GUÍA DE LECTURA – NOVELA: El dios de las pequeñas cosas, de Arundathi Roy

GUÍA DE LECTURA – NOVELA

01Antes de profundizar en la guía de lectura de esta novela, creo que es importante familiarizarnos con su autora, pues mucho de ella queda reflejado, o lo ha impulsado, en el espíritu de la historia que narra.
AVT_Arundhati-Roy_5508Suzanna Arundhati Roy es una mujer india nacida el 24 de noviembre de 1961 en Shillong, la capital del estado indio de Meghalaya, en el seno de una familia poco convencional, pues su padre era un propietario bengalí hinduista plantador de té y su madre una cristiana de ascendencia siria, quien logró ganar un pleito al Estado al demandarlo judicialmente por su derecho a recibir la parte proporcional que le correspondía de la herencia de sus padres, a pesar de que en la India no se reconocía el derecho de las mujeres a heredar.
Arundhati Roy estudió arquitectura, sin embargo, su interés personal estaba enfocado en la literatura comenzando por escribir varios guiones de películas, algunas de las cuales coprotagonizó, y series televisivas. Pero su carrera cinematográfica se vio frustrada a causa de su activismo político y social que le ha llevado a publicar artículos de opinión, enfrentamientos con las autoridades, peticiones de destitución y exigencia de cambios legales, que le han conducido ante los tribunales de justicia en numerosas ocasiones, defendiendo diversas causas ambientales y de derechos humanos, siendo la última de sus acciones en el año 2019, cuando encabezó una petición para que las mujeres afganas participaran en las conversaciones de paz entre los Estados Unidos y los talibanes.
3795684202a708af7f1ddb75a5481e4313b171b6En 1997 Roy publicó El dios de las pequeñas cosas, su primera y única novela, de corte semiautobiográfico, en la que se aparta de las tramas convencionales y de la prosa ligera típica de la literatura comercial. Compuesta en un lenguaje lírico, trata sobre temas y personajes del sur de Asia en una narración que va dando continuos saltos temporales, convirtiéndose en el libro más vendido por un escritor indio no expatriado y ganando con él el Premio Booker en 1998, uno de los premios más prestigiosos del mundo.
La novela tiene lugar en Ayemenem, una aldea del estado de Kerala, en el sureste de la India, entre 1969 y 1993. La narración no es lineal dando continuos saltos temporales entre recuerdos y presagios. La trama se centra en los dos hermanos gemelos, Estha y Rahel, quienes viven con su madre divorciada, Ammu, y su familia, siendo el acontecimiento central la fatídica visita de su prima medio inglesa, Sophie Mol, y su madre Margaret Kochamma, ahogándose la niña en el río cercano a la casa familiar, algo que ya sabemos desde el principio de la novela, por lo que el resto de la misma se centra en los eventos que conducen hasta su muerte y en las secuelas que llegaron tras ella, yendo y viniendo entre la infancia y la edad adulta de Estha y Rahel en este proceso.
Sin embargo, la novela no se queda en el mero hecho de ese accidente, sino que al contar la historia de la muerte de Sophie Mol, surgen a su alrededor los problemas políticos y sociales que acucian a la sociedad india, una sociedad que todavía está conformada en el sistema de castas que define las clases sociales en la India y dictamina el estatus de cada persona, algo que la Constitución india de 1949 prohibió, pero que en la práctica aún hoy persiste y llena la convivencia entre los indios de una serie de reglas sociales que deben cumplirse, sobre todo en los términos de quién puede interactuar con quién, como en las denominadas “leyes del amor”, que determina quién puede amar a quién, cómo y cuánto interpretando el sistema de castas. Al mismo tiempo, la novela también se interesa por la política de clases, particularmente sobre las basadas en el marxismo y el comunismo, ya que el surgimiento de las clases bajas y el derrocamiento de las altas es un concepto que anida en el interior de estas ideologías y da esperanza a algunos de los personajes de la novela, mientras llena de miedo a otros.
02Pero, sobre todo, El dios de las pequeñas cosas es una novela sobre la familia, pues explora las relaciones entre hermano y hermana, madre e hijo, abuelos, tíos, sobrinos, etcétera. Analiza las circunstancias que obligan a las familias a permanecer unidas y, por otro lado, a desmoronarse. Lo mismo que en la vida real, en la novela las relaciones familiares llegan a ser confusas, complicadas y, en muchas ocasiones, frustrantes, pues a veces nos sentimos obligados a amar a los miembros de la familia, con ese amor incondicional que parece surgir de los lazos de sangre, aunque, por otro lado, esa relación de contigüidad no garantiza que tengas que amarlos o que te correspondan. Sobre todo esto tenemos diferentes ejemplos en este libro, como la relación de Chacko y Ammu comparada con la que tienen Estha y Rahel, pero todavía llama más la atención la reacción de Vellya Paapen contra su hijo Valutha, al que está dispuesto a matar, lo que nos inclina a reflexionar sobre qué tiene más importancia para estos seres, si los lazos familiares o las reglas sociales…
Y es que los personajes de El dios de las pequeñas cosas están constantemente enfrentados a las fuerzas sociales y clasistas. La sociedad india estuvo estructurada durante siglos de acuerdo con las clases y límites sociales muy rígidos, lo que se conoce como el sistema de castas, y aunque la novela tiene lugar después de que este sistema dejara de ser legal, sus personajes todavía están limitados por lo que es o se considera socialmente aceptable según dicten las reglas sociales que deciden a quién puedes, o no, amar, cuál debe ser tu ocupación o quién es mejor o peor que tú. Pero por muy fuertes que sean las creencias, todos los límites pueden ser rotos, como demuestra la evolución de Ammu quien, en un principio, le dice a Rahel que no quiere que los gemelos pasen tanto tiempo con Velutha, y luego, sin embargo…
04Es por eso un gran logro de la autora el hecho de que podamos ver las cosas desde los diferentes puntos de vista de los personajes, teniendo, de esta forma, diferentes versiones de la misma realidad. Y así podemos observar a Estha y Rahel en dos momentos muy distintos de sus vidas con veintitrés años de diferencia entre ellos, cuando tenían siete y cuando tienen treinta y uno, y así, mientras al principio aprendían sobre el mundo, a pesar de que algunas de sus reflexiones infantiles fueran bastante perspicaces, luego, cuando ya son adultos, simplemente intentan dar un sentido a su pasado.
Y es que hay algo que flota sobre las cabezas de los personajes en esta novela y que les pesa y les atenaza: la culpa. Sí, la culpa les acecha detrás de cada esquina pues todos tienen algo en su pasado que querrían olvidar: Estha se siente culpable por lo que le hizo hacer aquel hombre de la limonada en el cine; Sophie Mol se ahoga y todos se sienten culpables; las familias se separan y la culpa anida entre sus miembros… Todos se sienten culpables de algo y, para liberarse de ello, buscan a quién culpar: Margaret Kochamma culpa a Estha por la muerte de su hija, mientras que Chacko culpa a su hermana Ammu… y Estha se culpa de todo…
Estha y Rahel pierden la inocencia a lo largo de la novela y en esto la autora ha conseguido algo bastante interesante, pues nos ayuda a ver y comprender el mundo desde la perspectiva de los niños y cómo ésta va cambiando ante sus ojos y dentro de sus mentes, y lo hace desde dos aspectos cotidianos de la vida: el significado de las palabras, sobre todo de ciertas palabras, y los hechos impactantes y dolorosos que les van ocurriendo. La inocencia es un mundo simple, sencillo, donde lo que no sabes no puede hacerte daño, es la felicidad de la ingenuidad, pero a medida que vamos alcanzando el conocimiento de las cosas, llega el dolor. Cuatro son los conceptos más importantes sobre los que vamos adquiriendo conocimientos a lo largo de nuestras vidas: el amor, el temor, la identidad y la mortalidad.
El amor es libre por naturaleza, en cambio, no hay otro concepto que cargue sobre sí mismo con tantas reglas, cargas y limitaciones. El amor y las reglas chocan continuamente en esta novela, por ejemplo, el amor entre Ammu y Velutha está prohibido debido a su diferencia de castas; el amor entre Rahel y Estha, que se expresa físicamente al final del libro, está considerado pecaminoso por incesto; el amor de Mammachi hacia su hijo Chacko tiene unas líneas muy difuminadas entre lo familiar y lo romántico; Baby Kochamma está enamorada del padre Mulligan, un sacerdote que tiene prohibido el matrimonio, y ello la marca de por vida… o Rahel intenta tener claro las diferencias entre “amor” y “deber”, es decir, a quién realmente ama y a quién debe amar. El amor, en El dios de las pequeñas cosas es el mayor transgresor de las reglas sociales.
El miedo, por su parte, está siempre presente en la novela. No hay un solo personaje que no tema algo en algún momento. Pero este miedo no es simplemente una reacción ante algo aterrador, sino que es un motivador que les empuja a actuar de formas particulares y, a menudo, peligrosas: el miedo de Estha al hombre de la limonada y el de Rahel a que Ammu ya no la quiera provoca que ambos huyan de casa y se decidan a cruzar el río; el miedo de Baby Kochamma y Mammachi a lo que dirán les obliga a encerrar a Ammu y a denunciar a Velutha… El miedo, pues, es un mecanismo decisivo que les cambia la vida con un resultado mucho más aterrador que aquello que temían.
Y ello les lleva a un problema de identidad a todos los personajes: Sophie Mol es mitad blanca y mitad india, Vallya Paapen es un paravan y su personalidad se acomoda al papel en una simbiosis inevitable de identidad y clase social, Velutha afirma tener un hermano gemelo para no admitir que él estuvo en la marcha de los comunistas… pero, sobre todo, para los gemelos Estha y Rahel, pues ambos son extensiones el uno del otro, complementándose a la perfección cuando están juntos y creándose identidades alternativas a medida que se enfrentan a diferentes situaciones: el Embajador Elvis Presley, la Embajadora Insecto Palo… La separación amputa de un tajo esa identidad común y no volverán a considerarse completos hasta reunirse de nuevo veintitrés años después.
Y por último, la muerte, la cual es un eco constante en toda la novela, pues ya desde el principio sabemos que Sophie Mol va a morir, sin embargo, esta anticipación no nos evita la intriga, pues nada de sus causas, y mucho menos de sus consecuencias, se nos descubre hasta llegado el momento. Pero esta no es la única muerte, pues nada nos predispone a la visión de la gráfica violencia de la de Velutha, ni a la angustia y miedo de la de Ammu, ni a la soledad de las muertes de la inocencia, ni a la muerte de la confianza, ni a la muerte del amor…
03Por todo ello, El dios de las pequeñas cosas es una novela donde abunda el simbolismo, comenzando con la casa que Chacko utiliza como metáfora de la historia de la India y la familia, la cual está compuesta de anglófilos, una casa vieja en la noche, con las lámparas encendidas y antepasados susurrando en su interior, una casa en la que hay que entrar y escuchar lo que dicen y mirar los libros y los cuadros de la pared y oler sus olores, lo cual quiere decir que, a causa de su fascinación con las cosas británicas, la familia ha perdido la noción de lo que verdaderamente son, algo que, a pesar de haberlo perdido de vista, está delante de ellos y solo tienen que mirar y escuchar cuidadosamente, pero el problema, según él, es que no pueden entrar en esa casa porque todo está cerrado y deben contentarse con mirar por las ventanas y ver sombras y escuchar susurros que no entienden porque “nuestras mentes han sido invadidas por una guerra (…) Una guerra que nos ha hecho adorar a nuestros conquistadores y despreciarnos a nosotros mismos”. Es decir, amar a Inglaterra, el país que les colonizó, significa amar menos a la India y a sí mismos. Claro que Estha y Rahel, todavía unos niños, no saben muy bien de qué está hablando su tío y ellos identifican esa casa con la vieja morada de Kari Saipu, quien murió hace muchos años, la cual permanece abandonada en medio de la plantación de caucho, al otro lado del río, es la única casa misteriosa de todo Ayemenem, la que está en el “corazón de las tienieblas”, un mundo todavía inexplorado por ellos, y es así como aquella casa se convierte en la “Casa de la Historia”, donde Velutha y Ammu tienen sus furtivos encuentros como amantes, donde Estha y Rahel se esconden tras la muerte de Sophie Mol, donde Velutha es golpeado hasta morir… Y de esta forma, lo que era una metáfora sobre la India, se convierte en emblema de historia real.
No menos importancia tiene la polilla de Pappachi, aquel insecto que descubrió un día y que jamás le fue reconocido, el cual pasó al catálogo mundial de insectos con otro nombre ajeno a su descubridor, algo que Pappachi consideró una ofensa y lo volvió un hombre irritable para el resto de su vida. Ese lepidóptero, gris, peludo y con mechones dorsales inusualmente densos, se convertirá en un fantasma pernicioso que le atormentará a él, a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Es la encarnación del miedo en los momentos más duros para Rahel: “una polilla fría con mechones dorsales inusualmente densos aterrizó ligeramente en el corazón de Rahel”.
En una novela en la que el tiempo pierde su condición inexorable de fluidez, el reloj de Rahel, permanentemente detenido en las dos menos diez, se identifica como un símbolo de la brevedad, de un lapsus durante el cual el tiempo dejó de caminar: aquellos días de la infancia en que perdieron la inocencia mientras Sophie Mol perdía la vida. Un caso similar podría representar la fábrica de encurtidos de Mammachi donde se intentaba conservar algo perecedero haciéndolo duradero para siempre, algo parecido a lo que hace la familia: recordar, conservar la memoria.
El narrador de esta historia no es un personaje de la misma, sino que la cuenta desde la distancia, profundizando en la perspectiva de cada personaje, mostrándonos sus diferentes puntos de vista, algo que ayuda a la hora de ir avanzando en la trama, que está fragmentada en múltiples piezas las cuales debemos ir recogiendo y ensamblando.
Aunque, en realidad, gran parte de la novela la vamos descubriendo siguiendo a Rahel, tanto cuando era niña, como cuando era mujer, algo que la autora mezcla con el tono, entre serio y alegre, tierno y sórdido, como muestra de la complejidad de los acontecimientos desarrollados en la novela, cada personaje tiene su propia historia personal.
Y para finalizar, pensemos un poco sobre el título. El dios de las pequeñas cosas tiene un doble significado, pues, por un lado, en el capítulo 11 ese dios se identifica con Velutha según el sueño de Ammu, donde un hombre con un brazo la abraza: “él solo podía hacer una cosa a la vez. Si la abrazaba, no podía besarla. Si la besaba, no podía verla. Si la veía, no podía sentirla”. Entonces, cuando despierta ve que Rahel tiene un rizo de viruta enredado en su pelo y eso le confirma que los niños han ido a ver a Velutha, el dios de la pérdida, el dios de las pequeñas cosas, porque eso es a todo lo que aspiran los amantes, a esos pequeños encuentros románticos, y no piensan nunca en las grandes cosas, como el futuro, porque para ellos no existen. Pero, así mismo, son esas pequeñas cosas las que deciden un destino porque si Margaret no hubiera decidido viajar a la India llevando a su hija para que conociera a su padre… si Estha no hubiera cantado en el cine y su madre lo obligara a salir y así tuviera aquel encuentro con el hombre de la limonada, a quien temía volver a ver y eso le llevó a querer escapar… si Rahel no hubiera ofendido a Ammu y por ello llegase a pensar que ya no la quería, lo que también le hizo desear largarse… si todas estas pequeñas decisiones, y otras más que se les fueron sumando, no hubieran ocurrido, Sophie Mol no habría muerto ahogada. Así que podemos afirmar que, tanto en el título de la novela, como en su estilo de escritura, Roy enfatiza los pequeños momentos, objetos y cambios que simbolizan y conducen hacia las “grandes cosas” en la vida.

GUÍA DE LECTURA – POESÍA: La odisea, de Sipho Sepamla

Explora la belleza de nuestra tierra

descubre dónde brilla el sol
dónde las sobras permanecen eternamente
donde la paz se sienta lista para alejarse
dónde el juego salvaje espera oler tu presencia
y correteando

descubre la mentira de nuestras jorobas de montaña
dónde bajo y dónde alto
Drakensberg y sus posadas
donde cae el Tugela y luego fluye
y da lugar a una rica promesa

por todos los medios haz estos descubrimientos
pero no te apures
escala
cae
y pronuncia

descubre los vastos espacios vacíos
que van a suplicar un acuerdo
y el silencio en el medio
donde el sabor de las aguas sazonadas
puede hechizar la mente y hacer que uno
sucumba a una especie de parloteo

descubre estos espacios y siéntete emocionado
pero no te sorprendas
son apurados por algunos
son racionados para otros
sin embargo, no están abarrotados por ninguno

descubre las muchas naciones de nuestra tierra
porque la nuestra es la tierra de las tribus

el africano
el inglés
el afrikáner
el colorado
el indio
el judío
y etcétera, etcétera y etcétera

descubre que estamos lejos de ser un pueblo ignorante
para nosotros es una tierra de muchas universidades tribales
donde muchos leen periódicos tribales imparciales
porque la nuestra es la tierra del sabc
el guardián de los giros modernos

descubre la sed de nuestra maravillosa tierra
y la mente hambrienta se alimenta de experimentos humanos

descubre el amor que hay
sentado despierto esperando ser utilizado
y el odio
que se hincha y fluye mientras se alimenta de miedo

y cuando los pies comiencen a doler
ampollas a punto de estallar
y cuando las orejas comiencen a picar
y oigan herir el alma

no te quejes
no gimas

descubre cómo las personas desconfían unas de otras en la sala
descubre cómo hablan alrededor de un punto
descubre cómo las personas están hechas para vivir una mentira

y cuando la carne comience a temblar
siéntete incapaz de desatar tu miedo
y cuando los párpados comiencen a silbar
búrlate de esas lágrimas
exprime
pero no llores

y cuando sientas que el dolor comienza a comprender
cómo lo hundo a veces
en corrientes azucaradas que fluyen en mi dirección

y cuando te maravilles de cómo caigo de rodillas para rezar
tómalo tienes razón
no has empezado a entender cómo me hice antes
de que el tiempo fuera

descubre la esperanza que vive con la desesperación

descubre las ratas que roen esta esperanza

descubre la preocupación de todas las personas no tribales

descubre la tierra que se ha vuelto malhumorada

69873302_2567728519960509_7669068688632315904_nEste es un poema escrito en 1993, cuando Sudáfrica ya llevaba un año sin Apartheid, un año con democracia y con un presidente negro: Nelson Mandela. Y a pesar de lo que nos quiere transmitir, es un poema sereno, un poema con un título épico que nos trae referencias de un largo viaje iniciático, repleto de peligros y aventuras, cuya meta es devolvernos a la única casa que realmente poseemos: a nosotros mismos, porque esa sea, tal vez, la única forma en la que podamos comprender lo que Sipho nos invita a descubrir: su país, nada menos, y mediante ese viaje detrás de la sombra más buscada y deseada: la verdad, por lo tanto, el verbo que más se repite en el poema es justamente ese: “descubrir”, como si la persona a la que va dirigido, un tú universal, un tú que engloba a toda aquella persona que quiera escucharlo, estuviera buscando algo que no ve: nuevos paisajes, nuevos lugares, o quizá, ese punto de vista diferente que le dé una nueva perspectiva, porque en el poema lo que persisten son las sombras, metafóricamente, claro, pues la mayoría de las sombras dejan de ser cuando aparece la luz, igual que la paz que está ahí, por el momento, aunque todos sabemos que en cualquier instante puede salir corriendo. Y de eso quiere avisarnos Sipho pues, aunque el amor esté despierto, el odio sigue creciendo ya que se alimenta del miedo, algo que engorda y engorda sin cesar, y no es exclusivo de aquellas naciones, no, ocurre lo mismo en cualquier parte del planeta, y a pesar de que el poeta esté considerando la tierra como una unidad, la verdad es que está muy dividida, no por accidentes geográficos, si no por tribus, tribus creadas por la fiebre de los hombres, creadas para mantener viva la llama del odio, para debilitar y que una siempre gane; o dividida por quienes apuran y atesoran la tierra, mientras a otros se les raciona. Y aunque las palabras de Sipho puedan globalizarse, él nos expone la belleza y la fealdad de su país como un todo, porque es así y no podría entenderse sin ambas partes, por eso es una tierra malhumorada, pues los parias la pisan, pero no la poseen, y quienes la poseen saben que no es suya, sino usurpada por sus antepasados a sus legítimos dueños, y fue ese miedo a reconocer su delito el que les empujó a crear leyes que los cosificasen, que los deshumanizasen, a los otros, los nativos, leyes que le diesen a ellos, los blancos, los superiores, la justificación de que todo lo hicieron por la patria, palabra manchada de sangre y prostituta del dinero, y por el bien de aquellas tribus descarriadas a cuyas almas vinieron a salvar con la fe y a redimir con el trabajo… Peligrosos paralelismos con ecos de otros tiempos y latitudes…
70706296_2567728523293842_45753891467296768_n69873625_2567728666627161_2549009111027023872_nSipho Sepamla (Sidney) nació en Soweto, Johannesburgo, Sudáfrica, en 1932. Estudio magisterio en la Universidad de Durban y trabajó como maestro de primaria, aunque pronto se dio a conocer como poeta y novelista y, sobre todo, por encabezar protestas contra el régimen de Apartheid en la década de los años sesenta del pasado siglo, a causa de la represión y las matanzas llevadas a cabo por la policía en su ciudad natal, lo que le llevó a formar parte del Movimiento de Conciencia Negra, por lo que sus libros, en especial The Soweto I Love, fueron prohibidos. Fundó la Unión Federada de Artistas Negros, que con el tiempo se convertiría en la actual Academia de Artes Fuba, y editó dos revistas culturales: la literaria New Classic y S’ketsh, sobre teatro. Sipho murió en Brakpan, Sudáfrica, el 9 de enero de 2007.
Considerado dentro del grupo de los “poetas de las grandes ciudades”, refiriéndose solamente a las pobladas por negros, como Soweto, Kwa Mashu o Langa, pues compartía con ellos un tipo de poesía de convicciones firmes, con una expresión rabiosa e inesperada para aquellos tiempos, por lo que desconcertaba a la crítica del momento. En su mundo metafórico, África es una niña negra, lo que le dio pie para realizar algunas imágenes bastante sorprendentes, y una gran parte de su trabajo surgió a partir de los hechos ocurridos en Soweto a causa de las protestas contra la ley imperante del Apartheid, o segregación de blancos y no blancos, impuesta por el Partido Nacionalista en 1948, con el propósito de conservar el poder y los privilegios, ya que se había llegado a la circunstancia de que la población blanca suponía tan solo el 21% de la total. Esta ley se mantuvo en vigor hasta 1992.

GUÍA DE LECTURA POESÍA: Éxodo, de Ángela Figuera Aymerich

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El tema que tocamos en esta ocasión, tanto en la novela Las uvas de la ira, como en este poema, es el abandono, ese que se produce cuando una sombra ajena a ti te impulsa a dejarlo todo y caminar, caminar sin descanso en busca de algo indefinido, tal vez inexistente, pero caminar para dejar atrás aquello que te oprime, que te empuja, que te va degradando hasta convertirte en un despojo…
Guerra, odio, hambre, violencia, miedo… da igual pues el resultado es el mismo: si te quedas, sucumbes, si te vas, agonizas, pero queda, al menos, una brizna de esperanza: tal vez todavía exista un pecho humano que albergue un poco de bondad y valentía…
El abandono supone un final, pero también un comienzo.

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Éxodo

Una mujer corría.
Jadeaba y corría.
Tropezaba y corría.
Con un miedo macizo debajo de las cejas
y un niño entre los brazos.

Corría por la tierra que olía a recién muerto.
Corría por el aire con sabor a trilita.
Corría por los hombres erizados de encono.

Miraba a todos lados.
Quería detenerse.
Sentarse en un ribazo y con su hijo menudo.
Sentarse en un ribazo y amamantar en paz.

Pero no hallaba sitio.
No encontraba reposo.
No lograba la pausa sosegada y segura
que las madres precisan.
Ese viento apacible que jamás se interpone
entre el pecho y el labio.

Buscaba cerca y lejos.
Buscaba por las calles,
por los jardines y bajo los tejados,
en los atrios de las iglesias,
por los caminos desnudos y carreteras arboladas.
Buscaba un rincón sin espantos,
un lugar aseado para colocar una cuna.

Y corría y corría.
Dio la vuelta a la tierra.
Buscando.
Huyendo.
Y no encontraba sitio.
Y seguía corriendo.

Y el niño sollozaba débilmente.
Crecía débilmente
colgado de su carne fatigada.

AVT_ngela-Figuera-Aymerich_7381Ángela Figuera Aymerich nació mujer y se hizo poeta. Ángela Figuera Aymerich ejerció de mujer y cultivó la poesía enfrentándose al ninguneo que ambos factores implican, y más si van emparejados, y más si le tocó en suerte ser mujer y ser poeta en una época en la que ambas entidades componían una enorme sospecha.
Pero cuando la mujer y la poesía se unifican, surge la sinceridad, y Ángela estuvo comprometida en ser abanderada de quienes perdieron la voz bajo las huellas del miedo, de quienes perdieron los horizontes tras las nubes del odio, de quienes fueron despojados de la dignidad por los roedores del tiempo.
Ella escribía para ser entendida y así despertar fuegos. No le interesaba crear perlas para cuellos insustanciales, ni ornar cabelleras con palabras huecas, ni ascender olimpos alejados de la realidad. No. Ella quería llegar, penetrar, mantener la herida abierta pues, mientras duela, mientras supure, sabes que sigues con vida, de lo contrario, o has muerto o te extingues en la esclavitud.
Nacida en Bilbao el 30 de octubre de 1902, fue una de esas pioneras españolas en acabar el Bachillerato, licenciarse en Filosofía y Letras y obtener una cátedra de Lengua y Literatura.
60348896_2353439164722780_2285955390782832640_nSu transcurrir poético se inició bajo una cierta influencia machadiana y una cierta afectación por los cotidiano y lo paisajístico, pero con la llegada de la guerra, la derrota, la persecución, los traslados, el anonimato y la opresión, aparece en ella el interés por todo lo social, el mundo femenino, la intimidad, la familia, el amor, hasta llegar al grito, a la rabia…
Al final, con el paso del tiempo, esta mujer consciente de su papel fue, sin embargo, cayendo en el olvido de una intelectualidad pomposa fabricada por y para hombres, hasta que la muerte le dio la mano en Madrid, un 2 de abril de 1984.
Ángela, cuando su hijo José Ramón nació durante un bombardeo de Madrid perpetrado por la aviación franquista, en diciembre de 1936, dijo: “Nace con salvas, como los reyes.” Aunque pronto ellos, al igual que otros muchos españoles, tuvieron que abandonarlo todo y buscarse nuevos caminos que les garantizaran la existencia.
60434719_2353439378056092_8621633920250675200_nÉxodo es un poema que trata de eso, de las miles y miles de personas de aquella guerra y de tantas otras que pululan por las veredas de lo desconocido tras el último atisbo de esperanza, esa esperanza que nunca encuentran, que ya no existe, pero que ellas no lo saben y por ello siguen su marcha hasta el infinito. En este caso es una madre con su hijo que corría y corría, sin importarle los tropiezos, pues le podía más ese miedo que tomaba cuerpo, se solidificaba y contenía en sí misma; una madre que corría por terrenos de odio, explosivos y muerte, buscando un lugar donde descansar y amamantar a su pequeño, pero no lo encontraba, a pesar de buscarlo por todas partes, y por eso siguió corriendo hasta dar la vuelta a la tierra, y siguió corriendo con el niño llorando y débil aferrado a lo único que tenía: su madre.

GUÍA DE LECTURA NOVELA: Las uvas de la ira, de John Steinbeck

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“Las últimas lluvias cayeron con suavidad sobre los campos rojos y parte de los campos grises de Oklahoma, y no hendieron la tierra llena de cicatrices. Los arados cruzaron una y otra vez por encima de las huellas dejadas por los arroyos. Las últimas lluvias hicieron crecer rápidamente el maíz y salpicaron las orillas de las carreteras de hierbas y maleza, hasta que el gris y el rojo oscuro de los campos empezaron a desaparecer bajo una manta de color verde. A finales de mayo el cielo palideció y las rachas de nubes altas que habían estado colgando tanto tiempo durante la primavera se disiparon. El sol ardió un día tras otro sobre el maíz que crecía hasta que una línea marrón tiñó el borde de las bayonetas verdes. Las nubes aparecieron, luego se trasladaron y después de un tiempo ya no volvieron a asomar. La maleza intentó protegerse oscureciendo su color verde y cesó de extenderse. Una costra cubrió la superficie de la tierra, una costra delgada y dura, y a medida que el cielo palidecía, la tierra palideció también, rosa en el campo rojo y blanca en el campo gris.”
Las uvas de la ira (Inicio)
John Steinbeck

9788491813590Las uvas de la ira es una novela del escritor norteamericano John Steinbeck donde se describe la pugna por la subsistencia de miles de familias campesinas del centro y medio oeste de Estados Unidos durante la Gran Depresión de los años treinta del pasado siglo.
Sin embargo, este conflicto surge mucho antes motivado por una mala planificación, curiosamente, durante un momento altamente favorable para sus intereses. Todo comenzó cuando la Primera Guerra Mundial asolaba las tierras europeas y la mayor parte de sus campesinos no podían cultivar sus campos, ante tal situación, los agricultores norteamericanos, sin apenas competencia, recibieron una enorme demanda de productos agrícolas a unos elevados precios, lo que les condujo a querer invertir en mejores equipos agrícolas y en la compra de más tierras de cultivo, para lo que se dirigieron en masa a las entidades bancarias en busca de préstamos. Pero la Gran Guerra concluyó en 1918 y, poco a poco, los campesinos europeos volvieron a producir en sus campos bajando, automáticamente, el precio de los productos. Los agricultores norteamericanos vieron caer sus ventas y hundirse sus ingresos, en cambio, sus cuotas mensuales de la devolución de los créditos les llegaban con desesperante precisión y los intereses de las mismas se iban elevando a causa de los impagos. En conclusión, muchas de estas familias fueron expulsadas de sus tierras por los bancos al no poder pagar las deudas contraídas con ellos, algo que dio comienzo en la década de los años veinte, pero que se agravó en la de los treinta a causa del Crac del 29, cuando muchas familias, no solo campesinas, sino de cualquier ámbito social, perdieron sus ahorros, empleos y hogares.
Pero todavía se podía poner peor la situación, y así fue, pues en extensas áreas rurales de los estados de Oklahoma, Kansas y Texas la sequía se cebó con particular saña, y si a esto le sumamos los años de malas prácticas agrícolas, en un ciego empeño de sacarle el mayor beneficio en el menor tiempo posible, tales como la sobreexplotación de la tierra y la ausencia de rotación de cultivos, empobrecieron aquellos campos dejando un paisaje desértico donde el polvo se acumulaba sobre cosas, animales y humanos, soportando continuas tormentas secas enormemente devastadoras. Este periodo es conocido como el Dust Bowl, durante el cual se produjo un éxodo de miles de familias hacia la idílica California, prácticamente con lo puesto, en busca de unas condiciones mejores de vida.
60343469_2350143508385679_7395272464906846208_nAnte esta situación desesperada, la administración del presidente Roosevelt creó The Farm Security Administration, en 1933, dentro del New Deal, construyendo campamentos gubernamentales en el estado de California que pudieran albergar a familias de agricultores migrantes, con la intención de influir en los propietarios de tierras para que estos edificaran viviendas similares en sus fincas destinadas a estos desterrados, cosa que no ocurrió, quedándose muchas de estas familias en aquellos campamentos durante años con poca o ninguna ayuda y a expensas de la explotación laboral por parte de los propietarios de California. Ante esto, los migrantes intentaron hacerse fuertes asociándose en sindicatos, algo que se empeñaron en desbaratar, por todos los medios, los terratenientes locales con ayuda de las fuerzas policiales, lo que produjo muchas situaciones de gran violencia.
Steinbeck, fuertemente sensibilizado por este problema, se involucró en la vida de estos trabajadores yendo a los campos gubernamentales donde se ocupó como uno más de ellos, conociendo así, desde dentro, el sistema de trabajo de las granjas californianas, algo que dejó plasmado en la serie de novelas sobre los sueños y la lucha de los campesinos migrantes por sobrevivir ante los efectos adversos del capitalismo: En lucha incierta (In Dubious Battle [1936], De ratones y hombres (Of Mice and Men) [1937] y Las uvas de la ira (The Grapes of Wrath) [1939].
60203420_2350143408385689_5092504656572055552_nLas uvas de la ira produjo muchas controversias desde el mismo momento de su publicación en 1939, sobre todo por tres cuestiones principales: la filosofía social que encierra en sí misma, que algunos confundieron con una apología del comunismo, el posible ateísmo que se desprende del desengaño de los personajes y el lenguaje profano e irreverente empleado por el autor, lo que le llevó a estar censurada en muchos colegios y bibliotecas públicas de Oklahoma, California, Kansas o New York, llegando, incluso, a boicotear la filmación de la película de John Ford algunos grupos religiosos y varias cámaras de comercio. Sin embargo, la película estuvo nominada a siete Oscar, de los que se llevó dos, y la novela se convirtió rápidamente en un gran éxito de ventas, consiguiendo el Premio Pulitzer en 1940, y sigue siendo considerada la mejor obra de Steinbeck.
En lo concerniente al supuesto ateísmo, se malinterpretaron las actitudes espirituales de ciertos personajes, como Jim Casy, Tom Joad y Rose of Sharon, ante las situaciones negativas que se les plantea en sus vidas, sin embargo, Casy se sacrifica para salvar a la familia que le dio cobijo y compartió con él lo poco que tenían, lo mismo se puede decir de Tom, y las dos mujeres tienen muchas cualidades que se podrían calificar de cristianas, como espíritu de sacrificio, amor al prójimo y fortaleza ante la tragedia, algo de lo que parecían carecer quienes tanto atacaron esta obra.
Las acusaciones de apología del comunismo también se caen por su peso, pero claro, en unos Estados Unidos, donde el capitalismo era casi una religión, toda persona que reivindicase sus derechos contra la estructura del poder, derechos pragmáticos, no ideológicos, hacía brotar sarpullidos de terror en la sensible piel de las clases dirigentes. Pero la novela simplemente denuncia la decadencia de una sociedad materialista que teme al diferente, sobre todo si es pobre y mucho más si se revela contra la opresión y la explotación.
60075334_2350143621719001_905156480661979136_nLa novela, escrita en tercera persona, no tiene un punto de vista omnisciente fijo, sino que se acomoda, mediante el ritmo y el tono de la redacción, a las diferentes perspectivas de los personajes y a sus cambios de pensamiento o tono, por lo que es más sencillo para el lector comprender el texto. Al mismo tiempo, Steinbeck va intercalando, entre el desarrollo de la acción, unos capítulos breves que no tratan del viaje de la familia Joad, sino que en ellos explora diversos conceptos y temas que van con el argumento, como el uso de la tierra, la emigración, la lucha de clases, etcétera, lo que da a la lectura un aspecto contextual mucho más amplio. El lenguaje es coloquial y perfectamente adaptado a las distintas esferas sociales, aunque en la traducción al castellano no lo podamos apreciar, por un lado, el típico de los campesinos del medio oeste norteamericano y, por otro, el de la costa oeste de California. Esto es algo bastante importante, pues en esta diferencia del lenguaje radica el indicador diferencial entre los peones migrantes y los terratenientes californianos, fundamento del conflicto de clases y el maltrato a los trabajadores en que se centra la novela. De esta forma consigue que los lectores simpaticen más con el habla desenfadada, amable e irónica de los trabajadores, que con el lenguaje frío y crítico de los contratistas o policías.
60063125_2350143511719012_1381988585997074432_nSteinbeck no utiliza las descripciones gratuitamente ni sin venir a cuento, pues ellas son empleadas como un medio más, y bastante eficaz, de la narración. La historia comienza en las secas e implacables tierras de Oklahoma, en el hogar de los Joads devastado por las tormentas de polvo, donde todo es rojo o marrón, polvoriento y con escasa vegetación y casi sin sombras donde cobijarse, lo que nos da una clara idea de la grave situación por la que pasan los Joads y comprendemos su necesidad de marcharse de allí para sobrevivir.
El contraste viene marcado por las tierras fértiles del Valle de San Joaquín en California, sin embargo, a pesar de ser un lugar mucho más saludable que del que vienen, allí no son bien acogidos y les explotan en sus trabajos.
La Ruta 66 es la utilizada en su largo viaje y se nos describe como una zona inestable e insegura hasta llegar al río Colorado, la frontera entre los dos mundos y donde la familia pierde a uno de sus hijos, Noah, quien decide quedarse allí. Los sucios e inquietantes “hoovervilles”, asentamientos irregulares construidos por los migrantes a los que se iban acoplando a medida que llegaban, contrastaban con el Weedpatch Camp construido por el gobierno, limpio, pulcro y perfectamente organizado por los propios desempleados y sus familias, un lugar que les permitía seguir teniendo esperanzas, lo que no gustaba a los nativos, quienes preferían seguir pensando en ellos como en unos desarrapados vagabundos, vagos y maleantes, y así continuar teniendo una buena excusa para echarlos.
Pero el cenit del maltrato, el abuso y la explotación les llega en la granja Pixley Peach, donde las lluvias torrenciales y la inundación subsiguiente les hace ver que nada podrán conseguir si no se unen, y esto es el comienzo de mayores problemas y sufrimientos…
60012226_2350143418385688_2222105281679065088_nLa novela es cruda, realista, no maquilla nada y nada esconde, pero no hace apología ni quiere adoctrinar ni convencer, simplemente nos va mostrando los hechos tal como fueron para que nosotros saquemos nuestras propias conclusiones. Y su tema, a pesar de estar centrado en un momento determinado de la historia, es tristemente muy actual. Sin embargo, como siempre, para quienes quieren seguir manteniendo su estatus y no consienten que nada cambie, resulta peligrosa y sospechosa de poseer sus peores fantasmas. La verdad siempre lo es.

 

GUÍA DE LECTURA – NOVELA: El abuelo que saltó por la ventana y se largó, de Jonas Jonasson.

abuelo_que_salto_por_la_ventana_y_se_largo_el_bolsillo_300_rgbCon un argumento sospechosamente muy parecido a Forrest Gump de Winston Groom, aunque con un personaje central bastante menos entrañable que aquel interpretado por Tom Hanks, esta novela cómico-dramática con un trasfondo de thriller, como no podía ser menos viniendo de un autor sueco, nos propone un viaje emocionante, convulsivo y divertido realizado por un anciano que acaba de cumplir cien años, una edad a la que no es muy común una aventura tan disparatada.

El protagonista, Allan Karlsson, un caballero ordenado y correcto, aunque siempre ausente con lo que le rodea, como si estuviera afectado por el síndrome de Asperger, ha vivido una existencia increíble, la cual, al ser recordada durante la odisea final que le lleva desde una nevada y tranquila aldea de Sörmland, Suecia, hasta la calurosa y turística isla de Bali, Indonesia, es tomada como excusa para resumirnos, a grandes rasgos y con dudoso rigor histórico, la crónica de los acontecimientos mundiales más relevantes ocurridos durante el último siglo, ante lo cual, es fácil deducir que el libro está estructurado en dos vías temporales, yendo de una a otra entre el presente, en el que Karlsson decide huir del hogar de la tercera edad en Malmköping, donde está internado, no resignándose a una vida contemplativa y vegetal, y el pasado, del que se nos dibujan sus cien años de vida agitada hasta lo inverosímil, durante la que participó en los momentos más cruciales de la historia, siendo incluso el personaje clave en muchos de ellos… Dos vías tan remarcadas e independientes que, en ocasiones, nos da la sensación de estar leyendo dos novelas diferentes.

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Todo comienza cuando Karlsson, escapándose por la ventana de su habitación, mientras el resto de los residentes y empleados del hogar están alegremente ocupados en la preparación de la fiesta de su cumpleaños, a la que han invitado incluso al alcalde, da inicio a su particular peregrinaje hacia ningún lugar, pues tanto le da ir a un lado que a otro, algo inherente a él, como veremos en el repaso de su vida, llevado por su instinto de huir de aquello que no le agrada, en este caso de la monotonía de la residencia y de esas celebraciones que le aguardan, arreglándoselas para llegar hasta la estación de autobuses, en zapatillas, y apropiándose, circunstancialmente, de una maleta, cuyo contenido le traerá unas consecuencias que no podría imaginar, pues muy pronto, no solo las autoridades, sino también algunos delincuentes, comienzan a perseguirlo, aunque Karlsson, como si ello no fuera con él, consigue esquivarles en numerosas ocasiones y logra hacer nuevos amigos que se apuntan a su escapada, y al reparto del botín, como si de una merienda campestre se tratara e, incluso, arreglándoselas de maravilla para tratar y convencer a los que al final les dan alcance.

Realmente hay momentos bastante absurdos, grotescos y cargados de cierto sentido del humor muy al gusto anglosajón, sobre todo por lo inaudito e inesperado de las situaciones y a costa, en gran parte, de la ridiculización de unos torpes policías frustrados por su incapacidad para encontrar a un hombre de cien años, así como de un grupo de criminales que parece sacado de un guion de los Hermanos Marx o de los esperpentos de Valle-Inclán, aunque sin la ironía de aquellos ni la profundidad de estos, resultando unas aventuras demasiado simples por sus diálogos y sus acciones que dan la sensación de estar pensadas para un programa infantil, y alcanzando el clímax de lo irracional con la aparición del elefante, uno de los muchos personajes secundarios cuya interacción se ve demasiado forzada, por lo que resultan un tanto artificiales, y como ejemplo Herbert Einstein, el supuesto hermano del famoso científico y el único personaje poseedor de humildad e inocencia dentro de una historia donde todos el resto de personajes destacan por su extravagancias, éste también lo es, pero al menos no se jacta de nada. Sin embargo, no hay mucho que objetar a estos recursos cuando ya se ha comprobado que han dado un buen rendimiento en series como Mr Bean, aunque en las historias de Rowan Atkinson el sarcasmo era mucho más evidente ya que el único que se comportaba de forma desusada era el protagonista, en cambio, con esta novela, bien podríamos pensar también que estamos ante una historia estructurada al estilo de una parodia social, lo cual tendría sentido si fuera evidente el destinatario, o destinatarios, de tales críticas, pero eso no está tan claro, y menos cuando el propio autor, Jonas Jonasson, describe al protagonista como “un idiota político, una máquina de matar, un hombre sin moral, no es un hombre común”… sin embargo tampoco el resto de los personajes se comportan como personas normales.

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Cuando hacia el principio vemos como Karlsson, en su juventud, es una víctima más de la política sueca de eugenesia, por ser considerado un inadaptado social, podemos llegar a pensar que el tema va de alguna denuncia sobre las escandalosas series de esterilizaciones llevadas a cabo en Suecia durante mediados del siglo XX, e incluso bastante después, o algo así, pero cuando comprobamos que todo se queda en un simple chascarrillo sin más consecuencias, el cuerpo se nos queda frío, y más cuando utiliza como personajes a líderes de la política mundial de primer orden durante el siglo pasado, lo que podía dar pie a un ataque a la doble moral de los gobiernos, o a la falta de ética de la clase política y, sin embargo, la cosa se queda en una relación de personalidades pueriles y ridículas de la mayoría de esos líderes.

Karlsson es presentado como un hombre despreocupado que toma las cosas tal como vienen y no se queja de las dificultades, todo le da igual y solo se mueve por motivaciones muy simples y primarias: la bebida, la comida o cosas así, claro que eso, a lo mejor, fuera una consecuencia de aquella castración a la que fue sometido por Bernhard Lundborg, el médico y biólogo sueco tristemente famoso por su ideología de higiene racial. En cambio, tenía una gran facultad, por no denominarla obsesión, su afición a las voladuras con cualquier tipo de explosivo, la cual, le facilitará la existencia y le hará ganarse la confianza de varios de aquellos líderes mundiales, comenzando por Francisco Franco, a quien salva la vida, pasando por el presidente norteamericano Truman, con quien descubre el placer de la bebida y a quien la facilita la creación de la bomba atómica, invento que no tardará en revelar al propio Stalin, o bien salvando a la bella esposa de Mao, o participando los hechos históricos más relevantes, como la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial, la revolución maoísta en China, la fallida revolución comunista contra el Sha de Persia, o en el incendio de Vladivostck, del que, según parece, él fue culpable, o en la Guerra de Corea y hasta en la erupción del volcán Kunung de Indonesia, aunque en esta ocasión Karlsson nada tuvo que ver, sin olvidarnos del mayo del 68 francés ni del doble espionaje durante la Guerra fría… Como ya hemos comentado al principio, igual que Forrest Gump, Allan Karlsson es un personaje con la habilidad de estar en el lugar correcto en el momento adecuado, aunque a diferencia de aquél, éste no sea ni cándido ni inocente.

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Pero la culminación, la escapada por la ventana del hogar de jubilados, tiene ya una mezcla totalmente inesperada de acontecimientos, donde Jonasson funde, sin ningún rubor, la novela de intriga aderezada con asesinatos de lo más viscerales, llevados a cabo como por casualidad y casi sin querer, y que a nadie parece provocar el más mínimo remordimiento de conciencia, a modo de guiño estrafalario al más puro cine “gore”, con la “comedia bufa”, tan de moda en estos últimos tiempos donde la ficción lo tiene muy difícil para superar a la realidad en la que ya se ha acomodado el teatro de lo absurdo como forma de convención social por todos admitida, y todo ello revuelto en la comedia al estilo inglés con su multitud de gags sin orden ni concierto que buscan la hilaridad fácil entre los lectores. Y tal vez este ahí agazapado el mensaje de esta novela, que a fuerza de tantas sorpresas y disparates llega a no sorprendernos, por lo que al final nos esperamos cualquier cosa y casi perdemos el interés, lo triste es que en la realidad nos está ocurriendo algo parecido.

En conclusión, El abuelo que saltó por la ventana y se largó se puede definir como una sátira sobre el siglo XX, y del poquito del XXI que llevamos gastado, sin realizar su autor ningún juicio de valor sobre los diferentes hechos acontecidos ni sobre sus actores principales, así como un retrato de la sociedad actual con la intención de ridiculizar sus principios y valores. Si a esto le añadimos que es fácil de leer por su lenguaje sencillo y por su falta de profundidad o análisis y que te hace brotar la risa en muchas ocasiones de forma espontánea, gracias a sus situaciones inverosímiles e inesperadas, no es de extrañar su excelente éxito de ventas.

GUÍA DE LECTURA: Réquiem por un campesino español, de Ramón J. Sender, por Ancrugon

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    “El cura esperaba sentado en un sillón con la cabeza inclinada sobre la casulla de los oficios del réquiem. La sacristía olía a incienso. En un rincón había un fajo de ramitas de olivo de las que habían sobrado el Domingo de Ramos. Las hojas estaban muy secas, y parecían de metal. Al pasar cerca, Mosén Millán evitaba rozarlas porque se desprendían y caían al suelo.

     Iba y venía el monaguillo con su roquete blanco. La sacristía tenía dos ventanas que daban al pequeño huerto de la abadía. Llegaban del otro lado de los cristales rumores humildes.

     Alguien barría furiosamente, y se oía la escoba seca contra las piedras, y una voz que llamaba:

     – María… Marieta…

     Cerca de la ventana entreabierta un saltamontes atrapado entre las ramitas de un arbusto trataba de escapar, y se agitaba desesperadamente. Más lejos, hacia la plaza, relinchaba un potro. “Ése debe ser –pensó Mosén Millán- el potro de Paco el del Molino, que anda, como siempre, suelto por el pueblo”. El cura seguía pensando que aquel potro, por las calles, era una alusión constante a Paco y al recuerdo de su desdicha.

     Con los codos en los brazos del sillón y las manos cruzadas sobre la casulla negra bordada de oro, seguía rezando. Cincuenta y un años repitiendo aquellas oraciones habían creado un automatismo que le permitía poner el pensamiento en otra parte sin dejar de rezar. Y su imaginación vagaba por el pueblo. Esperaba que los parientes del difunto acudirían. Estaba seguro de que irían –no podían menos- tratándose de un misa de réquiem, aunque la decía sin que nadie se la hubiera encargado. También esperaba Mosén Millán que fueran los amigos del difunto. Pero esto hacía dudar al cura. Casi toda la aldea había sido amiga de Paco, menos las dos familias más pudientes: don Valeriano y don Gumersindo. La tercera familia rica, la del señor Cástulo, no era ni amiga ni enemiga.

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9788423342396     Réquiem por un campesino español, es una pequeña historia de un nuevo redentor que dará su vida por la salvación de una utopía, como, a fin de cuentas, son todos los actos de fe, creyendo hasta su último aliento que la verdad puede triunfar, que la verdad nos hace libres, y siendo una víctima más del inframundo de la caverna.

Ramón J. Sender escribió esta novela, que en un principio se tituló Mosén Millán, en tan sólo una semana, pero, a pesar de ello y de su brevedad, tiene la calidad suficiente para estar considerada una verdadera obra de arte, tanto por su agilidad, su desarrollo, su frescura como por el esbozo de los personajes, sin olvidarnos de que los temas tratados, justo en el momento de su creación, 1953, seguían bastante latentes en la memoria, el dolor y el ánimo de los españoles, catalogándose por este motivo de novela social donde Sender denuncia las miserias humanas, no sólo las económicas con sus enormes y eternas desigualdades, sino también las físicas y morales, porque Sender era más que un novelista, un cronista de su época y de la vida cotidiana, y así nos presenta la sociedad rural heredada de la Restauración, más propia del Antiguo Régimen que de una nación desarrollada y democrática, dividida en dos clases sociales totalmente opuestas: los terratenientes, quienes se consideraban dueños de todos los privilegios por designio divino, y los campesinos, quienes malvivían trabajando para engordar a los primeros. Y entre ellos la Iglesia, cuyos miembros predicaban la resignación, el conformismo y la mansedumbre entre los pobres mientras compartían mesa con los poderosos. Lógicamente estas situaciones sociales eran perfectos viveros donde brotaban las hierbas de la rebeldía que dieron como fruto los múltiples pequeños héroes que el poder establecido, celoso de su status quo, calificará, a través de los tiempos, de marginales anti sistema o simplemente delincuentes. Y es que Ramón J. Sender vivió de primera mano todas estas situaciones y estuvo siempre atento a todos los movimientos sociales surgidos en aquella época convulsa de la historia española y europea.

Los elementos de tiempo y lugar se funden en el transcurso de un día, mejor dicho, de un momento de un día de 1937, lo que dura la espera previa a la misa de aniversario de la muerte de Paco el del Molino, durante el cual, Mosén Millán, el cura de la parroquia, repasa toda la vida del difunto desde su bautizo hasta su asesinato, con lo que si sumamos el año que ha pasado desde aquel acto, se puede asegurar que el tiempo interno de la obra va desde el nacimiento de Paco hasta el día de la misa, que es de donde parte la historia, haciendo un total de veintiséis años, como nos explica el narrador:

     Veintiséis años después se acordaba de aquellas perdices, y en ayunas, antes de la misa, percibía los olores de ajo, vinagrillo y aceite de oliva.

     Por su lado el espacio surge de la sacristía de la iglesia, donde se desarrolla la acción actual, para extenderse mediante la evocación por todo el pueblo y sus alrededores.

Durante esos años, en aquel pequeño pueblo aragonés, se van viviendo las diferentes etapas de la historia de España: reinado de Alfonso XIII, dictadura de Primo de Rivera, las elecciones municipales ganadas por los republicanos y que supondrían la abdicación y exilio del rey, la llegada de la Segunda República con su inestabilidad de gobiernos y la Guerra Civil, la cual se vive pero no se nombra en la novela.

El personaje central es Mosén Millán, un anciano de 74 años quien llevaba más de cincuenta ejerciendo en aquella parroquia, durante los cuales ha visto nacer, crecer y morir a muchos de sus vecinos, especialmente a Paco, al que le reprochaba el haberse metido en aquellos asuntos que sólo le podían traer problemas, como así fue. Pero el párroco es un hombre sin ambición personal y sin personalidad, cobarde y temeroso de enfrentarse a la verdad, lo que le impide ejercer su pastoreo como le pide su religión, por lo que se olvida de defender al débil y acusar las injusticias, dejándose simplemente llevar por la situación y acomodándose a lo que ordenan los poderosos y no su conciencia, justificándolo con el pensamiento de que “Dios permite la pobreza y el dolor.” Por lo que el personaje del cura y su apatía ante las circunstancias es una clara metáfora del fracaso de la Iglesia que representa y su incapacidad para llevar a cabo la doctrina que predica:

– Usted me prometió que me llevarían a un tribunal y me juzgarían.
– Me han engañado a mí también. ¿Qué puedo hacer? Piensa, hijo, en tu alma, y olvida, si puedes, todo lo demás.
– ¿Por qué me matan? ¿Qué he hecho yo? Nosotros no hemos matado a nadie. Diga usted que yo no he hecho nada. Usted sabe que soy inocente, que somos inocentes los tres.
– Sí, hijo. Todos sois inocente; pero ¿qué puedo hacer yo?

     Por eso ahora, un año después, durante la insoportable espera anterior a la misa, él sigue confiando en su pasividad, en que todo se irá arreglando por sí solo, y aguarda sin hacer nada a que acudan los familiares o amigos del difunto como signo de perdón, de redención, pero sólo llegan los tres actores directos de la muerte de Paco, aunque ninguno de ellos apretara un gatillo, y hasta se permiten querer pagar la misa, dejando al descubierto la hipocresía de la fe de los poderosos y de la falsedad del perdón de los pecados… Y un cuarto personaje que irrumpe en el templo con toda su fuerza simbólica: el caballo blanco de Paco, cuya pureza contrasta con la oscura mezquindad de los otros. Así pues, a Mosén Millán en esta pequeña obra le ha tocado el papel de Judas, pues acaba vendiendo a un inocente por nada:

A veces, hijo mío, Dios permite que muera un inocente. Lo permitió de su propio Hijo, que era más inocente que vosotros tres.

     Paco el del Molino es un hombre joven, valiente, voluntarioso y lleno de fe en el ser humano y en la verdad, pero comete el imperdonable error de enfrentarse al poderoso y de defender los derechos de los pobres contra el de los que lo tienen todo, por lo tanto Paco se convierte en un ser molesto que debe ser eliminado para que los de siempre puedan seguir haciendo lo se les antoje y, denunciado por el Judas de turno, el propio párroco, Paco se convierte en un Cristo social cuya muerte será necesaria para atemorizar al resto y así evitar que corra más sangre… y como Cristo morirá acompañado de otros dos hombres tan inocentes como él. A Paco nos lo va describiendo la mala conciencia de Mosén Millán, un año después de su asesinato, recordando cada hecho de su vida, una vida que un principio discurría bastante paralela a la del cura hasta que un día, ejerciendo de monaguillo, le acompañó a dar la extremaunción a un moribundo de las cuevas y entonces comenzó a alejarse, porque Paco descubrió la injusticia y la sangre de sus pocos años le hervía de rabia al ver que nadie hacía nada por remediarlo. Luego, con la República, llegó a ser concejal y se enfrenta cara a cara con los poderosos o, en el caso de la aldea, con sus representantes, lo que le granjea la simpatía del pueblo y el encono de los ricos… Y al final le falla hasta aquello en lo que más cree: la justicia. Y los forasteros uniformados, como los romanos con Jesús, acabaron con su vida.

Y como en toda historia tenemos dos bandos: los que habitan a la sombra del poderoso y los que se arrastran a pleno sol. De los primeros está don Valeriano, el administrador de las tierras del duque y uno de los hombres más ricos del terreno, pero que desconocía el significado de la palabra caridad, porque atesorar riqueza, más que un acto de avaricia, era una ostentación de poder. Falto total de conciencia está dispuesto a pagar la misa porque “había que olvidar”… Como no pudo comprar a Paco para que dejara de trabajar a favor de los campesinos, decidió abandonar el pueblo mientras los forasteros hacían el trabajo sucio.

Luego está don Cástulo Pérez quien quiere estar a bien con todo el mundo y siempre intenta jugar a dos barajas, como cuando se entera de la caída del rey y se apresura a prestar el coche a Paco y Águeda, el día de su boda, para llevarlos a la estación, coche que, sin embargo, también servirá de confesionario para Mosén Millán el día en que mataron a Paco y el último lugar donde intentó cobijarse ya herido de muerte y cubierto de sangre.

Por último aparece don Gumersindo, una mala bestia acostumbrado a avasallar a quien se le ponga por delante y bastante mal educado. Siempre lleva botas de campo y sus taconazos se hacían oír a la perfección allá por donde pasaba como símbolo de su poder.

Entre los segundos destacaremos a dos: la Jerónima y el zapatero.

Para la Jerónima parece que Sender se inspiró en un personaje lorquiano de Yerma, la Vieja Pagana, pues como aquella, aunque es soltera, alardea de que siempre tuvo los hombres que quiso. Es una mujer supersticiosa que ejerce de partera y ensalmadora, lo que la enemista con el joven médico, aún así lo que mejor desempeña es de chafardera llevando y trayendo noticias, sobre todo en el carasol, el lugar donde se reúnen todas las mujeres. Pero esta mujer es también una ferviente defensora de los pobres y siempre habla pestes de los ricos del pueblo y fue la única que criticó a los señoritos forasteros:

El pueblo estaba asustado, y nadie sabía qué hacer. La Jerónima iba y venía, menos locuaz que de costumbre. Pero en el carasol insultaba a los señoritos forasteros, y pedía para ellos tremendos castigos.

      Por su parte el zapatero, personaje bastante recurrente en la literatura popular, es gracioso, ingenioso, chistoso, y en cuestiones de política es neutral, pero más por anarquista que por condescendiente, lo que le llevará a ser el primer represaliado del pueblo. Tiene una relación especial con la Jerónima, con quien siempre está discutiendo, pero ella llora su muerte desconsoladamente, lo que no sabemos es si por estar enamorada de él o por haberlo denunciado. Y aunque es un hombre bastante anticlerical, con Mosén Millán tiene siempre bastantes atenciones:

Mire, Mosén Millán. Si aquellos es la casa de Dios, yo no merezco estar allí, y si no lo es, ¿para qué?

      También están el grupo de señoritos falangistas capitaneados por el centurión, quienes se comportan como lo que son, simples perros de presa a las órdenes de su dueño. El monaguillo que se pasa todo el rato recitando el romance sobre la muerte de Paco, como una letanía que hace más pesada la carga de conciencia del cura. O el padre de Paco, un campesino esclavo de la tierra pero que no pierde el buen humor, como cuando alguien le pregunta, al nacer Paco, si el hijo es suyo y él responde:

Hombre, no lo sé… Al menos, de mi mujer, sí que lo es.

      Concluyendo, Réquiem por un campesino español es una novela sencilla, como corresponde a sus personajes principales, gente de pueblo, sacrificada, abnegada y explotada, cuyo lenguaje es sobrio, escueto, de frases cortas, directas y con escasa afectación. Es una novela escrita por un hombre del pueblo y para ser leída por el pueblo.

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     Ramón J. Sender nació en Chalamera de Cinca, un pequeño pueblo de la provincia aragonesa de Huesca, en 1902, yendo a morir a un lugar tan lejano como la ciudad estadounidense de San Diego, en 1982, en su continuo exilio, primero obligado: de 1939 a 1942 en México, y posteriormente voluntario en los Estados Unidos. De espíritu rebelde y agitado, militó en su juventud en las facciones más izquierdistas del espectro nacional para, a medida que madura en edad y pensamientos, se fue dejando tentar por el anarquismo tal vez desencantado de un universo político cada vez más corrupto y alejado de su propia finalidad. Autodidacta y de mente abierta, comenzó a trabajar como periodista en publicaciones libertarias tras concluir su servicio militar en las colonias españolas de Marruecos, por ello sus primeras novelas tienen ese trasfondo social y acusador: en Imán (1930) nos habla sobre la guerra absurda que España llevó a cabo en el Norte de África; en O.P.: orden público (1931), critica el régimen policiaco del estado español; en Siete domingos rojos (1932), reflexiona sobre la lucha anarquista; en Mr. Witt en el cantón (1935), relata la insurrección cantonal de Cartagena, y en Contraataque (1937), realiza una especie de documental sobre su participación en la Guerra Civil en la Sierra de Guadarrama.

Tras marchar a las américas siguió publicando, pero con un estilo más alegórico y sacando de dentro la rabia en forma de sátira y reflexión más filosófica y llegaron: El lugar del hombre (1939), La esfera (1947), El rey y la reina (1949), El verdugo afable (1952), Los cinco libros de Ariadna (1957) y Nocturno de los catorce (1971), obras que fueron apareciendo entremezcladas con sus trabajos en novela histórica: Epitalamio del prieto Trinidad (1942), Bizancio (1956), Jubileo en el Zócalo (1964) y La aventura equinoccial de Lope de Aguirre (1964), y con otros, seguramente los más importantes, compuestos por sus memorias vivenciales de la reciente historia de España: Mosén Millán, luego titulada Réquiem por un campesino español (1953) y la serie Crónica del alba, compuesta por nueve novelas que fueron escritas entre 1942 y 1966.

En sus trabajos de vejez aparecen más sus antipatías y temores ideológicos, por lo que se resienten en su calidad final: La tesis de Nancy (1962), En la vida de Ignacio Morell (1969), El fugitivo (1972) y La mirada inmóvil (1979).

Además de toda esta extensa obra narrativa, Sender escribió ensayos, teatro y poesía, radicando la mayor parte de su éxito en su estilo potente, pero sencillo, de resonancias sugerentes, en su pasión por la vida vista desde una perspectiva filosófica, en su fecunda imaginación y en su capacidad de pintar escenas y personajes cercanos, entrañables y creíbles.