EN TORNO A LA LECTURA: Entrevista a Rosario Raro

por El Olmo Club de Lectura de Castellnovo

14383524_1076673495720733_1098127280_nCon un poco de retraso (…) publicamos la entrevista que le hicimos a Rosario Raro durante la presentación de su libro “Volver a Canfranc”, en una tarde–noche bastante agradable en la que los miembros de El Olmo Club de Lectura de Castellnovo pudimos disfrutar de su simpatía y amabilidad y en la que respondió sin fatiga ni reserva a todas las preguntas que se le hicieron.

EL OLMO:

¿Por qué esta historia, cómo se te ocurrió escribir sobre Canfranc?

ROSARIO:

Porque sucede siempre en los conflictos —en los que la condición humana está en lucha contra sí misma, como desde nuestro mismo origen como especie— que estos se sostienen siempre por motivos económicos. En cuanto se rasca la primera capa, el disfraz de la ideología, de las luchas de poder, del imperialismo, el romanticismo incluso por recuperar identidades a veces pasadas, otras legendarias y otras directamente inventadas, etc. aparece el poderoso caballero don dinero, que decía Quevedo, como razón fundamental. Esta fue la clave para escribir sobre lo sucedido en Canfranc en aquella época. En mi caso la historia sobre Canfranc surgió después de ver muchas fotografías del edificio. Fui de fuera a dentro. La primera imagen la encontré en un libro publicado en Versalles que se titula Lugares abandonados. Aunque resulte difícil de creer, ese es su estado: el paso ferroviario a Francia a través del centro de los

Pirineos está cerrado a pesar de que es el trazado más corto entre Madrid y París. Después vi muchas más fotografías, centenares de ellas, y comencé a leer sobre su historia hasta el punto de que se convirtió en una obsesión nada patológica sino muy útil para escribir esta novela. Sobre todo el periodo de mayor esplendor de este enclave en el valle de Los Arañones de Huesca durante la Segunda Guerra Mundial, por lo que decía al principio de los conflictos.

14384005_1076673499054066_314957963_nEL OLMO:

Recopilar toda esta información te habrá supuesto un enorme trabajo. ¿Cómo te lo organizas en esos momentos?

ROSARIO:

He leído muchas noticias sobre la época en las hemerotecas digitalizadas de algunos periódicos, bastantes libros de ensayo histórico y periodístico y he visto numerosísimos documentales sobre la Segunda Guerra Mundial y películas. También he leído algunas novelas que aprovecho para recomendaros como Suite francesa de Irène Némirovsky. Su autora murió en Auschwitz y el manuscrito que contenía esta obra apareció en una maleta que sus hijas conservaron durante sesenta años. No se publicó hasta 2004. Se escribió simultáneamente a cuando sucedían estos hechos: la convivencia de los militares alemanes con los ciudadanos franceses en la zona ocupada del país. También leí La caja de música de la autora norteamericana Deborah Chiel aunque la historia se conoce más por la magnífica adaptación cinematográfica que hizo Costa—Gavras. En ella una hija libra su propio combate entre el amor que siente hacia su padre, un húngaro afincado en EEUU y el descubrimiento de su pasado como criminal de guerra. La decisión de Sophie escrita por el también estadounidense William Styron y que relata un dilema tan cruel para una madre que su argumento se nos ha quedado grabado a todos. Estas son las que más recuerdo entre otras muchas. Que se nos queden en la memoria siempre es una buena prueba.

Creo que para escribir literatura la documentación tiene que ser mixta: historia y ficción combinadas, como en el resultado. Después viene la labor de articularla toda sobre el eje cronológico y por último, borrar las costuras.

14389758_1076673492387400_849138524_nEL OLMO:

En la zona de Canfranc, ¿encontraste todavía personas que te pudieran hablar de aquellos momentos?

ROSARIO:

Así fue, el primer contacto fue a través de la oficina de turismo de Canfranc, después de atravesar el túnel por el que se accede a la estación y de quedarme maravillada por la manera en que el tiempo y sus historias se habían quedado allí suspendidas, condensadas. Después conocí a muchos más que me hablaron de sus abuelos, entre ellos el nieto de Albert Le Lay, el Laurent Juste en mi libro. Y las guías de la estación me remitieron a bastantes personas que habían participado en los hechos que se narran.

EL OLMO:

¿Fue tan importante el paso de judíos por Canfranc?

ROSARIO:

Canfranc fue un enclave estratégico y a la vez una vía de escape de la ratonera en la que se había convertido Europa. El paso ilegal de personas a través de la frontera, como actividad clandestina que es, no tiene registro, no hay cifras exactas de cuántos pasaron. Lo que sí se sabe es que pasaron por allí (y se salvaron) algunos de los mejores artistas e intelectuales del siglo XX: Max Ernst, Marc Chagall, Alma Mahler e incluso Josephine Baker. En este último caso, quien corría peligro no era ella sino su marido Jean Lion, magnate de la industria azucarera, por su condición de judío.

EL OLMO:

¿Los vecinos del pueblo colaboraron activamente en la ayuda a los perseguidos?

ROSARIO:

Creo que como hubiéramos hecho cualquiera de nosotros ante una mujer con un niño en brazos, al ver familias enteras que huían del horror nazi a través de las montañas. Escenas que todos sabemos que en estos momentos se están produciendo en varios lugares del mundo. Si las personas no cambian, parece que la humanidad, como suma de ellas, tampoco lo hace.

img_1697EL OLMO:

En tu novela hay bastantes personajes reales. ¿Puedes hablarnos un poco de ellos? ¿Todos los datos que aportas en la novela sobre ellos son reales o hay algo de ficción?

ROSARIO:

El jefe de la aduana internacional, las fuerzas del orden que eran muchas allí: carabineros, guardia civil, policía, gendarmes, además de los militares de varias nacionalidades. Algunos periodistas han llamado a la fonda que había en Canfranc el Café de Rick de los Pirineos o han hablado de la Casablanca del norte.

Cuando han asistido a las presentaciones personas de esta zona de La Jacetania me han dicho que cualquiera de los personajes de mi novela pudo estar allí entonces, que los que conocieron eran como ellos.

Además de poner en escena la persecución de la libertad y cómo la esperanza puede conducir nuestras vidas, me interesaba ese ensalzamiento de las buenas obras, de su recompensa. Hablar, en suma, de eso tan poético de la justicia divina a través de estas personas. Al menos en literatura es posible que así suceda, que todo cuadre. Mi intención era que cobraran vida, que se encarnaran y para eso necesitaba que no fueran perfectos. Tienen bastante que esconder, al menos a los lectores, para que sus claves, que están en su pasado, no se desvelen hasta bien avanzada la historia. Por algo eran espías.

Para crearlos pienso en alguien real: un actor, un amigo, incluso en un ministro para caracterizar a alguno. De esta forma, ante mí, ya han tomado carnalidad, ya son reales, después solo tengo que trasladar al lector todas las sensaciones que me producen, de esta forma también sé también cómo hablan, qué dirían y que no, qué piensan, como se comportan, etc. Si son creaciones ex nihilo, es decir, de la nada, creo que correría el riesgo de que parecieran fantasmagorías o figuras de cartón piedra.

img_1717EL OLMO:

El paso de wolframio hacia Alemania y de oro hacia España estaría bien controlado por la resistencia, ¿por qué nunca intervinieron para cortarlo?

ROSARIO:

El oro procedía por una parte de los bancos centrales de los países que el Tercer Reich invadía y por otro de las pertenencias de los prisioneros exterminados en los campos. Cuando lo cruzaban por la estación les daban fiesta a casi todos los trabajadores para que no hubiera testigos, solo se quedaban con los descargadores. Los lingotes los subían en unos camiones suizos que cruzaban la península, una parte se quedaba en Madrid y otra la embarcaban desde Lisboa hacia América. Este es el trayecto que describe Ramón. J. Campo en su libro sobre el oro y los nazis. Parece que no era tan fácil de interceptar porque lo llevaban muy bien escoltado.

img_1721EL OLMO:

¿Nos podrías aclarar qué tipo de ocupación ejercieron los alemanes sobre la estación? ¿Podían detener a los españoles sin más?

ROSARIO:

Los alemanes estaban en la estación de Canfranc porque aducían que la mitad de sus dependencias e instalaciones eran de nacionalidad francesa, y así sucedía, a pesar de estar ocho kilómetros tierra adentro de Aragón tiene doble jurisdicción: francesa y española, pero ni quiera la línea de la frontera se correspondía con la de la Francia ocupada. Canfranc Estación tiene la peculiaridad de ser el único municipio español en el que estuvo el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial.

Muchas personas fueron deportadas a campos de concentración y exterminio. Esa era una de las funciones de las patrullas alemanas. Terrible y muy cercano, tanto geográficamente como en el tiempo.

EL OLMO:

¿Cuánto de Albert Le Lay hay en Laurent Juste?

ROSARIO:

Todo lo que yo he podido saber de él y a decir de la familia bastante.

EL OLMO:

¿Para el personaje de Jana Belerma te inspiraste en alguien real?

ROSARIO:

Sí, en una mujer guapísima a sus casi ochenta años que aparece en el documental El rey de Canfranc y que perteneció a la plantilla de trabajadores del hotel Internacional situado en la segunda planta de la estación.

img_1724EL OLMO:

¿En quién te basaste para la figura de Voltor?

ROSARIO:

El mismo nombre ya remite a su apariencia que a muchos les recordaba a un buitre. Con él quería simbolizar los prejuicios: la manera en que se juzga a alguien por su aspecto sin conocer su historia. En el caso de Voltor lo que le ha sucedido es horrible. Después de aquello se convierte en un náufrago al que el programa de eugenesia del Reich le ha despojado de lo que más quería.

Me interesaba que apareciera un funcionario modélico del régimen, un oficinista, un ciudadano alemán cualquiera con quien tampoco tuvieron piedad.

img_1751EL OLMO:

El personaje del Gobernador tiene mucho de caricatura, algo esperpéntico, ¿hay una intención premeditada por tu parte para crearlo tan grotesco?

ROSARIO:

Sí. Incluso se podría decir que los demás son personajes y que don Gervasio Casanarbore es un tipo social, es decir, una figura prefijada que recoge todos los lugares comunes: en este caso representa a aquellos a quienes su ambición les ha llevado a la política para enriquecerse mediante trampas, para abusar del poder y sojuzgar a cuantos más semejantes mejor. Le mueven siempre los más bajos instintos y utiliza el poder como biombo para ocultar sus inseguridades y complejos que son muchos. Si miramos alrededor o dentro de la televisión, encontraremos muchos ejemplos, nada ejemplares, así.

EL OLMO:

¿Qué misión tienen dentro de la estructura de la novela los personajes ficticios?

ROSARIO:

Poner en escena estas acciones valerosas, valientes y valiosas. Esas tres uves. No quería que estos sucesos se narraran sino que se vieran en su desarrollo.

img_1757EL OLMO:

Los pasajes paralelos a la trama central, como el robo de los caballos o el rapto de la niña, ¿tienen algo de verdad?

ROSARIO:

Para el episodio de los caballos que le venden a don Gervasio y después se los roban me basé en algo que hizo un bandolero andaluz en el siglo XIX. Me hizo gracia esto de la venta temporal como forma de recaudación (delictiva, claro está).

Lo que sucede con las dos Valentinas, la aragonesa y la alemana, ilustra el programa nazi de eugenesia que te decía antes: consistía en deshacerse de todos aquellos que no encajaban en los cánones de la supuesta y rememorada raza aria. Es decir, una construcción artificial como suele suceder con todos los delirios.

Se asesinaba a quienes presentaban alguna discapacidad física o mental. Los que para los nazis tenían “una vida indigna de ser vivida”. Así lo expresaban en sus consignas.

Todos conocemos cuál era el ideal de belleza para ellos: ojos claros, cabello rubio, estatura alta, cuerpo atlético, es decir, un retrato cabal de Hitler. Sorprende muchísimo que el líder fuera precisamente todo lo contrario y no lo exterminaran. Aunque intentos hubo varios.

img_1678EL OLMO:

¿Hasta qué punto en esos momentos tan difíciles el ser humano es capaz de sacar tanto lo peor como lo mejor de sí mismo?

ROSARIO:

Creo que se debe a que se deja de lado la personalidad social, las máscaras, la hipocresía, para obrar como realmente es cada uno. Ejemplos de ambos extremos: del altruismo y la mezquindad y crueldad más absoluta los conocemos todos.

En estas circunstancias los comportamientos se extreman. Me interesaba mucho ese estudio de los personajes, el análisis de cómo en la misma encrucijada para todos, se puede decidir cómo ser y cómo actuar. En aquel momento hubo acciones muy rastreras y otras de una belleza moral que deslumbra. Los personajes fueron buenos o malos, en muchos casos según las circunstancias, no en términos absolutos y en el caso del protagonista, del jefe de la aduana internacional, como dice en el libro, consideró que “solo hizo lo que la dignidad le exigía”. Me atrajo el ejemplo que suponen estas hazañas que sucedieron tan cerca. Rescatar esos hechos y que se leyeran desde esta actualidad en la que estamos tan faltos de referencias, de “practicantes” de la generosidad.

img_1767EL OLMO:

Esta es tu primera novela larga, sin embargo, tienes escritos una gran cantidad de relatos, ¿cuáles han sido las mayores dificultades que has encontrado a la hora de trabajar con un texto más extenso en comparación con la síntesis de los cuentos?

ROSARIO:

El otro día respondí en una entrevista que independientemente de la extensión tendríamos que aplicar siempre la frase del arquitecto (tan relacionado con algunos personajes de mi novela) Mies van der Rohe: “Menos es más”. Aunque una novela sea muy extensa se tiene que tender siempre a la síntesis máxima en cada párrafo. Escribir solo lo absolutamente necesario como si se tratara de un telegrama en el que nos cobraran por palabra.

img_1739EL OLMO:

¿Eres metódica en tu forma de trabajar?

ROSARIO:

Sí, muchísimo. Paso casi el mismo tiempo planificando lo que voy a contar que escribiendo. Primero lo diseño por completo mentalmente. Hay una frase de Joan Miró que me gusta mucho, decía “Cuando más trabajo es cuando no trabajo”. A mí me sucede igual, creo historias, personajes, situaciones cuando conduzco, cuando llevo a cabo otras tareas o trabajos manuales de cualquier tipo, cuando paseo, y después, el acto de escribir para mí es en realidad transcribir porque ya lo tengo todo en la cabeza, solo tengo que cambiar el estado de ese material, consignarlo en un soporte físico para que tome “corporeidad”.

Escribo a primera hora de la mañana, cuanto más temprano mejor. Así, el resto del día lo dedico a ser una persona “normal”, es decir, a vivir mis otras siete vidas simultáneas. Lo único que me resulta imprescindible para escribir es la soledad. Tampoco puedo escribir contra una pared. Si el ordenador está conectado a Internet, mejor. De esta forma, es como tener varias ventanas enfrente, además de la física, la terraza, el balcón, etc. También escribo mucho en los viajes. Sobre todo para cumplir con los plazos. La prisa me estimula, pero después, antes de enviar algo (como esta entrevista) la tengo que revisar mucho, a veces durante meses.

Dibujo mapas mentales, lo ordeno todo en esquemas, en cuadrículas, en escaletas, utilizo cualquier medio que me sirva de ancla para la memoria.

Para mí de todo el proceso, la escritura supone un 20% y corregir el texto ocupa un 80% de mi tiempo dedicado a un libro, a un relato, a un artículo, poema, etc.

A mis alumnos les digo que escribir —mejor o peor— lo puede hacer cualquiera, que como decía Óscar Wilde solo son necesarias dos cosas o tener en cuenta dos reglas: “tener algo que decir y decirlo” pero donde se mide un escritor es en la fase de taller de mecánica y después de taller de orfebrería. Suele aplicarse aquello de que cuanto más se tacha más aumenta la calidad de una obra. En la vida sucede algo parecido.

EL OLMO:

¿Qué buscas al escribir? ¿Por qué escribes?

ROSARIO:

Porque lo necesito, porque es mi manera de ejercer la libertad más absoluta, porque me proporciona muchísima felicidad, porque no podría vivir sin escribir, porque me ordena los pensamientos, porque me da mucha satisfacción y porque es muchas veces un pretexto para desarrollar actividades muy gratas y compartir el tiempo con personas muy afines, como vosotros.

14371877_1076673582387391_2050729978_nEL OLMO:

¿Cuáles consideras que son las virtudes principales de la lectura?

ROSARIO:

Abrirnos la mente. La posibilidad de acceder a eso que se llama “las fuentes del saber” de forma autodidacta. Y frente a esto nos encontramos con el hecho de que un pueblo culto, formado, con ideas, con iniciativa propia no interesa. Sé que esto suena a cliché, pero tenemos la prueba más que evidente en la obstrucción continua de nuestros políticos para llevar a cabo un pacto de estado sobre educación. No les conviene. Cuanto más iletrados y manipulables seamos, mejor, más fácilmente gobernables. Se nos despoja de todo y no reaccionamos. Tal vez el motivo sepa que la pereza por leer alcance incluso a hacerlo con una sencilla hoja de reclamaciones.

Esto tiene relación con lo que comentábamos en La Mina de Castellnovo sobre la función de escritor: sin duda rescatar acontecimientos para que no se olviden y ponerlos frente a quienes los causaron para que aunque no quieran reconocer la gravedad de algunos sucesos, al menos sepan que no ha caído sobre ellos la losa del tiempo.

Y para que haya escritores es necesario que haya lectores, por eso quiero agradeceros la labor que lleváis a cabo desde el club de lectura El Olmo, vuestros trabajos de edición, la difusión de la poesía, y el resto de actividades culturales. Estos ámbitos junto a las bibliotecas, algunas a día de hoy incluso con libros (me refiero al caso de una cercana que no tenía libros, solo contaba el cascarón, el edificio), las casas de cultura, los salones de actos, etc. que representan el último bastión de esta resistencia que no dudo de calificar de épica, y el primer motivo para la esperanza en que todo puede cambiar a mejor.

Gracias de nuevo a todos los componentes del club de lectura por contar conmigo durante aquella noche memorable del siete de mayo. Y gracias, Raúl y Ancrugon. Hasta muy pronto. Espero que me invitéis cuando salga mi próxima novela.

EL OLMO:

Gracias a ti Rosario, ha sido un placer tenerte con nosotros. Ya estamos deseando disfrutar de tu próxima novela que, seguro, llegará a ser otro éxito, y ten por seguro que volveremos a reclamar tu presencia.

GUÍA DE LECTURA: Las memorias del Infante Fortuna, de Rafael Martín Artíguez

Las memorias del Infante Fortuna Descarga en PDF

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teaserbox_39603978“Las memorias del Infante Fortuna”, del escritor segorbino Rafael Martín Artiguez, es la primera novela histórica ambientada en la ciudad de Segorbe y la comarca del Alto Palancia y fue galardonada como ganadora de los Terceros Premios literarios Villa de Jérica.

El argumento de esta historia se desarrolla en el último tercio del siglo XV centrándose en los sucesos ocurridos durante la denominada Guerra de los Tres Meses, entre el Duque de Segorbe, Enrique de Aragón (el Infante Fortuna), y la población de la ciudad por la oposición de los segorbinos a depender de un señor feudal.

Castillo%20de%20SegorbeSegorbe era por aquellos tiempos una de las ciudades más importantes del Reino de Valencia (incluso el rey Martín I de Aragón, casado con María de Luna, Señora de Segorbe, pasó algunas jornadas en esta localidad), y su Concejo había comprado en diversas ocasiones el derecho de pertenencia directa a la Corona, sin embargo, siempre habían visto sus pobladores como eran repetidamente engañados por los mismos reyes en quienes habían depositado su confianza, quienes, sin tener en cuenta sus derechos, regalaban con ligereza el señorío de su villa y tierras a distintos familiares de los monarcas.

800px-Segorbe._Torre_del_Botxí_y_acueducto_2Ya en 1435 dejó de formar parte del patrimonio real, pues Alfonso V de Aragón se la cedió al Infante Enrique, padre del que nos ocupa, como compensación a los territorios perdidos por éste en Castilla, algo que los segorbinos no vieron con mucho gusto ni alegría. En 1459, Juan II de Aragón, apodado el Grande, otorgó a la villa el título de ciudad Ducal, recayendo el título de primer Conde a Enrique de Aragón y Pimentel, el conocido como Infante Fortuna, que entonces contaba con la fresca e inexperta edad de tan sólo catorce años, por lo que no pudo imponerse sobre los deseos populares, pero pocos años más tarde fue Fernando II de Aragón, más conocido como Fernando el Católico, esposo de Isabel de Castilla, quien devolvería los estados de Segorbe al mismo Infante Fortuna, quien por más detalle era su primo, Enrique de Aragón y Pimentel, y éste decidió tomar cartas definitivas en el asunto y poner punto final a la oposición de la ciudad a su mandato, lo que nos lleva al momento justo que se narra en la novela.

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A pesar de la resistencia de los vecinos, con varias escaramuzas y algunas muertes por ambos bandos, Segorbe capituló finalmente y el duque tomó posesión de su señorío, lo que no evitó que siguieran los asesinatos en ambos partidos, creando un ambiente de tensión y miedo que podía desencadenar, si no se actuaba con sumo cuidado y destreza, en otra revuelta de peores consecuencias, sin embargo, y aquí salimos de lo propiamente histórico para penetrar en lo propiamente novelesco, entre tanto odio, surge el amor ya que el Duque se queda prendado de un joven musulmana, Muyein, lo que será el desencadenante inesperado del final.

Arms_of_Henry_II,_Count_of_Empúries,_Duke_of_Segorbe.svgEl narrador es el propio Infante quien no sólo nos va descubriendo sus sentimientos más recónditos, sino que, además, va describiendo la ciudad antigua, con sus estrechas calles y sus edificios más relevantes, como la Catedral, las murallas, las distintas puertas, el castillo del Cerro de la Estrella, calles y construcciones que, en mayor o menor proporción y mejor o peor estado, todavía pueden verse en un paseo por el Segorbe actual, pero incluso va más allá y nos hace referencias a los pueblos y villas del valle o cercanos a éste, como Almonacid, Altura, Bejís, Castellnovo, Caudiel, Geldo, Navajas, Novaliches, Viver… Y no podía falta las referencias a la vida y costumbre de los segorbinos de la época, sus comidas, sus comercios, su organización social…

Una vez ya dentro de la ciudad, las reflexiones del Duque se ven refrendadas al final de cada jornada por “una trova cantada por una fina voz de mujer y la suave melodía de una flauta, proveniente de una de las casas próximas al castillo…”, voz que unas veces resume lo acontecido y otras anticipa sucesos que van a ocurrir, como en la primera estrofa de ellas:

“Cuentan que el infante Enrique

se siente hoy muy hombre

porque como nuevo duque

ha conquistado Segorbe,

y el pueblo pide que abdique

pues no quiere noble que estorbe.”

Y es que una vez alcanzado el poder, debe ejercer éste de forma justa, pero con mano dura, premiar a quienes le fueron fieles y castigar ejemplarmente a aquellos que se le opusieron, lo que le lleva a cometer contradicciones que minan su poca popularidad entre el pueblo:

“El duque no tiene las cosas tan claras

como el viento que llega de Calderona,

negocia con gente de mitras y varas

y rechaza consejos de sabias personas,

quiere hacer fiesta para cambiar caras

y habla de perdón, pero no perdona.!

Realmente el problema no había acabado con la victoria y la rendición de la ciudad, dentro de sus murallas continuaba el odio entre las dos facciones enfrentadas: los afines al duque y los partidarios de la pertenencia a la Corona. Cada noche aparece alguien asesinado y él debe impartir justicia, pero es difícil en tales circunstancias acertar con lo que es realmente justo:

“En la cárcel dos hombres claman justicia

y un duque comprometido la niega,

¿cómo puede Henrique ser virrey de Valencia

si de esta forma innoble juega

y cómo pondrá paz en la conciencia

si las cabezas del contrario siega?”

La sociedad de aquellos tiempos, años antes de la expulsión de judíos y moriscos, era bastante heterogénea y, aunque convivían en relativa paz, la hostilidad racial, cultural o religiosa estaba agazapada a la espera de cualquier excusa para aparecer, por todo ello, el hecho de que se enamorase de una mujer mora no agradaba ni a unos ni a otros. Pero Enrique, además, tenía otras obligaciones en otros lugares, ya que también ejercía como Virrey en Valencia y era Señor de otras poblaciones más o menos cercanas, com Vall de Uxó, por lo que debía viajar para atenderlas, lo que siempre le hacía temer si algún día podría volver o no:

“Se ausenta Henrique el infante,

para desliar tendencias cruzadas.

Por la memoria que va por delante

hallará que en fechas pasadas,

en otro viaje, la ciudad le dio plante

y se encontró con las puertas cerradas.”

Y frente a un panorama tan tenso y cargado de odio, el aporte de ficción de la novela proporciona el condimento necesario para darle el contrapunto y la estabilidad necesaria, el amor enfrentado al rencor:

“El infante está herido

y no sólo del puñal,

tiene el corazón partido

y el cuerpo abierto en canal

por una hija de vecino

que no comparte su mal.”

800px-Claustre_de_la_Catedral_de_Sogorb,_Alt_PalànciaAl inicio de esta historia, el Infante Fortuna tiene su cuartel general en un monasterio cercano situado sobre un pequeño cerro desde el cual podía contemplar la ciudad que se le negaba, y en sus memorias, escribía lo que desde allí veía, una imagen que, a pesar de los cambios lógicos traídos por el paso de los tiempos y la llegada de las nuevas técnicas, podría describir a la perfección lo que es el valle del río Palancia:

“Desde aquella ventana y sin dificultad veía las murallas, serpenteando por las laderas del cerro, salpicadas de baluartes, torres, cubos y terraplenes, encerrando la ciudad, coronada por un castillo, el de la Estrella, dominando el valle y el río que pasa a sus pies, con el cauce marcado por las sombras que le prestan latoneros, chopos y cañares. A su alrededor, fructíferos montes de moreras, vides y olivos, con parcelas que se distribuyen aterrazadas hasta las puntas de los picos más enriscados. Hermosas huertas y ricas aguas de más de cien manantiales se conjuran para producir el mejor aceite y el mejor vino, y seda y lino, y trigo, adasa y panizo, y las más sabrosas y variadas frutas de los alrededores vecinos. Y al fondo, la mole azul, quebrada y tenebrosa de la Sierra de Espadán, tierra de moros, escondiendo pueblos donde mi Dios todavía no había extendido su túnica, sólo el rey.

P1340148Rafael Martín Artíguez, nacido en Segorbe en 1955, ha dedicado casi toda su vida al periodismo y la escritura colaborando en diversos medios de comunicación que van desde la prensa escrita hasta la televisión y radio. Su actividad profesional no ha restado en nada su amor por su pueblo y su comarca, donde ha creado, participado y contribuido activamente en diversas asociaciones y actividades siempre con la vista puesta en la difusión de la cultura local. Su trabajo se ha visto recompensado con diversos premios de diversa índole y ha ocupado cargos de relevancia cultural como el de Cronista Oficial de la Ciudad de Segorbe o el de Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana. Actualmente reside en su ciudad natal donde continúa con su labor de investigación y difusión cultural.

EL REMORDIMIENTO, de Borges

EL REMORDIMIENTO, descarga en PDF

He cometido el peor de los pecados

que un hombre puede cometer. No he sido

feliz. Que los glaciares del olvido

me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego

arriesgado y hermoso de la vida,

para la tierra, el agua, el aire, el fuego.

Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente

se aplicó a las simétricas porfías

del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.

No me abandona. Siempre está a mi lado

la sombra de haber sido un desdichado

 

remorse-or-sphinx-embedded-in-the-sandBorges escribe este soneto en endecasílabos tras la muerte de su mejor amiga y su camarada más fiel, su madre, ocurrida el 8 de julio de 1975, y lo publicó en el diario La Nación pocos días después de este suceso.

Hombre de personalidad insaciable, siempre fue detrás de un imposible, tanto en sus ideales artísticos, como en aspiraciones filosóficas, incluso en su realización como ser humano. Por lo cual es fácil llegar a comprender que la insatisfacción fuera una de sus compañeras más asiduas, y la frustración le acechase por los rincones, incluso en los espejos que tanto temía: es difícil contemplarse a uno mismo tal como es…

Su variedad de intereses era casi incalculable y, como bien dice el refrán de la sabiduría popular, “quien mucho abarca, poco aprieta”, por lo que a cada nuevo descubrimiento se abrían nuevas dudas que se iban acumulando hasta el infinito, haciendo su búsqueda irrealizable. La creación de su mundo fantástico, subjetivo y metafísico le supuso, seguramente, un enorme esfuerzo: investigación, exploración, estudio, argumentación, deducción… una vida dedicada por entero al universo literario e intelectual. Su obra no es de fácil comprensión a causa de la constante simbología utilizada, en muchos casos totalmente personal, pero ahí también radica la fascinación que provoca en numerosos escritores, estudiosos y críticos literarios, porque este universo, cuando lo penetras, te atrapa.

El propio Borges se definió a sí mismo en los siguientes términos: “No soy ni un pensador ni un moralista, sino sencillamente un hombre de letras que refleja en sus escritos su propia confusión y el respetado sistema de confusiones que llamamos filosofía, en forma de literatura”.

hqdefaultPero, ¿y la vida?… ¿Se debe ceñir la existencia a esta labor agotadora e irrealizable?… ¿Se encuentra la felicidad en el logro de esas metas que todo estudioso se plantea?… La respuesta es complicada porque lo absoluto no existe, nuestro paso por la vida está compuesto por pequeños lapsos de tiempo, por diminutos instantes, inapreciables flases que se van acoplando unos con otros hasta formar nuestra historia. Nada es duradero y ni mucho menos eterno, por ello es muy posible que aparezcan momentos de vacío, esos en los que se piensa que todo lo que se ha hecho no vale para nada, que se ha desaprovechado el tiempo y has tirado las oportunidades por la borda… pero eso también depende del momento y del entorno y de otros factores que se nos escapan porque no dependen de nosotros. Sí, es difícil responder a las anteriores preguntas, pero de lo que no cabe ninguna duda, es que Borges hizo lo que quería hacer y llegó, como suele ocurrir, hasta donde pudo, pero en relación con el resto de los mortales, bastante lejos.

Así pues, este poema simplemente refleja el estado de ánimo de su autor en un momento determinado de su vida en el que estaba afectado por algo que se escapaba de su propia voluntad. Todo él rezuma una profunda tristeza y un amargo sentimiento de fracaso, y siente remordimientos por ello, por no haber cumplido las expectativas de felicidad que sus padres pusieron en él… Suele ocurrir cuando perdemos a un ser querido que aparezca un cierto sentimiento de culpa, tal vez porque se nos han quedado en el cajón del olvido tantas cosas por decir, tanto por dar, mucho por hacer, y nos embarga una sensación de impotencia insoportable, y tal vez entonces nos damos cuenta de lo puramente humanos, y por lo tanto frágiles y limitados, que somos…

Lo curioso de “El Remordimiento” es que, al contrario de lo que ocurre con gran parte del resto de su obra, se entiende perfectamente y podemos empatizar con él, percibir lo que siente. Sin embargo, esto no era muy común en sus creaciones poéticas, como ya he remarcado, pues Borges fue en su juventud un ultraísta ferviente, cuando reducía la expresión poética al uso casi exclusivo de la metáfora, construyendo las frases sin nexos ni prácticamente adjetivos y creando y sintetizando imágenes que estimularan la sugerencia en el lector, como podemos comprobar en el titulado “Mañana”:

 

Las banderas cantaron sus colores

y el viento es una vara de bambú entre las manos

El mundo crece como un árbol claro

Ebrio como una hélice

el sol toca la diana sobre las azoteas

el sol con sus espuelas desgarra los espejos

Como un naipe mi sombra

ha caído de bruces sobre la carretera

Arriba el cielo vuela

y lo surcan los pájaros como noches errantes

La mañana viene a posarse fresca en mi espalda.

28-2-2011-1-17-11-cebccebc

EN TORNO A LA LECTURA: Borges y la realidad.

EN TORNO A LA LECTURA: Borges y la realidad Descarga en PDF

123Es natural que lo real sea más extraño que lo imaginado, ya que lo imaginado procede de nosotros, mientras que lo real procede de una imaginación infinita, la de Dios.

Chersterton

El tiempo es un río que me arrebata, pero yo soy el río; es un tigre que me destroza, pero yo soy el tigre; es un fuego que me consume, pero yo soy el fuego. El mundo, desgraciadamente es real; yo, desgraciadamente, soy Borges.

Jorge Luis Borges

Borges solía escribir a mano, con su letra diminuta, en cuadernos cuadriculados, llenándolos de anotaciones al margen, tachaduras negrísimas y símbolos tipográficos o geométricos, aunque a veces lo hacía sobre papel de contabilidad, con sus columnas para el “debe” y el “haber”, e incluso en hojas en blanco, sin líneas, donde sus renglones caían irremisiblemente hacia la derecha. Su método era el llamado de acumulación, es decir, escribía un texto en el cual, a lo largo del tiempo, iba quitando o agregando detalles que, en ningún caso, parecían definitivos. Es complicado saber si una obra suya es fiel a la primera idea porque puede haber sido transformada por él a lo largo de sus diferentes correcciones. Y es que Borges no pretendía describir la realidad pues no creía que ella existiese como tal, ya que cada persona construye su propia versión que va mudando según sus experiencias. Entonces, ¿dónde está la frontera entre realidad y ficción?…

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Borges ve la realidad como algo meramente ideológico que no tiene por qué coincidir con la verdad, ni con la memoria, ni tan siquiera con la vida, por lo los límites no están nada claros entre la soñado o lo vivido y en la mayoría de sus escritos la realidad y la fantasía se yuxtaponen y, afirma el propio autor, la realidad es ficción y se estructura como tal. Por ello, a la hora de leer uno de sus cuentos, por ejemplo, no debemos hacerlo desde la perspectiva de lo real, sino dejarnos llevar por la estructura de ficción que él nos ha planteado y disfrutar de la realidad que ha inventado para nosotros, pues, a fin de cuenta, nosotros, los lectores estamos hechos de la misma materia que sus personajes: ¿cuánto hay de realidad y de ensoñación o deseo en nuestras vidas?…

Borges nos invita, cuando leemos su obra, a crear nuestro propio mundo a partir del material que él nos aporta, de hecho, cada uno parece que hemos leído una obra diferente, y eso es a causa de que cada lector participa con sus propias experiencias y reescribe una nueva historia. Aún podría ir más lejos y afirmar que de un mismo cuento, en sucesivas lecturas, podríamos sacar diferentes conclusiones porque nuestra perspectiva de la vida va cambiando a medida que nos vamos modelando a base del barro de la experimentación.

A veces la ficción y la realidad se confunden con el texto dentro del texto, o con personajes que se leen a sí mismos y que desafían al otro de carne y hueso sumiéndonos en la confusión a causa de esta interrelación subjetiva, y Borges actúa entonces como un Dios menor que tiene el poder supremo sobre el devenir de las vidas de sus personajes, un ser omnipotente que incluso nos llega a confundir a los personajes de carne y hueso que somos nosotros que, sin darnos cuenta, hemos entrado en su juego de palabras y signos hasta perdernos en el laberinto. Y es que, para llegar a entenderlo, hemos tenido que abandonar nuestras estructuras cotidianas de pensamiento y aceptar las reglas que él nos propone, de lo contrario nada tiene sentido.

borges¿Y por qué ocurre eso?, os preguntaréis, pues Borges también nos da la respuesta: El caso es que siendo mentes pensantes supuestamente superiores a todos los seres que nos rodean, los humanos tendemos a la pereza intelectual y pretendemos simplificarlo todo, hacer del cuadro complejo de la existencia un simple boceto con cuatro trazos, y todo lo demás entra dentro de lo misterioso, lo tenebroso, lo otro… Sin embargo, nuestras mentes muchas veces se rebelan y van más allá; alucinan, decimos. Sin embargo, tanta experiencia aporta a nuestras vidas un acto soñado como uno real, pues ambos los hemos vivido. Y es aquí donde radica muchas veces la dificultad en la lectura de Borges, en nuestra simplicidad de esquemas, en que cuando cogemos uno de sus cuentos, buscamos desesperadamente los trazos y huimos de las manchas de color.

En todo relato se contraponen dos mundos, como mínimo, el del personaje y el del lector, pero lo que busca Borges es que esa frontera se rompa, y el lector entre en el libro y el personaje en nuestras vidas pues, ¿quién puede asegurarnos que nosotros mismos no seamos los protagonistas de otra historia escrita por un autor más grande?… Y cuando cogemos un libro, lo que pretendemos es evadirnos de lo cotidiano, la rutina de nuestra existencia, pero para que ello pueda ocurrir debemos dejar abiertas las puertas de la imaginación.

Por ejemplo, en el cuento “Las ruinas circulares”, se relata la historia de un mago que sueña a un hombre igual a él, hecho a su imagen y semejanza, el reflejo en el espejo. Una vez soñado, o creado, lo envía al mundo donde cree que, al ser una entidad soñada nada le podrá afectar ni hacer daño, sin embargo, cuando el mago se encuentra en el centro de las ruinas circulares, a punto de ser devorado por el fuego, tiene miedo de que al ser él destruido, también lo será su ser soñado, pero el fuego circular tampoco le alcanza a él porque el mago también era un sueño que otro estaba soñando, Borges, su creador.

¿Es entonces el mundo una mentira?… ¿Es todo un sueño?… Esto es algo que Borges se pregunta con insistencia en muchos de sus cuentos y por ello le aterra la ambigüedad de la imagen en el espejo, como en “El sur”, donde Juan Dahlmann es el espejo en el que se refleja la muerte de aquél que él mató, y todo debe desarrollarse, de forma inevitable, igual, pero al contrario. Y así, cuando los dos personajes se miran, ambos comprenden sus mutuos anhelos y la suerte debe cumplirse de forma fatídica.

Sin darnos cuenta, en una búsqueda metafórica de nuestras particulares piedras filosofales, todos andamos perdidos por los laberintos de la vida, todos vivimos una existencia más soñada que real, más llena de deseos y recuerdos que de presentes y acciones, y esto lo refleja Borges perfectamente con sus historias, pero en ocasiones las palabras son insuficientes para explicar correctamente toda esta maraña, por lo que Borges utiliza además símbolos sobre la vida que, aunque parezca lo contrario, lo hace todo más real.

“El mundo es una elemental alucinación.”

Borges

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GUÍA DE LECTURA: Artificios (Segunda parte de Ficciones), de Jorge Luis Borges

GUÍA DE LECTURA: Artificios (Segunda parte de Ficciones), de Jorge Luis Borges

9788499089508En esta ocasión la guía de lectura se va a referir a una parte de la obra propuesta y no a su totalidad, como es la costumbre, debido a la dificultad de comprensión que para nuestros lectores puede resultar este libro de Jorge Luis Borges.

Borges fue uno de los escritores más eruditos del siglo XX, cuyo lenguaje rayaba la perfección y cuyas creaciones sobrepasaban la originalidad común, creando con su obra una mitología propia y erigiendo alrededor de su propia persona un mundo de ficción que se confunde con la misma realidad, llegando muchas veces a confundir de tal manera que no se sabe ciertamente si lo que nos está contando lo vivió de verdad o era pura invención. Su riqueza de vocabulario es a veces abrumadora para el común de los mortales y sus laberintos lógicos, repletos de bestiarios lógicos, disquisiciones filosóficas, juegos de lógica geométrica y la fantasía de su realidad, sobrepasa lo racional, por lo que es necesario un esfuerzo extra si se quiere llegar a su completa comprensión. Pero sobre su persona y amplia obra hablaremos en otro próximo artículo.

Por otra parte, Ficciones, la obra que nos ocupa, es una colección de cuentos publicada en 1944 y compuesta en dos partes con sus respectivos prólogos realizados por el propio autor: El jardín de senderos que se bifurcan, dividida a su vez en ocho relatos, y Artificios, con nueve cuentos. Nosotros nos centraremos en esta última, pero antes indaguemos un poco sobre las peculiaridades de Borges como como cuentista.

Funes-el-MemoriosoEn el microcosmos de Borges la realidad y el sueño se confunden, incluso llegan a ser dos caras de una misma moneda. “El mundo es tal vez el bosquejo rudimentario de algún dios infantil, que lo abandonó a medio hacer, avergonzado de su ejecución deficiente; es obra de un dios subalterno, de quien los dioses superiores se burlan; es la confusa producción de una divinidad decrépita y jubilada, que ya se ha muerto.” De esta afirmación de Hume parte Borges para utilizar la filosofía y la teología como herramientas singulares y mágicas con una elevada carga estética, para crear su universo de ficción como medio de introducción en el esquema divino de la creación porque, pensaba que, a fin de cuentas, un coordinador de palabras también es un creador de mundos. Así pues, sus cuentos suelen basarse en hipótesis metafísicas que fue adquiriendo en sus muchos años de lecturas y estudio de la filosofía y las religiones, sobre sus cimientos más o menos razonados o más o menos mitológicos se diseña la arquitectura de sus cuentos, en cuyos argumentos podemos observar cómo se mantiene una estrecha relación los sucesos individuales, particulares y palpables de los personajes, con la intención alegórica de ir más allá, hacia lo universal y la abstracción. Lo concreto se llena de un valor genérico, por lo que es frecuente la aparición de símbolos, referencias o entes míticos que trascienden lo real para deslizarse a lo onírico. Y es que el hombre es incapaz de percibir la esencia de lo que le rodea y por ello siempre ha inventado una realidad particular que pueda explicarlo: las religiones, los mitos… Y de esta materia se nutren las narraciones de Borges.

la forma de la espadaVolviendo a Ficciones, en verdad la primera parte, El jardín de senderos que se bifurcan, publicada en 1941, es bastante complicada, sin embargo, contiene en sus cuentos un virtuoso despliegue de la genialidad de su autor y en todas sus líneas van apareciendo las diferentes obsesiones borgianas, desde su pavor a los espejos hasta su devoción por los libros, pasando por los laberintos, el tiempo, el ajedrez, la muerte, la memoria…, aderezado todo ello con una profusión de citas, referencias y un constante despliegue de su sabiduría, por todo esto, aunque ahora pasemos por encima, no descartéis leerlos algún día, cuando os sintáis preparados para hacerlo, sin prisas, porque a Borges hay que leerlo con los cinco sentidos.

Los nueve cuentos que componen Artificios son bastante más asequibles, y aunque en ellos aparecen los mismos temas anteriores, pues Borges repite sus obsesiones en toda su obra, encontramos unos personajes más concretos, unos problemas menos abstractos y un estilo más directo, sin tantas referencias intelectuales ni un universo tan laberíntico. Veamos cada uno por separado.

Funes el memorioso es, según el propio autor, “una larga metáfora del insomnio” y trata de Ireneo Funes, un muchacho uruguayo, vecino de la ciudad de Fray Bentos, donde lo conoce un estudiante cuando era un niño y tenía la destreza de saber siempre la hora exacta sin necesidad de un reloj. A los diecinueve años sufre un accidente que le dejó postrado de por vida, sin embargo, lo más curioso fue que, al recobrar el conocimiento, era poseedor de una memoria prodigiosa capaz de recordarlo todo, aunque hubiese pasado mucho tiempo: “Más recuerdos tengo yo que los que habrán tenido todos los hombres desde que el mundo es mundo.” Eso se debía a que sufría una hipermnesia, un incremento del conjunto de recuerdos que no se borran nunca, a causa de su incapacidad de conciliar el sueño y, por lo tanto, sus recuerdos no se eliminaban nunca, por lo que toda su mente era un mero almacén de evocaciones lo que le incapacitaba para pensar y razonar debidamente, empleando su tiempo en buscar formas de archivarlas, como cuando decide crear un sistema de numeración en el que a cada número le correspondía una cosa, un proyecto que tuvo que abandonar ya que era interminable.

La-Muerte-y-la-BrújulaEn La forma de la espada el protagonista, un misterioso personaje conocido como “El Inglés”, quien ostenta una enorme cicatriz en su rostro, cuenta la historia de la misma a otro hombre que tuvo que hospedarse en la estancia “La Colorada” a causa de una tormenta, una narración de final inesperado sobre la guerra y la cobardía.

En Tema del traidor y del héroe hay un paralelismo entre la muerte de Julio César, el Macbeth de Shakespeare, que había traducido al gaélico uno de sus seguidores más fervientes, Alexander Nolan, y la del revolucionario independentista irlandés Fergus Kilpatrick, quien días antes había firmado la ejecución de un traidor, pero Nolan descubre algo inesperado y esa ejecución se llevará a cabo como si de una obra de teatro se tratase. Con una adaptación sobre este cuento Bernardo Bertolucci dirigiría, en 1970, la película La estrategia de la araña.

La muerte y la brújula es una historia de investigación policial a cargo del detective Lönnrot y el comisario Treviranus sobre una serie de crímenes que tienen una estrecha relación entre sí: ocurren cada tres meses, en un punto cardinal distinto, a idéntica distancia uno de otro y en todos aparece una inscripción que vincula el hecho a la letra de un nombre. Tras el tercero, cuyo cadáver no es encontrado, se piensa que ya no habrá un cuarto porque las localizaciones forman un triángulo equilátero, una figura perfecta. Sin embargo, gracias al simbolismo de la religión judía, el inspector descubrirá un final imprevisto.

Tres versiones de Judas es una rehabilitación de Judas Iscariote justificando sus actos. La acción transcurre a principios del siglo XX en Lund, una de las ciudades más antiguas de Suecia y su protagonista es un miembro de la Unión Evangélica Nacional.

El fin trata de la muerte de Martín Fierro, el gaucho héroe del poema narrativo compuesto por José Hernández en 1872, vista por Recabarren, su asesino, para vengar la muerte de su hermano. Esa pelea marca el final de un contrapunto de guitarra prolongado durante mucho tiempo por el negro Recabarren en la pulpería donde parece esperar a alguien.

La secta del Fénix es la historia de una hermandad que está presente en todas partes, pero cuyos miembros son completamente desconocidos y la cual tiene un único rito: el Secreto, por lo que cualquiera puede haber pertenecido, o pertenecer a ella, sin saberlo o sin quererlo saber porque les avergüenza reconocerlo.

Y por último El Sur, su mejor cuento, según afirmaba el propio Borges, cuyo protagonista es el secretario de una biblioteca municipal de Buenos Aires llamado Juan Dahlmann quien, a pesar de su apellido germánico, era un ferviente nacionalista argentino y soñaba con una muerte romántica, como les ocurrió a algunos de sus antepasados. Un día se da un fuerte golpe en la cabeza con un batiente olvidado de cerrar, lo que le causó un fuerte traumatismo que le puso al borde de la muerte en un hospital. Hasta aquí todo más o menos normal, pero a partir de este momento Dahlmann aparece en la historia en dos lugares a la vez: el sanatorio y de camino hacia el Sur, donde su familia tiene una estancia y allí…

No quiero adelantar ningún final, eso os corresponde a vosotros y vosotras descubrirlo porque, a pesar de que en un principio os resulte lento y trabajoso ir desentrañando todo lo que estos cuentos encierran en sí mismos, mucho más de lo que a primera vista parece, os aseguro que vale la pena, pues va a ser difícil que encontréis una prosa tan rica y tan bien desarrollada como la de Borges y ya no digamos del universo tan amplio y maravilloso que abre ante nosotros. Adelante pues…

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GUÍA DE LECTURA: Volver a Canfranc, de Rosario Raro

GUÍA DE LECTURA: Volver a Canfranc, de Rosario Raro. PDF

PortadaVolver a Canfranc es una novela histórica, escrita por la autora segorbina Rosario Raro, cuyo arduo trabajo de documentación e investigación le ha permitido desentrañar una serie de hechos reales acaecidos en aquella localidad de los Pirineos, que han permanecido ocultos al conocimiento de la mayoría de los españoles. En el título ya se nos informa con bastante precisión de lo que pretende decirnos la autora, pero su pensamiento, su tesis general, aparece en pequeñas, aunque constantes, dosis a lo largo del discurso de la obra y no la descubriremos en su plenitud hasta que lleguemos al final de la lectura del libro.

Durante el transcurso de la narración, perfectamente delimitada y dirigida, se van utilizando diversas señales que aportan pistas de lo que nos vamos a encontrar más adelante, tal que un juego propio de espías, como los que nos vamos a encontrar a medida que avancemos, por ejemplo con la lectura de la famosa obra de Alejandro Dumas, El Conde de Montecristo, por parte de una de las protagonistas de la obra, o el título del libro que lee uno de los vigilantes alemanes, Ser y Tiempo, o los de aquellos tomos utilizados para recibir los mensajes de la resistencia… Guiños estos que no debemos ignorar pues nos ayudan a entrar, poco a poco, en el sentido de esta historia.

Alguien que se acerque a la Estación Internacional de Canfranc en el presente tendrá la sensación de estar contemplando a un colosal gigante dormido. El abandono, la naturaleza, el tiempo y algún que otro gamberro o amigo de lo ajeno, han ido ajando su piel y socavando sus intestinos, pero su belleza sigue impresionando, y todo lo que calla en su memoria de edificio que ha visto pasar por su interior la vida y la muerte, la esperanza y la decepción, el reencuentro y la despedida, le reviste de un aura de misterio y aventura cuyo atractivo es difícil de resistir. Por eso no nos equivocaremos al decir que el personaje central de esta novela, aunque de piedra, madera, metal y vidrio, es la propia Estación.

Durante la Segunda Guerra Mundial en ese punto de los Pirineos convergieron diferentes personas, héroes unos, villanos otros, víctimas en diferente grado la inmensa mayoría de un ejemplo más de la estupidez humana… Lo triste es que luego, a esos seres sin escrúpulos, quienes llevados por el egocentrismo y la avaricia de poder, cuyo mérito se mide por los miles, o millones de muertes que han causado, tengamos que estudiarlos en los libros de historia con nombres y apellidos… Y mientras en el resto del planeta se regaba con sangre humana los campos quemados, en esta Estación se llevaba a cabo otra guerra silenciosa y encubierta entre los que trabajaban por la vida y quienes lo hacían por la muerte y la destrucción.

Estación Internacional de Canfranc

Por Canfranc salía el wolframio español de Carballo (Ourense), Tornavacas (Cáceres) y el Bierzo leonés (curiosamente los cuatro puntos bajo control del ejército del Tercer Reich con el beneplácito del Gobierno nacional), para perfeccionar los panzerkampfwagen (panzer) de la muerte, aquellos carros blindados que recorrieron Europa y el Norte de África arrasándolo todo a su paso, o como refuerzo de sus balas u obuses. Y por Canfranc entraba el oro expoliado a los prisioneros judíos evacuados a los campos de exterminio, el cual era llevado primero a Suiza donde lo cambiaban por francos suizos, pagándose con esta moneda el wolframio a España, y seguidamente el Gobierno español gastaba este dinero en comprar el oro nazi, ya fundido en lingotes, y perfectamente blanqueado, a Suiza. Así llegaba a la parte francesa de la Estación Internacional, donde era transferido a mano por el túnel que comunica las dos partes por debajo de la Estación, y finalmente se cargaba en camiones en la zona española para llevarlo al Banco de España en Madrid.

Pero el tráfico por la frontera no se detenía ahí, pues miembros de la resistencia francesa, apoyados por ciudadanos españoles, sobre todo de la zona, crearon una red de fuga para opositores al gobierno invasor y para miles de judíos, tanto anónimos como famosos, que huían de una muerte segura, salvando así muchas vidas aún a riesgo de perder las suyas. Y por esta Estación salía y entraba información secreta e imprescindible para que los aliados pudiesen derrotar al ejército alemán.

Pero para que todo ello pudiese ser llevado a cabo eran necesarios una serie de personajes que, con sus actuaciones, desarrollasen la trama del relato, y Rosario Raro, utilizando actores tanto reales como ficticios, teje una red de historias que confluyen en la central, y así es como todos los protagonistas se mueven alrededor de la Estación, siendo el más destacado el Jefe de la aduana francesa Laurent Juste, inspirado en Albert Le Lay, cuyo trabajo como espía a favor de la resistencia y los aliados, así como en la liberación de los perseguidos, fue encomiable. Un hombre humilde y sacrificado, que no quería honores ni recompensas, sino sencillamente el lujo de poder vivir libre y en paz.

Pero este hombre no estaba solo, sino que contaba con la ayuda de otros héroes como Jana Belerma, la camarera del Hotel Internacional, una joven zaragozana, hija de un profesor de química que, aprovechándose de sus conocimientos en esta materia, fabricaba los documentos falsos necesarios para dotar a los exiliados de una nueva identidad, cuidando, al mismo tiempo, de ellos y preocupándose de esconderlos hasta el momento de que pudiesen partir hacia sus futuros destinos. O Esteve Durandarte, hombre enigmático y centro de muchos de los chismes del lugar quien, dedicado al contrabando de tabaco y opio, además de otras mercancías clandestinas, se aprovechaba de esta circunstancia para guiar y proteger a los evadidos por las montañas. Y no podemos olvidarnos del obrero de vías Didier, ni del violinista Monthlun, quien acabó trabajando de ayudante del panadero, ni de Arlette, la esposa de Juste, y sus hijos, ni de los posaderos Tricio y Pilar quienes regentaban La Serena (Fonda Marraco en la realidad), donde se mezclaban, sin saberlo, nazis y fugitivos, oficiales de la Gestapo y espías aliados…

Así mismo encontraremos antagonistas que aportarán el contrapunto oscuro a la trama, como el oficial de la Gestapo, Eberhard Gröber, que se estableció en el lugar porque Hitler decidió aumentar el control sobre este paso fronterizo puesto que comenzaba a ser un coladero y un problema para su “solución final”, y así sustituyó al blando capitán Wagner, quien realmente existió. Otro de estos personajes es el grotesco Gobernador don Gervasio Casarnarbore, esposo de la bella doña Mimín y enemigo acérrimo de Durandarte. O el el vagabundo alemán Voltor.

Dentro del argumento principal se desgranan diversas historias y aventuras que le van dando cuerpo funcionando como las piezas de un puzle, y ya no me refiero solamente a las distintas historias personales de los diferentes actores, las cuales ya son bastante interesantes de por sí y daríansuficientes temas para otras tantas novelas, sino a hechos puntuales como el rapto de Valentina que llevará de cabeza a todos los habitantes del valle, o el robo de los caballos de un oficial alemán por parte de Durandarte, los cuales acabarán en manos de quien menos podamos imaginarnos, o los chismorreos sobre las relaciones del contrabandista con la mujer del Gobernador, o el trabajo de una madre y su hija húngaras por reunirse con el marido y padre desaparecido, sin olvidarnos del espectacular paso por la Estación de la cantante, bailarina y actriz norteamericana nacionalizada francesa Josphine Baker, ni del desparrame de las obras del pintor Marc Chagal por el andén de la Estación… Y todo entrelazado por la historia de amor entre Jana y Esteve, como queriendo demostrar que incluso en esos momentos de locura hay esperanza.

En conclusión, esta es una novela de las que una vez comenzada te duele dejar. Repleta de metáforas sobre la vida, nos cuenta un hecho histórico real aderezado con pequeños momentos de ficción que le dan el toque justo. Pero nada mejor que cerrar esta guía con las palabras de la propia autora, Rosario Raro: “Esta, además de una historia sobre la dignidad, es una historia sobre la frontera. La que separa Francia de España, la guerra de la paz, las prácticas delictivas de la solidaridad. Los personajes están en el filo de la navaja, entre la vida y la muerte, el amor y el odio”.

EN TORNO A LA LECTURA: Albert Le Lay

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Albert Le Lay

Albert Le Lay

En toda guerra, frente a la estulticia y la frigidez del odio y la crueldad, siempre aparecen ejemplos de virtud, altruismo, sensibilidad y amor al prójimo que, a fin de cuentas, no es, ni más ni menos, que amor por uno mismo. Y un ejemplo de ello lo tenemos en la historia de un hombre sencillo, callado, un simple ciudadano francés que quería ser marino y recorrer el mundo en su juventud, pero que acabó siendo jefe de la aduana francesa en la Estación Internacional de Canfranc durante la Segunda Guerra Mundial.

Albert Le lay llegó a España en 1940 manteniéndose en su puesto hasta 1943, tres años durante los cuales trabajó en silencio contra el terror nazi pasando en secreto informaciones entre la resistencia y los aliados (Reino Unido y Estados Unidos), introduciendo en Francia transmisores que permitieron comunicarse con Londres a quienes luchaban en terreno galo contra los invasores, ayudando a escapar a centenares de personas que huían del aquel sinsentido para poder salvar sus vidas, y muy pocos de sus vecinos en Canfranc sabían que aquel hombre siempre amable y su familia vivían pendientes de un hilo, temerosos de ser descubiertos por la Gestapo, hasta que una tarde, alguien llegado de Oloron (Francia) le avisó de que había sido descubierto por los alemanes y venían a buscarle.

Ante esa noticia, Albert decidió dar un paseo con su mujer y el hijo pequeño de ambos por las vías del tren, como prácticamente hacían todos los días, pero esta vez no se volvieron al llegar a los túneles dirección a Zaragoza, sino que, alumbrándose con candiles, los cruzaron hasta el otro lado donde les esperaba un taxi enviado por un colaborador desde la capital aragonesa. En el pueblo quedaba la hija adolescente Jeannine, para que todo el mundo la viera y nadie sospechase nada, quien, en cuanto pudo, subió a un tren, pero la policía le siguió esperando que les llevase junto al resto de la familia, sin embargo, ella se dirigió a casa de un médico de Zaragoza, colaborador también y su futuro suegro, donde permaneció oculta durante un tiempo argumentando una enfermedad contagiosa, o por lo menos eso fue lo que alegó el doctor cuando la policía fue a buscarla. Mientras tanto, Albert viajó hasta Sevilla y desde allí zarpó a Gibraltar, donde se subió a un avión con destino a Argel.

Albert Le Lay y esposa

Albert Le Lay y esposa

Al inicio de la Guerra, Albert quiso enrolarse en el ejército, pero la resistencia pensó que en su destino de aduanero de Canfranc serviría mejor para la causa facilitando el paso hacia España a las personas que huyeran por ese paso fronterizo, consiguiéndoles salvoconductos y buscando soluciones para que pudiesen llegar a sus lugares de libertad. Aunque antes debería ganarse la confianza de los alemanes que ocupaban la parte francesa de la Estación Internacional, y ello lo consiguió gestionando perfectamente el incesante intercambio de oro y wolframio entre los gobiernos de Hitler y el de Franco. De esta forma, sin querer ser un héroe, Albert Le Lay salvo muchas vidas de hombres, mujeres y niños judíos que, de ser apresados por las SS o la Gestapo, habrían muerto allí mismo o en algún campo de exterminio, así como de cientos de disidentes y soldados aliados.

La mayoría llegaban con lo puesto y esperaban en algún punto determinado de la frontera francesa hasta la llegada de los pasadores, sobre todo en las noches sin luna, quienes les guiaban por los senderos de los Pirineos y posteriormente a cruzar el túnel de Somport, pegados a las paredes, hasta llegar a las inmediaciones de la Estación, y allí ya se hacía cargo de ellos Albert Le Lay: se tomaba el nombre de todos así como de las donaciones que ellos hacían en dinero europeo que no les valdría allá a donde iban y con las que él construyó una escuela, se les curaba las posibles heridas, se les proporcionaba alimentos y ropa nueva y limpia, se les escondía para descansar en algunos lugares ya preparados para ello, se les proporcionaba una nueva documentación sellada y luego se les ubicaba en los trenes con destino a Zaragoza, Madrid, Barcelona o Lisboa, desde donde muchos de ellos viajarían hacia Sudamérica, Norte de África o Palestina.

Una vez concluida la guerra, regresó a Canfranc, rechazando todos los honores e incluso los nombramientos que le propuso el propio Presidente de la República Francesa, Charles De Gaulle, y siempre quiso mantener en silencio todo lo que hizo durante aquel tiempo. Albert murió en San Juan de Luz en 1989. Muchas fueron las cartas de agradecimiento recibidas durante su vida, incluso de gente tan importante como el pintor Marc Chagall, o de la cantante Joséphine Baker, o del artista Max Ernst… Y todos los años volvían algunas de aquellas personas con sus hijos y nietos para mostrarles el lugar por donde escaparon a la libertad gracias a “un señor alto, elegante, con ligera cojera” que se llamaba Albert Le Lay.

EN TORNO A LA LECTURA: La Estación Internacional de Canfranc

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Estación de Canfranc

Estación de Canfranc

Canfranc es una encantadora localidad pirenaica situada en el valle del río Aragón, enclavada a más de mil metros de altitud, en medio de un paraje idílico de enormes montañas cercano a las muy conocidas pistas de esquí de Candanchú y Astún, y a los pies del antiguo puerto del Somport, ahora sustituido por el túnel internacional del mismo nombre que comunica España con Francia.

Iglesia de la Asunción. Siglo XII

Iglesia de la Asunción. Siglo XII

Sus inicios datan del siglo XI como pueblo fronterizo, al cual los reyes de Aragón concederían importantes privilegios debido a sus escasos recursos agrícolas o ganaderos. A pesar de haber sufrido dos grandes incendios durante su historia, el último en 1944 en el que la mayor parte de municipio antiguo fue destruido, todavía se conservan bastantes vestigios de su patrimonio histórico: restos del castillo medieval, la Iglesia parroquial de la Asunción, la Trinidad, el Fuerte de Coll de Ladrones del siglo XVII o la Torreta de los Fusileros del siglo XIX.

Pero lo que le dio un verdadero despegue económico y demográfico al pueblo fue la llegada del ferrocarril y la construcción de la Estación Internacional en el paraje de Los Arañones. El montaje de la línea férrea dio comienzo en el año 1882 y el túnel que comunica los dos lados de la frontera fue concluido en 1908, sin embargo el trayecto no se inauguró hasta el año 1928. El tráfico de pasajeros y mercancías se mantuvo hasta 1970, en que la estación fue cerrada a causa del descarrilamiento de un tren de mercancías francés que causó el derrumbe del puente de L’Estenguet, por lo que la localidad sufrió un gran declive perdiendo hasta dos tercios de su población.

Día de la inauguración de la Estación de Canfranc. 18 de julio de 1928

Día de la inauguración de la Estación de Canfranc. 18 de julio de 1928

El rey Alfonso XIII y el Presidente francés durante la inauguración

El rey Alfonso XIII y el Presidente francés durante la inauguración

La Estación fue inaugurada por el rey Alfonso XIII y el Presidente de la República Francesa, Gastón Doumergue, el 18 de julio de 1928, tras unos años de intensos trabajos para retener las laderas abruptas de las montañas colindantes y restaurar los bosques para prevenir las avalanchas de nieve. El edificio, alargado y simétrico, está dividido en cinco cuerpos, midiendo 241 metros de longitud y con 75 puertas por cada lado. Fue construido con cuatro materiales predominantes: cemento, hierro, cristal y pizarra, al estilo palaciego neoclásico francés del XIX, aunque también se pueden observar tendencias modernistas en algunos puntos. En el cuerpo central se encuentra el vestíbulo principal, muy elegante y luminoso, desde donde se accede a todos los departamentos: taquillas, aduanas, restaurante, bar, biblioteca, hotel… Tres años más tarde sufría un importante incendio iniciado en el vestíbulo y que se propagó por la biblioteca, el restaurante y la techumbre de madera, restaurándose posteriormente. A ambos frentes, el oriental y el occidental, están los andenes cubiertos por una marquesina metálica sostenida por columnas.

El Ejército franquista la ocupó durante la Guerra Civil Española y tapió el túnel de Somport para evitar cualquier incursión desde Francia, pero una vez concluida la contienda volvió a abrirse al tráfico ferroviario siendo ocupada, en su parte francesa, por las tropas del ejército nazi alemán, sobre todo oficiales de la SS y miembros de la Gestapo, coincidiendo este el periodo histórico con el que nos ocupa en la novela.

Estación de Canfranc

Estación de Canfranc

Esta estación se convirtió en un lugar estratégico importante durante la Segunda Guerra Mundial por varios motivos. En primer lugar, porque por sus vías llegaron toneladas de oro y plata procedentes del expolio nazi sobre los bancos nacionales de los países ocupados o, sobre todo, arrebatados a los judíos que eran llevados a los campos de concentración, unos minerales que se blanqueaban en Suiza y se convertían en divisas con las que se pagaba, por ejemplo, el wolframio español (como nos muestra la reciente película de Simán Casal, “Lobos sucios”), imprescindible para blindar los tanques y cañones, divisas que posteriormente servían para comprar de nuevo el oro y la plata, ya convertidos en lingotes, por parte de los gobiernos español y portugués. El metal precioso llegaba, desde Suiza, en tren hasta Canfranc, pero allí tenía que ser descargado, a causa de la diferencia de ancho de las vías españolas en relación con las europeas, y ser transportado en camiones hasta Madrid, Portugal o, sobre todo al final de la contienda, el Puerto de Pasajes (Guipúzcoa), desde donde era embarcado hacia algún país sudamericano destinado a los nazis exiliados. Cuando esto ocurría, los soldados alemanes impedían el acceso a la estación a los lugareños y visitantes. Esta colaboración de España con Alemania, a pesar de ser nuestro país presuntamente neutral, era una forma de pagar la deuda contraída con Hitler por su ayuda durante la Guerra Civil, y se mantuvo a pesar de las amenazas de Estados Unidos y Gran Bretaña, bloqueando los norteamericanos las importaciones petrolíferas de España hasta que el tráfico de wolframio y el blanqueo del oro robado cesó por completo.

Otro punto de la importancia estratégica de esta estación fue la guerra de espías que en ella se llevó a cabo, ya que por aquí se intercambiaron mensajes entre la resistencia francesa y el Estado Mayor de los aliados, donde el propio jefe de la aduana francesa, Albert Le Lay (Laurent Juste en la novela), tuvo un papel bastante trascendental para la consecución de la derrota de los nazis quienes, al mismo tiempo, desplegaban a su vez su propia red de contraespionaje en la zona.

Al mismo tiempo un comercio de contrabando se generaba por este punto entre los dos países fronterizos, quehacer éste que iba enriqueciendo a algunos y manteniendo a la mayoría de los habitantes de la zona, teniendo en cuenta de la situación económica que se vivía en una España recién salida de la Guerra Civil y una Francia inmersa en la Segunda Guerra Mundial.

Pero sobre todo Canfranc siempre será un nombre inolvidable en la memoria de los descendientes de aquellas personas que escapaban, gracias a los “trenes de vida” organizados por españoles y franceses que arriesgaban sus vidas para salvar las de quienes huían del genocidio nazi quienes, por cientos, llegaban a la estación con la esperanza de que fuera su primer punto hacia la libertad, allí tomaban el tren con dirección a Madrid donde hacían trasbordo con destino a Lisboa y, desde la capital portuguesa, embarcaban con rumbo a América. Aunque muchos fueron quienes lo lograron, también, desgraciadamente, otros muchos no lo consiguieron ya que la Gestapo o las SS alemanas consiguieron arrestar a centenares de ellos en la propia estación o en las zonas cercanas. No hay cifras exactas del número de judíos que consiguieron escapar por estas montañas aragonesas ayudados por los vecinos de ambos lados de la frontera, pero sí se conocen los nombres de algunas personalidades, como Max Ernst, Alma Mahler y su marido Franz Werfel, o el hermano de Thomas Mann, Heinrich, con su esposa y su sobrino, también Lion Feuchtwanger y su esposa, o el pintor bielorruso Marc Chagall (Moushe Segal) y la famosa cantante francesa Josephine Baker quien, al contrario del resto, se negó a cruzar la frontera de incógnito y los hizo ante las cámaras de los periodistas.

En conclusión, Canfranc es un gigante dormido que no ha perdido la esperanza de despertar algún día, esperemos que no muy lejano, pero que en la actualidad es un lugar muy atractivo para visitar por sus paisajes, su naturaleza, sus posibilidades deportivas y por su paz y tranquilidad, sin olvidar el tesoro que en ella se esconde para los investigadores y novelistas, como Rosario Raro, que lo pueden utilizar como el espacio ideal donde desarrollar interesantes historias.

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EN TORNO A LA LECTURA: Pequeña biografía de Rosario Raro.

Descargar PDF: Pequeña biografía de Rosario Raro

“Solo tenemos una vida pero con la que podemos salvar muchas.”

Rosario Raro (Volver a Canfranc)

 

fotografiadeRosarioRaroRosario Raro (1971) es natural de la ciudad castellonense de Segorbe, donde comenzó a escribir a la temprana edad de siete años “algo titulado Mi viaje en una nube”, según sus propias palabras, “que comenzaba en el castillo del cerro de La Estrella. En la ladera de ese monte donde aún vivo y donde espero quedarme siempre”. Es una mujer de amplio recorrido cultural y académico iniciado en la Universidad de Valencia, doctorándose en Filología Hispánica, y continuado en Perú, en cuyas tierras pasó más de diez años de su vida, con Técnicas de Escritura Creativa en la Universidad Mayor de San Marcos y en la Pontificia Universidad Católica, concluyendo con un Postgrado en Comunicación Empresarial en la Universitat Jaume I de Castellón, en la cual dirige el Curso de Escritura Creativa e imparte clases sobre esta materia.

Ha ganado los premios Ciudad de Huelva, Cruzando Culturas, Magda Portal, Ateneo Ciudad Galdós, Igualdad de Aranda, Mujer Kimetz Elkartea de Ordizia, el de Tecnocuentos de RNE 5.0, Palabras de Mujer y ha sido finalista del Certamen de Novela Vargas Llosa de la editorial Alfaguara, por nombrar sólo los más representativos entre los muchos galardones, tanto nacionales como internacionales que ha recibido, aunque para ella todo ello no tiene mucho mérito, pues afirma que “el verdadero premio son las personas que he conocido a través de la literatura”.

Rosario buscó en la escritura, desde sus inicios, un medio para alcanzar la felicidad, y lo que al principio sólo era una intuición, hoy, asegura, es algo totalmente comprobado y, por eso mismo, quiere transmitir ese sentimiento en todo lo que escribe, intentando, sobre todo, no aburrir a sus lectores ofreciendo siempre una imagen del contexto que nos rodea, sea actual o histórico, y teniendo presente en todo momento que una buena historia debe ser algo digno de compartir. Para ella la creación literaria no debe forzarse, sino dejar que fluya desde dentro surgiendo de las propias experiencias, de las propias vivencias, de las propias ausencias o necesidades: no se puede escribir de oídas, sólo se puede hacer desde uno mismo. Pero, sobre todo, afirma que en la escritura no se puede ser pretencioso, nadie es ni el primero ni el único que ha escrito algo, y jamás se acaba de aprender.

Por otro lado piensa que no hay escritura sin lectura y distingue en esto dos tipos de escritores: “aquellos que escriben de lo que han leído y los que escriben de lo que han vivido. Me quedo con el segundo grupo porque la pasión trasciende a sus textos.” Pero con todo considera a la lectura uno de los placeres de la existencia que, junto con la escritura y la amistad, nos posibilitan para tener varias vidas simultáneamente, por lo que el hecho de escribir es algo serio y responsable.

Como mujer de su tiempo ha sabido utilizar las redes sociales como una herramienta más para divulgar o acercar la creación literaria a un público ávido de la magia de la palabra, y así, además de los Talleres de Escritura Creativa que imparte en la UJI: Literapia o Cómo meter un libro en cintura (Corte y Confección Literaria), se aprovecha de Internet para impartir sus clases desde Valencia, Castellón o Benicàssim a sus cientos de participantes. No en balde su tesis doctoral giró alrededor de la literatura por Internet, la blogosfera, y de sus avances y los nuevos horizontes y posibilidades que ello nos abre.

En una entrevista que le hizo Miguel Sanfeliu para el blog “Cierta Distancia”, Rosario respondió lo siguiente sobre su forma de trabajar: Escribo a primera hora de la mañana, cuanto más temprano mejor. Así, el resto del día lo dedico a ser una persona “normal”, es decir, a vivir mis otras siete vidas simultáneas. Lo único que me resulta imprescindible para escribir es la soledad. Tampoco puedo escribir contra una pared. Si el ordenador está conectado a Internet, mejor. De esta forma, es como tener varias ventanas enfrente, además de la física, la terraza, el balcón, etc. También escribo mucho en los viajes. Sobre todo para cumplir con los plazos. La prisa me estimula, pero después, antes de enviar algo lo tengo que revisar muchísimas veces.” (…) “Para mí escribir es un trabajo sobre todo mental, plasmarlo después sobre el papel o en el procesador de textos es para mí transcribir. Eso sí, antes dibujo mapas mentales, lo ordeno todo en esquemas, en cuadrículas, en escaletas, utilizo cualquier medio que me sirva de ancla para la memoria.”

Es autora de varios libros: Carretera de la Boca do Inferno, con el que obtuvo el Premio Relatos Cortos Ciudad de Huelva 2001. Surmenage, una colección de micropoemas como “Frente al veneno siempre la sed es más fuerte que nuestro miedo.” Perder el juicio. Finlandia: Colección de micropoemas: “Es medianoche. Llueve sobre las calles. Todo se borra.” La llave de Medusa: La vida premia a los valientes con sus mejores historias y sabido es que las mejores historias se escriben solas. Ex: una novela corta. Desarmadas e invencibles, (2012), un libro de relatos cuyas protagonistas son mujeres que podrían ser absolutamente reales, por muy extrañas que nos puedan parecer sus historias. El alma de las máquinas: una divertida novela a medio camino entre la cibernética y la realidad. Los años debidos. Y la obra que nos ocupa: Volver a Canfranc.

Por otro lado, podemos encontrar artículos suyos en Vagamundos Moleskin, Axxón, The Barcelona Review, Spanorama, Realidad Literal, Letralia, Fiestacultura, Cinosargo, Literaturas.com, Maisontine y Entropía. Así como varias colaboraciones en ediciones conjuntas como Perfiles Jaula de versos, Cruzando culturas, A través de la piel, Las mujeres cuentan, Evoción, Los Excelentes, Amigos para siempre, Cuentos alígeros, Los Relatores y Por los animales.

“Poema de despedida para mi hermana”, de Elena Medel

En cuanto a las despedidas, apenas existen gestos más allá
de las pancartas: abrazos y lágrimas en el control de seguridad,
una cámara para que el momento exista
tras el regreso. ¿Tú qué prefieres? Wislawa, por favor, reza
por ella. De pequeña te confundían con un niño
por el pelo corto y la sangre en las rodillas. Tienes una cicatriz en el labio superior
porque te caíste al servirnos la merienda. Al crecer te cambiaron el nombre:
alguien te llamó Pentecostés. Todas las lenguas
las conoces                       tan sabia como un dios.

Bestia del norte, ahora vivirás a ciento ochenta grados: cuando yo actúe,
tú en mi oposición. Del dolor ‒tú también, Celan, reza por ella‒,
aquí no nos enteraremos: finge que todo marcha bien. También yo fingiría
que todo marcha bien. Podría aconsejarte. De pequeña
te confundían con un animal porque golpeabas con furia
y después rumiabas estiércol y perdón. Tienes aún el deje de quien hace
y luego piensa. Al crecer te dejaste la melena larguísima. Quién te imaginara
en aquellos días salvajes como ahora               quién te imaginaría
en aquellos días salvaje como un dios.

Voy a velar tus libros y tu ropa; voy a velar desde mi adolescencia
para que no te ocurra lo que a mí. ¿Tú qué prefieres
guardar en la maleta? He recogido los zapatos, he tocado su suela
demasiado fina. El dolor, te lo recuerdo: representa
bien. Sé cómo se hace. De pequeña te confundían con una de esas fábricas
que encadenan turnos y humo. Tus ojos
azules encendidos. Como un niño que sangra y como un
animal que muerde: así te exigen otros
así te exigen xxxxinmisericorde como un dios.
Quizá algún día desconozcas esta lengua.
Por si acaso, buen Yeats, por favor, reza con ella.

Autor: Raúl Molina

PDF:

Poema extraido de – Medel, Elena (2015): Un día negro en una casa de mentira (1998-2014), Madrid, Visor, pp. 194-195.

Adiós, au revoir, tchau, arrivederci, la revedere, auf wiedersehen, tot ziens,medel-elena-foto vi ses, favel, ha det bra, totsiens. En ocasiones, tenemos la sensación de que la vida es eso que pasa entre despedida y despedida hasta que alguna se convierte en definitiva. Preferimos un hasta luego a un adiós (las más de las veces), igual que preferimos un nos vemos pronto a un hasta nunca (habitualmente). Decía el maestro: “Esos labios que saben a despedida, a vinagre en las heridas,  pañuelo de estación”. Y es que, todo tiene en esta vida su principio y su final, aunque nos cueste aceptarlo. Elena Medel, poeta precoz (publicó Mi primer bikini con apenas diecisiete años en 2002), comprometida (ha participado, entre otras muchas acciones, en el documental feminista de Sofía Castañón Se dice poeta) y reconocida (varios libros y cuadernos después, se hizo con el prestigioso Premio Loewe en 2014 por Chatterton, poemario al que pertenece esta composición), afirma: “En cuanto a las despedidas, apenas existen gestos más allá / de las pancartas: abrazos y lágrimas en el control de seguridad, / una cámara para que el momento exista / tras el regreso ¿Tú que prefieres?”. Nos habla de la marcha de su hermana y encomienda su cuidado a sus personales dioses de la poesía: “Wislawa, por favor, reza / por ella”, “Tú también, Celan, reza por / ella” y “Por si acaso, buen Yeats, por favor, reza con ella”. Wislawa Szymborska, poeta polaca galordonada con el Premio Nobel en 1996; Paul Celan, poeta alemán de origen judío, cuya obra y pensamiento ha influido enormemente en la cultura posterior a la II Guerra Mundial con composiciones como “Shibboleth” o “Todesfugue”;  William Butler Yeats, poeta inglés, Premio Nobel de Literatura en 1923.

Medel imagina la conversación con un tú que es su propia hermana, ladespedidas viajera, la exiliada por causas que no acabamos de atisbar ¿una denuncia, quizás, de la precariedad de la juventud, obligada a marcharse en busca de un trabajo en condiciones?: “De pequeña te confundía con un niño / por el pelo corto y la sangre en las rodillas. Tienes una cicatriz en el labio superior / porque te caíste al servirnos la merienda”. Navega entre recuerdos personales y va perfilando, a la vez, el retrato de su compañera de viaje u el suyo propio: “Al crecer te cambiaron el nombre: / alguien te llamó Pentecostés. Todas las lenguas / las conocer tan sabia como un dios”. Ella, esa “bestia del norte” cuya ausencia es una herida que sangra en la distancia “a ciento ochenta grados: cuando / yo actúe / tú en mi oposición. Del dolor […] aquí no nos enteramos: finge que todo marcha bien”. No hay como la lejanía para activar los recuerdos felices de una infancia que se aleja a sesenta segundos por minuto: “De pequeña / te confundían con un animal porque golpeabas con furia / y después rumiabas estiércol y perdón”. Sí, se aparta, pero permanece: “Tienes aún el deje de quien hace / y luego piensa”. El monólogo dramático del yo lírico oscila entre un presente imposible de asir y un pasado coagulado en la memoria: “Al crecer te dejaste la melena larguísima. / Quién te imaginara, / en aquellos días salvajes como ahora / quién te imaginaría / en aquellos días salvajes como un dios”.

Con la marcha de un ser querido, creamos fetiches; elementos que se convierten en símbolos de la falta. A veces, apenas un ligero aroma, otras, un lugar, un espacio o un objeto: “Voy a velar tus libros y tu ropa; voy a velar desde mi adolescencia / para que no te ocurra lo que a mí. ¿Tú que prefieres / guardar en la maleta? He recogido los zapatos, he tocado su suela / demasiado fina”. En ese divagar fino, va hilando reflexiones personales con detalles vividos, salta de uno a otros como salta nuestra imaginación cuando la ponemos en marcha: “El dolor, te lo recuerdo: representa / bien. Sé cómo se hace. De pequeña te confundían con una de / esas fábricas / que encadenan turnos y humo”. Quedandescarga materializados en estos versos, suavemente, la denuncia social propia de los poetas jóvenes y entusiastas. Buena parte de la poesía joven que se escribe hoy en España (lo vimos ya con Ben Clark) destila estas proclamas o, mejor, las puntea en un discurso que surge a partir de lo particular, de detalles concretos que forman parte de la experiencia del poeta, para dar el salto hacia lo social. Es lógico que así sea en una sociedad que tradicionalmente, y ahora si cabe de forma más marcada, expulsa a la juventud hacia los márgenes. Y, sin más, continúa con su vagabundear, siempre con ese tú en el horizonte: “Tus ojos / azules hendidos. Como un niño que sangra y como un / animal que muerde: así te exigen / otros así te exigen inmiseridorde como un dios”. Como un dios, sí, pero como un dios que puede llegar a perder la identidad al insertarse en un espacio que no es el suyo. Y es que no hay muestra más palpable de ello que el olvido de lo que es propio y que nos moldea como seres humanos: “Quizá algún día desconozcas esta lengua”. Y al fin, una plegaria o, más bien, una demanda de ayuda a quienes ella considera compañeros, luces en el horizonte: “Por si acaso, buen Yeats por favor, reza con ella”.