EN TORNO A LA LECTURA: Alice Liddell y Lewis Carroll


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Alice en 1859

Alice en 1859

Lo que se esconde detrás de la obra literaria queda muchas veces silenciado y sólo el autor podría, si viviera, desvelarnos sus verdaderas intenciones y, en infinitas ocasiones, las hipótesis lanzadas por los críticos y estudiosos no son más que  meras suposiciones. Alicia en el país de las maravillas no está al margen de ello, pues a su alrededor se ha creado un mundo de especulaciones que se acercan bastante al chismorreo, incluso a la insidia aderezada de la morbosidad, pero, como siempre, solamente los protagonistas de esta historia sabrían la verdad.

Charles Lutwidge Dodgson, más conocido, como todos sabéis, por su pseudónimo Lewis Carroll, nombre que se inventó latinizando su nombre de pila, de Charles a Carolus, y el apellido de su madre, de Lutwidge a Ludovicus, y luego anglicanizándolos ambos de nuevo, Carolus como Carroll y de Ludovicus a Lewis, y variando el orden para dar con Lewis Carroll, vivía desde 1851 en el college Christ Church como estudiante de la Universidad de Oxford, al cual llegó un nuevo deán, Henry Liddell, y su familia, en 1856, con quienes Dodgson pronto entabló una amistad bastante íntima. A Alice, una de las hijas de los Liddell, la vio por primera vez el 25 de febrero de ese mismo año, al hacer una visita a su familia con la intención de fotografiar la catedral. Volvió a verles con mucha frecuencia a partir de ese momento, acompañando en repetidas ocasiones, en un principio, a Lorina y a Harry, los dos hermanos mayores de Alice, y luego, cuando el chico se ausentó por los estudios, a tres de las hermanas: Lorina, Alice y Edith, al campo o al río de los alrededores de Oxford, donde, además de merendar y jugar, él podía llevar a cabo sus dos mayores aficiones. Una era la fotografía, tomando a las niñas como modelos, aspecto éste que puede llamar mucho la atención en la actualidad, pero que era bastante frecuente dentro de la mentalidad victoriana de su época, donde la aparición de niños en las fotografías o pinturas, incluso desnudos, no era tomado como algo que atentase contra la moral, sino que era tenido como una imagen simbólica de la inocencia.

LAS HERMANAS LIDDEL

Las hermanas Liddell: (de izquierda a derecha) Edith, Lorina y Alice

La otra de sus aficiones, y la que le daría más fama, era la de inventar historias, y en una de estas excursiones, concretamente en un paseo en barca por el Támesis, apareció por primera vez la narración de “Alicia”. Según indicó el propio autor en sus diarios, era el 4 de julio de 1862, y Dodgson, junto con su amigo Dickworth, acompañaban a las niñas Liddell (Lorina de trece años, Alice, de diez y Edith, de ocho), mientras él iba improvisando la historia y acaparando la atención de las tres hermanas. Al volver a casa, una entusiasmada Alice le pidió que la escribiese, lo que Dodgson no tardó en llevar a cabo regalándole para Navidad el manuscrito, con ilustraciones realizadas por él mismo y con el título de Las aventuras subterráneas de Alicia y, a pesar de que el propio autor lo negase, es pensamiento general que la heroína de la novela está basada en la propia Alice Liddell, a quien estas aventuras siempre le entusiasmaron, lo que rebela que ella misma poseía una personalidad rebelde y espontánea, que cuestionaba los propios principios de una sociedad basada en una moral rígida, adusta y puritana

Última fotografía de Carroll a Alice en 1870

Última fotografía de Carroll a Alice en 1870

Bastantes años más tarde ha aparecido una novela basada en la relación entre Lewis Carroll y Alice Liddell, The Looking Glass House, escrita por Vanessa Tait, nada menos que la bisnieta de aquella niña, quien afirma que  “Carroll era increíblemente encantador pero también muy calculador, hacía que las niñas se lo pasaran muy bien y cautivó a la institutriz”. Asegura esta escritora que su familia posee cartas de las que se deduce que Carroll estaba enamorado de Alice y que incluso había pensado en casarse con ella, a pesar de que era veinte años mayor y en aquel momento Alice tenía la corta edad de trece años, aunque, que se sepa, nunca llegó a realizar proposición alguna, sin embargo siempre era muy afectuoso con ella, por lo que la madre de la niña habló con él sobre este hecho y le dejó entrever que le preocupaba tal comportamiento, esto le sentó mal a Carroll y dejó de visitarles por un largo tiempo. Vanessa también afirma que Carroll era un hombre extraño, muy reprimido, con un interés excepcional en las jovencitas, a las que convertía en sus amigas ideales, e incluso les hacía fotos con poca ropa o desnudas, con “su vestido hecho de nada”, como pedía el propio Lewis Carroll permiso a los padres para fotografiar a las menores, pero esta práctica era bastante común, curiosamente por otra parte, entre los fotógrafos de aquella época, aunque no cree que fuera más allá y que su bisabuela, Alice, lo recordó siempre con afecto.

El caso se queda en el aire, a pesar de las cartas que se enviaban recíprocamente las hermanas Liddel donde el tema aparece tratado muy por encima, como evitándolo, o de una carta de los propios padres de Alice enviada a Carroll donde se le pide que no se acerque nunca más a la niña. Sin embargo de aquel lapso de tiempo no se conserva ninguna epístola del autor que pueda clarificar alguna duda, y las páginas de su diario correspondientes a esas fechas fueron arrancadas y están desparecidas, aunque también se rumoreaba que Dodgson estaba utilizando a las niñas para hacer la corte a la institutriz, incluso se llegó a especular que a quien pretendía era a la hermana mayor, Lorina. Sea como fuere, lo que sí se sabe en cierto es que Carroll jamás se casó debido a su pacatería con las mujeres adultas, por lo que prefería la compañía de las niñas o jovencitas. Alice fue la primera de sus numerosas pequeñas amigas, de las que todavía se conservan fotografías, pero no fue hasta su ruptura obligada con ella, y tras un largo viaje por toda Europa, cuando la atracción de Dodgson por las niñas se convirtió en una auténtica manía, y allá donde fuera, intentaba hacerse amigo de las que con él coincidían, portando siempre encima, para ese fin, regalos o juguetes con los que ganar su atención, sin embargo, en cuanto cumplían quince o dieciséis años, dejaban de interesarle.

Lo curioso es que años después de aquella ruptura, la señora Liddell llevó a Lorina y Alice al estudio de Carroll para que les hiciera algunos retratos, lo cual parece apoyar la idea de que seguían manteniendo alguna relación amistosa. Así mismo, Dodgson escribió varias cartas a Alice, siendo la fecha de la última de 1892, seis años antes de su muerte.

Alice Liddel en 1872 fotografiada por Julia Margaret Cameron

Alice Liddel en 1872 fotografiada por Julia Margaret Cameron

Alice contrajo matrimonio en 1880 con Reginald Gervis Hargreaves, perteneciente a una próspera familia de empresarios, convirtiéndose en una dama de la alta sociedad, y tuvo tres hijos. Tras la muerte de su marido, acaecida en 1926, vendió en una subasta el manuscrito que le regalara Carroll en 1863, consiguiendo una enorme suma por él. Alice murió en Kent el 15 de noviembre de 1934.

En conclusión, lo que sí está probado es que, a pesar Alice Liddell no fuera el verdadero origen de la heroína del libro, éste si surgió a causa de ella, pues ella fue el motivo de su creación y, posiblemente, la inspiración, en gran parte, de Carroll para realizarlo. La propia Alice Liddell dejó escrito lo siguiente: “Muchos de los cuentos del Sr. Dodgson nos fueron contados en nuestras excursiones por el río, cerca de Oxford. Me parece que el principio de Alicia nos fue relatado en una tarde de verano en la que el sol era tan ardiente, que habíamos desembarcado en unas praderas situadas corriente abajo del río y habíamos abandonado el bote para refugiarnos a la sombra de un almiar recientemente formado. Allí, las tres repetimos nuestra vieja frase: cuéntenos una historia, y así comenzó su relato, siempre delicioso. Algunas veces para mortificarnos o porque realmente estaba cansado, el Sr. Dodgson se detenía repentinamente diciéndonos: esto es todo, hasta la próxima vez: ¡ah, pero esta es la próxima vez!, exclámabamos las tres al mismo tiempo, y después de varias tentativas para persuadirlo, la narración se reanudaba nuevamente”.

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