GUÍA DE LECTURA: Historia de un canalla, de Julia Navarro.

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“Soy un canalla y no me arrepiento de serlo.
He mentido, engañado y manipulado a mi antojo sin que me importaran las consecuencias.
He destruido sueños y reputaciones, he traicionado a los que me han sido leales, he provocado dolor a aquellos que quisieron ayudarme.
He jugado con las esperanzas de quienes pensaron que podrían cambiar lo que soy.
Sé lo que hice y siempre supe lo que debí hacer.
Esta es la historia de un canalla. La mía.”

Thomas Spencer sabe cómo conseguir todo lo que desea. Una salud delicada es el precio que ha tenido que pagar por su estilo de vida, pero no se lamenta por ello. Sin embargo, desde su último episodio cardíaco, una sensación extraña se ha apoderado de él y en la soledad de su lujoso apartamento de Brooklyn, se suceden las noches en que no puede evitar preguntarse cómo habría sido la vida que conscientemente eligió no vivir.
El recuerdo de los momentos que le llevaron a triunfar como publicista y asesor de imagen, entre Londres y Nueva York en los ochenta y noventa, nos descubre los turbios mecanismos que en ocasiones emplean los centros de poder para conseguir sus fines. Un mundo hostil, gobernado por hombres, en el que las mujeres se resisten a tener un papel secundario.
Sinopsis editorial (Plaza & Janés)

Skyline New York
La afirmación de que el ser humano es bueno por naturaleza es una aseveración bastante peregrina, sin base sólida y que se desmorona fácilmente como un castillo de naipes. En la humanidad, no nos engañemos, lo que predomina es la maldad. Pruebas de ello las tenemos todos los días y a todas las horas. Lo que ocurre es que nuestras facultades perversas no son ejercidas en todo momento y situación, por muchas razones, pero principalmente a causa de la educación recibida, a nuestros sentimentalismos inherentes o por el simple hecho de que los humanos estamos diseñados para ser seres sociales, de manada, y no vamos a quedar apartados de buenas a primeras del grupo por un “quitarme allá estas pajas…”
Pensaréis que o me he vuelto loco o soy demasiado duro con mis semejantes, incluso conmigo mismo, porque de ninguna manera pienso excluirme, pero no, realmente es lo que pienso y, a medida que voy avanzando en edad, las circunstancias me lo van confirmando. Cierto que no todo el mundo es un asesino en potencia, aunque a veces nos llevemos alguna que otra sorpresa: “Pero si parecía una buena persona…” Ni que todos roben, aunque cada vez falta menos para lograrlo con lo de moda que se está poniendo… Ni que todos los hombres vayan por ahí maltratando a las mujeres, aunque de obra no, pero de pensamiento…
libro_1453898913Claro que encontrarnos con un personaje como Thomas Spencer es como conseguir un catálogo completo y esmerado del género perverso: un ser infantil, egoísta, caprichoso, inseguro, envidioso, vengativo, celoso, carente de escrúpulos, incapacitado para los sentimientos… es muy difícil de lograr, además si en él aparece lo que en otras personas podríamos calificar como virtud, la sinceridad, en sus manos se convierte en una terrorífica arma de destrucción masiva capaz de rendir hasta las más resistentes fortalezas. No, el resto de los humanos no somos tan completos ni sofisticados en nuestras dotes malignas, simplemente nos conformamos con poseer algunas, variadas, y desarrollarlas, para darle a nuestra personalidad el punto exacto de sal y pimienta que nos salve de ser catalogados como seres insulsos. Porque no nos equivoquemos, lo que más atrae de los otros son sus pequeñas maldades… aunque luego lo podamos pagar caro.
De hecho, en la novela Historia de un canalla, de Julia Navarro, que es sobre lo que estoy hablando, por si no os habíais dado cuenta, el verdadero canalla es Thomas, pero ¿podríais señalarme, entre la multitud de personajes que aparecen, y es que 863 páginas dan para mucho, alguno que realmente pueda definirse como íntegramente bueno?… Si hasta el prometedor hermanito Jaime tiene su lado oscuro, fijaos cómo pierde la fortuna a causa de su vanidad, ¿y qué me decís de codiciar la mujer de su propio hermano?… y no me lo negaréis que, de tan bueno, amable, comprensivo, cariñoso, abnegado, etcétera, etcétera, no os resulta pastoso…
Todos los personajes, absolutamente todos, ejercen su capacidad para el mal en alguna que otra ocasión, unos porque lo son, aunque no lo habían ejercitado nunca antes de conocer al rey maligno, Thomas, otros porque no pueden más y necesitan devolver los golpes, unos por omisión, otros por beneficiarse, otros por venganza, incluso algunos, por miedo… pero todos, absolutamente todos, coinciden con Thomas en algún que otro artículo de su completo catálogo.

london-skyline2[1]Y es que personas buenas hay pocas, muy pocas, incluso los santos y santas no son todos los que están, pero posiblemente sí estén todos los que son, y los que ejercen como tales, tampoco ostentan este título al completo, pues a más de uno lo han tenido que meter en el santoral con calzador. Y como no somos perfectos, lo cual sería bastante soporífero, nos damos normas, leyes, estudiamos ética y moral y santificamos a aquellos que han conseguido vivir en el camino de la bondad sin parecer tontos, de lo contrario, nos mataríamos como humanos…
Sí, sí, como humanos, no es un error de imprenta, porque yo pienso que deberíamos aparcar ya de una vez frases hechas como la de “esto es inhumano” cuando vemos en el telediario un genocidio o algo parecido, sí, deberíamos dejar de usarlas porque no se ajustan a la realidad, pues lo verdaderamente humano es eso, hacer daño a tus semejantes por hacerlo. Cuando un perro muerde a una persona ponemos el grito en el cielo protestando por el hecho de que no los lleven atados y con bozal… ¿Cómo deberíamos ser llevados entonces nosotros?… Por cada ser humano que muere a causa de un perro, son millares los humano que mueren a manos de otro humano, y ya no digamos perros u otros animales.
Pues de esto va la última novela de Julia Navarro. Algunos, más entendidos que yo, la califican de “novela psicológica”, puede ser, ¿quién soy yo para discutirlo? La verdad es que, a medida que nos vamos introduciendo en ella, nos va aportando cosas en las que pensar, pero, lo curioso, es que simplemente nos va exponiendo eso mismo que vemos todos los días si ponemos la tele, o escuchamos la radio, o leemos la prensa, o sencillamente salimos a la calle, o lo sufrimos en nuestras propias carnes… Así que yo le daría un calificativo más metafórico, el de “novela espejo”.
Varios son los temas que aparecen en ella, aunque, sin discusión, la maldad es el número uno y sobre él gira todo el argumento, pero no estaría de más echarle un vistazo a esos otros que he creído vislumbrar entre sus numerosas páginas. Por ejemplo, la corrupción. Está ahí, desde el principio al fin, como algo natural, como algo que debería enseñarse en las academias de economía, lo cierto es que en la de Paul Hard es la asignatura principal, pero es que da la impresión de que en esta sociedad la corrupción se ha convertido en una herramienta imprescindible para poder llegar a triunfar, para ser alguien, para tener un nombre, para ganar dinero, influencia, poder… incluso para pegar un polvo… No me extrañaría ver algún día manuales al uso con el título “Cómo llegar a ser un corrupto ejemplar” o “Hágase un maestro de la corrupción en pocos meses…” ¿Y las consecuencias?… ¡Bah!… Simples daños colaterales…
Otro muy esgrimido es la mentira. Sí, la verdad está obsoleta, da pena, no vende… Nadie llega a ser congresista, o ministro, o presidente de lo que sea diciendo la verdad… se le iban a reír en su cara. El único pecado que tiene la mentira, y que puede costar muy caro si nos descuidamos, es que te pillen. Lo ideal es saber mentir, es lo que está de moda… miente que algo queda… y a ver como lo limpian luego… La verdad se ha quedado relegada para las películas románticas de batín, cafecito o chocolate, y clínex. Para la vida, para la lucha diaria, para poder salir a la calle, hay que saber disimular, adular, falsear, embaucar, aparentar, fingir, disimular, ocultar, enredar, confundir, inventar, fantasear… es decir, mentir. Sólo así se garantiza un gran futuro en aquella empresa que desees alcanzar, sea económica, académica, política o religiosa. Con la verdad, mejor te quedas en casa. ¿Y las consecuencias?… ¡Bah!… Simples daños colaterales…
Otro tema, bastante importante, es el desamor. No el amor, no, no, el desamor. Enamorarse es un error, trae quebraderos de cabeza, problemas, complicaciones… El desamor es más pragmático, pues se le parece en el brillo, incluso para el sexo parece más efectivo, y no compromete a nada. En la novela no se enamora casi nadie y, las pocas personas que lo hacen han tenido que sufrir las consecuencias. Se percibe como que el amor es algo imperdonable, de hecho, ¿no os ha ocurrido alguna vez que habéis declarado vuestros sentimientos y habéis perdido una amistad?… Además, el amor y los negocios son totalmente incompatibles, un tándem inadecuado, y ya no digamos el amor y la política, o la pretensión de un ascenso rápido donde sea… El amor es una losa y hacer algo por amor, tarde o temprano, le revienta en la cara a los personajes de esta historia. ¿Qué es eso de amor filial, o fraternal, familiar o lo que sea?… Nada, losas y más losas que aplastan a quienes lo siente. ¿Y las consecuencias?… ¡Bah!… Simples daños colaterales…
El cuarto tema importante es el pasado. El pasado es traidor, le gusta contar cosas inoportunas que afectan al presente, incluso al futuro. Lo que ocurre es que todo el mundo tiene un pasado… Y mucha gente tiene memoria… Y algunas personas saben utilizar el pretérito de los otros en beneficio propio… No importa quién seas ahora, ni lo que hayas hecho por los demás, ni los sacrificios que hayas realizado en tu vida, no, nada importa… Cuando el pasado regresa, aquello que parecía ya olvidado te escupe en la cara y te revienta en las manos… y todo se da la vuelta. ¿Quieres tumbar a un contrincante más poderoso que tú?, busca en su basura que igual ayer tiró algo que puedas utilizar en su contra. Del pasado solo vienen fantasmas capaces de hacer mucho daño. ¿Y las consecuencias?… ¡Bah!… Simples daños colaterales…
Pero no podemos olvidarnos de la hipocresía, esa bruja obstinadamente falsa que siempre viaja de la mano de su amiga inseparable, la cobardía. Ambas, tanto monta, monta tanto, son esgrimidas por las personas que, como en el caso de Thomas, rodean a un líder malo malísimo para medrar con él y, cuando la cosa se tuerce, el malo es el culpable. Le tienen miedo, le odian, les da asco, pero ahí están, chupando de la teta y besando la mano que les hace ricos, aunque de vez en cuando les de también algún tortazo. ¿Y las consecuencias?… ¡Bah!… Simples daños colaterales…

Skiline_madrid_muralesyvinilos_39870443__Monthly_XXL[1]Y el poder. ¿Qué me decís del poder?… El poder es la mayor pornografía de la sociedad, ¿o deberíamos decir “suciedad”?… Eso es lo que le pone a Thomas, por él tortura, por él golpea, por él atesora una fortuna para poder seguir ejerciéndolo, por él odia, por él desprecia y por él nunca se pone al frente de ninguna candidatura política, porque sabe que el poder no está en los que ganan las elecciones, sino en quienes manejan los hilos para hacerles ganar, en las empresas publicitarias, en los gurús del presente que son capaces de hacer cambiar la opinión de las masas de la noche a la mañana. Y para el poder trabajan los buscadores de tesoros en los mares del pasado, los hechiceros del desamor, los domadores de la mentira, los ingenieros de la corrupción, las mariposas del miedo y la hipocresía, en fin, toda la curia de sacerdotes del mal.
Sí, Julia Navarro me ha hecho pensar en todo esto porque con su novela me ha puesto un espejo y, más todavía, cuando ha ido intercalando párrafos en cursiva donde el protagonista versiona lo que hubiera ocurrido si él hubiera actuado bien… Han sido insufribles, tanto que he acabado por saltármelos, lo reconozco. Sin embargo, al ver que la inmensa mayoría de la gente ha hecho lo mismo, me he dado cuenta de cuál era la misión de ellos en la novela: demostrar que la bondad nos aburre.
No considero Historia de un canalla como la mejor novela de Julia Navarro, ni mucho menos. Juzgo que está lejos de Dispara que ya estoy muerto o Dime quién soy, con cuyas historias disfruté, aprendí y saboreé el placer de la lectura. Sin embargo, Historia de un canalla me ha hecho preguntarme muchas cosas y replantearme otras, lo cual siempre es molesto, aunque interesante y productivo. Sobre todo, me he dado cuenta de que esos “daños colaterales” que se desprenden de nuestros actos no nos resultarán siempre gratis, pues algún día encontraremos la horma de nuestro zapato, que hurgará en el cubo de nuestro pasado, y nos los hará pagar con creces.
Felices lecturas.

EN TORNO A LA LECTURA: Mitología vasca en El guardián invisible.

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eguskiloreEl misterio que envuelve al propio origen del pueblo vasco y a la peculiaridad de su cultura, cuyo idioma ya es un verdadero dilema, lo convierten en sí mismo en una nación casi mitológica. Sus antiguas creencias que, a pesar de la presiones del cristianismo y de otras influencias culturales o filosóficas que puedan haberla modificado en alguna forma en el transcurso del tiempo, se mantienen en su materia básica, la cual viene, probablemente, de épocas tan lejanas como el Neolítico, y sigue siendo fiel a aquellos principios de convivencia y entendimiento con la naturaleza que le caracteriza, por ello, no nos debe extrañar que todos los seres que pueblan su mitología están en estrecha relación con las montañas, los bosques, ríos, cavernas y todo aquellos elementos que formaban el mundo donde ellos habitaban.

         Al igual que otras culturas prehistóricas, la vasca se basa también en el culto a los cuatro elementos: el fuego, la tierra, el aire y el agua, aunque tiene dos singularidades que la particularizan: su antigua religión era de carácter ctónico, es decir, sus dioses o espíritus procedían del inframundo, del interior de la Tierra, en oposición a aquellas otras cuyas deidades eran celestes. Y la segunda particularidad es el carácter femenino de sus dioses: Mari, diosa de la Tierra (Lurra); Eguzki Amandrea, diosa del Sol (Eguzki); Ilargi Amandre, diosa de la Luna (Ilargi)… En la Prehistoria, los antiguos vascos creían que cuando el sol o la luna se escondían por el horizonte era para dar una vuelta por el interior de la tierra, la cual imaginaban plana e infinita.

         Entre las páginas 124 y 128 de “El guardián invisible”, Dolores Redondo nos explica, por boca de Ros, una de las hermanas de la inspectora Amaia, algo de las creencias ancestrales de la cultura vasca:

“… un basajaun es una criatura real, un homínido que mide unos dos metros y medio de alto, con anchas espaldas, una larga melena y bastante pelo por todo el cuerpo. Habita en los bosques, de los que forma parte y en los que actúa como entidad protectora. Según las leyendas, cuida de que el equilibrio del bosque se mantenga intacto. Y aunque no se prodiga demasiado, solía ser amistoso con los humanos. Por la noche, mientras los pastorees dormían, el basajaun vigilaba las ovejas desde la distancia y, si se acercaba el lobo, despertaba a los pastores con fuertes silbidos que componían todo un idioma y eran audibles a varios kilómetros de distancia. También solían avisarlos desde los cerros más altos cuando se aproximaba una tormenta, para que los pastores tuvieran tiempo de poner el rebaño a salvo en las cuevas cercanas. Y los pastores se lo agradecían dejando sobre una roca o en la entrada de una cueva algo de pan, queso, nueces o leche de las mismas ovejas, ya que el basajaun no come carne…”

         A lo que Amaia, educada en el escepticismo de la búsqueda minuciosa de pistas y relaciones lógicas entre las cosas, le responde:

“Mitología (…) Sólo para paletos crédulos.

         Sin embargo, no tardará en verse envuelta, por un motivo u otro, en todo este universo misterioso y mágicos que le irá atrapando mucho más de lo que ella se imagina.

Pero comencemos a aclarar los conceptos y primero nos preguntaremos, ¿qué es la Mitología?…

El análisis etimológico de la palabra “mitología” nos indica que procede del latín “mythologia”, el cual, a su vez, derivaba de las palabras griegas “μῦθος” y “λόγος”, pudiéndose traducir la primera como “relato tradicional” o “relato fantástico”, y la segunda como “estudio” o “explicación”, lo que nos daría: “estudio de los relatos tradicionales o fantásticos”.

Los mitos son las explicaciones que los antiguos supieron darle a los fenómenos de la naturaleza que se les escapaba a su entendimiento, ya que carecían de la lógica científica suficiente para poderlos entender, surgiendo, de este modo, una relación con lo sagrado, lo inexplicable que, gracias a la tradición y a la transmisión entre generaciones de esos mismos mitos evolucionados de leyendas a historias “verdaderas” y “reveladas” por las propias divinidades, se convirtieron en religiones y sus personajes en dioses o seres con poderes mágicos.

         Nuestros antepasados adoraban, como ya hemos dicho, al sol, a la luna, al fuego, y a un largo etcétera de astros, objetos, elementos, animales, plantas y fenómenos naturales de todo tipo a los que denominaban con nombres diferentes según sus lenguas y culturas, así, en la antigua cultura egipcia, “Ra” era el dios Sol, el origen de la vida en la Tierra, mientras “Osiris” representaba a la fertilidad y la resurrección, o “Maat”, hija de “Ra”, era la diosa de la justicia, e “Isis”, de la maternidad… Y así con griegos, romanos, germanos, persas, mayas, y todo el resto de pueblos y razas del planeta. Por lo tanto, no nos debe extrañar en absoluto que el pueblo vasco, tal vez el de mayor antigüedad entre los que ocupamos la Península Ibérica, pues su permanencia en aquellas tierras viene, posiblemente, desde el Neolítico, y con toda seguridad, uno de los que mejor conserva sus tradiciones ancestrales, tenga su “Olimpo” particular de dioses y seres mágicos que componen su propia mitología.

          800px-euskal_jainkoen_familiaEn este caso, la mitología vasca es la única de las existentes en la Península que posee seres considerados dioses, los cuales presentan diversas coincidencias con otras mitologías existentes, pero la dificultad que se encuentra a la hora de realizar algún estudio sobre ella es que, a diferencia de la griega o romana, por ejemplo, en la mitología vasca no se encuentran documentos escritos, sino que es plenamente de transmisión oral, la cual fue recogida, principalmente, por dos insignes estudiosos del folklore vasco, me refiero a José Miguel Barandiarán y Julio Caro Baroja, aunque siempre con el inconveniente que representa las diferentes versiones particulares de cada narrador.

Con la llegada del cristianismo se intentó erradicar estas creencias y, al mismo tiempo que se iban sustituyendo, o en muchas ocasiones mimetizando, todas las celebraciones e imaginería pagana por las oficiales, se perseguía a aquellas personas acusadas de brujería, como ocurrió en Zugarramurdi o en el país vasco francés. Sin embargo, a pesar de todas las presiones, el pueblo vasco siempre ha sabido defender sus raíces, en las que tienen un lugar primordial su cultura y sus tradiciones.

En El guardián invisible se hace referencia a varios de estos mitos: Mari, Olentzero, Basajaun, Eguzkilore, Sorginak, Belagile, de ellos hablaremos, pero debo dejar constancia que la lista es todavía mucho más larga: Maju o Sugar, que es el esposo de Mari, con quien tuvo dos hijos, uno malo, Mikelatz, y otro bueno, Atarrabi; Urtzi, quien parece ser algo similar al Júpiter romano; Lamiak, un hada, ninfa o, incluso, sirena; Mairuak, el constructor de los círculos de piedras o crómlechs; Tartalo, el cíclope antropomorfo y antropófago de las montañas; los duendecillos del bosque, Iratxoak; los duendes de la casa, Mamarro, o los Jentiliak, los legendarios habitantes de las tierras altas.

Pero vayamos por partes…

baxajaunAl inicio hemos copiado literalmente la explicación de Ros sobre el Basajaun, “el señor del bosque”, un genio que habita en las profundidades del bosque o en las cuevas de las montañas. Su estatura es muy elevada, más de dos metros, tiene el cuerpo totalmente cubierto de pelo y una melena muy larga, por lo que se le denomina también el “Yeti Vasco”, y sus dos pies son diferentes, pues mientras uno es similar al humano, el otro es como un casco de caballo. Su misión es la de cuidar y conservar la naturaleza, por lo que también protege los rebaños avisando a los pastores sobre cualquier peligro. A pesar de su envergadura, posee gran agilidad y fuerza, así como una curiosa maestría con la manipulación de los metales, la arquitectura y la agricultura, por lo que sus secretos eran codiciados por los primeros agricultores de la zona, como Martin Txiki quien, según la tradición, le robó esos secretos y se los comunicó a los humanos. Su hábitat no se limita a la zona vasco-navarra, sino que se extiende por toda la cordillera pirenaica, aunque con nombres diferentes según la zona, pero su tradición es más fuerte en los bosques de Gorbea, Irati y Ataun. A su pareja de sexo femenino se le llama Basandere, “la señora del bosque”. Algunos paleontólogos han querido ver en este mito, al igual que en los seres similares como ogros, yetis o trolls, de otras culturas, la imagen de los neanderthales que convivieron con nuestros antepasados y cuya memoria ha ido pasando a través de generaciones hasta nuestros días. Amaia, a pesar de su posición escéptica, cree, durante el curso de la novela, haber tenido alguna especie de contacto con este ser en las espesuras del bosque, por lo que su indiferencia inicial ante las creencias de su pueblo va evolucionando hacia la duda y a una predisposición más abierta para creer.

Volvamos a las palabras de Ros, ahora en su definición de Mari:

mari“…Ella vive en las cuevas y en los riscos, siempre en lo alto de los montes. Mari aparece mucho antes del cristianismo, simboliza la madre naturaleza y el poder telúrico. Es la que protege las cosechas y los partos del ganado, y la que propicia la fecundidad no sólo de la tierra y el ganado, sino también de las familias. Un genio, una señora de la naturaleza y, para algunos, un espíritu telúrico y antojadizo capaz de tomar cualquier forma de la naturaleza, una roca, una rama, un árbol, que siempre recuerdan un poco a su forma de mujer, la forma que más le gusta: la de una dama hermosa y elegantemente vestida, como una reina. Así se presenta, y nunca sabes que es ella hasta que se ha ido. (…) Tiene muchas casas, se desplaza volando desde Aia hasta Amboto, desde Txindoki hasta aquí. Vive en lugares que por fuera parecen peñas, riscos o cuevas, pero que a través de pasadizos secretos conducen a sus aposentos, lujosos y majestuosos, repletos de riquezas. Si quieres un favor de ella, debes ir hasta la entrada de su cueva y depositar allí una ofrenda. Y si lo que quieres es tener un hijo, hay un lugar con una roca en forma de dama en la que a veces Mari se encarna para vigilar el camino. Debes ir hasta allí y poner sobre la roca un canto que habrás llevado contigo desde la puerta de tu casa. Después de depositar tu ofrenda debes alejarte sin volverte, caminando hacia atrás hasta que no puedas ver la roca o la entrada de la cueva…”

Lo cierto es que Mari era considerada como una divinidad central, con el máximo poder de crear o destruir, pero siempre de un modo ético. Vivía en grutas, cuyos tesoros eran custodiados por los Zezengorri, toros salvajes de color rojizo, y estaba casada con Sugar o Maju, quien también era capaz de cambiar de forma, aunque normalmente se le representaba como una serpiente, él poseía sus propias cuevas, y cuando se juntaba con Mari en alguna cumbre sagrada, de normal un viernes por la noche, se producían grandes tormentas, eran las noches de aquelarres… De su unión nacieron dos hijos: Mikelatz, el hijo infame, y Atarrabi, el virtuoso. Cuando Mari viajaba al monte Amboto era época de lluvias, sin embargo, cuando lo hacía al Aloña, era de sequía.

Desde la página 252 a la 257, Amaia tiene un encuentro en la montaña que le va a llenar de confusión…

olentzeroEn otro momento de la novela también se nombra al Olentzero, este es un carbonero bastante peculiar, pues en la noche del solsticio de invierno se desplazaba cargado con un gran saco desde su cabaña hasta las casas de todos los pueblos, entraba por las chimeneas, cuyos humeros habían sido limpiados bien por los habitantes de las mismas, y, tras calentarse un poquito, les dejaba regalos si se habían portado bien, o carbón, si habían sido malos; tras la llegada del cristianismo, este personaje comenzó a salir en Nochebuena con la misión de llevar a todos los hogares la Buena Nueva del nacimiento del Niño Jesús y ocupando el lugar, en Guipúzcoa y al norte de Navarra, de Papá Noel. En muchos pueblos se celebra su llegada con hogueras en la que queman un muñeco y con los niños disfrazados como él pidiendo regalos por las casas.

eguzkiloreEl Eguzkilore es una flor protectora que durante siglos se ha encargado de defender del mal las casas de los vascos. Es la llamada “flor del sol” probablemente a causa de su forma, y se trata de la flor del cardo silvestre, también llamada carlina acaulis, que se coloca en las puertas de las casas para ahuyentar a los peligros. Según una leyenda, las Lamias (seres mitológicos cuya mitad superior es una bella mujer y la inferior, la de un animal, desde una gallina hasta un pez), se acercaban a los pueblos, amparadas por la oscuridad de la noche, con la intención de robar niños, pero la gente colgaba estas flores en la puerta y solamente podían entrar si eran capaces de decir cuántos pétalos tenían. Como las Lamias no sabían contar, siempre se equivocaban y así pasaban toda la noche intentándolo, hasta que aparecía el sol y tenían que huir.

tumblr_inline_mwdbc3zanc1spdqtbLas Sorginas o Sorginak son las brujas, aunque en ocasiones ejercen de ayudantes de Mari y están encargadas de castigar a los mentirosos. Suelen reunirse los viernes por las noches en la eperlanda, o campo del “macho cabrío”, como se denomina al Diablo, para celebrar un aquelarre e invocar a Lucifer mediante ritos donde se mezclan la magia y el sexo, el alcohol y la música. Se las considera de naturaleza maligna, con muchos poderes mágicos, incluso el de volar, y el de crear venenos y ungüentos prodigiosos, y se les echa la culpa de todos los males que puedan ocurrir, desde la destrucción de las cosechas, una muerte o incluso el hundimiento de un barco, sin embargo, esta visión parece ser la impuesta por la Iglesia, siendo en realidad mujeres que conocían las cualidades de las plantas con la preparaban todo tipo de pócimas y que tenían algún don especial. Durante mucho tiempo fueron perseguidas, como en el caso de las mujeres de Zugarramurdi.

Y para concluir por este pequeño recorrido de la mitología vasca de la mano de Dolores Redondo en su novela El guardián invisible, no he encontrado nada mejor que hacerlo con las palabras de uno de sus personajes, en concreto el subinspector Jonan:

“… Hace cien años, ciento cincuenta a lo sumo, era raro encontrar a alguien que declarase no creer en brujas, sorguiñas, belagiles ,basajaun, tartalo y, sobre todo, en Mari, la diosa, genio, madre, la protectora de las cosechas y los ganados que a capricho hacía tronar el cielo y caer granizos que sumían al pueblo en la más terrible de las hambrunas. Llegó un punto en la que había más gente que creía en las brujas que en la Santísima Trinidad, y eso no escapaba a la Iglesia, que veía cómo sus fieles, al salir de misa, seguían observando los antiguos rituales que habían formado parte de las vidas de las familias desde tiempo inmemorial. Y fueron obsesos medio enfermos como el inquisidor de Bayona, Pier de Lancré, los que emprendieron la guerra sin cuartel contra las antiguas creencias, consiguiendo con su locura el efecto contrario. Lo que siempre había formado parte de las creencias de la gente se convirtió de pronto en algo maldito, perseguible, objeto de denuncias absurdas motivadas la mayoría de las veces por la creencia de que quien colaboraba con la Inquisición se veía libre de sospecha. Pero antes de llegar a esa locura la antigua religión había formado parte de los moradores del Pirineo durante cientos de años sin causar ningún problema, incluso convivió con el cristianismo sin mayores complicaciones, hasta que la intolerancia y la locura hicieron su aparición. Creo que recuperar algunos valores del pasado no vendría mal a nuestra sociedad.

lamia