GUÍA DE LECTURA – POESÍA: Soneto 130, de William Shakespeare.

Los ojos de mi amada no son en nada como el sol,

el coral es mucho más rojo que sus labios rojos,

si la nieve es blanca, ¿por qué sus pechos son pardos?,

si los pelos son alambres, negros alambres le crecen en la cabeza;

he visto rosas damascadas, rojas y blancas,

pero tales rosas no veo en sus mejillas,

y en algunos aromas hay más deleite

que en el aliento que mi señora trasciende.

Me encanta escucharla hablar, pero sé bien

que la música tiene un sonido mucho más agradable.

Admito que yo nunca vi a una diosa irse,

pues mi ama, cuando camina, pisa el suelo:

y sin embargo, por el cielo, considero que mi amor es maravilloso

como cualquier otro que pudiese ser creído con falsa comparación.

Como habréis comprobado, el soneto 130 es un soneto inglés que tiene también 14 versos, pero está compuesto por tres cuartetos y un pareado final, con un esquema de rima si lo leéis en inglés, pues al traducirlo al español ésta desaparece, de la siguiente forma: abab cdcd efef gg.

Este soneto es un poema bastante inusual, sobre todo en aquellos momentos en que fue compuesto, cuando imperaban los arquetipos petrarquistas y renacentistas donde la imagen de la mujer era idealizada y presentada como un ser irreprochable, sobre todo en lo que se relacionaba con la belleza física. Sin embargo, Shakespeare elude en él de las reglas convencionales abriendo nuevos caminos innovadores y frescos, en el proceso poético, ofreciendo de esta forma una visión alternativa en la que es posible amar a una mujer con todas sus imperfecciones.

El caso es que, aún conteniendo en sí todos los temas correspondientes a la poesía amorosa tradicional, en la que él mismo era un maestro: amor, anatomía, belleza femenina…, aborda la composición de este soneto de una manera totalmente antagonista por su realismo y la ausencia de un lenguaje recargado, florido e idealista.

¿Qué pretende Shakespeare con este ejercicio de honestidad y realismo? ¿Tal vez demostrar que el verdadero amor no depende de una noción ilusoria de la belleza? ¿Huir de los convencionalismos alejándose de la falsedad poética? ¿Aceptar las cosas tal como son? ¿O burlarse de otros poetas de su época muy apegados al modelo petrarquista como Edmund Spenser o Sir Philip Sidney?…

De los ciento cincuenta y cuatro sonetos que Shakespeare escribió, los últimos veintiocho están dirigidos a una misteriosa “Dama Oscura”, una posible amante del poeta de la que parecía, según muestran los poemas, profundamente enamorado a pesar de no poseer ella una belleza perfecta según los cánones contemporáneos, por eso mismo, al resaltar los “errores” de la amada, da la sensación de que los lazos de ese amor se fortalecen. Todo esto entre comillas, claro está, porque con los poetas, y más los del renacimiento, es difícil separar la ficción de la realidad, y sobre todo cuando de hablar de amor se trata.

Pero veamos cómo se producen las antítesis ante las convenciones petrarquistas: La moda de aquel momento era comparar los ojos de la amada con la luz del sol, sin embargo, nuestro poeta lo deja bien claro ya en el primer verso: “My mistress’ eyes are nothing like te sun;”, es decir, no tiene para nada un brillo cegador. El color perfecto de los labios era el rojo de los corales, pero lo deja bien claro en el segundo verso: “Coral is far more red tan her lips’ red;”, no son tan rojos… El ideal de la belleza femenina era una piel blanca y sedosa, porte esbelto, cabello rubio y, como ya hemos dicho, labios rojos y ojos brillantes, así que Shakespeare deja bien claro en los versos siguientes que su amada no es así: “If snow be White, why then her breasts are dun; / if hairs be wires, black wires gro won her head.” Pero los pechos de la protagonista en nada se parecían a la nieve y que eran de un marrón grisáceo (pardo), tal vez porque fuera una mujer de color, y su pelo no era una sutil melena dorada, sino alambres de recio pelo negro, aunque Shakespeare al comparar los cabellos con “alambres” posiblemente se refiriera a la moda isabelina del uso de redes para el pelo tejidas con finos hilos de oro.

Las comparaciones del segundo cuarteto: “I have seen roses damasked, red and White, / but no such roses see I in her cheeks; / and in some perfumes is there more delight / tan in the breath that from my mistress reeks.” Dejan bastante claro que sus mejillas no eran sonrosadas ni su aliento olía a perfume, lo que suele ser muy normal, al igual que cuando se refiere a su forma de caminar, la cual es de lo más natural, y cuando afirma que su voz no suena a música, todo ello en el tercer cuarteto: “I love to hear her speak, yet well I know / that music hath a far more pleasing sound; / I grant I never saw a goddess go; / my mistress, when she walks, treads on the ground.”

Y todo esto culmina en el pareado final donde el poeta afirma con honestidad que a pesar de todo lo anteriormente dicho ella es su amada y, además, no pierde la ocasión de apuntillar a otros poetas que hablan de las suyas adornándolas con falsas cualidades: “And yet, by heaven, I think my love as rare / as any she belied with false compare.”

En conclusión, este es un poema de amor, pero del más puro, ese que no necesita idealizar a una persona para amarla y la ama tal cual es, por lo que a pesar de parodiar en él los usos exagerados de los recursos petrarquistas, al mismo tiempo abraza el tema fundamental de Petrarca, es decir, el amor total y devorador; aunque, quizá, también podamos pensar que es una crítica literaria hacia las metáforas vacías y los lugares comunes, verdadero castigo de la poesía de cualquier tiempo, pues, como dijo Voltaire: “el primero que comparó a la mujer con una flor fue un poeta y el segundo, un imbécil”.

GUÍA DE LECTURA – POESÍA: Night, de Anne Brontë

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Night

I love the silent hour of night,
For blissful dreams may then arise,
Revealing to my charmed sight
What may not bless my waking eyes!

And then a voice may meet my ear
That death has silenced long ago;
And hope and rapture may appear
Instead of solitude and woe.

Cold in the grave for years has lain
The form it was my bliss to see,
And only dreams can bring again
The darling of my heart to me.

Noche

Amo la hora silenciosa de la noche,
en que pueden surgir sueños dichosos,
Revelando a mi encantada mirada
lo que no bendice a mis ojos despiertos.

Y entonces una voz puede llegar a mi oído,
esa que la muerte ha silenciado hace mucho tiempo;
y la esperanza y el éxtasis pueden aparecer
en lugar de la soledad y la aflicción.

Fría en la tumba durante años ha yacido
la forma que fue mi felicidad al ver,
y solo los sueños pueden traer de nuevo
el amor de mi corazón a mí.

Anne_BronteAnne Brontë, la menor de las tres hermanas y la más tranquila y pacífica de ellas, tuvo una notable habilidad literaria para poder expresar emociones intensas con formas simples, como así podemos comprobar en este poema. La noche es uno de sus muchos poemas románticos y, al mismo tiempo, de duelo, lo cual ha dado bastante tema durante mucho tiempo a la especulación de los estudiosos de la literatura, siendo éste un poema harto apasionado y evocador.
Compuesto en tres cuartetos con rima alterna (ABAB-CDCD-EFEF), se expresa en él una emoción muy profunda que pone se manifiesta durante la noche, en una extraña combinación de soledad y desahogo, y es que en el silencio de la sombra los sueños parecen más reales y, aunque no siempre sean felices, vale la pena esperarlos porque en ocasiones sí lo son, pues ellos pueden recuperar el pasado, dar vida a los muertos y hacer llegar la voz de la persona perdida y, de esta forma, reemplazar los sentimientos de soledad y aflicción por los de esperanza y éxtasis.
La muerte ha arrebatado a la persona amada, aquella que bendijo sus ojos despiertos, y ahora todo es soledad, solo le quedan los sueños y el poder que ellos encierran es suficiente para sostener la ilusión de la poeta por la vida.
Anne Brontë, nacida en Thorton, Yorkshire del Oeste, el 17 de enero de 1820, y fallecida en Scarborough, a causa de la tuberculosis, el 28 de mayo de 1849, escribió La noche en 1845, cuando contaba veinticinco años de edad, y fue publicado tres años después de la muerte del asistente de la parroquia de su padre, William Weightman, de quien ella parece ser que estaba enamorada. Anne escribió varios poemas de este mismo corte en 1842, al poco tiempo de fallecer William, a quien parecen ir dirigidos, en particular los titulados I Will Not Mourn Thee y Lovely One. Además de sus poemas, escribió dos novelas: Agnes Grey, donde reflejó sus experiencias como institutriz de unos niños incorregibles y malcriados a quienes no le permitían imponer disciplina, por lo que se marchó por propia voluntad, y La inquilina de Wildfell Hall, bastante criticada en su tiempo por la crudeza con que trataba el tema del maltrato machista, algo bastante inapropiado en su tiempo.
La vida oscura y melancólica de Anne, junto con sus hermanas Chalotte y Emily, siempre bajo la sombra del hermano alcohólico y violento, y ahogadas por las rígidas convenciones sociales sobre la moral y el comportamiento femenino, la poca suerte en el terreno amoroso y la soledad que les rodeaba en la rectoría de una pequeña población del norte inglés, hicieron que se refugiaran en la escritura como medio de expresar todo aquello que llevaban dentro, siendo influenciadas por sus lecturas de los poetas románticos británicos como Wordsworth, Scott o Byron, entre otros, les fue suficiente para ser capaces de crear algunos personajes inolvidables de la literatura universal como, Jane Eyre, Heathcliff, Cathy o Hareton.

Vault
Esta inscripción se halla en la iglesia de Haworth. No aparece Anne porque ella fue la única de la familia que no fue enterrada en su pueblo, su cuerpo esta en Scarborough, la localidad de la costa donde pasaban los veranos:

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