tierra (Lurra); Eguzki Amandrea, diosa del Sol (Eguzki); Ilargi Amandre, diosa de la Luna (Ilargi)… En la Prehistoria, los antiguos vascos creían que cuando el sol o la luna se escondían por el horizonte era para dar una vuelta por el interior de la tierra, la cual imaginaban plana e infinita.

         Entre las páginas 124 y 128 de “El guardián invisible”, Dolores Redondo nos explica, por boca de Ros, una de las hermanas de la inspectora Amaia, algo de las creencias ancestrales de la cultura vasca:

“… un basajaun es una criatura real, un homínido que mide unos dos metros y medio de alto, con anchas espaldas, una larga melena y bastante pelo por todo el cuerpo. Habita en los bosques, de los que forma parte y en los que actúa como entidad protectora. Según las leyendas, cuida de que el equilibrio del bosque se mantenga intacto. Y aunque no se prodiga demasiado, solía ser amistoso con los humanos. Por la noche, mientras los pastorees dormían, el basajaun vigilaba las ovejas desde la distancia y, si se acercaba el lobo, despertaba a los pastores con fuertes silbidos que componían todo un idioma y eran audibles a varios kilómetros de distancia. También solían avisarlos desde los cerros más altos cuando se aproximaba una tormenta, para que los pastores tuvieran tiempo de poner el rebaño a salvo en las cuevas cercanas. Y los pastores se lo agradecían dejando sobre una roca o en la entrada de una cueva algo de pan, queso, nueces o leche de las mismas ovejas, ya que el basajaun no come carne…”

         A lo que Amaia, educada en el escepticismo de la búsqueda minuciosa de pistas y relaciones lógicas entre las cosas, le responde:

“Mitología (…) Sólo para paletos crédulos.

         Sin embargo, no tardará en verse envuelta, por un motivo u otro, en todo este universo misterioso y mágicos que le irá atrapando mucho más de lo que ella se imagina.

Pero comencemos a aclarar los conceptos y primero nos preguntaremos, ¿qué es la Mitología?…

El análisis etimológico de la palabra “mitología” nos indica que procede del latín “mythologia”, el cual, a su vez, derivaba de las palabras griegas “μῦθος” y “λόγος”, pudiéndose traducir la primera como “relato tradicional” o “relato fantástico”, y la segunda como “estudio” o “explicación”, lo que nos daría: “estudio de los relatos tradicionales o fantásticos”.

Los mitos son las explicaciones que los antiguos supieron darle a los fenómenos de la naturaleza que se les escapaba a su entendimiento, ya que carecían de la lógica científica suficiente para poderlos entender, surgiendo, de este modo, una relación con lo sagrado, lo inexplicable que, gracias a la tradición y a la transmisión entre generaciones de esos mismos mitos evolucionados de leyendas a historias “verdaderas” y “reveladas” por las propias divinidades, se convirtieron en religiones y sus personajes en dioses o seres con poderes mágicos.

         Nuestros antepasados adoraban, como ya hemos dicho, al sol, a la luna, al fuego, y a un largo etcétera de astros, objetos, elementos, animales, plantas y fenómenos naturales de todo tipo a los que denominaban con nombres diferentes según sus lenguas y culturas, así, en la antigua cultura egipcia, “Ra” era el dios Sol, el origen de la vida en la Tierra, mientras “Osiris” representaba a la fertilidad y la resurrección, o “Maat”, hija de “Ra”, era la diosa de la justicia, e “Isis”, de la maternidad… Y así con griegos, romanos, germanos, persas, mayas, y todo el resto de pueblos y razas del planeta. Por lo tanto, no nos debe extrañar en absoluto que el pueblo vasco, tal vez el de mayor antigüedad entre los que ocupamos la Península Ibérica, pues su permanencia en aquellas tierras viene, posiblemente, desde el Neolítico, y con toda seguridad, uno de los que mejor conserva sus tradiciones ancestrales, tenga su “Olimpo” particular de dioses y seres mágicos que componen su propia mitología.

          800px-euskal_jainkoen_familiaEn este caso, la mitología vasca es la única de las existentes en la Península que posee seres considerados dioses, los cuales presentan diversas coincidencias con otras mitologías existentes, pero la dificultad que se encuentra a la hora de realizar algún estudio sobre ella es que, a diferencia de la griega o romana, por ejemplo, en la mitología vasca no se encuentran documentos escritos, sino que es plenamente de transmisión oral, la cual fue recogida, principalmente, por dos insignes estudiosos del folklore vasco, me refiero a José Miguel Barandiarán y Julio Caro Baroja, aunque siempre con el inconveniente que representa las diferentes versiones particulares de cada narrador.

Con la llegada del cristianismo se intentó erradicar estas creencias y, al mismo tiempo que se iban sustituyendo, o en muchas ocasiones mimetizando, todas las celebraciones e imaginería pagana por las oficiales, se perseguía a aquellas personas acusadas de brujería, como ocurrió en Zugarramurdi o en el país vasco francés. Sin embargo, a pesar de todas las presiones, el pueblo vasco siempre ha sabido defender sus raíces, en las que tienen un lugar primordial su cultura y sus tradiciones.

En El guardián invisible se hace referencia a varios de estos mitos: Mari, Olentzero, Basajaun, Eguzkilore, Sorginak, Belagile, de ellos hablaremos, pero debo dejar constancia que la lista es todavía mucho más larga: Maju o Sugar, que es el esposo de Mari, con quien tuvo dos hijos, uno malo, Mikelatz, y otro bueno, Atarrabi; Urtzi, quien parece ser algo similar al Júpiter romano; Lamiak, un hada, ninfa o, incluso, sirena; Mairuak, el constructor de los círculos de piedras o crómlechs; Tartalo, el cíclope antropomorfo y antropófago de las montañas; los duendecillos del bosque, Iratxoak; los duendes de la casa, Mamarro, o los Jentiliak, los legendarios habitantes de las tierras altas.

Pero vayamos por partes…

baxajaunAl inicio hemos copiado literalmente la explicación de Ros sobre el Basajaun, “el señor del bosque”, un genio que habita en las profundidades del bosque o en las cuevas de las montañas. Su estatura es muy elevada, más de dos metros, tiene el cuerpo totalmente cubierto de pelo y una melena muy larga, por lo que se le denomina también el “Yeti Vasco”, y sus dos pies son diferentes, pues mientras uno es similar al humano, el otro es como un casco de caballo. Su misión es la de cuidar y conservar la naturaleza, por lo que también protege los rebaños avisando a los pastores sobre cualquier peligro. A pesar de su envergadura, posee gran agilidad y fuerza, así como una curiosa maestría con la manipulación de los metales, la arquitectura y la agricultura, por lo que sus secretos eran codiciados por los primeros agricultores de la zona, como Martin Txiki quien, según la tradición, le robó esos secretos y se los comunicó a los humanos. Su hábitat no se limita a la zona vasco-navarra, sino que se extiende por toda la cordillera pirenaica, aunque con nombres diferentes según la zona, pero su tradición es más fuerte en los bosques de Gorbea, Irati y Ataun. A su pareja de sexo femenino se le llama Basandere, “la señora del bosque”. Algunos paleontólogos han querido ver en este mito, al igual que en los seres similares como ogros, yetis o trolls, de otras culturas, la imagen de los neanderthales que convivieron con nuestros antepasados y cuya memoria ha ido pasando a través de generaciones hasta nuestros días. Amaia, a pesar de su posición escéptica, cree, durante el curso de la novela, haber tenido alguna especie de contacto con este ser en las espesuras del bosque, por lo que su indiferencia inicial ante las creencias de su pueblo va evolucionando hacia la duda y a una predisposición más abierta para creer.

Volvamos a las palabras de Ros, ahora en su definición de Mari:

mari“…Ella vive en las cuevas y en los riscos, siempre en lo alto de los montes. Mari aparece mucho antes del cristianismo, simboliza la madre naturaleza y el poder telúrico. Es la que protege las cosechas y los partos del ganado, y la que propicia la fecundidad no sólo de la tierra y el ganado, sino también de las familias. Un genio, una señora de la naturaleza y, para algunos, un espíritu telúrico y antojadizo capaz de tomar cualquier forma de la naturaleza, una roca, una rama, un árbol, que siempre recuerdan un poco a su forma de mujer, la forma que más le gusta: la de una dama hermosa y elegantemente vestida, como una reina. Así se presenta, y nunca sabes que es ella hasta que se ha ido. (…) Tiene muchas casas, se desplaza volando desde Aia hasta Amboto, desde Txindoki hasta aquí. Vive en lugares que por fuera parecen peñas, riscos o cuevas, pero que a través de pasadizos secretos conducen a sus aposentos, lujosos y majestuosos, repletos de riquezas. Si quieres un favor de ella, debes ir hasta la entrada de su cueva y depositar allí una ofrenda. Y si lo que quieres es tener un hijo, hay un lugar con una roca en forma de dama en la que a veces Mari se encarna para vigilar el camino. Debes ir hasta allí y poner sobre la roca un canto que habrás llevado contigo desde la puerta de tu casa. Después de depositar tu ofrenda debes alejarte sin volverte, caminando hacia atrás hasta que no puedas ver la roca o la entrada de la cueva…”

Lo cierto es que Mari era considerada como una divinidad central, con el máximo poder de crear o destruir, pero siempre de un modo ético. Vivía en grutas, cuyos tesoros eran custodiados por los Zezengorri, toros salvajes de color rojizo, y estaba casada con Sugar o Maju, quien también era capaz de cambiar de forma, aunque normalmente se le representaba como una serpiente, él poseía sus propias cuevas, y cuando se juntaba con Mari en alguna cumbre sagrada, de normal un viernes por la noche, se producían grandes tormentas, eran las noches de aquelarres… De su unión nacieron dos hijos: Mikelatz, el hijo infame, y Atarrabi, el virtuoso. Cuando Mari viajaba al monte Amboto era época de lluvias, sin embargo, cuando lo hacía al Aloña, era de sequía.

Desde la página 252 a la 257, Amaia tiene un encuentro en la montaña que le va a llenar de confusión…

olentzeroEn otro momento de la novela también se nombra al Olentzero, este es un carbonero bastante peculiar, pues en la noche del solsticio de invierno se desplazaba cargado con un gran saco desde su cabaña hasta las casas de todos los pueblos, entraba por las chimeneas, cuyos humeros habían sido limpiados bien por los habitantes de las mismas, y, tras calentarse un poquito, les dejaba regalos si se habían portado bien, o carbón, si habían sido malos; tras la llegada del cristianismo, este personaje comenzó a salir en Nochebuena con la misión de llevar a todos los hogares la Buena Nueva del nacimiento del Niño Jesús y ocupando el lugar, en Guipúzcoa y al norte de Navarra, de Papá Noel. En muchos pueblos se celebra su llegada con hogueras en la que queman un muñeco y con los niños disfrazados como él pidiendo regalos por las casas.

eguzkiloreEl Eguzkilore es una flor protectora que durante siglos se ha encargado de defender del mal las casas de los vascos. Es la llamada “flor del sol” probablemente a causa de su forma, y se trata de la flor del cardo silvestre, también llamada carlina acaulis, que se coloca en las puertas de las casas para ahuyentar a los peligros. Según una leyenda, las Lamias (seres mitológicos cuya mitad superior es una bella mujer y la inferior, la de un animal, desde una gallina hasta un pez), se acercaban a los pueblos, amparadas por la oscuridad de la noche, con la intención de robar niños, pero la gente colgaba estas flores en la puerta y solamente podían entrar si eran capaces de decir cuántos pétalos tenían. Como las Lamias no sabían contar, siempre se equivocaban y así pasaban toda la noche intentándolo, hasta que aparecía el sol y tenían que huir.

tumblr_inline_mwdbc3zanc1spdqtbLas Sorginas o Sorginak son las brujas, aunque en ocasiones ejercen de ayudantes de Mari y están encargadas de castigar a los mentirosos. Suelen reunirse los viernes por las noches en la eperlanda, o campo del “macho cabrío”, como se denomina al Diablo, para celebrar un aquelarre e invocar a Lucifer mediante ritos donde se mezclan la magia y el sexo, el alcohol y la música. Se las considera de naturaleza maligna, con muchos poderes mágicos, incluso el de volar, y el de crear venenos y ungüentos prodigiosos, y se les echa la culpa de todos los males que puedan ocurrir, desde la destrucción de las cosechas, una muerte o incluso el hundimiento de un barco, sin embargo, esta visión parece ser la impuesta por la Iglesia, siendo en realidad mujeres que conocían las cualidades de las plantas con la preparaban todo tipo de pócimas y que tenían algún don especial. Durante mucho tiempo fueron perseguidas, como en el caso de las mujeres de Zugarramurdi.

Y para concluir por este pequeño recorrido de la mitología vasca de la mano de Dolores Redondo en su novela El guardián invisible, no he encontrado nada mejor que hacerlo con las palabras de uno de sus personajes, en concreto el subinspector Jonan:

“… Hace cien años, ciento cincuenta a lo sumo, era raro encontrar a alguien que declarase no creer en brujas, sorguiñas, belagiles ,basajaun, tartalo y, sobre todo, en Mari, la diosa, genio, madre, la protectora de las cosechas y los ganados que a capricho hacía tronar el cielo y caer granizos que sumían al pueblo en la más terrible de las hambrunas. Llegó un punto en la que había más gente que creía en las brujas que en la Santísima Trinidad, y eso no escapaba a la Iglesia, que veía cómo sus fieles, al salir de misa, seguían observando los antiguos rituales que habían formado parte de las vidas de las familias desde tiempo inmemorial. Y fueron obsesos medio enfermos como el inquisidor de Bayona, Pier de Lancré, los que emprendieron la guerra sin cuartel contra las antiguas creencias, consiguiendo con su locura el efecto contrario. Lo que siempre había formado parte de las creencias de la gente se convirtió de pronto en algo maldito, perseguible, objeto de denuncias absurdas motivadas la mayoría de las veces por la creencia de que quien colaboraba con la Inquisición se veía libre de sospecha. Pero antes de llegar a esa locura la antigua religión había formado parte de los moradores del Pirineo durante cientos de años sin causar ningún problema, incluso convivió con el cristianismo sin mayores complicaciones, hasta que la intolerancia y la locura hicieron su aparición. Creo que recuperar algunos valores del pasado no vendría mal a nuestra sociedad.

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GUÍA DE LECTURA: El guardián invisible, de Dolores Redondo

GUÍA DE LECTURA: Descarga en PDF

9788423341986“Ainhoa Elizasu fue la segunda víctima del basajaun, aunque entonces la prensa todavía no lo llamaba así. Fue un poco más tarde cuando trascendió que alrededor de los cadáveres aparecían pelos de animal, restos de piel y rastros dudosamente humanos, unidos a una especie de fúnebre ceremonia de purificación. Una fuerza maligna, telúrica y ancestral parecía haber marcado los cuerpos de aquellas casi niñas con la ropa rasgada, el vello púbico rasurado y las manos dispuestas en actitud virginal.”

Así comienza El guardián invisible, el primero de los tres tomos de la Trilogía del Baztán (junto con Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta), de la autora donostiarra, Dolores Redondo, quien sin más preámbulos, así, de golpe, nos introduce en medio del sinsentido de unos asesinatos de muchachas muy jóvenes, casi niñas, en un entorno rural, tranquilo y pacífico que, en otras circunstancias, podría resultar entrañable, incluso bucólico, pero que, a causa del terror a lo desconocido y de la estupefacción por lo ocurrido, se ha convertido en un infierno de fantasmas y quimeras por el que su autora nos conducirá a través de un laberinto de intrigas que nos irán atrapando poco a poco en una tela de araña de la que no podremos salir hasta llegar al final.

La protagonista, Amaia Salazar, inspectora de la sección de homicidios de la Policía Foral, vuelve a su pueblo, Elizondo, con el encargo de investigar estas muertes, pero allí no sólo se encuentra con un caso intrincado, oscuro, perfectamente maquinado por una mente inteligente, aunque a todas luces enferma, sino que debe hacer frente también a sus propios espectros familiares, a sus miedos del pasado y a sus cuentas pendientes con el presente y, por si ello no bastara, tiene la obligación de encontrar la verdad en medio de un mundo dominado todavía por las supersticiones, donde la leyendas toman cuerpo de realidad.

El guardián invisible es una novela donde se mezclan la intriga policiaca con una historia de viejos secretos familiares y la esencia subyacente de la mitología local. Tres esferas argumentales que van conjugándose entre sí durante toda la trama, creando una red de implicaciones y relaciones que se irá complicando hasta la solución final. El argumento es lineal en lo que respecta a la investigación de los crímenes, sin embargo, cuando se trata de las relaciones familiares, los flashbacks (saltos hacia el pasado) son bastante frecuentes con la finalidad de explicarnos las causas de la extraña relación de Amaia con su familia del pueblo, sus dos hermanas y su tía. Por otra parte, los apuntes de lo tradicional van moteando la narración aquí y allá, en pequeñas dosis, logrando de esta forma introducirnos en el ambiente ancestral de los bosque navarros y vascos.

Según confesó la propia autora, ella pretendía escribir sobre el matriarcado típico de las tierras vascas, donde las mujeres tienen bastante peso y toman gran parte de las decisiones familiares, por ello, los crímenes eran algo secundario en su idea inicial de la novela, pues lo que intentaba era darle más importancia a la historia familiar que, sin embargo, a causa de los atroces asesinatos, ha ido quedando relegada al escenario contextual sobre el que transcurre la acción central: la investigación de las sucesivas muertes. Aun así, la historia de la familia ocupa gran parte de la novela y llega a tener estrecha relación con el desarrollo del caso llevado por la joven inspectora y, en algunos momentos, los recuerdos de lo sucedido en el pasado dan la sensación de sobreponerse sobre lo que está ocurriendo en el momento actual. En Elizondo, su pueblo natal del que siempre ha querido huir, viven todavía las personas que le quedan de su familia: su tía y sus dos hermanas, y para dar vida a estos personajes femeninos de la familia de Amaia, la autora se basó en personajes reales, según ella misma dijo: “Flora y Ros están inspiradas en mujeres que conozco. Tía Engrasi se inspira en Maritxu Guller, una vidente y echadora de cartas de tarot popular en San Sebastián.”

La protagonista es la inspectora foral Amaia Salazar, cuyo reciente ascenso no ha sentado muy bien a todos los compañeros varones, sobre todo a otro inspector que acata a regañadientes sus órdenes y a quien no lo ha gustado nada que se le haya encargado a ella la dirección del caso.  Amaia parece tener una sensibilidad especial para percibir el mal, además de una excelente preparación en Quantico (Virginia), de donde han salido los agentes de la FBI, además, en su designación parece que también ha tenido bastante importancia el hecho de ser natural de Elizondo y, por lo tanto, de conocer bien el terreno y las personas. Pero cuando sus jefes la envían de vuelta a su tierra, al ocurrir el segundo asesinato, este retorno porvoca que se le despierten los recuerdos del pasado y los miedos de su infancia. Con todo, es un personaje diferente al que últimamente estábamos acostumbrándonos del tipo, como ella misma dice, “policía alcoholizado y solitario”, pues Amaia es un mujer vital y reivindicativa de su condición femenina.

9953793015_518a9a60d9_bDolores Redondo podría haber situado esta historia en cualquier otro lugar, pero quería ambientarla en algún punto del País Vasco o de Navarra y la situó en Elizondo a causa de su entorno y, sobre todo, de los bosques que alfombran el valle del río Baztán, donde los cadáveres van apareciendo, el hogar del basajaun, el señor del bosque, y de Mari, que cuida de las cosechas, y por donde deambulan las sorguiñas y las belagiles. Elizondo, un pequeño pueblo de poco más de tres mil habitantes, enclavado en el Pirineo occidental y situado en la zona de habla euskera de Navarra, donde la existencia pasa con la cadencia propia de las gentes que viven sin prisas y donde cualquier incidente de este tipo podría trastocar por completo la tranquila convivencia de sus habitantes; un pueblo con muchos edificios palaciegos, no sólo de los antiguos hidalgos de la Edad Media o el Renacimiento, sino también de los algo más recientes propiedad de aquellos burgueses indianos que volvían ricos de hacer las Américas… Y este hecho, que pudo ser casual, le ha dado un enfoque a la novela, místico, misterioso, mágico, que no habría tenido de ocurrir en otro lugar, y mucho menos en una ciudad.

Con su estilo natural, abierto y evitando al máximo perderse en explicaciones innecesarias, Dolores Redondo ha conseguido, con esta su segunda novela, atrapar la atención del lector, sobre todo en lo relacionado con el aspecto psicológico de los principales personajes. Le evolución del argumento va evolucionando desde la presencia total del tema central de los asesinatos y la investigación policial, con pequeñas referencias, al principio, y aumentando el protagonismo del problema familiar hasta confluir ambos al final, lo que nos va envolviendo paulatinamente.

dolores-redondoDolores Redondo nació en San Sebastián el año 1969. Comenzó la carrera de Derecho en Deusto, pero la abandonó para dedicarse a la restauración, llegando a tener su propio restaurante, el cual dejaría más adelante con la intención de dedicarse de pleno a la literatura, en la que se inició con relatos cortos y cuentos infantiles, hasta que publicó su primera novela, Los privilegios del ángel, en el 2009. Cuatro años más tarde apareció El guardián invisible, a la que siguieron en los meses posteriores las dos siguientes de la Trilogía del Baztán: Legado en los huesos y Ofrenda a la tormenta. En este mes de octubre de 2016, ha sido galardonada con el Premio Planeta por su último trabajo, que no tardaremos en ver en las librerías, Todo esto te daré, otro thriller ambientado, esta vez, en tierras gallegas.

Para la primavera de 2017 está previsto el estreno de la película basada en El guardián invisible, cuyo rodaje se comenzó en marzo de 2016, coproducida por Atresmedia, Peter Nadermann (Millennium) y Nostromo Pictures (Buried y Palmeras en la nieve).

 

 

EN TORNO A LA LECTURA: Entrevista a Rosario Raro

por El Olmo Club de Lectura de Castellnovo

14383524_1076673495720733_1098127280_nCon un poco de retraso (…) publicamos la entrevista que le hicimos a Rosario Raro durante la presentación de su libro “Volver a Canfranc”, en una tarde–noche bastante agradable en la que los miembros de El Olmo Club de Lectura de Castellnovo pudimos disfrutar de su simpatía y amabilidad y en la que respondió sin fatiga ni reserva a todas las preguntas que se le hicieron.

EL OLMO:

¿Por qué esta historia, cómo se te ocurrió escribir sobre Canfranc?

ROSARIO:

Porque sucede siempre en los conflictos —en los que la condición humana está en lucha contra sí misma, como desde nuestro mismo origen como especie— que estos se sostienen siempre por motivos económicos. En cuanto se rasca la primera capa, el disfraz de la ideología, de las luchas de poder, del imperialismo, el romanticismo incluso por recuperar identidades a veces pasadas, otras legendarias y otras directamente inventadas, etc. aparece el poderoso caballero don dinero, que decía Quevedo, como razón fundamental. Esta fue la clave para escribir sobre lo sucedido en Canfranc en aquella época. En mi caso la historia sobre Canfranc surgió después de ver muchas fotografías del edificio. Fui de fuera a dentro. La primera imagen la encontré en un libro publicado en Versalles que se titula Lugares abandonados. Aunque resulte difícil de creer, ese es su estado: el paso ferroviario a Francia a través del centro de los

Pirineos está cerrado a pesar de que es el trazado más corto entre Madrid y París. Después vi muchas más fotografías, centenares de ellas, y comencé a leer sobre su historia hasta el punto de que se convirtió en una obsesión nada patológica sino muy útil para escribir esta novela. Sobre todo el periodo de mayor esplendor de este enclave en el valle de Los Arañones de Huesca durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que decía al principio de los conflictos.

14384005_1076673499054066_314957963_nEL OLMO:

Recopilar toda esta información te habrá supuesto un enorme trabajo. ¿Cómo te lo organizas en esos momentos?

ROSARIO:

He leído muchas noticias sobre la época en las hemerotecas digitalizadas de algunos periódicos, bastantes libros de ensayo histórico y periodístico y he visto numerosísimos documentales sobre la Segunda Guerra Mundial y películas. También he leído algunas novelas que aprovecho para recomendaros como Suite francesa de Irène Némirovsky. Su autora murió en Auschwitz y el manuscrito que contenía esta obra apareció en una maleta que sus hijas conservaron durante sesenta años. No se publicó hasta 2004. Se escribió simultáneamente a cuando sucedían estos hechos: la convivencia de los militares alemanes con los ciudadanos franceses en la zona ocupada del país. También leí La caja de música de la autora norteamericana Deborah Chiel aunque la historia se conoce más por la magnífica adaptación cinematográfica que hizo Costa—Gavras. En ella una hija libra su propio combate entre el amor que siente hacia su padre, un húngaro afincado en EEUU y el descubrimiento de su pasado como criminal de guerra. La decisión de Sophie escrita por el también estadounidense William Styron y que relata un dilema tan cruel para una madre que su argumento se nos ha quedado grabado a todos. Estas son las que más recuerdo entre otras muchas. Que se nos queden en la memoria siempre es una buena prueba.

Creo que para escribir literatura la documentación tiene que ser mixta: historia y ficción combinadas, como en el resultado. Después viene la labor de articularla toda sobre el eje cronológico y por último, borrar las costuras.

14389758_1076673492387400_849138524_nEL OLMO:

En la zona de Canfranc, ¿encontraste todavía personas que te pudieran hablar de aquellos momentos?

ROSARIO:

Así fue, el primer contacto fue a través de la oficina de turismo de Canfranc, después de atravesar el túnel por el que se accede a la estación y de quedarme maravillada por la manera en que el tiempo y sus historias se habían quedado allí suspendidas, condensadas. Después conocí a muchos más que me hablaron de sus abuelos, entre ellos el nieto de Albert Le Lay, el Laurent Juste en mi libro. Y las guías de la estación me remitieron a bastantes personas que habían participado en los hechos que se narran.

EL OLMO:

¿Fue tan importante el paso de judíos por Canfranc?

ROSARIO:

Canfranc fue un enclave estratégico y a la vez una vía de escape de la ratonera en la que se había convertido Europa. El paso ilegal de personas a través de la frontera, como actividad clandestina que es, no tiene registro, no hay cifras exactas de cuántos pasaron. Lo que sí se sabe es que pasaron por allí (y se salvaron) algunos de los mejores artistas e intelectuales del siglo XX: Max Ernst, Marc Chagall, Alma Mahler e incluso Josephine Baker. En este último caso, quien corría peligro no era ella sino su marido Jean Lion, magnate de la industria azucarera, por su condición de judío.

EL OLMO:

¿Los vecinos del pueblo colaboraron activamente en la ayuda a los perseguidos?

ROSARIO:

Creo que como hubiéramos hecho cualquiera de nosotros ante una mujer con un niño en brazos, al ver familias enteras que huían del horror nazi a través de las montañas. Escenas que todos sabemos que en estos momentos se están produciendo en varios lugares del mundo. Si las personas no cambian, parece que la humanidad, como suma de ellas, tampoco lo hace.

img_1697EL OLMO:

En tu novela hay bastantes personajes reales. ¿Puedes hablarnos un poco de ellos? ¿Todos los datos que aportas en la novela sobre ellos son reales o hay algo de ficción?

ROSARIO:

El jefe de la aduana internacional, las fuerzas del orden que eran muchas allí: carabineros, guardia civil, policía, gendarmes, además de los militares de varias nacionalidades. Algunos periodistas han llamado a la fonda que había en Canfranc el Café de Rick de los Pirineos o han hablado de la Casablanca del norte.

Cuando han asistido a las presentaciones personas de esta zona de La Jacetania me han dicho que cualquiera de los personajes de mi novela pudo estar allí entonces, que los que conocieron eran como ellos.

Además de poner en escena la persecución de la libertad y cómo la esperanza puede conducir nuestras vidas, me interesaba ese ensalzamiento de las buenas obras, de su recompensa. Hablar, en suma, de eso tan poético de la justicia divina a través de estas personas. Al menos en literatura es posible que así suceda, que todo cuadre. Mi intención era que cobraran vida, que se encarnaran y para eso necesitaba que no fueran perfectos. Tienen bastante que esconder, al menos a los lectores, para que sus claves, que están en su pasado, no se desvelen hasta bien avanzada la historia. Por algo eran espías.

Para crearlos pienso en alguien real: un actor, un amigo, incluso en un ministro para caracterizar a alguno. De esta forma, ante mí, ya han tomado carnalidad, ya son reales, después solo tengo que trasladar al lector todas las sensaciones que me producen, de esta forma también sé también cómo hablan, qué dirían y que no, qué piensan, como se comportan, etc. Si son creaciones ex nihilo, es decir, de la nada, creo que correría el riesgo de que parecieran fantasmagorías o figuras de cartón piedra.

img_1717EL OLMO:

El paso de wolframio hacia Alemania y de oro hacia España estaría bien controlado por la resistencia, ¿por qué nunca intervinieron para cortarlo?

ROSARIO:

El oro procedía por una parte de los bancos centrales de los países que el Tercer Reich invadía y por otro de las pertenencias de los prisioneros exterminados en los campos. Cuando lo cruzaban por la estación les daban fiesta a casi todos los trabajadores para que no hubiera testigos, solo se quedaban con los descargadores. Los lingotes los subían en unos camiones suizos que cruzaban la península, una parte se quedaba en Madrid y otra la embarcaban desde Lisboa hacia América. Este es el trayecto que describe Ramón. J. Campo en su libro sobre el oro y los nazis. Parece que no era tan fácil de interceptar porque lo llevaban muy bien escoltado.

img_1721EL OLMO:

¿Nos podrías aclarar qué tipo de ocupación ejercieron los alemanes sobre la estación? ¿Podían detener a los españoles sin más?

ROSARIO:

Los alemanes estaban en la estación de Canfranc porque aducían que la mitad de sus dependencias e instalaciones eran de nacionalidad francesa, y así sucedía, a pesar de estar ocho kilómetros tierra adentro de Aragón tiene doble jurisdicción: francesa y española, pero ni quiera la línea de la frontera se correspondía con la de la Francia ocupada. Canfranc Estación tiene la peculiaridad de ser el único municipio español en el que estuvo el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial.

Muchas personas fueron deportadas a campos de concentración y exterminio. Esa era una de las funciones de las patrullas alemanas. Terrible y muy cercano, tanto geográficamente como en el tiempo.

EL OLMO:

¿Cuánto de Albert Le Lay hay en Laurent Juste?

ROSARIO:

Todo lo que yo he podido saber de él y a decir de la familia bastante.

EL OLMO:

¿Para el personaje de Jana Belerma te inspiraste en alguien real?

ROSARIO:

Sí, en una mujer guapísima a sus casi ochenta años que aparece en el documental El rey de Canfranc y que perteneció a la plantilla de trabajadores del hotel Internacional situado en la segunda planta de la estación.

img_1724EL OLMO:

¿En quién te basaste para la figura de Voltor?

ROSARIO:

El mismo nombre ya remite a su apariencia que a muchos les recordaba a un buitre. Con él quería simbolizar los prejuicios: la manera en que se juzga a alguien por su aspecto sin conocer su historia. En el caso de Voltor lo que le ha sucedido es horrible. Después de aquello se convierte en un náufrago al que el programa de eugenesia del Reich le ha despojado de lo que más quería.

Me interesaba que apareciera un funcionario modélico del régimen, un oficinista, un ciudadano alemán cualquiera con quien tampoco tuvieron piedad.

img_1751EL OLMO:

El personaje del Gobernador tiene mucho de caricatura, algo esperpéntico, ¿hay una intención premeditada por tu parte para crearlo tan grotesco?

ROSARIO:

Sí. Incluso se podría decir que los demás son personajes y que don Gervasio Casanarbore es un tipo social, es decir, una figura prefijada que recoge todos los lugares comunes: en este caso representa a aquellos a quienes su ambición les ha llevado a la política para enriquecerse mediante trampas, para abusar del poder y sojuzgar a cuantos más semejantes mejor. Le mueven siempre los más bajos instintos y utiliza el poder como biombo para ocultar sus inseguridades y complejos que son muchos. Si miramos alrededor o dentro de la televisión, encontraremos muchos ejemplos, nada ejemplares, así.

EL OLMO:

¿Qué misión tienen dentro de la estructura de la novela los personajes ficticios?

ROSARIO:

Poner en escena estas acciones valerosas, valientes y valiosas. Esas tres uves. No quería que estos sucesos se narraran sino que se vieran en su desarrollo.

img_1757EL OLMO:

Los pasajes paralelos a la trama central, como el robo de los caballos o el rapto de la niña, ¿tienen algo de verdad?

ROSARIO:

Para el episodio de los caballos que le venden a don Gervasio y después se los roban me basé en algo que hizo un bandolero andaluz en el siglo XIX. Me hizo gracia esto de la venta temporal como forma de recaudación (delictiva, claro está).

Lo que sucede con las dos Valentinas, la aragonesa y la alemana, ilustra el programa nazi de eugenesia que te decía antes: consistía en deshacerse de todos aquellos que no encajaban en los cánones de la supuesta y rememorada raza aria. Es decir, una construcción artificial como suele suceder con todos los delirios.

Se asesinaba a quienes presentaban alguna discapacidad física o mental. Los que para los nazis tenían “una vida indigna de ser vivida”. Así lo expresaban en sus consignas.

Todos conocemos cuál era el ideal de belleza para ellos: ojos claros, cabello rubio, estatura alta, cuerpo atlético, es decir, un retrato cabal de Hitler. Sorprende muchísimo que el líder fuera precisamente todo lo contrario y no lo exterminaran. Aunque intentos hubo varios.

img_1678EL OLMO:

¿Hasta qué punto en esos momentos tan difíciles el ser humano es capaz de sacar tanto lo peor como lo mejor de sí mismo?

ROSARIO:

Creo que se debe a que se deja de lado la personalidad social, las máscaras, la hipocresía, para obrar como realmente es cada uno. Ejemplos de ambos extremos: del altruismo y la mezquindad y crueldad más absoluta los conocemos todos.

En estas circunstancias los comportamientos se extreman. Me interesaba mucho ese estudio de los personajes, el análisis de cómo en la misma encrucijada para todos, se puede decidir cómo ser y cómo actuar. En aquel momento hubo acciones muy rastreras y otras de una belleza moral que deslumbra. Los personajes fueron buenos o malos, en muchos casos según las circunstancias, no en términos absolutos y en el caso del protagonista, del jefe de la aduana internacional, como dice en el libro, consideró que “solo hizo lo que la dignidad le exigía”. Me atrajo el ejemplo que suponen estas hazañas que sucedieron tan cerca. Rescatar esos hechos y que se leyeran desde esta actualidad en la que estamos tan faltos de referencias, de “practicantes” de la generosidad.

img_1767EL OLMO:

Esta es tu primera novela larga, sin embargo, tienes escritos una gran cantidad de relatos, ¿cuáles han sido las mayores dificultades que has encontrado a la hora de trabajar con un texto más extenso en comparación con la síntesis de los cuentos?

ROSARIO:

El otro día respondí en una entrevista que independientemente de la extensión tendríamos que aplicar siempre la frase del arquitecto (tan relacionado con algunos personajes de mi novela) Mies van der Rohe: “Menos es más”. Aunque una novela sea muy extensa se tiene que tender siempre a la síntesis máxima en cada párrafo. Escribir solo lo absolutamente necesario como si se tratara de un telegrama en el que nos cobraran por palabra.

img_1739EL OLMO:

¿Eres metódica en tu forma de trabajar?

ROSARIO:

Sí, muchísimo. Paso casi el mismo tiempo planificando lo que voy a contar que escribiendo. Primero lo diseño por completo mentalmente. Hay una frase de Joan Miró que me gusta mucho, decía “Cuando más trabajo es cuando no trabajo”. A mí me sucede igual, creo historias, personajes, situaciones cuando conduzco, cuando llevo a cabo otras tareas o trabajos manuales de cualquier tipo, cuando paseo, y después, el acto de escribir para mí es en realidad transcribir porque ya lo tengo todo en la cabeza, solo tengo que cambiar el estado de ese material, consignarlo en un soporte físico para que tome “corporeidad”.

Escribo a primera hora de la mañana, cuanto más temprano mejor. Así, el resto del día lo dedico a ser una persona “normal”, es decir, a vivir mis otras siete vidas simultáneas. Lo único que me resulta imprescindible para escribir es la soledad. Tampoco puedo escribir contra una pared. Si el ordenador está conectado a Internet, mejor. De esta forma, es como tener varias ventanas enfrente, además de la física, la terraza, el balcón, etc. También escribo mucho en los viajes. Sobre todo para cumplir con los plazos. La prisa me estimula, pero después, antes de enviar algo (como esta entrevista) la tengo que revisar mucho, a veces durante meses.

Dibujo mapas mentales, lo ordeno todo en esquemas, en cuadrículas, en escaletas, utilizo cualquier medio que me sirva de ancla para la memoria.

Para mí de todo el proceso, la escritura supone un 20% y corregir el texto ocupa un 80% de mi tiempo dedicado a un libro, a un relato, a un artículo, poema, etc.

A mis alumnos les digo que escribir —mejor o peor— lo puede hacer cualquiera, que como decía Óscar Wilde solo son necesarias dos cosas o tener en cuenta dos reglas: “tener algo que decir y decirlo” pero donde se mide un escritor es en la fase de taller de mecánica y después de taller de orfebrería. Suele aplicarse aquello de que cuanto más se tacha más aumenta la calidad de una obra. En la vida sucede algo parecido.

EL OLMO:

¿Qué buscas al escribir? ¿Por qué escribes?

ROSARIO:

Porque lo necesito, porque es mi manera de ejercer la libertad más absoluta, porque me proporciona muchísima felicidad, porque no podría vivir sin escribir, porque me ordena los pensamientos, porque me da mucha satisfacción y porque es muchas veces un pretexto para desarrollar actividades muy gratas y compartir el tiempo con personas muy afines, como vosotros.

14371877_1076673582387391_2050729978_nEL OLMO:

¿Cuáles consideras que son las virtudes principales de la lectura?

ROSARIO:

Abrirnos la mente. La posibilidad de acceder a eso que se llama “las fuentes del saber” de forma autodidacta. Y frente a esto nos encontramos con el hecho de que un pueblo culto, formado, con ideas, con iniciativa propia no interesa. Sé que esto suena a cliché, pero tenemos la prueba más que evidente en la obstrucción continua de nuestros políticos para llevar a cabo un pacto de estado sobre educación. No les conviene. Cuanto más iletrados y manipulables seamos, mejor, más fácilmente gobernables. Se nos despoja de todo y no reaccionamos. Tal vez el motivo sepa que la pereza por leer alcance incluso a hacerlo con una sencilla hoja de reclamaciones.

Esto tiene relación con lo que comentábamos en La Mina de Castellnovo sobre la función de escritor: sin duda rescatar acontecimientos para que no se olviden y ponerlos frente a quienes los causaron para que aunque no quieran reconocer la gravedad de algunos sucesos, al menos sepan que no ha caído sobre ellos la losa del tiempo.

Y para que haya escritores es necesario que haya lectores, por eso quiero agradeceros la labor que lleváis a cabo desde el club de lectura El Olmo, vuestros trabajos de edición, la difusión de la poesía, y el resto de actividades culturales. Estos ámbitos junto a las bibliotecas, algunas a día de hoy incluso con libros (me refiero al caso de una cercana que no tenía libros, solo contaba el cascarón, el edificio), las casas de cultura, los salones de actos, etc. que representan el último bastión de esta resistencia que no dudo de calificar de épica, y el primer motivo para la esperanza en que todo puede cambiar a mejor.

Gracias de nuevo a todos los componentes del club de lectura por contar conmigo durante aquella noche memorable del siete de mayo. Y gracias, Raúl y Ancrugon. Hasta muy pronto. Espero que me invitéis cuando salga mi próxima novela.

EL OLMO:

Gracias a ti Rosario, ha sido un placer tenerte con nosotros. Ya estamos deseando disfrutar de tu próxima novela que, seguro, llegará a ser otro éxito, y ten por seguro que volveremos a reclamar tu presencia.

GUÍA DE LECTURA: Las memorias del Infante Fortuna, de Rafael Martín Artíguez

Las memorias del Infante Fortuna Descarga en PDF

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teaserbox_39603978“Las memorias del Infante Fortuna”, del escritor segorbino Rafael Martín Artiguez, es la primera novela histórica ambientada en la ciudad de Segorbe y la comarca del Alto Palancia y fue galardonada como ganadora de los Terceros Premios literarios Villa de Jérica.

El argumento de esta historia se desarrolla en el último tercio del siglo XV centrándose en los sucesos ocurridos durante la denominada Guerra de los Tres Meses, entre el Duque de Segorbe, Enrique de Aragón (el Infante Fortuna), y la población de la ciudad por la oposición de los segorbinos a depender de un señor feudal.

Castillo%20de%20SegorbeSegorbe era por aquellos tiempos una de las ciudades más importantes del Reino de Valencia (incluso el rey Martín I de Aragón, casado con María de Luna, Señora de Segorbe, pasó algunas jornadas en esta localidad), y su Concejo había comprado en diversas ocasiones el derecho de pertenencia directa a la Corona, sin embargo, siempre habían visto sus pobladores como eran repetidamente engañados por los mismos reyes en quienes habían depositado su confianza, quienes, sin tener en cuenta sus derechos, regalaban con ligereza el señorío de su villa y tierras a distintos familiares de los monarcas.

800px-Segorbe._Torre_del_Botxí_y_acueducto_2Ya en 1435 dejó de formar parte del patrimonio real, pues Alfonso V de Aragón se la cedió al Infante Enrique, padre del que nos ocupa, como compensación a los territorios perdidos por éste en Castilla, algo que los segorbinos no vieron con mucho gusto ni alegría. En 1459, Juan II de Aragón, apodado el Grande, otorgó a la villa el título de ciudad Ducal, recayendo el título de primer Conde a Enrique de Aragón y Pimentel, el conocido como Infante Fortuna, que entonces contaba con la fresca e inexperta edad de tan sólo catorce años, por lo que no pudo imponerse sobre los deseos populares, pero pocos años más tarde fue Fernando II de Aragón, más conocido como Fernando el Católico, esposo de Isabel de Castilla, quien devolvería los estados de Segorbe al mismo Infante Fortuna, quien por más detalle era su primo, Enrique de Aragón y Pimentel, y éste decidió tomar cartas definitivas en el asunto y poner punto final a la oposición de la ciudad a su mandato, lo que nos lleva al momento justo que se narra en la novela.

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A pesar de la resistencia de los vecinos, con varias escaramuzas y algunas muertes por ambos bandos, Segorbe capituló finalmente y el duque tomó posesión de su señorío, lo que no evitó que siguieran los asesinatos en ambos partidos, creando un ambiente de tensión y miedo que podía desencadenar, si no se actuaba con sumo cuidado y destreza, en otra revuelta de peores consecuencias, sin embargo, y aquí salimos de lo propiamente histórico para penetrar en lo propiamente novelesco, entre tanto odio, surge el amor ya que el Duque se queda prendado de un joven musulmana, Muyein, lo que será el desencadenante inesperado del final.

Arms_of_Henry_II,_Count_of_Empúries,_Duke_of_Segorbe.svgEl narrador es el propio Infante quien no sólo nos va descubriendo sus sentimientos más recónditos, sino que, además, va describiendo la ciudad antigua, con sus estrechas calles y sus edificios más relevantes, como la Catedral, las murallas, las distintas puertas, el castillo del Cerro de la Estrella, calles y construcciones que, en mayor o menor proporción y mejor o peor estado, todavía pueden verse en un paseo por el Segorbe actual, pero incluso va más allá y nos hace referencias a los pueblos y villas del valle o cercanos a éste, como Almonacid, Altura, Bejís, Castellnovo, Caudiel, Geldo, Navajas, Novaliches, Viver… Y no podía falta las referencias a la vida y costumbre de los segorbinos de la época, sus comidas, sus comercios, su organización social…

Una vez ya dentro de la ciudad, las reflexiones del Duque se ven refrendadas al final de cada jornada por “una trova cantada por una fina voz de mujer y la suave melodía de una flauta, proveniente de una de las casas próximas al castillo…”, voz que unas veces resume lo acontecido y otras anticipa sucesos que van a ocurrir, como en la primera estrofa de ellas:

“Cuentan que el infante Enrique

se siente hoy muy hombre

porque como nuevo duque

ha conquistado Segorbe,

y el pueblo pide que abdique

pues no quiere noble que estorbe.”

Y es que una vez alcanzado el poder, debe ejercer éste de forma justa, pero con mano dura, premiar a quienes le fueron fieles y castigar ejemplarmente a aquellos que se le opusieron, lo que le lleva a cometer contradicciones que minan su poca popularidad entre el pueblo:

“El duque no tiene las cosas tan claras

como el viento que llega de Calderona,

negocia con gente de mitras y varas

y rechaza consejos de sabias personas,

quiere hacer fiesta para cambiar caras

y habla de perdón, pero no perdona.!

Realmente el problema no había acabado con la victoria y la rendición de la ciudad, dentro de sus murallas continuaba el odio entre las dos facciones enfrentadas: los afines al duque y los partidarios de la pertenencia a la Corona. Cada noche aparece alguien asesinado y él debe impartir justicia, pero es difícil en tales circunstancias acertar con lo que es realmente justo:

“En la cárcel dos hombres claman justicia

y un duque comprometido la niega,

¿cómo puede Henrique ser virrey de Valencia

si de esta forma innoble juega

y cómo pondrá paz en la conciencia

si las cabezas del contrario siega?”

La sociedad de aquellos tiempos, años antes de la expulsión de judíos y moriscos, era bastante heterogénea y, aunque convivían en relativa paz, la hostilidad racial, cultural o religiosa estaba agazapada a la espera de cualquier excusa para aparecer, por todo ello, el hecho de que se enamorase de una mujer mora no agradaba ni a unos ni a otros. Pero Enrique, además, tenía otras obligaciones en otros lugares, ya que también ejercía como Virrey en Valencia y era Señor de otras poblaciones más o menos cercanas, com Vall de Uxó, por lo que debía viajar para atenderlas, lo que siempre le hacía temer si algún día podría volver o no:

“Se ausenta Henrique el infante,

para desliar tendencias cruzadas.

Por la memoria que va por delante

hallará que en fechas pasadas,

en otro viaje, la ciudad le dio plante

y se encontró con las puertas cerradas.”

Y frente a un panorama tan tenso y cargado de odio, el aporte de ficción de la novela proporciona el condimento necesario para darle el contrapunto y la estabilidad necesaria, el amor enfrentado al rencor:

“El infante está herido

y no sólo del puñal,

tiene el corazón partido

y el cuerpo abierto en canal

por una hija de vecino

que no comparte su mal.”

800px-Claustre_de_la_Catedral_de_Sogorb,_Alt_PalànciaAl inicio de esta historia, el Infante Fortuna tiene su cuartel general en un monasterio cercano situado sobre un pequeño cerro desde el cual podía contemplar la ciudad que se le negaba, y en sus memorias, escribía lo que desde allí veía, una imagen que, a pesar de los cambios lógicos traídos por el paso de los tiempos y la llegada de las nuevas técnicas, podría describir a la perfección lo que es el valle del río Palancia:

“Desde aquella ventana y sin dificultad veía las murallas, serpenteando por las laderas del cerro, salpicadas de baluartes, torres, cubos y terraplenes, encerrando la ciudad, coronada por un castillo, el de la Estrella, dominando el valle y el río que pasa a sus pies, con el cauce marcado por las sombras que le prestan latoneros, chopos y cañares. A su alrededor, fructíferos montes de moreras, vides y olivos, con parcelas que se distribuyen aterrazadas hasta las puntas de los picos más enriscados. Hermosas huertas y ricas aguas de más de cien manantiales se conjuran para producir el mejor aceite y el mejor vino, y seda y lino, y trigo, adasa y panizo, y las más sabrosas y variadas frutas de los alrededores vecinos. Y al fondo, la mole azul, quebrada y tenebrosa de la Sierra de Espadán, tierra de moros, escondiendo pueblos donde mi Dios todavía no había extendido su túnica, sólo el rey.

P1340148Rafael Martín Artíguez, nacido en Segorbe en 1955, ha dedicado casi toda su vida al periodismo y la escritura colaborando en diversos medios de comunicación que van desde la prensa escrita hasta la televisión y radio. Su actividad profesional no ha restado en nada su amor por su pueblo y su comarca, donde ha creado, participado y contribuido activamente en diversas asociaciones y actividades siempre con la vista puesta en la difusión de la cultura local. Su trabajo se ha visto recompensado con diversos premios de diversa índole y ha ocupado cargos de relevancia cultural como el de Cronista Oficial de la Ciudad de Segorbe o el de Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana. Actualmente reside en su ciudad natal donde continúa con su labor de investigación y difusión cultural.

EL REMORDIMIENTO, de Borges

EL REMORDIMIENTO, descarga en PDF

He cometido el peor de los pecados

que un hombre puede cometer. No he sido

feliz. Que los glaciares del olvido

me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego

arriesgado y hermoso de la vida,

para la tierra, el agua, el aire, el fuego.

Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente

se aplicó a las simétricas porfías

del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.

No me abandona. Siempre está a mi lado

la sombra de haber sido un desdichado

 

remorse-or-sphinx-embedded-in-the-sandBorges escribe este soneto en endecasílabos tras la muerte de su mejor amiga y su camarada más fiel, su madre, ocurrida el 8 de julio de 1975, y lo publicó en el diario La Nación pocos días después de este suceso.

Hombre de personalidad insaciable, siempre fue detrás de un imposible, tanto en sus ideales artísticos, como en aspiraciones filosóficas, incluso en su realización como ser humano. Por lo cual es fácil llegar a comprender que la insatisfacción fuera una de sus compañeras más asiduas, y la frustración le acechase por los rincones, incluso en los espejos que tanto temía: es difícil contemplarse a uno mismo tal como es…

Su variedad de intereses era casi incalculable y, como bien dice el refrán de la sabiduría popular, “quien mucho abarca, poco aprieta”, por lo que a cada nuevo descubrimiento se abrían nuevas dudas que se iban acumulando hasta el infinito, haciendo su búsqueda irrealizable. La creación de su mundo fantástico, subjetivo y metafísico le supuso, seguramente, un enorme esfuerzo: investigación, exploración, estudio, argumentación, deducción… una vida dedicada por entero al universo literario e intelectual. Su obra no es de fácil comprensión a causa de la constante simbología utilizada, en muchos casos totalmente personal, pero ahí también radica la fascinación que provoca en numerosos escritores, estudiosos y críticos literarios, porque este universo, cuando lo penetras, te atrapa.

El propio Borges se definió a sí mismo en los siguientes términos: “No soy ni un pensador ni un moralista, sino sencillamente un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura”.

hqdefaultPero, ¿y la vida?… ¿Se debe ceñir la existencia a esta labor agotadora e irrealizable?… ¿Se encuentra la felicidad en el logro de esas metas que todo estudioso se plantea?… La respuesta es complicada porque lo absoluto no existe, nuestro paso por la vida está compuesto por pequeños lapsos de tiempo, por diminutos instantes, inapreciables flases que se van acoplando unos con otros hasta formar nuestra historia. Nada es duradero y ni mucho menos eterno, por ello es muy posible que aparezcan momentos de vacío, esos en los que se piensa que todo lo que se ha hecho no vale para nada, que se ha desaprovechado el tiempo y has tirado las oportunidades por la borda… pero eso también depende del momento y del entorno y de otros factores que se nos escapan porque no dependen de nosotros. Sí, es difícil responder a las anteriores preguntas, pero de lo que no cabe ninguna duda, es que Borges hizo lo que quería hacer y llegó, como suele ocurrir, hasta donde pudo, pero en relación con el resto de los mortales, bastante lejos.

Así pues, este poema simplemente refleja el estado de ánimo de su autor en un momento determinado de su vida en el que estaba afectado por algo que se escapaba de su propia voluntad. Todo él rezuma una profunda tristeza y un amargo sentimiento de fracaso, y siente remordimientos por ello, por no haber cumplido las expectativas de felicidad que sus padres pusieron en él… Suele ocurrir cuando perdemos a un ser querido que aparezca un cierto sentimiento de culpa, tal vez porque se nos han quedado en el cajón del olvido tantas cosas por decir, tanto por dar, mucho por hacer, y nos embarga una sensación de impotencia insoportable, y tal vez entonces nos damos cuenta de lo puramente humanos, y por lo tanto frágiles y limitados, que somos…

Lo curioso de “El Remordimiento” es que, al contrario de lo que ocurre con gran parte del resto de su obra, se entiende perfectamente y podemos empatizar con él, percibir lo que siente. Sin embargo, esto no era muy común en sus creaciones poéticas, como ya he remarcado, pues Borges fue en su juventud un ultraísta ferviente, cuando reducía la expresión poética al uso casi exclusivo de la metáfora, construyendo las frases sin nexos ni prácticamente adjetivos y creando y sintetizando imágenes que estimularan la sugerencia en el lector, como podemos comprobar en el titulado “Mañana”:

 

Las banderas cantaron sus colores

y el viento es una vara de bambú entre las manos

El mundo crece como un árbol claro

Ebrio como una hélice

el sol toca la diana sobre las azoteas

el sol con sus espuelas desgarra los espejos

Como un naipe mi sombra

ha caído de bruces sobre la carretera

Arriba el cielo vuela

y lo surcan los pájaros como noches errantes

La mañana viene a posarse fresca en mi espalda.

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EN TORNO A LA LECTURA: Borges y la realidad.

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123Es natural que lo real sea más extraño que lo imaginado, ya que lo imaginado procede de nosotros, mientras que lo real procede de una imaginación infinita, la de Dios.

Chersterton

El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente es real; yo, desgraciadamente, soy Borges.

Jorge Luis Borges

Borges solía escribir a mano, con su letra diminuta, en cuadernos cuadriculados, llenándolos de anotaciones al margen, tachaduras negrísimas y símbolos tipográficos o geométricos, aunque a veces lo hacía sobre papel de contabilidad, con sus columnas para el “debe” y el “haber”, e incluso en hojas en blanco, sin líneas, donde sus renglones caían irremisiblemente hacia la derecha. Su método era el llamado de acumulación, es decir, escribía un texto en el cual, a lo largo del tiempo, iba quitando o agregando detalles que, en ningún caso, parecían definitivos. Es complicado saber si una obra suya es fiel a la primera idea porque puede haber sido transformada por él a lo largo de sus diferentes correcciones. Y es que Borges no pretendía describir la realidad pues no creía que ella existiese como tal, ya que cada persona construye su propia versión que va mudando según sus experiencias. Entonces, ¿dónde está la frontera entre realidad y ficción?…

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Borges ve la realidad como algo meramente ideológico que no tiene por qué coincidir con la verdad, ni con la memoria, ni tan siquiera con la vida, por lo los límites no están nada claros entre la soñado o lo vivido y en la mayoría de sus escritos la realidad y la fantasía se yuxtaponen y, afirma el propio autor, la realidad es ficción y se estructura como tal. Por ello, a la hora de leer uno de sus cuentos, por ejemplo, no debemos hacerlo desde la perspectiva de lo real, sino dejarnos llevar por la estructura de ficción que él nos ha planteado y disfrutar de la realidad que ha inventado para nosotros, pues, a fin de cuenta, nosotros, los lectores estamos hechos de la misma materia que sus personajes: ¿cuánto hay de realidad y de ensoñación o deseo en nuestras vidas?…

Borges nos invita, cuando leemos su obra, a crear nuestro propio mundo a partir del material que él nos aporta, de hecho, cada uno parece que hemos leído una obra diferente, y eso es a causa de que cada lector participa con sus propias experiencias y reescribe una nueva historia. Aún podría ir más lejos y afirmar que de un mismo cuento, en sucesivas lecturas, podríamos sacar diferentes conclusiones porque nuestra perspectiva de la vida va cambiando a medida que nos vamos modelando a base del barro de la experimentación.

A veces la ficción y la realidad se confunden con el texto dentro del texto, o con personajes que se leen a sí mismos y que desafían al otro de carne y hueso sumiéndonos en la confusión a causa de esta interrelación subjetiva, y Borges actúa entonces como un Dios menor que tiene el poder supremo sobre el devenir de las vidas de sus personajes, un ser omnipotente que incluso nos llega a confundir a los personajes de carne y hueso que somos nosotros que, sin darnos cuenta, hemos entrado en su juego de palabras y signos hasta perdernos en el laberinto. Y es que, para llegar a entenderlo, hemos tenido que abandonar nuestras estructuras cotidianas de pensamiento y aceptar las reglas que él nos propone, de lo contrario nada tiene sentido.

borges¿Y por qué ocurre eso?, os preguntaréis, pues Borges también nos da la respuesta: El caso es que siendo mentes pensantes supuestamente superiores a todos los seres que nos rodean, los humanos tendemos a la pereza intelectual y pretendemos simplificarlo todo, hacer del cuadro complejo de la existencia un simple boceto con cuatro trazos, y todo lo demás entra dentro de lo misterioso, lo tenebroso, lo otro… Sin embargo, nuestras mentes muchas veces se rebelan y van más allá; alucinan, decimos. Sin embargo, tanta experiencia aporta a nuestras vidas un acto soñado como uno real, pues ambos los hemos vivido. Y es aquí donde radica muchas veces la dificultad en la lectura de Borges, en nuestra simplicidad de esquemas, en que cuando cogemos uno de sus cuentos, buscamos desesperadamente los trazos y huimos de las manchas de color.

En todo relato se contraponen dos mundos, como mínimo, el del personaje y el del lector, pero lo que busca Borges es que esa frontera se rompa, y el lector entre en el libro y el personaje en nuestras vidas pues, ¿quién puede asegurarnos que nosotros mismos no seamos los protagonistas de otra historia escrita por un autor más grande?… Y cuando cogemos un libro, lo que pretendemos es evadirnos de lo cotidiano, la rutina de nuestra existencia, pero para que ello pueda ocurrir debemos dejar abiertas las puertas de la imaginación.

Por ejemplo, en el cuento “Las ruinas circulares”, se relata la historia de un mago que sueña a un hombre igual a él, hecho a su imagen y semejanza, el reflejo en el espejo. Una vez soñado, o creado, lo envía al mundo donde cree que, al ser una entidad soñada nada le podrá afectar ni hacer daño, sin embargo, cuando el mago se encuentra en el centro de las ruinas circulares, a punto de ser devorado por el fuego, tiene miedo de que al ser él destruido, también lo será su ser soñado, pero el fuego circular tampoco le alcanza a él porque el mago también era un sueño que otro estaba soñando, Borges, su creador.

¿Es entonces el mundo una mentira?… ¿Es todo un sueño?… Esto es algo que Borges se pregunta con insistencia en muchos de sus cuentos y por ello le aterra la ambigüedad de la imagen en el espejo, como en “El sur”, donde Juan Dahlmann es el espejo en el que se refleja la muerte de aquél que él mató, y todo debe desarrollarse, de forma inevitable, igual, pero al contrario. Y así, cuando los dos personajes se miran, ambos comprenden sus mutuos anhelos y la suerte debe cumplirse de forma fatídica.

Sin darnos cuenta, en una búsqueda metafórica de nuestras particulares piedras filosofales, todos andamos perdidos por los laberintos de la vida, todos vivimos una existencia más soñada que real, más llena de deseos y recuerdos que de presentes y acciones, y esto lo refleja Borges perfectamente con sus historias, pero en ocasiones las palabras son insuficientes para explicar correctamente toda esta maraña, por lo que Borges utiliza además símbolos sobre la vida que, aunque parezca lo contrario, lo hace todo más real.

“El mundo es una elemental alucinación.”

Borges

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