EN TORNO A LA LECTURA: Albert Le Lay


ALBERT LE LAY . Descarga PDF

Albert Le Lay

Albert Le Lay

En toda guerra, frente a la estulticia y la frigidez del odio y la crueldad, siempre aparecen ejemplos de virtud, altruismo, sensibilidad y amor al prójimo que, a fin de cuentas, no es, ni más ni menos, que amor por uno mismo. Y un ejemplo de ello lo tenemos en la historia de un hombre sencillo, callado, un simple ciudadano francés que quería ser marino y recorrer el mundo en su juventud, pero que acabó siendo jefe de la aduana francesa en la Estación Internacional de Canfranc durante la Segunda Guerra Mundial.

Albert Le lay llegó a España en 1940 manteniéndose en su puesto hasta 1943, tres años durante los cuales trabajó en silencio contra el terror nazi pasando en secreto informaciones entre la resistencia y los aliados (Reino Unido y Estados Unidos), introduciendo en Francia transmisores que permitieron comunicarse con Londres a quienes luchaban en terreno galo contra los invasores, ayudando a escapar a centenares de personas que huían del aquel sinsentido para poder salvar sus vidas, y muy pocos de sus vecinos en Canfranc sabían que aquel hombre siempre amable y su familia vivían pendientes de un hilo, temerosos de ser descubiertos por la Gestapo, hasta que una tarde, alguien llegado de Oloron (Francia) le avisó de que había sido descubierto por los alemanes y venían a buscarle.

Ante esa noticia, Albert decidió dar un paseo con su mujer y el hijo pequeño de ambos por las vías del tren, como prácticamente hacían todos los días, pero esta vez no se volvieron al llegar a los túneles dirección a Zaragoza, sino que, alumbrándose con candiles, los cruzaron hasta el otro lado donde les esperaba un taxi enviado por un colaborador desde la capital aragonesa. En el pueblo quedaba la hija adolescente Jeannine, para que todo el mundo la viera y nadie sospechase nada, quien, en cuanto pudo, subió a un tren, pero la policía le siguió esperando que les llevase junto al resto de la familia, sin embargo, ella se dirigió a casa de un médico de Zaragoza, colaborador también y su futuro suegro, donde permaneció oculta durante un tiempo argumentando una enfermedad contagiosa, o por lo menos eso fue lo que alegó el doctor cuando la policía fue a buscarla. Mientras tanto, Albert viajó hasta Sevilla y desde allí zarpó a Gibraltar, donde se subió a un avión con destino a Argel.

Albert Le Lay y esposa

Albert Le Lay y esposa

Al inicio de la Guerra, Albert quiso enrolarse en el ejército, pero la resistencia pensó que en su destino de aduanero de Canfranc serviría mejor para la causa facilitando el paso hacia España a las personas que huyeran por ese paso fronterizo, consiguiéndoles salvoconductos y buscando soluciones para que pudiesen llegar a sus lugares de libertad. Aunque antes debería ganarse la confianza de los alemanes que ocupaban la parte francesa de la Estación Internacional, y ello lo consiguió gestionando perfectamente el incesante intercambio de oro y wolframio entre los gobiernos de Hitler y el de Franco. De esta forma, sin querer ser un héroe, Albert Le Lay salvo muchas vidas de hombres, mujeres y niños judíos que, de ser apresados por las SS o la Gestapo, habrían muerto allí mismo o en algún campo de exterminio, así como de cientos de disidentes y soldados aliados.

La mayoría llegaban con lo puesto y esperaban en algún punto determinado de la frontera francesa hasta la llegada de los pasadores, sobre todo en las noches sin luna, quienes les guiaban por los senderos de los Pirineos y posteriormente a cruzar el túnel de Somport, pegados a las paredes, hasta llegar a las inmediaciones de la Estación, y allí ya se hacía cargo de ellos Albert Le Lay: se tomaba el nombre de todos así como de las donaciones que ellos hacían en dinero europeo que no les valdría allá a donde iban y con las que él construyó una escuela, se les curaba las posibles heridas, se les proporcionaba alimentos y ropa nueva y limpia, se les escondía para descansar en algunos lugares ya preparados para ello, se les proporcionaba una nueva documentación sellada y luego se les ubicaba en los trenes con destino a Zaragoza, Madrid, Barcelona o Lisboa, desde donde muchos de ellos viajarían hacia Sudamérica, Norte de África o Palestina.

Una vez concluida la guerra, regresó a Canfranc, rechazando todos los honores e incluso los nombramientos que le propuso el propio Presidente de la República Francesa, Charles De Gaulle, y siempre quiso mantener en silencio todo lo que hizo durante aquel tiempo. Albert murió en San Juan de Luz en 1989. Muchas fueron las cartas de agradecimiento recibidas durante su vida, incluso de gente tan importante como el pintor Marc Chagall, o de la cantante Joséphine Baker, o del artista Max Ernst… Y todos los años volvían algunas de aquellas personas con sus hijos y nietos para mostrarles el lugar por donde escaparon a la libertad gracias a “un señor alto, elegante, con ligera cojera” que se llamaba Albert Le Lay.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s