GUÍA DE LECTURA – NOVELA: Los cuatro jinetes de la Apocalipsis, de Vicente Blasco Ibáñez.


GUÍA DE LECTURA – NOVELA: Los cuatro jinetes del Apocalipsis, de Vicente Blasco Ibáñez -PDF

Publicada en 1916, en pleno horror de la “Gran Guerra”, Vicente Blasco Ibáñez representó con singular acierto en Los cuatro jinetes del Apocalipsis las distintas fuerzas, intereses y mentalidades cuyo enfrentamiento llevó a la primera conflagración mundial. Estructurada en torno a dos familias -los Desnoyers y los Hartrott- que, aunque provenientes parcialmente de un tronco común, pertenecen cada uno a uno de los bandos en conflicto, la novela discurre ágilmente por los escenarios dantescos de una Europa rota, sobre cuyos desolados campos de batalla el gran vitalista que fue Blasco hace latir finalmente, salvaje e invencible, el deseo de vivir.

En todo tipo de guerra, la primera víctima es la verdad.

9788420652894[1]Vicente Blasco Ibáñez, uno de los más grandes escritores realistas, no solo de España, sino incluso universal, intentó ser fiel a los dos impulsos vitales en que se apoyaba para realizar sus obras: su militancia artística y su militancia social, lo cual le llevó a no pocos conflictos internos, pues mientras que la primera le empujaba a reflejar la realidad con toda objetividad, la segunda le hacía aflorar la subjetividad de un hombre participante convencido en el eterno desarrollo de la lucha social. De ahí que no le faltasen las acusaciones sobre la existencia de un calculado maniqueísmo en sus trabajos.
Los cuatro jinetes del apocalipsis es, tal vez, si no la más importante, una de sus mejores novelas y en ella se reflejan los horrores y errores de la guerra, concretamente la Primera Guerra Mundial, vistos en primera persona, pero no por los combatientes, sino por los espectadores inevitables que la sufrieron sin poder hacer mucho más que sobrevivir, tal y como el propio autor nos dice en la introducción:
“Esta novela la escribí en París cuando los alemanes estaban a unas docenas de kilómetros de la capital, y bastaba tomar un automóvil de alquiler en la plaza de la Ópera para hallarse en menos de una hora a pocos metros de sus trincheras, oyendo sus conversaciones a través del suelo siempre que cesaba el traquetear de los fusiles y ametralladoras, restableciéndose el silencio sobre los desolados campos de muerte”.

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Ya había concluido la batalla del Marne que frenó el avance de las tropas alemanas hacia París y Blasco Ibáñez, recién llegado de Argentina, había colaborado en la defensa de la democracia con lo que mejor sabía hacer, “sus escritos espontáneos a favor de Francia”, cosa que le agradeció el propio presidente de la República, M. Poincaré, en persona, aprovechando ese encuentro para hacerle una petición:
“Quiero que vaya usted al frente -me dijo-, pero no para escribir en los periódicos. Eso pueden hacerlo muchos. Vaya como novelista. Observe, y tal vez de su viaje nazca un libro que sirva a nuestra causa”.
¡Y vaya si lo escribió!…
Leyendo sus páginas, y gracias a su capacidad para reflejar el verismo y la inmediatez de lo que él mismo estaba contemplando, nos vamos introduciendo en una guerra inverosímil, impensable, pero que muchos deseaban. Claro que, a causa de la ideología del autor, los alemanes aparecen inevitablemente como los malos, con su sentimiento de raza superior, su desprecio de los otros pueblos europeos, sobre todo de los mediterráneos, su soberbia al considerarse los destinados para unificar Europa bajo su yugo, y empeño en adoctrinar al resto de culturas… lo curioso es que eso que él describía en 1916, se confirmó trágicamente veinticuatro años después con el infierno de Hitler.
Pero volviendo al principio, fiel a sus ideales artísticos y sociales, y no queriendo apartarse de ninguno, Vicente Blasco Ibáñez habla a través de sus personajes, predominando la observación sobre la acción, llegándonos la mayor parte de las escenas de enfrentamientos bélicos de oídas, pues no las protagonizan los personajes principales, pero son ellos quienes van exponiendo todas las ideas que fluyen de su cabeza y no el narrador en sí, sin embargo, y a pesar de que son todos ficticios, muchas de las situaciones descritas están inspiradas de la realidad:
“El primer capítulo de Los cuatro jinetes del Apocalipsis me lo proporcionó un viaje casual a bordo del último trasatlántico germánico que tocó en Francia”.

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Y en la novela esto mismo le ocurre a Julio Desnoyers, un joven franco-argentino que vuelve a casa tras recaudar las rentas de las tierras familiares en aquella nación sudamericana, y es él quien nos describe lo que en realidad escuchó y vio el propio autor de primera mano ofrecido por los pasajeros alemanes que tenía como compañeros de viaje:
“Les oí hablar con entusiasmo de la “guerra preventiva”, y celebrar, con una copa de champaña en la mano, la posibilidad, cada vez más cierta, de que Alemania declarase la guerra, sin reparar en pretextos”.
La batalla del Marne la describe desde dos posiciones: el París abandonado por el Gobierno que, ante la inminente invasión teutona prevista, se trasladó a Burdeos, de la mano de la familia Desnoyers y su día a día en una ciudad donde se respiraba el miedo, donde se palpaba el silencio, la soledad, la desesperanza, tal como él mismo pudo experimentar:
“Marchando por las avenidas afluentes al Arco del Triunfo, que en aquellos días parecían de una ciudad muerta y contrastaban por su fúnebre soledad con los esplendores y riquezas de los tiempos pacíficos, tuve la visión de los “cuatro jinetes”, azotes de la Historia, que iban a trastornar por muchos años el ritmo de nuestra existencia”.
El París de las estaciones repletas de hombres alegres camino del frente y mujeres y niños llorosos o de ancianos orgullosos, incluso algunos llenos de envidia viéndo partir a sus hijos a defender a la patria. Hijos que muchos ya no volvería y que otros muchos lo harían sin aquella alegría inicial, destrozados físicamente o en lo más profundo de su espíritu.
Y la otra posición era el mismo frente, donde él fue por petición del presidente de la República, desarrollándose esa visita a cargo del viejo Marcelo Desnoyers, en dos episodios, concretamente: uno con la excusa de defender sus posesiones y el otro, cargado de enfrentados sentimientos de culpabilidad y arrepentimiento, arrastrado por el miedo de perder lo único que le queda, su hijo.
Con la guerra llegan los cuatro jinetes del Apocalipsis: la Guerra, el Hambre, la Peste y la Muerte, azuzados por el militarismo prusiano, ese pueblo que, para quienes defendían la razón y la libertad, representaba la fuerza bruta de la caverna y el sentimiento reaccionario más oscuro de Europa. Alemania quería instaurar “el reino de la Bestia”, el retorno de la barbarie, como así lo proclamaba otro de los personajes alter ego del autor, el ruso Tchernoff.
Al igual que éste, el resto de los personajes fueron elegidos con artesanal cuidado para poder encajar la función propagandística evidente que debía tener la novela, sin perder por ello ni ápice de verosimilitud ni realismo:
Marcelo Desnoyers, en su juventud, 1870, huye de Francia a Argentina por causa de su militancia republicana negándose a formar parte del ejército imperial. En aquellas lejanas tierras encuentra trabajo en la inmensa hacienda de un español primario y vital, Madariaga, quien desprecia cualquier atisbo de nacionalismo, pues para él todo hombre es de donde trabaja y funda una familia:
“Fíjate, gabacho: yo soy español, tú francés, Karl es alemán, mis niñas argentinas, el cocinero ruso, su ayudante griego, el peón de cuadra inglés, las chinas de la cocina unas son del país, otras gallegas o italianas, y entre los peones hay de todas castas y leyes. ¡Y todos vivimos en paz! En Europa tal vez nos habríamos golpeado a estas horas, pero aquí todos amigos”.
jinetes[1]Este hombre, además de repoblar sus tierras con los hijos que siembra entre las nativas, tiene dos hijas de su matrimonio con una india, la China, con una se casa Marcelo y con la otra Karl Hartrott, un joven alemán que emigró a Sudamérica en busca de fortuna. Tras la muerte de Madariaga, sus hijas y sus nietos marchan a los países de sus esposos: Francia y Alemania. Ambos no pueden ser más diferentes, pues mientras Desnoyers siente una impulsiva necesidad de proteger sus propiedades y tiene remordimientos, al ver cercana la guerra, por haber desertado en su juventud, Hartrott esta imbuido del pensamiento racista y nacionalista alemán, asegurando que “la guerra es un hecho necesario para la salud de la humanidad”. Y mientras los hijos del segundo buscan su futuro en la carrera militar y en la teorización de la enseñanza, los del primero no pueden ser más dispares, pues Julio, por su lado, carece completamente de conciencia nacional y pretende vivir sin ningún reparo de la fortuna de su padre, dedicándose a la vida bohemia de la pintura, el tango y las mujeres, y Chichi, por el suyo, muchacha fuerte y comprometida, vuelca toda su energía en su amor por René. Pero la guerra todo lo cambia, aunque no voy a profundizar más en la historia para dejaros la puerta abierta a su lectura.
En conclusión, tras acabar la novela, nos queda la amarga evidencia de que es inevitable no responder a la agresión con agresión, de que en este planeta se ha creado una sociedad de sordos donde el diálogo es inútil, pues todos quieren llegar a él mejor posicionados que el otro y entonces forzar las posibles soluciones, lo que nos lleva a la deducción de que no hay parlamento sino extorsión y, lo más triste, llegamos a descubrir que se mata por unas ideas que no son nada más que mentiras, invenciones de quienes mueven los hilos en la oscuridad para pretextar su maldad, haciendo creer a un pueblo, necesitado de convicciones, de que está luchando por algo justo.
Escrito en 1916, con la Gran Guerra todavía en su desarrollo, esta novela pasó casi desapercibida en Europa, pero no así en América y, sobre todo, en Estados Unidos, donde tuvo un éxito espectacular. Ha sido llevada al cine en varias ocasiones.

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Para concluir con la Guía de Lectura, podemos centrar nuestra atención en varios puntos que nos ayudarán a comprender mejor la obra en todo su conjunto:

  1. En la novela, el autor mezcla experiencias personales con escenas totalmente ficticias, pero en ningún momento aparece en la trama como un personaje más, sino que las encubre en diferentes acciones realizadas por distintos caracteres.
  2. En el desarrollo de la novela la observación de los hechos predomina sobre la acción, por lo que todo se percibe y se conoce de oídas, y en las escasas escenas de combates que aparecen, los personajes principales jamás las protagonizan.
  3. El hecho de que la familia central sea de procedencia argentina le da a la historia un punto de distanciamiento que nos permite juzgar los acontecimientos con más equidad y realismo, sin embargo, este recurso tiene una trampa, pues las ideas de Vicente Blasco Ibáñez van apareciendo por medio de ellos y, de esta forma, disimula su verdadera intención.
  4. Al mismo tiempo, sus opiniones negativas sobre los alemanes se demuestra mediante sus palabras y sus hechos.
  5. Los personajes sufren una evidente transformación a lo largo de la novela y, podríamos asegurar, que cuando todo acaba ya no son las mismas personas que al inicio. Este proceso es bastante realista, pues en la vida cotidiana cualquier suceso importante puede modificar conductas y pensamientos.
  6. La idea del nacionalismo es atacada en muchas ocasiones a lo largo de la novela e, incluso, se le culpabiliza de los grandes males de la humanidad, sin embargo, podemos encontrar una contradicción en esta tesis cuando vemos que se defiende el sentido patriótico de la defensa de Francia.
  7. En sus anteriores novelas, Vicente Blasco Ibáñez plantea constantemente las injusticias causadas por la sociedad clasista, en cambio, en esta novela todo eso carece de importancia, al igual que la familia o el amor, y todo se sacrifica ante el interés de la comunidad, por lo que en ella no encontraremos la figura del héroe individual, sino que aquí ese papel le corresponde al pueblo, el cual es un héroe colectivo.
  8. El posible antibelicismo de Blasco Ibáñez no es tal en esta historia, pues parece que es capaz de justificar la guerra y sus muertos dividiéndolos en dos categorías: los invasores y los defensores. Y es irrefrenable la atracción de los uniformes en las mujeres de París…

En 1921, Los cuatro jinetes del Apocalipsis era calificado como el segundo libro más leído del mundo, después de la Biblia, por la revista británica The Illustrated London News, pero su autor comentó: “Yo ni siquiera había sospechado el éxito de Las cuatro jinetes del Apocalipsis. En el año 16 yo estaba en París. La gente me creía rico, pero la verdad es que vivía con mil pesetas al mes”.

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