GUÍA DE LECTURA: La huella de una carta, de Rosario Raro.

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“El consuelo que nos queda es que en la literatura es más fácil hacer justicia”

Rosario Raro

 

portada_la-huella-de-una-carta_rosario-raroEste es el segundo libro de Rosario Raro que comentamos dentro de nuestro Club de Lectura, y no simplemente por el hecho de que esta excelente escritora sea amiga personal nuestra, lo cual ya sería motivo suficiente para ello, sino porque los temas que aparecen en sus novelas son lo bastante atractivos e interesantes para llamar la atención y despertar la curiosidad de cualquier lector con el sano afán de sumergirse en historias repletas de intriga, dinamismo, sorpresas y un enorme trabajo de investigación histórica.

Sobre Rosario no vamos a decir mucho más que lo que ustedes pueden leer en nuestro artículo “Pequeña biografía de Rosario Raro”, publicada en este blog allá por el 20 de abril de 2016 con motivo de la edición de su primera novela: “Volver a Canfranc”, pero sí podemos añadir que, gracias a ser una mujer comprometida con la realidad del mundo que le rodea, gracias a su gran sensibilidad y gracias a su enorme sentido de la justicia y la ética bien entendida, puede desarrollar estas historias repletas de temas capaces de hacernos empatizar con los personajes que en ellas aparecen.

En “La huella de una carta” se nos describe la sociedad apocada y gris de las décadas del 50 y 60 del pasado siglo bajo el peso de la moral hipócrita del régimen franquista, pues los mismo mandatarios que subyugaban a un pueblo con las leyes de la intransigencia, permitían, al mismo tiempo, con plena libertad, premeditación y alevosía, los desmanes más irracionales  por parte de las industrias poderosas con el sagrado pretexto del progreso y desarrollo general… aunque disfrutando, con total seguridad, de parte de aquellos beneficios obtenidos del sufrimiento, el dolor e incluso la muerte de muchas personas anónimas.

En aquella sociedad anclada en la tradición mal entendida y en una moral peor interpretada, la mujer disfrutaba de un estatus poco más elevado al de un simple objeto, eso sí, dignificado por su capacidad de ser madre, lo que en vez de sacarla de la postración cultural, laboral y económica, la sumía todavía más en el ostracismo social, algo totalmente impensable para los hombres, aquellos seres libres, aunque algunos mucho más que otros, no lo olvidemos, a quienes ellas debían permanecer sometidas de por vida, por eso, hablar de amor en aquellos tiempos era peligroso, pecaminoso, o, al menos, sospechoso, pues la mujer debía enamorarse una sola vez y para toda la vida, ya que, una vez dado el paso del tan ansiado matrimonio, se metamorfoseaba en simple sombra de su esposo y criada tanto de él como de sus hijos, eso sí, le estaban permitidas las reuniones castas, la oración, las misas y la confesión como alimento cotidiano a un dios misógino… Por ello no era de extrañar el éxito de las novelas de Corín Tellado o de consultorios radiofónicos tales como el de Elena Francis, pues en estos sucedáneos encontraban el sabor de una vida de ciencia ficción.

Sin embargo, en esta novela está Nuria, una mujer bella y joven, casada con un viajante que pasa la mayor parte de la semana fuera del hogar trabajándose el mercado y otras oportunidades, quedando, por tanto, ella en defensa de su honor mientras ahogaba sus inquietudes y habilidades en la eterna espera picotear las migajas de cariño que el marido tuviese a bien obsequiar en sus regresos, y desempeñando la labor del continuo cuidado y atención de sus dos retoños… Hasta que un día lee un anuncio en la prensa en el que se buscaban personas para un trabajo, el cual pudiese ser desempeñado desde casa para el que se requería “responsabilidad, dotes en el ámbito de la psicología, buen nivel de redacción, ser una persona creativa, de mucha intuición y capacidad resolutiva” … ni pintado para ella, una chica con estudios y bien capacitada… Y aquí comenzó todo.

Su trabajo en este consultorio consistía en leer las cartas de las oyentes y responder sus consultas, que podían ir desde una simple receta de cocina hasta la búsqueda de consejos para solucionar algún problema amoroso, claro que, para las más complicadas, Nuria debía de ceñirse a la moral cristiana y no atentar contra la unión familiar, por lo que en sus dictámenes prevalecían el conformismo, la sumisión y la discreción, valores muy cotizados por el sistema vigente, sobre todo, si eran aplicados a las clases trabajadoras, y todo por el bien de la apariencia, sacrosanta virtud de la España tradicionalista… Hasta que, en una de estas ocasiones, llegó a sus manos una misiva que destapaba uno de los grandes escándalos farmacéuticos del siglo, sobre el que todavía no se ha impartido justicia, por lo menos en nuestro país respecta: la talidomida.

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Supongo que a estas alturas ya conocerán, al menos la mayoría de ustedes, en qué consistió todo este atentado, pero, por si les interesa refrescarlo, les comentaré brevemente que, durante décadas se fue administrando a las mujeres embarazadas un producto para aliviar sus problemas de vómitos y dolores de cabeza el cual, a la larga, causó el nacimiento de bebés afectados por malformaciones en sus miembros, lo que se conoce como focomelia. Pero aquello no era reconocido ni por la empresa farmacéutica, la Grünenthal alemana, ni por los gobiernos, ni tan siquiera por la prensa. Así que Nuria, ciertamente impactada por tal dramático panorama, decide investigar por su cuenta, pero como sus conocimientos eran escasos y sus tentáculos cortos para poderlo llevar a buen cabo, necesitada de ayuda, la buscó en un compañero científico de los laboratorios de estética y perfumería que patrocinaban el consultorio, y ahí aparecerá el otro personaje principal, Boro, con le unirá algo más que el afán de hacer justicia.

Pero no quiero destripar el argumento, sino que solo os diré que a medida que la historia va desarrollándose por las páginas del libro, la acción se va volviendo más trepidante, vertiginosa, y va envolviendo al lector en una atmósfera de peligro e intriga que lo atrapará hasta el final y lo llenará de adrenalina; y claro, la trama es importante, pero si a ello le sumamos la corrección literaria impecable desarrollada por Rosario en cada frase, la sencillez de sus exposiciones y descripciones que facilitan la comprensión, y la ambientación perfectamente fundamentada en sus investigaciones históricas, el cóctel es de los que nos garantizan momentos inolvidables repletos de sentimientos encontrados.

En conclusión, “La huella de una carta” es una novela que, sin ser histórica, nos permite descubrir las características peculiares de una parte de nuestra historia donde se descubrirán muchos datos que darán luz sobre este periodo oscuro de nuestro pasado que a nadie dejará indiferente.

Sus ojos en mí, de Fernando Delgado

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“Y fue para mí una desgracia que en Beas de Segura y en día de primavera pusiera en mí sus ojos; seguro hállome de que pecó de precipitada al mostrar su complacencia en mi persona antes de cualquier examen.”

Jerónimo Gracián de la Madre de Dios

         Y no se equivocaba el bueno de Gracián al calificar de “desgracia” el hecho de que Teresa “pusiera sus ojos en él” pues ello le acarrearía muchos sufrimientos, sin embargo, no pudo evitar sentirse atraído por aquella mujer que le doblaba en edad y a la que describió con estas palabras: “No diré que el rostro de aquella mujer, recortado en la toca de una monja, fuera tan bello que incitara al pecado al que lo viera al retirar su velo. Ni que su cuerpo, ágil para su edad de mujer plena, llamara a cualquier hombre a imaginarlo con malicia, Tampoco diré que la santidad le alumbraba los ojos, porque no era su mirada la recatada mirada de una virgen. La cara vivaz, el cuerpo inquieto, la mirada solícita y la inteligencia moviéndole los labios hacían de Teresa de Cepeda una mujer de apariencia más joven a sus sesenta años y presta al atractivo.” Pero aquel amor que surgió entre ellos, o más bien en ella, pues era ella mujer “que no ponía puertas al amor ni separaba el amor divino del humano porque al fin todo lo que tocaba el amor era para ella divino”, le obligaría a sumergirse en las enfangadas aguas de una guerra sin cuartel que, durante años, se desarrolló en los submundos humanos de quienes predicaban lo divino.

         Partiendo, pues, de estas premisas, y teniendo como escenario histórico los seis últimos años de vida de la santa durante el reinado de Su Católica Majestad Felipe II de España, quien también tendrá sus momentos en el argumento, esta novela no solo despliega, con sintaxis añeja, cargada de ironía y cercana a las formas y estilo de sus protagonistas, una bella historia de amor, aquella que dio comienzo el día en que Teresa de Jesús recibe en el convento de Beas de Segura al joven visitador de la orden, Jerónimo Gracián, y ella siente de inmediato por él “lo que no había sentido antes por nadie”, calificando como “los más luminosos de mi vida” los día que pasaron juntos hablando de lo divino y lo humano y compartiendo sus mutuos sentimientos e inquietudes, sino también, al mismo tiempo, la lucha despiadada entre aquellos representantes de Dios en la tierra quienes, olvidándose de lo eterno, buscaban la gloria en lo efímero, y es que la erótica del poder abre más puertas en el infierno que la del sexo.

La novela tiene una estructura original, pues transcurre en dos tiempos narrativos: el más actual, a mediados del siglo XX, donde Julio Weyler (más tarde Fray Casto del Niño Jesús) busca los consejos de Fray Humberto San Luis para que le ayude a escribir una novela sobre San Juan de la Cruz, aunque éste le quita esa idea inicial pues considera al personaje poco interesante para la narración, en cambio piensa que es más novelesca la relación entre Teresa de Jesús y Jerónimo Gracián. Así que Julio se replantea su inicial objetivo y, en colaboración con Fray Humberto y con su tío Ronald Weyler, se lanza a una extensa labor de investigación que dará como fruto esta historia.

El otro tiempo narrativo es el de la segunda mitad del siglo XVI, donde se desarrolla la labor reformadora de Teresa de Jesús, Juan de la Cruz y Jerónimo Gracián.

         La iglesia católica se había desviado bastante de sus principios originales relajando la disciplina, la observancia de las reglas, el comportamiento y la moral, por lo que, tras la reforma protestante de Lutero, se vieron en la necesidad de dar una respuesta contundente, o contrarreforma, si no querían caer en la más absoluta debilidad y permitir el avance del protestantismo. Para ello se convocó el Concilio de Trento de donde surgieron nuevas normas disciplinarias más acordes a la ortodoxia de sus creencias, revitalizando el uso de las herramientas infalibles de la oración y la meditación, así como del sacramento de la confesión, al mismo tiempo, se impulsó la formación de nuevas órdenes religiosas, cofradías y hermandades, para extender la fe y ayudar a los necesitados y, por entidad vigilante y censora se dio máximo poder a la Santa Inquisición. Y como siempre ocurre en estos casos, surgieron diferentes interpretaciones: por un lado, la idea impulsada por Pablo IV de un Dios intransigente y castigador, y por el otro el acercamiento individual a la fe y el uso de la piedad popularizado por Teresa de Jesús o Juan de la Cruz.

Sin embargo, no todos estaban por la labor de reformarse y menos cuando los monasterios y conventos veíanse repletos de hijos e hijas de casas nobles, o adineradas, que entraban en ellos por motivos bastante más peregrinos que la fe. Y ese era el caso de la orden del Carmelo, donde muchos de sus frailes “eran unos borrachos y puteros”, y de lo cual tampoco se salvaban muchas monjas

Ante la resistencia de los carmelitas calzados a mudar en sus costumbres, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz se lanzaron a una reforma según la regla antigua, mucho más estricta en los votos y mucho más humilde en las formas, que les acarrearía no pocos disgustos y sufrimientos en sus personas, sino también incluso agresiones, encarcelamientos, persecuciones y muertes entre sus seguidores, a manos de quienes hasta hacía poco eran sus hermanos.

Teresa estaba en total desacuerdo con la relajación de las normas de los conventos del Carmelo, por lo que decidió, ayudada por Juan de la Cruz, crear una nueva rama de carmelitas, los descalzos, mucho más revestidos de austeridad, pobreza, clausura y reflexión, construyendo, para ello, una serie de retiros por toda la península, comenzando por el de San José, en Ávila, su tierra natal, al que siguieron otros en Medina del Campo, Malagón, Toledo, Salamanca, Segovia, Beas de Segura, Sevilla Caravaca, Palencia y Burgos. Pero a causa de esta frenética actividad fundadora y reformista despertó la desconfianza en la Inquisición y fueron sus pasos constantemente mantenidos en estrecha vigilancia, sin olvidarnos de las suspicacias que levantaban sus escritos.

         Por su parte, Jerónimo Gracián Dantisco, natural de Valladolid, llegó, como ya hemos mencionado, ante Teresa como visitador de la orden alcanzando a ser el primer provincial de los Carmelitas descalzos. Sufrió numerosas persecuciones en su empeño por llevar a cabo las ideas de la mujer que le iluminaba y, sin perder nunca el buen humor, conoció el dolor de las traiciones y la soledad, aunque jamás la indiferencia, y nunca llegó a comprender por qué un amor tan puro, como el que había surgido entre Teresa y él, podía ser utilizado para atacarles y humillarles: “Mas este amor que yo tenía a la madre Teresa y ella a mí, en mí causaba pureza, espíritu y amor de Dios, y en ella consuelo y alivio para sus trabajos, como muchas veces me dijo, y así no querría que ni aún mi madre me quisiese más que ella. Bendito sea Dios que me dio tan buena amiga que estando en el cielo no se le entibiará este amor, y puedo tener confianza que me será de gran fruto. Mas mira qué cosa son lenguas mordaces, que de la grande comunicación y familiaridad que teníamos los dos, juzgaban algunos maliciosos no ser amor santo, y cuando no fuera ella tan santa como era y yo el más malo del mundo, de una mujer de sesenta años tan encerrada y recatada no había que sospechar mal; y con todo eso encubríamos esta tan íntima amistad porque no se nos echase a mala parte”. Y es que aquella relación produjo también muchas envidias y habladurías, incluso entre su propia comunidad, llegando Jerónimo a ser expulsado de España, apresado por los corsarios y acabando, paradójicamente, siendo recogido por los carmelitas calzados.

Recordando, pues, aquellos lances y peripecias de estos personajes históricos, Fernando Delgado nos ha dejado una deliciosa historia de amor platónico, o tal vez no tanto: “cualquier alma, por perfecta que sea, ha de tener un desguadero. Déjeme a mí tener este, que por más que me diga no pienso mudar del estilo que con él llevo”, en cuyas páginas aparece, de vez en cuando, su diablillo interno que nos hace burlas y bromas provocándonos la duda de todo lo que leemos y haciéndonos reflexionar sobre el límite entre lo divino y lo humano.

EN TORNO A LA LECTURA: Entrevista a Rosario Raro

por El Olmo Club de Lectura de Castellnovo

14383524_1076673495720733_1098127280_nCon un poco de retraso (…) publicamos la entrevista que le hicimos a Rosario Raro durante la presentación de su libro “Volver a Canfranc”, en una tarde–noche bastante agradable en la que los miembros de El Olmo Club de Lectura de Castellnovo pudimos disfrutar de su simpatía y amabilidad y en la que respondió sin fatiga ni reserva a todas las preguntas que se le hicieron.

EL OLMO:

¿Por qué esta historia, cómo se te ocurrió escribir sobre Canfranc?

ROSARIO:

Porque sucede siempre en los conflictos —en los que la condición humana está en lucha contra sí misma, como desde nuestro mismo origen como especie— que estos se sostienen siempre por motivos económicos. En cuanto se rasca la primera capa, el disfraz de la ideología, de las luchas de poder, del imperialismo, el romanticismo incluso por recuperar identidades a veces pasadas, otras legendarias y otras directamente inventadas, etc. aparece el poderoso caballero don dinero, que decía Quevedo, como razón fundamental. Esta fue la clave para escribir sobre lo sucedido en Canfranc en aquella época. En mi caso la historia sobre Canfranc surgió después de ver muchas fotografías del edificio. Fui de fuera a dentro. La primera imagen la encontré en un libro publicado en Versalles que se titula Lugares abandonados. Aunque resulte difícil de creer, ese es su estado: el paso ferroviario a Francia a través del centro de los

Pirineos está cerrado a pesar de que es el trazado más corto entre Madrid y París. Después vi muchas más fotografías, centenares de ellas, y comencé a leer sobre su historia hasta el punto de que se convirtió en una obsesión nada patológica sino muy útil para escribir esta novela. Sobre todo el periodo de mayor esplendor de este enclave en el valle de Los Arañones de Huesca durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que decía al principio de los conflictos.

14384005_1076673499054066_314957963_nEL OLMO:

Recopilar toda esta información te habrá supuesto un enorme trabajo. ¿Cómo te lo organizas en esos momentos?

ROSARIO:

He leído muchas noticias sobre la época en las hemerotecas digitalizadas de algunos periódicos, bastantes libros de ensayo histórico y periodístico y he visto numerosísimos documentales sobre la Segunda Guerra Mundial y películas. También he leído algunas novelas que aprovecho para recomendaros como Suite francesa de Irène Némirovsky. Su autora murió en Auschwitz y el manuscrito que contenía esta obra apareció en una maleta que sus hijas conservaron durante sesenta años. No se publicó hasta 2004. Se escribió simultáneamente a cuando sucedían estos hechos: la convivencia de los militares alemanes con los ciudadanos franceses en la zona ocupada del país. También leí La caja de música de la autora norteamericana Deborah Chiel aunque la historia se conoce más por la magnífica adaptación cinematográfica que hizo Costa—Gavras. En ella una hija libra su propio combate entre el amor que siente hacia su padre, un húngaro afincado en EEUU y el descubrimiento de su pasado como criminal de guerra. La decisión de Sophie escrita por el también estadounidense William Styron y que relata un dilema tan cruel para una madre que su argumento se nos ha quedado grabado a todos. Estas son las que más recuerdo entre otras muchas. Que se nos queden en la memoria siempre es una buena prueba.

Creo que para escribir literatura la documentación tiene que ser mixta: historia y ficción combinadas, como en el resultado. Después viene la labor de articularla toda sobre el eje cronológico y por último, borrar las costuras.

14389758_1076673492387400_849138524_nEL OLMO:

En la zona de Canfranc, ¿encontraste todavía personas que te pudieran hablar de aquellos momentos?

ROSARIO:

Así fue, el primer contacto fue a través de la oficina de turismo de Canfranc, después de atravesar el túnel por el que se accede a la estación y de quedarme maravillada por la manera en que el tiempo y sus historias se habían quedado allí suspendidas, condensadas. Después conocí a muchos más que me hablaron de sus abuelos, entre ellos el nieto de Albert Le Lay, el Laurent Juste en mi libro. Y las guías de la estación me remitieron a bastantes personas que habían participado en los hechos que se narran.

EL OLMO:

¿Fue tan importante el paso de judíos por Canfranc?

ROSARIO:

Canfranc fue un enclave estratégico y a la vez una vía de escape de la ratonera en la que se había convertido Europa. El paso ilegal de personas a través de la frontera, como actividad clandestina que es, no tiene registro, no hay cifras exactas de cuántos pasaron. Lo que sí se sabe es que pasaron por allí (y se salvaron) algunos de los mejores artistas e intelectuales del siglo XX: Max Ernst, Marc Chagall, Alma Mahler e incluso Josephine Baker. En este último caso, quien corría peligro no era ella sino su marido Jean Lion, magnate de la industria azucarera, por su condición de judío.

EL OLMO:

¿Los vecinos del pueblo colaboraron activamente en la ayuda a los perseguidos?

ROSARIO:

Creo que como hubiéramos hecho cualquiera de nosotros ante una mujer con un niño en brazos, al ver familias enteras que huían del horror nazi a través de las montañas. Escenas que todos sabemos que en estos momentos se están produciendo en varios lugares del mundo. Si las personas no cambian, parece que la humanidad, como suma de ellas, tampoco lo hace.

img_1697EL OLMO:

En tu novela hay bastantes personajes reales. ¿Puedes hablarnos un poco de ellos? ¿Todos los datos que aportas en la novela sobre ellos son reales o hay algo de ficción?

ROSARIO:

El jefe de la aduana internacional, las fuerzas del orden que eran muchas allí: carabineros, guardia civil, policía, gendarmes, además de los militares de varias nacionalidades. Algunos periodistas han llamado a la fonda que había en Canfranc el Café de Rick de los Pirineos o han hablado de la Casablanca del norte.

Cuando han asistido a las presentaciones personas de esta zona de La Jacetania me han dicho que cualquiera de los personajes de mi novela pudo estar allí entonces, que los que conocieron eran como ellos.

Además de poner en escena la persecución de la libertad y cómo la esperanza puede conducir nuestras vidas, me interesaba ese ensalzamiento de las buenas obras, de su recompensa. Hablar, en suma, de eso tan poético de la justicia divina a través de estas personas. Al menos en literatura es posible que así suceda, que todo cuadre. Mi intención era que cobraran vida, que se encarnaran y para eso necesitaba que no fueran perfectos. Tienen bastante que esconder, al menos a los lectores, para que sus claves, que están en su pasado, no se desvelen hasta bien avanzada la historia. Por algo eran espías.

Para crearlos pienso en alguien real: un actor, un amigo, incluso en un ministro para caracterizar a alguno. De esta forma, ante mí, ya han tomado carnalidad, ya son reales, después solo tengo que trasladar al lector todas las sensaciones que me producen, de esta forma también sé también cómo hablan, qué dirían y que no, qué piensan, como se comportan, etc. Si son creaciones ex nihilo, es decir, de la nada, creo que correría el riesgo de que parecieran fantasmagorías o figuras de cartón piedra.

img_1717EL OLMO:

El paso de wolframio hacia Alemania y de oro hacia España estaría bien controlado por la resistencia, ¿por qué nunca intervinieron para cortarlo?

ROSARIO:

El oro procedía por una parte de los bancos centrales de los países que el Tercer Reich invadía y por otro de las pertenencias de los prisioneros exterminados en los campos. Cuando lo cruzaban por la estación les daban fiesta a casi todos los trabajadores para que no hubiera testigos, solo se quedaban con los descargadores. Los lingotes los subían en unos camiones suizos que cruzaban la península, una parte se quedaba en Madrid y otra la embarcaban desde Lisboa hacia América. Este es el trayecto que describe Ramón. J. Campo en su libro sobre el oro y los nazis. Parece que no era tan fácil de interceptar porque lo llevaban muy bien escoltado.

img_1721EL OLMO:

¿Nos podrías aclarar qué tipo de ocupación ejercieron los alemanes sobre la estación? ¿Podían detener a los españoles sin más?

ROSARIO:

Los alemanes estaban en la estación de Canfranc porque aducían que la mitad de sus dependencias e instalaciones eran de nacionalidad francesa, y así sucedía, a pesar de estar ocho kilómetros tierra adentro de Aragón tiene doble jurisdicción: francesa y española, pero ni quiera la línea de la frontera se correspondía con la de la Francia ocupada. Canfranc Estación tiene la peculiaridad de ser el único municipio español en el que estuvo el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial.

Muchas personas fueron deportadas a campos de concentración y exterminio. Esa era una de las funciones de las patrullas alemanas. Terrible y muy cercano, tanto geográficamente como en el tiempo.

EL OLMO:

¿Cuánto de Albert Le Lay hay en Laurent Juste?

ROSARIO:

Todo lo que yo he podido saber de él y a decir de la familia bastante.

EL OLMO:

¿Para el personaje de Jana Belerma te inspiraste en alguien real?

ROSARIO:

Sí, en una mujer guapísima a sus casi ochenta años que aparece en el documental El rey de Canfranc y que perteneció a la plantilla de trabajadores del hotel Internacional situado en la segunda planta de la estación.

img_1724EL OLMO:

¿En quién te basaste para la figura de Voltor?

ROSARIO:

El mismo nombre ya remite a su apariencia que a muchos les recordaba a un buitre. Con él quería simbolizar los prejuicios: la manera en que se juzga a alguien por su aspecto sin conocer su historia. En el caso de Voltor lo que le ha sucedido es horrible. Después de aquello se convierte en un náufrago al que el programa de eugenesia del Reich le ha despojado de lo que más quería.

Me interesaba que apareciera un funcionario modélico del régimen, un oficinista, un ciudadano alemán cualquiera con quien tampoco tuvieron piedad.

img_1751EL OLMO:

El personaje del Gobernador tiene mucho de caricatura, algo esperpéntico, ¿hay una intención premeditada por tu parte para crearlo tan grotesco?

ROSARIO:

Sí. Incluso se podría decir que los demás son personajes y que don Gervasio Casanarbore es un tipo social, es decir, una figura prefijada que recoge todos los lugares comunes: en este caso representa a aquellos a quienes su ambición les ha llevado a la política para enriquecerse mediante trampas, para abusar del poder y sojuzgar a cuantos más semejantes mejor. Le mueven siempre los más bajos instintos y utiliza el poder como biombo para ocultar sus inseguridades y complejos que son muchos. Si miramos alrededor o dentro de la televisión, encontraremos muchos ejemplos, nada ejemplares, así.

EL OLMO:

¿Qué misión tienen dentro de la estructura de la novela los personajes ficticios?

ROSARIO:

Poner en escena estas acciones valerosas, valientes y valiosas. Esas tres uves. No quería que estos sucesos se narraran sino que se vieran en su desarrollo.

img_1757EL OLMO:

Los pasajes paralelos a la trama central, como el robo de los caballos o el rapto de la niña, ¿tienen algo de verdad?

ROSARIO:

Para el episodio de los caballos que le venden a don Gervasio y después se los roban me basé en algo que hizo un bandolero andaluz en el siglo XIX. Me hizo gracia esto de la venta temporal como forma de recaudación (delictiva, claro está).

Lo que sucede con las dos Valentinas, la aragonesa y la alemana, ilustra el programa nazi de eugenesia que te decía antes: consistía en deshacerse de todos aquellos que no encajaban en los cánones de la supuesta y rememorada raza aria. Es decir, una construcción artificial como suele suceder con todos los delirios.

Se asesinaba a quienes presentaban alguna discapacidad física o mental. Los que para los nazis tenían “una vida indigna de ser vivida”. Así lo expresaban en sus consignas.

Todos conocemos cuál era el ideal de belleza para ellos: ojos claros, cabello rubio, estatura alta, cuerpo atlético, es decir, un retrato cabal de Hitler. Sorprende muchísimo que el líder fuera precisamente todo lo contrario y no lo exterminaran. Aunque intentos hubo varios.

img_1678EL OLMO:

¿Hasta qué punto en esos momentos tan difíciles el ser humano es capaz de sacar tanto lo peor como lo mejor de sí mismo?

ROSARIO:

Creo que se debe a que se deja de lado la personalidad social, las máscaras, la hipocresía, para obrar como realmente es cada uno. Ejemplos de ambos extremos: del altruismo y la mezquindad y crueldad más absoluta los conocemos todos.

En estas circunstancias los comportamientos se extreman. Me interesaba mucho ese estudio de los personajes, el análisis de cómo en la misma encrucijada para todos, se puede decidir cómo ser y cómo actuar. En aquel momento hubo acciones muy rastreras y otras de una belleza moral que deslumbra. Los personajes fueron buenos o malos, en muchos casos según las circunstancias, no en términos absolutos y en el caso del protagonista, del jefe de la aduana internacional, como dice en el libro, consideró que “solo hizo lo que la dignidad le exigía”. Me atrajo el ejemplo que suponen estas hazañas que sucedieron tan cerca. Rescatar esos hechos y que se leyeran desde esta actualidad en la que estamos tan faltos de referencias, de “practicantes” de la generosidad.

img_1767EL OLMO:

Esta es tu primera novela larga, sin embargo, tienes escritos una gran cantidad de relatos, ¿cuáles han sido las mayores dificultades que has encontrado a la hora de trabajar con un texto más extenso en comparación con la síntesis de los cuentos?

ROSARIO:

El otro día respondí en una entrevista que independientemente de la extensión tendríamos que aplicar siempre la frase del arquitecto (tan relacionado con algunos personajes de mi novela) Mies van der Rohe: “Menos es más”. Aunque una novela sea muy extensa se tiene que tender siempre a la síntesis máxima en cada párrafo. Escribir solo lo absolutamente necesario como si se tratara de un telegrama en el que nos cobraran por palabra.

img_1739EL OLMO:

¿Eres metódica en tu forma de trabajar?

ROSARIO:

Sí, muchísimo. Paso casi el mismo tiempo planificando lo que voy a contar que escribiendo. Primero lo diseño por completo mentalmente. Hay una frase de Joan Miró que me gusta mucho, decía “Cuando más trabajo es cuando no trabajo”. A mí me sucede igual, creo historias, personajes, situaciones cuando conduzco, cuando llevo a cabo otras tareas o trabajos manuales de cualquier tipo, cuando paseo, y después, el acto de escribir para mí es en realidad transcribir porque ya lo tengo todo en la cabeza, solo tengo que cambiar el estado de ese material, consignarlo en un soporte físico para que tome “corporeidad”.

Escribo a primera hora de la mañana, cuanto más temprano mejor. Así, el resto del día lo dedico a ser una persona “normal”, es decir, a vivir mis otras siete vidas simultáneas. Lo único que me resulta imprescindible para escribir es la soledad. Tampoco puedo escribir contra una pared. Si el ordenador está conectado a Internet, mejor. De esta forma, es como tener varias ventanas enfrente, además de la física, la terraza, el balcón, etc. También escribo mucho en los viajes. Sobre todo para cumplir con los plazos. La prisa me estimula, pero después, antes de enviar algo (como esta entrevista) la tengo que revisar mucho, a veces durante meses.

Dibujo mapas mentales, lo ordeno todo en esquemas, en cuadrículas, en escaletas, utilizo cualquier medio que me sirva de ancla para la memoria.

Para mí de todo el proceso, la escritura supone un 20% y corregir el texto ocupa un 80% de mi tiempo dedicado a un libro, a un relato, a un artículo, poema, etc.

A mis alumnos les digo que escribir —mejor o peor— lo puede hacer cualquiera, que como decía Óscar Wilde solo son necesarias dos cosas o tener en cuenta dos reglas: “tener algo que decir y decirlo” pero donde se mide un escritor es en la fase de taller de mecánica y después de taller de orfebrería. Suele aplicarse aquello de que cuanto más se tacha más aumenta la calidad de una obra. En la vida sucede algo parecido.

EL OLMO:

¿Qué buscas al escribir? ¿Por qué escribes?

ROSARIO:

Porque lo necesito, porque es mi manera de ejercer la libertad más absoluta, porque me proporciona muchísima felicidad, porque no podría vivir sin escribir, porque me ordena los pensamientos, porque me da mucha satisfacción y porque es muchas veces un pretexto para desarrollar actividades muy gratas y compartir el tiempo con personas muy afines, como vosotros.

14371877_1076673582387391_2050729978_nEL OLMO:

¿Cuáles consideras que son las virtudes principales de la lectura?

ROSARIO:

Abrirnos la mente. La posibilidad de acceder a eso que se llama “las fuentes del saber” de forma autodidacta. Y frente a esto nos encontramos con el hecho de que un pueblo culto, formado, con ideas, con iniciativa propia no interesa. Sé que esto suena a cliché, pero tenemos la prueba más que evidente en la obstrucción continua de nuestros políticos para llevar a cabo un pacto de estado sobre educación. No les conviene. Cuanto más iletrados y manipulables seamos, mejor, más fácilmente gobernables. Se nos despoja de todo y no reaccionamos. Tal vez el motivo sepa que la pereza por leer alcance incluso a hacerlo con una sencilla hoja de reclamaciones.

Esto tiene relación con lo que comentábamos en La Mina de Castellnovo sobre la función de escritor: sin duda rescatar acontecimientos para que no se olviden y ponerlos frente a quienes los causaron para que aunque no quieran reconocer la gravedad de algunos sucesos, al menos sepan que no ha caído sobre ellos la losa del tiempo.

Y para que haya escritores es necesario que haya lectores, por eso quiero agradeceros la labor que lleváis a cabo desde el club de lectura El Olmo, vuestros trabajos de edición, la difusión de la poesía, y el resto de actividades culturales. Estos ámbitos junto a las bibliotecas, algunas a día de hoy incluso con libros (me refiero al caso de una cercana que no tenía libros, solo contaba el cascarón, el edificio), las casas de cultura, los salones de actos, etc. que representan el último bastión de esta resistencia que no dudo de calificar de épica, y el primer motivo para la esperanza en que todo puede cambiar a mejor.

Gracias de nuevo a todos los componentes del club de lectura por contar conmigo durante aquella noche memorable del siete de mayo. Y gracias, Raúl y Ancrugon. Hasta muy pronto. Espero que me invitéis cuando salga mi próxima novela.

EL OLMO:

Gracias a ti Rosario, ha sido un placer tenerte con nosotros. Ya estamos deseando disfrutar de tu próxima novela que, seguro, llegará a ser otro éxito, y ten por seguro que volveremos a reclamar tu presencia.

GUÍA DE LECTURA: Volver a Canfranc, de Rosario Raro

GUÍA DE LECTURA: Volver a Canfranc, de Rosario Raro. PDF

PortadaVolver a Canfranc es una novela histórica, escrita por la autora segorbina Rosario Raro, cuyo arduo trabajo de documentación e investigación le ha permitido desentrañar una serie de hechos reales acaecidos en aquella localidad de los Pirineos, que han permanecido ocultos al conocimiento de la mayoría de los españoles. En el título ya se nos informa con bastante precisión de lo que pretende decirnos la autora, pero su pensamiento, su tesis general, aparece en pequeñas, aunque constantes, dosis a lo largo del discurso de la obra y no la descubriremos en su plenitud hasta que lleguemos al final de la lectura del libro.

Durante el transcurso de la narración, perfectamente delimitada y dirigida, se van utilizando diversas señales que aportan pistas de lo que nos vamos a encontrar más adelante, tal que un juego propio de espías, como los que nos vamos a encontrar a medida que avancemos, por ejemplo con la lectura de la famosa obra de Alejandro Dumas, El Conde de Montecristo, por parte de una de las protagonistas de la obra, o el título del libro que lee uno de los vigilantes alemanes, Ser y Tiempo, o los de aquellos tomos utilizados para recibir los mensajes de la resistencia… Guiños estos que no debemos ignorar pues nos ayudan a entrar, poco a poco, en el sentido de esta historia.

Alguien que se acerque a la Estación Internacional de Canfranc en el presente tendrá la sensación de estar contemplando a un colosal gigante dormido. El abandono, la naturaleza, el tiempo y algún que otro gamberro o amigo de lo ajeno, han ido ajando su piel y socavando sus intestinos, pero su belleza sigue impresionando, y todo lo que calla en su memoria de edificio que ha visto pasar por su interior la vida y la muerte, la esperanza y la decepción, el reencuentro y la despedida, le reviste de un aura de misterio y aventura cuyo atractivo es difícil de resistir. Por eso no nos equivocaremos al decir que el personaje central de esta novela, aunque de piedra, madera, metal y vidrio, es la propia Estación.

Durante la Segunda Guerra Mundial en ese punto de los Pirineos convergieron diferentes personas, héroes unos, villanos otros, víctimas en diferente grado la inmensa mayoría de un ejemplo más de la estupidez humana… Lo triste es que luego, a esos seres sin escrúpulos, quienes llevados por el egocentrismo y la avaricia de poder, cuyo mérito se mide por los miles, o millones de muertes que han causado, tengamos que estudiarlos en los libros de historia con nombres y apellidos… Y mientras en el resto del planeta se regaba con sangre humana los campos quemados, en esta Estación se llevaba a cabo otra guerra silenciosa y encubierta entre los que trabajaban por la vida y quienes lo hacían por la muerte y la destrucción.

Estación Internacional de Canfranc

Por Canfranc salía el wolframio español de Carballo (Ourense), Tornavacas (Cáceres) y el Bierzo leonés (curiosamente los cuatro puntos bajo control del ejército del Tercer Reich con el beneplácito del Gobierno nacional), para perfeccionar los panzerkampfwagen (panzer) de la muerte, aquellos carros blindados que recorrieron Europa y el Norte de África arrasándolo todo a su paso, o como refuerzo de sus balas u obuses. Y por Canfranc entraba el oro expoliado a los prisioneros judíos evacuados a los campos de exterminio, el cual era llevado primero a Suiza donde lo cambiaban por francos suizos, pagándose con esta moneda el wolframio a España, y seguidamente el Gobierno español gastaba este dinero en comprar el oro nazi, ya fundido en lingotes, y perfectamente blanqueado, a Suiza. Así llegaba a la parte francesa de la Estación Internacional, donde era transferido a mano por el túnel que comunica las dos partes por debajo de la Estación, y finalmente se cargaba en camiones en la zona española para llevarlo al Banco de España en Madrid.

Pero el tráfico por la frontera no se detenía ahí, pues miembros de la resistencia francesa, apoyados por ciudadanos españoles, sobre todo de la zona, crearon una red de fuga para opositores al gobierno invasor y para miles de judíos, tanto anónimos como famosos, que huían de una muerte segura, salvando así muchas vidas aún a riesgo de perder las suyas. Y por esta Estación salía y entraba información secreta e imprescindible para que los aliados pudiesen derrotar al ejército alemán.

Pero para que todo ello pudiese ser llevado a cabo eran necesarios una serie de personajes que, con sus actuaciones, desarrollasen la trama del relato, y Rosario Raro, utilizando actores tanto reales como ficticios, teje una red de historias que confluyen en la central, y así es como todos los protagonistas se mueven alrededor de la Estación, siendo el más destacado el Jefe de la aduana francesa Laurent Juste, inspirado en Albert Le Lay, cuyo trabajo como espía a favor de la resistencia y los aliados, así como en la liberación de los perseguidos, fue encomiable. Un hombre humilde y sacrificado, que no quería honores ni recompensas, sino sencillamente el lujo de poder vivir libre y en paz.

Pero este hombre no estaba solo, sino que contaba con la ayuda de otros héroes como Jana Belerma, la camarera del Hotel Internacional, una joven zaragozana, hija de un profesor de química que, aprovechándose de sus conocimientos en esta materia, fabricaba los documentos falsos necesarios para dotar a los exiliados de una nueva identidad, cuidando, al mismo tiempo, de ellos y preocupándose de esconderlos hasta el momento de que pudiesen partir hacia sus futuros destinos. O Esteve Durandarte, hombre enigmático y centro de muchos de los chismes del lugar quien, dedicado al contrabando de tabaco y opio, además de otras mercancías clandestinas, se aprovechaba de esta circunstancia para guiar y proteger a los evadidos por las montañas. Y no podemos olvidarnos del obrero de vías Didier, ni del violinista Monthlun, quien acabó trabajando de ayudante del panadero, ni de Arlette, la esposa de Juste, y sus hijos, ni de los posaderos Tricio y Pilar quienes regentaban La Serena (Fonda Marraco en la realidad), donde se mezclaban, sin saberlo, nazis y fugitivos, oficiales de la Gestapo y espías aliados…

Así mismo encontraremos antagonistas que aportarán el contrapunto oscuro a la trama, como el oficial de la Gestapo, Eberhard Gröber, que se estableció en el lugar porque Hitler decidió aumentar el control sobre este paso fronterizo puesto que comenzaba a ser un coladero y un problema para su “solución final”, y así sustituyó al blando capitán Wagner, quien realmente existió. Otro de estos personajes es el grotesco Gobernador don Gervasio Casarnarbore, esposo de la bella doña Mimín y enemigo acérrimo de Durandarte. O el el vagabundo alemán Voltor.

Dentro del argumento principal se desgranan diversas historias y aventuras que le van dando cuerpo funcionando como las piezas de un puzle, y ya no me refiero solamente a las distintas historias personales de los diferentes actores, las cuales ya son bastante interesantes de por sí y daríansuficientes temas para otras tantas novelas, sino a hechos puntuales como el rapto de Valentina que llevará de cabeza a todos los habitantes del valle, o el robo de los caballos de un oficial alemán por parte de Durandarte, los cuales acabarán en manos de quien menos podamos imaginarnos, o los chismorreos sobre las relaciones del contrabandista con la mujer del Gobernador, o el trabajo de una madre y su hija húngaras por reunirse con el marido y padre desaparecido, sin olvidarnos del espectacular paso por la Estación de la cantante, bailarina y actriz norteamericana nacionalizada francesa Josphine Baker, ni del desparrame de las obras del pintor Marc Chagal por el andén de la Estación… Y todo entrelazado por la historia de amor entre Jana y Esteve, como queriendo demostrar que incluso en esos momentos de locura hay esperanza.

En conclusión, esta es una novela de las que una vez comenzada te duele dejar. Repleta de metáforas sobre la vida, nos cuenta un hecho histórico real aderezado con pequeños momentos de ficción que le dan el toque justo. Pero nada mejor que cerrar esta guía con las palabras de la propia autora, Rosario Raro: “Esta, además de una historia sobre la dignidad, es una historia sobre la frontera. La que separa Francia de España, la guerra de la paz, las prácticas delictivas de la solidaridad. Los personajes están en el filo de la navaja, entre la vida y la muerte, el amor y el odio”.

EN TORNO A LA LECTURA: Pequeña biografía de Rosario Raro.

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“Solo tenemos una vida pero con la que podemos salvar muchas.”

Rosario Raro (Volver a Canfranc)

 

fotografiadeRosarioRaroRosario Raro (1971) es natural de la ciudad castellonense de Segorbe, donde comenzó a escribir a la temprana edad de siete años “algo titulado Mi viaje en una nube”, según sus propias palabras, “que comenzaba en el castillo del cerro de La Estrella. En la ladera de ese monte donde aún vivo y donde espero quedarme siempre”. Es una mujer de amplio recorrido cultural y académico iniciado en la Universidad de Valencia, doctorándose en Filología Hispánica, y continuado en Perú, en cuyas tierras pasó más de diez años de su vida, con Técnicas de Escritura Creativa en la Universidad Mayor de San Marcos y en la Pontificia Universidad Católica, concluyendo con un Postgrado en Comunicación Empresarial en la Universitat Jaume I de Castellón, en la cual dirige el Curso de Escritura Creativa e imparte clases sobre esta materia.

Ha ganado los premios Ciudad de Huelva, Cruzando Culturas, Magda Portal, Ateneo Ciudad Galdós, Igualdad de Aranda, Mujer Kimetz Elkartea de Ordizia, el de Tecnocuentos de RNE 5.0, Palabras de Mujer y ha sido finalista del Certamen de Novela Vargas Llosa de la editorial Alfaguara, por nombrar sólo los más representativos entre los muchos galardones, tanto nacionales como internacionales que ha recibido, aunque para ella todo ello no tiene mucho mérito, pues afirma que “el verdadero premio son las personas que he conocido a través de la literatura”.

Rosario buscó en la escritura, desde sus inicios, un medio para alcanzar la felicidad, y lo que al principio sólo era una intuición, hoy, asegura, es algo totalmente comprobado y, por eso mismo, quiere transmitir ese sentimiento en todo lo que escribe, intentando, sobre todo, no aburrir a sus lectores ofreciendo siempre una imagen del contexto que nos rodea, sea actual o histórico, y teniendo presente en todo momento que una buena historia debe ser algo digno de compartir. Para ella la creación literaria no debe forzarse, sino dejar que fluya desde dentro surgiendo de las propias experiencias, de las propias vivencias, de las propias ausencias o necesidades: no se puede escribir de oídas, sólo se puede hacer desde uno mismo. Pero, sobre todo, afirma que en la escritura no se puede ser pretencioso, nadie es ni el primero ni el único que ha escrito algo, y jamás se acaba de aprender.

Por otro lado piensa que no hay escritura sin lectura y distingue en esto dos tipos de escritores: “aquellos que escriben de lo que han leído y los que escriben de lo que han vivido. Me quedo con el segundo grupo porque la pasión trasciende a sus textos.” Pero con todo considera a la lectura uno de los placeres de la existencia que, junto con la escritura y la amistad, nos posibilitan para tener varias vidas simultáneamente, por lo que el hecho de escribir es algo serio y responsable.

Como mujer de su tiempo ha sabido utilizar las redes sociales como una herramienta más para divulgar o acercar la creación literaria a un público ávido de la magia de la palabra, y así, además de los Talleres de Escritura Creativa que imparte en la UJI: Literapia o Cómo meter un libro en cintura (Corte y Confección Literaria), se aprovecha de Internet para impartir sus clases desde Valencia, Castellón o Benicàssim a sus cientos de participantes. No en balde su tesis doctoral giró alrededor de la literatura por Internet, la blogosfera, y de sus avances y los nuevos horizontes y posibilidades que ello nos abre.

En una entrevista que le hizo Miguel Sanfeliu para el blog “Cierta Distancia”, Rosario respondió lo siguiente sobre su forma de trabajar: Escribo a primera hora de la mañana, cuanto más temprano mejor. Así, el resto del día lo dedico a ser una persona “normal”, es decir, a vivir mis otras siete vidas simultáneas. Lo único que me resulta imprescindible para escribir es la soledad. Tampoco puedo escribir contra una pared. Si el ordenador está conectado a Internet, mejor. De esta forma, es como tener varias ventanas enfrente, además de la física, la terraza, el balcón, etc. También escribo mucho en los viajes. Sobre todo para cumplir con los plazos. La prisa me estimula, pero después, antes de enviar algo lo tengo que revisar muchísimas veces.” (…) “Para mí escribir es un trabajo sobre todo mental, plasmarlo después sobre el papel o en el procesador de textos es para mí transcribir. Eso sí, antes dibujo mapas mentales, lo ordeno todo en esquemas, en cuadrículas, en escaletas, utilizo cualquier medio que me sirva de ancla para la memoria.”

Es autora de varios libros: Carretera de la Boca do Inferno, con el que obtuvo el Premio Relatos Cortos Ciudad de Huelva 2001. Surmenage, una colección de micropoemas como “Frente al veneno siempre la sed es más fuerte que nuestro miedo.” Perder el juicio. Finlandia: Colección de micropoemas: “Es medianoche. Llueve sobre las calles. Todo se borra.” La llave de Medusa: La vida premia a los valientes con sus mejores historias y sabido es que las mejores historias se escriben solas. Ex: una novela corta. Desarmadas e invencibles, (2012), un libro de relatos cuyas protagonistas son mujeres que podrían ser absolutamente reales, por muy extrañas que nos puedan parecer sus historias. El alma de las máquinas: una divertida novela a medio camino entre la cibernética y la realidad. Los años debidos. Y la obra que nos ocupa: Volver a Canfranc.

Por otro lado, podemos encontrar artículos suyos en Vagamundos Moleskin, Axxón, The Barcelona Review, Spanorama, Realidad Literal, Letralia, Fiestacultura, Cinosargo, Literaturas.com, Maisontine y Entropía. Así como varias colaboraciones en ediciones conjuntas como Perfiles Jaula de versos, Cruzando culturas, A través de la piel, Las mujeres cuentan, Evoción, Los Excelentes, Amigos para siempre, Cuentos alígeros, Los Relatores y Por los animales.

GUÍA DE LECTURA: Crematorio, de Rafael Chirbes, por Ancrugon.

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“Estás tendido sobre una sábana, sobre una lámina de met9788433973764al, o sobre un mármol. Te estoy viendo. Vuelvo a verte. Me he olvidado de ti mientras he estado charlando con el ruso en la cafetería, observando por detrás de la cristalera a los turistas que, a primera hora de la mañana, ocupan las sillas de la terraza y a los que, unos metros más allá, se tienden sobre la arena o chapotean en el agua. Él se ha tomado un par de whiskies. Yo me he pedido un té con hielo. No quiero beber tan temprano. Pero he mirado con ansiedad los dos vasos que el camarero le ha puesto delante. Si no hubiera sido porque estaba con él, de haber venido solo, me habría encontrado a gusto en el amplio salón aún vacío (allí dentro estábamos los dos solos), mirando el mar, verdoso en la orilla y de un intenso cobalto en la franja que precede al horizonte, por la que ya se mueven las lanchas, los barcos de vela, los catamaranes…
                                                            Inicio de “Crematorio”, de Rafael Chirbes

“No aguanto la doble moral, y me molesta el que llega arriba y desprecia al de abajo. Hay una especie de amor por los de abajo en todos mis libros. No me acabo de curar de eso.” Dijo una vez Rafael Chirbes, un novelista en cuyas obras es evidente la crítica social, aunque evita reducir la realidad a una simple oposición entre lo bueno y lo malo.
“Crematorio” es una de las novelas de este escritor valenciano donde se aborda el mundo resultante de un capitalismo desenfrenado, de dudosos negocios en los que afloran las más oscuras contradicciones del ser humano sin escrúpulos y deshumanizado, en una España ávida de dinero fácil y rápido donde a los simples timadores y especuladores se les llama empresarios.
orilla-2013-rafael-chirbes-rescoldos-crematorio_1_2107416               La historia se localiza en el pueblo ficticio de Misent, pero se podría fácilmente situar en cualquier lugar de la costa levantina española, y gira en torno a la muerte de Matías Bertomeu, un viejo idealista dedicado a la agricultura ecologista, sirviendo este suceso como excusa para introducirnos en las personalidades de los diferentes personajes que componen el clan Bertomeu, gracias a lo cual descubrimos las distintas perspectivas sobre Rubén, el hermano del fallecido, sobre sus actos, sobre su ética, sobre la destrucción de la naturaleza causada por la construcción de sus edificios costeros.

La novela se estructura en trece capítulos sin numerar, en los que tanto familiares como amigos del difunto van recreando sus vidas y las interrelaciones mantenidas con el resto de actores, formando así un conjunto polifónico que converge en una trama perfectamente organizada y compuesta de fragmentos aparentemente independientes.

Cada capítulo pertenece a un individuo, siendo pequeños monólogos en cuyas digresiones se abordan diferentes temas como la política o el dinero, la cultura o los sentimientos… Y es trabajo del lector el ir encajando las piezas de este puzle, el ir asimilando las circunstancias particulares de cada uno de ellos, y llegar al conjunto final que les dará la comprensión del drama.

Es una historia realista, sin buenos ni malos al uso, y con una carga de imperfección moral, de innumerables miserias confundidas con algunas virtudes y con un insufrible temor a la verdad que se nos hará bastante familiar y reconocible. Sin embargo es una historia válida para mostrar un espectáculo de corrupción que alimenta a toda una sociedad donde la destrucción de la naturaleza solamente es un símbolo más del futuro sin esperanza que nos aguarda. Es una sociedad abandonada, sin fe, sin creencias, sin ideas elevadas, viviendo solamente del envoltorio, de la imagen, de la apariencia, donde hasta el arte se prostituye y se doblega ante el valor monetario.

una-imagen-de-la-serie-crematorio-inspirada-en-la-novela-de-chirbesLos trece narradores nos van conduciendo mediante sus recuerdos, opiniones, deseos, temores… a lo largo de una historia en la que apenas ocurre nada porque todo sucedió en el pasado, por lo que es frecuente la utilización de regresiones que transportan al lector a otras épocas temporales: Guerra Civil, franquismo, transición, primeros gobiernos socialistas… hasta llegar a la actualidad, y todo para encuadrar la historia de una familia que se fue procurando un espacio dentro de la clase poderosa del país, “haciendo lo que había que hacer” para acumular capital, formándose como “clase social”, e intentando en el presente que ese mundo clasista se blinde de impermeabilidad para evitar que lleguen otros con nuevas armas a ocupar sus sitios.

Y mediante un perspectivismo múltiple, se analiza el conjunto agrupando los diferentes puntos de vista de los diferentes personajes, como el difunto Matías, un viejo revolucionario que, a pesar de todo, se mantuvo fiel a sus principios cobijándose en la agricultura; o su hermano Rubén, el arquitecto constructor sin escrúpulos que se ha enriquecido gracias a los manejos especulativos del boom del ladrillo; o Silvia, la hija de Rubén, una mujer dedicada a la restauración de arte y que todavía cree en los demás a pesar de las evidencias, y quien está casada con el catedrático y biógrafo Juan Mullor, totalmente opuesto al despropósito urbanístico de su suegro, y dedicado a escribir la biografía de un viejo amigo de la familia Bertomeu, el escritor fracasado, Federico Brouard, cuya perspectiva diaria gira alrededor del alcohol, las drogas y la prostitución; o el fiel perro guardián Ramón Collado, el de los trabajos sucios; o Traian, el mafioso ruso que comparte negocios con Rubén; o Mónica, su joven segunda esposa, lista y ambiciosa…

Estos monólogos interiores comienzan y acaban con el mismo Rubén, en primera persona, mientras el resto está dirigido por un narrador omnisciente y en estilo indirecto o directo libre:

“Pero aquel viaje no fue así, estaba demasiado enferma, no se sentía ni con fuerzas para escribir, o quizás pensó que lo que escribiera ya no iba a servirle para recordar nada, para documentar nada. Rubén le pidió a Silvia que los acompañara. Como cuando era pequeña, le dijo, pero ella no quiso, o no pudo ir. Seguramente, las dos cosas: no le apetecía aquella peregrinación triste, la animación forzada de preparar los equipajes y recoger las guías, ni tampoco sabía lo que hacer con los niños, con Juan, con el trabajo.”

Así pues, podemos decir que “Crematorio” es la visión de una época triste de nuestra historia, una época que todavía pervive, donde lo único que importa es el beneficio, por encima de lo que sea: destrucción del medio ambiente, sumisión de los derechos de las personas, limitación de las libertades, prostitución de la democracia… Todo vale si con ello el especulador obtiene ganancias. Y sin embargo, esos seres sin sentimientos sociales son individuos cultos, con una juventud repleta de ideales que en muchas ocasiones acabaron en las panzas de unos caballos repletas de drogas, tal y como se enriqueció Rubén.

El título, “Crematorio”, es bastante simbólico pues tanto representa el lugar donde van a acabar los restos de Matías, como el de aquellos ideales de las generaciones que ahora detentan el poder. Y en el transcurso de la historia, el ritmo textual se va incrementando, como las llamas que envuelven al lector, alimentadas por una prosa repleta de efectos, imágenes, matices y un léxico preciso.

thumbformatEl autor, Rafael Chirbes Magraner, nació el 27 de junio de 1949 en la localidad valenciana de Tabernes de Valldigna, muriendo en Valencia el 15 de agosto de 2015. En su trayectoria profesional destacan sus trabajos como crítico literario y el de novelista, con títulos como “Mimoun” (1988), que quedó finalista del Premio Herralde y que está ambientada en sus experiencias vividas durante su estancia en Marruecos como profesor de Castellano en la universidad de FEz; “La larga marcha” (1996), galardonada con el Premio SWR-Bestenliste en Alemania, primera entrega de la trilogía que habla de la sociedad española desde posguerra hasta la transición democrática y a la que siguieron “La caída de Madrid” (2000) y “Los viejos amigos” (2003); con “Crematorio” (2007) recibió el Premio Nacional de la Crítica y el V Premio Dulce Chacón, a ésta le siguió en la visión de una España en crisis “En la orilla” (2013), con la cual volvió a ganar el Premio Nacional de la Crítica de 2014 además del Premio Francisco Umbral al libro del año, y póstumamente apareció “Paris-Austerlitz”. En la actualidad Chirbes todavía es considerado el novelista que mejor ha novelado la problemática y evolución de la sociedad española de los últimos tiempos. Él mismo subrayó sobre su trabajo:

“Escribo de lo que veo. La relación entre las novelas viene después. En cada libro empiezas de cero: lo que en uno fue un hallazgo en el siguiente es un lastre. En el fondo, el tema es una excusa para las digresiones de los personajes. Por eso digo que todos son yo. Además, ninguno es del todo bueno ni malo, incluso las víctimas tienen sus mezquindades. No me gusta que los malos sean, además, tontos.”

En conclusión, “Crematorio” es como una catarsis en la que el lector se enfrenta a un estado de cosas que él mismo está tolerando y de la que forma parte más o menos activa, o por lo menos permisiva, con su actitud de cerrar los ojos para no ver, para no tener que juzgar y, en ocasiones, incluso envidiando. Y aunque en ella no aparece la trama, sí está repleta de estados de ánimo, de frustraciones, de traiciones, de deudas con la vida.

El tema es el del fracaso de esa persona que deja por testamento la ruina y las deudas, no tanto económicas, sino morales, algo que deja bien claro el propio autor:
“Crematorio no quiere ser una denuncia de la corrupción urbanística, eso de la corrupción es solo uno de los temas que circulan por detrás. Lo que se quiere contar aquí es cómo nuestra modernidad, lo que se suponía que íbamos a traer detrás del franquismo, ha dado como fruto esta especie de planta venenosa que nos asfixia. La novela trata también de si los ideales se han cumplido o no, y de la deriva de los individuos”.
Y esto no es ni más ni menos que el propio retrato de nuestra España: un país enfermo y sumido en un profunda crisis cuyas raíces se hunden en la codicia y la deshumanización de unas personas bastante cercanas genéticamente a las aves de rapiña, pues aunque la narración comience y termine el mismo día del funeral de Matías, todo gira alrededor de su hermano, Rubén, un empresario al estilo de Don Vito Corleone que ahora quiere redimirse de su pasado criminal: “Se acabó la época de lo sucio, ahora es la hora de lo limpio…”

Sin embargo él se siente feliz, contento con lo que ha hecho, porque todo lo sucio lo ha llevado a cabo la mafia rusa y sus personas de confianza, mientras él simulaba mantenerse al margen, y aunque todo lo que ha creado y le rodea sea corrupción: venta de drogas, negocio del sexo, tráfico de influencias o dinero negro, él se considera un hombre de negocios y se siente triunfador… y no asume responsabilidades en absoluto: la culpa siempre es de los otros… Y así ha ido evolucionando nuestra sociedad y el estado de nuestras almas. ¿Qué se puede esperar de aquellos que disculpan todos estos desmanes porque consideran que el beneficio justifica los medios?…

En 2011 “Crematorio”, fue llevada a la televisión en forma de serie dirigida por Jorge Sánchez-Cabezudo y con José Sancho en el papel principal.

GUÍA DE LECTURA: Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender, por Ancrugon

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    “El cura esperaba sentado en un sillón con la cabeza inclinada sobre la casulla de los oficios del réquiem. La sacristía olía a incienso. En un rincón había un fajo de ramitas de olivo de las que habían sobrado el Domingo de Ramos. Las hojas estaban muy secas, y parecían de metal. Al pasar cerca, Mosén Millán evitaba rozarlas porque se desprendían y caían al suelo.

     Iba y venía el monaguillo con su roquete blanco. La sacristía tenía dos ventanas que daban al pequeño huerto de la abadía. Llegaban del otro lado de los cristales rumores humildes.

     Alguien barría furiosamente, y se oía la escoba seca contra las piedras, y una voz que llamaba:

     – María… Marieta…

     Cerca de la ventana entreabierta un saltamontes atrapado entre las ramitas de un arbusto trataba de escapar, y se agitaba desesperadamente. Más lejos, hacia la plaza, relinchaba un potro. “Ése debe ser –pensó Mosén Millán- el potro de Paco el del Molino, que anda, como siempre, suelto por el pueblo”. El cura seguía pensando que aquel potro, por las calles, era una alusión constante a Paco y al recuerdo de su desdicha.

     Con los codos en los brazos del sillón y las manos cruzadas sobre la casulla negra bordada de oro, seguía rezando. Cincuenta y un años repitiendo aquellas oraciones habían creado un automatismo que le permitía poner el pensamiento en otra parte sin dejar de rezar. Y su imaginación vagaba por el pueblo. Esperaba que los parientes del difunto acudirían. Estaba seguro de que irían –no podían menos- tratándose de un misa de réquiem, aunque la decía sin que nadie se la hubiera encargado. También esperaba Mosén Millán que fueran los amigos del difunto. Pero esto hacía dudar al cura. Casi toda la aldea había sido amiga de Paco, menos las dos familias más pudientes: don Valeriano y don Gumersindo. La tercera familia rica, la del señor Cástulo, no era ni amiga ni enemiga.

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9788423342396     Réquiem por un campesino español, es una pequeña historia de un nuevo redentor que dará su vida por la salvación de una utopía, como, a fin de cuentas, son todos los actos de fe, creyendo hasta su último aliento que la verdad puede triunfar, que la verdad nos hace libres, y siendo una víctima más del inframundo de la caverna.

Ramón J. Sender escribió esta novela, que en un principio se tituló Mosén Millán, en tan sólo una semana, pero, a pesar de ello y de su brevedad, tiene la calidad suficiente para estar considerada una verdadera obra de arte, tanto por su agilidad, su desarrollo, su frescura como por el esbozo de los personajes, sin olvidarnos de que los temas tratados, justo en el momento de su creación, 1953, seguían bastante latentes en la memoria, el dolor y el ánimo de los españoles, catalogándose por este motivo de novela social donde Sender denuncia las miserias humanas, no sólo las económicas con sus enormes y eternas desigualdades, sino también las físicas y morales, porque Sender era más que un novelista, un cronista de su época y de la vida cotidiana, y así nos presenta la sociedad rural heredada de la Restauración, más propia del Antiguo Régimen que de una nación desarrollada y democrática, dividida en dos clases sociales totalmente opuestas: los terratenientes, quienes se consideraban dueños de todos los privilegios por designio divino, y los campesinos, quienes malvivían trabajando para engordar a los primeros. Y entre ellos la Iglesia, cuyos miembros predicaban la resignación, el conformismo y la mansedumbre entre los pobres mientras compartían mesa con los poderosos. Lógicamente estas situaciones sociales eran perfectos viveros donde brotaban las hierbas de la rebeldía que dieron como fruto los múltiples pequeños héroes que el poder establecido, celoso de su status quo, calificará, a través de los tiempos, de marginales anti sistema o simplemente delincuentes. Y es que Ramón J. Sender vivió de primera mano todas estas situaciones y estuvo siempre atento a todos los movimientos sociales surgidos en aquella época convulsa de la historia española y europea.

Los elementos de tiempo y lugar se funden en el transcurso de un día, mejor dicho, de un momento de un día de 1937, lo que dura la espera previa a la misa de aniversario de la muerte de Paco el del Molino, durante el cual, Mosén Millán, el cura de la parroquia, repasa toda la vida del difunto desde su bautizo hasta su asesinato, con lo que si sumamos el año que ha pasado desde aquel acto, se puede asegurar que el tiempo interno de la obra va desde el nacimiento de Paco hasta el día de la misa, que es de donde parte la historia, haciendo un total de veintiséis años, como nos explica el narrador:

     Veintiséis años después se acordaba de aquellas perdices, y en ayunas, antes de la misa, percibía los olores de ajo, vinagrillo y aceite de oliva.

     Por su lado el espacio surge de la sacristía de la iglesia, donde se desarrolla la acción actual, para extenderse mediante la evocación por todo el pueblo y sus alrededores.

Durante esos años, en aquel pequeño pueblo aragonés, se van viviendo las diferentes etapas de la historia de España: reinado de Alfonso XIII, dictadura de Primo de Rivera, las elecciones municipales ganadas por los republicanos y que supondrían la abdicación y exilio del rey, la llegada de la Segunda República con su inestabilidad de gobiernos y la Guerra Civil, la cual se vive pero no se nombra en la novela.

El personaje central es Mosén Millán, un anciano de 74 años quien llevaba más de cincuenta ejerciendo en aquella parroquia, durante los cuales ha visto nacer, crecer y morir a muchos de sus vecinos, especialmente a Paco, al que le reprochaba el haberse metido en aquellos asuntos que sólo le podían traer problemas, como así fue. Pero el párroco es un hombre sin ambición personal y sin personalidad, cobarde y temeroso de enfrentarse a la verdad, lo que le impide ejercer su pastoreo como le pide su religión, por lo que se olvida de defender al débil y acusar las injusticias, dejándose simplemente llevar por la situación y acomodándose a lo que ordenan los poderosos y no su conciencia, justificándolo con el pensamiento de que “Dios permite la pobreza y el dolor.” Por lo que el personaje del cura y su apatía ante las circunstancias es una clara metáfora del fracaso de la Iglesia que representa y su incapacidad para llevar a cabo la doctrina que predica:

– Usted me prometió que me llevarían a un tribunal y me juzgarían.
– Me han engañado a mí también. ¿Qué puedo hacer? Piensa, hijo, en tu alma, y olvida, si puedes, todo lo demás.
– ¿Por qué me matan? ¿Qué he hecho yo? Nosotros no hemos matado a nadie. Diga usted que yo no he hecho nada. Usted sabe que soy inocente, que somos inocentes los tres.
– Sí, hijo. Todos sois inocente; pero ¿qué puedo hacer yo?

     Por eso ahora, un año después, durante la insoportable espera anterior a la misa, él sigue confiando en su pasividad, en que todo se irá arreglando por sí solo, y aguarda sin hacer nada a que acudan los familiares o amigos del difunto como signo de perdón, de redención, pero sólo llegan los tres actores directos de la muerte de Paco, aunque ninguno de ellos apretara un gatillo, y hasta se permiten querer pagar la misa, dejando al descubierto la hipocresía de la fe de los poderosos y de la falsedad del perdón de los pecados… Y un cuarto personaje que irrumpe en el templo con toda su fuerza simbólica: el caballo blanco de Paco, cuya pureza contrasta con la oscura mezquindad de los otros. Así pues, a Mosén Millán en esta pequeña obra le ha tocado el papel de Judas, pues acaba vendiendo a un inocente por nada:

A veces, hijo mío, Dios permite que muera un inocente. Lo permitió de su propio Hijo, que era más inocente que vosotros tres.

     Paco el del Molino es un hombre joven, valiente, voluntarioso y lleno de fe en el ser humano y en la verdad, pero comete el imperdonable error de enfrentarse al poderoso y de defender los derechos de los pobres contra el de los que lo tienen todo, por lo tanto Paco se convierte en un ser molesto que debe ser eliminado para que los de siempre puedan seguir haciendo lo se les antoje y, denunciado por el Judas de turno, el propio párroco, Paco se convierte en un Cristo social cuya muerte será necesaria para atemorizar al resto y así evitar que corra más sangre… y como Cristo morirá acompañado de otros dos hombres tan inocentes como él. A Paco nos lo va describiendo la mala conciencia de Mosén Millán, un año después de su asesinato, recordando cada hecho de su vida, una vida que un principio discurría bastante paralela a la del cura hasta que un día, ejerciendo de monaguillo, le acompañó a dar la extremaunción a un moribundo de las cuevas y entonces comenzó a alejarse, porque Paco descubrió la injusticia y la sangre de sus pocos años le hervía de rabia al ver que nadie hacía nada por remediarlo. Luego, con la República, llegó a ser concejal y se enfrenta cara a cara con los poderosos o, en el caso de la aldea, con sus representantes, lo que le granjea la simpatía del pueblo y el encono de los ricos… Y al final le falla hasta aquello en lo que más cree: la justicia. Y los forasteros uniformados, como los romanos con Jesús, acabaron con su vida.

Y como en toda historia tenemos dos bandos: los que habitan a la sombra del poderoso y los que se arrastran a pleno sol. De los primeros está don Valeriano, el administrador de las tierras del duque y uno de los hombres más ricos del terreno, pero que desconocía el significado de la palabra caridad, porque atesorar riqueza, más que un acto de avaricia, era una ostentación de poder. Falto total de conciencia está dispuesto a pagar la misa porque “había que olvidar”… Como no pudo comprar a Paco para que dejara de trabajar a favor de los campesinos, decidió abandonar el pueblo mientras los forasteros hacían el trabajo sucio.

Luego está don Cástulo Pérez quien quiere estar a bien con todo el mundo y siempre intenta jugar a dos barajas, como cuando se entera de la caída del rey y se apresura a prestar el coche a Paco y Águeda, el día de su boda, para llevarlos a la estación, coche que, sin embargo, también servirá de confesionario para Mosén Millán el día en que mataron a Paco y el último lugar donde intentó cobijarse ya herido de muerte y cubierto de sangre.

Por último aparece don Gumersindo, una mala bestia acostumbrado a avasallar a quien se le ponga por delante y bastante mal educado. Siempre lleva botas de campo y sus taconazos se hacían oír a la perfección allá por donde pasaba como símbolo de su poder.

Entre los segundos destacaremos a dos: la Jerónima y el zapatero.

Para la Jerónima parece que Sender se inspiró en un personaje lorquiano de Yerma, la Vieja Pagana, pues como aquella, aunque es soltera, alardea de que siempre tuvo los hombres que quiso. Es una mujer supersticiosa que ejerce de partera y ensalmadora, lo que la enemista con el joven médico, aún así lo que mejor desempeña es de chafardera llevando y trayendo noticias, sobre todo en el carasol, el lugar donde se reúnen todas las mujeres. Pero esta mujer es también una ferviente defensora de los pobres y siempre habla pestes de los ricos del pueblo y fue la única que criticó a los señoritos forasteros:

El pueblo estaba asustado, y nadie sabía qué hacer. La Jerónima iba y venía, menos locuaz que de costumbre. Pero en el carasol insultaba a los señoritos forasteros, y pedía para ellos tremendos castigos.

      Por su parte el zapatero, personaje bastante recurrente en la literatura popular, es gracioso, ingenioso, chistoso, y en cuestiones de política es neutral, pero más por anarquista que por condescendiente, lo que le llevará a ser el primer represaliado del pueblo. Tiene una relación especial con la Jerónima, con quien siempre está discutiendo, pero ella llora su muerte desconsoladamente, lo que no sabemos es si por estar enamorada de él o por haberlo denunciado. Y aunque es un hombre bastante anticlerical, con Mosén Millán tiene siempre bastantes atenciones:

Mire, Mosén Millán. Si aquellos es la casa de Dios, yo no merezco estar allí, y si no lo es, ¿para qué?

      También están el grupo de señoritos falangistas capitaneados por el centurión, quienes se comportan como lo que son, simples perros de presa a las órdenes de su dueño. El monaguillo que se pasa todo el rato recitando el romance sobre la muerte de Paco, como una letanía que hace más pesada la carga de conciencia del cura. O el padre de Paco, un campesino esclavo de la tierra pero que no pierde el buen humor, como cuando alguien le pregunta, al nacer Paco, si el hijo es suyo y él responde:

Hombre, no lo sé… Al menos, de mi mujer, sí que lo es.

      Concluyendo, Réquiem por un campesino español es una novela sencilla, como corresponde a sus personajes principales, gente de pueblo, sacrificada, abnegada y explotada, cuyo lenguaje es sobrio, escueto, de frases cortas, directas y con escasa afectación. Es una novela escrita por un hombre del pueblo y para ser leída por el pueblo.

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     Ramón J. Sender nació en Chalamera de Cinca, un pequeño pueblo de la provincia aragonesa de Huesca, en 1902, yendo a morir a un lugar tan lejano como la ciudad estadounidense de San Diego, en 1982, en su continuo exilio, primero obligado: de 1939 a 1942 en México, y posteriormente voluntario en los Estados Unidos. De espíritu rebelde y agitado, militó en su juventud en las facciones más izquierdistas del espectro nacional para, a medida que madura en edad y pensamientos, se fue dejando tentar por el anarquismo tal vez desencantado de un universo político cada vez más corrupto y alejado de su propia finalidad. Autodidacta y de mente abierta, comenzó a trabajar como periodista en publicaciones libertarias tras concluir su servicio militar en las colonias españolas de Marruecos, por ello sus primeras novelas tienen ese trasfondo social y acusador: en Imán (1930) nos habla sobre la guerra absurda que España llevó a cabo en el Norte de África; en O.P.: orden público (1931), critica el régimen policiaco del estado español; en Siete domingos rojos (1932), reflexiona sobre la lucha anarquista; en Mr. Witt en el cantón (1935), relata la insurrección cantonal de Cartagena, y en Contraataque (1937), realiza una especie de documental sobre su participación en la Guerra Civil en la Sierra de Guadarrama.

Tras marchar a las américas siguió publicando, pero con un estilo más alegórico y sacando de dentro la rabia en forma de sátira y reflexión más filosófica y llegaron: El lugar del hombre (1939), La esfera (1947), El rey y la reina (1949), El verdugo afable (1952), Los cinco libros de Ariadna (1957) y Nocturno de los catorce (1971), obras que fueron apareciendo entremezcladas con sus trabajos en novela histórica: Epitalamio del prieto Trinidad (1942), Bizancio (1956), Jubileo en el Zócalo (1964) y La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (1964), y con otros, seguramente los más importantes, compuestos por sus memorias vivenciales de la reciente historia de España: Mosén Millán, luego titulada Réquiem por un campesino español (1953) y la serie Crónica del alba, compuesta por nueve novelas que fueron escritas entre 1942 y 1966.

En sus trabajos de vejez aparecen más sus antipatías y temores ideológicos, por lo que se resienten en su calidad final: La tesis de Nancy (1962), En la vida de Ignacio Morell (1969), El fugitivo (1972) y La mirada inmóvil (1979).

Además de toda esta extensa obra narrativa, Sender escribió ensayos, teatro y poesía, radicando la mayor parte de su éxito en su estilo potente, pero sencillo, de resonancias sugerentes, en su pasión por la vida vista desde una perspectiva filosófica, en su fecunda imaginación y en su capacidad de pintar escenas y personajes cercanos, entrañables y creíbles.

GUÍA DE LECTURA: Doña Perfecta, de Benito Pérez Galdós.

GUÍA DE LECTURA:
Doña Perfecta, de Benito Pérez Galdós
Por Ancrugon

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     “Cuando el tren mixto descendente, núm. 65 (no es preciso nombrar la línea), se detuvo en la pequeña estación situada entre los kilómetros 171 y 172, casi todos los viajeros de segunda y tercera clase se quedaron durmiendo o bostezando dentro de los coches, porque el frío penetrante de la madrugada no convidaba a pasear por el desamparado andén. El único viajero de primera que en el tren venía bajó apresuradamente, y dirigiéndose a los empleados, preguntoles si aquel era el apeadero de Villahorrenda. (Este nombre, como otros muchos que después se verán, es propiedad del autor.)
-En Villahorrenda estamos -repuso el conductor, cuya voz se confundía con el cacarear de las gallinas que en aquel momento eran subidas al furgón-. Se me había olvidado llamarle a Vd., señor de Rey. Creo que ahí le esperan a Vd. con las caballerías.
-¡Pero hace aquí un frío de tres mil demonios! -dijo el viajero envolviéndose en su manta-. ¿No hay en el apeadero algún sitio dónde descansar y reponerse antes de emprender un viaje a caballo por este país de hielo?
No había concluido de hablar, cuando el conductor, llamado por las apremiantes obligaciones de su oficio, marchose, dejando a nuestro desconocido caballero con la palabra en la boca. Vio este que se acercaba otro empleado con un farol pendiente de la derecha mano, el cual movíase al compás de la marcha, proyectando geométrica serie de ondulaciones luminosas. La luz caía sobre el piso del andén, formando un zig-zag semejante al que describe la lluvia de una regadera.
-¿Hay fonda o dormitorio en la estación de Villahorrenda? -preguntó el viajero al del farol.
-Aquí no hay nada -respondió este secamente, corriendo hacia los que cargaban y echándoles tal rociada de votos, juramentos, blasfemias y atroces invocaciones que hasta las gallinas escandalizadas de tan grosera brutalidad, murmuraron dentro de sus cestas.” (Inicio).

    9788426137784 Doña Perfecta es una novela del autor canario Benito Pérez Galdós, escrita en 1876 y aparecida en La Revista de España a lo largo de cinco entregas que fueron desde marzo a mayo de aquel mismo año. Pero para poder comprenderla a la perfección debemos repasar antes un poco la historia de nuestro Estado, y más concretamente, hacia la segunda mitad del siglo XIX.
En aquella época España era un reino en plena decadencia, sumido en una endémica inestabilidad política, con continuos levantamientos militares que confluyeron en las Guerras Carlistas, en la Revolución Gloriosa, con la expulsión de Isabel II y que llevaría a la Primera República, concluyendo con la Restauración monárquica de Alfonso XII, y todos esto era aprovechado para la insurrección de partidas guerrilleras o de simples bandidos que campaban a sus anchas por los caminos y campos del interior imponiendo sus propias normas e intentando desestabilizar aún más a un país que ya se tambaleaba.
Así mismo, la sociedad estaba dividida en dos partes irreconciliables: por un lado los liberales, preferentemente urbanos, amigos de los cambios, de las transformaciones regenerativas, y por el otro los rurales tradicionalistas, conservadores, apegados a sus privilegios y a la iglesia, que temían cualquier atisbo de renovación y, sobre todo, a las desamortizaciones con que los sucesivos gobiernos liberales habían desencadenado sobre las posesiones del clero y la nobleza.
Esas dos Españas aparecen claramente demarcadas en esta novela por medio de sus personajes, girando todo alrededor de dos polos: Pepe Rey, llegado de la capital, liberal progresista y convencido seguidor de los avances científicos, y Doña Perfecta, afincada en la ficticia Orbajosa, cultivadora de costumbres y defensora de las tradiciones contra cualquier ataque de la modernidad, sobre todo si éstos llegan del exterior o ponen en duda cualquier dogma fatalista religioso que ella toma como verdad infalible. Alrededor de ellos se agolpan los satélites: el militar Pinzón o las hermanas Troyas son de los pocos amigos que Pepe Rey encuentra en aquella plaza, mientras que su tía se rodea de toda su tropa, encabezada por el eclesiástico Don Inocencio, como lugarteniente, Licurgo o Caballuco, como sus capitanes, y María Remedios, ejerciendo de espía… Y en el medio la inocente Rosarito, víctima del amor hacia uno y la intolerancia e intransigencia de los otros.
Doña Perfecta es un claro ejemplo del realismo de Baroja, puesto que la novela se desarrolla dentro un marco histórico perfectamente delimitado, por el que se mueven diversos personajes de distintos estratos sociales a los cuales se les distingue claramente por su forma de hablar característica, quedando el narrador en un plano exterior desde el que simplemente se limita a darnos la crónica de los hechos, empleando para ello el diálogo en estilo directo, lo cual acerca mucho esta novela al género dramático, y siendo detallista y bastante gráfico a la hora de las descripciones, tanto de lugares como de personas. Veamos un ejemplo en el retrato que hace de Doña Perfecta:

     “(…) Doña Perfecta era hermosa, mejor dicho, era todavía hermosa, conservando en su semblante rasgos de acabada belleza. La vida del campo, la falta absoluta de presunción, el no vestirse, el no acicalarse, el odio a las modas, el desprecio de las vanidades cortesanas, eran causa de que su nativa hermosura no brillase o brillase muy poco. También la desmejoraba la intensa amarillez de su rostro, indicando una fuerte constitución biliosa.
     Negros y rasgados los ojos, fina y delicada la nariz, ancha y delicada la frente, todo observador la consideraba como acabado tipo de la humana figura; pero había en aquellas facciones una cierta expresión de dureza y soberbia que era causa de antipatías, Así como otras personas, aun siendo feas, llaman, doña Perfecta despedía. Su mirar, aún acompañado de bondadosas palabras, ponía entre ella y las personas extrañas la franqueable distancia de un respeto receloso; Mas para los de casa, es decir, para sus deudos, parciales y allegados, tenía una singular atracción. Era maestra en dominar, y nadie la igualó en el arte de hablar el lenguaje que mejor cuadraba a cada oreja.
     Su hechura biliosa, y el comercio excesivo con personas y cosas devotas, que exaltaban sin fruto ni objeto su imaginación, habíanla envejecido prematuramente, y siendo joven, no lo parecía. Podría decirse de ella que con sus hábitos y su sistema de vida se había labrado una corteza, un forro pétreo, insensible, encerrándose dentro, como el caracol en su casa portátil. Doña Perfecta salía pocas veces de su concha. Sus costumbres intachables y la bondad pública que hemos observado en ella desde el momento de su aparición en nuestro relato, eran causa de su gran prestigio en Orbajosa. Sostenía además relaciones con excelentes damas de Madrid, y por este medio consiguió la destitución de su sobrino.” (pp. 281-282).

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     Sin embargo el planteamiento de la novela es más cercano al naturalismo, pues al autor nos propone una tesis e irá desgranando, pieza a pieza, todos los elementos hasta llevarnos a la conclusión que él ya tenía prevista. Indudablemente a Galdós no se le podía acusar de conservador y ello lo deja bastante claro en esta obra sugiriendo la idea de que el mundo rural español de la época era la parte oscura, digamos tenebrosa, de la sociedad española contemporánea. Y así, cuando Pepé Rey viaja hasta aquellas profundidades del atraso patrio con la intención de casarse con su prima, no tiene ni idea realmente de dónde se está metiendo, ni que ya le tienen preparada una buena encerrona tramada entre las tres mentes manipuladoras de la ciudad: Doña Perfecta, Don Inocencio y María Remedios, seres acostumbrados a que todo se haga a su antojo y que no van a permitir que Rosarito se case con él, y para ello no repararán en esfuerzos, manejos ni medios…
El autor deja su impronta anticlerical con toda claridad en ese empecinamiento de los provincianos ante las ideas modernas, pero, no nos equivoquemos, pues Galdós no ataca a la religión, sino al clero y a esa sociedad oscura y manipuladora que como champiñones crece a su sombra alimentándose del miedo del pueblo. Ataca a esos seres cuyos tentáculos se extienden por todas las instituciones, sean religiosas, culturales o políticas y frenaron el progreso de una España ya de por sí atrasada.
Por otra parte, es admirable el recurso que emplea Galdós para elegir los nombres propios, tanto de los personajes, como de los lugares, dejando en libertad toda la carga irónica que ellos puedan expresar. Por ejemplo: Pepe Rey hace directa referencia al monarca hermano de Napoleón e impuesto por él y, por lo tanto, odiado por todos, unos por ser extranjero, otros por ser impuesto y la mayoría por sus ideas revolucionarias de renovación. Doña Perfecta, respetada y considerada así por todos sus conciudadanos, descubrimos que dista bastante de serlo cuando se desvelan sus patrañas de vulgar elemento facineroso. Don Inocencio tiene la inocencia simplemente en el nombre, ya que en realidad es bastante culpable de todo lo que ocurre. María Remedios, la “sobrina” del cura y madre de su “sobrino”, es poco virginal y sus arreglos pueden llegar a ser fatales. El tío Licurgo nada tiene de legislador espartano y Caballuco, como su nombre indica, bastante de animal. Por su parte, Jacintito, así, con diminutivo de niño pijo, el “sobrinito” de Don Inocencio, huele a cualquier cosa menos a lo que su nombre sugiere. O las Troyas, son las hermanas que arman todos los líos en aquella ciudad tranquila y pacífica… En lo referente a lugares podemos comenzar con Orbajosa (urbs – allium = ciudad de ajos)… de cuya producción estaban tan orgullosos sus ciudadanos. O Villahorrenda, que hacía honor a su nombre. ¿Y qué decir de los Alamillos?, cuando el propio Pepe dice al llegar:

     “¡Qué triste camino! No se ve ni un solo árbol en todo lo que alcanza la vista. Aquí todo es al revés. La ironía no cesa. ¿Por qué, si no hay aquí álamos grandes ni chicos, se ha de llamar esto los Alamillos?” (Pág. 16).

     Todo comienza con la llegada a Orbajosa de Pepe Rey, un joven ingeniero cuyo padre es el dueño de gran parte de las pobres tierras de aquella región, y a quien su tía, Doña Perfecta, otra de las grandes terratenientes de la localidad, manda hacer venir para que conozca a Rosario, su hija y prima de Pepe, con quien pretende contraer matrimonio y así la niña quedaría como heredera da la mayor fortuna de la ciudad.
La primera impresión que el protagonista se lleva de lo que ve es el paisaje austero de la meseta castellana, donde si algo abundaba era la pobreza y el abandono típicos de una zona subdesarrollada y en manos del hermetismo caciquil que le cerraba las puertas al progreso. El mismo Pepe le comenta a Licurgo, uno de los criados de Doña Perfecta:

     “ – ¡El Cerrillo de los Lirios! -observó el caballero, saliendo de su meditación-. ¡Cómo abundan los nombres poéticos en estos sitios tan feos! Desde que viajo por estas tierras, me sorprende la horrible ironía de los nombres. Tal sitio que se distingue por su árido aspecto y la desolada tristeza del negro paisaje, se llama Valleameno. Tal villorrio de adobes que miserablemente se extiende sobre un llano estéril y que de diversos modos pregona su pobreza, tiene la insolencia de nombrarse Villarrica; y hay un barranco pedregoso y polvoriento, donde ni los cardos encuentran jugo, y que, sin embargo, se llama Valdeflores.
     ¿Eso que tenemos delante es el Cerrillo de los Lirios? Pero ¿dónde están esos lirios, hombre de Dios? Yo no veo más que piedras y hierba descolorida. Llamen a eso el Cerrillo de la Desolación, y hablarán a derechas.
     Exceptuando Villahorrenda, que parece ha recibido al mismo tiempo el nombre y la hechura, todo aquí es ironía. Palabras hemosas, realidad prosaica y miserable. Los ciegos serían felices en este país, que para la lengua es paraíso y para los ojos infierno.” (Pág. 73-74).

Al principio, Doña Perfecta se muestra encantadora con su sobrino quien ve en ella la imagen que le había pintado su propio padre:

     “En tanto, Pepe bajaba de la jaca, y en el mismo portal le recibía en sus amantes brazos doña Perfecta, anegado en lágrimas el rostro, y sin poder pronunciar sino palabras breves y balbucientes, expresión sincera de cariño.
     – ¡Pepe… pero qué grande estás! … ¡Y con barbas! que parece que fue ayer cuando te ponía sobre mis rodillas… Estás hecho un hombre, todo un hombre… ¡Cómo pasan los años!… ¡Jesús! Aquí tienes a mi hija Rosario.” (pág. 92).

     Pero pronto descubriremos la verdadera catadura de esta dama, cuya falta de escrúpulos le hará emplear cualquier método antes que perder un ápice su autoridad ni ceder ante las ideas abiertas y progresistas que expresa alegremente su sobrino. Su hipocresía y egoísmo le hace luchar contra toda pequeña luz que acabe con la inmovilidad de Orbajosa, lo cual sería fatal para su propio prestigio:

     “(…) -Cuidado, Pepito; te advierto que si hablas mal de nuestra santa Iglesia perderemos las amistades. Tú sabes mucho y eres un hombre eminente que de todo entiendes; pero si has de descubrir que esta gran fábrica no es la octava, maravilla, guárdate en buena hora tu sabiduría y no nos saques de bobos (…)” (pág. 103).

El argumento de esta obra es muy sencillo y bastante clásico: Doña Perfecta es una viuda rica propietaria que vive en una pequeña ciudad provinciana, Orbajosa, sumida en la “España profunda”, quien, tras acordar con su hermano, también importante terrateniente en la misma villa, pero residente en Madrid, la boda del hijo de aquél, Pepe Rey, con su propia hija, Rosario, para mantener intacto el patrimonio familiar, invita a su sobrino a visitarles y conocer a su prima. Pero el joven, de educación más evolucionada y moderna, con ideas progresistas y pensamiento científico, causa bastante mala impresión tanto a Doña Perfecta como a su confesor y amigo, Don Inocencio, quien soñaba desposar a la niña con su propio sobrino Jacintito. Sin embargo el amor surge entre los primos y la tragedia, al puro estilo de Romeo y Julieta, se vislumbra en el horizonte a causa de la intransigencia:

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   “No sabemos cómo hubiera sido doña Perfecta amando. Aborreciendo tenía la inflamada vehemencia de un ángel tutelar de la discordia entre los hombres. Tal es el resultado producido en un carácter duro y sin bondad nativa por la exaltación religiosa, cuando esta, en vez de nutrirse de la conciencia y de la verdad revelada en principios tan sencillos como hermosos, busca su savia en fórmulas estrechas que sólo obedecen a intereses eclesiásticos. Para que la mojigatería sea inofensiva, es preciso que exista en corazones muy puros.” (Pág. 302).

     Los actores están magistralmente diseñados, pues lejos de conformarse con desarrollar unos personajes tipo, Galdós nos va presentando diferentes personalidades que no son lo que parecen al principio y los vemos evolucionar a lo largo de la novela descubriendo su verdadero rostro:
DOÑA PERFECTA REY: tía de Pepe Rey y madre de Rosario. Mujer testaruda, anclada en un inmovilismo que vive a espaldas de la realidad, experta en la hipocresía y falsa cristiana que sólo vive para imponer su voluntad sobre todo lo que le rodea, empleando cualquier medio por cruel que sea.
PEPE REY: Joven ingeniero residente en Madrid, progresista, inteligente, perspicaz, franco, generoso y de mentalidad abierta. Aunque su llegada a la ciudad parece en un principio ser del agrado de todos, pronto se dará cuenta que es todo lo contrario: unos codician a su novia, otros le están comiendo las tierras y lo llenan de pleitos, otros le odian por sus ideas y todos intentan destruirle por un medio o por otros. Al final, para defender su orgullo y su amor, no duda en emplear también medios rastreros.
DON INOCENCIO TINIEBLAS: Penitenciario de la Catedral de Orbajosa que esconde, tras su apariencia piadosa, la realidad que nos muestra la antítesis de su propio nombre: difamador, vil, falso e incapaz de cumplir con las obligaciones de su ministerio. De cuna humilde, es un hombre codicioso que pretendía llegar a lo más granado de la ciudad casando a su sobrino con Rosarito:

      (…) Nada más natural que nuestro deseo de ver a Jacintillo emparentado con esa familia, la primera de Orbajosa; nada más natural que nuestro deseo de verle dueño de las siete casas del pueblo, de la dehesa de Mundogrande, de las tres huertas del cortijo de Arribas, de la Encomienda y demás predios urbanos y rústicos que posee la niña (…) (Pág. 260).

     ROSARIO: es una muchacha ingenua, de sentimientos nobles, encerrada en una cárcel de oro donde es utilizada como moneda de cambio para los intereses de unos y otros. Pero todo su mundo se derrumbará al enamorarse de su primo y desencadenar la tragedia, y aparecerán las dudas entre la obediencia a su madre o seguir los dictados de su corazón. Galdós la describe de la siguiente forma:

     “(…) una muchacha de apariencia delicada, débil, que anuncia inclinaciones a lo que los portugueses llaman saudades. En su rostro fino y puro se observa la pastosidad nacarada que la mayor parte de los poetas atribuyen a sus heroínas, y sin cuyo barniz sentimental parece que ninguna Enriqueta y ninguna Julia pueden ser interesantes. Tenía Rosario tal expresión de dulzura y modestia, que al verla no se echaban de menos las perfecciones de que carecía. No es esto decir que era fea; mas también es cierto que habría pasado por hiperbólico el que la llamaran hermosa, dando a esta palabra su riguroso sentido. La hermosura real de la niña de doña Perfecta consistía en una especie de transparencia, prescindiendo del nácar, del alabastro, del marfil y demás materias usadas en la composición descriptiva de los rostros humanos; una transparencia, digo, por la cual todas las honduras de su alma se veían claramente; honduras no cavernosas y horribles como las del mar, sino como las de un manso y claro río. Pero allí faltaba cauce, faltaban orillas. El vasto caudal de su espíritu se desbordaba, amenazando devorar las estrechas riberas. (pp. 92-93).

     PEDRO LUCAS (TÍO LICURGO): Viejo campesino rudo y ladino, que se va apropiando tierras, poco a poco, de las de Pepe Rey y al que, junto con otros más, le acribillarán a pleitos.
CRISTÓBAL RAMOS (CABALLUCO): Fiel amigo de Doña Perfecta y, como ella, uno de los más importantes caciques de la comarca, trabaja como correo y lidera un grupo de rebeldes carlistas, y aunque no tiene nada en contra de Pepe Rey, todo cambia cuando se entera que éste ha visitado a las Troyas de una de las cuales él es novio.
MARÍA REMEDIOS: Es una de las principales causantes de todas las desgracias venideras, aunque al principio se mantiene totalmente al margen de la narración, al final desencadenará toda la secuencia de hechos. Su objetivo, y el de su tío, Don Inocencio, es casar a su hijo con Rosario y, por ello, la llegada de Pepe Rey supone un duro golpe, así que no duda acudir a Doña Perfecta para meter cizaña y aconsejar que se lleva a cabo alguna acción en contra de Pepe:

     “-Nada más que un susto. Pues qué, ¿había yo de aconsejar un crimen…? ¡Jesús, Padre y Redentor mío! Solo la idea me llena de horror, y parece que veo señales de sangre y fuego delante de mis ojos. Nada de eso, señora mía… Un susto, y nada más que un susto, por lo cual comprenda ese bergante que estamos bien defendidas. Él va solo al Casino, señora, enteramente solo, y allí se junta con sus amigotes, los del sable y morrioncete. Figúrese usted que recibe el susto y además le quedan algunos huesos quebrantados, sin nada de heridas graves, se entiende…; pues en tal caso, o se acobarda y huye de Orbajosa, o se tiene que meter en la cama por quince días. Eso sí, hay que recomendarles que el susto sea bueno. Nada de matar…, cuidadito con eso; pero sentar bien la mano.
     – María -dijo doña Pefecta con orgullo-: tú eres incapaz de una idea elevada, de una resolución grande y salvadora. Eso que me aconsejas es una indignidad cobarde.
     -Bueno, pues me callo… iAy de mí, qué tonta soy! -refunfuñó con humildad la sobrina del Penitenciario-. Me guardaré mis tonterías para consolarla a usted después que haya perdido a su hija.” (pág. 246).

     JACINTO: Hijo de María Remedios y sobrino de Don Inocencio, es abogado y en Orbajosa se le considera el joven con más futuro, por lo que sus familiares piensan que están en su derecho a casarlo con Rosario y ser el heredero de la fortuna de Doña Perfecta. Por otro lado, lleva el caso de Licurgo y otros campesinos contra Pepe Rey, lo que le causa verdadera satisfacción. Es un personaje pedante, pueril y carente de personalidad.
DON CAYETANO: Es el cuñado de Doña Perfecta y vive en la misma casa, pero totalmente aislado en su mundo de intelectual, totalmente dedicado a estudiar la historia de Orbajosa, pero, en general, piensa igual que su cuñada.
Quizá éste sea el personaje más emblemático de la novela puesto que representa simbólicamente a la ciudad, siempre recreándose con las supuestas glorias de un pasado dudoso, pero que le impide ajustar su paso a la marcha del presente.

Guía de lectura: Estrella distante, de Roberto Bolaño

¿Cuál es su equipo de fútbol favorito?
–Ahora ninguno. Los que bajaron a segunda y luego, consecutivamente, a tercera y a regional, hasta desaparecer. Los equipos fantasmas.

 

Sigo vivo, sigo leyendo, sigo escribiendo y viendo películas, y como les dijo Arturo Prat a los suicidas de la Esmeralda, mientras yo viva, esta bandera no se arriará.

Roberto Bolaño

Autor: Raúl Molina

Descargar en PDF: Roberto Bolaño -Guía de lectura de Estrella Distante

1. Roberto Bolaño: la persona

Puede que sea correcto comenzar esta guía diciendo que Bolaño fue un escritor maldito (como tantos otros en esto de las letras) o, para ser más precisos, con mala suerte. En su caso, el destino (casi siempre cuando decimos destino queremos decir salud oRoberto Bolaño accidente) pesó más que la voluntad de una vida literaria, bohemia. Seamos sinceros: hoy en día es bohemio quien se lo puede pagar y Bolaño no tenía un clavo. Qué narices, el hombre tuvo mala pata. Con más dificultades que facilidades, siempre en el filo de la navaja, vivió en México D.F., en Barcelona, en Girona y en Blanes, pero apareció la enfermedad y todo se fue yendo definitivamente poco a poco al traste. Corría el año 1992 y Barcelona estaba atestada de atletas: “Don Roberto Bolaño Ávalos, ¿verdad?”, debió de decirle el médico mientras en Montjuïc algún rubio alemán de ciento diez quilos lanzaba una jabalina a más de noventa metros, “padece usted una enfermedad hepática degenerativa, lo cual no quiere decir que vaya a morir en poco tiempo, sino que tendrá que vivir sin hacer excesos: no podrá beber ni hacer demasiado ejercicio y deberá llevar una vida más o menos tranquila, lo cual implica no trabajar en nada que exija fuerza física”. Una década después, contestaba a una pregunta sobre este momento en los siguientes términos: “Entonces supe que no era inmortal, lo cual, a los 38 años, ya iba siendo hora de que lo supiera.”

En resumidas cuentas, y para que todos nos vayamos situando: Roberto Bolaño, chileno desde su nacimiento en 1953, poeta desde un momento indeterminado a mediados de la década de los sesenta, asentado en México desde 1968, preso en Concepción durante los primeros meses del Golpe de Estado de Pinochet, exiliado (no forzoso) en Barcelona, Gerona y Blanes, rechazado por decenas de editoriales importantes, habitante de la cumbre de la literatura mundial desde 1998 y muerto en 2003 en el Hospital de Vall D’Ebron en Barcelona por una insuficiencia hepática provocada por una larga enfermedad, es el mayor escritor latinoamericano de los últimos treinta años (el mejor desde el Boom y desde Borges, no cabe la menor duda). Dos son sus obras cumbre: Los01 Hígado a Bolaño detectives salvajes (1998) y 2666 (2005 y, por tanto, póstuma). Del resto, algunas, obras maestras: La literatura nazi en América, Estrella Distante, AmuletoNocturno de Chile y unos cuantos relatos (“Sensini”, “Llamadas telefónicas”, “El ojo silva”, “Otro cuento ruso”…). El resto, necesarias, que ya es bastante. Y sin embargo, ninguno de nosotros hubiera firmado ser Roberto Bolaño: cárcel, hambre, frío, distancia, enfermedad, espera, frustración, muerte. Poco acogedor para tan sólo cinco años de fama literaria: desde 1998 hasta su muerte. Muchos dijeron en 2003 que si Bolaño no hubiera sido AB RH- seguiría con vida, que tuvo mala suerte hasta con su grupo sanguíneo, y es que conseguir un trasplante en un caso como este es muy difícil. Murió esperándolo: “Le debemos un hígado a Bolaño”, dejó escrito entonces Nicanor Parra, su referente.

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2. Hacia Estrella distante: historia de un (gran) libro

Diagnosticado de la enfermedad en 1992, Roberto Bolaño decidió dejar de lado la poesía (parcela en la que había cosechado algún pequeño éxito y nada de dinero) y dedicarse casi por completo a la narrativa para intentar asegurar el incierto futuro económico de su familia. Los primeros pasos no fueron fáciles: había publicado dos novelas antes de 1992 (Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce [junto a Antoni Garcia Porta] y La senda de los elefantes, ambas de 1984) y una un año después, La pista de hielo (1993), galardonadas con premios menores,  pero pasaron desapercibidas por la crítica. Tres durísimos golpes para un Roberto Bolaño que, totalmente convencido de que su escritura merecía algo más que el ostracismo al que estaba siendo condenada, se mantuvo sobre la lona. En 1995, llegaron las primeras buenas noticias. El chileno había mandado, todo lo compulsivamente que se lo permitía su endeble economía, manuscritos de La literatura Nazi en América a prestigiosas editoriales de Barcelona en una treta no muy bien vista en el mundillo pero utilizada por muchos autores y que Bolaño había aprendido a desarrollar (como narra en el relato breve “Sensini”) para ganarse algún dinero con los concursos de cuentos que organizaban los ayuntamientos y las pequeñas asociaciones. Cuando recibió el sí de Seix Barral, aceptó su publicación sin pensárselo dos veces a cambio de unos honorarios tan pequeños como necesarios y les comunicó al resto de casas editoriales que retiraran el manuscrito de todos los procesos de selección. Entre estos editores estaba un irritado Jorge Herralde (fundador y director de Anagrama), quien ha contado en varias entrevistas que La literatura nazi en América le gustó tanto cuando la leyó como jurado del premio de novela de la editorial que la hubiera publicado igualmente, lo ganara o no, y que en consecuencia la noticia de su aceptación por Seix Barral le sentó como un jarro de agua fría. Pareciera ser que los caminos de Anagrama y de Bolaño se iban a bifurcar mucho antes de unirse, sin embargo, Herralde decidió, en un gesto que hoy es historia de la literatura reciente, contestarle a Bolaño que era una lástima no poder publicarla y que le encantaría hablar con él cuando pasara por Barcelona. Cuenta el propio Herralde:

Me llamó a los pocos días, pasó por Anagrama, estuvimos charlando largo rato, me habló de sus penurias económicas y de su desesperación por los muchos rechazos editoriales, por lo que cuando llegó una carta de Mario Lacruz [Seix Barral] con una oferta, lógicamente módica, por La literatura nazi, no lo dudó un segundo. Y. hablando de rechazos, me recordó que la novela que escribió con Antoni García Porta también la había presentado a nuestro premio de novela y quedó preseleccionada en la larga lista de diez seleccionadas, pero no prosperó. Le dije que, si no tenía compromisos con otras editoriales, me encantaría leer otros textos suyos y al poco tiempo me trajo Estrella distante (luego me enteré de que también había sido rechazada por otras editoriales, incluso por Seix Barral), que me pareció extraordinaria, y así empezó nuestra relación editorial. (Para Roberto Bolaño, 45)

Paralelamente, Seix Barral había retirado La literatura nazi en América por el poco interés despertado entre un público que no entendió el juego literario propuesto por Bolaño y sinBolaño y Herralde duda creyó estar ante un ensayo o una obra de historia de la literatura. En esta montaña rusa que se convirtió su vida editorial durante estos años,, supo recibir con renovado entusiasmado la aceptación por Anagrama de Estrella Distante, que finalmente fue publicada en otoño de 1996 y recibida con halagos por la crítica, como también le ocurriera a La literatura nazi en América. Sin embargo, las ventas no fueron todo lo elevadas que tanto los editores como el propio escritor hubieran esperado: 951 ejemplares en 1996, 816 en 1997 y 918 en 1998. Sin embargo, ello no provocó la ruptura de los contratos editoriales. En 1997 vio la luz Llamadas telefónicas (de relatos) y en 1998 todo saltó por los aires: Bolaño se presentó en Anagrama con el manuscrito de Los detectives salvajes, Herralde lo publicó sin dudarlo y en poco tiempo el escritor chileno se hizo con el Premio Herralde, el Premio del Consejo Nacional del Libro de Chile, el Premio del Círculo de Críticos de Arte de Chile y, en 1999, con la undécima edición del más prestigioso galardón que se concede en latinoamerica a cualquier novela escrita en español: Premio Rómulo Gallegos (otorgado en Venezuela). Todos por unanimidad. Con 45 años, la literatura comenzó a devolverle los impagos atrasados.

3. Un prólogo que dice más que calla

Hablar de la obra de Roberto Bolaño es hablar de un universo que va mucho más allá de una sola novela: sus personajes e historias saltan de unas narraciones a otras, las amplían, las glosan, las rectifican y, en definitiva, crean un mundo de numerosos matices atravesado por el siempre presente problema de lo literario. El caso de Estrella distante es completamente modélico en este sentido, ya que nace como una ampliación del último capítulo, de apenas veinte páginas, de La literatura nazi en América, en el cual se narra la historia de Carlos Ramírez Hoffman, piloto de la Fuerza Aérea de Chile y poeta, bautizado en Estrella distante como Carlos Wieder (o Alberto Ruiz-Tagle). Desde el prólogo, nos insertamos en una obra de imposturas y seudónimos: Wieder-Ruiz Tagle-Ramírez Hoffman, Arturo B, Pierre Menard. Comentémoslo: “Esta historia me la contó mi compatriota Arturo B, veterano de las guerras floridas y suicida en África, quien no quedó satisfecho del resultado final” (11). Arturo Belano es el álter ego de Roberto Bolaño en varias de sus novelas. En esta, aunque nunca aparece citado como tal, el narrador posee numerosas características del Bolaño real y muchas similitudes con el Belano que aparece en muchas otras narraciones. Belano es la máscara de Bolaño, un ser que le permite ficcionalizar su propia existencia, inventar hechos paralelos a la realidad, alterar su historia personal y hacer de ella un universo que todavía hoy se sigue expandiendo con inéditos póstumos. Bolaño bautiza con el nombre de Arturo a su personaje para homenajear a su adorado Arthur Rimbaud, poeta francés del siglo XIX. Sobre Belano hay1111 Rimbaud varias teorías, la más popular de las cuales gira en torno a las similitudes fonéticas con el apellido del escritor chileno: Be-la-no; Bo-la-ño. Sobre el suicidio en África (que también se entrevé en Los detectives salvajes), dice Rodrigo Fresán en un breve artículo que cuando le preguntó al escritor por qué hablaba de suicidio si el mismo personaje aparece después en otras historias “Bolaño ensayó una redefinición de la palabra suicida como ‘dícese de aquel que piensa en suicidarse, pero no tiene por qué hacerlo o haberlo hecho’, o algo por el estilo. El suicidio como vocación teórica y no destino práctico. Esas cosas.” Volvamos al prólogo y al  juego de realidad y ficción que plantea: “Así pues, nos encerramos durante un mes y medio en mi casa de Blanes y con el último capítulo en mano y al dictado de sus sueños y pesadillas compusimos la novela que el lector tiene ahora ante sí” (11).  Para despistados, recordemos que Bolaño, el de carne y hueso, vivía1111 Borges en Blanes. Imaginarlo encerrado junto a su álter ego en una misma habitación en un juego borgiano. ¿Borges? Sí, aquí llega el argentino: “Mi función se redujo a preparar bebidas, consultar algunos libros, y discutir, con él y con el fantasma cada día más vivo de Pierre Menard, la validez de muchos párrafos repetidos” (11). Es inevitable (y también precioso) que Bolaño sienta muy habitualmente la necesidad de hacer referencias a su idolatrado Borges en diferentes narraciones, como si no nombrarlo fuera un pecado. Y es que, para Bolaño, el autor de El Aleph es un dios caído a la tierra, y ciego, como la gran mayoría de los dioses. En este caso, la conexión es Pierre Menard, un personaje de un cuento de Borges que “No quería componer otro Quijote —lo cual es fácil— sino el Quijote. Inútil agregar que no encaró nunca una transcripción mecánica del original; no se proponía copiarlo. Su admirable ambición era producir unas páginas que coincidieran ­palabra por palabra y línea por línea­ con las de Miguel de Cervantes” (“Pierre Menard, autor del Quijote”). Y consiguió hacerlo en dos capítulos y medio, al menos formalmente: las palabras eran las mismas que las utilizadas por Cervantes, pero, ¡ay!, ya no tenían los mismos significados: “Menard, contemporáneo de William James, no define la historia como una indagación de la realidad sino como su origen. La verdad histórica, para él, no es lo que sucedió; es lo que juzgamos que sucedió […] También es vívido el contraste de los estilos. El estilo arcaizante de Menard —extranjero al fin— adolece de alguna afectación. No así el del precursor, que maneja con desenfado el español corriente de su época.”. Así, Estrella distante no es el capítulo de La literatura nazi en América, ni es más,  ni tampoco menos, sino simplemente diferente. Es otra historia con numerosas similitudes y diferencias. ¿Más rica? Puede o, quizás, más pobre. Otra, como otra era la de Menard aunque pareciera la misma.

Algo está claro. Roberto Bolaño, el que habitó hasta 2003 el mismo mundo que nosotrosBolaño estudio habitamos, se lo pasa bien con la literatura. Juega con nosotros. Desde la primera página nos invita con cortesía a entrar en un mundo donde nada es ni completamente falso ni completamente cierto, donde cada uno viste su máscara y aparece y desaparece de la escena según los caprichos de un destino incontrolable. Estrella distante, podría haber dicho Bolaño (el real) sobre ella, puede ser una historia de medias verdades y medias mentiras, es decir, en la que no importa qué es real y qué no es real, pero en la que a la vez importa demasiado porque, tal vez, el mundo al que nos traslada es tan supurante y crudo que es el nuestro.  Y eso sólo lo pueden hacer los genios.

4. “Entonces se hacía llamar Alberto Ruiz-Tagle”: Estrella distante

Carlos Wieder es un bárbaro sin más moral que la estética capaz de apoyar ideológicamente una de las mayores masacres de la historia de la humanidad y trasladarla al Chile pinochetista mientras escribe las primeras frases del Génesis bíblico con el humo de un avión. Wieder es la contradicción que todos nosotros somos, pero llevada a unos extremos tan radicalmente separados que, como todos los extremos, se tocan en algún lugar recóndito e invisible. Y es que (¡hay que fastidiarse!) nos acaba pareciendo perfectamente posible que un ser tan sin escrúpulos sea capaz de escribir esa poesía celeste. Wieder no es nosotros. Probablemente ninguno de nosotros sea nunca Wieder. Esperemos, al menos que así sea. Pero todo ser humano está formado por esos claroscuros que Wieder estira hasta casi fracturarlos. Evidentemente, somos menos dantescos y sanguinarios, pero todos, como los icebergs, tenemos una parte sumergida que para nuestra desgracia (o para nuestra suerte, según se mire) es en gran medida inconsciente.

Wieder, en alemán, significa “de nuevo”, “otra vez” o “una y otra vez” y precisamente hace referencia a ese juego de máscaras y repeticiones al que hacíamos referencia. Como suele ocurrir en las ficciones de Bolaño, la vida del protagonista central de la novela no es narrada por su propia voz, sino por otra u otras que sólo alcanzan a describirlo parcialmente. Aquí, Wieder nunca toma la palabra, sólo actúa, hace, y el que nos cuenta muy parcialmente sus peripecias es un poeta chileno afincado en Barcelona que, con más o menos reservas, podemos identificar con el autor y con su álter ego Arturo Belano (aunque este nombre sólo aparezca en el prólogo).

El libro se abre con una referencia a una época convulsa de la historia chilena: “LaGolpe de estado chile primera vez que vi a Carlos Wieder fue en 1971 o tal vez en 1972, cuando Salvador Allende era presidente de Chile” (13). Allende fue presidente desde el 3 de noviembre de 1970 hasta el 11 de septiembre de 1973. En esta simbólica fecha, su gobierno fue derrocado por un golpe militar comandado por el general Augusto Pinochet que se saldó con decenas de muertos (incluida la de Allende) y con la instauración de un régimen dictatorial que finalizó en de 1990 de una forma poco usual. En octubre de 1988, el dictador, convencido de su aceptación popular, había convocado un plebiscito en el que los llamados a las urnas fueron cuestionados sobre la continuación o no del régimen. Sorprendentemente, ganó el NO con un 54% de los votos y Pinochet se vio obligado a dejar su cargo el 11 de marzo de 1990. Roberto Bolaño vivió en Chile los días del Golpe, eso es cierto, pero no lo es que viviera allí durante el gobierno de Allende en 1972. Llegó pocos días antes del  fatídico 11 de septiembre desde México DF, donde realmente vivía, para apoyar la causa socialista de la Unidad Popular, fue detenido en noviembre y posteriormente encarcelado en Concepción (como el narrador de Estrella distante) hasta que pudo escapar gracias a un antiguo compañero de la escuela primaria que se encontraba entre los policías que custodiaban a los presos.

En estos complicados días se sitúa el inicio de la novela. En los talleres literarios de Juan0 Infrarrealismo Stein y Diego Soto, coinciden jóvenes interesados en la poesía: Bibiano O’Ryan, las hermanas Garmendia, la Gorda Posadas, el narrador, un misterioso Alberto Ruiz-Tagle, etc. Sobre estos detalles de la obra, dice Jorge Herralde en una preciosa cita que Bolaño plasma “la reivindicación de la entraña poética del continente, el elogio melancólico de una pasión pobre (talleres tumultuarios, raros libros simbolistas de cuarta mano, una adorada foro de Williams Carlos Williams en una pared deslucida) hecha desde el malestar del acogido en la metrópoli” (Para Roberto Bolaño, 48). Lo literario no es un hecho aislado de Estrella distante, sino que es transversal en la gran mayoría de sus novelas e, incluso, de sus poemas. Bolaño es un obsesionado de las letras, un lector compulsivo, y ello contribuye a dar forma a sus novelas: son constantes las pesquisas, las opiniones y las discusiones sobre literatura, lo cual tiene como consecuencia que partes enteras de sus narraciones parezcan pequeños ensayos; una suerte de metaliteratura que Bolaño sabe coordinar con la acción. Un claro ejemplo es el inicio del capítulo 4 de Estrella distante:

Sus poemas [los de Juan Stein] eran breves, influido a partes iguales por Nicanor Parra y Ernesto Cardenal, como la mayoría de los poetas de su generación, y por la poesía lárica de Jorge Teillier, aunque Stein nos recomendaba leer a Lihn más que a Teillier. Sus gustos eran en no pocas ocasiones distintos e incluso antagónicos a los nuestros: no apreciaba a Jorge Cáceres (el surrealista chileno por el que nosotros sentíamos adoración), ni a Rosamel del Valle, ni a Anguita. Le gustaba Pezoa Veliz (algunos de cuyos poemas sabía de memoria), Magallanes Moure (una frivolidad que nosotros compensábamos frecuentando la poesía del horrible Braulio Arenas), los poemas geográficos y gastronómicos de Pablo de Rokha (que nosotros —y cuando digo nosotros, ahora caigo en la cuenta, creo que me refiero únicamente a Bibiano O’Ryan y a mí, de los demás he olvidado hasta sus filias y fobias literarias- eludíamos como quien elude un foso demasiado profundo y porque siempre es preferible leer a Rabelais), la poesía amorosa de Neruda y Residencia en la Tierra (que a nosotros, con neruditis desde la más tierna infancia, nos producía alergia y eccemas en la piel). (56-57)

A su vez, como si de relatos paralelos al más puro estilo cervantino se tratase, Bolaño inserta en la novela al menos tres historias vinculadas sólo muy tangencialmente a la trama más principal.

La primera es la de Juan Stein, el director del taller de poesía: judío y supuestamente emparentado con Cherniakovsky, héroe de guerra soviético, “aparecía y desaparecía como un fantasma en todos los lugares donde había pelea, en todos los lugares en donde los latinoamericanos, desesperados, generosos, enloquecidos, valientes, aborrecibles, destruían y reconstruían y volvían a destruir la realidad en un intento último abocado al fracaso” (66). De Angola a Nicaragua, de allí a Paraguay, luego a Mozambique o Namibia y posteriormente de vuelta a Nicaragua hasta que se le pierde la pista en Guatemala: ¿Es un mito fallecido en la internacionalización de la revolución, como lo fuera el Che Guevara, o un anónimo personaje enterrado (o no) en Valdivia, como parece descubrir Bibiano? Como tantas otras cosas, lo desconocemos.

La segunda es la de Diego Soto, amigo y rival de Stein; también poeta, también desaparecido. Exiliado en la República Democrática Alemana y en Francia, fue acuchillado por un grupo de neonazis en la estación ferroviaria de Perpignan tras intentar defender a una vagabunda.Petra

La tercera es la de Lorenzo, un joven homosexual chileno que perdió los brazos durante su infancia y que también marchó a Berlín. Tres años antes de morir de sida en 1995, gracias a unos actores catalanes que estaban viajando por Alemania, apareció en Barcelona para encarnar a Petra, la mascota de las pruebas paraolímpicas. Como justificándose por su inclusión, dice el narrador sobre el hilo conductor de estas historias:

Aunque lo único que los une fue la circunstancia de nacer en Chile. Y un libro que tal vez leyó Stein, que seguro leyó Soto (habla de él en un largo artículo sobre el exilio y la errancia publicado en México) y que también leyó, entusiasta como casi siempre que leía algo (¿cómo daba vuelta las hojas?: ¡con la lengua, como deberíamos hacerlo todos!), Lorenzo. El libro se titula Ma gestalt-thérapie y su autor es el doctor Frederick Perls, psiquiatra, fugitivo de la Alemania nazi y vagabundo por tres continentes. En España, que yo sepa, no se ha traducido. (85)

Volvamos a Carlos Wieder. Para crear su historia, probablemente Roberto Bolaño tuvo en mente a Raúl Zurita, poeta chileno profundamente comprometido que escribió su poema La vida nueva en el cielo de Nueva York con cinco aviones que trazaron las letras conZurita versos cielo humo blanco. El que usa Wieder es negro, como si quisiera unir literatura y muerte, los dos pares en apariencia contrarios que caracterizan su figura.

En su primera acción poética, poco después del Golpe de Estado de Augusto Pinochet, dibujó los primeros versículos del Génesis en latín: IN PRINCIPIO CREAVIT DEUS COELUM ET TERRAM. TERRA AUTEM ERAT INANIS ET VACUA ET TENEBRAE ERANT SUPER FACIEM ABYSSI ET SPIRITUS DEI FEREBATUR SUPER. DIXITQUE DEUS FIAT LUX ET FACTA EST LUX ET VIDIT DEUS LUCEM QUOD ESSET BBONA ET DIVISIT LUCEM A TENEBRIS. El narrador, junto a otros presos de Concepción, lo observó desde el Centro la Peña.

Poco tiempo después, actuó Wieder “sobre el aeródromo de Las Tencas, para un público compuesto por altos oficiales y hombres de negocios acompañados de sus respectivas familias –las hijas casaderas se morían por Wieder y las que ya estaban casadas se morían de tristeza- dibujó, justo pocos minutos antes de que la noche lo cubriera todo, una estrella, la estrella de nuestra bandera, rutilante y solitaria sobre el horizonte implacable” (41). Posteriormente, en una exhibición en El Cóndor “escribió un poema que un espectador curioso y leído calificó de letrista” en el que hablaba de Las Garmendia, de Patricia Méndez (“perteneciente a un taller de literatura gestionado por las Juventudes Comunistas y desaparecida por las mismas fechas que Carmén Villagrán” [42]) y del que sólo conocemos un verso: Aprendices de fuego. También por esas fechas participó en una exhibición en Santiago, donde escribió de nuevo versículos de La Biblia y del Renacer Chileno, y en otra en Los Ángeles, donde junto a otros dos pilotos dibujó una bandera chilena.

El narrador quedó finalmente en libertad sin cargos, como la gran mayoría de losAvión wieder detenidos en La Peña. Sin embargo, sus amigos no corrieron tanta suerte: “La buena noticia es que nos habían expulsado de la Universidad. La mala era que habían desaparecido casi todos nuestros amigos. Le dije que probablemente estaban detenidos o se habían largado, como las hermanas Garmendia, a la casa de campo. No, dijo Bibiano, las gemelas también han desaparecido. Dijo ‘gemelas’ y se le quebró la voz. Lo que siguió a continuación es difícil de explicar (aunque en esta historia todo es difícil de explicar), Bibiano se arrojó a mis brazos (literalmente), yo estaba sentado a los pies de la cama, y se echó a llorar desconsoladamente. Al principio pensé que le había dado un ataque de algo. Luego me di cuenta, sin el menor asomo de duda, que nunca más veríamos a las hermanas Garmendia” (47). El lector ya sabe que las Garmendia fueron asesinadas brutalmente por Carlos Wieder, pero en ese momento los personajes lo desconocían.

Aunque Bolaño no es un escritor que transforme la denuncia política en el centro de su escritura, nunca la excluye. No puede hacerlo, de hecho, porque fue preso político junto a muchos otros que no corrieron la misma suerte que él (las listas actuales de desaparecidos manejan 1210 nombres). En este sentido, los personajes de Estrella

Memorial de Desaparecidos en Santiago de Chile

Memorial de Desaparecidos en Santiago de Chile

distante suelen acogerse a algún radicalismo político de cualquier signo: mientras la vanguardia se adhiere a la izquierda, Wieder, vanguardista, se resguarda bajo el toldo de la dictadura pinochetista; Stein logra huir para hacerse revolucionario, etc. Por tanto, lo político, sin ser del todo central, no deja nunca de estar presente.

Wieder continuó con sus actuaciones. En 1974, financiado por varias empresas privadas, viajó al Polo Sur para escribir “La Antártida es Chile”. Posteriormente, es invitado a realizar una exhibición en Santiago un día poco propicio en que grandes mares de nubes negras cubrían el cielo de la capital chilena. Pero ni siquiera la lluvia que obligó a marchar a los invitados hizo cesar en su empeño a un Wieder que, finalmente, dejó en el cielo de Santiago los siguientes versos.

La muerte es amistad.
La muerte es Chile.
La muerte es responsabilidad.
La muerte es amor.
La muerte es crecimiento.
La muerte es comunión.
La muerte es limpieza.
La muerte es mi corazón.
Toma mi corazón.
Carlos Wieder.
La muerte es resurrección.

Ahora bien, nada de lo narrado hasta este punto sobre ese es seguro, nos dice el narrador. Pero tampoco importa:

Todo lo anterior tal vez ocurrió así. Tal vez no. Puede que los generales de la Fuerza Aérea Chilena no llevaran a sus mujeres. Puede que en el aeródromo Capitán Lindstrom jamás se hubiera escenificado un recital de poesía aérea. Tal vez Wieder escribió su poema en el cielo de Santiago sin pedir permiso a nadie, sin avisar a nadie, aunque esto es más improbable. Tal vez aquel día ni siquiera llovió sobre Santiago, aunque hay testigos (ociosos que miraban hacia arriba sentados en el banco de un parque, solitarios asomados a una ventana) que aún recuerdan las palabras en el cielo y posteriormente la lluvia purificadera. Pero tal vez todo ocurrió de otra manera. Las alucinaciones, en 1974, no eran infrecuentes. La exposición fotográfica en el departamento, sin embargo, ocurrió tal y como a continuación se explica (92).

La exposición se convirtió en la muestra en público del gran acto de barbarie que es Carlos Wieder. El poeta se descubría así ante las decenas de invitados como un sanguinario asesino sin escrúpulos capaz de fotografiar a sus víctimas para exhibirlas:

Según Muñoz Cano, en algunas de las fotos reconoció a las hermanas Garmendia y a otros desaparecidos. La mayoría eran mujeres. El escenario de las fotos casi no variaba de una a otra por lo que deduce es el mismo lugar. Las mujeres parecen maniquíes, en algunos casos maniquíes desmembrados, destrozados, aunque Muñoz Cano no descarta que en un treinta por ciento de los casos estuvieran vivas en el momento de hacerles la instantánea. Las fotos, en general (según Muñoz Cano), son de mala calidad aunque la impresión que provocan en quienes las contemplan es vivísima (97).

En un acto de cinismo radical, Wieder, al contrario que sus invitados, permanecía impasible, como si no fuera uno de los más bárbaros culpables de la ola de dolor y muerte que recorrió Chile tras el Golpe de Estado: “Un living grande y desordenado, botellas, platos, ceniceros llenos, un grupo de gente pálida y cansada, y Carlos Wieder junto a la ventana, en perfecto estado, sosteniendo una copa de whisky en una mano que ciertamente no temblaba y mirando el paisaje nocturno” (102).

A partir de esa noche las noticias sobre Wieder fueron confusas. Su figura se ocultaba tras seudónimos en revistas, libros, antologías de tercera fila o wargames. Su pista se perdía en Chile, al tiempo aparecía en Estados Unidos para volver a difuminarse  y, más tarde, emergía en Sudáfrica, en Alemania o en Italia. En 1992 su nombre salió a relucir en una encuesta judicial sobre torturas y desapariciones. En 1993 fue vinculado con un grupo responsable de la muerte de varios estudiantes en Santiago y Concepción. En 1994, el periodista y piloto Muñoz Cano publicó un libro, en uno de cuyos capítulos relata la velada de las fotografías. Lo intentaron juzgar, pero ninguna acusación prospera: “Muchos son los problemas del país como para interesarse en la figura cada vez más borrosa de un asesino múltiple desaparecido hace mucho tiempo. Chile lo olvida” (120).

Si la novela ha mantenido desde el inicio un tono policiaco, en estos últimos capítulos seLloret hace mucho más palpable con la aparición de Abel Romero (“uno de los policías más famosos de la época de Allende” [212]) y la posterior búsqueda de Carlos Wieder en Lloret de Mar. Al contrario que sus víctimas, el poeta macabro nunca ha desaparecido por completo: su figura fue haciéndose huecos en nuevas revistas europeas e incluso tras las cámaras de películas pornográficas alemanas. A Abel Romero, pagado por un cliente que nunca conoceremos, le fue encargada la misión de encontrar a Wieder y el narrador (¿Arturo Belano?) lo ayuda en su empresa porque es el único en toda la ciudad de Barcelona que, quizás, todavía pueda reconocerlo. El encuentro con el asesino de las Garmendia se produjo en un solitario restaurante del paseo marítimo de Lloret: “Él había envejecido mucho más. Estaba más gordo, más arrugado, por lo menos aparentaba diez años más que yo cuando en realidad sólo era dos o tres años mayor […] Parecía estar pasando una mala racha. Tenía la cara de los tipos que saben esperar sin perder los nervios o ponerse a soñar, desbocados. No parecía un poeta. No parecía un ex oficial de leyenda. No parecía el tipo que había volado a la Antártida para escribir un poema en el aire. Ni de lejos” (153).

A partir de aquí todo se torna confuso. “¿Lo va a matar?, murmuré. Romero hizo un gesto que yo no pude ver” (156).  El detective va al piso de Wieder, pero no somos testigos del encuentro. El narrador sólo nos cuenta que lo ve volver, igual que antes pero con una carpeta con papeles bajo el brazo cuyo contenido también desconocemos. “Le pregunté cómo había sido” (156), dice el narrador. “Como son estas cosas, pues, dijo Romero, difíciles” (156).

P.D. 1: Hay numerosos documentos sobre la vida y la obra de Roberto Bolaño en circulación. Para una interesante y rápida panorámica, es muy recomendable el documental Roberto Bolaño: el último maldito, producido por Televisión Española:

P.D. 2: Oír a Bolaño es todo un placer al alcance de cualquiera. Estas dos entrevistas son todo un regalo.

P.D. 3: En julio de 2003, un Roberto Bolaño gravemente enfermo sufre una fuerte crisis en su domicilio de Blanes cuando era ya el segundo en la lista de trasplantes. Junto a su compañera sentimental, Carmen, atraviesa los kilómetros que lo separan del hospital en pocos minutos. Allí dicen que contó chistes malos para tranquilizar a sus allegados pero, sobre todo, dicen que escuchó por última vez una canción. La última canción de Bolaño. Fue esta: “Lucha de Gigantes”, de otro maldito, Antonio Vega.

 

Guía de lectura: Plenilunio, de Antonio Muñoz Molina

Autor: Ancrugon

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 “Plenilunio” es una novela policiaca de Antonio Muñoz Molina  escrita en 1997 siendo su octava obra narrativa y una de las de mayor éxito.

 

 

¿CUÁL FUE SU ORIGEN?

Según el propio autor, “Plenilunio” surgió de una noticia y una foto que vio en un periódico americano, unos siete años antes de escribirla. Esta noticia consistía en la información breve sobre un juicio y la fotografía de la cara del acusado: una cara de perfecta bondad, un hombre joven, con traje y corbata, con las manos cruzadas, tan pulcramente que parecía que más bien estaba en una iglesia y no en la sala de un juicio… Así mismo, Muñoz Molina sentía en esos momentos una necesidad de escribir una novela especial “sin contaminaciones de autobiografía, una novela con todas las de la ley, con muchas peripecias y puntos de vista, con historias cruzadas.”

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¿POR QUÉ EL TÍTULO DE “PLENILUNIO”?

De todos es sabido que la Luna ejerce misteriosos influjos sobre muchas personas a quienes les hace comportarse de manera extraña y esos momentos marcan las relaciones de los personajes dentro de esta historia, por ejemplo, la relación que se establece entre Susana, la maestra, y el Inspector, o la presentación del asesino, su nuevo intento de crimen y la repetición de idénticos actos, como si ello formara parte de un rito.

¿CÓMO SE RESUMIRÍA EL ARGUMENTO?

Los hechos, la agresión sexual y asesinato de una niña llamada Fátima, ocurren hacia finales de la década de los noventa del pasado siglo, y tienen lugar en una pequeña ciudad del interior sur de España. El Inspector encargado del caso , cuya esposa está ingresada en un sanatorio mientras él se debate entre las olas de su castigada mente, lucha entre el fantasma del miedo por el temor a un atentado de ETA, a causa de su pasado en el País Vasco, el fantasma de un pasado que intenta desechar pero que es renovado por el padre Orduña, un viejo jesuita que fue su profesor durante la infancia, el fantasma del deseo representado por la profesora de la niña asesinada, o el fantasma de la obligación de detener al asesino psicópata quien sólo será descubierto tras su segundo intento de asesinato.

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¿CUÁLES SON LOS EJES DE LA NOVELA?

La novela gira alrededor de tres ejes argumentales: Los asesinatos del psicópata, la violencia terrorista de ETA y la historia de amor entre Susana y el Inspector.

¿CUÁLES SON SUS TEMAS PRINCIPALES?

A pesar de que “Plenilunio” es una novela policiaca clásica, podemos encontrar en ella diferentes temas:

La violencia aparece bajo dos formas diferentes: la de origen sexual, sobre todo la ejercida sobre los niños, y la del terrorismo que determina la relación del Inspector y su esposa. Aunque el autor llega a relacionar ambos tipos: “En el fondo les colma la vanidad ver sus hazañas en la prensa. He conocido algunos que guardaban recortes pegados en álbumes, como los artistas”… Por ello, siguiendo los consejos de su profesor, el padre Orduña, el Inspector persigue una mirada por la ciudad, porque el viejo jesuita dice que el mal que ha cometido se puede ver en los ojos del hombre.

El mal, como ente, como personaje casi central, el cual lo intentan explicar, unos, como el padre Orduña, a partir de la fe, otros, como el forense Ferreras, ateo convencido, por medio de la ciencia, sin embargo, sobre todo ello flota el secreto misterioso de los propios actos malignos que van más allá del propio individuo confundiéndose con la colectividad, porque el mal trasciende de lo particular y se extiende a lo colectivo.

Como antagónico a los anteriores tenemos el tema del amor, el del Inspector hacia su esposa, un amor basado en la costumbre y la obligación, en el recuerdo, pero sin futuro, y el que renace por Susana, un amor sin futuro, aunque carente de horizontes y cuyo fin radica en su propio comienzo.

La transición podría ser otro tema bastante importante en la novela, tanto la política de una época histórica española, como el de los propios personajes en sus propias e individuales vidas.

La obsesión tanto del psicópata como del Inspector por conseguir sus diferentes objetivos: apagar sus sed de frustración y locura uno, atrapar al malvado el otro.

Los medios de comunicación, en una sociedad que recientemente ha logrado la libertad, tienen una importancia inusitada e incómoda para las personas que estaban acostumbradas a trabajar en las sombras, y la televisión, la prensa y la radio lo llenan todo y se cuelan por las rendijas de la soledad influyendo, para bien o para mal, en las actitudes de los personajes: “Un dí­a el inspector vio su propia cara en el telediario, tomada de muy cerca, con su nombre y su cargo escritos en la parte baja de la pantalla, como si quedara alguna duda, y se irritó mucho y se alarmó más de lo que él mismo estaba dispuesto a reconocer […] Se preguntó si alguna de esas imágenes las estarí­a viendo alguno de los que le enviaban anónimos cuando viví­a en el norte.”

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¿CÓMO ES LA ESTRUCTURA DE LA NOVELA?

La estructura de “Plenilunio” es lineal, aunque los momento de recuerdos aparecen con frecuencia, pero es fácilmente divisible en tres partes perfectamente identificables: Presentación de los personajes (hasta el capítulo 12), peripecias del asesino (del 13 al 23) y la aparición de la segunda niña. En cada capítulo predomina la presencia de uno de los personajes, aunque suelen entrelazarse entre ellos.

¿CÓMO ES EL NARRADOR?

El narrador es en tercera persona y omnisciente, pues se mantiene fuera de la acción y se limita a contarnos lo que va observando además de los pensamientos, las ideas y los recuerdos de los personajes, limitándose cada vez en uno de ellos y sin anticipar acontecimientos ni haciendo juicios de valor.

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¿CÓMO SE PRESENTA EL TIEMPO?

El tiempo lo podemos dividir en externo e interno. Del primero, la época en la que ocurren los hechos, no hay referencias concretas aunque podemos deducir, por los diferentes comentarios contextuales, como las reseñas hacia el franquismo o la transición democrática, que ocurrió por la década de los 90. Sobre el tiempo interno queda bastante claro que la novela transcurre desde el otoño hasta la primavera ocurriendo casi todos los acontecimientos en las horas nocturnas.

¿CUÁL ES EL ESPACIO?

Aunque Antonio Muñoz Molina no indica en ningún momento el nombre de la ciudad, ésta parece ser, por las diferentes referencias que aparecen a lo largo del texto: la calle Mesones, el parque de la Cava, la calle Nueva, el hospital de Santiago, la Iglesia de la Trinidad … que la acción está situada en la ciudad jienense de Úbeda, ciudad natal del autor y a la que en novelas anteriores denomina Mágina, por una de las sierras cercanas a la misma.

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¿CUÁLES SON LOS PERSONAJES PRINCIPALES?

EL INSPECTOR: protagonista central de la novela, recién llegado a la ciudad desde el País Vasco de donde se ha traído la angustia y el miedo, tanto él como su mujer, internada en un sanatorio psiquiátrico, y una forma de vida en permanente vigilancia ante cualquier amenaza, como ocurre con el joven que ha venido desde Esukadi para atentar contra su vida. Es un hombre activo y obsesivo en su trabajo. Al ser destinado al sur, su vida ha cambiado por completo y, si antes era bebedor y con una activa vida nocturna, ahora es ordenado y solitario. Hijo de un rojo perseguido por el franquismo, fue educado por los jesuitas, cuyo representante actual es el padre Orduña, puente entre el pasado y el presente

EL ASESINO: antagonista del anterior del que no aparecen datos hasta el capítulo 12 y de cuyos rasgos sobresale el olor de sus manos y su ropa, más imaginario que real, del que no logra desprenderse. Un hombre joven que desprecia a sus padres, quienes le han reprimido durante toda la vida, lo cual le ha ido inclinando hacia la violencia. Obsesionado por el sexo, tiene una lucha interna entre guardar secreto sobre sus actos o darles notoriedad.

SUSANA GREY, la maestra de Fátima y centro del tema amoroso. Si al principio aparece como la típica maestra, a medida que avanza la relación con el Inspector se van descubriendo en ella rasgos de una complejidad más grande. Es una mujer fuerte, decidida y culta. Está divorcia y tienen un hijo.

EL PADRE ORDUÑA, es un jesuita que fue educador del Inspector durante su juventud y al que le une un fuerte lazo de amistad y afecto. Y si al principio tuvo tendencias fascistas, posteriormente fue evolucionando hacia ideas obreras y solidarias.

FERRERAS, el forense y amigo de Susana Grey, un hombre ateo y materialista que nos descubre los datos concretos sobre el asesinato de Fátima y la agresión a Paula.

FÁTIMA: la niña asesinada y de quien conocemos los datos después de muerte, por fotografías, recuerdos o vídeos.

PAULA: la otra niña que sufre una agresión por parte del asesino y quien, tras su atentado, mantiene una relación más cercana con el inspector de quien consigue sacar a flote la ternura escondida.

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