GUÍA DE LECTURA: Las memorias del Infante Fortuna, de Rafael Martín Artíguez


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teaserbox_39603978“Las memorias del Infante Fortuna”, del escritor segorbino Rafael Martín Artiguez, es la primera novela histórica ambientada en la ciudad de Segorbe y la comarca del Alto Palancia y fue galardonada como ganadora de los Terceros Premios literarios Villa de Jérica.

El argumento de esta historia se desarrolla en el último tercio del siglo XV centrándose en los sucesos ocurridos durante la denominada Guerra de los Tres Meses, entre el Duque de Segorbe, Enrique de Aragón (el Infante Fortuna), y la población de la ciudad por la oposición de los segorbinos a depender de un señor feudal.

Castillo%20de%20SegorbeSegorbe era por aquellos tiempos una de las ciudades más importantes del Reino de Valencia (incluso el rey Martín I de Aragón, casado con María de Luna, Señora de Segorbe, pasó algunas jornadas en esta localidad), y su Concejo había comprado en diversas ocasiones el derecho de pertenencia directa a la Corona, sin embargo, siempre habían visto sus pobladores como eran repetidamente engañados por los mismos reyes en quienes habían depositado su confianza, quienes, sin tener en cuenta sus derechos, regalaban con ligereza el señorío de su villa y tierras a distintos familiares de los monarcas.

800px-Segorbe._Torre_del_Botxí_y_acueducto_2Ya en 1435 dejó de formar parte del patrimonio real, pues Alfonso V de Aragón se la cedió al Infante Enrique, padre del que nos ocupa, como compensación a los territorios perdidos por éste en Castilla, algo que los segorbinos no vieron con mucho gusto ni alegría. En 1459, Juan II de Aragón, apodado el Grande, otorgó a la villa el título de ciudad Ducal, recayendo el título de primer Conde a Enrique de Aragón y Pimentel, el conocido como Infante Fortuna, que entonces contaba con la fresca e inexperta edad de tan sólo catorce años, por lo que no pudo imponerse sobre los deseos populares, pero pocos años más tarde fue Fernando II de Aragón, más conocido como Fernando el Católico, esposo de Isabel de Castilla, quien devolvería los estados de Segorbe al mismo Infante Fortuna, quien por más detalle era su primo, Enrique de Aragón y Pimentel, y éste decidió tomar cartas definitivas en el asunto y poner punto final a la oposición de la ciudad a su mandato, lo que nos lleva al momento justo que se narra en la novela.

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A pesar de la resistencia de los vecinos, con varias escaramuzas y algunas muertes por ambos bandos, Segorbe capituló finalmente y el duque tomó posesión de su señorío, lo que no evitó que siguieran los asesinatos en ambos partidos, creando un ambiente de tensión y miedo que podía desencadenar, si no se actuaba con sumo cuidado y destreza, en otra revuelta de peores consecuencias, sin embargo, y aquí salimos de lo propiamente histórico para penetrar en lo propiamente novelesco, entre tanto odio, surge el amor ya que el Duque se queda prendado de un joven musulmana, Muyein, lo que será el desencadenante inesperado del final.

Arms_of_Henry_II,_Count_of_Empúries,_Duke_of_Segorbe.svgEl narrador es el propio Infante quien no sólo nos va descubriendo sus sentimientos más recónditos, sino que, además, va describiendo la ciudad antigua, con sus estrechas calles y sus edificios más relevantes, como la Catedral, las murallas, las distintas puertas, el castillo del Cerro de la Estrella, calles y construcciones que, en mayor o menor proporción y mejor o peor estado, todavía pueden verse en un paseo por el Segorbe actual, pero incluso va más allá y nos hace referencias a los pueblos y villas del valle o cercanos a éste, como Almonacid, Altura, Bejís, Castellnovo, Caudiel, Geldo, Navajas, Novaliches, Viver… Y no podía falta las referencias a la vida y costumbre de los segorbinos de la época, sus comidas, sus comercios, su organización social…

Una vez ya dentro de la ciudad, las reflexiones del Duque se ven refrendadas al final de cada jornada por “una trova cantada por una fina voz de mujer y la suave melodía de una flauta, proveniente de una de las casas próximas al castillo…”, voz que unas veces resume lo acontecido y otras anticipa sucesos que van a ocurrir, como en la primera estrofa de ellas:

“Cuentan que el infante Enrique

se siente hoy muy hombre

porque como nuevo duque

ha conquistado Segorbe,

y el pueblo pide que abdique

pues no quiere noble que estorbe.”

Y es que una vez alcanzado el poder, debe ejercer éste de forma justa, pero con mano dura, premiar a quienes le fueron fieles y castigar ejemplarmente a aquellos que se le opusieron, lo que le lleva a cometer contradicciones que minan su poca popularidad entre el pueblo:

“El duque no tiene las cosas tan claras

como el viento que llega de Calderona,

negocia con gente de mitras y varas

y rechaza consejos de sabias personas,

quiere hacer fiesta para cambiar caras

y habla de perdón, pero no perdona.!

Realmente el problema no había acabado con la victoria y la rendición de la ciudad, dentro de sus murallas continuaba el odio entre las dos facciones enfrentadas: los afines al duque y los partidarios de la pertenencia a la Corona. Cada noche aparece alguien asesinado y él debe impartir justicia, pero es difícil en tales circunstancias acertar con lo que es realmente justo:

“En la cárcel dos hombres claman justicia

y un duque comprometido la niega,

¿cómo puede Henrique ser virrey de Valencia

si de esta forma innoble juega

y cómo pondrá paz en la conciencia

si las cabezas del contrario siega?”

La sociedad de aquellos tiempos, años antes de la expulsión de judíos y moriscos, era bastante heterogénea y, aunque convivían en relativa paz, la hostilidad racial, cultural o religiosa estaba agazapada a la espera de cualquier excusa para aparecer, por todo ello, el hecho de que se enamorase de una mujer mora no agradaba ni a unos ni a otros. Pero Enrique, además, tenía otras obligaciones en otros lugares, ya que también ejercía como Virrey en Valencia y era Señor de otras poblaciones más o menos cercanas, com Vall de Uxó, por lo que debía viajar para atenderlas, lo que siempre le hacía temer si algún día podría volver o no:

“Se ausenta Henrique el infante,

para desliar tendencias cruzadas.

Por la memoria que va por delante

hallará que en fechas pasadas,

en otro viaje, la ciudad le dio plante

y se encontró con las puertas cerradas.”

Y frente a un panorama tan tenso y cargado de odio, el aporte de ficción de la novela proporciona el condimento necesario para darle el contrapunto y la estabilidad necesaria, el amor enfrentado al rencor:

“El infante está herido

y no sólo del puñal,

tiene el corazón partido

y el cuerpo abierto en canal

por una hija de vecino

que no comparte su mal.”

800px-Claustre_de_la_Catedral_de_Sogorb,_Alt_PalànciaAl inicio de esta historia, el Infante Fortuna tiene su cuartel general en un monasterio cercano situado sobre un pequeño cerro desde el cual podía contemplar la ciudad que se le negaba, y en sus memorias, escribía lo que desde allí veía, una imagen que, a pesar de los cambios lógicos traídos por el paso de los tiempos y la llegada de las nuevas técnicas, podría describir a la perfección lo que es el valle del río Palancia:

“Desde aquella ventana y sin dificultad veía las murallas, serpenteando por las laderas del cerro, salpicadas de baluartes, torres, cubos y terraplenes, encerrando la ciudad, coronada por un castillo, el de la Estrella, dominando el valle y el río que pasa a sus pies, con el cauce marcado por las sombras que le prestan latoneros, chopos y cañares. A su alrededor, fructíferos montes de moreras, vides y olivos, con parcelas que se distribuyen aterrazadas hasta las puntas de los picos más enriscados. Hermosas huertas y ricas aguas de más de cien manantiales se conjuran para producir el mejor aceite y el mejor vino, y seda y lino, y trigo, adasa y panizo, y las más sabrosas y variadas frutas de los alrededores vecinos. Y al fondo, la mole azul, quebrada y tenebrosa de la Sierra de Espadán, tierra de moros, escondiendo pueblos donde mi Dios todavía no había extendido su túnica, sólo el rey.

P1340148Rafael Martín Artíguez, nacido en Segorbe en 1955, ha dedicado casi toda su vida al periodismo y la escritura colaborando en diversos medios de comunicación que van desde la prensa escrita hasta la televisión y radio. Su actividad profesional no ha restado en nada su amor por su pueblo y su comarca, donde ha creado, participado y contribuido activamente en diversas asociaciones y actividades siempre con la vista puesta en la difusión de la cultura local. Su trabajo se ha visto recompensado con diversos premios de diversa índole y ha ocupado cargos de relevancia cultural como el de Cronista Oficial de la Ciudad de Segorbe o el de Académico de la Real Academia de Cultura Valenciana. Actualmente reside en su ciudad natal donde continúa con su labor de investigación y difusión cultural.

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