Matar a un ruiseñor, de Harper Lee.

“Disparad a todos los arrendajos azules que queráis, si podéis, acertadles, pero recordad que es un pecado matar a un ruiseñor”. Este es el consejo que da a sus hijos un abogado que está defendiendo al verdadero ruiseñor del clásico de Harper Lee: un hombre de color acusado de violar a una joven blanca. 

Matar a un ruiseñor es una novela dura y tierna al mismo tiempo. La dureza le viene de la crueldad que pueden causar los prejuicios y la complejidad moral de unas sociedades cerradas en sí mismas, donde todo se mide mediante la costumbre o la tradición, considerándose peligroso cualquier atisbo de cambio. Y la ternura procede de la visión de los acontecimientos desde la perspectiva de unos niños, en especial de Scout.

Scout y Jem Finch son hermanos: ella, Scout (exploradora), es la pequeña, todavía una niña, aunque tan despierta, observadora y lista que parece demasiado madura para su edad, y Jem es un preadolescente curioso, valiente y con la sensatez de su padre, Atticus. Es Jean Louise “Scout” Finch quien relata, desde la madurez, lo ocurrido, comenzando con la rotura de codo que sufrió su hermano cuando tenía trece años, lo que le da pie a revisar aquel periodo de su infancia, desde los seis a los ocho años, durante la década de 1930. Jem es cuatro años mayor y Atticus, el padre, es un abogado muy respetado en su comunidad, Maycom, Alabama, además de ejercer como miembro de la Legislatura Estatal.

Poco a poco, nos va introduciendo en la vida cotidiana de aquella pequeña localidad por medio de los distintos personajes, como Dill, quien en realidad se llama Charles Baker Harris, un niño de ciudad, bastante mentiroso, que pasa los veranos en el pueblo en casa de su tía convirtiéndose en inseparable de los hermanos Finch, en especial de Scout.

Pero el catálogo de personajes es bastante amplio, todos perfectamente definidos, más que por descripciones físicas, por su forma de ser y sus reacciones y comportamientos ante los hechos. Así tenemos a la sabia vecina que se pasa el día cuidando su jardín u horneando pasteles y a quien todas llaman señorita Maudie, ella es la que mejor le cae a Scout porque, en vez de reprenderla por sus travesuras o sus excesos, le da valiosas lecciones de vida y defiende siempre a Atticus asegurándole que es un hombre íntegro; o a la sirvienta afroamericana Calpurnia, que cuida de los niños Finch como si fueran sus propios hijos y dirige el hogar con mano dura, a falta de una madre para hacerlo, sobre todo con Scout, a la que amonesta con frecuencia; ola tía Alexandra, hermana de Atticus, una mujer excesivamente crítica con los comportamientos de los demás y, en especial, con los de Scout. Pero por encima de todos está Atticus, el guía moral de sus hijos, quienes lo idolatran, siendo él quien, al regalarles un rifle de aire comprimido por Navidad, les dice que jamás disparen a un ruiseñor porque es un pecado matar algo que solo crea belleza, en este caso su hermoso trino, para el disfrute de todos sin pedir nada a cambio. De aquí surge el título y la enseñanza moral de esta novela.

Scout no es como las otras niñas de Maycomb. Siempre viste como un chico y no está interesada en comportarse como una “dama”. Se pelea con los niños, especialmente con Walter Cunningham, y se enfrenta con la maestra. Scout, Jem y Dill forman el trío inseparable de los veranos y siempre están inventando juegos elaborados y complejos que les causan más de un problema, en especial con su vecino Boo y su padre, el señor Radley.

Pero, a pesar de ser Maycomb un pueblo tranquilo, también ocurren cosas que producen alarma entre los vecinos, como el incendio de la casa de la señorita Maudie, la supuesta tortura de animales por parte de un tal Crazy Addie (el loco Addie), la aparición del perro rabioso que obliga a Atticus a poner en evidencia su excelente puntería con el rifle, o el ataque a Mayella.

Esta supuesta violación de la joven blanca Mayella Ewell, hija de uno de los hombres más pobres y más borracho de la ciudad, por un afroamericano, Tom Robinson, hace aumentar la tensión en Maycomb, sobre todo cuando se enteran de que Atticus ha sido designado como abogado defensor de Robinson. Atticus comienza a sentirse muy presionado, sin embargo, prevalece su sentido de la justicia y sus principios morales, por lo que se niega a pasar el caso a otro abogado. La gente comienza a cotillear y a faltarle al respeto, como la anciana señora Dubois que dice cosas terribles sobre Atticus y Jem, en represalia, le corta todas las camelias de su jardín, pero Atticus le obliga a disculparse ante la anciana y le castiga a leer a la señora Dubois un rato todas las tardes.

Pero no seguiremos desvelando más sobre la novela, pues eso corresponde a las personas lectoras descubrirlo. Aunque, llegados a este punto, sí podemos decir que los tres temas principales de Matar a un ruiseñor son: el prejuicio, la complejidad moral y la inocencia.

Mientras leemos este libro, vamos acompañando a Scout y Jem en su viaje de alejamiento del mundo de la ignorancia infantil hasta llegar a un pacto con la realidad, que es lo mismo que abrir la puerta al mundo adulto. La pérdida de la inocencia de estos niños comienza cuando Atticus decide hacerse cargo de la defensa de Robinson, pues los jóvenes hermanos descubren la fealdad del racismo. Para ellos es duro comprobar que la verdad, la justicia y la bondad no siempre triunfan sobre la mentira, la injusticia y la maldad. Y el juicio provoca el despertar, no solo de los niños, sino de toda la ciudad que debe enfrentarse, por primera vez, a sus propios prejuicios y planteamientos morales caducos. Y así, también descubrimos con Scout y Jem que sus propios juegos infantiles, donde habían convertido a su vecino Boo Radley en un fantasma malévolo, no dejaban de ser otra forma hiriente para aquel pobre hombre, víctima de sus prejuicios infantiles. Y es que la intolerancia y la ceguera impuesta por conceptos abstractos sin más base que el odio por tradición, puede causar, y causa, mucho dolor, injusticias y muertes en el mundo. Es curioso, y estremecedor, ver como la familia Ewell, considerada por el resto de la ciudad como “basura blanca”, se apoya en la persecución a Tom por su deseo de afirmar su poder sobre el único grupo de la ciudad con menos status social que ellos. Y la ciudad lo permite incapaz de sobreponerse a sus convicciones racistas. Antes permitir una injusticia que ceder un centímetro en mi forma de pensar heredada… Así va el mundo…

Esta maravillosa novela puede plantearnos muchos puntos de reflexión e, incluso, hacernos sentir incómodos. Igual que Scout y Jem, también descubriremos que no se puede categorizar a las personas como buenas o malas, pues si bien, la mayoría del tiempo, todas parecen objetivamente “buenas”, no hay persona que no posea sus partes oscuras y sea capaz de realizar alguna maldad. Al final, como ocurre en la novela, solo la visión de, en este caso, una niña, con su capacidad para la empatía que, desgraciadamente, irá perdiendo con el tiempo, es capaz de reconocer que, hasta las personas que han hecho algo malo también han vivido una vida dura y triste, por lo que también son dignas de comprensión y de ser tratadas con dignidad.

Neller Harper Lee nació en Monroeville, Alabama, USA, el 28 de abril de 1926. Su madre era una abogada bastante parecida en su sentido moral y en el cariño por sus hijos, a Atticus, el personaje de Matar a un ruiseñor. Lee también estudió Derecho en la Universidad de Alabama, pero abandonó sus estudios para marcharse a Nueva York donde trabajo en unas aerolíneas hasta que pudo dedicarse a escribir gracias a la ayuda financiera de unos amigos. Matar a un ruiseñor surgió de la unión de una serie de cuentos sobre su infancia. Con ella consiguió el Premio Pulitzer 1961, de la que surgiría en la memorable película de 1962. Parece ser que el personaje de Charles Baker “Dill” Harris, el niño amigo de Scout y Jem, está basado en su amigo de la infancia, y también escritor, Truman Capote, a quien Lee acompañó a Kansas en 1959 y ayudó en su reportaje sobre los asesinatos  de la familia Clutter, que se convertiría en el libro de Capote A sangre fría. De regreso a su localidad natal, Lee publicó Ve y pon un centinela, considerada la secuela de su primera novela, también escribió algunos ensayos, falleciendo el 19 de febrero de 2016.

A los jóvenes que quieren morir, por Gwendolyn Brooks

“No importa cuán frío y sin alegría haya sido el invierno, poco a poco reverdece el pasto y se alcanza a oír un pájaro solitario”. (Höldering)

En esta ocasión, aprovechando la dos últimas guías de lectura sobre novelas propuestas (la anterior: Tomates verdes fritos, y la que aparecerá posteriormente: Matar a un ruiseñor) en las que aparece el tema del racismo en Estados Unidos, hemos considerado oportuno acercaros a la vida y obra de una gran poeta afroamericana, Gwendolyn Brooks (1917-2000), la primera de su raza en ganar un premio Pulitzer, en 1949, por su libro Annie Allen, cuyos poemas se basan en el crecimiento de una niña afroamericana en la ciudad de Chicago.

Implicada en la promoción de la igualdad y la identidad racial, Brooks fue una poeta con una gran conciencia política que dedicó sus esfuerzos a sacar la poesía de los círculos académicos y acercarla a todas las clases sociales, poniendo su voz al servicio de los derechos constantemente vulnerados a la gente de color, incluso, aprovechándose de la fama que le proporcionó el Pulitzer, prefirió publicar sus libros en las pequeñas editoriales de empresas afroamericanas que aceptar las mejores ofertas de las multinacionales.

En el poema que sigue, To the Young Who Want to Die (A los jóvenes que quieren morir), Brooks se dije a todas aquellas personas que, a pesar de su juventud, piensan que el mundo ya no tiene nada que ofrecerles y se ven tentadas a buscar una salida por la puerta sin retorno:

TO THE YOUNG WHO WANT TO DIE
			de Gwendolyn Brooks


Sit down. Inhale. Exhale.
The gun will wait. The lake will wait.
The tall gall in the small saductive vial 
will wait, will wait: 
will wait a week: will wait through April.
You do not have to die this certain day.
Death will abide, will  pamper your postponement.
I assure you death will wait. Death has 
a lot of time. Death can 
attend to you tomorrow. Or next week. Death is 
just down the street; is most obliging neighbor; 
can meet you any momento.

You need not die today.
Stay here-through pout or pain or peskyness.
Stay here. See what the news is going to be tomorrow.

Graves grow no green that you can use.
Remember, green’s your color. You are Spring.
A LOS JÓVENES QUE QUIEREN MORIR
			por Gwendolyn Brooks


Siéntate. Inhala, Exhala.
El arma esperará. El lago esperará.
La enorme hiel en el pequeño seductivo frasco 
esperará, esperará: 
esperará una semana: esperará hasta abril.
No tienes que morir este exacto día.
La muerte esperará, consentirá tu aplazamiento.
Te aseguro que la muerte aguardará. La muerte tiene 
mucho tiempo. La muerte puede 
atenderte mañana. O a la próxima semana. La muerte es 
justo el final de la calle; el más atento vecino; 
puede conocerte en cualquier momento.

No necesitas morir hoy.
Quédate aquí – a pesar de las malas caras o el dolor o las pesadumbres.
Quédate aquí. Ve cuáles van a ser las noticias de mañana.

No crecen las tumbas verdes, las que puedas usar.
Recuerda, el verde es tu color. Tú eres la primavera.

Como habréis podido comprobar, el lenguaje utilizado por Brooks en este poema es muy sencillo y directo. Dice las cosas con claridad para que todo el mundo sea capaz de comprender el mensaje que intenta lanzar: “vale la pena recordar que pese a los deprimidos o doloridos que estemos, el mundo siempre vuelve a florecer”.

El tono es coloquial. Habla con la persona lectora como podría hacerlo con una amiga, y lo hace evitando frases grandilocuentes o tópicos o lugares comunes, pidiéndole que no se precipite, que espere, ya que para morir siempre hay tiempo, no tiene porqué ser ahora. “La muerte espera”. Luego le anima a continuar a pesar de sus sufrimientos porque, si se precipita, ya no hay vuelta atrás. Finalizando con el mejor motivo que puede tener para seguir viviendo: su juventud: “el verde es tu color. Tú eres la primavera”.

¿Quién querría matar la primavera?

Realmente no hay muchas figuras literarias y las pocas que aparecen son de fácil comprensión, por ejemplo cuando dice: “The tall gall in the small saductive vial” (La enorme hiel en el pequeño seductivo frasco), para referirse al suicidio mediante un amargo veneno, pues ya antes ha mencionado un arma y un lago como otros métodos para acabar con su vida. Daos cuenta que utiliza el adjetivo “seductivo” para referirse al frasco con la pócima letal, y lo hace en contraposición con “las malas caras o el dolor o las pesadumbres”, sin embargo, cuando llegamos a los últimos versos, vemos cuál es su intención: a pesar de que la muerte le parezca en este momento seductiva, a pesar de sus sufrimientos, las tumbas no son verdes, no, son la oscuridad infinita.

En el aspecto formal, el poema está compuesto en versos libres, sin rimas ni métrica computada, en cambio en tres ocasiones, mediante encabalgamientos, juega con los finales del verso para dejar un mensaje claro: (“la muerte tiene / mucho tiempo – la muerte puede / atenderte mañana – la muerte es / justo el final de la calle”):

…Death has 
a lot of time. Death can 
attend to you tomorrow. Or next week. Death is 
just down the street;…
…La muerte tiene 
mucho tiempo. La muerte puede 
atenderte mañana. O a la próxima semana. La muerte es 
justo el final de la calle;

Concluyendo, se puede afirmar que Brooks tenía muy claro su mensaje y a quién iba dirigido, por lo que simplemente buscó la efectividad antes que el lucimiento y esa misma sencillez hace que éste sea un poema bello.

GUÍA DE LECTURA POESÍA: Armonía, de José Hierro.

Quise tocar el gozo primitivo,
batir mis alas, trasponer la linde
y volver, al origen, desde el fin de
mi juventud, para sentirme vivo.
 
Quise reverdecer el viejo olivo
de la paz, pero el alma se me rinde.
¿Quién es sin su dolor? ¿Quién que no brinde,
sin pena, su ayer libre a su hoy cautivo?
 
Y ¿quién se adueñará de la armonía
universal, si rompe, nota a nota,
grano a grano, el racimo, los acordes?
 
¿Quién se olvida que es cuna y tumba, día
y noche, honda raíz y flor que brota,
luz, sombra, vida y muerte hasta los bordes?

Al igual que ocurrió con la novela y el teatro, también hubo en España una poesía social durante la década de los años 50 del siglo XX, cuyo objetivo, hermosa e ingenua utopía, era motivar un cambio político y social en el país mostrando la realidad cotidiana, denunciando los problemas y apoyando a los más desfavorecidos. Para ello, los poetas, preocupados por las injusticias sociales y las crecientes dificultades internas y externas, hicieron el esfuerzo de presentarse más comprensibles a una mayor cantidad de lectores con un tono coloquial, lenguaje más claro y un estilo más funcional, sin aparcar sus recursos literarios, claro está, pero haciéndolos más cercanos al público y subordinando la estética al contenido, con el consecuente peligro de convertir la poesía en algo prosaico y vulgar sin valor artístico. Sin embargo, nada de esto ocurrió, pues la enorme calidad de los autores que se apuntaron a este movimiento (Blas de Otero, Gabriel Celaya, Vicente Aleixandre, Carlos Bousoño o José Hierro, entre otros) produjo verdaderas joyas literarias que, en su gran mayoría, sobrevivieron las tijeras de los censores, igual porque no las entendieron, aunque no consiguieron la meta deseada, pues ¿qué podía hacer la literatura en una nación en la que apenas se leía?…

El poema que hemos elegido, Armonía, es de José Hierro (1922-2002), un hombre que fue detenido a los diecinueve años por pertenecer a una organización en defensa de los presos políticos, como era el caso de su propio padre, y se pasó cuatro en la cárcel, algo que le marcaría como persona y como poeta, algo que se puede observar en su retrato de España como un país en ruinas mediante metáforas otoñales de su primer libro, Tierra sin nosotros (1947), o en la búsqueda de la esperanza desde el pesimismo y la amargura de su segundo libro, Alegría (1947). Ese escepticismo se acentuó en las tres obras que podemos encuadrar, de algún modo, dentro de la poesía social: Con las piedras, con el viento (1950), Quinta del 42 (1952) y Cuanto sé de mí (1957), en las que, sin embargo, a pesar de su profunda ansiedad existencialista y su compromiso social, no dejó de lado su preocupaciones formales y estéticas.

Armonía, un soneto en endecasílabos, pertenece a Quinta del 42, un libro cuyo título procede de la denominación que Hierro y varios amigos daban a su grupo reunido en torno a dos revistas: Corcel, en Valencia, y Proel, en Santander. Armonía, entendida, en este caso, como el arte de enlazar los diversos elementos en su justa proporción y correspondencia para concertar una buena máquina social, es lo que buscaba el poeta al querer volver “al origen, desde el fin de su juventud” (en esos momentos José Hierro tenía treinta años), a un pasado del que una buena parte le fue robada, pues el presente no le era propicio para realizarse como persona. Quería recuperar la paz necesaria para que se desarrollase la armonía, pero le podían más las heridas, que no le permitían olvidar, de toda una vida basada en el dolor y de una libertad ofrecida y perdida, y aquí es donde nos lanza dos preguntas de profundo calado que cada cual podrá responder a su manera: “¿Quién es sin su dolor? ¿Quién que no brinde, sin pena, su ayer libre a su hoy cautivo?”, pues en un mundo sin libertad todo el mundo es cautivo, unos de los que mandan y estos de su propia obsesión. Pero cuando llega a los tercetos se da cuenta de que esa armonía es imposible si se van arrancando los granos del racimo, si se van rompiendo las notas de los acordes cuando hay alguien que quiere imponer una “armonía” ficticia, a su capricho, porque siempre hay que no quiere recordar que, hasta el ser que se piensa el más poderoso, está hecho de la misma materia que todos y, como todos, repleto de claros y oscuros, de luces y sombras.

Armonía define perfectamente la búsqueda de todo ser humano que solo aspira a vivir plenamente, que ya es mucho, ese camino a cuya meta nunca llegamos, pero que da sentido a nuestra existencia, el cual, en esencia, solo existe en cada nuevo paso que damos, pues las huellas quedaron atrás y son irrecuperables y acabarán siendo borradas por el polvo de tiempo.

GUÍA DE LECTURA POESÍA: Distinto, de Juan Ramón Jiménez

Tras leer la novela propuesta para esta ocasión, Viento del este, viento del oeste, de la autora norteamericana Pearl S. Buck, me ha quedado un cierto escozor al comprobar qué poco hemos evolucionado, aunque a primera vista no parezca tan evidente, a lo largo de la historia en relación con los prejuicios hacia las otras personas y, por ello, he considerado oportuno que el poema a comentar podría ser Distinto, de Juan Ramón Jiménez.

Juan Ramón Jiménez, Premio Nobel de Literatura 1956, partió al exilio en agosto de 1936 y murió en Puerto Rico en mayo de 1958 siendo todavía un expatriado. Su creación literaria dio comienzo en 1900, alcanzando su plenitud poética cincuenta años más tarde, lo curioso es que la mayor parte de los poemarios escritos entre 1936 y 1954 no pasaran por la imprenta hasta después de su muerte: En el otro costado en 1974, Dios deseado y deseante en 1964, De ríos que se van en 1974 y Una colina meridiana, gestado en su totalidad en Estados Unidos entre 1942 y 1950 y libro en el que aparece el poema que nos ocupa, fue editado en España en 2003 con prólogo de Alfonso Alegre Heitzmann.

El poema en sí es una elegía en memoria de la libertad, de la diversidad, del individualismo, caídos bajo la intransigencia, el odio y la majadería del pensamiento único. Aquella fue la época del auge del fascismo y la supremacía racial nazi, pero el tiempo ha pasado y el peligro persiste y se amplía por diversos frentes, por lo que, tristemente, el mensaje del poema está de plena actualidad. Veámoslo:

Lo querían matar
los iguales
porque era distinto.
 
Si veis un pájaro distinto,
tiradlo;
si veis un monte distinto,
caedlo;
si veis un camino distinto,
cortadlo;
si veis una rosa distinta,
deshojadla;
si veis un río distinto,
cegadlo…;
si veis un hombre distinto,
matadlo.
 
¿Y el sol y la luna
dando en lo distinto?,
altura, olor, largor, frescura, cantar, vivir
distinto
de lo distinto;
lo que seas, que eres
distinto
(monte, camino, rosa, río, pájaro, hombre…):
si te descubren los iguales
huye a mí,
ven a mi ser, mi frente, mi corazón distinto.

No es un poema de difícil comprensión, sin embargo, el poeta ha utilizado diversos recursos para hacerlo más efectivo, sobre todo destacan las repeticiones y paralelismos machacones de la segunda estrofa que recuerdan a las consignas ideológicas proferidas y vociferadas por un crispado líder y coreadas por una masa de sumisos clones en cuyos cerebros se acuñan los mensajes de odio. Se repiten los elementos y los conceptos y, sobre todo, el adjetivo “distinto”.

El texto está dividido en tres partes que coinciden con las tres estrofas: en la primera (de los versos 1 a 3) Juan Ramón expone cuál era el problema con una sencillez rotunda que no admite interpretaciones: “Lo querían matar / los iguales / porque era distinto”. Y eso fue lo que les ocurrió a muchos hombres y mujeres durante aquellos tristes años de la atribulada historia de España: unos lo pudieron contar, pero otros no. Y es que el ser humano añora la esclavitud intelectual porque es más fácil que otros piensen por uno que hacerlo uno mismo con los quebraderos de cabeza que ello conlleva. Y de aquí surge el miedo a lo “distinto”, al “cambio”, a la “diversidad”… Sin embargo, la humanidad seguiría en la edad de piedra si no hubiesen aparecido pensamientos distintos, innovadores, revolucionarios… Los clones solo sirven para las cadenas de producción y para consumir en los centros comerciales. Y ahí es donde radica el problema, pues al poder, sea el que sea: político, religioso, económico, intelectual, etcétera, no le interesa el pensamiento individual, ya que es impredecible y muy poco manejable, sin embargo la masa, esa cantidad amorfa de seres vociferantes y obedientes, puede convertirse en un ejército eficaz con el ánimo, la vista y oído puestos únicamente en una meta: la consigna, como vemos en la segunda parte del poema, la irreflexiva (del verso 4 al 12). Pero todo da un giro en la tercera parte (del verso 13 al 24), la reflexiva, donde Juan Ramón se pregunta qué hay de igual entre la luz y la oscuridad, entre el día y la noche, entre el sol y la luna… Todo en el universo es distinto y por ello se complementa y la naturaleza puede funcionar. Y así, el poeta se propone como cobijo de lo distinto, no porque sea igual a él, sino porque es distinto.

El poema, como habréis podido comprobar, es de una sencillez aplastante, por lo que llega con facilidad y muestra el mensaje con claridad. Ello fue algo premeditado por Juan Ramón Jiménez quien, como muchos otros intelectuales, hombres y mujeres, no tuvieron otro remedio que dejar España para seguir con vida, tanto mental como física, simplemente por no compartir las mismas ideas de aquellos que ganaron la guerra. Eso fue en el siglo pasado, pero sigue repitiéndose constantemente en todo momento y en cualquier parte del planeta. Y no solo por cuestiones políticas, sino también por creencias religiosas, por tendencias sexuales, por el color de la piel, por nacionalidad, por el origen cultural, en fin, ¿para qué seguir? La capacidad del ser humano para encontrar motivos por los que odiar a quien no procede de su propio rebaño es infinita y, lamentablemente, los avances en los medios de comunicación, en vez de ser un canal para unir y educar en la convivencia, están siendo acaparados por aquellos grupos que fomentan y alientan la división y el enfrentamiento en beneficio de unos oscuros intereses que solo conocen las personas que pretenden dictar las normas, el resto de lacayos solo son meros instrumentos. Pero lo triste es que, a causa de esto, desde que la humanidad pulula sobre la litosfera, se han desencadenado miles de guerras a causa de este odio estéril con el resultado de cientos de millones de muertos, lo que nos lleva hacia un único destino: el día que un grupo de iguales consiga exterminar a todos sus diferentes, ellos mismos se autodestruirán por carecer de sentido sus vidas.

GUÍA DE LECTURA NOVELA: Viento del este, viento del oeste, de Pearl S. Buck

La primera novela publicada de Pearl S. Buck se desarrolla en la década de los treinta del siglo pasado y en ella pretende mostrar su interés por la cultura china y por la situación de la mujer, planteando una historia donde entran en conflicto la tradición con el cambio y el choque cultural entre Oriente y Occidente, dos contiendas que vienen de antiguo en la historia de la humanidad.

Los años durante los que Pearl vivió en China, y que fueron la inspiración para gran parte de su obra, resultaron bastante turbulentos a causa de una profunda crisis de identidad y una desgarradora lucha interna por el poder. China era un país muy apegado a sus tradiciones y a su forma de vida gracias a una de las culturas más antigua y rica del planeta. Sin embargo, soplaban aires de cambio y estos se presumían imparables, sobre todo en las zonas urbanas donde lo occidental estaba penetrando con mucha fuerza. Otra cosa era el mundo rural, de gran importancia en aquellos momentos en la economía y la sociedad china, donde los campesinos mantenían sus costumbres por encima de todo, aguantando con empeño, aunque sin esperanzas, tanto los conflictos políticos como los golpes de la Naturaleza que les traería terribles épocas de hambruna. Pero, con todo, el resto del mundo tampoco se encontraba en sus mejores tiempos a caballo entre dos guerras mundiales y sufriendo los envites de sucesivas crisis políticas, sociales, financieras y sanitarias.

En la época en la que se desarrolla la novela gobernaban en China los ricos terratenientes, quienes dirigían a los campesinos analfabetos mediante un sistema medieval, lo que provocaba el rechazo de las clases burguesas de las ciudades y los jóvenes con estudios, por lo que la China tradicional daba la sensación de estar entrando en un declive imparable. La dinastía reinante de la Emperatriz Tzu Hsi perdió el favor del pueblo tras las matanzas de la Rebelión de los Bóxers, un torpe intento de liberar a China de la influencia extranjera, y por el creciente endeudamiento del país a causa de la guerra contra Japón por el dominio de Corea, por todo ello, no tardaría mucho en caer la monarquía y proclamarse una república que tampoco trajo la tranquilidad, pues con el gobierno de Chiang Kai-Shek se retomó el enfrentamiento con Japón y se producirían nuevos ataques contra los intereses extranjeros, como en el incidente de Nanking de 1927.

El libro está dividido en dos partes: la primera parte se centra en el matrimonio de Kwei-lan, el personaje principal, y la segunda se centra en el creciente conflicto que ocurre cuando el hermano de Kwei-lan decide casarse con una estadounidense, negándose a hacerlo con la joven china a la que estaba comprometido por acuerdo entre las familias. La narradora es una mujer china, la misma Kwei-lan, quien le va contando su historia a otra mujer a la que llama “hermana” y que se intuye occidental.

La primera parte se centra en ella. Se ha casado recientemente con su prometido, un médico chino estudiante de médica en los Estados Unidos y, por lo tanto, acostumbrado a la forma de vida occidental, lo que crea un conflicto en el matrimonio, pues Kwei-lan no sabe mucho sobre la cultura occidental, de hecho, le han enseñado que es inferior a la cultura tradicional china. Así mismo, Kwei-lan está educada en las costumbres tradicionales de la mujer china. Le han educado para ser inferior a su esposo, a no considerarse jamás como una igual a él, a respetar siempre a sus mayores y a llevar sus pies vendados para que no crecieran. 

El marido de Kwei-lan aborrece las costumbres chinas considerándolas arcaicas y desfasadas, practica la medicina occidental en lugar de la tradicional de su tierra, se viste como un occidental y se niega a vivir en la casa de sus padres, al mismo tiempo, no demuestra demasiado interés por la muchacha que le han dado como esposa, a la que trata con respeto, aunque con indiferencia, y eso a ella le angustia y no le comprende cuando él le dice que quiere que sea su igual y que se quite las vendas que aprisionan sus pies impidiendo su crecimiento. Sin embargo, tras el nacimiento de su primer hijo Kwei-lan va aceptando las opiniones de su esposo y se va acercando poco a poco a su forma de pensar.

Por su parte, el hermano de Kwei-lan vuelve de Estados Unidos, donde fue a estudiar contra la voluntad de su madre, pero con el permiso de su padre, algo que su madre aceptó a regañadientes, por lo que le pidió, al menos, que se casase con su prometida, a lo que él se negó. Mientras está en América, se contrae matrimonio con una joven estadounidense y regresa a China para obtener la aceptación de sus padres sobre su nueva esposa, cosa que no consigue, pues ello indigna a su madre, su padre lo toma a broma y considera a la mujer occidental como una concubina y Kwei-lan, aunque al principio está enojada por la desobediencia de su hermano a sus padres y no está dispuesta a aceptar su matrimonio con la extranjera, sin embargo, con el tiempo y el trato se va dando cuenta de que realmente se aman y eso le hace cambiar de opinión. Esto crea una grieta entre su madre y ella. Su hermano y su esposa se mudan a la casa de sus padres con la esperanza de obtener la aceptación de su esposa. En cambio, su esposa es relegada e ignorada por todo el mundo y, cuando se queda embarazada, su madre se molesta todavía más, quien incluso muere sin reconocerla como su legítima esposa. Su padre también decide no reconocerla como la esposa de su hijo. Ante esta situación, terminan saliendo de la casa de sus padres y él renuncia a su herencia para estar con la mujer que ama.

Pearl S. Buck intentó mejorar el tradicional enfrentamiento entre las culturas oriental y occidental con sus escritos demostrando que, en realidad, ambas tradiciones tenían más en común de lo que se quería reconocer. Así mismo, esta pugna corre paralela con la que se lleva a cabo entre lo tradicional y lo moderno donde la guerra está siempre perdida para los pensamientos inmovilistas y conservadores, pues solo es cuestión de tiempo. Y se repite la eterna contradicción de las sociedades paternalistas, procedan del continente que procedan, aquellas donde el papel de las mujeres es, con suerte, secundario y donde están siempre sometidas a los caprichos de los varones y, sin embargo, son ellas las más reacias a los cambios y las más celosas defensoras de las tradiciones, fenómeno este que, seguramente, mucho tendrá que ver con la educación recibida. Sin embargo, Pearl quiere ver una luz al final del túnel haciendo que su protagonista, Kwei-lan, vaya evolucionando a medida que su marido le va mostrando la nueva realidad de las cosas o, como en el caso de la esposa americana de su hermano, sea la paciencia y el tiempo quienes vayan colocando las cosas en su sitio.

Por su parte, Pearl describe el status secundario de las mujeres chinas en su cultura: Los hombres viven en la misma casa separados de las mujeres. El padre tiene varias concubinas e hijos de ellas. La madre de Kwei-lan los alimenta y los aloja, aunque esté molesta. Su madre también acepta todas las decisiones que toma su esposo, incluso si ella no está de acuerdo. Solo cuando su madre se está muriendo, Kwei-lan la escucha decir palabras de resentimiento por la forma en que su padre la ha tratado. Este tema de la discriminación de género puede darnos la sensación de algo propio de tiempos antiguos, sin embargo, solo tenemos que comparar los derechos de la mujer española en la década de los setenta del pasado siglo con los de la actualidad, y eso que todavía queda mucho camino por andar. Pero estados similares a los representados en esta novela, incluso bastante peores, todavía están vigentes hoy en día en diversas partes de nuestro planeta.

Curiosamente, Viento del este, viento del oeste, fue rechazada por veintiocho editoriales y siete revistas, hasta que llegó a manos de Richard J. Wash quien se decidió a publicarlo, a pesar de que no le acababa demasiado, y así su compañía John Day Company dio el pelotazo comprando los derechos de las futuras obras de una mujer de treinta y ocho años, casada, aunque a punto de separarse, con un montón de hijos adoptivos, quien había vivido casi toda su vida en China, que llegaría a ser Premio Nobel de Literatura y su próxima esposa, por lo que no resulta extraño que, al recordar ese primer contrato, Wash asegurase que fue la mejor decisión que había tomado en su vida.

Pearl Comfort Sydenstricker nació el 26 de junio de 1892 en Hillsboro, Virginia Occidental, hija de Caroline Stulting y Absolom Sydenstricker, ambos misioneros presbiterianos. El resto de su familia fueron su hermano mayor, Edgar, y su hermana menor, Grace. A la tierna edad de tres meses, sus padres decidieron volver a China, donde ya habían estado anteriormente, y donde Pearl recibió una educación mixta: su madre le enseñó su cultura natal, mientras que su tutor chino le enseñó sobre su país adoptivo. El amor de Pearl por la escritura se desarrolló a una edad temprana con el estímulo de su madre; a los 7 años había logrado publicar una de sus cartas en el Christian Observer. En 1900, el mismo año en que nació su hermana, se produjo la tumultuosa rebelión de los boxers, por lo que la familia se mudó a Shanghai, donde asistiría a la Escuela Jewell. Tras de una breve visita a los Estados Unidos, Pearl y su familia se mudaron nuevamente a Chinkiang. En 1911, Pearl volvió a los Estados Unidos, donde asistió a Randolph – Macon Woman’s College en Virginia, graduándose en 1914 y regresó a China para trabajar como misionera presbiteriana. El 13 de mayo de 1917 se casó con John Lossing Buck, convirtiéndose ambos se convertirían en profesores universitarios de la ciudad china donde vivían. En 1920, Pearl daría a luz a su primer y único hijo biológico, una niña llamada Carol que sufría de discapacidad intelectual. Carol, sin embargo, no sería la única hija de Pearl, pues adoptaría a nueve niños más de raza mixta. Tras los incidentes de Nanking de 1927 se marcharon a Japón, pero a causa de la frágil salude de Carol, Pearl viajó a Estados Unidos con su hija para buscar alguna solución y allí escribió Viento del este, viento del oeste, en un intento desesperado de encontrar financiación. La novela sería publicada en 1930. Cinco años más tarde, Pearl se había divorciado de su primer marido, vivía definitivamente en Pensilvania y se había casado con su editor. En 1931, Pearl escribiría La buena tierra, que la daría la fama y una variedad cantidad de premios: entre ellos el Pulitzer y la Medalla William Dean Howells. Sin embargo, su mayor premio vendría en 1938, cuando recibió el Premio Nobel de Literatura, siendo la primera mujer estadounidense en recibirlo. Pearl continuaría escribiendo durante toda su vida, teniendo más de 40 libros en su haber, y compatibilizando su trabajo con las causas humanitarias, por lo que pronto estuvo en el punto de mira del senador Joseph McCarthy, de infausto recuerdo, incluso después de que ella denunciara públicamente el comunismo. Pearl Buck murió en 1973 en Danby, Virginia, a la edad de 81 años.

El lagarto está llorando, de Federico García Lorca.

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El poema que os proponemos en esta ocasión es un ejemplo del interés que Federico García Lorca tuvo por el mundo infantil y por la naturaleza, dos temas que nos sirve para relacionarlo, como siempre intentamos hacer, con la novela propuesta, la cual, como ya podréis haber comprobado quienes la hayáis leído, tiene como tema principal la visión del mundo natural desde la perspectiva de un niño.

El lagarto está llorando.                                                                    La lagarta está llorando.

El lagarto y la lagarta                                                                      con delantalitos blancos. 

Han perdido sin querer                                                                      su anillo de desposados.

¡Ay, su anillito de plomo,                                                                   ay, su anillito plomado!

Un cielo grande y sin gente                                                              monta en su globo a los pájaros. 

El sol, capitán redondo,                                                                 lleva un chaleco de raso.

¡Miradlos qué viejos son!                                                               ¡Qué viejos son los lagartos!

¡Ay cómo lloran y lloran, ¡ay!,                                                       ¡ay!, cómo están llorando!

fot_4818_grEl poema tiene una estructura adecuada para ser musicado: estrofas de dos versos que forman individualmente una unidad de significado, rima asonante en los versos pares quedando libres los impares, todos los versos, excepto los dos últimos que tienen nueve y siete sílabas, son octosílabos y aparecen muchas interjecciones, exclamaciones, diminutivos y repeticiones, así mismo, debemos tener en cuenta la personificación de los lagartos, los cuales son utilizados como símbolo de la vejez, y la del cielo y del sol, al que incluso le adjudica el título de “capitán”. Todos estos elementos favorecen el ritmo y hacen el poema atractivo para el recitado y fácil de memorizar.

Los protagonistas son dos viejos lagartos, el lagarto y la lagarta, que están llorando porque han perdido su anillo de desposados, por lo que es fácil deducir que en su llanto hay más una motivación nostálgica por el paso del tiempo que por la pérdida del objeto en sí, el cual representa todas las sucesivas pérdidas de aquellas cosas, momentos, sentimientos que ya no volverán.

El amor y el afecto son de por sí los elementos que subyacen en el poema y que se adivinan al ver la imagen de ambos lagartos llorando juntos, compartiendo juntos una pena común por una vida pasada en armonía entre ambos que ya no regresará, eso es lo que han perdido sin querer perderlo. En este caso, los diminutivos ayudan a aumentar la expresión de esa imagen de ternura y, en cierta forma, de tristeza, como “delantitos blancos”, que no es ni más ni menos que una descripción de los lagartos, los cuales suelen ser oscuros por el dorso y claros por la panza, aunque en manos de Lorca, estas dos palabras pueden ser una metáfora de la pureza, así como el anillo representa la unión, el compromiso del uno con el otro, mucho más grande, si cabe, al no estar fabricado con un metal precioso como oro o plata, sino con plomo, un metal mucho más pesado y que necesitaría de los dos para poder ser cargado.

Esta tristeza contrasta con el despliegue de vida y jovialidad que desarrolla la naturaleza a su alrededor: el cielo, los pájaros, el sol… todo redondo y puro y sin gente… Demostrándonos de esta forma lo íntimo de las penas propias y la evidencia de que, a pesar de nuestras aflicciones, el mundo sigue su curso.

Es curioso descubrir que en un poema infantil se puedan esconder sentimientos tan profundos y, a la vez, contradictorios, pero eso es algo totalmente intencionado por parte de Lorca para quien el mensaje no estaba reñido con lo lúdico ni lo bello. Él poseía una sensibilidad jovial y una curiosidad auténtica por las cosas, lo que le hacía verlas desde un prisma diferente, por eso, cuando componía poemas para niños, no trataba de ellos, si no que infantilizaba los temas importantes de la existencia para que la gente menuda pudiese captar la idea.

Este poema fue incluido por Lorca en su poemario Canciones, publicado en 1927 y donde se puede apreciar el Lorca popular y tradicional que siempre se compaginó, a lo largo de toda su obra, con el poeta vanguardista.

GUÍA DE LECTURA – NOVELA: Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell

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Mi familia y otros animales es una novela, autobiográfica en cierta medida, del escritor británico Gerald Durrell, donde se describen los primeros años pasados por la familia Durrell en la isla griega de Corfú, esta novela tendrá sus secuelas en Bichos y demás parientes y El jardín de los dioses, formando así la trilogía de Corfú. La novela es un divertido retrato de varios personajes y diferentes lugares.

9788420674155El personaje central y narrador es Gerry, quien en el momento de llegar a Corfú tiene diez años. Es el primer miembro de su familia en aprender griego y se adapta perfectamente a las costumbres isleñas. Sus intereses principales son la biología, la botánica y el cuidado de los animales, por lo que pasa la mayor parte de su tiempo observando la vida vegetal y animal en los jardines de su familia, o por los terrenos aledaños, detallando sus descubrimientos. Gerry tiene una visión negativa de la educación, pues piensa que las actividades educativas tienen poco o nada que ver con la ciencia y son aburridas e improductivas, por lo que sus tutores lo van culturizando con el recurso de ir insertando algún toque zoológico en las lecciones. Su pasión es ir coleccionando mascotas, ya sea capturándolas o comprándolas, a las cuales personifica poniéndoles nombres. Este amor de Gerry por la naturaleza es tolerado, aunque no compartido, por la mayor parte de la familia, excepto por Larry, el hermano mayor, quien está en total desacuerdo y hace todo lo posible para desviarlo hacia la literatura, con muy poco éxito. Uno de los mejores amigos de Gerry es Teodoro, un científico que trata a Gerry como si fuera un adulto y le presta libros sobre biología y botánica y herramientas, como microscopios, diapositivas, productos químicos para preservar especímenes, que ayudan a Gerry a aprender con más facilidad sobre la naturaleza.

image-w1280Por su parte, Teodoro es un biólogo entusiasta a quien Gerry conoce a través de George, un amigo de Larry. Impecablemente vestido y con una larga barba que es una evidencia, para Gerry, de su valía como científico, Teodoro se convierte rápidamente en uno de los mejores amigos de Gerry. Teodoro es su primer en su tutor y se lo gana con su manera de enseñar que consiste en no parecer que está enseñando, sino recordándole cosas que ya sabía y de las que se había olvidado. A Teodoro le encanta ver cómo aterrizan los hidroaviones y se siente muy incómodo en los saludos y en las reuniones. Tiene una enorme biblioteca sobre temas que él llama “sensibles”, como biología, botánica o folklore, así como una buena colección de novelas de misterio y crímenes que comparte con Madre. Los jueves por la tarde se reúnen Teodoro y Gerry para mirar diapositivas o pasear y recolectar especímenes de la naturaleza. Le encanta contar historias absurdas sobre Corfú, y también tiene un gran repertorio de chistes y juegos de palabras malos que despliega en cuanto tiene ocasión, aunque de quien más se ríe es de sí mismo y nunca se toma demasiado en serio, por lo que pronto se convierte en una persona imprescindible en la familia y es al único que Madre permite verla en traje de baño.

En el polo opuesto tenemos a Larry (Lawrence Durrell, quien también sería un escritor famoso autor de Cuarteto de Alejandría). Larry tiene veintitrés años al principio de la novela. Es el intelectual y carga consigo tantos libros que tiene que contratar a unos trabajadores locales para que metan sus baúles a través de una ventana por medio de unas poleas. Al igual que su madre, está obsesionado con dar la sensación de pertenecer a una familia inglesa acomodada, por culpa de ello siempre está exasperado o decepcionado con los miembros de la familia a quienes acusa de comportarse de manera incorrecta, ya que la única manera correcta de hacer las cosas es como él piensa, sin embargo, cuando él comete errores, no es capaz de asumir su responsabilidad. Con frecuencia sugiere cosas a Madre bastante absurdas, como mudarse a Corfú porque en Inglaterra llueve mucho o cambiar de villa, ya en la isla, para acomodar a la tropa de amigos que invitó durante el verano, en ambos casos, ante las primeras negativas de Madre, asegura que lo que él dice es la forma lógica de proceder y que su madre es una rara por no acceder. Se pasa todo el tiempo intentando convencer a la familia de que lean literatura “adecuada” en vez de las novelas de misterio. Pero, sobre todo, Larry es el mayor adversario de Gerry en relación con el mundo natural desde que descubre pequeños animalitos guardados en las cajas de fósforos y ya se sublima cuando las urracas le destrozan la habitación.

Madre, de quien nunca se menciona su nombre, es una viuda cuyas vocaciones se circunscriben entre la cocina y el jardín. Hace todo lo posible para apoyar a sus hijos en sus respectivos intereses e intenta dirigir la familia de forma razonable, aunque, menos Gerry, el resto de hermanos se burlan de ella. Es la típica mujer burguesa preocupada por mantener las apariencias, sin embargo, es la única persona en toda la familia que apoya a Gerry en su interés por la naturaleza, acepta sus mascotas e intenta que el resto haga lo mismo, aunque también se niega a admitir animales peligrosos en casa. Trata a sus hijos con aire despreocupado y los humilla con ironía, pero casi siempre cede, incluso sabiendo que lo pedido es claramente absurdo.

2683909_originalDesde los primeros capítulos, nada más llegar a la isla, se les une un personaje bastante peculiar, Spiro Hakiaopulos, un griego corpulento y peludo que trabaja de taxista y toma a la familia Durrell bajo su protección, sobre todo porque él habla inglés que aprendió en Chicago, donde pasó ocho años. Spiro se encarga de que los Durrell no sean estafados y discute con el agente de aduanas para que las pertenencias de la familia les lleguen sin demasiados problemas. Gerry dice de Spiros que actúa como si fuera el dueño de la isla, aunque eso mismo dice Spiro de otros cuando habla mal de ellos, aunque Gerry también se refiere a Spiro como el ángel guardián de la familia. Spiro adora a Madre y le informa de todas las correrías de sus hijos, sobre todo cuando él piensa que están sobre terreno inseguro. Spiro tiene cierto cariño por Gerry a quien le consigue los peces dorados, los cuales los sustrajo del estanque del palacio donde se hospedan los dignatarios extranjeros cuando visitan la isla.

El segundo hermano en edad de Gerry es Leslie, quien cuando comienza la novela tiene diecinueve años. Sus principales intereses son la caza y las armas, comprando varias de estas durante su estancia en Corfú, pues piensa que, si uno puede cazar y navegar, ya puede sobrevivir en la vida, y esto lo utiliza Gerry para convencerle de que le construya un bote para su cumpleaños. Leslie y Larry son bastante antagonistas y lo que más le saca de quicio a Larry es la agilidad y elasticidad de Leslie y le asegura que todo el mundo puede hacer las cosas que él hace si se para a pensarlo con lógica, pero cada vez que Leslie le reta, Larry hace el ridículo. Lo que más le gusta, después de cazar, es contar a la familia sus aventuras cinegéticas. No se mete con la afición a las mascotas de Gerry salvo cuando trae serpientes, que le aterrorizan.

Y la única hermana de Gerry es Margo, la cual tiene dieciocho años al comienzo de la novela. Sus mayores intereses son: curar su acné, para lo que usa varias lociones y cremas, tomar el sol, vestir con ropas diáfanas y fluidas y experimentar con dietas ridículas. Es la única de todos los hermanos que aboga por las aficiones de Gerry, menos cuando se refiere a los insectos. Durante la estancia en la isla tuvo diferentes relaciones, aunque ninguna duró mucho tiempo, sin embargo, cuando la familia orquesta su ruptura con Peter, ella se encerró una semana en el ático.

El último tutor de Gerry fue Kralefsky, un hombre de baja estatura, calvo y jorobado que, la primera vez que lo vio, Gerry pensó que era un gnomo. Su misión era enseñarle inglés, pero sus primeros intentos fueron bastante frustrantes, así que cambió el método y le hizo aprender francés leyendo una guía de aves francesas, porque Kralefsky era avicultor y tenía el piso superior de su casa repleto de jaulas con toda clase de pájaros. Al igual que a Teodoro, a Kralefsky también le encantaba contar historias, pero a diferencia de aquel, estas no eran ciertas y Gerry descubre que, si él le contaba algo, al día siguiente Kralefsky tenía una historia preparada sobre ello. Pero Kralefsky también tenía su parte seria y responsable, pues cuidaba con mucho cariño de su anciana madre, la cual una tarde presenta a Gerry.

Y por último en este repaso de los personajes más importantes de la novela, está Roger, el perro de la familia y el compañero de Gerry en todas sus correrías. Es grande y con pelo negro rizado y una buena cola. Su lealtad a la familia le conduce a atacar todo aquello que considera una amenaza para ellos, incluido el traje de baño con volantes de Madre. Su amistad con Gerry le lleva a aceptar a todas las mascotas que aquel adopta, sin embargo, tiene una fuerte rivalidad con todos los perros callejeros de Corfú, contra los que intenta luchar a la mínima ocasión.

descargarMi familia y otros animales se desarrolla, principalmente, en la isla griega de Corfú, situada en el Adriático, frente a las costas de Albania y Grecia. En ese momento Gerry tiene diez años y está muy interesado en todo lo que concierne con la naturaleza, por lo que esta isla supone para él un enorme paraíso donde puede observar a sus anchas plantas y animales. De esta forma, Gerry conecta a su familia con el mundo natural, incluso a pesar de ellos, demostrando que la naturaleza forma parte inevitable de la existencia y, para coexistir armoniosamente con ella, lo mejor es no intentar domesticarla, sino aceptarla tal cual es.

Las descripciones de lo que Gerry observa tanto en su jardín, como en sus correrías por la isla, ocupan gran parte de la narración, y Durrell no economiza ejemplos de ello, desde los ciclos de la vida de las tijeretas o las mantis religiosas, hasta los hábitos de apareamiento de las tortugas. Así mismo, muchos capítulos los abre describiéndonos los cambios estacionales, dando casi más importancia al curso natural de la vida isleña que a los hechos realizados por los miembros de la familia protagonista.

610300Este enfoque centrado en el mundo natural sitúa a éste como una realidad que afecta a todo lo demás, queriendo demostrar que está intrínsecamente conectado a las personas que lo habitan, algo que solamente Gerry y el grupo de personajes con los que se relaciona saben valorar, mientras el resto, o lo ignoran normalmente, aunque a veces colaboren con Gerry, como Madre o Margo, o directamente lo detestan, como el hermano mayor, Larry.

Sin embargo, todos tienen que convivir con las mascotas con las que Gerry va llenando la casa, siendo algunos tolerados, como la tortuga Aquiles o la paloma Quasimodo, resultando esta aceptación familiar un reforzamiento de la creencia de Gerry sobre que el mundo natural es maravilloso y capaz de proporcionar compañía e interés a la vida de los humanos, así como que, recíprocamente, los humanos deben esforzarse por vivir en armonía con la naturaleza. Claro que está tolerancia no aparece con otros animales de los que Gerry lleva a casa, como la madre escorpión y sus bebés o las destructivas y revoltosas urracas.

c1f32dacbbf0a0c681b744430e4b9e92f6689e4aEl interés por la naturaleza diferencia a Gerry del resto de su familia, pues él es el único que está interesado en comprender al mundo natural, y el resto, aunque a veces lo disfrute, solamente se interesa por sus posibles utilidades, como Leslie, para cazar, o Margo, para coger color al sol. Pero Gerry tampoco llega a comprender, a pesar de las reacciones incontrolables de algunas de sus mascotas, que la naturaleza no se puede domesticar al completo por los humanos.

Otro punto digno de mencionar en Mi familia y otros animales tiene que ver con las absurdas historias que se cuentan en ella, sobre todo por parte de Teodoro, quien parece estar convencido que lo absurdo es algo inherente a Corfú, pues asegura que en aquella isla puede ocurrir cualquier cosa, apoyándose en la máxima de que, si algo puede salir mal, saldrá mal. Lo curioso es que los lugareños tienen esa misma sensación y han hecho de lo absurdo su forma de vivir.

En principio, los sucesos absurdos y humorísticos surgen de las diferencias culturales y lingüísticas entre los Durrell ingleses y la población griega local, y ello provoca pequeños conflictos y malentendidos que producen hilaridad en los lectores, aunque en este caso también dependerá de la perspectiva y los estereotipos culturales, pues no todo lo que parece gracioso para unos lo tiene que parecer necesariamente igual para el resto.

En esta diferenciación también tiene mucha importancia la brecha generacional, y como ejemplo podemos utilizar la fácil adaptabilidad de Gerry, el más joven de la familia Durrell, a las costumbres isleñas y que sea el único que aprende a hablar griego, algo que al resto les parece absurdo y pintoresco.

Con todo, las historias narradas por Teodoro, por muy irracionales que parezcan, llenan de colorido la narración y son bastante bien aceptadas por la familia en general, lo que sugiere que, por muy absurda que los visitantes encuentren la vida de Corfú, es innegable que la vida allí es maravillosamente extraña y, por ello, mucho más satisfactoria y rica que la de quienes se consideran intelectualmente superiores.

Por otro lado, la novela también nos plantea una reflexión sobre la evolución de los valores desde la infancia hasta la edad adulta y el papel que juega en este cambio el tipo de educación recibida. El ejemplo lo tenemos con la diferencia de perspectiva de Gerry y el resto de su familia hacia lo que les rodea. Él lo ve todo desde su punto de vista infantil: curioso, un poco ingenuo y a menudo absorto en su mundo, pero, sobre todo, anhelante de hacer amigos y ser aceptado por todas aquellas personas que le pueden aportar algo a sus deseos de descubrir los secretos de la naturaleza. Mientras tanto, Madre y los hermanos se encierran en su caparazón mirándolo todo desde la distancia y, cuando se dignan a contactar con la gente de Corfú, lo hacen con cierto sentimiento de condescendencia.

2459En cambio, sus mejores amigos durante su estancia en Corfú son todos mayores, como Teodoro, a quien el niño encuentra fascinante, que trata a Gerry como una persona plena y se comporta con él con una naturalidad espontánea que el propio Gerry considera infantil y traviesa, a pesar de su naturaleza científica, algo que el niño agradece, o el avicultor Kralefsky, quien también lleva una vida muy atractiva a los ojos del pequeño, aunque no descuida por ello sus deberes como persona madura, como cuidar a su anciana madre o machacar a Gerry con el francés y que fuera él quien aconsejara a Madre que Gerry debería volver a Inglaterra para completar su educación, algo que el niño no ve con buenos ojos pues teme que, al hacerlo, pierda su afán de curiosidad sobre las cosas. Y es que Gerry ve que sus hermanos y su madre, productos de una educación tradicional, han perdido interés por los misterios de la vida, creyendo saber mucho cuando, en realidad, no saben casi nada.

Y es que, para Gerry, las únicas cosas en la vida que son más importantes que sus actividades científicas, son sus relaciones con sus amigos, y en especial, con sus amigos no humanos, a quienes antropomorfiza dándoles nombres y descubriendo sus personalidades y peculiaridades, al mismo tiempo que se responsabiliza de ellos y les cuida.

Así, tenemos a Roger, el perro familiar, que acompaña a Gerry donde quiera que él vaya y dándole sus opiniones sobre sus descubrimientos, tirando de él cuando las cosas se ponen aburridas y siendo amistoso con otras criaturas cuando se lo pide Gerry, encarnando, de esta forma todas las cualidades de un buen amigo. Luego está Ulises, el búho, quien al principio no parece muy interesado en entablar una amistad con el perro, pero que a la larga decide que Roger puede ser una forma aceptable de transporte, estableciendo una relación que reafirma la tesis de Gerry de que los animales también pueden ser amigos entre ellos y con el ser humano, por lo que toda forma de vida merece tener una atención adecuada y cierta consideración.

Sin embargo, hay otras especies con las que es más difícil establecer esos lazos, por ejemplo, con las urracas Magenpies que, tras destrozar la habitación de Larry, no le quedó otro remedio a Gerry que encerrarlas en una jaula. Algo similar le ocurrió con la gaviota Alecko, aunque él siempre mantuvo limpias sus jaulas y les atendió en todas sus necesidades. Con los hábitats de las tortugas, los peces dorados y las serpientes, tuvo más problemas y, sobre todo, porque entre estos animalitos no se pudo conseguir un acercamiento amistoso, ya que las tortugas comen peces dorados y las serpientes se comen a las otras dos especies, aunque algo tuvo que ver con este fracaso el hecho de que Leslie se encontrase las serpientes en el baño. Y aunque Gerry abogase a favor de sus mascotas, no le queda otra que aceptar que él es el único miembro de su familia dispuesto a responsabilizarse de ellas.

El amor de Gerry por los animales nos brinda algunos de los pasajes más conmovedores de la novela y, sobre todo, al tratarlos con la misma consideración que a las personas, a pesar de que, hoy en día, no estaría bien visto que sacase a las crías de sus nidos o a otros animales de su hábitat natural, pare tenerlos encerrados en su casa.

p01g73q9Gerald Durrell fue el quinto y último hijo de su familia, pues una hermana mayor murió en la infancia. Su padre era ingeniero en la India, aunque la familia se trasladó a Londres antes de que el padre muriera. Al poco tiempo de este hecho, la señora Durrell se trasladó a la isla griega de Corfú con sus hijos Gerald (Gerry), Margo y Leslie, pues Lawrence (Larry) ya vivía allí con su esposa. La familia Durrell abandonó Corfú al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, y en 1943, Gerald sirvió en el ejército trabajando en una granja. En 1947 comenzó a realizar expediciones de recolección de vida silvestre, cuya técnica difería mucho de las practicadas en la época, ya que nunca recolectaba en exceso y no compraba a los recolectores profesionales. Después de casarse con Jacquie, ambos comenzaron a escribir libros para financiar las expediciones de Gerald y la conservación de los animales. A mediados de la década de los cincuenta del pasado siglo, desilusionado con la forma en que trataban a los animales en los zoológicos, Gerald se decidió a abrir el suyo propio, cosa que llevó a cabo el año 1959 en Jersey, un zoológico que pronto se convirtió en pionero en la cría en cautividad de especies en peligro de extinción. Gerald y Jacquie se divorciaron en 1979 y, poco después, se casó con su segunda esposa, Lee McGeorge. Durante la siguiente década lanzó varios grupos de conservación, destacando el Durrell Wildlife Conservation Trust. Gerald Durrell falleció en 1995 después de que su salud comenzara a deteriorarse tras un viaje a Madagascar.

GUÍA DE LECTURA – POESÍA: Oda a la pacificación, de Mario Benedetti

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No sé hasta dónde irán los pacificadores con su ruido metálico de paz
pero hay ciertos corredores de seguros que ya colocan póliza contra la pacificación
y hay quienes reclaman la pena del garrote para los que no quieren ser pacificados.

cuando los pacificadores apuntan por supuesto tiran a pacificar
y a veces hasta pacifican dos pájaros de un tiro.

es claro que siempre hay algún necio que se niega a ser pacificado por la espalda
o algún estúpido que resiste la pacificación a fuego lento

en realidad somos un país tan peculiar
que quién pacifique a los pacificadores un buen pacificador será.

El fino sarcasmo del poeta uruguayo Mario Benedetti está presente en cada uno de los nueve versos de este poema, jugando con la contradicción que supone el eufemismo utilizado por muchos golpistas para hacerse con el control del poder, sobre todo económico (a fin de cuentas, lo único que les interesa), de sus países, triste realidad histórica y actual de Hispanoamérica. Algo que el propio Benedetti sufrió en persona tras el Golpe de Estado y la instauración en su país de una dictadura cívico – militar desde el 27 de junio de 1973 hasta el 1 de marzo de 1985, lo que le llevó al exilio.

En aquellas naciones donde la pobreza es norma y la riqueza es propiedad de unos pocos, el ejército no es el garante de la estabilidad y la defensa del pueblo, por el contrario, al proceder todos sus mandos de las familias oligarcas, el orden que defienden es el de la alta burguesía, la cual, cuando siente en peligro algunos de sus privilegios, no duda en echar manos de las tropas para “pacificar” el país.

Pero lo triste es que también hemos visto, a lo largo de la historia, cómo varias revoluciones que se denominaban populares, una vez alcanzado el poder, se han convertido en otro tipo de tiranía olvidándose de los ideales que les llevaron hasta allí y queriendo perpetuarse en la poltrona hasta convertirse también ellos en opresores.

Por ello, el sarcasmo de Benedetti sabe a amargura y va mucho más allá de una simple ironía, sabe a desengaño, a pérdida de la esperanza y a la dura resignación ante la condición humana. Y es que se da cuenta de que el pueblo no necesita que nadie haga las cosas por “su bien”, no necesita de salvadores ni mesías, que más pronto o más tarde se descubren en su cruda realidad. Y Benedetti lanza su protesta con sonrisa torcida por el dolor de ver cómo se oprime, se tortura y se mata a inocentes en nombre de la paz, tanto en aquellos que se lanzan contra su propio pueblo como esos “pacificadores” que invaden países para imponer la democracia. La democracia no se impone ni se regala, simplemente se consigue entre todos. Imponer democracias es la nueva escusa que disfraza la colonización.

Oda a la pacificación apareció en su poemario Letras de emergencia, escrito entre 1969 y 1973, cuando en Uruguay se abatía una profunda crisis económica, social y política que contrastaba con los años de bonanza y prosperidad vividos en las décadas anteriores cuando se llegó a denominar a este país “la Suiza de América”, pero una necesidad casi absoluta de la inversión extranjera, lo que hacía salir al exterior la mayor parte de los beneficios, quedando el resto en manos de unos pocos, y una dependencia energética completa de terceros países, lo que hacía aumentar la deuda pública, produjo una enorme inflación que abrió mucho más la gran brecha existente en las clases dirigentes y el resto del pueblo, lo que provocó disturbios, revueltas y la aparición de la guerrilla de los “Tupamaros”, algo que los diferentes gobiernos de las décadas de los 50 y 60 no supieron controlar, dejando el paso franco al ejército para llevar a cabo el Golpe de Estado que encontró la resistencia de la mayoría del pueblo, por lo que no dudaron en utilizar la fuerza de las armas, las detenciones masivas, las torturas tanto físicas como psicológicas, las vigilancias permanentes, los exilios, las desapariciones y las muertes. Todo para “restaurar la paz”…

GUÍA DE LECTURA POESÍA: Si me quieres, quiéreme entera, de Dulce María Loynaz

TÍTULO2

Si me quieres, quiéreme entera,
no por zonas de luz o sombra…
Si me quieres, quiéreme negra
y blanca, y gris, verde, y rubia,
y morena…
Quiéreme día,
quiéreme noche…
¡Y madrugada en la ventana abierta!…
Si me quieres, no me recortes:
¡Quiéreme toda… o no me quieras!

El amor se fundamenta en quererse a sí misma, a sí mismo.
Se equivoca quien piensa poder construir grandes edificios sin sólidos cimientos y armazones resistentes, y el amor es una enorme mansión donde se refugian tantas cosas, tantas cosas…
El amor, que nadie se engañe, no es abandonarse, ni dejarse, ni permitir que te vistan de cadenas, que te decoren con muros, que te defiendan con puertas o te acomoden con leyes… el amor no es posesión ni cosifica a las personas.
El amor no es pertenecer, sino permanecer porque así lo quieres.
Un objeto no tiene aliento, ni ánimo, ni voluntad, un objeto se utiliza, se cambia, se abandona… un objeto es simplemente un vacío incapaz de llenar. El amor precisa de esencias, no de objetos, requiere energía, no laxitud, demanda vida, no siembra muerte.
El amor se condiciona a solo dos pronombres aunque abarque el infinito: el tú y el yo… el TÚ y el YO.
Lo otro no es amor, sino simples falacias esgrimidas por almas errantes que no han aprendido a amar… que no han aprendido a amarse.

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Dulce María Loynaz no ruega, no implora, no mendiga amor en este poema. Todo lo contrario. Con su verso delicado, aunque robusto, con su forma directa de exponer el tema, intensa y poco retórica, con sus palabras desnudas, expuestas, a pecho descubierto y sin dobleces ni refugios secretos, exige que se le ame tal cual es, tal como es, y no hay pactos ni concesiones: así, o nada.
La poeta cubana. Premio de Literatura Miguel de Cervantes de 1992, está considerada la máxima exponente del intimismo posmodernista, trabajando siempre, en todos sus diferentes temas, con la misma sencillez de expresión, siendo este, tal vez, el mejor camino para llegar a lo más profundo de las personas que lean sus poemas, por lo que no es extraño que se le considere un mito en aquel rincón del mundo.
Esta sencillez, que podemos comprobar en el poema que nos ocupa, es una herramienta más en sus manos para buscar la poesía pura, esa que no necesita de excesivos oropeles, ni afeites, ni aliños, esa que se sirve así, tal cual, como este pequeño par de versos del Poema LXIII:

¿Y esa luz?
Es tu sombra…

loynaz10Sus palabras, bien elegidas, pretenden hacernos meditar, reflexionar sobre lo que nos sugieren, y las metáforas utilizadas, como en: “Quiéreme día, / quiéreme noche… / ¡Y madrugada en la ventana abierta!…”, son tan cristalinas como el agua limpia de un arroyo.
Loynaz logró imprimir a su poesía una luz cercana, aunque misteriosa, y musicalidad llena de matices y acordes vitales. Pero, sobre todo, personalidad, fuerza y entereza de mujer que se ama y se respeta.

GUÍA DE LECTURA NOVELA: Seda, de Alessandro Baricco, por Ancrugon

65016343_2414702758596420_4274778316893847552_nLeer Seda supone una experiencia breve, aunque intensa, como suele ocurrir con esas pequeñas obras de arte hermosas y fascinantes que, gracias a su sencillez y su grandeza, son capaces de transmitir una emoción tan real y fuerte que es capaz de conmover. Novela de capítulos cortos emulando a los haikus, de los que se inspira en su estructura narrativa y en su esencia estimulante, y rezumando el encanto de las historias místicas capaces de apaciguar el ánimo con su cadencia de escritura hipnótica y repetitiva, es a la vez alegre, juguetona, sincera y triste, a ratos melancólica y, en otros momentos, capaz de arrancarnos una sonrisa.
9788433976598Seda, con su lenguaje conciso, preciso, casi fugaz, no abrevia, sin embargo, en su significado, en su mensaje, por lo que tiene la capacidad de sugerir la libertad suficiente para poder aportar, a los lectores, su propia nostalgia o experiencia o sueño, y es que en muchos casos es infinitamente mejor la puerta abierta de la vaguedad, que los muros cerrados de lo demasiado explícito, sobre todo en la creación artística donde los autores se olvidan con frecuencia de que su obra se culmina con la lectura. Por todo ello, en este mundo literario de volúmenes inmensos donde abundan las páginas totalmente prescindibles, Seda es un soplo de aire fresco.
Seda es la historia de Herve Joncour, un joven francés, felizmente casado con su bella esposa Hélène, que se gana la vida comprando y vendiendo huevos de gusano de seda. Y para obtenerlos debe viajar mucho más allá de su pequeña ciudad de Lavilledieu (La Ciudad de Dios), en un principio hasta Siria o Egipto. Pero una plaga que mata a esos huevos se va extendiendo por occidente, quedando un único lugar libre de ella, Japón. Sin embargo, durante siglos, este país, “isla compuesta por islas”, “había vivido completamente separada del resto de la humanidad, rechazando cualquier contacto con el continente y prohibiendo el acceso a todo extranjero”. Esto no iba a durar. “En julio de 1853 el comandante Matthew C. Perry entró en la bahía de Yokohama con una moderna flota de buques de vapor y entregó a los japoneses un ultimátum en el que se auspiciaba la apertura de la isla a los extranjeros”. De esta forma Perry obtuvo sus concesiones, y los grandes comerciantes su anhelado libre comercio, aunque ello fuese el desencadenante de la guerra civil en Japón.
64780314_2414702768596419_7729117755974090752_nEl caso es que, ante la necesidad de huevos sanos, Herve “cruzó la frontera cerca de Metz, viajó a lo largo de Wurttemberg y Baviera, entró a Austria, llegó en tren a Viena y Budapest, para proseguir después hasta Kiev. Recorrió a caballo dos mil kilómetros de estepa rusa, superó los Urales, entró Siberia, viajó durante cuarenta días hasta llegar al lago Baikal, al que la gente del lugar llamaba mar. Descendió por el curso del río Amur, bordeando la frontera china hasta el océano, se detuvo en el puerto de Sabirk durante once días, hasta que un barco de contrabandistas holandeses lo llevó a Cabo Teraya, en la costa oeste de Japón. A pie, viajando por caminos, atravesó las provincias de Ishikawa, Toyama, Niigata, entró en la de Fukushima y llegó a la ciudad de Shirakawa, la rodeó por el lado este, esperó durante dos días a un hombre vestido de negro que le vendó los ojos y lo llevó hasta una aldea en las colinas, donde permaneció una noche, y a la mañana siguiente negoció la compra de los huevos con un hombre que no hablaba y que llevaba la cara cubierta con un velo de seda, Negra. Quién lo hizo No habló y mantuvo su rostro cubierto con un velo de seda “. Este era el pasaje que se repetía cada vez que Herve regresaba a Japón, como esos viajes iniciáticos y trascendentales que deben repetirse una y otra vez hasta alcanzar la meta. Y es en el lejano Oriente donde la seda se convierte en una historia de amor.
64286215_2414702658596430_4472133799311835136_nLa estructura externa de Seda es la de una novela corta. Segmentada y fragmentaria, dividida en capítulos breves. La estructura interna tiene todos los componentes de una historia mítica, según la estructura de la tradición mitológica clásica: un héroe (Hervé Joncour) realiza un viaje en busca de un objeto de gran valor (los huevos de los gusanos de seda), durante el cual se enfrenta a un poderoso malvado (Hara Kei) y se enamora de una mujer misteriosa y fascinante (la amante de Hara Kei), durante todo este tiempo es aconsejado por un mentor (Baldabiou), así mismo aparece una figura materna (Madame Blanche), y una esposa fiel (Hélène Joncour). El héroe, atendiendo a la llamada de la aventura, hace un viaje a una tierra legendaria en los confines de la tierra, supera grandes contratiempos con enormes sacrificios, salva a su gente y adquiere sabiduría. Su estilo, al igual que en otras obras de Baricco, es rápido y sugestivo, con el uso de oraciones cortas y nominales, con una gran importancia de los silencios y las pausas. Su prosa se torna poética con frecuencia, diluyéndose como la seda entre los dedos, y en sus diálogos se vislumbran discursos dramáticos.
En conclusión, Seda es una novela que debe leerse despacio, degustando y asimilando esas situaciones que pueden parecer absurdas y personajes un tanto irreales, pero que forman un todo repleto de fantasía y sugestión.

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