“Y aún así, me levanto”, de Maya Angelou

Tú puedes escribirme en la historia
con tus amargas, torcidas mentiras,
puedes aventarme al fango
y aún así, como el polvo… me levanto.

¿Mi descaro te molesta?
¿Porqué estás ahí quieto, apesadumbrado?
Porque camino
como si fuera dueña de pozos petroleros
bombeando en la sala de mi casa…

Como lunas y como soles,
con la certeza de las mareas,
como las esperanzas brincando alto,
así… yo me levanto.

¿Me quieres ver destrozada?
cabeza agachada y ojos bajos,
hombros caídos como lágrimas,
debilitados por mi llanto desconsolado.

¿Mi arrogancia te ofende?
No lo tomes tan a pecho,
Porque yo río como si tuviera minas de oro
excavándose en el mismo patio de mi casa.

Puedes dispararme con tus palabras,
puedes herirme con tus ojos,
puedes matarme con tu odio,
y aún así, como el aire, me levanto.

¿Mi sensualidad te molesta?
¿Surge como una sorpresa
que yo baile como si tuviera diamantes
ahí, donde se encuentran mis muslos?

De las barracas de vergüenza de la historia
yo me levanto
desde el pasado enraizado en dolor
yo me levanto
soy un negro océano, amplio e inquieto,
manando
me extiendo, sobre la marea,
dejando atrás noches de temor, de terror,
me levanto,
a un amanecer maravillosamente claro,
me levanto,
brindado los regalos legados por mis ancestros.
Yo soy el sueño y la esperanza del esclavo.
Me levanto.
Me levanto.
Me levanto.

PDF: “Y aún así me levanto”, de Maya Angelou

De Maya Angelou dicen que nació en una familia norteamericana de1 pasado esclavo. Sus antepasados, llevados desde países de África central hasta Estados Unidos, pasaron duros años trabajando de sol a sol en la recolección de algodón. Y sin embargo,  su abuela, Annie Henderson, fue una de esas increíbles excepciones que durante la Gran Depresión consiguió, pese a ser afroamericana, prosperar económicamente. Hija de un matrimonio roto, vivió bajo los abusos sexuales de su padrastro hasta que este fue asesinado, probablemente, por su propia familia. Tras varios traslados a lo largo y ancho de Norteamérica, Maya Angelou comenzó una militancia activa durante los años cincuenta y sesenta en el Movimiento por los Derechos Civiles, junto a Martin Luther King y Malcom X (ambos asesinados por segregacionistas blancos). Durante su adolescencia, trabajó de camarera, de prostituta, de bailarina en clubes nocturnos y de cantante. Per Angelou consiguió superar los escollos y marchó, como periodista, a cubrir los procesos de descolonización de Egipto y Ghana. En 1982 consigue una plaza de profesora en la Universidad de Winstom-Salem, en Carolina del Norte. Sus autobiografías y poemas fueron enormemente celebrados, como una muestra de la resistencia frente a la opresión a la que eran sometidas las personas de raza negra en Estados Unidos, y se convirtió en una de sus principales portavoces.

Aunque su prosa ha sido más estudiada y aclamada que su poesía, 2algunas de sus composiciones en verso han llegado a ser verdaderos himnos para la comunidad afroamericana. “Y aún así, me levanto” es uno de ellos. Probablemente, su poema más conocido y traducido, más leído  y recitado. Un grito ante la insumisión, una bocanada de aire y, a la vez, un alegato a favor de la resistencia: Tú puedes escribirme en la historia /con tus amargas, torcidas mentiras,/ puedes aventarme al lodo / y aún así, como el polvo… me levanto”.

Maya Angelou resume en estos versos su militancia y su pensamiento, las creencias por las que luchó durante toda su vida contra xenófobos y homófobos de todos los rincones del mundo. A ellos, les lanza unas preguntas que apuntan directamente a sus carencias que les obligan a refugiarse en ideologías retrógradas: “¿Mi descaro te molesta?/ ¿Porqué estás ahí quieto, apesadumbrado?/ Porque camino
como si fuera dueña de pozos petroleros/ bombeando en la sala de mi 3casa…”. Y tras cada una de ellas, un grito que es una forma de rebelión: “Como lunas y como soles,/ con la certeza de las mareas, /como las esperanzas brincando alto, / así… yo me levanto”. Su ánimo no decae pese a las trabas a las que es sometida, porque siempre queda la risa y la felicidad frente a las injusticias: ¿Me quieres ver destrozada? / cabeza agachada y ojos bajos, / hombros caídos como lágrimas, / debilitados por mi llanto desconsolado. // ¿Mi arrogancia te ofende? / No lo tomes tan a pecho, / Porque yo río como si tuviera minas de oro / excavándose en el mismo patio de mi casa”. Ese y aún así yo me levanto aparece a lo largo del poema como un leitmotiv que se repite y resuena como un eco que invita a sumarse a la lucha por la igualdad: “Puedes dispararme con tus palabras, / puedes herirme con tus ojos, / puedes matarme con tu odio, / y aún así, como el aire, me levanto. // ¿Mi sensualidad te molesta? / ¿Surge como una sorpresa / que yo baile como si tuviera diamantes / ahí, donde se encuentran mis muslos?”.

Hacia el final, el poema redunda en estos ecos y transita las vergüenzas del pasado y del presente, a la vez que se abre hacia las reivindicaciones que han ido apareciendo a lo largo de los versos anteriores: “De las barracas de vergüenza de la historia / yo me levanto / desde el pasado enraizado en dolor / yo me levanto / soy un negro océano, / amplio e inquieto, / manando / me extiendo, sobre la marea, / dejando atrás noches de temor, de terror, / me levanto, / a un amanecer maravillosamente claro, / me levanto, / brindado los regalos legados por mis ancestros”. Y de nuevo, en los últimos versos, gritan las mismas voces que acaban resonando en nuestros oídos una vez finaliza el poema: “Yo soy el sueño y la esperanza del esclavo. / Me levanto. / Me levanto. / Me levanto”. Seguimos.

P.E. 1: Maya Angelou recitando “Still I rise” (Y aún así me levanto):

EN TORNO A LA LECTURA: Mitología vasca en El guardián invisible.

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eguskiloreEl misterio que envuelve al propio origen del pueblo vasco y a la peculiaridad de su cultura, cuyo idioma ya es un verdadero dilema, lo convierten en sí mismo en una nación casi mitológica. Sus antiguas creencias que, a pesar de la presiones del cristianismo y de otras influencias culturales o filosóficas que puedan haberla modificado en alguna forma en el transcurso del tiempo, se mantienen en su materia básica, la cual viene, probablemente, de épocas tan lejanas como el Neolítico, y sigue siendo fiel a aquellos principios de convivencia y entendimiento con la naturaleza que le caracteriza, por ello, no nos debe extrañar que todos los seres que pueblan su mitología están en estrecha relación con las montañas, los bosques, ríos, cavernas y todo aquellos elementos que formaban el mundo donde ellos habitaban.

         Al igual que otras culturas prehistóricas, la vasca se basa también en el culto a los cuatro elementos: el fuego, la tierra, el aire y el agua, aunque tiene dos singularidades que la particularizan: su antigua religión era de carácter ctónico, es decir, sus dioses o espíritus procedían del inframundo, del interior de la Tierra, en oposición a aquellas otras cuyas deidades eran celestes. Y la segunda particularidad es el carácter femenino de sus dioses: Mari, diosa de la Tierra (Lurra); Eguzki Amandrea, diosa del Sol (Eguzki); Ilargi Amandre, diosa de la Luna (Ilargi)… En la Prehistoria, los antiguos vascos creían que cuando el sol o la luna se escondían por el horizonte era para dar una vuelta por el interior de la tierra, la cual imaginaban plana e infinita.

         Entre las páginas 124 y 128 de “El guardián invisible”, Dolores Redondo nos explica, por boca de Ros, una de las hermanas de la inspectora Amaia, algo de las creencias ancestrales de la cultura vasca:

“… un basajaun es una criatura real, un homínido que mide unos dos metros y medio de alto, con anchas espaldas, una larga melena y bastante pelo por todo el cuerpo. Habita en los bosques, de los que forma parte y en los que actúa como entidad protectora. Según las leyendas, cuida de que el equilibrio del bosque se mantenga intacto. Y aunque no se prodiga demasiado, solía ser amistoso con los humanos. Por la noche, mientras los pastorees dormían, el basajaun vigilaba las ovejas desde la distancia y, si se acercaba el lobo, despertaba a los pastores con fuertes silbidos que componían todo un idioma y eran audibles a varios kilómetros de distancia. También solían avisarlos desde los cerros más altos cuando se aproximaba una tormenta, para que los pastores tuvieran tiempo de poner el rebaño a salvo en las cuevas cercanas. Y los pastores se lo agradecían dejando sobre una roca o en la entrada de una cueva algo de pan, queso, nueces o leche de las mismas ovejas, ya que el basajaun no come carne…”

         A lo que Amaia, educada en el escepticismo de la búsqueda minuciosa de pistas y relaciones lógicas entre las cosas, le responde:

“Mitología (…) Sólo para paletos crédulos.

         Sin embargo, no tardará en verse envuelta, por un motivo u otro, en todo este universo misterioso y mágicos que le irá atrapando mucho más de lo que ella se imagina.

Pero comencemos a aclarar los conceptos y primero nos preguntaremos, ¿qué es la Mitología?…

El análisis etimológico de la palabra “mitología” nos indica que procede del latín “mythologia”, el cual, a su vez, derivaba de las palabras griegas “μῦθος” y “λόγος”, pudiéndose traducir la primera como “relato tradicional” o “relato fantástico”, y la segunda como “estudio” o “explicación”, lo que nos daría: “estudio de los relatos tradicionales o fantásticos”.

Los mitos son las explicaciones que los antiguos supieron darle a los fenómenos de la naturaleza que se les escapaba a su entendimiento, ya que carecían de la lógica científica suficiente para poderlos entender, surgiendo, de este modo, una relación con lo sagrado, lo inexplicable que, gracias a la tradición y a la transmisión entre generaciones de esos mismos mitos evolucionados de leyendas a historias “verdaderas” y “reveladas” por las propias divinidades, se convirtieron en religiones y sus personajes en dioses o seres con poderes mágicos.

         Nuestros antepasados adoraban, como ya hemos dicho, al sol, a la luna, al fuego, y a un largo etcétera de astros, objetos, elementos, animales, plantas y fenómenos naturales de todo tipo a los que denominaban con nombres diferentes según sus lenguas y culturas, así, en la antigua cultura egipcia, “Ra” era el dios Sol, el origen de la vida en la Tierra, mientras “Osiris” representaba a la fertilidad y la resurrección, o “Maat”, hija de “Ra”, era la diosa de la justicia, e “Isis”, de la maternidad… Y así con griegos, romanos, germanos, persas, mayas, y todo el resto de pueblos y razas del planeta. Por lo tanto, no nos debe extrañar en absoluto que el pueblo vasco, tal vez el de mayor antigüedad entre los que ocupamos la Península Ibérica, pues su permanencia en aquellas tierras viene, posiblemente, desde el Neolítico, y con toda seguridad, uno de los que mejor conserva sus tradiciones ancestrales, tenga su “Olimpo” particular de dioses y seres mágicos que componen su propia mitología.

          800px-euskal_jainkoen_familiaEn este caso, la mitología vasca es la única de las existentes en la Península que posee seres considerados dioses, los cuales presentan diversas coincidencias con otras mitologías existentes, pero la dificultad que se encuentra a la hora de realizar algún estudio sobre ella es que, a diferencia de la griega o romana, por ejemplo, en la mitología vasca no se encuentran documentos escritos, sino que es plenamente de transmisión oral, la cual fue recogida, principalmente, por dos insignes estudiosos del folklore vasco, me refiero a José Miguel Barandiarán y Julio Caro Baroja, aunque siempre con el inconveniente que representa las diferentes versiones particulares de cada narrador.

Con la llegada del cristianismo se intentó erradicar estas creencias y, al mismo tiempo que se iban sustituyendo, o en muchas ocasiones mimetizando, todas las celebraciones e imaginería pagana por las oficiales, se perseguía a aquellas personas acusadas de brujería, como ocurrió en Zugarramurdi o en el país vasco francés. Sin embargo, a pesar de todas las presiones, el pueblo vasco siempre ha sabido defender sus raíces, en las que tienen un lugar primordial su cultura y sus tradiciones.

En El guardián invisible se hace referencia a varios de estos mitos: Mari, Olentzero, Basajaun, Eguzkilore, Sorginak, Belagile, de ellos hablaremos, pero debo dejar constancia que la lista es todavía mucho más larga: Maju o Sugar, que es el esposo de Mari, con quien tuvo dos hijos, uno malo, Mikelatz, y otro bueno, Atarrabi; Urtzi, quien parece ser algo similar al Júpiter romano; Lamiak, un hada, ninfa o, incluso, sirena; Mairuak, el constructor de los círculos de piedras o crómlechs; Tartalo, el cíclope antropomorfo y antropófago de las montañas; los duendecillos del bosque, Iratxoak; los duendes de la casa, Mamarro, o los Jentiliak, los legendarios habitantes de las tierras altas.

Pero vayamos por partes…

baxajaunAl inicio hemos copiado literalmente la explicación de Ros sobre el Basajaun, “el señor del bosque”, un genio que habita en las profundidades del bosque o en las cuevas de las montañas. Su estatura es muy elevada, más de dos metros, tiene el cuerpo totalmente cubierto de pelo y una melena muy larga, por lo que se le denomina también el “Yeti Vasco”, y sus dos pies son diferentes, pues mientras uno es similar al humano, el otro es como un casco de caballo. Su misión es la de cuidar y conservar la naturaleza, por lo que también protege los rebaños avisando a los pastores sobre cualquier peligro. A pesar de su envergadura, posee gran agilidad y fuerza, así como una curiosa maestría con la manipulación de los metales, la arquitectura y la agricultura, por lo que sus secretos eran codiciados por los primeros agricultores de la zona, como Martin Txiki quien, según la tradición, le robó esos secretos y se los comunicó a los humanos. Su hábitat no se limita a la zona vasco-navarra, sino que se extiende por toda la cordillera pirenaica, aunque con nombres diferentes según la zona, pero su tradición es más fuerte en los bosques de Gorbea, Irati y Ataun. A su pareja de sexo femenino se le llama Basandere, “la señora del bosque”. Algunos paleontólogos han querido ver en este mito, al igual que en los seres similares como ogros, yetis o trolls, de otras culturas, la imagen de los neanderthales que convivieron con nuestros antepasados y cuya memoria ha ido pasando a través de generaciones hasta nuestros días. Amaia, a pesar de su posición escéptica, cree, durante el curso de la novela, haber tenido alguna especie de contacto con este ser en las espesuras del bosque, por lo que su indiferencia inicial ante las creencias de su pueblo va evolucionando hacia la duda y a una predisposición más abierta para creer.

Volvamos a las palabras de Ros, ahora en su definición de Mari:

mari“…Ella vive en las cuevas y en los riscos, siempre en lo alto de los montes. Mari aparece mucho antes del cristianismo, simboliza la madre naturaleza y el poder telúrico. Es la que protege las cosechas y los partos del ganado, y la que propicia la fecundidad no sólo de la tierra y el ganado, sino también de las familias. Un genio, una señora de la naturaleza y, para algunos, un espíritu telúrico y antojadizo capaz de tomar cualquier forma de la naturaleza, una roca, una rama, un árbol, que siempre recuerdan un poco a su forma de mujer, la forma que más le gusta: la de una dama hermosa y elegantemente vestida, como una reina. Así se presenta, y nunca sabes que es ella hasta que se ha ido. (…) Tiene muchas casas, se desplaza volando desde Aia hasta Amboto, desde Txindoki hasta aquí. Vive en lugares que por fuera parecen peñas, riscos o cuevas, pero que a través de pasadizos secretos conducen a sus aposentos, lujosos y majestuosos, repletos de riquezas. Si quieres un favor de ella, debes ir hasta la entrada de su cueva y depositar allí una ofrenda. Y si lo que quieres es tener un hijo, hay un lugar con una roca en forma de dama en la que a veces Mari se encarna para vigilar el camino. Debes ir hasta allí y poner sobre la roca un canto que habrás llevado contigo desde la puerta de tu casa. Después de depositar tu ofrenda debes alejarte sin volverte, caminando hacia atrás hasta que no puedas ver la roca o la entrada de la cueva…”

Lo cierto es que Mari era considerada como una divinidad central, con el máximo poder de crear o destruir, pero siempre de un modo ético. Vivía en grutas, cuyos tesoros eran custodiados por los Zezengorri, toros salvajes de color rojizo, y estaba casada con Sugar o Maju, quien también era capaz de cambiar de forma, aunque normalmente se le representaba como una serpiente, él poseía sus propias cuevas, y cuando se juntaba con Mari en alguna cumbre sagrada, de normal un viernes por la noche, se producían grandes tormentas, eran las noches de aquelarres… De su unión nacieron dos hijos: Mikelatz, el hijo infame, y Atarrabi, el virtuoso. Cuando Mari viajaba al monte Amboto era época de lluvias, sin embargo, cuando lo hacía al Aloña, era de sequía.

Desde la página 252 a la 257, Amaia tiene un encuentro en la montaña que le va a llenar de confusión…

olentzeroEn otro momento de la novela también se nombra al Olentzero, este es un carbonero bastante peculiar, pues en la noche del solsticio de invierno se desplazaba cargado con un gran saco desde su cabaña hasta las casas de todos los pueblos, entraba por las chimeneas, cuyos humeros habían sido limpiados bien por los habitantes de las mismas, y, tras calentarse un poquito, les dejaba regalos si se habían portado bien, o carbón, si habían sido malos; tras la llegada del cristianismo, este personaje comenzó a salir en Nochebuena con la misión de llevar a todos los hogares la Buena Nueva del nacimiento del Niño Jesús y ocupando el lugar, en Guipúzcoa y al norte de Navarra, de Papá Noel. En muchos pueblos se celebra su llegada con hogueras en la que queman un muñeco y con los niños disfrazados como él pidiendo regalos por las casas.

eguzkiloreEl Eguzkilore es una flor protectora que durante siglos se ha encargado de defender del mal las casas de los vascos. Es la llamada “flor del sol” probablemente a causa de su forma, y se trata de la flor del cardo silvestre, también llamada carlina acaulis, que se coloca en las puertas de las casas para ahuyentar a los peligros. Según una leyenda, las Lamias (seres mitológicos cuya mitad superior es una bella mujer y la inferior, la de un animal, desde una gallina hasta un pez), se acercaban a los pueblos, amparadas por la oscuridad de la noche, con la intención de robar niños, pero la gente colgaba estas flores en la puerta y solamente podían entrar si eran capaces de decir cuántos pétalos tenían. Como las Lamias no sabían contar, siempre se equivocaban y así pasaban toda la noche intentándolo, hasta que aparecía el sol y tenían que huir.

tumblr_inline_mwdbc3zanc1spdqtbLas Sorginas o Sorginak son las brujas, aunque en ocasiones ejercen de ayudantes de Mari y están encargadas de castigar a los mentirosos. Suelen reunirse los viernes por las noches en la eperlanda, o campo del “macho cabrío”, como se denomina al Diablo, para celebrar un aquelarre e invocar a Lucifer mediante ritos donde se mezclan la magia y el sexo, el alcohol y la música. Se las considera de naturaleza maligna, con muchos poderes mágicos, incluso el de volar, y el de crear venenos y ungüentos prodigiosos, y se les echa la culpa de todos los males que puedan ocurrir, desde la destrucción de las cosechas, una muerte o incluso el hundimiento de un barco, sin embargo, esta visión parece ser la impuesta por la Iglesia, siendo en realidad mujeres que conocían las cualidades de las plantas con la preparaban todo tipo de pócimas y que tenían algún don especial. Durante mucho tiempo fueron perseguidas, como en el caso de las mujeres de Zugarramurdi.

Y para concluir por este pequeño recorrido de la mitología vasca de la mano de Dolores Redondo en su novela El guardián invisible, no he encontrado nada mejor que hacerlo con las palabras de uno de sus personajes, en concreto el subinspector Jonan:

“… Hace cien años, ciento cincuenta a lo sumo, era raro encontrar a alguien que declarase no creer en brujas, sorguiñas, belagiles ,basajaun, tartalo y, sobre todo, en Mari, la diosa, genio, madre, la protectora de las cosechas y los ganados que a capricho hacía tronar el cielo y caer granizos que sumían al pueblo en la más terrible de las hambrunas. Llegó un punto en la que había más gente que creía en las brujas que en la Santísima Trinidad, y eso no escapaba a la Iglesia, que veía cómo sus fieles, al salir de misa, seguían observando los antiguos rituales que habían formado parte de las vidas de las familias desde tiempo inmemorial. Y fueron obsesos medio enfermos como el inquisidor de Bayona, Pier de Lancré, los que emprendieron la guerra sin cuartel contra las antiguas creencias, consiguiendo con su locura el efecto contrario. Lo que siempre había formado parte de las creencias de la gente se convirtió de pronto en algo maldito, perseguible, objeto de denuncias absurdas motivadas la mayoría de las veces por la creencia de que quien colaboraba con la Inquisición se veía libre de sospecha. Pero antes de llegar a esa locura la antigua religión había formado parte de los moradores del Pirineo durante cientos de años sin causar ningún problema, incluso convivió con el cristianismo sin mayores complicaciones, hasta que la intolerancia y la locura hicieron su aparición. Creo que recuperar algunos valores del pasado no vendría mal a nuestra sociedad.

lamia

EN TORNO A LA LECTURA: Borges y la realidad.

EN TORNO A LA LECTURA: Borges y la realidad Descarga en PDF

123Es natural que lo real sea más extraño que lo imaginado, ya que lo imaginado procede de nosotros, mientras que lo real procede de una imaginación infinita, la de Dios.

Chersterton

El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente es real; yo, desgraciadamente, soy Borges.

Jorge Luis Borges

Borges solía escribir a mano, con su letra diminuta, en cuadernos cuadriculados, llenándolos de anotaciones al margen, tachaduras negrísimas y símbolos tipográficos o geométricos, aunque a veces lo hacía sobre papel de contabilidad, con sus columnas para el “debe” y el “haber”, e incluso en hojas en blanco, sin líneas, donde sus renglones caían irremisiblemente hacia la derecha. Su método era el llamado de acumulación, es decir, escribía un texto en el cual, a lo largo del tiempo, iba quitando o agregando detalles que, en ningún caso, parecían definitivos. Es complicado saber si una obra suya es fiel a la primera idea porque puede haber sido transformada por él a lo largo de sus diferentes correcciones. Y es que Borges no pretendía describir la realidad pues no creía que ella existiese como tal, ya que cada persona construye su propia versión que va mudando según sus experiencias. Entonces, ¿dónde está la frontera entre realidad y ficción?…

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Borges ve la realidad como algo meramente ideológico que no tiene por qué coincidir con la verdad, ni con la memoria, ni tan siquiera con la vida, por lo los límites no están nada claros entre la soñado o lo vivido y en la mayoría de sus escritos la realidad y la fantasía se yuxtaponen y, afirma el propio autor, la realidad es ficción y se estructura como tal. Por ello, a la hora de leer uno de sus cuentos, por ejemplo, no debemos hacerlo desde la perspectiva de lo real, sino dejarnos llevar por la estructura de ficción que él nos ha planteado y disfrutar de la realidad que ha inventado para nosotros, pues, a fin de cuenta, nosotros, los lectores estamos hechos de la misma materia que sus personajes: ¿cuánto hay de realidad y de ensoñación o deseo en nuestras vidas?…

Borges nos invita, cuando leemos su obra, a crear nuestro propio mundo a partir del material que él nos aporta, de hecho, cada uno parece que hemos leído una obra diferente, y eso es a causa de que cada lector participa con sus propias experiencias y reescribe una nueva historia. Aún podría ir más lejos y afirmar que de un mismo cuento, en sucesivas lecturas, podríamos sacar diferentes conclusiones porque nuestra perspectiva de la vida va cambiando a medida que nos vamos modelando a base del barro de la experimentación.

A veces la ficción y la realidad se confunden con el texto dentro del texto, o con personajes que se leen a sí mismos y que desafían al otro de carne y hueso sumiéndonos en la confusión a causa de esta interrelación subjetiva, y Borges actúa entonces como un Dios menor que tiene el poder supremo sobre el devenir de las vidas de sus personajes, un ser omnipotente que incluso nos llega a confundir a los personajes de carne y hueso que somos nosotros que, sin darnos cuenta, hemos entrado en su juego de palabras y signos hasta perdernos en el laberinto. Y es que, para llegar a entenderlo, hemos tenido que abandonar nuestras estructuras cotidianas de pensamiento y aceptar las reglas que él nos propone, de lo contrario nada tiene sentido.

borges¿Y por qué ocurre eso?, os preguntaréis, pues Borges también nos da la respuesta: El caso es que siendo mentes pensantes supuestamente superiores a todos los seres que nos rodean, los humanos tendemos a la pereza intelectual y pretendemos simplificarlo todo, hacer del cuadro complejo de la existencia un simple boceto con cuatro trazos, y todo lo demás entra dentro de lo misterioso, lo tenebroso, lo otro… Sin embargo, nuestras mentes muchas veces se rebelan y van más allá; alucinan, decimos. Sin embargo, tanta experiencia aporta a nuestras vidas un acto soñado como uno real, pues ambos los hemos vivido. Y es aquí donde radica muchas veces la dificultad en la lectura de Borges, en nuestra simplicidad de esquemas, en que cuando cogemos uno de sus cuentos, buscamos desesperadamente los trazos y huimos de las manchas de color.

En todo relato se contraponen dos mundos, como mínimo, el del personaje y el del lector, pero lo que busca Borges es que esa frontera se rompa, y el lector entre en el libro y el personaje en nuestras vidas pues, ¿quién puede asegurarnos que nosotros mismos no seamos los protagonistas de otra historia escrita por un autor más grande?… Y cuando cogemos un libro, lo que pretendemos es evadirnos de lo cotidiano, la rutina de nuestra existencia, pero para que ello pueda ocurrir debemos dejar abiertas las puertas de la imaginación.

Por ejemplo, en el cuento “Las ruinas circulares”, se relata la historia de un mago que sueña a un hombre igual a él, hecho a su imagen y semejanza, el reflejo en el espejo. Una vez soñado, o creado, lo envía al mundo donde cree que, al ser una entidad soñada nada le podrá afectar ni hacer daño, sin embargo, cuando el mago se encuentra en el centro de las ruinas circulares, a punto de ser devorado por el fuego, tiene miedo de que al ser él destruido, también lo será su ser soñado, pero el fuego circular tampoco le alcanza a él porque el mago también era un sueño que otro estaba soñando, Borges, su creador.

¿Es entonces el mundo una mentira?… ¿Es todo un sueño?… Esto es algo que Borges se pregunta con insistencia en muchos de sus cuentos y por ello le aterra la ambigüedad de la imagen en el espejo, como en “El sur”, donde Juan Dahlmann es el espejo en el que se refleja la muerte de aquél que él mató, y todo debe desarrollarse, de forma inevitable, igual, pero al contrario. Y así, cuando los dos personajes se miran, ambos comprenden sus mutuos anhelos y la suerte debe cumplirse de forma fatídica.

Sin darnos cuenta, en una búsqueda metafórica de nuestras particulares piedras filosofales, todos andamos perdidos por los laberintos de la vida, todos vivimos una existencia más soñada que real, más llena de deseos y recuerdos que de presentes y acciones, y esto lo refleja Borges perfectamente con sus historias, pero en ocasiones las palabras son insuficientes para explicar correctamente toda esta maraña, por lo que Borges utiliza además símbolos sobre la vida que, aunque parezca lo contrario, lo hace todo más real.

“El mundo es una elemental alucinación.”

Borges

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GUÍA DE LECTURA: Artificios (Segunda parte de Ficciones), de Jorge Luis Borges

GUÍA DE LECTURA: Artificios (Segunda parte de Ficciones), de Jorge Luis Borges

9788499089508En esta ocasión la guía de lectura se va a referir a una parte de la obra propuesta y no a su totalidad, como es la costumbre, debido a la dificultad de comprensión que para nuestros lectores puede resultar este libro de Jorge Luis Borges.

Borges fue uno de los escritores más eruditos del siglo XX, cuyo lenguaje rayaba la perfección y cuyas creaciones sobrepasaban la originalidad común, creando con su obra una mitología propia y erigiendo alrededor de su propia persona un mundo de ficción que se confunde con la misma realidad, llegando muchas veces a confundir de tal manera que no se sabe ciertamente si lo que nos está contando lo vivió de verdad o era pura invención. Su riqueza de vocabulario es a veces abrumadora para el común de los mortales y sus laberintos lógicos, repletos de bestiarios lógicos, disquisiciones filosóficas, juegos de lógica geométrica y la fantasía de su realidad, sobrepasa lo racional, por lo que es necesario un esfuerzo extra si se quiere llegar a su completa comprensión. Pero sobre su persona y amplia obra hablaremos en otro próximo artículo.

Por otra parte, Ficciones, la obra que nos ocupa, es una colección de cuentos publicada en 1944 y compuesta en dos partes con sus respectivos prólogos realizados por el propio autor: El jardín de senderos que se bifurcan, dividida a su vez en ocho relatos, y Artificios, con nueve cuentos. Nosotros nos centraremos en esta última, pero antes indaguemos un poco sobre las peculiaridades de Borges como como cuentista.

Funes-el-MemoriosoEn el microcosmos de Borges la realidad y el sueño se confunden, incluso llegan a ser dos caras de una misma moneda. “El mundo es tal vez el bosquejo rudimentario de algún dios infantil, que lo abandonó a medio hacer, avergonzado de su ejecución deficiente; es obra de un dios subalterno, de quien los dioses superiores se burlan; es la confusa producción de una divinidad decrépita y jubilada, que ya se ha muerto.” De esta afirmación de Hume parte Borges para utilizar la filosofía y la teología como herramientas singulares y mágicas con una elevada carga estética, para crear su universo de ficción como medio de introducción en el esquema divino de la creación porque, pensaba que, a fin de cuentas, un coordinador de palabras también es un creador de mundos. Así pues, sus cuentos suelen basarse en hipótesis metafísicas que fue adquiriendo en sus muchos años de lecturas y estudio de la filosofía y las religiones, sobre sus cimientos más o menos razonados o más o menos mitológicos se diseña la arquitectura de sus cuentos, en cuyos argumentos podemos observar cómo se mantiene una estrecha relación los sucesos individuales, particulares y palpables de los personajes, con la intención alegórica de ir más allá, hacia lo universal y la abstracción. Lo concreto se llena de un valor genérico, por lo que es frecuente la aparición de símbolos, referencias o entes míticos que trascienden lo real para deslizarse a lo onírico. Y es que el hombre es incapaz de percibir la esencia de lo que le rodea y por ello siempre ha inventado una realidad particular que pueda explicarlo: las religiones, los mitos… Y de esta materia se nutren las narraciones de Borges.

la forma de la espadaVolviendo a Ficciones, en verdad la primera parte, El jardín de senderos que se bifurcan, publicada en 1941, es bastante complicada, sin embargo, contiene en sus cuentos un virtuoso despliegue de la genialidad de su autor y en todas sus líneas van apareciendo las diferentes obsesiones borgianas, desde su pavor a los espejos hasta su devoción por los libros, pasando por los laberintos, el tiempo, el ajedrez, la muerte, la memoria…, aderezado todo ello con una profusión de citas, referencias y un constante despliegue de su sabiduría, por todo esto, aunque ahora pasemos por encima, no descartéis leerlos algún día, cuando os sintáis preparados para hacerlo, sin prisas, porque a Borges hay que leerlo con los cinco sentidos.

Los nueve cuentos que componen Artificios son bastante más asequibles, y aunque en ellos aparecen los mismos temas anteriores, pues Borges repite sus obsesiones en toda su obra, encontramos unos personajes más concretos, unos problemas menos abstractos y un estilo más directo, sin tantas referencias intelectuales ni un universo tan laberíntico. Veamos cada uno por separado.

Funes el memorioso es, según el propio autor, “una larga metáfora del insomnio” y trata de Ireneo Funes, un muchacho uruguayo, vecino de la ciudad de Fray Bentos, donde lo conoce un estudiante cuando era un niño y tenía la destreza de saber siempre la hora exacta sin necesidad de un reloj. A los diecinueve años sufre un accidente que le dejó postrado de por vida, sin embargo, lo más curioso fue que, al recobrar el conocimiento, era poseedor de una memoria prodigiosa capaz de recordarlo todo, aunque hubiese pasado mucho tiempo: “Más recuerdos tengo yo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo.” Eso se debía a que sufría una hipermnesia, un incremento del conjunto de recuerdos que no se borran nunca, a causa de su incapacidad de conciliar el sueño y, por lo tanto, sus recuerdos no se eliminaban nunca, por lo que toda su mente era un mero almacén de evocaciones lo que le incapacitaba para pensar y razonar debidamente, empleando su tiempo en buscar formas de archivarlas, como cuando decide crear un sistema de numeración en el que a cada número le correspondía una cosa, un proyecto que tuvo que abandonar ya que era interminable.

La-Muerte-y-la-BrújulaEn La forma de la espada el protagonista, un misterioso personaje conocido como “El Inglés”, quien ostenta una enorme cicatriz en su rostro, cuenta la historia de la misma a otro hombre que tuvo que hospedarse en la estancia “La Colorada” a causa de una tormenta, una narración de final inesperado sobre la guerra y la cobardía.

En Tema del traidor y del héroe hay un paralelismo entre la muerte de Julio César, el Macbeth de Shakespeare, que había traducido al gaélico uno de sus seguidores más fervientes, Alexander Nolan, y la del revolucionario independentista irlandés Fergus Kilpatrick, quien días antes había firmado la ejecución de un traidor, pero Nolan descubre algo inesperado y esa ejecución se llevará a cabo como si de una obra de teatro se tratase. Con una adaptación sobre este cuento Bernardo Bertolucci dirigiría, en 1970, la película La estrategia de la araña.

La muerte y la brújula es una historia de investigación policial a cargo del detective Lönnrot y el comisario Treviranus sobre una serie de crímenes que tienen una estrecha relación entre sí: ocurren cada tres meses, en un punto cardinal distinto, a idéntica distancia uno de otro y en todos aparece una inscripción que vincula el hecho a la letra de un nombre. Tras el tercero, cuyo cadáver no es encontrado, se piensa que ya no habrá un cuarto porque las localizaciones forman un triángulo equilátero, una figura perfecta. Sin embargo, gracias al simbolismo de la religión judía, el inspector descubrirá un final imprevisto.

Tres versiones de Judas es una rehabilitación de Judas Iscariote justificando sus actos. La acción transcurre a principios del siglo XX en Lund, una de las ciudades más antiguas de Suecia y su protagonista es un miembro de la Unión Evangélica Nacional.

El fin trata de la muerte de Martín Fierro, el gaucho héroe del poema narrativo compuesto por José Hernández en 1872, vista por Recabarren, su asesino, para vengar la muerte de su hermano. Esa pelea marca el final de un contrapunto de guitarra prolongado durante mucho tiempo por el negro Recabarren en la pulpería donde parece esperar a alguien.

La secta del Fénix es la historia de una hermandad que está presente en todas partes, pero cuyos miembros son completamente desconocidos y la cual tiene un único rito: el Secreto, por lo que cualquiera puede haber pertenecido, o pertenecer a ella, sin saberlo o sin quererlo saber porque les avergüenza reconocerlo.

Y por último El Sur, su mejor cuento, según afirmaba el propio Borges, cuyo protagonista es el secretario de una biblioteca municipal de Buenos Aires llamado Juan Dahlmann quien, a pesar de su apellido germánico, era un ferviente nacionalista argentino y soñaba con una muerte romántica, como les ocurrió a algunos de sus antepasados. Un día se da un fuerte golpe en la cabeza con un batiente olvidado de cerrar, lo que le causó un fuerte traumatismo que le puso al borde de la muerte en un hospital. Hasta aquí todo más o menos normal, pero a partir de este momento Dahlmann aparece en la historia en dos lugares a la vez: el sanatorio y de camino hacia el Sur, donde su familia tiene una estancia y allí…

No quiero adelantar ningún final, eso os corresponde a vosotros y vosotras descubrirlo porque, a pesar de que en un principio os resulte lento y trabajoso ir desentrañando todo lo que estos cuentos encierran en sí mismos, mucho más de lo que a primera vista parece, os aseguro que vale la pena, pues va a ser difícil que encontréis una prosa tan rica y tan bien desarrollada como la de Borges y ya no digamos del universo tan amplio y maravilloso que abre ante nosotros. Adelante pues…

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“El crimen fue en Granada”, de Antonio Machado

Autor: Raúl Molina

PDF: ‘El crimen fue en Granada’, de Antonio Machado

A Federico García Lorca

I
EL CRIMEN
Se le vio, caminando entre fusiles
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas, de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle a la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Muerto cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas—.
… Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, ¡en su Granada!…

II
EL POETA Y LA MUERTE
Se le vio caminar solo con Ella,
sin miedo a su guadaña.
—Ya el sol en torre y torre; los martillos
en yunque, yunque y yunque de las fraguas—.
Hablaba Federico,
requebrando a la Muerte. Ella escuchaba.
«Porque ayer en mi verso, compañera,
sonaba el eco de tus secas palmas,
y diste el hielo a mi cantar, y el filo
a mi tragedia de tu hoz de plata,
te cantaré la carne que no tienes,
los ojos que te faltan,
tus cabellos que el viento sacudía,
los rojos labios donde te besaban…
Hoy como ayer, gitana, muerte mía,
qué bien contigo a solas,
por estos aires de Granada, ¡mi Granada!»

III
Se les vio caminar…
Labrad, amigos,
de piedra y sueño, en el Alhambra,
un túmulo al poeta,
sobre una fuente donde llore el agua,
y eternamente diga:
el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!

La Guerra Civil es el gran lunar del siglo XX en España. Por sus consecuencias, por la sangre que se derramó, por quienes tuvieron que cruzar fronteras, por todas las historias truncadas…

El escritor

La de Antonio Machado fue una de ellas: perseguido por el ejércitoAntonio Machado Nacional, huyó junto a su anciana madre desde Rocafort (Valencia) hacia la frontera con Francia siguiendo los embarrados y peligrosos caminos del litoral valenciano en un invierno frío y gris. Junto a miles de españoles, entre quienes se encontraba el también poeta Carles Riba, el novelista Corpus Barga o el filólogo Tomás Navarro Tomás. En la aduana Corpus Barga interfiere. Consiguen superarla y llegar a Cerbère durante la noche del 27 de enero de 1939, apenas tres meses antes del fin de la Guerra. La mañana siguiente marchan a Collioure. Allí muere el 22 de febrero. Desfigurado. Consumido. Decepcionado. Triste. En un país desconocido donde todavía descansa. Tres días después fallece su madre. Un verso fue encontrado en un bolsillo de la chaqueta de don Antonio: “Estos días azules y este sol de la infancia”. Un poema inacabado en medio de las ruinas de un mundo que se agrieta; de un mundo que ya no es mundo.

El objeto del poema

FedericoLa de Federico García Lorca fue otra de las historias truncadas. En 1936, cuatro días antes de la sublevación militar, Lorca vuelve a su Granada natal. El día 20 de julio, la ciudad ya era falangista y no pocos le recomendaron que huyera. Más si cabe tras el fusilamiento del alcalde, cuñado del poeta. Buscó refugio en casa del también escritor Luis Rosales, de familia falangista. Sin embargo, el 16 de agosto es detenido. La sombra de la traición siempre ha sobrevolado la figura de Rosales y la de sus familiares, cercanos amigos de Lorca, sin embargo, el autor de La casa encendida negaría hasta el último día de su vida esta versión. Federico, dice, era mi amigo, alguien lo traicionó, pero no fui yo. Los falangistas acusaban a Lorca de ser espía de los rusos, de estar en contacto con estos, de haber sido secretario de Fernando de los Ríos (Ministro durante la República) y de ser homosexual. Durante la madrugada del 18 de agosto entran a la celda en la que estaba preso, lo insultan, lo amenazan, lo golpean, le tapan la cara y lo suben a un vehículo. Se detienen en el camino de Víznar, frente a un huerto de olivos, paradójica y dantescamente similar a aquellos a los que tantas veces cantó en sus poemas. Allí lo fusilan, junto al maestro Dióscoro Galindo y a los banderilleros anarquistas Francisco Galadí y Joaquín Arcollas. Sus cuerpos descansan todavía en una fosa común anónima en un paraje de Fuente Grande, entre Víznar y Alfacar. Uno de tantos cuerpos más entre cunetas. Así tratamos la memoria, así la cultura. Una cuestión que escuché de Ian Gibson al hilo de un debate muy candente durante años en la prensa española: ¿Cómo hablar de memoria histórica en un país que es incapaz de arrojar luz sobre un crimen de lesa humanidad y recuperar los restos del mejor de sus poetas contemporáneos?

El poema

No se entretiene Machado en grandilocuencias. El poema es sencillo. Directo. Sentido. Describe la inhumana imagen del camino hacia el paredón: “Se le vio caminando entre fusiles, / por una calle larga, / salir al campo frío, / aún con estrellas de la madrugada”. Quienes sostienen los fusiles, quizás sabedores de que van a acabar con las letras españolas de un solo plumazo, no lo miran a la cara: “Todos cerraron los ojos; / rezaron: ¡ni Dios te salva!”. Y Federico muere: “sangre en la frente y plomo en las entrañas”. Ya no habrá más casas de Bernarda Alba, más poetas en Nueva York, más romancero gitanos o yermas. No, ya no más vida: “Que fue en Granada el crimen / sabed -¡pobre Granada!-, en su Granada…”.

Ahora, camina con la muerte. Imagen medieval, sin duda. Poética y negra. Lorca, le habla a la muerte e intenta amilanarla: “Ya el sol en torre y torre; los martillos / en yunque –yunque y yunque de las fraguas”. Intenta ser la voz del poeta: “Porque ayer en mi verso, compañera, / sonaba el golpe de tus secas palmas, / y diste el hielo a mi cantar, y el filo / a mi tragedia de tu hoz de plata”. Son imágenes lorquianas. Perfectamente posibles en alguno de sus versos más conocidos: “te cantaré la carne que no tienes, / los ojos que te faltan, / tus cabellos que el viento sacudía, / los rojos labios donde te besaban…”. Sí, suena a Federico. Pero es oscuro. El poeta ya no puede cantar: “Ella sigue en su baranda, / verde carne, pelo verde, / soñando en la mar amarga”. Su verso ya no cabalga, como este del Romance Sonámbulo, intenta hacerlo pero hay algo que se lo impide: “Hoy como ayer, gitana, muerte mía / qué bien contigo a solas”. Y resuena el Romancero: “¡Oh ciudad de los gitanos!/ ¿Quién te vió y no te recuerda? / ciudad de dolor y almizcle, / con las torres de canela”. Anda, sigue andando el poeta junto a la muerte. Inseparables “por estos aires de Granada, ¡mi Granada!”.Monumento

Vuelve la voz a Machado. Que reclama la memoria que todavía a Federico, casi ochenta años después, no se le ha concedido: “Labrad, amigos / de piedra y sueño, en el Alhambra, / un túmulo al poeta / sobre una fuente donde llore el agua”. Nadie se ha molestado en labrar: no corre el agua, no hay túmulos, ni tumbas, ni fuentes, ni sueños, ni siquiera una fría placa de metal que recuerde que “el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!”.

P.D. 1: “El crimen fue en Granada”, interpretado por Rosi Cervantes

 

P.D. 2: Lorca (Cortometraje)

 

P.D. 3: Breve documental sobre la muerte de Lorca

“Las nubes”, de Blas Muñoz Pizarro

Pasan las nubes sobre el mundo. Van
indiferentes a su bien, ajenas
a su daño. Ligeras, casi inmóviles,
reproducen los sueños desprendidos

del hombre que las mira. Otras veces,
se extienden con sus párpados cerrados,
grises alas de un sueño ya sin sueños,
sobre el silencio oscuro de la vida.

Pasan las nubes bajo el cielo raso
de un cielo azul e inalcanzable. Son
rehenes de la luz, hijas del día.

En ellas contemplamos el destino:
llegar, libres sin serlo, a nuestra noche
en el flujo invisible que nos lleva.

Blas Muñoz Pizarro copiaValencia, 1943. Nace Blas Muñoz Pizarro. Su andadura en esto del
mundillo poético comienza pronto: allá por 1971, cuando publica un extenso poema, La danza, dedicado “A aquellos que tuvieron que emigrar. Y a los que se quedaron en la casa vacía, con el hueco de su ausencia entre las manos, viéndolos partir. A todos ellos. Con la voz y la esperanza del padre”. Y es que Blas Muñoz fue un activista político en la clandestinidad. Por ello el epígrafe de este poema es lorquiano: “Y queda el hueco de la danza sobre las últimas cenizas…”. Un poema reivindicativo: el poema de un joven que se inicia. Naufragio de narciso es de 1981: un poema más consolidado; culturalista, sí, quizás en la línea Novísima: las citas que lo abren son de Quevedo y de Jenaro Talens.

Y después, llegó el silencio. Blas Muñoz desapareció. Se desvanece durante veintiséis años. Nadie en el campo poético habla de él. Nadie recuerda lo que publicó en los setenta y ochenta. No hay tiempo para eso: los poetas están tan concentrados en lanzarse dardos entre ellos que son incapaces de ver el bosque. Es una decisión personal: nadie lo obliga a callarse, nadie a hablar.

2-2013-06-019_2602x2250Pero en 2007 retoma un libro que había abandonado. La mirada de Jano, con el que consigue el Premio de Poesía Paco Mollá, del Ayuntamiento de Petrer. Y entonces, todo se sucede: importantes premios literarios nacionales por libros y poemas, publicaciones, etc. E incluso, la creación dela tertulia “El limonero de Homero”, de la que formaban parte, además del propio Blas Muñoz Pizarro, Joaquín Riñón, José Luis Prieto, Antonio Mayor y Vicente Barberá. Nos han dejado, como legado, los libros El Limonero I, que apareció en 2010 y El Limonero II, en 2011, de lo mejor de la bibliografía valenciana en cuanto a poesía se refiere.

El poema “Las nubes” pertenece a su poemario de 2010 La herida de los días, con el que consiguió el Premio de Poesía Miguel Labordeta. La composición, un soneto en endecasílabos no rimados entre sí, rompe con la concepción tradicional de este tipo de piezas. Y lo hace voluntariamente en varios de los poemas del volumen. El poeta marca que es un soneto: separa convenientemente los dos cuartetos de los dos tercetos y consigue, a través de otros mecanismos como la coherencia temática, la evolución del hecho poetizado y el ritmo, que se sostenga una composición que, en principio, necesita de la rima para funcionar. No es nuevo, para nada. Ya el modernismo lo lanzó a la fama y mucho antes, durante el renacimiento, hubo quien se atrevió a escribir sonetos no rimados, aunque sin que alcanzaran gran popularidad. Sea como sea, un soneto sin rima rompe.

“Las nubes” es un poema que habla del tiempo. Del paso del tiempo, concretamente. Alguien mira el cielo y todo pasa: pero no hay lamento, ni queja ni dolor ni miedo. Sólo pasa y pasa. No hay tristeza: “Pasan las nubes sobre el mundo. Van / indiferentes a su bien, ajenas / a su daño. Ligeras, casi inmóviles, / reproducen los sueños desprendidos / del2.-Blas hombre que las mira”. Las nubes desconocen lo que ocultan. Y desconocen lo que hay debajo. El hombre es el que les da un significado y nosotros, por supuesto, como lectores. Pero, “Otras veces / se extienden como párpados cerrados, / grises alas de un sueño ya sin sueños, / sobre el silencio oscuro de la vida”. La vida, eso que pasa bajo ellas, es un silencio oscuro. Un callar constante, como el silencio del poeta durante más de veinte años. Y ocultan, lo he dicho y lo repito, aquello que permanece inalterado; la esencia; el cielo; también la verdad: “Pasan las nubes bajo el cielo raso / de un cielo azul e inalcanzable”. El cielo es la utopía: aquello que nunca podrá ser tocado, ser habitado, ser conocido. Y ellas, “rehenes de la luz”, indiferentes.

Y el hombre, no atormentado, recordemos, sigue mirando su paso, su vaivén. Como el de un tren en la noche. Y “En ellas contemplamos el destino”. El destino del que siempre hablan los poetas: el destino final y último de todo ser humano. El objetivo es alcanzarlo de una forma y un modo determinado. Este es el legado o, más bien, el consejo de Blas Muñoz Pizarro. Tomemos nota: “llegar, libres sin serlo, a nuestra noche / en el flujo invisible que nos lleva”.

P.D.: Blas Muñoz Pizarro leyendo poemas de La herida de los días

GUÍA DE LECTURA: La conjura de los necios, de John Kennedy Tool

Autor: Ancrugon

PDF     GUIÁ DE LECTURA: La conjura de los necios, de John Kennedy Tool

     Una gorra de cazador verde apretaba la cima de una cabeza que era como un globo carnoso. Las orejeras verdes, llenas de unas grandes orejas y pelo sin cortar y de las finas cerdas que brotaban de las mismas orejas, sobresalían a ambos lados como señales de giro que indicasen dos direcciones a la vez. Los labios, gordos y bembones, brotaban protuberantes bajo el tupido bigote negro y se hundían en sus comisuras, en plieguecitos llenos de reproche y de restos de patatas fritas.En la sombra, bajo la visera verde de la gorra, los altaneros ojos azules y amarillos de Ignatius J. Reilly miraban a las demás oersonas que esperaban bajo el reloj junto a los grandes almacenes D. H. Holmes, estudiando a la multitud en busca designos de mal gusto en el vestir. Ignatius percibió que algunos atuendos eranlo bastante nuevos y lo bastante caros como para ser considerados sin duda ofensas al buen gusto y la decencia. La posesión de algo nuevo o caro sólo reflejaba la falta de teología y de geometría de una persona. Podía proyectar incluso dudas sobre el alma misma del sujeto.
     Ignatius vestía, por su parte, de un modo cómodo y razonable. La gorra de cazador le protegía contra los enfriamientos de cabeza. Los voluminosos pantalones de tweed eran muy duraderos y permitían una locomoción inusitadamente libre . Sus pliegues y rincones contenían pequeñas bolsas de aire rancio y cálido que a él le complacían muchísimo. La sencilla camisa de franela hacía innecesaria la chaqueta, mientras que la bufanda protegía la piel que quedaba expuesta al aire entre las orejeras y el cuello. Era un atuendo aceptable , según todas las normas teológicas y geométricas, aunque resultase algo abstruso, y sugería una rica vida interior.

(Inicio )

     La conjura de los necios fue la segunda novela escrita por el malogrado escritor norteamericano John Kennedy Tool (la primera lleva por título La Biblia de Neón y la escribió a la temprana edad de 16 años), sin embargo no vio editada ninguna en vida. A su muerte, su madre le envió el manuscrito al escritor Walker Percy y éste se quedó prendado de ella, por lo que escribió el prólogo de su primera edición en 1980, llegando a alcanzar rápidamente un gran éxito de crítica y ventas en todo el mundo y obteniendo el Premio Pulizer al año siguiente de su aparición.
El título lo obtuvo el autor de una frase de Jonathan Swift: “Cuando aparece un verdadero genio en el mundo, se le conocerá porque todos los necios se conjurarán contra él”. Por otra parte, el personaje central es un reflejo del mismo Tool quien, al igual que el protagonista de su novela, sufrió una infancia de sometimiento a la férrea autoridad de una tiránica madre, una juventud universitaria sin penas ni glorias y una carrera frustrada de escritor mientra vivía a costa de sus padres, lo que le llevó a la depresión y el alcoholismo, convirtiéndose en un personaje excéntrico. Y como Ignatius, Tool trabajó en una fábrica textil tras su graduación, como vendedor ambulante empujando un carrito por las calles de Nueva Orleans tras su servicio militar, y también tuvo una profunda crisis de identidad sexual.
La conjura de los necios trata de las atribulaciones de Ignatius J. Reilly, un hombre joven, enorme montaña de grasa y gases retenidos, cuyas señas de identidad son el notable mostacho azabache, la gorra verde de cazador, su forma de vestir sucia, desastrada, andrajosa y los ojos extrañamente azules y amarillos. Un hombre inadaptado que considera las comodidades materialistas como “delitos contra el gusto y la decencia” y lo achaca a la falta de “teología y geometría” de la sociedad actual. Obeserva incansablemente todo lo que le rodea y luego escribe sus conclusiones en cuadernos Big Chief. Es un vago indomable y pasa la mayor parte del tiempo tumbado en la cama o viendo la televisión, sin embargo, cuando su madre estrella el coche contra un edificio, se ve obligado a trabajar para pagar la deuda. Y su fatídico viaje a través de la desdichas comienza cuando el patrullero Mancuso de la policía de Nueva Orleans intenta arrestarlo por sospechoso dando lugar a una contingencia disparatada donde intervienen seres de lo más absurdos, esperpénticos y grotescos, siendo éste simplemente el primero de una sucesión de sucesos similares a éste e incluso más increíbles.

     Los personajes que rodean a Ignatius son así mismo una buena colección de los disparates humanos donde se puede encontrar, como en un buen catálogo, cualquier vicio existente o imaginado:
Burma Jones, un empleado afroamericano en el Club Noche de Alegría, cuyo rostro es una incógnita ya que está constantemente oculto tras unas gafas de sol de la era espacial y una eterna nube de humo. Jones trabaja en el Club por mucho menos del salario mínimo porque teme ser detenido por vagancia si vuelve al paro.
Claude Robichaux, abuelo de seis nietos, quien está obsesionado por la creencia de que los comunistas se están apoderando del país y al que el patrullero Mancuso detiene por golpearle al intentar detener a Ignatius. A lo largo de la novela Claude se irá convirtiendo en un potencial novio para la señora Reilly.
Darlene es una de las chicas de barra del Noche de Alegría, aunque su sueño es ser bailarina exótica. Tiene una cacatúa como mascota y la utiliza en su número de stripper, pues el animalito va arrancándole la ropa.
Dorian Greene es un elegante joven homosexual que regenta una tienda de ropa vintage en el Barrio Francés y organiza extravagantes fiestas. Al comienzo de la novela le compra el sombrero a la señora Reilly. Ignatius intenta reclutarle a él y a sus amigos con la finalidad de infintrarlos en el ejército y el gobierno para reemplazar las guerras por orgías.
Dr. Talc es un conferencista de historia británica, aunque de verdad sabe muy poco sobre el tema. Era el antiguo profesor de Ignatius y Myrna Minkoff e Ignatius le envía de vez en cuando cartas con amenazas por ser un fraude.
George es un adolescente con el pelo engominado y botas de flamenco que trabaja repartiendo la pornografía de Lana Lee.
Gus Levy es el dueño de Levy Pants, donde entra a trabajar Ignatius. Este hombre intenta por todos los medios evadirse de la empresa y pasa la mayor parte de su tiempo en eventos deportivos o apostando en las carreras.
Lana Lee es la propietaria del Club Noche de Alegría, el cual dirige con mano de hierro, por lo que Ignatius la llama la “Propietaria nazi”, además es el cerebro de una red de pornografía de la escuela de secundaria.
Miss Annie es la entrometida vecina de Ignatius y constantemente se está quejando del ruido que éste hace.
Miss Trixie es la senil anciana que ayuda en la contabilidad de Levy Pants, pero su único deseo es recibir un jamón por Pascua y todavía está esperando el pavo de Acción de Gracias que un día se le prometió. Aunque es muy vieja, la señora Levy no deja que la jubilen porque piensa que ella necesita sentirse útil.
Mr. Clyde es el dueño de Paradise Vendors Incorporated y contrata a Ignatius para que venda perritos calientes empujando el carrito por las calles, pero como no obtiene muchos beneficios, lo envía al Barrio Francés vestido de pirata.
Mr. González es el director de la oficina de Levy Pants. Un hombre leal y trabajador quien queda bastante impresionado por Ignatius, aunque éste moverá a los trabajadores de la fábrica en su contra.
Mr. Palermo es el borracho capataz de la fábrica.
Mr. Watson es el dueño de Mattie Ramble Inn, una combinación de bar y supermercado, que sirve a Ignatius para sabotear el Noche de Alegría.
Mr. Zalatimo es un hombre alto, de pelo largo y negro del que la señora Levy piensa que parace una gángster. Él reemplaza a Ignatius en Levy Pants tras su fallida cruzada de dignidad.
Mrs. Levy es la esposa de Gus Levy quien basándose en un supuesto curso de psicología, que nunca realizó, se empeña en no jubilar a la señorita Trixie porque afirma que ella necesita sentirse querida y útil. Ha puesto a sus hijas en contra de su marido.
Mrs. Reilly es la madre de Ignatius, a quene ama, pero del que se queja constantemente porque no ha hecho nada con su vida. Bebe bastante, sobre todo moscatel.
Myrna Minkoff ella es una chica judía de Nueva Yotk que Ignatius conoció en la universidad y a la que llama la “descarada”. Cree que el sexo es la respuesta a muchos problemas de la vida y acusa a Ignatius de tener tendencias homsexuales. Ella e Ignatius mantienen una firme comunicación por carta.
Patrullero Mancuso es una agente inepto de policía a quien su sargento, cansado de su incopetencia, lo castiga a llevar un traje distinto cada día y si no arresta a un delincuente pronto, lo echa del cuerpo.
Santa Battaglia es la tía de Mancuso quien se convierte en amiga y compañera en los bolos de la señora Reilly, e intenta casar a ésta con el señor Claude Robichaux
Timmy es amigo de Dorian Greene y se viste de marinero y es ancadenado en la pared durante la fiesta de Dorian.
Y por último las lesbianas camorristas, Fieda, Betty y Liz, que viven en el edificio de Dorian y siempre van en busca de pelea

     Tres son los temas principales de la novela: la moderna esclavitud, la ética del trabajo y el destino.
Aunque la exclavitud es algo del pasado de los Estado Unidos, los afroamericanos en la época en que Tool escribió la novela eran considerados ciudadanos de segunda clase, especialmente en los estados del Sur, por lo que el autor sugiere que la esclavitudo no se ha eliminado del todo, sino que se ha transformado, a evolucionado a otro modelo diferentes, por ejemplo, cuando la policía detiene a Burma Jones por robar nueces de anacardo sin ninguna prueba, simplemente por el hecho de que al ser negro, ya es sospechoso, y cuando lo dejan en libertad debe aceptar un trabajo en unas condiciones bastante malas para no volver a ser detenido por vagancia si está en el paro. O los trabajadores de la fábrica Levy Pants, en su mayoría hombres de color, cuya situación Ignatius describe como “la esclavitud mecanizada”, aunque la considera un progreso al pasar de la recolección del algodón a la máquina.
Sin embargo él es un ser perezoso y descuidado, y espera siempre que su madre le soluciones todas sus necesidades, muy lejos de los valores norteamericanos de trabajo, sarificio y orden, a los que Ignatius desprecia igual que a la clase media que los representa, y sólo decide buscar una ocupación a causa de la deuda contraída por ella al tener el accidente con el coche. Y mientras todos los personajes de la novela van detrás del “Sueño Americano” de comodidad material y solvencia financiera, Ignatius rechaza todo lo que huela a comercial y no le da ningún valor a la escala social, basándose en que nadie, con esos valores, es realmente feliz porque éticamente están equivocados y ello les arrastra al vacío y la continua instisfacción.
Y como a causa de ello ninguno de los personajes es capaz de controlar su propia vida, sino que se mueven al vaivén del destino ajeno a ellos, Ignatius afirma que el sufrimiento constante de la sociedad es el resultado de que nadie es responsable de sus propias acciones, sino de los caprichos de la diosa Fortuna. Por ello se considera como un instrumento del destino y al final interviene en las vidas de los demás: a causa de su enfrentamiento con la cacatúa, el patrullero Mancuso consigue el respoeto y la promoción en el cuerpo de policía, permitiendo, así mismo, que Jones pueda escapar de las malas condiciones de trabajo del Noche de Alegría y encuentre un trabajo normal, o cuando miente sobre quién escribió la carta al Sr, Abelman, lo cual permite retirarse a la señorita Trixie y al señor Levy enfrentarse a su esposa. Y su intervención también provoca que las violentas Liz, Betty y Frieda, así como Lana y George, vayan a la cárcel por sus sucios trapicheos.

     En conclusión, La conjura de los necios, es una extraña y esperpéntica novela repleta de absurdos personajes que se mueven en un mundo caótico y sin sentido, una novela a la que en principio cuesta aferrarse, pero a la que al final duele abandonar, una novela que a pesar de su apariencia desarrapada, grasienta, decadente, esta llena de grandes enseñanzas sobre la sociedad y nosotros mismos administradas en pequeñas dosis cargadas de ironía, sagacidad y un sano buen humor, spbre todo, pare reíse de uno mismo, aunque en el fondo, seguramente, tal como la propia vida de John Kennedy Tool nos demostrará, esté impregnada de una resistente amargura.

Análisis poético: “Voy a dormir”, de Alfonsina Storni

Autor: Raúl Molina

PDF: “Voy a dormir”, de Alfonsina Storni

VOY A DORMIR

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación; la que te guste;
todas son buenas; bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides… Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…

sriimg20081015-9849694-1-dataEra primavera en Mar del Plata, lo que quiere decir podría estar lloviendo o haciendo una agradable temperatura, quién sabe, o quizás ambas cosas a la vez, lo cual tampoco es extraño. Una mujer de pelo corto camina decidida hacia la Playa de la Perla, donde un embravecido Océano Atlántico rompe con fuerza. Aquí las versiones se confunden: hay quien dice que se interna lentamente en el agua hasta que desaparece en la marea y hay quien prefiere contar que se lanza desde una escollera y su cuerpo se pierde entre las olas. Todos coinciden en algo: ha fallecido Alfonsina Storni a los 46 años de edad. Estamos en la madrugada del 25 de octubre de 1938.

Esa misma noche, Storni había enviado tres cartas: una para su hijo Alejandro, otra para su amigo Gálvez, a quien pedía que cuidara de su familia, y una última con su poema de despedida “Voy a dormir”, dirigida al diario La Nación.

objeto_poema_alfonsina2Alfonsina Storni no es una poeta más en la historia de la poesía hispánica. No, para nada. Maestra de profesión durante buena parte de su vida, su obra, profundamente feminista, es de tal originalidad y calidad que consiguió dar un vuelvo a la poesía latinoamericana en una época en la que esta se salpicaba de nombres tan notables como Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Oliverio Girondo, Jorge Luis Borges, Amado Nervo o Vicente Huidobro, entre muchos otros. Su poesía, de acentos románticos, profundidad lírica y notable sencillez, es la de alguien que se cuestiona atormentadamente por el amor, por las limitaciones sociales que se imponían a las mujeres de su época y por el  miedo a la cercanía de la muerte (sobre todo después de serle detectado el cáncer en 1935). Buena parte de sus poemas se construyen desde el punto de vista de un cuerpo y una voz femenina y consiguen atraer a numerosos lectores, lo cual llegó a provocar la desconfianza de sus colegas escritores. Storni es, en definitiva, La Poeta argentina con mayúsculas del primer tercio del siglo XX: por un pensamiento adelantado a su época, por la calidad de su verso y por las innovaciones formales que introduce.

firma0as“Voy a dormir”, su poema de despedida, es un soneto en endecasílabos sin rima, lo que en época de Storni se llamó anti-soneto, composición de la que decía lo siguiente José Carlos Mariátegui en un texto profundamente vanguardista de 1928: “El anti-soneto anuncia que ya la poesía está suficientemente defendida contra el soneto: en largas pruebas de laboratorio, Martín Adán ha descubierto la vacuna preventiva. El anti-soneto es un anticuerpo. Sólo hay un peligro: el de que Martín Adán no haya acabado sino con una de las dos especies del soneto: el soneto alejandrino. El soneto clásico, toscano, auténtico es el de Petrarca, el endecasílabo. Por algo, Torres Bodet lo ha preferido en su reivindicación. El alejandrino es un metro decadente. Si nuestro amigo, ha dejado vivo aún el soneto endecasílabo, la nueva poesía debe mantenerse alerta. Hay que rematar la empresa de instalar al disparate puro en las hormas de la poesía clásica”.

Monumento en Mar del Plata a Alfonsina Storni

Monumento en Mar del Plata a Alfonsina Storni

Storni le da la vuelta a la forma clásica, la subvierte y pervierte en el último de sus poemas. Catorce versos. Los catorce versos más utilizados de la historia de la poesía. Pero si rima. Como acogiéndose a la tradición y a la vez dándole la espalda, de igual manera que hizo justo antes de sumergirse en el Atlántico. Storni, revolucionaria y exclusiva hasta el final, describe con serenidad e imágenes claras su aposento eterno (el aposento eterno de todos): “Dientes de flores, cofia de rocío / manos de hierbas, tú, nodriza fina / tenme prestas las sábanas terrosas / y el edredón de musgos escardados”. Se despide del mundo y se marcha, a descansar bajo las estrellas: “Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. / Ponme una lámpara a la cabecera; / una constelación; la que te guste; / todas son buenas; bájala un poquito”. Pero antes, unas últimas pinceladas a este cuadro: “Déjame sola: oyes romper los brotes… / te acuna un pie celeste desde arriba / y un pájaro te traza unos compases”. Y entonces, para cerrar el poema y a la vez dejar para siempre abierto un círculo de suposiciones y enigmas nunca resueltos, que agrandan más si cabe su figura, un último terceto que invita a seguir pensando sobre ella, a seguir fabulando, a seguir escribiendo, a seguir creyendo en la poesía. La última voluntad de Alfonsina Storni: Gracias. Ah, un encargo: / si él llama nuevamente por teléfono / le dices que no insista, que he salido…”.

P.D. 1: “Voy a dormir”, en voz de Johan Sebastian.

P.D. 2: “Alfonsina y el mar”, canción dedicada a Storni interpretada por Mercedes Sosa.

P.D. 3: Película-documental sobre Storni

Análisis poético: “¿Y dónde está escondido tu tesoro, Hainuwele?”, de Chantal Maillard

Autor: Raúl Molina Gil

PDF:

¿Y donde está escondido tu tesoro, Hainuwele?

“¿Y dónde está escondido tu tesoro, Hainuwele?”
me pregunta, burlona,
la más anciana del poblado.
Se refiere, lo sé, a lo que siempre buscan
los hombres cuando vuelven del combate.
Mi tesoro, contesto, es suave como el musgo, dulce
como leche de almendras,
tiene el frescor de los helechos
y sangra sin dolor hasta teñir de púrpura el crepúsculo
o para alimentar los cachorros de un tigre.

Mi tesoro no está escondido:
resplandece en el bosque como el oro,
mas sólo un hombre ciego
pudo hallar el camino que a él conduce.

Dice Chantal Maillard que escribe para que el agua envenenada pueda beberse. Este hacer habitable un mundo inhóspito, este crear espacios deCopia-de-ch5 respiración donde ya no queda aire, es la base fundamental de la propuesta poética de la escritora hispano-belga. No es nuevo, ni propio: está en la línea de Celan, de Valente o de Gamoneda, sin ir más lejos; inmersa en esa corriente que puede rastrearse en el romanticismo de Hölderlin y también en el simbolismo francés de Baudelaire, Mallarmé, Verlaine o Rimbaud, continuado en España por Antonio y Manuel Machado o Juan Ramón Jiménez. Como rasgo distintivo y particular, Maillard ha hecho suyos los preceptos del simbolismo oriental durante las diferentes estancias en Asia a lo largo de los años. Es este un detalle que enriquece especialmente su obra y que la acerca a posiciones pocas veces transitadas por las y los poetas españoles.

Reflexionemos sobre la curiosa relación entre Oriente y Occidente. El reconocido pensador palestino Edward Said publicó en 1978 un libro fundamental para los estudios culturales del siglo XX: Orientalismo. A Edward_Saidgrandes rasgos, Said defiende que los conceptos Occidente y Oriente son creaciones artificiales fundamentadas en determinados prejuicios culturales. Oriente ha sido siempre un misterio para Europa y este desconocimiento ha provocado la creación de centenares de discursos habitualmente fundados sobre invenciones adoptadas por  el imaginario colectivo occidental. La realidad nunca ha sido relevante en este lado dela frontera: “Los datos empíricos sobre oriente o sobre algunas de sus partes tienen poca importancia, lo que cuenta y es decisivo es lo que se ha llamado visión orientalista, que más bien pertenece a todos los que en Occidente han pensado sobre Oriente”. El Orientalismo es, por lo tanto, la construcción irreal y prejuiciada  de Oriente creada por múltiples discursos occidentales, y esto va a ser clave para entender el poema de Maillard.

Hainuwele (‘rama de coco’) es un personaje fundamental en los mitos cosmogónicos indonesios. Nacida de una flor después de que la sangre del cazador Ameta se derramara sobre ella cuando este intenta trepar a un cocotero que él mismo había plantado, tiene la escatológica particularidad de defecar objetos valiosos. Durante el baile de nueve jornadas de Tamene Siwa, Hainuwele muestra su misteriosa habilidad entre los presentes, quienes consumidos por la envidia deciden matarla. Para ello la empujan a un hoyo excavado en la zona de baile, sobre el que continúan las celebraciones durante horas. Ameta se entera del suceso gracias a un oráculo, la desentierra y corta su cuerpo en varios pedazos que entierra en varios lugares de su pueblo. De esas partes nacen los tubérculos y los cereales, básicos en la alimentación de la zona.

Partiendo de este mito, Chantal Maillard escribe su muy elogiado Hainuwele (1990; reeditado en 2009). Ahora bien, lo transforma: en sus poemas, Hainuwele no es asesinada, sino que se ofrece en sacrificio a su amado El señor de los bosques.

La breve composición aquí propuesta pertenece a este volumen. Recorridos de principio a fin por un aura mitológico-exótica, estos versos se articulan en varios movimientos: la pregunta a Hainuwele (que se ha convertido en álter ego de la poeta) enunciada por la más anciana del poblado (vv- 1-3), un breve comentario o glosa a la pregunta (vv.4 y 5), una primera respuesta (vv. 6-10) y una continuación de esta, que también puede ser entendida como una reflexión (vv. 11-14).

Parece claro que ese “tesoro” por el que interesa a la anciana es el sexo de Hainuwele: “Se refiere, lo sé, a lo que siempre buscan / los hombres cuando vuelven del combate”. En su respuesta, Maillard introduce una primera visión tradicional y prototípica que podemos encontrar en centenares de obras literarias a lo largo de la historia y que entiende la sexualidad desde un punto de vista masculino, de forma que la mujer es comprendida como fuente de lirismo, ternura y sensibilidad: “Mi tesoro, contesto, es suave como el musgo, dulce / como leche de almendras, / tiene el frescor de los helechos”. Ahora bien, en un segundo movimiento rompe con este enfoque y enlaza el poema con la imagen de la menstruación, ligándolo indefectiblemente al pensamiento feminista. La sangre ha sido históricamente censurada, probablemente porque suinv0195_fMG_0665_141 visión es antinatural e implica que algo no funciona del todo bien en el cuerpo. Es por ello que el pensamiento heteropatriarcal utilizó durante siglos la menstruación para afirmar la inferioridad de la mujer y aislarla de la vida social. Valga como ejemplo una cita de la Biblia: “Cuando la mujer tuviere flujo de sangre, y su flujo fuere en su cuerpo, siete días estará apartada; y cualquiera que la tocare será inmundo hasta la noche. Todo aquello sobre lo que ella se acostare mientras estuviere separada, será inmundo; también todo aquello sobre lo que se sentare será inmundo. Sin embargo, los feminismos reclaman la menstruación” (Levítico 15:19-20). Simone de Beauvoir recoge en El segundo sexo, uno de los grandes libros fundamentales de la Segunda Ola Feminista (años 60), decenas de tabúes menstruales: estropea la carne, corta la mayonesa, marchita las flores, arruina las cosechas, provoca la ruptura de objetos frágiles, debilita al varón, etc. Así pues, oponiendo los siguientes dos versos a los tres anteriores, Maillard reclama en un movimiento feminista la menstruación en tanto hecho fisiológico propio de la mujer que no debe ser ocultado y del que no cabe sentir vergüenza: “y sangra sin dolor hasta teñir de púrpura el crepúsculo / o para alimentar los cachorros de un tigre”.

“Mi tesoro no está escondido”, sigue, “resplandece en el bosque como el oro”. No esconde una sexualidad que parece brotar con luz propia. Ahora bien, “sólo un hombre ciego / pudo hallar el camino que a él conduce”. Es decir, sólo la encontrará aquel que analiza la realidad más allá de lo puramente superfluo y, por lo tanto, puede escapar de las tradicionales palabras de la tribu para ver esta codificación otra de la sexualidad.

Sabemos que en la visión occidental de Oriente, la sensualidad sobresale por encima de todo. Sherezade en Las mil y una noches o Salambó de Flaubert son claros ejemplos. En la indagación sobre lo real que es su poesía, Maillard trasciende estos enfoques. Aunque sus ojos sean los de una europea, su experiencia vital en aquellos países está por encima de lecturas tradicionales y su visión de lo sensual no es la de quienes escriben sin conocer los referentes, sino la de quien ha ido directamente a la fuente y ha superado los prejuicios de partida. Hainuwele morirá, sí, pero no sin antes señalar las contradicciones de occidente.

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PD: Hainuwele completo en voz de Chantal Maillard.

Análisis poético: “de donde vienes tú no hay esperanza”, de Antonio Méndez Rubio

Autor: Raúl Molina Gil

PDF: Guía de lectura “de donde vienes tú no hay esperanza” (Antonio Méndez Rubio)

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de donde vienes tú no hay esperanza
apenas sino sombra
temblando entre las hojas
noche nueva en el agua

de cuando vienes tú no hay ya futuro
y sin embargo nada
en tus manos significa renuncia
nada derrota nada arena oscura
ni nada desencuentro
nada
sabes del frío con que mi voz te espera

Antonio Méndez Rubio, nacido en Fuente del Arco (Badajoz) en 1967 y afincado en Valencia, donde es profesor en el Departamento de Teoría de los Lenguajes y Ciencias de la Comunicación de la UV, es una de las voces poéticas más relevantes en España desde los años 90. Su poesía aúna el silencio con la falta, la indeterminación con la voluntad de fisurar lo aparente para llegar a lo oculto. Resbaladizos y complicados, sus versos, siempre en el límite de la representación, han sabido señalar direcciones vanguardistas que otras poéticas contemporáneas mayoritarias han abandonado casi por completo. No es de extrañar si tenemos en cuenta sus referentes: Hölderlin, Paul Celan, Vladimir Holan, la poesía popular, José Ángel Valente, Antonio Gamoneda  o Jenaro Talens, entre muchos otros.

Profundamente consciente de que escribe en un mundo en crisis, gobernado por los mercados y por el neoliberalismo más voraz, donde la poesía ha sido expulsada del mundo de los negocios, de los negocios del mundo y del mundo como negocio, Antonio Méndez Rubio plantea una poética que desde la oscuridad a la que ha sido relegada intenta escrutar entre las iluminadas proclamas institucionales para encontrar sus fracturas y, así, señalar lo que ha sido voluntariamente invisibilizado. Y esto, desde su punto de vista, sólo puede partir de una subversión formal: la forma como política, la forma como fractura del sentido verticalmente impuesto, la forma como bisturí que rasga la carne de lo real, la agujerea, la espacia, haciendo del límite un lugar para respirar. Por ello, es habitual que en sus poemas no haya títulos ni signos de puntuación o que, como en este caso, una serie de heptasílabos y endecasílabos se rompa repentinamente con un verso de dos sílabas y uno de trece, a la vez que algunas rimas se repiten sin adquirir, al menos a priori, demasiada relevancia: Abba –aCC–a–. La estructura del poema no la potencia, más bien la camufla, primero, entre repeticiones y paralelismos sintácticos que acaban por asimilarlo rítmicamente a ciertas composiciones líricas populares y, segundo, entre aliteraciones de consonantes nasales que forman una intrincada red sonora, una atmósfera monótona, como de letanía, que multiplica la sensación de muerte, de ausencia, de pérdida.

Una voz, anclada en un mundo del que no tenemos datos, se dirige a un01 tú que viene de un lugar sin esperanza y de un tiempo sin futuro. Un espacio de vacíos, de sombras que tiemblan entre las hojas. Algo germina, sí, pero es oscuro: “noche nueva en el agua”. La romántica figura de la Luna reflejada sobre un lago de aguas sosegadas es sustituida por una inmensa oscuridad que va atrapando al lector sílaba tras sílaba.

Tras cinco versos, cuando todo parece abocado al abismo, se produce el renacer. El hablante acepta que caminemos sin poder evitarlo hacia el fracaso, que no haya solución y sin embargo, y sin embargo… Siempre tiene que haber un pero, ¿no? En este caso es positivo: “nada / en tus manos significa renuncia / nada derrota nada arena oscura / ni nada desencuentro”. Ahora, ya estamos en el terreno de la utopía. Frente a un mundo que no hace donaciones, que no permite que veamos más allá del presente constante que habitamos, la poesía de Antonio Méndez Rubio 02señala hacia el horizonte, que es el lugar que se aleja un paso por cada paso que damos, para hacernos ver que existe con la finalidad precisa de obligarnos a caminar hacia él. Es imposible y a la vez imprescindible, es inabarcable y necesario, absurdo e ineludible: utópico. Ver, desde la oscuridad de un mundo cegado, un rescoldo en la distancia y avanzar y avanzar y avanzar sobre el páramo y superar y superar y superar cada uno de los riscos y, sobre todo, dejar constancia de esa aspiración: es una buena definición de Poesía. Porque la voz, porque mí voz, porque tú voz, nuestra voz, la voz de todos, espera, aunque todo sea adverso en este lado o, mejor, aunque todo sea adverso en cualquier lado. Es la voz de la hipotermia, la voz del cáncer de laringe, la voz expulsada de un sistema egoísta, monstruoso, la voz anónima que cada día muere y revive y vuelve a morir y a revivir en un ciclo sin final, la voz que habla desde lo oscuro, la voz que aprehende lo oscuro, la voz que habla sobre lo oscuro, una voz que sólo puede hablar con palabras enquistadas, en crisis, con palabras muy bajas, muy bajas, con palabras muy bajas, con palabras que no son más que susurros: “nada / sabes del frío con que mi voz te espera”.