Una vida de pueblo (Quemando hojas), de Louise Glück.

La escritora norteamericana Louise Glück, nacida en Nueva York el 22 de abril de 1943, ganadora de Premio Nobel de Literatura 2020, del Premio Tranströmer 2020, de la Medalla Nacional de Humanidades 2015, Poeta Laureada de Estados Unidos 2003-2004 y Premio Pulitzer de Poesía 1993 por su poemario “The Wild Iris” (El Iris Salvaje), es una poeta de distancias cortas, de pequeños detalles, de elevación de la existencia individual a un ámbito universal.

Aunque, como siempre, os propondremos un poema, “Burning Leaves” (Quemando hojas), realmente vamos a hablar de un libro completo: “A Village Life” (Una vida de pueblo), publicado en 2009. Una colección perfectamente elaborada en cuyos poemas se muestra el plácido transcurrir de la vida en una pequeña ciudad de granjeros y campesinos, y donde todos los pequeños detalles de la existencia tienen esa trascendencia elemental de las cosas importantes que nos muestran la resistencia de los humanos al implacable paso del tiempo de la cual, tarde o temprano, se resienten. De aquí la importancia de las etapas universales de la vida: infancia, adolescencia, edad adulta, vejez y muerte, las cuales, a pesar de su universalidad, son experimentadas por cada persona de manera diferente.

El poema elegido; “Burning Leaves” (Quemando hojas), es uno de los más cortos del poemario y aparece hacia el final del mismo, siendo el tercero con el mismo título:

BURNING LEAVES

The dead leaves catch fire quickly.
And they burn quickly, in not time at all, 
they change from something to nothing.

Midday. The sky is cold, blue; 
under the fire, there’s gray earth.

How fast it all goes, how fast the smoke clears.
And where the pile of leaves was, 
an emptiness that suddenly seems vast.

Across the road, a boy’s watching.
He stays a long time, watching the leaves burn.
Maybe this i show you’ll know the earth is dead-
it will ignite.
QUEMANDO HOJAS

Las hojas secas se prenden rápido.
Y arden rápido; de inmediato
 pasan de algo a nada.

Mediodía. El cielo es frío, azul; 
bajo el fuego hay tierra gris.

Cuán rápido se va todo, cuán rápido se despeja el humo.
Y donde había una pila de hojas, 
un vacío que aparece vasto de pronto.

Al otro lado del camino, un chico observa.
Se queda un largo rato, viendo arder las hojas.
Quizás así sabrás cuando la tierra esté muerta; 
se encenderá.

La mutabilidad y la fugacidad de los seres vivos es un tema importante en este poemario. No solo la edad adulta y la vejez se mueven rápida e inexorablemente hacia la muerte, sino que cada periodo tiene su propia forma de muerte, como el niño que un día, sin más, deja de serlo para convertirse en un adolescente: ”Un chico cruza el campo en medio de la oscuridad: / ha tocado a una chica por primera vez, / así que camina a casa hecho un hombre, con apetitos de hombre.” (Abundancia)  Y es que los emblemas de la muerte  nunca están demasiado lejos de las imágenes de la juventud, como cuando los jóvenes se bañan en el río: “La piedra estaba fría y húmeda, / mármol para cementerios,” (Mediados de verano).  

En otros poemas se muestran las difíciles relaciones de la edad adulta, lo que conduce a matrimonios insatisfechos, al engaño, al divorcio, al alcoholismo, a la ira, a la violencia y a la asfixia existencial: “como si la privacidad del matrimonio / fuera una puerta que dos personas cierran juntas / y ninguna pudiera salir por sí misma, ni la esposa ni el esposo, /así que el calor se queda atrapado allí hasta que se sofocan, / como si vivieran en una cabina telefónica”. (Un pasillo). Y es que el amor conyugal también muere, sobre todo cuando un miembro de la pareja pretende modelar al otro a su gusto: “quiere los platos de su madre, pero no los preparo bien. / Cuando lo intento, me enfado. / Él trata de convertirme en una persona que nunca fui”. Y es que las personas se pierden en la búsqueda de una pareja que sea la respuesta a sus vidas. Sin ambargo, también la pérdida de la juventud puede traer algo de paz consigo: “Ahora que es vieja, / los jóvenes no se le acercan, / así que las noches están libres, / al anochecer las calles, que eran tan peligrosas, / se han vuelto tan seguras como la pradera.” (Caminando de noche).

Y llegando al poema propuesto que, como ya os indiqué anteriormente, forma parte de un trío con el mismo título: Quemando hojas, donde Glück trata la mutabilidad inevitable de la vida, y si en el primero compara a un granjero quemando hojas muertas al atardecer con la muerte humana: “la muerte crea espacios para la vida”; en el segundo, las hojas quieren escapar de las llamas, aunque sin ningún éxito; y en el tercero, el que aquí os presentamos, “Las hojas secas se prenden rápido. / Y arden rápido; de inmediato / pasan de algo a nada.” Lo que resulta una metáfora bastante adecuada sobre la brevedad de la vida y la permanencia de la muerte: “Cuán rápido se va todo, cuán rápido se despeja el humo. / Y donde había una pila de hojas, / un vacío que aparece vasto de pronto.” Y todo ello observado por la juventud de un muchacho… En la juventud, “tu cuerpo no escucha. Ahora lo sabe todo.” Es la osadía de la adolescencia. Como las jovencitas que se dejaban robar la ropa en el río: “porque tenían cuerpos nuevos desde el verano pasado, querían exhibirlos.” Pero a medida que se acerca la vejez y la muerte, “ver cómo cambia tu cuerpo es difícil”. El deterioro y la pérdida final del ser físico de uno es un símbolo doloroso de la fugacidad de la vida.

Para Glück, la vida dura solo un día, por lo que la infancia y la juventud están bañadas por la luz del sol brillante, mientras que la edad adulta, la vejez y la muerte están envueltas en un velo de oscuridad cada vez más profunda.

Al entrelazar poemas del mismo título a los largo de esta colección (lo hace también con Murciélago y Lombriz) y a través de su desarrollo de imágenes y temas, Glück pretende indicar que todas las personas están conectadas, únicas pero iguales. Todas las personas somos aldeanos que corremos una carrera contrarreloj en la que el final está asegurado: la muerte. Sin embargo, necesitamos experimentar y apreciar cada átomo de vida mientras se posea.

Matar a un ruiseñor, de Harper Lee.

“Disparad a todos los arrendajos azules que queráis, si podéis, acertadles, pero recordad que es un pecado matar a un ruiseñor”. Este es el consejo que da a sus hijos un abogado que está defendiendo al verdadero ruiseñor del clásico de Harper Lee: un hombre de color acusado de violar a una joven blanca. 

Matar a un ruiseñor es una novela dura y tierna al mismo tiempo. La dureza le viene de la crueldad que pueden causar los prejuicios y la complejidad moral de unas sociedades cerradas en sí mismas, donde todo se mide mediante la costumbre o la tradición, considerándose peligroso cualquier atisbo de cambio. Y la ternura procede de la visión de los acontecimientos desde la perspectiva de unos niños, en especial de Scout.

Scout y Jem Finch son hermanos: ella, Scout (exploradora), es la pequeña, todavía una niña, aunque tan despierta, observadora y lista que parece demasiado madura para su edad, y Jem es un preadolescente curioso, valiente y con la sensatez de su padre, Atticus. Es Jean Louise “Scout” Finch quien relata, desde la madurez, lo ocurrido, comenzando con la rotura de codo que sufrió su hermano cuando tenía trece años, lo que le da pie a revisar aquel periodo de su infancia, desde los seis a los ocho años, durante la década de 1930. Jem es cuatro años mayor y Atticus, el padre, es un abogado muy respetado en su comunidad, Maycom, Alabama, además de ejercer como miembro de la Legislatura Estatal.

Poco a poco, nos va introduciendo en la vida cotidiana de aquella pequeña localidad por medio de los distintos personajes, como Dill, quien en realidad se llama Charles Baker Harris, un niño de ciudad, bastante mentiroso, que pasa los veranos en el pueblo en casa de su tía convirtiéndose en inseparable de los hermanos Finch, en especial de Scout.

Pero el catálogo de personajes es bastante amplio, todos perfectamente definidos, más que por descripciones físicas, por su forma de ser y sus reacciones y comportamientos ante los hechos. Así tenemos a la sabia vecina que se pasa el día cuidando su jardín u horneando pasteles y a quien todas llaman señorita Maudie, ella es la que mejor le cae a Scout porque, en vez de reprenderla por sus travesuras o sus excesos, le da valiosas lecciones de vida y defiende siempre a Atticus asegurándole que es un hombre íntegro; o a la sirvienta afroamericana Calpurnia, que cuida de los niños Finch como si fueran sus propios hijos y dirige el hogar con mano dura, a falta de una madre para hacerlo, sobre todo con Scout, a la que amonesta con frecuencia; ola tía Alexandra, hermana de Atticus, una mujer excesivamente crítica con los comportamientos de los demás y, en especial, con los de Scout. Pero por encima de todos está Atticus, el guía moral de sus hijos, quienes lo idolatran, siendo él quien, al regalarles un rifle de aire comprimido por Navidad, les dice que jamás disparen a un ruiseñor porque es un pecado matar algo que solo crea belleza, en este caso su hermoso trino, para el disfrute de todos sin pedir nada a cambio. De aquí surge el título y la enseñanza moral de esta novela.

Scout no es como las otras niñas de Maycomb. Siempre viste como un chico y no está interesada en comportarse como una “dama”. Se pelea con los niños, especialmente con Walter Cunningham, y se enfrenta con la maestra. Scout, Jem y Dill forman el trío inseparable de los veranos y siempre están inventando juegos elaborados y complejos que les causan más de un problema, en especial con su vecino Boo y su padre, el señor Radley.

Pero, a pesar de ser Maycomb un pueblo tranquilo, también ocurren cosas que producen alarma entre los vecinos, como el incendio de la casa de la señorita Maudie, la supuesta tortura de animales por parte de un tal Crazy Addie (el loco Addie), la aparición del perro rabioso que obliga a Atticus a poner en evidencia su excelente puntería con el rifle, o el ataque a Mayella.

Esta supuesta violación de la joven blanca Mayella Ewell, hija de uno de los hombres más pobres y más borracho de la ciudad, por un afroamericano, Tom Robinson, hace aumentar la tensión en Maycomb, sobre todo cuando se enteran de que Atticus ha sido designado como abogado defensor de Robinson. Atticus comienza a sentirse muy presionado, sin embargo, prevalece su sentido de la justicia y sus principios morales, por lo que se niega a pasar el caso a otro abogado. La gente comienza a cotillear y a faltarle al respeto, como la anciana señora Dubois que dice cosas terribles sobre Atticus y Jem, en represalia, le corta todas las camelias de su jardín, pero Atticus le obliga a disculparse ante la anciana y le castiga a leer a la señora Dubois un rato todas las tardes.

Pero no seguiremos desvelando más sobre la novela, pues eso corresponde a las personas lectoras descubrirlo. Aunque, llegados a este punto, sí podemos decir que los tres temas principales de Matar a un ruiseñor son: el prejuicio, la complejidad moral y la inocencia.

Mientras leemos este libro, vamos acompañando a Scout y Jem en su viaje de alejamiento del mundo de la ignorancia infantil hasta llegar a un pacto con la realidad, que es lo mismo que abrir la puerta al mundo adulto. La pérdida de la inocencia de estos niños comienza cuando Atticus decide hacerse cargo de la defensa de Robinson, pues los jóvenes hermanos descubren la fealdad del racismo. Para ellos es duro comprobar que la verdad, la justicia y la bondad no siempre triunfan sobre la mentira, la injusticia y la maldad. Y el juicio provoca el despertar, no solo de los niños, sino de toda la ciudad que debe enfrentarse, por primera vez, a sus propios prejuicios y planteamientos morales caducos. Y así, también descubrimos con Scout y Jem que sus propios juegos infantiles, donde habían convertido a su vecino Boo Radley en un fantasma malévolo, no dejaban de ser otra forma hiriente para aquel pobre hombre, víctima de sus prejuicios infantiles. Y es que la intolerancia y la ceguera impuesta por conceptos abstractos sin más base que el odio por tradición, puede causar, y causa, mucho dolor, injusticias y muertes en el mundo. Es curioso, y estremecedor, ver como la familia Ewell, considerada por el resto de la ciudad como “basura blanca”, se apoya en la persecución a Tom por su deseo de afirmar su poder sobre el único grupo de la ciudad con menos status social que ellos. Y la ciudad lo permite incapaz de sobreponerse a sus convicciones racistas. Antes permitir una injusticia que ceder un centímetro en mi forma de pensar heredada… Así va el mundo…

Esta maravillosa novela puede plantearnos muchos puntos de reflexión e, incluso, hacernos sentir incómodos. Igual que Scout y Jem, también descubriremos que no se puede categorizar a las personas como buenas o malas, pues si bien, la mayoría del tiempo, todas parecen objetivamente “buenas”, no hay persona que no posea sus partes oscuras y sea capaz de realizar alguna maldad. Al final, como ocurre en la novela, solo la visión de, en este caso, una niña, con su capacidad para la empatía que, desgraciadamente, irá perdiendo con el tiempo, es capaz de reconocer que, hasta las personas que han hecho algo malo también han vivido una vida dura y triste, por lo que también son dignas de comprensión y de ser tratadas con dignidad.

Neller Harper Lee nació en Monroeville, Alabama, USA, el 28 de abril de 1926. Su madre era una abogada bastante parecida en su sentido moral y en el cariño por sus hijos, a Atticus, el personaje de Matar a un ruiseñor. Lee también estudió Derecho en la Universidad de Alabama, pero abandonó sus estudios para marcharse a Nueva York donde trabajo en unas aerolíneas hasta que pudo dedicarse a escribir gracias a la ayuda financiera de unos amigos. Matar a un ruiseñor surgió de la unión de una serie de cuentos sobre su infancia. Con ella consiguió el Premio Pulitzer 1961, de la que surgiría en la memorable película de 1962. Parece ser que el personaje de Charles Baker “Dill” Harris, el niño amigo de Scout y Jem, está basado en su amigo de la infancia, y también escritor, Truman Capote, a quien Lee acompañó a Kansas en 1959 y ayudó en su reportaje sobre los asesinatos  de la familia Clutter, que se convertiría en el libro de Capote A sangre fría. De regreso a su localidad natal, Lee publicó Ve y pon un centinela, considerada la secuela de su primera novela, también escribió algunos ensayos, falleciendo el 19 de febrero de 2016.

A los jóvenes que quieren morir, por Gwendolyn Brooks

“No importa cuán frío y sin alegría haya sido el invierno, poco a poco reverdece el pasto y se alcanza a oír un pájaro solitario”. (Höldering)

En esta ocasión, aprovechando la dos últimas guías de lectura sobre novelas propuestas (la anterior: Tomates verdes fritos, y la que aparecerá posteriormente: Matar a un ruiseñor) en las que aparece el tema del racismo en Estados Unidos, hemos considerado oportuno acercaros a la vida y obra de una gran poeta afroamericana, Gwendolyn Brooks (1917-2000), la primera de su raza en ganar un premio Pulitzer, en 1949, por su libro Annie Allen, cuyos poemas se basan en el crecimiento de una niña afroamericana en la ciudad de Chicago.

Implicada en la promoción de la igualdad y la identidad racial, Brooks fue una poeta con una gran conciencia política que dedicó sus esfuerzos a sacar la poesía de los círculos académicos y acercarla a todas las clases sociales, poniendo su voz al servicio de los derechos constantemente vulnerados a la gente de color, incluso, aprovechándose de la fama que le proporcionó el Pulitzer, prefirió publicar sus libros en las pequeñas editoriales de empresas afroamericanas que aceptar las mejores ofertas de las multinacionales.

En el poema que sigue, To the Young Who Want to Die (A los jóvenes que quieren morir), Brooks se dije a todas aquellas personas que, a pesar de su juventud, piensan que el mundo ya no tiene nada que ofrecerles y se ven tentadas a buscar una salida por la puerta sin retorno:

TO THE YOUNG WHO WANT TO DIE
			de Gwendolyn Brooks


Sit down. Inhale. Exhale.
The gun will wait. The lake will wait.
The tall gall in the small saductive vial 
will wait, will wait: 
will wait a week: will wait through April.
You do not have to die this certain day.
Death will abide, will  pamper your postponement.
I assure you death will wait. Death has 
a lot of time. Death can 
attend to you tomorrow. Or next week. Death is 
just down the street; is most obliging neighbor; 
can meet you any momento.

You need not die today.
Stay here-through pout or pain or peskyness.
Stay here. See what the news is going to be tomorrow.

Graves grow no green that you can use.
Remember, green’s your color. You are Spring.
A LOS JÓVENES QUE QUIEREN MORIR
			por Gwendolyn Brooks


Siéntate. Inhala, Exhala.
El arma esperará. El lago esperará.
La enorme hiel en el pequeño seductivo frasco 
esperará, esperará: 
esperará una semana: esperará hasta abril.
No tienes que morir este exacto día.
La muerte esperará, consentirá tu aplazamiento.
Te aseguro que la muerte aguardará. La muerte tiene 
mucho tiempo. La muerte puede 
atenderte mañana. O a la próxima semana. La muerte es 
justo el final de la calle; el más atento vecino; 
puede conocerte en cualquier momento.

No necesitas morir hoy.
Quédate aquí – a pesar de las malas caras o el dolor o las pesadumbres.
Quédate aquí. Ve cuáles van a ser las noticias de mañana.

No crecen las tumbas verdes, las que puedas usar.
Recuerda, el verde es tu color. Tú eres la primavera.

Como habréis podido comprobar, el lenguaje utilizado por Brooks en este poema es muy sencillo y directo. Dice las cosas con claridad para que todo el mundo sea capaz de comprender el mensaje que intenta lanzar: “vale la pena recordar que pese a los deprimidos o doloridos que estemos, el mundo siempre vuelve a florecer”.

El tono es coloquial. Habla con la persona lectora como podría hacerlo con una amiga, y lo hace evitando frases grandilocuentes o tópicos o lugares comunes, pidiéndole que no se precipite, que espere, ya que para morir siempre hay tiempo, no tiene porqué ser ahora. “La muerte espera”. Luego le anima a continuar a pesar de sus sufrimientos porque, si se precipita, ya no hay vuelta atrás. Finalizando con el mejor motivo que puede tener para seguir viviendo: su juventud: “el verde es tu color. Tú eres la primavera”.

¿Quién querría matar la primavera?

Realmente no hay muchas figuras literarias y las pocas que aparecen son de fácil comprensión, por ejemplo cuando dice: “The tall gall in the small saductive vial” (La enorme hiel en el pequeño seductivo frasco), para referirse al suicidio mediante un amargo veneno, pues ya antes ha mencionado un arma y un lago como otros métodos para acabar con su vida. Daos cuenta que utiliza el adjetivo “seductivo” para referirse al frasco con la pócima letal, y lo hace en contraposición con “las malas caras o el dolor o las pesadumbres”, sin embargo, cuando llegamos a los últimos versos, vemos cuál es su intención: a pesar de que la muerte le parezca en este momento seductiva, a pesar de sus sufrimientos, las tumbas no son verdes, no, son la oscuridad infinita.

En el aspecto formal, el poema está compuesto en versos libres, sin rimas ni métrica computada, en cambio en tres ocasiones, mediante encabalgamientos, juega con los finales del verso para dejar un mensaje claro: (“la muerte tiene / mucho tiempo – la muerte puede / atenderte mañana – la muerte es / justo el final de la calle”):

…Death has 
a lot of time. Death can 
attend to you tomorrow. Or next week. Death is 
just down the street;…
…La muerte tiene 
mucho tiempo. La muerte puede 
atenderte mañana. O a la próxima semana. La muerte es 
justo el final de la calle;

Concluyendo, se puede afirmar que Brooks tenía muy claro su mensaje y a quién iba dirigido, por lo que simplemente buscó la efectividad antes que el lucimiento y esa misma sencillez hace que éste sea un poema bello.

Tomates verdes fritos, de Fannie Flagg.

EL SEMANARIO DE DOT WEEMS

(Semanario de Whistle Stop, Alabama)

12 de junio de 1929

UN NUEVO CAFÉ

El café Whistle Stop abrió la semana pasada, justo al lado de casa, junto a Correos, y los propietarios Idgie Threadgoode y Ruth Jamison dicen que les va muy bien. Idgie dice que como la gente sabe que a ella no le importa envenenarse, no cocina…”

Así comienza Tomates verdes fritos, una novela publicada por la actriz y escritora Fanny Flagg en 1987, quien también realizaría la adaptación para el cine que dirigió Jon Avnet en 1991, por la que sería candidata a dos premios Oscar (a la Mejor Actriz de Reparto, para Jessica Tandy, y Mejor Guion Adaptado, para la propia Fanny Flagg).

La narrativa se estructura en dos historias interconectadas, que se desarrollan en sendos planos temporales separados por varias décadas, entre las cuales se van intercalando pequeñas referencias de los noticiarios locales. La historia base tiene lugar en la ciudad de Birmingham, Alabama, en transcurso de un año: entre diciembre de 1985 y diciembre de 1986, sin embargo, la segunda transcurre durante varios años, aunque más bien centrados en la década de los 1930, durante la Gran Depresión, en una localidad ferroviaria de las afueras de Birmingham llamada Whistle Stop.

Todo comienza cuando la señora Evelyn Couch, una mujer de mediana edad, acompaña a su marido durante una visita a su suegra que vive en una residencia para ancianos, allí conoce a otra interna, Ninny Threadgoode, con la que entabla una profunda amistad y la que irá visitando con regularidad para mantener largas conversaciones, y sabrosas meriendas, en las que Ninny va evocando su vida pasada y a todos su seres queridos, describiendo, con su natural franqueza, todas sus experiencias: sexuales, matrimoniales o con los hijos o las amistades, lo que irá produciendo un cambio en la personalidad deprimida de Evelyn, ayudándole a aceptarse tal como es, a tener más autoestima y a salir de su caparazón burgués repleto de prejuicios asumidos y opiniones heredadas.

La segunda narración va apareciendo a golpes de los recuerdos, como destellos de una mente en la que ya se intuyen las primeras dentelladas del Alzheimer, de Ninny quien expone sus recuerdos a modo de ‘flashbacks’ cinematográficos, siendo las protagonistas principales de esta parte otras dos mujeres: Idgie Threadgoode y Ruth Jamison, arropadas por su amor prohibido, aunque plenamente aceptado en el silencio de todos los habitantes de aquella pequeña localidad rural. Ambas regentarán un café, que pronto se convertirá en el centro neurálgico del pueblo, y criarán a Stump, el hijo que Ruth tuvo con su marido Frank Bennett, de quien Iggie le ayudó a escapar a causa de sus abusos. Algo que traerá consecuencias…

La autora va intercalando episodios de ambas historias e incluyendo muchos otros personajes residentes en Whistle Stop, como la vieja Sipsey Peavey, la cocinera del café junto con su nuera Onzell, una noble mujer negra que trabajó de niñera para la enorme familia Threadgoode, adoptando luego a un hijo propio, el llamado ‘Big George’ Pullman Peavey, que dirigía la barbacoa del Whistle Stop Café y que tuvo cuatro hijos con su mujer Onzell, dos de los cuales, los gemelos Jasper y Artis, aunque poco parecidos sobre todo en el color de la piel y en el carácter, tendrán un lugar destacado en la novela. Así mismo, como ya he mencionado anteriormente, entre capítulo y capítulo, van apareciendo los extractos de algunos periódicos locales, sobre todo del Weems Weekly de Whistle Stop editado por Dot Weems, por los que podemos conocer las actividades de otros habitantes de la localidad, como la exitosa organista Essie Rue Threadgoode.

La credibilidad de la historia no viene de las explicaciones ni referencias directas de la autora, sino del desarrollo natural de la acción, así, nos enteramos de la enorme crisis económica que vive Norteamérica por la creciente llegada de mendigos como polizones del ferrocarril, el cual, así mismo, sufre continuos robos de mercancía causados por un ser misterioso que las reparte entre los negros y los blancos más pobres; sólo aparece una nota insinuando esta situación en el Semanario de Dot Weems dejando caer: “Por cierto, ¿es sólo mi imaginación o los tiempos son cada vez más difíciles estos días?”

Del racismo latente nos enteramos por la intervención del Ku Klux Klan en varias ocasiones, hecho que, además, nos situarán en el espacio, exactamente en algún punto de los estados sureños, en este caso Alabama. Esto no nos permite olvidarnos que, a pesar del buen trato que la mayoría de los personajes tienen entre ellos, sean blancos o negros, este problema de intolerancia continúa presente y latente, y nos hace pensar que en cualquier momento algo trágico puede ocurrir a causa de una segregación racial sorda, pero vigente, por ejemplo, a los negros se les tienen que dar la comida por la puerta trasera, mientras los blancos comen tranquilamente sentados en las mesas del café. Sin embargo, aunque Tomates verdes fritos explora en profundidad la problemática del racismo, lo hace en silencio, sin estridencias, pues, pues a pesar de que en ese pequeño pueblo todos saben que estas injusticias existen, nadie cruza la línea evitando hablar de él. Incluso décadas después, la anciana Ninny comentará algo sobre una enfermera negra de la residencia a la que algunos residentes parecen tener miedo simplemente por su color, y Evelyn, unos días más tarde, se introduce en una iglesia cuyos feligreses son mayoritariamente negros y se da cuenta sus temores hacia la gente de color le viene de los prejuicios con los que fue educada por su madre la educó para temerlos.

Otros recursos bien empleados por la autora para potenciar la verosimilitud de su historia son la constante mezcla entre resignación y desenfado de sus personajes para enfrentarse a los trágicos momentos que en la novela se suceden, lo que nos da la imagen de una pequeña sociedad de personas conscientes de sus destinos, los cuales aceptan con una mezcla de estoicismo y buen humor, lo que también le permite a Flagg poder decir lo que piensa sin herir demasiadas susceptibilidades. Y, curiosamente, no debemos olvidarnos de la pertinaz afición de estos personajes a la mentira, mienten constantemente, pero no por maldad, sino que han hecho de ello un arte, sobre todo Idgie, aunque hasta el Pastor, cuando llega el momento, también sabe mentir con verdadera maestría. Y esto los humaniza bastante, queramos o no.

La mayoría de los personajes de Flagg son bastante redondos, aunque también los hay planos formando parte del decorado, por lo que el argumento bulle de acción, acentuados todos ellos por la jerga rural utilizada en sus diálogos, lo que les hace más naturales.

Tomates verdes fritos toca muchos temas, sin embargo, el hilo conductor de la novela es el amor: el amor familiar, pero no determinado principalmente por la genética sino por la amistad, el amor entre dos mujeres, el amor interracial… Ý el faro de ese amor es Idgie, la niña rebelde que se viste con ropa de hombre y se comporta como uno de ellos, que cuenta historias repletas de fantasía, que siempre tiene palabras amables y un plato de comida para cualquier vagabundo, y que ama a Ruth y a su hijo con toda su alma. Por lo tanto, todo el mundo quiere a Idgie.

Y es este amor entre Ruth e Idgie el que nos lleva a plantearnos el tema del rol de género pues conceptos como lesbianismo u homosexualidad no era muy tolerados en los años treinta y menos en una pequeña sociedad rural y tradicional, sin embargo, llama la atención la naturalidad con que se lleva en el pequeño pueblo la relación entre las dos mujeres. Otro rol de género es que nos plantea la buena de Evelyn, aunque ella podía ser el ejemplo que abanderara a un grupo numeroso de mujeres subyugadas, pues ella siempre ha estado pendiente de no disgustar a su marido, siempre dispuesta a agradarle, siempre callando, siempre asintiendo, siempre aceptando ya que fue educada para eso. Hasta que dos sucesos: un niño la insulta y dos muchachas la ofenden, le hacen darse cuenta de que no la respetan porque ella no se respeta a sí misma como lo que es, una mujer. Y a partir de ese momento comienza su revolución.

Y agregado al del género está el problema del sexo, el miedo que impone, el tabú a lo innombrable, lo intocable, lo desconocido, lo oculto y lo ocultado, lo sublimado por la imaginación y la ignorancia, y el arma que da poder a los pastores de almas. Evelyn se siente incómoda ante cualquier referencia a ese tema, y es que, a su edad, todavía no había disfrutado del sexo, ni tan siquiera en su noche de bodas, su primera vez; sin embargo, ahora es ella quien compra un diafragma para su hija adolescente. Pero el miedo a lo desconocido del sexo no es solo femenino, pues. por otro lado, encontramos a Stump a quien Idgie, ante el miedo de él a ser rechazado por su novia Peggy por su posible torpeza en las relaciones sexuales al tener un solo brazo, le lleva con una prostituta para que practique. Y en el lado opuesto está, Frank Bennett, el marido de Ruth, el cual no teme al sexo, sino que es un obseso devorador del mimo, por lo que se convierte en un violador de jovencitas negras y un conquistador de blancas.

Llegados a este punto, no sería descabellado afirmar que Tomates verdes fritos es una novela feminista porque en ella dominan las voces femeninas y las anécdotas sobre mujeres, desde Idgie Threadgoode, cuya presencia llena por entero el libro de principio a fin representando ese espíritu libre que Evely Couch anhela ser, hasta la plácida Ninny Threadgoode y sus historias, pasando por la fuerte y abnegada Sipsey, la dulce y bella Ruth, etcétera. Y aunque existan personajes masculinos bastante potentes, todo parece girar en torno a Idgie, por una lado, y Evelyn, la verdadera protagonista ya que es la única en la que vemos una clara evolución de personalidad y de la que conocemos, de primera mano, sus pensamientos, sus sufrimientos, sus frustraciones y sus esperanzas, por otro. Cada cual es libre de pensar como quiera, pero lo innegable es la validez y actualidad de esta novela en la que, a pesar de los años pasados desde su lanzamiento, se siguen encontrando motivos para su lectura que nos llevarán, sin lugar a dudas, a alguna nueva reflexión.

Seguidamente os voy a plantear unas cuantas preguntas que podéis comentar:

  1. ¿Es Ninny Threadgoode realmente Idgie o es simplemente quien dice ser?
  2. ¿Por qué pone Sipsey el nombre de George Pullman a su hijo adoptivo?
  3. ¿Sabríais decir cuáles son las principales diferencias entre el libro y la película?
  4. ¿Quiénes eran los ancianos que al final del libro le dieron el tarro de miel a la niña?
  5. ¿Se podría afirma que Tomates verdes fritos es una novela feminista? Justificadlo.
  6. ¿Creéis que esta novela defiende el homicidio justificado?
  7. ¿Se atreve alguien a cocinar alguna de las recetas del final del libro? Si es así, quedamos para probarlas…

GUÍA DE LECTURA – POESÍA: Soneto 130, de William Shakespeare.

Los ojos de mi amada no son en nada como el sol,

el coral es mucho más rojo que sus labios rojos,

si la nieve es blanca, ¿por qué sus pechos son pardos?,

si los pelos son alambres, negros alambres le crecen en la cabeza;

he visto rosas damascadas, rojas y blancas,

pero tales rosas no veo en sus mejillas,

y en algunos aromas hay más deleite

que en el aliento que mi señora trasciende.

Me encanta escucharla hablar, pero sé bien

que la música tiene un sonido mucho más agradable.

Admito que yo nunca vi a una diosa irse,

pues mi ama, cuando camina, pisa el suelo:

y sin embargo, por el cielo, considero que mi amor es maravilloso

como cualquier otro que pudiese ser creído con falsa comparación.

Como habréis comprobado, el soneto 130 es un soneto inglés que tiene también 14 versos, pero está compuesto por tres cuartetos y un pareado final, con un esquema de rima si lo leéis en inglés, pues al traducirlo al español ésta desaparece, de la siguiente forma: abab cdcd efef gg.

Este soneto es un poema bastante inusual, sobre todo en aquellos momentos en que fue compuesto, cuando imperaban los arquetipos petrarquistas y renacentistas donde la imagen de la mujer era idealizada y presentada como un ser irreprochable, sobre todo en lo que se relacionaba con la belleza física. Sin embargo, Shakespeare elude en él de las reglas convencionales abriendo nuevos caminos innovadores y frescos, en el proceso poético, ofreciendo de esta forma una visión alternativa en la que es posible amar a una mujer con todas sus imperfecciones.

El caso es que, aún conteniendo en sí todos los temas correspondientes a la poesía amorosa tradicional, en la que él mismo era un maestro: amor, anatomía, belleza femenina…, aborda la composición de este soneto de una manera totalmente antagonista por su realismo y la ausencia de un lenguaje recargado, florido e idealista.

¿Qué pretende Shakespeare con este ejercicio de honestidad y realismo? ¿Tal vez demostrar que el verdadero amor no depende de una noción ilusoria de la belleza? ¿Huir de los convencionalismos alejándose de la falsedad poética? ¿Aceptar las cosas tal como son? ¿O burlarse de otros poetas de su época muy apegados al modelo petrarquista como Edmund Spenser o Sir Philip Sidney?…

De los ciento cincuenta y cuatro sonetos que Shakespeare escribió, los últimos veintiocho están dirigidos a una misteriosa “Dama Oscura”, una posible amante del poeta de la que parecía, según muestran los poemas, profundamente enamorado a pesar de no poseer ella una belleza perfecta según los cánones contemporáneos, por eso mismo, al resaltar los “errores” de la amada, da la sensación de que los lazos de ese amor se fortalecen. Todo esto entre comillas, claro está, porque con los poetas, y más los del renacimiento, es difícil separar la ficción de la realidad, y sobre todo cuando de hablar de amor se trata.

Pero veamos cómo se producen las antítesis ante las convenciones petrarquistas: La moda de aquel momento era comparar los ojos de la amada con la luz del sol, sin embargo, nuestro poeta lo deja bien claro ya en el primer verso: “My mistress’ eyes are nothing like te sun;”, es decir, no tiene para nada un brillo cegador. El color perfecto de los labios era el rojo de los corales, pero lo deja bien claro en el segundo verso: “Coral is far more red tan her lips’ red;”, no son tan rojos… El ideal de la belleza femenina era una piel blanca y sedosa, porte esbelto, cabello rubio y, como ya hemos dicho, labios rojos y ojos brillantes, así que Shakespeare deja bien claro en los versos siguientes que su amada no es así: “If snow be White, why then her breasts are dun; / if hairs be wires, black wires gro won her head.” Pero los pechos de la protagonista en nada se parecían a la nieve y que eran de un marrón grisáceo (pardo), tal vez porque fuera una mujer de color, y su pelo no era una sutil melena dorada, sino alambres de recio pelo negro, aunque Shakespeare al comparar los cabellos con “alambres” posiblemente se refiriera a la moda isabelina del uso de redes para el pelo tejidas con finos hilos de oro.

Las comparaciones del segundo cuarteto: “I have seen roses damasked, red and White, / but no such roses see I in her cheeks; / and in some perfumes is there more delight / tan in the breath that from my mistress reeks.” Dejan bastante claro que sus mejillas no eran sonrosadas ni su aliento olía a perfume, lo que suele ser muy normal, al igual que cuando se refiere a su forma de caminar, la cual es de lo más natural, y cuando afirma que su voz no suena a música, todo ello en el tercer cuarteto: “I love to hear her speak, yet well I know / that music hath a far more pleasing sound; / I grant I never saw a goddess go; / my mistress, when she walks, treads on the ground.”

Y todo esto culmina en el pareado final donde el poeta afirma con honestidad que a pesar de todo lo anteriormente dicho ella es su amada y, además, no pierde la ocasión de apuntillar a otros poetas que hablan de las suyas adornándolas con falsas cualidades: “And yet, by heaven, I think my love as rare / as any she belied with false compare.”

En conclusión, este es un poema de amor, pero del más puro, ese que no necesita idealizar a una persona para amarla y la ama tal cual es, por lo que a pesar de parodiar en él los usos exagerados de los recursos petrarquistas, al mismo tiempo abraza el tema fundamental de Petrarca, es decir, el amor total y devorador; aunque, quizá, también podamos pensar que es una crítica literaria hacia las metáforas vacías y los lugares comunes, verdadero castigo de la poesía de cualquier tiempo, pues, como dijo Voltaire: “el primero que comparó a la mujer con una flor fue un poeta y el segundo, un imbécil”.

La trenza, de Laetitia Colombani

En este bestseller internacional, tres mujeres de circunstancias muy diferentes en distintas partes del mundo encuentran sus vidas entrelazadas por un solo objeto, lo que les hace descubrir aquello que nos conecta a través de las diferencias: culturas, orígenes o fronteras.

En esta ocasión vamos a trabajar con un libro bastante más reciente de lo que tenemos por costumbre, pues La trenza, la primera novela de la directora, guionista y actriz francesa, Laetitia Colombani, fue editada en 2017 y, al poco de su lanzamiento, ya consiguió un éxito mundial, tanto en ventas, como en crítica. Y no es de extrañar, pues en ella se reúnen varios temas de gran interés en la actualidad, como la condición de la mujer, las diferencias sociales, el racismo, el dolor, el rechazo, la enfermedad, o el capitalismo deshumanizado, aunque también nos habla del coraje que es necesario para seguir, del saber decir “no” y de la esperanza en un futuro mejor.

El desarrollo argumental de este libro nos muestra por medio de sus vidas cotidianas: desde la intocable india, hasta la profesional canadiense, pasando por la emprendedora italiana. Tres mujeres diferentes, alejadas en el espacio, de culturas distintas y estatus sociales desiguales. Sin embargo, vinculadas entre ellas por el mismo deseo de seguir adelante, por su rechazo a la rendición, por su esperanza de que todavía existe un futuro. Y es que, a pesar de estar determinados por el entorno en que actuamos, todos los seres humanos somos, en realidad, actores de nuestro destino. Vivimos en una sociedad y debemos participar en ella, pues es imposible aislarse permanentemente sin vincular nuestro destino al de los demás. La construcción individual no está separada de la social.

La Trenza es una novela polifónica ya que en ella se entrecruzan tres historias correspondientes a tres mujeres: Smita, la joven india perteneciente a la casta de los intocables; Giulia, la joven siciliana que se hace cargo del taller de su padre, y Sarah, la brillante abogada de Montreal. La narración se desarrolla en capítulos cortos con la cadencia que hemos citado anteriormente: Smita, Giulia y Sarah, enmarcado todo por un largo poema donde el narrador (en este caso, narradora) va dando cuenta de la creación e intención de esta novela, de forma que al principio aparece como un prólogo, para continuar como una visión del desarrollo de su trabajo, concluyendo como un epílogo.

La escritura accesible permite entrar con rapidez en la novela y la descripción del modo de vida occidental de Sarah y Giulia, en contraposición de la cotidianidad radicalmente opuesta de la forma de vivir de Smita, nos hace plantearnos algunas dudas y cuestionarnos algunos comportamientos.

Las descripciones son escasas, poco detalle sobre lo mundano, hay una superficialidad en todo ello, recreando la historia casi como en una fábula, lo que les distancia un tanto de la realidad, y recreando los personajes mediante ciertos clichés alrededor de lo que representan. Hay una simetría en las historias, una correlación que se acerca al lector a medida que nos damos cuenta del patrón que hace que estas tres situaciones sean similares, y como sus vidas, a pesar de que no se conocen, se van entrelazando por el aza en la “trenza” que creará una conexión entre ellas.

Smita vive con su marido Nagarajan, cazador de ratas, y su hija Lalita. Smita se encarga de recoger las defecaciones de los habitantes del pueblo, como corresponde a las mujeres de su casta. Pero para que su hija escape de este terrible destino, ella y su marido ahorran lo poco que pueden con la finalidad de escolarizar a Lalita. Pero la niña es maltratada delante del resto de alumnos por el profesor y Smita decide que la única solución que tiene es huir del pueblo…

Por otra parte, Giulia lleva una vida tranquila en Palermo, con sus hermanas, sus padres y la Nonna. Es una joven discreta a la que le gusta pasar el tiempo en la biblioteca. Su padre es dueño de uno de los últimos talleres, Casa Lanfredi, que transforma el cabello en pelucas. Pero el padre de Giulia sufre un accidente del que queda en coma y Giulia debe encargarse de dirigir la empresa familiar, descubriendo que están en quiebra absoluta…

Y completando el trío, Sarah es una brillante abogada empleada en la empresa Johnson & Lockwood. Divorciada, con tres niños, lleva una vida sobrecargada en Montreal porque ella es una mujer joven con carácter que se niega a sacrificar su vida profesional y su carrera. Pero tras unos trastornos que parecían insignificantes, los médicos descubren que Sarah tiene cáncer de mama. Y el gabinete para el que trabaja es muy exigente y no tolera que sus empleados antepongan su vida privada al trabajo…

¿Cómo se enlazarán estas tres historias?… la mejor forma de saberlo es leyendo la novela, una historia en la que veremos cómo, para superar los momentos adversos, lo necesario es valentía, esfuerzo, solidaridad y resiliencia. La trenza es una conmovedora novela de esperanza y renovación, además de una celebración de la feminidad y el poder de la conexión y la perseverancia. Aunque la autora optó por no profundizar en los problemas tan importantes que ha planteado y los deja ahí, como flotando en las conciencias lectoras para que sean ellas las que saquen sus propias conclusiones.

GUÍA DE LECTURA NOVELA: Viento del este, viento del oeste, de Pearl S. Buck

La primera novela publicada de Pearl S. Buck se desarrolla en la década de los treinta del siglo pasado y en ella pretende mostrar su interés por la cultura china y por la situación de la mujer, planteando una historia donde entran en conflicto la tradición con el cambio y el choque cultural entre Oriente y Occidente, dos contiendas que vienen de antiguo en la historia de la humanidad.

Los años durante los que Pearl vivió en China, y que fueron la inspiración para gran parte de su obra, resultaron bastante turbulentos a causa de una profunda crisis de identidad y una desgarradora lucha interna por el poder. China era un país muy apegado a sus tradiciones y a su forma de vida gracias a una de las culturas más antigua y rica del planeta. Sin embargo, soplaban aires de cambio y estos se presumían imparables, sobre todo en las zonas urbanas donde lo occidental estaba penetrando con mucha fuerza. Otra cosa era el mundo rural, de gran importancia en aquellos momentos en la economía y la sociedad china, donde los campesinos mantenían sus costumbres por encima de todo, aguantando con empeño, aunque sin esperanzas, tanto los conflictos políticos como los golpes de la Naturaleza que les traería terribles épocas de hambruna. Pero, con todo, el resto del mundo tampoco se encontraba en sus mejores tiempos a caballo entre dos guerras mundiales y sufriendo los envites de sucesivas crisis políticas, sociales, financieras y sanitarias.

En la época en la que se desarrolla la novela gobernaban en China los ricos terratenientes, quienes dirigían a los campesinos analfabetos mediante un sistema medieval, lo que provocaba el rechazo de las clases burguesas de las ciudades y los jóvenes con estudios, por lo que la China tradicional daba la sensación de estar entrando en un declive imparable. La dinastía reinante de la Emperatriz Tzu Hsi perdió el favor del pueblo tras las matanzas de la Rebelión de los Bóxers, un torpe intento de liberar a China de la influencia extranjera, y por el creciente endeudamiento del país a causa de la guerra contra Japón por el dominio de Corea, por todo ello, no tardaría mucho en caer la monarquía y proclamarse una república que tampoco trajo la tranquilidad, pues con el gobierno de Chiang Kai-Shek se retomó el enfrentamiento con Japón y se producirían nuevos ataques contra los intereses extranjeros, como en el incidente de Nanking de 1927.

El libro está dividido en dos partes: la primera parte se centra en el matrimonio de Kwei-lan, el personaje principal, y la segunda se centra en el creciente conflicto que ocurre cuando el hermano de Kwei-lan decide casarse con una estadounidense, negándose a hacerlo con la joven china a la que estaba comprometido por acuerdo entre las familias. La narradora es una mujer china, la misma Kwei-lan, quien le va contando su historia a otra mujer a la que llama “hermana” y que se intuye occidental.

La primera parte se centra en ella. Se ha casado recientemente con su prometido, un médico chino estudiante de médica en los Estados Unidos y, por lo tanto, acostumbrado a la forma de vida occidental, lo que crea un conflicto en el matrimonio, pues Kwei-lan no sabe mucho sobre la cultura occidental, de hecho, le han enseñado que es inferior a la cultura tradicional china. Así mismo, Kwei-lan está educada en las costumbres tradicionales de la mujer china. Le han educado para ser inferior a su esposo, a no considerarse jamás como una igual a él, a respetar siempre a sus mayores y a llevar sus pies vendados para que no crecieran. 

El marido de Kwei-lan aborrece las costumbres chinas considerándolas arcaicas y desfasadas, practica la medicina occidental en lugar de la tradicional de su tierra, se viste como un occidental y se niega a vivir en la casa de sus padres, al mismo tiempo, no demuestra demasiado interés por la muchacha que le han dado como esposa, a la que trata con respeto, aunque con indiferencia, y eso a ella le angustia y no le comprende cuando él le dice que quiere que sea su igual y que se quite las vendas que aprisionan sus pies impidiendo su crecimiento. Sin embargo, tras el nacimiento de su primer hijo Kwei-lan va aceptando las opiniones de su esposo y se va acercando poco a poco a su forma de pensar.

Por su parte, el hermano de Kwei-lan vuelve de Estados Unidos, donde fue a estudiar contra la voluntad de su madre, pero con el permiso de su padre, algo que su madre aceptó a regañadientes, por lo que le pidió, al menos, que se casase con su prometida, a lo que él se negó. Mientras está en América, se contrae matrimonio con una joven estadounidense y regresa a China para obtener la aceptación de sus padres sobre su nueva esposa, cosa que no consigue, pues ello indigna a su madre, su padre lo toma a broma y considera a la mujer occidental como una concubina y Kwei-lan, aunque al principio está enojada por la desobediencia de su hermano a sus padres y no está dispuesta a aceptar su matrimonio con la extranjera, sin embargo, con el tiempo y el trato se va dando cuenta de que realmente se aman y eso le hace cambiar de opinión. Esto crea una grieta entre su madre y ella. Su hermano y su esposa se mudan a la casa de sus padres con la esperanza de obtener la aceptación de su esposa. En cambio, su esposa es relegada e ignorada por todo el mundo y, cuando se queda embarazada, su madre se molesta todavía más, quien incluso muere sin reconocerla como su legítima esposa. Su padre también decide no reconocerla como la esposa de su hijo. Ante esta situación, terminan saliendo de la casa de sus padres y él renuncia a su herencia para estar con la mujer que ama.

Pearl S. Buck intentó mejorar el tradicional enfrentamiento entre las culturas oriental y occidental con sus escritos demostrando que, en realidad, ambas tradiciones tenían más en común de lo que se quería reconocer. Así mismo, esta pugna corre paralela con la que se lleva a cabo entre lo tradicional y lo moderno donde la guerra está siempre perdida para los pensamientos inmovilistas y conservadores, pues solo es cuestión de tiempo. Y se repite la eterna contradicción de las sociedades paternalistas, procedan del continente que procedan, aquellas donde el papel de las mujeres es, con suerte, secundario y donde están siempre sometidas a los caprichos de los varones y, sin embargo, son ellas las más reacias a los cambios y las más celosas defensoras de las tradiciones, fenómeno este que, seguramente, mucho tendrá que ver con la educación recibida. Sin embargo, Pearl quiere ver una luz al final del túnel haciendo que su protagonista, Kwei-lan, vaya evolucionando a medida que su marido le va mostrando la nueva realidad de las cosas o, como en el caso de la esposa americana de su hermano, sea la paciencia y el tiempo quienes vayan colocando las cosas en su sitio.

Por su parte, Pearl describe el status secundario de las mujeres chinas en su cultura: Los hombres viven en la misma casa separados de las mujeres. El padre tiene varias concubinas e hijos de ellas. La madre de Kwei-lan los alimenta y los aloja, aunque esté molesta. Su madre también acepta todas las decisiones que toma su esposo, incluso si ella no está de acuerdo. Solo cuando su madre se está muriendo, Kwei-lan la escucha decir palabras de resentimiento por la forma en que su padre la ha tratado. Este tema de la discriminación de género puede darnos la sensación de algo propio de tiempos antiguos, sin embargo, solo tenemos que comparar los derechos de la mujer española en la década de los setenta del pasado siglo con los de la actualidad, y eso que todavía queda mucho camino por andar. Pero estados similares a los representados en esta novela, incluso bastante peores, todavía están vigentes hoy en día en diversas partes de nuestro planeta.

Curiosamente, Viento del este, viento del oeste, fue rechazada por veintiocho editoriales y siete revistas, hasta que llegó a manos de Richard J. Wash quien se decidió a publicarlo, a pesar de que no le acababa demasiado, y así su compañía John Day Company dio el pelotazo comprando los derechos de las futuras obras de una mujer de treinta y ocho años, casada, aunque a punto de separarse, con un montón de hijos adoptivos, quien había vivido casi toda su vida en China, que llegaría a ser Premio Nobel de Literatura y su próxima esposa, por lo que no resulta extraño que, al recordar ese primer contrato, Wash asegurase que fue la mejor decisión que había tomado en su vida.

Pearl Comfort Sydenstricker nació el 26 de junio de 1892 en Hillsboro, Virginia Occidental, hija de Caroline Stulting y Absolom Sydenstricker, ambos misioneros presbiterianos. El resto de su familia fueron su hermano mayor, Edgar, y su hermana menor, Grace. A la tierna edad de tres meses, sus padres decidieron volver a China, donde ya habían estado anteriormente, y donde Pearl recibió una educación mixta: su madre le enseñó su cultura natal, mientras que su tutor chino le enseñó sobre su país adoptivo. El amor de Pearl por la escritura se desarrolló a una edad temprana con el estímulo de su madre; a los 7 años había logrado publicar una de sus cartas en el Christian Observer. En 1900, el mismo año en que nació su hermana, se produjo la tumultuosa rebelión de los boxers, por lo que la familia se mudó a Shanghai, donde asistiría a la Escuela Jewell. Tras de una breve visita a los Estados Unidos, Pearl y su familia se mudaron nuevamente a Chinkiang. En 1911, Pearl volvió a los Estados Unidos, donde asistió a Randolph – Macon Woman’s College en Virginia, graduándose en 1914 y regresó a China para trabajar como misionera presbiteriana. El 13 de mayo de 1917 se casó con John Lossing Buck, convirtiéndose ambos se convertirían en profesores universitarios de la ciudad china donde vivían. En 1920, Pearl daría a luz a su primer y único hijo biológico, una niña llamada Carol que sufría de discapacidad intelectual. Carol, sin embargo, no sería la única hija de Pearl, pues adoptaría a nueve niños más de raza mixta. Tras los incidentes de Nanking de 1927 se marcharon a Japón, pero a causa de la frágil salude de Carol, Pearl viajó a Estados Unidos con su hija para buscar alguna solución y allí escribió Viento del este, viento del oeste, en un intento desesperado de encontrar financiación. La novela sería publicada en 1930. Cinco años más tarde, Pearl se había divorciado de su primer marido, vivía definitivamente en Pensilvania y se había casado con su editor. En 1931, Pearl escribiría La buena tierra, que la daría la fama y una variedad cantidad de premios: entre ellos el Pulitzer y la Medalla William Dean Howells. Sin embargo, su mayor premio vendría en 1938, cuando recibió el Premio Nobel de Literatura, siendo la primera mujer estadounidense en recibirlo. Pearl continuaría escribiendo durante toda su vida, teniendo más de 40 libros en su haber, y compatibilizando su trabajo con las causas humanitarias, por lo que pronto estuvo en el punto de mira del senador Joseph McCarthy, de infausto recuerdo, incluso después de que ella denunciara públicamente el comunismo. Pearl Buck murió en 1973 en Danby, Virginia, a la edad de 81 años.

El lagarto está llorando, de Federico García Lorca.

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El poema que os proponemos en esta ocasión es un ejemplo del interés que Federico García Lorca tuvo por el mundo infantil y por la naturaleza, dos temas que nos sirve para relacionarlo, como siempre intentamos hacer, con la novela propuesta, la cual, como ya podréis haber comprobado quienes la hayáis leído, tiene como tema principal la visión del mundo natural desde la perspectiva de un niño.

El lagarto está llorando.                                                                    La lagarta está llorando.

El lagarto y la lagarta                                                                      con delantalitos blancos. 

Han perdido sin querer                                                                      su anillo de desposados.

¡Ay, su anillito de plomo,                                                                   ay, su anillito plomado!

Un cielo grande y sin gente                                                              monta en su globo a los pájaros. 

El sol, capitán redondo,                                                                 lleva un chaleco de raso.

¡Miradlos qué viejos son!                                                               ¡Qué viejos son los lagartos!

¡Ay cómo lloran y lloran, ¡ay!,                                                       ¡ay!, cómo están llorando!

fot_4818_grEl poema tiene una estructura adecuada para ser musicado: estrofas de dos versos que forman individualmente una unidad de significado, rima asonante en los versos pares quedando libres los impares, todos los versos, excepto los dos últimos que tienen nueve y siete sílabas, son octosílabos y aparecen muchas interjecciones, exclamaciones, diminutivos y repeticiones, así mismo, debemos tener en cuenta la personificación de los lagartos, los cuales son utilizados como símbolo de la vejez, y la del cielo y del sol, al que incluso le adjudica el título de “capitán”. Todos estos elementos favorecen el ritmo y hacen el poema atractivo para el recitado y fácil de memorizar.

Los protagonistas son dos viejos lagartos, el lagarto y la lagarta, que están llorando porque han perdido su anillo de desposados, por lo que es fácil deducir que en su llanto hay más una motivación nostálgica por el paso del tiempo que por la pérdida del objeto en sí, el cual representa todas las sucesivas pérdidas de aquellas cosas, momentos, sentimientos que ya no volverán.

El amor y el afecto son de por sí los elementos que subyacen en el poema y que se adivinan al ver la imagen de ambos lagartos llorando juntos, compartiendo juntos una pena común por una vida pasada en armonía entre ambos que ya no regresará, eso es lo que han perdido sin querer perderlo. En este caso, los diminutivos ayudan a aumentar la expresión de esa imagen de ternura y, en cierta forma, de tristeza, como “delantitos blancos”, que no es ni más ni menos que una descripción de los lagartos, los cuales suelen ser oscuros por el dorso y claros por la panza, aunque en manos de Lorca, estas dos palabras pueden ser una metáfora de la pureza, así como el anillo representa la unión, el compromiso del uno con el otro, mucho más grande, si cabe, al no estar fabricado con un metal precioso como oro o plata, sino con plomo, un metal mucho más pesado y que necesitaría de los dos para poder ser cargado.

Esta tristeza contrasta con el despliegue de vida y jovialidad que desarrolla la naturaleza a su alrededor: el cielo, los pájaros, el sol… todo redondo y puro y sin gente… Demostrándonos de esta forma lo íntimo de las penas propias y la evidencia de que, a pesar de nuestras aflicciones, el mundo sigue su curso.

Es curioso descubrir que en un poema infantil se puedan esconder sentimientos tan profundos y, a la vez, contradictorios, pero eso es algo totalmente intencionado por parte de Lorca para quien el mensaje no estaba reñido con lo lúdico ni lo bello. Él poseía una sensibilidad jovial y una curiosidad auténtica por las cosas, lo que le hacía verlas desde un prisma diferente, por eso, cuando componía poemas para niños, no trataba de ellos, si no que infantilizaba los temas importantes de la existencia para que la gente menuda pudiese captar la idea.

Este poema fue incluido por Lorca en su poemario Canciones, publicado en 1927 y donde se puede apreciar el Lorca popular y tradicional que siempre se compaginó, a lo largo de toda su obra, con el poeta vanguardista.

GUÍA DE LECTURA – NOVELA: Mi familia y otros animales, de Gerald Durrell

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Mi familia y otros animales es una novela, autobiográfica en cierta medida, del escritor británico Gerald Durrell, donde se describen los primeros años pasados por la familia Durrell en la isla griega de Corfú, esta novela tendrá sus secuelas en Bichos y demás parientes y El jardín de los dioses, formando así la trilogía de Corfú. La novela es un divertido retrato de varios personajes y diferentes lugares.

9788420674155El personaje central y narrador es Gerry, quien en el momento de llegar a Corfú tiene diez años. Es el primer miembro de su familia en aprender griego y se adapta perfectamente a las costumbres isleñas. Sus intereses principales son la biología, la botánica y el cuidado de los animales, por lo que pasa la mayor parte de su tiempo observando la vida vegetal y animal en los jardines de su familia, o por los terrenos aledaños, detallando sus descubrimientos. Gerry tiene una visión negativa de la educación, pues piensa que las actividades educativas tienen poco o nada que ver con la ciencia y son aburridas e improductivas, por lo que sus tutores lo van culturizando con el recurso de ir insertando algún toque zoológico en las lecciones. Su pasión es ir coleccionando mascotas, ya sea capturándolas o comprándolas, a las cuales personifica poniéndoles nombres. Este amor de Gerry por la naturaleza es tolerado, aunque no compartido, por la mayor parte de la familia, excepto por Larry, el hermano mayor, quien está en total desacuerdo y hace todo lo posible para desviarlo hacia la literatura, con muy poco éxito. Uno de los mejores amigos de Gerry es Teodoro, un científico que trata a Gerry como si fuera un adulto y le presta libros sobre biología y botánica y herramientas, como microscopios, diapositivas, productos químicos para preservar especímenes, que ayudan a Gerry a aprender con más facilidad sobre la naturaleza.

image-w1280Por su parte, Teodoro es un biólogo entusiasta a quien Gerry conoce a través de George, un amigo de Larry. Impecablemente vestido y con una larga barba que es una evidencia, para Gerry, de su valía como científico, Teodoro se convierte rápidamente en uno de los mejores amigos de Gerry. Teodoro es su primer en su tutor y se lo gana con su manera de enseñar que consiste en no parecer que está enseñando, sino recordándole cosas que ya sabía y de las que se había olvidado. A Teodoro le encanta ver cómo aterrizan los hidroaviones y se siente muy incómodo en los saludos y en las reuniones. Tiene una enorme biblioteca sobre temas que él llama “sensibles”, como biología, botánica o folklore, así como una buena colección de novelas de misterio y crímenes que comparte con Madre. Los jueves por la tarde se reúnen Teodoro y Gerry para mirar diapositivas o pasear y recolectar especímenes de la naturaleza. Le encanta contar historias absurdas sobre Corfú, y también tiene un gran repertorio de chistes y juegos de palabras malos que despliega en cuanto tiene ocasión, aunque de quien más se ríe es de sí mismo y nunca se toma demasiado en serio, por lo que pronto se convierte en una persona imprescindible en la familia y es al único que Madre permite verla en traje de baño.

En el polo opuesto tenemos a Larry (Lawrence Durrell, quien también sería un escritor famoso autor de Cuarteto de Alejandría). Larry tiene veintitrés años al principio de la novela. Es el intelectual y carga consigo tantos libros que tiene que contratar a unos trabajadores locales para que metan sus baúles a través de una ventana por medio de unas poleas. Al igual que su madre, está obsesionado con dar la sensación de pertenecer a una familia inglesa acomodada, por culpa de ello siempre está exasperado o decepcionado con los miembros de la familia a quienes acusa de comportarse de manera incorrecta, ya que la única manera correcta de hacer las cosas es como él piensa, sin embargo, cuando él comete errores, no es capaz de asumir su responsabilidad. Con frecuencia sugiere cosas a Madre bastante absurdas, como mudarse a Corfú porque en Inglaterra llueve mucho o cambiar de villa, ya en la isla, para acomodar a la tropa de amigos que invitó durante el verano, en ambos casos, ante las primeras negativas de Madre, asegura que lo que él dice es la forma lógica de proceder y que su madre es una rara por no acceder. Se pasa todo el tiempo intentando convencer a la familia de que lean literatura “adecuada” en vez de las novelas de misterio. Pero, sobre todo, Larry es el mayor adversario de Gerry en relación con el mundo natural desde que descubre pequeños animalitos guardados en las cajas de fósforos y ya se sublima cuando las urracas le destrozan la habitación.

Madre, de quien nunca se menciona su nombre, es una viuda cuyas vocaciones se circunscriben entre la cocina y el jardín. Hace todo lo posible para apoyar a sus hijos en sus respectivos intereses e intenta dirigir la familia de forma razonable, aunque, menos Gerry, el resto de hermanos se burlan de ella. Es la típica mujer burguesa preocupada por mantener las apariencias, sin embargo, es la única persona en toda la familia que apoya a Gerry en su interés por la naturaleza, acepta sus mascotas e intenta que el resto haga lo mismo, aunque también se niega a admitir animales peligrosos en casa. Trata a sus hijos con aire despreocupado y los humilla con ironía, pero casi siempre cede, incluso sabiendo que lo pedido es claramente absurdo.

2683909_originalDesde los primeros capítulos, nada más llegar a la isla, se les une un personaje bastante peculiar, Spiro Hakiaopulos, un griego corpulento y peludo que trabaja de taxista y toma a la familia Durrell bajo su protección, sobre todo porque él habla inglés que aprendió en Chicago, donde pasó ocho años. Spiro se encarga de que los Durrell no sean estafados y discute con el agente de aduanas para que las pertenencias de la familia les lleguen sin demasiados problemas. Gerry dice de Spiros que actúa como si fuera el dueño de la isla, aunque eso mismo dice Spiro de otros cuando habla mal de ellos, aunque Gerry también se refiere a Spiro como el ángel guardián de la familia. Spiro adora a Madre y le informa de todas las correrías de sus hijos, sobre todo cuando él piensa que están sobre terreno inseguro. Spiro tiene cierto cariño por Gerry a quien le consigue los peces dorados, los cuales los sustrajo del estanque del palacio donde se hospedan los dignatarios extranjeros cuando visitan la isla.

El segundo hermano en edad de Gerry es Leslie, quien cuando comienza la novela tiene diecinueve años. Sus principales intereses son la caza y las armas, comprando varias de estas durante su estancia en Corfú, pues piensa que, si uno puede cazar y navegar, ya puede sobrevivir en la vida, y esto lo utiliza Gerry para convencerle de que le construya un bote para su cumpleaños. Leslie y Larry son bastante antagonistas y lo que más le saca de quicio a Larry es la agilidad y elasticidad de Leslie y le asegura que todo el mundo puede hacer las cosas que él hace si se para a pensarlo con lógica, pero cada vez que Leslie le reta, Larry hace el ridículo. Lo que más le gusta, después de cazar, es contar a la familia sus aventuras cinegéticas. No se mete con la afición a las mascotas de Gerry salvo cuando trae serpientes, que le aterrorizan.

Y la única hermana de Gerry es Margo, la cual tiene dieciocho años al comienzo de la novela. Sus mayores intereses son: curar su acné, para lo que usa varias lociones y cremas, tomar el sol, vestir con ropas diáfanas y fluidas y experimentar con dietas ridículas. Es la única de todos los hermanos que aboga por las aficiones de Gerry, menos cuando se refiere a los insectos. Durante la estancia en la isla tuvo diferentes relaciones, aunque ninguna duró mucho tiempo, sin embargo, cuando la familia orquesta su ruptura con Peter, ella se encerró una semana en el ático.

El último tutor de Gerry fue Kralefsky, un hombre de baja estatura, calvo y jorobado que, la primera vez que lo vio, Gerry pensó que era un gnomo. Su misión era enseñarle inglés, pero sus primeros intentos fueron bastante frustrantes, así que cambió el método y le hizo aprender francés leyendo una guía de aves francesas, porque Kralefsky era avicultor y tenía el piso superior de su casa repleto de jaulas con toda clase de pájaros. Al igual que a Teodoro, a Kralefsky también le encantaba contar historias, pero a diferencia de aquel, estas no eran ciertas y Gerry descubre que, si él le contaba algo, al día siguiente Kralefsky tenía una historia preparada sobre ello. Pero Kralefsky también tenía su parte seria y responsable, pues cuidaba con mucho cariño de su anciana madre, la cual una tarde presenta a Gerry.

Y por último en este repaso de los personajes más importantes de la novela, está Roger, el perro de la familia y el compañero de Gerry en todas sus correrías. Es grande y con pelo negro rizado y una buena cola. Su lealtad a la familia le conduce a atacar todo aquello que considera una amenaza para ellos, incluido el traje de baño con volantes de Madre. Su amistad con Gerry le lleva a aceptar a todas las mascotas que aquel adopta, sin embargo, tiene una fuerte rivalidad con todos los perros callejeros de Corfú, contra los que intenta luchar a la mínima ocasión.

descargarMi familia y otros animales se desarrolla, principalmente, en la isla griega de Corfú, situada en el Adriático, frente a las costas de Albania y Grecia. En ese momento Gerry tiene diez años y está muy interesado en todo lo que concierne con la naturaleza, por lo que esta isla supone para él un enorme paraíso donde puede observar a sus anchas plantas y animales. De esta forma, Gerry conecta a su familia con el mundo natural, incluso a pesar de ellos, demostrando que la naturaleza forma parte inevitable de la existencia y, para coexistir armoniosamente con ella, lo mejor es no intentar domesticarla, sino aceptarla tal cual es.

Las descripciones de lo que Gerry observa tanto en su jardín, como en sus correrías por la isla, ocupan gran parte de la narración, y Durrell no economiza ejemplos de ello, desde los ciclos de la vida de las tijeretas o las mantis religiosas, hasta los hábitos de apareamiento de las tortugas. Así mismo, muchos capítulos los abre describiéndonos los cambios estacionales, dando casi más importancia al curso natural de la vida isleña que a los hechos realizados por los miembros de la familia protagonista.

610300Este enfoque centrado en el mundo natural sitúa a éste como una realidad que afecta a todo lo demás, queriendo demostrar que está intrínsecamente conectado a las personas que lo habitan, algo que solamente Gerry y el grupo de personajes con los que se relaciona saben valorar, mientras el resto, o lo ignoran normalmente, aunque a veces colaboren con Gerry, como Madre o Margo, o directamente lo detestan, como el hermano mayor, Larry.

Sin embargo, todos tienen que convivir con las mascotas con las que Gerry va llenando la casa, siendo algunos tolerados, como la tortuga Aquiles o la paloma Quasimodo, resultando esta aceptación familiar un reforzamiento de la creencia de Gerry sobre que el mundo natural es maravilloso y capaz de proporcionar compañía e interés a la vida de los humanos, así como que, recíprocamente, los humanos deben esforzarse por vivir en armonía con la naturaleza. Claro que está tolerancia no aparece con otros animales de los que Gerry lleva a casa, como la madre escorpión y sus bebés o las destructivas y revoltosas urracas.

c1f32dacbbf0a0c681b744430e4b9e92f6689e4aEl interés por la naturaleza diferencia a Gerry del resto de su familia, pues él es el único que está interesado en comprender al mundo natural, y el resto, aunque a veces lo disfrute, solamente se interesa por sus posibles utilidades, como Leslie, para cazar, o Margo, para coger color al sol. Pero Gerry tampoco llega a comprender, a pesar de las reacciones incontrolables de algunas de sus mascotas, que la naturaleza no se puede domesticar al completo por los humanos.

Otro punto digno de mencionar en Mi familia y otros animales tiene que ver con las absurdas historias que se cuentan en ella, sobre todo por parte de Teodoro, quien parece estar convencido que lo absurdo es algo inherente a Corfú, pues asegura que en aquella isla puede ocurrir cualquier cosa, apoyándose en la máxima de que, si algo puede salir mal, saldrá mal. Lo curioso es que los lugareños tienen esa misma sensación y han hecho de lo absurdo su forma de vivir.

En principio, los sucesos absurdos y humorísticos surgen de las diferencias culturales y lingüísticas entre los Durrell ingleses y la población griega local, y ello provoca pequeños conflictos y malentendidos que producen hilaridad en los lectores, aunque en este caso también dependerá de la perspectiva y los estereotipos culturales, pues no todo lo que parece gracioso para unos lo tiene que parecer necesariamente igual para el resto.

En esta diferenciación también tiene mucha importancia la brecha generacional, y como ejemplo podemos utilizar la fácil adaptabilidad de Gerry, el más joven de la familia Durrell, a las costumbres isleñas y que sea el único que aprende a hablar griego, algo que al resto les parece absurdo y pintoresco.

Con todo, las historias narradas por Teodoro, por muy irracionales que parezcan, llenan de colorido la narración y son bastante bien aceptadas por la familia en general, lo que sugiere que, por muy absurda que los visitantes encuentren la vida de Corfú, es innegable que la vida allí es maravillosamente extraña y, por ello, mucho más satisfactoria y rica que la de quienes se consideran intelectualmente superiores.

Por otro lado, la novela también nos plantea una reflexión sobre la evolución de los valores desde la infancia hasta la edad adulta y el papel que juega en este cambio el tipo de educación recibida. El ejemplo lo tenemos con la diferencia de perspectiva de Gerry y el resto de su familia hacia lo que les rodea. Él lo ve todo desde su punto de vista infantil: curioso, un poco ingenuo y a menudo absorto en su mundo, pero, sobre todo, anhelante de hacer amigos y ser aceptado por todas aquellas personas que le pueden aportar algo a sus deseos de descubrir los secretos de la naturaleza. Mientras tanto, Madre y los hermanos se encierran en su caparazón mirándolo todo desde la distancia y, cuando se dignan a contactar con la gente de Corfú, lo hacen con cierto sentimiento de condescendencia.

2459En cambio, sus mejores amigos durante su estancia en Corfú son todos mayores, como Teodoro, a quien el niño encuentra fascinante, que trata a Gerry como una persona plena y se comporta con él con una naturalidad espontánea que el propio Gerry considera infantil y traviesa, a pesar de su naturaleza científica, algo que el niño agradece, o el avicultor Kralefsky, quien también lleva una vida muy atractiva a los ojos del pequeño, aunque no descuida por ello sus deberes como persona madura, como cuidar a su anciana madre o machacar a Gerry con el francés y que fuera él quien aconsejara a Madre que Gerry debería volver a Inglaterra para completar su educación, algo que el niño no ve con buenos ojos pues teme que, al hacerlo, pierda su afán de curiosidad sobre las cosas. Y es que Gerry ve que sus hermanos y su madre, productos de una educación tradicional, han perdido interés por los misterios de la vida, creyendo saber mucho cuando, en realidad, no saben casi nada.

Y es que, para Gerry, las únicas cosas en la vida que son más importantes que sus actividades científicas, son sus relaciones con sus amigos, y en especial, con sus amigos no humanos, a quienes antropomorfiza dándoles nombres y descubriendo sus personalidades y peculiaridades, al mismo tiempo que se responsabiliza de ellos y les cuida.

Así, tenemos a Roger, el perro familiar, que acompaña a Gerry donde quiera que él vaya y dándole sus opiniones sobre sus descubrimientos, tirando de él cuando las cosas se ponen aburridas y siendo amistoso con otras criaturas cuando se lo pide Gerry, encarnando, de esta forma todas las cualidades de un buen amigo. Luego está Ulises, el búho, quien al principio no parece muy interesado en entablar una amistad con el perro, pero que a la larga decide que Roger puede ser una forma aceptable de transporte, estableciendo una relación que reafirma la tesis de Gerry de que los animales también pueden ser amigos entre ellos y con el ser humano, por lo que toda forma de vida merece tener una atención adecuada y cierta consideración.

Sin embargo, hay otras especies con las que es más difícil establecer esos lazos, por ejemplo, con las urracas Magenpies que, tras destrozar la habitación de Larry, no le quedó otro remedio a Gerry que encerrarlas en una jaula. Algo similar le ocurrió con la gaviota Alecko, aunque él siempre mantuvo limpias sus jaulas y les atendió en todas sus necesidades. Con los hábitats de las tortugas, los peces dorados y las serpientes, tuvo más problemas y, sobre todo, porque entre estos animalitos no se pudo conseguir un acercamiento amistoso, ya que las tortugas comen peces dorados y las serpientes se comen a las otras dos especies, aunque algo tuvo que ver con este fracaso el hecho de que Leslie se encontrase las serpientes en el baño. Y aunque Gerry abogase a favor de sus mascotas, no le queda otra que aceptar que él es el único miembro de su familia dispuesto a responsabilizarse de ellas.

El amor de Gerry por los animales nos brinda algunos de los pasajes más conmovedores de la novela y, sobre todo, al tratarlos con la misma consideración que a las personas, a pesar de que, hoy en día, no estaría bien visto que sacase a las crías de sus nidos o a otros animales de su hábitat natural, pare tenerlos encerrados en su casa.

p01g73q9Gerald Durrell fue el quinto y último hijo de su familia, pues una hermana mayor murió en la infancia. Su padre era ingeniero en la India, aunque la familia se trasladó a Londres antes de que el padre muriera. Al poco tiempo de este hecho, la señora Durrell se trasladó a la isla griega de Corfú con sus hijos Gerald (Gerry), Margo y Leslie, pues Lawrence (Larry) ya vivía allí con su esposa. La familia Durrell abandonó Corfú al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, y en 1943, Gerald sirvió en el ejército trabajando en una granja. En 1947 comenzó a realizar expediciones de recolección de vida silvestre, cuya técnica difería mucho de las practicadas en la época, ya que nunca recolectaba en exceso y no compraba a los recolectores profesionales. Después de casarse con Jacquie, ambos comenzaron a escribir libros para financiar las expediciones de Gerald y la conservación de los animales. A mediados de la década de los cincuenta del pasado siglo, desilusionado con la forma en que trataban a los animales en los zoológicos, Gerald se decidió a abrir el suyo propio, cosa que llevó a cabo el año 1959 en Jersey, un zoológico que pronto se convirtió en pionero en la cría en cautividad de especies en peligro de extinción. Gerald y Jacquie se divorciaron en 1979 y, poco después, se casó con su segunda esposa, Lee McGeorge. Durante la siguiente década lanzó varios grupos de conservación, destacando el Durrell Wildlife Conservation Trust. Gerald Durrell falleció en 1995 después de que su salud comenzara a deteriorarse tras un viaje a Madagascar.

GUÍA DE LECTURA – POESÍA: Oda a la pacificación, de Mario Benedetti

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No sé hasta dónde irán los pacificadores con su ruido metálico de paz
pero hay ciertos corredores de seguros que ya colocan póliza contra la pacificación
y hay quienes reclaman la pena del garrote para los que no quieren ser pacificados.

cuando los pacificadores apuntan por supuesto tiran a pacificar
y a veces hasta pacifican dos pájaros de un tiro.

es claro que siempre hay algún necio que se niega a ser pacificado por la espalda
o algún estúpido que resiste la pacificación a fuego lento

en realidad somos un país tan peculiar
que quién pacifique a los pacificadores un buen pacificador será.

El fino sarcasmo del poeta uruguayo Mario Benedetti está presente en cada uno de los nueve versos de este poema, jugando con la contradicción que supone el eufemismo utilizado por muchos golpistas para hacerse con el control del poder, sobre todo económico (a fin de cuentas, lo único que les interesa), de sus países, triste realidad histórica y actual de Hispanoamérica. Algo que el propio Benedetti sufrió en persona tras el Golpe de Estado y la instauración en su país de una dictadura cívico – militar desde el 27 de junio de 1973 hasta el 1 de marzo de 1985, lo que le llevó al exilio.

En aquellas naciones donde la pobreza es norma y la riqueza es propiedad de unos pocos, el ejército no es el garante de la estabilidad y la defensa del pueblo, por el contrario, al proceder todos sus mandos de las familias oligarcas, el orden que defienden es el de la alta burguesía, la cual, cuando siente en peligro algunos de sus privilegios, no duda en echar manos de las tropas para “pacificar” el país.

Pero lo triste es que también hemos visto, a lo largo de la historia, cómo varias revoluciones que se denominaban populares, una vez alcanzado el poder, se han convertido en otro tipo de tiranía olvidándose de los ideales que les llevaron hasta allí y queriendo perpetuarse en la poltrona hasta convertirse también ellos en opresores.

Por ello, el sarcasmo de Benedetti sabe a amargura y va mucho más allá de una simple ironía, sabe a desengaño, a pérdida de la esperanza y a la dura resignación ante la condición humana. Y es que se da cuenta de que el pueblo no necesita que nadie haga las cosas por “su bien”, no necesita de salvadores ni mesías, que más pronto o más tarde se descubren en su cruda realidad. Y Benedetti lanza su protesta con sonrisa torcida por el dolor de ver cómo se oprime, se tortura y se mata a inocentes en nombre de la paz, tanto en aquellos que se lanzan contra su propio pueblo como esos “pacificadores” que invaden países para imponer la democracia. La democracia no se impone ni se regala, simplemente se consigue entre todos. Imponer democracias es la nueva escusa que disfraza la colonización.

Oda a la pacificación apareció en su poemario Letras de emergencia, escrito entre 1969 y 1973, cuando en Uruguay se abatía una profunda crisis económica, social y política que contrastaba con los años de bonanza y prosperidad vividos en las décadas anteriores cuando se llegó a denominar a este país “la Suiza de América”, pero una necesidad casi absoluta de la inversión extranjera, lo que hacía salir al exterior la mayor parte de los beneficios, quedando el resto en manos de unos pocos, y una dependencia energética completa de terceros países, lo que hacía aumentar la deuda pública, produjo una enorme inflación que abrió mucho más la gran brecha existente en las clases dirigentes y el resto del pueblo, lo que provocó disturbios, revueltas y la aparición de la guerrilla de los “Tupamaros”, algo que los diferentes gobiernos de las décadas de los 50 y 60 no supieron controlar, dejando el paso franco al ejército para llevar a cabo el Golpe de Estado que encontró la resistencia de la mayoría del pueblo, por lo que no dudaron en utilizar la fuerza de las armas, las detenciones masivas, las torturas tanto físicas como psicológicas, las vigilancias permanentes, los exilios, las desapariciones y las muertes. Todo para “restaurar la paz”…