Matar a un ruiseñor, de Harper Lee.

“Disparad a todos los arrendajos azules que queráis, si podéis, acertadles, pero recordad que es un pecado matar a un ruiseñor”. Este es el consejo que da a sus hijos un abogado que está defendiendo al verdadero ruiseñor del clásico de Harper Lee: un hombre de color acusado de violar a una joven blanca. 

Matar a un ruiseñor es una novela dura y tierna al mismo tiempo. La dureza le viene de la crueldad que pueden causar los prejuicios y la complejidad moral de unas sociedades cerradas en sí mismas, donde todo se mide mediante la costumbre o la tradición, considerándose peligroso cualquier atisbo de cambio. Y la ternura procede de la visión de los acontecimientos desde la perspectiva de unos niños, en especial de Scout.

Scout y Jem Finch son hermanos: ella, Scout (exploradora), es la pequeña, todavía una niña, aunque tan despierta, observadora y lista que parece demasiado madura para su edad, y Jem es un preadolescente curioso, valiente y con la sensatez de su padre, Atticus. Es Jean Louise “Scout” Finch quien relata, desde la madurez, lo ocurrido, comenzando con la rotura de codo que sufrió su hermano cuando tenía trece años, lo que le da pie a revisar aquel periodo de su infancia, desde los seis a los ocho años, durante la década de 1930. Jem es cuatro años mayor y Atticus, el padre, es un abogado muy respetado en su comunidad, Maycom, Alabama, además de ejercer como miembro de la Legislatura Estatal.

Poco a poco, nos va introduciendo en la vida cotidiana de aquella pequeña localidad por medio de los distintos personajes, como Dill, quien en realidad se llama Charles Baker Harris, un niño de ciudad, bastante mentiroso, que pasa los veranos en el pueblo en casa de su tía convirtiéndose en inseparable de los hermanos Finch, en especial de Scout.

Pero el catálogo de personajes es bastante amplio, todos perfectamente definidos, más que por descripciones físicas, por su forma de ser y sus reacciones y comportamientos ante los hechos. Así tenemos a la sabia vecina que se pasa el día cuidando su jardín u horneando pasteles y a quien todas llaman señorita Maudie, ella es la que mejor le cae a Scout porque, en vez de reprenderla por sus travesuras o sus excesos, le da valiosas lecciones de vida y defiende siempre a Atticus asegurándole que es un hombre íntegro; o a la sirvienta afroamericana Calpurnia, que cuida de los niños Finch como si fueran sus propios hijos y dirige el hogar con mano dura, a falta de una madre para hacerlo, sobre todo con Scout, a la que amonesta con frecuencia; ola tía Alexandra, hermana de Atticus, una mujer excesivamente crítica con los comportamientos de los demás y, en especial, con los de Scout. Pero por encima de todos está Atticus, el guía moral de sus hijos, quienes lo idolatran, siendo él quien, al regalarles un rifle de aire comprimido por Navidad, les dice que jamás disparen a un ruiseñor porque es un pecado matar algo que solo crea belleza, en este caso su hermoso trino, para el disfrute de todos sin pedir nada a cambio. De aquí surge el título y la enseñanza moral de esta novela.

Scout no es como las otras niñas de Maycomb. Siempre viste como un chico y no está interesada en comportarse como una “dama”. Se pelea con los niños, especialmente con Walter Cunningham, y se enfrenta con la maestra. Scout, Jem y Dill forman el trío inseparable de los veranos y siempre están inventando juegos elaborados y complejos que les causan más de un problema, en especial con su vecino Boo y su padre, el señor Radley.

Pero, a pesar de ser Maycomb un pueblo tranquilo, también ocurren cosas que producen alarma entre los vecinos, como el incendio de la casa de la señorita Maudie, la supuesta tortura de animales por parte de un tal Crazy Addie (el loco Addie), la aparición del perro rabioso que obliga a Atticus a poner en evidencia su excelente puntería con el rifle, o el ataque a Mayella.

Esta supuesta violación de la joven blanca Mayella Ewell, hija de uno de los hombres más pobres y más borracho de la ciudad, por un afroamericano, Tom Robinson, hace aumentar la tensión en Maycomb, sobre todo cuando se enteran de que Atticus ha sido designado como abogado defensor de Robinson. Atticus comienza a sentirse muy presionado, sin embargo, prevalece su sentido de la justicia y sus principios morales, por lo que se niega a pasar el caso a otro abogado. La gente comienza a cotillear y a faltarle al respeto, como la anciana señora Dubois que dice cosas terribles sobre Atticus y Jem, en represalia, le corta todas las camelias de su jardín, pero Atticus le obliga a disculparse ante la anciana y le castiga a leer a la señora Dubois un rato todas las tardes.

Pero no seguiremos desvelando más sobre la novela, pues eso corresponde a las personas lectoras descubrirlo. Aunque, llegados a este punto, sí podemos decir que los tres temas principales de Matar a un ruiseñor son: el prejuicio, la complejidad moral y la inocencia.

Mientras leemos este libro, vamos acompañando a Scout y Jem en su viaje de alejamiento del mundo de la ignorancia infantil hasta llegar a un pacto con la realidad, que es lo mismo que abrir la puerta al mundo adulto. La pérdida de la inocencia de estos niños comienza cuando Atticus decide hacerse cargo de la defensa de Robinson, pues los jóvenes hermanos descubren la fealdad del racismo. Para ellos es duro comprobar que la verdad, la justicia y la bondad no siempre triunfan sobre la mentira, la injusticia y la maldad. Y el juicio provoca el despertar, no solo de los niños, sino de toda la ciudad que debe enfrentarse, por primera vez, a sus propios prejuicios y planteamientos morales caducos. Y así, también descubrimos con Scout y Jem que sus propios juegos infantiles, donde habían convertido a su vecino Boo Radley en un fantasma malévolo, no dejaban de ser otra forma hiriente para aquel pobre hombre, víctima de sus prejuicios infantiles. Y es que la intolerancia y la ceguera impuesta por conceptos abstractos sin más base que el odio por tradición, puede causar, y causa, mucho dolor, injusticias y muertes en el mundo. Es curioso, y estremecedor, ver como la familia Ewell, considerada por el resto de la ciudad como “basura blanca”, se apoya en la persecución a Tom por su deseo de afirmar su poder sobre el único grupo de la ciudad con menos status social que ellos. Y la ciudad lo permite incapaz de sobreponerse a sus convicciones racistas. Antes permitir una injusticia que ceder un centímetro en mi forma de pensar heredada… Así va el mundo…

Esta maravillosa novela puede plantearnos muchos puntos de reflexión e, incluso, hacernos sentir incómodos. Igual que Scout y Jem, también descubriremos que no se puede categorizar a las personas como buenas o malas, pues si bien, la mayoría del tiempo, todas parecen objetivamente “buenas”, no hay persona que no posea sus partes oscuras y sea capaz de realizar alguna maldad. Al final, como ocurre en la novela, solo la visión de, en este caso, una niña, con su capacidad para la empatía que, desgraciadamente, irá perdiendo con el tiempo, es capaz de reconocer que, hasta las personas que han hecho algo malo también han vivido una vida dura y triste, por lo que también son dignas de comprensión y de ser tratadas con dignidad.

Neller Harper Lee nació en Monroeville, Alabama, USA, el 28 de abril de 1926. Su madre era una abogada bastante parecida en su sentido moral y en el cariño por sus hijos, a Atticus, el personaje de Matar a un ruiseñor. Lee también estudió Derecho en la Universidad de Alabama, pero abandonó sus estudios para marcharse a Nueva York donde trabajo en unas aerolíneas hasta que pudo dedicarse a escribir gracias a la ayuda financiera de unos amigos. Matar a un ruiseñor surgió de la unión de una serie de cuentos sobre su infancia. Con ella consiguió el Premio Pulitzer 1961, de la que surgiría en la memorable película de 1962. Parece ser que el personaje de Charles Baker “Dill” Harris, el niño amigo de Scout y Jem, está basado en su amigo de la infancia, y también escritor, Truman Capote, a quien Lee acompañó a Kansas en 1959 y ayudó en su reportaje sobre los asesinatos  de la familia Clutter, que se convertiría en el libro de Capote A sangre fría. De regreso a su localidad natal, Lee publicó Ve y pon un centinela, considerada la secuela de su primera novela, también escribió algunos ensayos, falleciendo el 19 de febrero de 2016.

A los jóvenes que quieren morir, por Gwendolyn Brooks

“No importa cuán frío y sin alegría haya sido el invierno, poco a poco reverdece el pasto y se alcanza a oír un pájaro solitario”. (Höldering)

En esta ocasión, aprovechando la dos últimas guías de lectura sobre novelas propuestas (la anterior: Tomates verdes fritos, y la que aparecerá posteriormente: Matar a un ruiseñor) en las que aparece el tema del racismo en Estados Unidos, hemos considerado oportuno acercaros a la vida y obra de una gran poeta afroamericana, Gwendolyn Brooks (1917-2000), la primera de su raza en ganar un premio Pulitzer, en 1949, por su libro Annie Allen, cuyos poemas se basan en el crecimiento de una niña afroamericana en la ciudad de Chicago.

Implicada en la promoción de la igualdad y la identidad racial, Brooks fue una poeta con una gran conciencia política que dedicó sus esfuerzos a sacar la poesía de los círculos académicos y acercarla a todas las clases sociales, poniendo su voz al servicio de los derechos constantemente vulnerados a la gente de color, incluso, aprovechándose de la fama que le proporcionó el Pulitzer, prefirió publicar sus libros en las pequeñas editoriales de empresas afroamericanas que aceptar las mejores ofertas de las multinacionales.

En el poema que sigue, To the Young Who Want to Die (A los jóvenes que quieren morir), Brooks se dije a todas aquellas personas que, a pesar de su juventud, piensan que el mundo ya no tiene nada que ofrecerles y se ven tentadas a buscar una salida por la puerta sin retorno:

TO THE YOUNG WHO WANT TO DIE
			de Gwendolyn Brooks


Sit down. Inhale. Exhale.
The gun will wait. The lake will wait.
The tall gall in the small saductive vial 
will wait, will wait: 
will wait a week: will wait through April.
You do not have to die this certain day.
Death will abide, will  pamper your postponement.
I assure you death will wait. Death has 
a lot of time. Death can 
attend to you tomorrow. Or next week. Death is 
just down the street; is most obliging neighbor; 
can meet you any momento.

You need not die today.
Stay here-through pout or pain or peskyness.
Stay here. See what the news is going to be tomorrow.

Graves grow no green that you can use.
Remember, green’s your color. You are Spring.
A LOS JÓVENES QUE QUIEREN MORIR
			por Gwendolyn Brooks


Siéntate. Inhala, Exhala.
El arma esperará. El lago esperará.
La enorme hiel en el pequeño seductivo frasco 
esperará, esperará: 
esperará una semana: esperará hasta abril.
No tienes que morir este exacto día.
La muerte esperará, consentirá tu aplazamiento.
Te aseguro que la muerte aguardará. La muerte tiene 
mucho tiempo. La muerte puede 
atenderte mañana. O a la próxima semana. La muerte es 
justo el final de la calle; el más atento vecino; 
puede conocerte en cualquier momento.

No necesitas morir hoy.
Quédate aquí – a pesar de las malas caras o el dolor o las pesadumbres.
Quédate aquí. Ve cuáles van a ser las noticias de mañana.

No crecen las tumbas verdes, las que puedas usar.
Recuerda, el verde es tu color. Tú eres la primavera.

Como habréis podido comprobar, el lenguaje utilizado por Brooks en este poema es muy sencillo y directo. Dice las cosas con claridad para que todo el mundo sea capaz de comprender el mensaje que intenta lanzar: “vale la pena recordar que pese a los deprimidos o doloridos que estemos, el mundo siempre vuelve a florecer”.

El tono es coloquial. Habla con la persona lectora como podría hacerlo con una amiga, y lo hace evitando frases grandilocuentes o tópicos o lugares comunes, pidiéndole que no se precipite, que espere, ya que para morir siempre hay tiempo, no tiene porqué ser ahora. “La muerte espera”. Luego le anima a continuar a pesar de sus sufrimientos porque, si se precipita, ya no hay vuelta atrás. Finalizando con el mejor motivo que puede tener para seguir viviendo: su juventud: “el verde es tu color. Tú eres la primavera”.

¿Quién querría matar la primavera?

Realmente no hay muchas figuras literarias y las pocas que aparecen son de fácil comprensión, por ejemplo cuando dice: “The tall gall in the small saductive vial” (La enorme hiel en el pequeño seductivo frasco), para referirse al suicidio mediante un amargo veneno, pues ya antes ha mencionado un arma y un lago como otros métodos para acabar con su vida. Daos cuenta que utiliza el adjetivo “seductivo” para referirse al frasco con la pócima letal, y lo hace en contraposición con “las malas caras o el dolor o las pesadumbres”, sin embargo, cuando llegamos a los últimos versos, vemos cuál es su intención: a pesar de que la muerte le parezca en este momento seductiva, a pesar de sus sufrimientos, las tumbas no son verdes, no, son la oscuridad infinita.

En el aspecto formal, el poema está compuesto en versos libres, sin rimas ni métrica computada, en cambio en tres ocasiones, mediante encabalgamientos, juega con los finales del verso para dejar un mensaje claro: (“la muerte tiene / mucho tiempo – la muerte puede / atenderte mañana – la muerte es / justo el final de la calle”):

…Death has 
a lot of time. Death can 
attend to you tomorrow. Or next week. Death is 
just down the street;…
…La muerte tiene 
mucho tiempo. La muerte puede 
atenderte mañana. O a la próxima semana. La muerte es 
justo el final de la calle;

Concluyendo, se puede afirmar que Brooks tenía muy claro su mensaje y a quién iba dirigido, por lo que simplemente buscó la efectividad antes que el lucimiento y esa misma sencillez hace que éste sea un poema bello.

GUÍA DE LECTURA – NOVELA: Desgracia, de J.M. Coetzee

9788497599443Antes de pasar a desarrollar el libro, detengámonos un momento en su título. Desgracia (Disgrace, en inglés original) no es una palabra que llame mucho la atención, más bien resulta un tanto repulsiva. Si analizamos sus diferentes acepciones, según el Diccionario de la RAE, todas parecen girar entorno al mismo concepto: “- Situación de quien sufre un suceso doloroso. – Suceso que produce dolor o pena. – Situación de infelicidad. – Mala suerte. – Situación de quien ha perdido la gracia o amistad. – Desagrado, desabrimiento y aspereza. – Falta de gracia o de maña”. Lo que nos lleva a que desgracia también puede referirse a la acción de avergonzarse de sí mismo o avergonzar a los demás. Esta palabra aparece repetidas veces a lo largo de la novela. ¿Cuál de todas estas acepciones creéis que se acomoda mejor al título?

14659960144356Desgracia se desarrolla en Sudáfrica, unos años después del final del Apartheid (separación, en afrikáans), un sistema oficial de segregación racial que se mantuvo en vigor desde 1948 hasta 1994, donde los derechos de los negros, la población mayoritaria, estaba limitado: no se les consideraba ciudadanos legales y fueron divididos en tribus autónomas llamadas bantustanes, teniendo que residir en guetos apartados de las ciudades o en el campo, estudiaban en escuelas separadas, asistían a hospitales separados y utilizaban servicios públicos separados; por su parte, los blancos, población minoritaria, tenían todos los derechos y disfrutaban de las mejores escuelas, hospitales, servicios, etcétera, pudiendo residir donde les placiera. Sin embargo, esto generó un creciente aislamiento internacional de Sudáfrica al romper con ella muchas naciones las relaciones diplomáticas y comerciales, lo que llevó a Frederik De Klerl al poder, quien inició el desmantelamiento del Apartheid y el establecimiento de un sistema político democrático comprometido a conseguir la igualdad entre hombres, mujeres y gentes de todas las razas. Tras las elecciones de 1994 Nelson Mandela fue elegido Presidente por mayoría absoluta.
La novela comienza en la moderna y cosmopolita Ciudad del Cabo, capital de la provincia de Cabo Occidental donde David es profesor en la Universidad, pero luego se va a vivir con su hija a su granja situada en la provincia de Cabo Oriental, es decir, en plena Sudáfrica negra, un lugar menos seguro y con tensiones raciales todavía latentes, aunque, curiosamente, en el libro son casi inexistentes las expresiones racistas, pero con la particularidad de que, al leerlo, siempre sabemos si son blancos o negros los protagonistas. Entonces ¿cómo consigue Coetzee que tengamos esa referencia?…

70160283_2563844373682257_6018719658239066112_oEl narrador es omnisciente y en tercera persona, pero se limita solamente al personaje de David al exponernos sus pensamientos, al explicarnos cómo percibe las cosas, cómo se siente, lo que recuerda o imagina, lo que le preocupa…, sin embargo, con el resto no lo hace, simplemente se limita a exponer sus palabras y acciones, por lo que toda la trama la vemos desde el punto de vista de David, es como si estuviéramos metidos en su cabeza, o quizá ¿sería mejor decir en la cabeza del autor? ¿Qué pretende con ello Coetzee?…
Desgracia tiene una narrativa sencilla, pues son escasos los comentarios secundarios: todo se nos presenta tal y cómo es, y aunque el tono de la novela resulta un poco sombrío, supongo que tendrá que ver más por los hechos que en ella se narran que por el estilo del autor. Y es que el estilo de Coetzee es bastante limpio, conciso y directo, simple, aunque la estructura es mucho más compleja.

70475310_2563815680351793_7622326976161775616_oHay dos grupos de elementos dentro de la novela que, con toda nitidez, han sido utilizados con una clara intención simbólica, me refiero a los perros, por un lado, y a los personajes de la ópera que pretende escribir sobre los amoríos de Byron.
Los perros nunca habían tenido ninguna importancia en la vida de David hasta que se traslada a la casa de su hija, entonces se convierten en un personaje más de la novela, y no solamente aquellos que como Katy, la hembra bulldog que le acompaña en todos sus paseos, o el resto que tienen nombre propio y personalidad definida, si no a todos en general, tanto los que cuida Lucy, como los que languidecen en la clínica de animales, y Coetzee, en algunos casos, los utiliza para enfatizar el estatus social o la caída en desgracia. Dos ejemplos de ello los podemos encontrar en las palabras de Lucy, en el capítulo 8, y de Petrus, en el 15, ¿cuáles pensáis que son sus significados concretos?:
“No quiero reencarnarme en una futura existencia como perro o como cerdo y tener que vivir como viven los perros o los cerdos bajo nuestro dominio”. (p. 96)
 “Se acabaron los perros. Ya no soy el perrero. El hombre perro”. (p. 163)
Sin embargo, con relación a David son utilizados como un recurso para reflejar sus estados anímicos y sus tribulaciones internas, pues a medida que las cosas empeoran para él y se sumerge más en la vergüenza y la desgracia, su personaje se alinea más con el de un perro, como se refleja, en el capítulo 11, con sus palabras explicándole a Lucy su humillación en la Universidad. ¿A qué se refiere David con estas frases y qué está justificando?:
“En aquel espectáculo había algo tan innoble, tan ignominioso, que llegaba a desesperarme. A mí me parece que puede castigarse a un perro por una falta como morder o destrozar una zapatilla. Un perro siempre aceptará una justicia de esa clase: por destrozar un objeto, una paliza. El deseo, en cambio, es harina de otro costal. Ningún animal aceptará esa justicia, es decir, que se le castigue por ceder a su instinto”. (p. 115)
s adelante, cuando David ayuda en la clínica de animales, llega a empatizar con aquellos seres abandonados, tristes, solitarios, temerosos, pero, en el fondo, agradecidos, incluso le toma apego a uno de ellos, tullido de una pata trasera, y a pesar de que ve la desgracia en el hecho de morir, también ve la vergüenza que supone la forma en que el perro se ve obligado a vivir. Todo ello lo extrapola Coetzee a la vida de los seres humanos, como podemos observar en este pequeño diálogo del capítulo 22, entre David y Lucy, ¿a qué humillación se refiere el diálogo?:
 “- Qué humillante – dice él por fin -. Con tan altas esperanzas, mira que terminar así…
– Estoy de acuerdo: es humillante, pero tal vez ese sea un buen punto de partida. Tal vez sea eso lo que debo aprender a aceptar. Empezar de cero, sin nada de nada. No con nada de nada, sino sin nada. Sin nada. Sin tarjetas, sin armas, sin tierra, sin derechos, sin dignidad.
– Como un perro.
– Pues sí, como un perro”. (p. 254)

69826469_2563774190355942_2549301447976026112_nEn el segundo grupo de elementos, el de los personajes de la ópera que David quiere escribir sobre Byron, tres son los símbolos elegidos: Byron, Teresa y Allegra.
David, como buen estudioso de los poetas románticos, tiene una enorme cantidad de conocimientos de Lord Byron sobre el que ya ha escrito varias cosas y ahora tiene un nuevo proyecto: una ópera basada en la relación del poeta y su amante Teresa. Sin embargo, el interés de David sobre Byron es mucho más profundo pues, en el fondo, quiere ser como él o, mejor dicho, como el héroe idealizado e imperfecto que el propio Lord Byron retrató en su poema en parte autobiográfico Childe Harold´s Pilgrimage, y a pesar de carecer de la capacidad byroniana de cautivar a las mujeres con sus dulces palabras ni de ser un amante suave con ellas, se considera, como aquél: inteligente, perceptivo, sofisticado, educado, misterioso, magnético, carismático y seductor, pero, al mismo tiempo, alardeando de su parte oscura: conflictivo, cínico, arrogante, solitario, autodestructivo… Por ello no es de extrañar que, a medida que crece la desgracia de David, éste se aferre más a la figura de Byron.
La Condesa Teresa Gamba Guiccioli, con dieciocho añitos, contrajo matrimonio con el Conde Guiccioli y tres días después conoció a Lord Byron quien se convirtió en su “cicisbeo” (chichisbeo en castellano: Galanteo, obsequio y servicio cortesano asiduo de un hombre a una dama. RAE), con la complacencia de su esposo, algo realmente atractivo para David y con cuya figura podemos observar cómo evoluciona éste en su actitud ante el amor y el sexo, pues cuando retoma el proyecto aparcado desde Ciudad del Cabo, vemos que la aventura lujuriosa de Teresa y Byron en su proyecto operístico tenía algo de su aventura con Melaine, como podemos comprobar en el capítulo 20:
 “Así es como él la había concebido: una pieza de cámara en torno al amor y la muerte, con una joven apasionada y un hombre de edad ya madura que tuvo gran renombre por su pasión, aunque ésta solo sea un recuerdo…” (p. 224)
Sin embargo, en el momento que se dispone a continuarla, ya no se atreve a escenificar ese romance y decide darle un enfoque retrospectivo, con una Teresa madura y Byron ya tiempo muerto. ¿Quién, pensáis, que representa a esta nueva Teresa en la novela?:
“El paso del tiempo no ha sido amable con Teresa. Con la pesadez de su busto, con su tronco fornido y sus piernas abreviadas, tiene un aire más de campesina, de contadina, que de aristócrata. La tez que Byron tanto admiró en su día se le ha vuelto febril; en verano se ve postrada a menudo por unos ataques de asma que la dejan sin aliento”. (p. 226)
¿Quiere decir esto que David ha realizado una transición hacia la madurez al buscar el amor en mujeres más mayores en vez de en jovencitas que solo podían traerle problemas?…
Y por fin aparece Allegra, la hija legítima de Lord Byron y Clair Clairmont, quien murió de malaria a la temprana edad de cinco años, lo que produjo en Byron un sentimiento de culpabilidad al haberla descuidado durante su corta vida, y aparece sin más, sin justificación alguna, en la ópera que David está escribiendo… Claro que si tenemos en cuenta que la mencionada ópera es una metáfora de las propias experiencias de David, Byron es una metáfora de él mismo y Teresa otra sobre su concepción del amor, ¿o deberíamos llamarlo sexo?, entonces ¿cuál sería el significado metafórico de Allegra?…
Del final no hablaremos, pero me gustaría haceros reflexionar sobre ella porque seguro que os ha dejado con alguna pregunta en vuestras cabezas. Es un final simbólico en el que se mezclan la muerte y la vergüenza, la compasión y la liberación, pero reflexionemos un poco y preguntémonos: ¿qué mensaje ha querido enviarnos Coetzee con este final?…
En conclusión, Desgracia es una novela en la que se acumulan diversos temas e intenciones, aunque parece, a simple vista, que el tema más importante es el sexual, pero el amor brilla por su ausencia, y en las cuatro relaciones que aparecen se nos plantea un pequeño catálogo de las mismas: el sexo comprado (Soraya), el irresponsable (Melaine), el consensuado (Bev) y el violento (Lucy), pero en todos ellos se esconden los sentimientos reales que los han originado. ¿Sabríais decir cuáles son estos sentimientos en cada caso?
AVT_JM-Coetzee_9370John Maxwell Coetzee nació el 9 de febrero de 1940 en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, en cuya Universidad estudió Matemáticas e Inglés. Tras acabar sus estudios superiores, marchó a Londres donde trabajó de informático para la IBM. En 1965 se trasladó a la Universidad de Texas doctorándose en Inglés, Lingüística y Lenguas germánicas, tras lo cual consiguió trabajo como profesor de Literatura inglesa en la Universidad Estatal de Nueva York, Buffalo, aunque a los tres años le fue denegado su permiso de residencia por participar en unas manifestaciones en contra de la intervención norteamericana en Vietnam, por lo que tuvo que regresar a Ciudad del Cabo en cuya Universidad pudo enseñar como profesor de Literatura. En 1974 publicó Dusklans, su primer libro, que consta de dos historias: una sobre los efectos psicológicos de la guerra de Vietnam en las personas que participaron en ella y la otra sobre Sudáfrica del siglo XVIII. Tres años más tarde apareció En medio de ninguna parte, novela bastante premiada y con la que consiguió fama internacional. Con Esperando a los bárbaros (1980) y Vida y época de Michael K (1983), profundizó en la problemática de su país, recalcando la culpa de los colonizadores y ganando con la segunda su primer Premio Booker. Tres años más tarde publicaría Foe, en la que revisa el mito de Robinson Crusoe viviendo esa misma aventura desde el punto de vista de una mujer. Después vendrían La edad de hierro (1990) y El maestro de Petersburgo (1994), hasta que en 1999 publicaría Desgracia, con la que ganaría su segundo Premio Booker. En 2002 se trasladó a Australia para ejercer de profesor en la Universidad de Adelaida, donde sigue residiendo, y allí recibió la noticia de que se le había concedido el Premio Nobel de Literatura. Desde entonces a seguido publicando novelas, ensayos, crítica y traducciones, manteniéndose al margen de la vida pública y trabajando en su mundo privado, procurando que su biografía interese menos al público que sus novelas.