GUÍA DE LECTURA: Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll, por Ancrugon


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Me acuerdo cuando leía cuentos de hadas y me parecía que nunca podían ocurrir cosas como aquellas. ¡Y aquí estoy yo en medio de una aventura completamente mágica¡… Debían escribir un libro sobre mi

Lewis Carroll (Alicia en el país de las maravillas)

alice-in-wonderland-by-john-tennielYa hemos hablado, aunque muy por encima, de la personalidad de Lewis Carroll (ver Pequeña biografía de Lewis Carroll en nuestra web El Olmo), un diácono y profesor de la Universidad de Oxford, donde enseñó matemáticas y humanidades, y un pionero en la fotografía creativa, un hombre pintoresco y retraído, de cruda inteligencia y arrebatada imaginación quien, con frecuencia, parecía no tener muy claro la frontera entre realidad y fantasía, creando así una literatura sin sentido y repleta de disparates.

Así mismo, también hemos dicho algo sobre su posible musa, Alice Liddell (ver Alice Liddell y Lewis Carroll en nuestra web El Olmo), una niña sobre la que Carroll sintió una verdadera obsesión, con la que tuvo una especial relación y a la que veía diariamente desde las ventanas de la biblioteca de la Universidad mientras ella jugaba con sus hermanas en el jardín vecino del Christ Church College del que el padre de las niñas era el deán.

alicia04También hemos comentado, en el anterior trabajo mencionado, que fue ella quien le pidió que escribiera la historia que nos ocupa tras habérsela narrado durante una excursión en barca por el río Támesis, pero Carroll no se lo entregaría hasta dos años después, en 1864 como “un regalo de Navidad para una querida niña en recuerdo de un día de verano”, según la dedicatoria que él mismo le pusiera en el manuscrito en el cual se incluían 37 ilustraciones realizadas por el propio autor, sin embargo el libro no se editaría hasta un año después, esta vez con 42 dibujos de John Tenniel que, en la primera edición, salieron defectuosos, por lo que se destruyó toda la tirada. Tras el éxito de este cuento, llegaron dos partes adicionales: Alicia a través del espejo (1871) y Alicia para los pequeños (1890).

Pero, aún a pesar de su génesis y su motivación, y de que con toda posibilidad Carroll fuera dejando navegar libremente a su imaginación ante la premura de tener que ir inventando al paso, éste es un libro que en su momento rompía con los esquemas y si de algo no se le puede acusar es de contener lugares comunes. Alicia sólo contiene un enorme universal: la necesidad que todos y todas alguna vez hemos tenido de huir de los cotidiano, de lo normal, pues ¿quién no ha sentido la picazón del deseo de escapar, de volar, de ser otro y otra y correr nuevas aventuras que nos llenen de vida? Y tampoco debemos olvidarnos de que todo autor está firmemente influenciado por su tiempo, por su educación y, lo que puede ser más importante, por sus ansias de libertad y rebeldía que le impulsan a sacar lo que le grita dentro.

Uno de los primeros temas con que nos encontramos en esta historia es el de la identidad, pues Alicia, la protagonista, llega un momento que no sabe quién es, tiene claro quién no quiere ser, pero no está segura de ser ella misma u otra persona… Pero, en realidad, ¿podemos asegurar que todos tenemos claro quiénes somos?… Lo triste es que muchas veces nos hacemos una idea de nuestra personalidad más por lo que piensan los demás que por lo que sabemos de nosotros mismos, aunque tengamos la vana certeza de saberlo.

58BLo único que desea Alicia es seguir, correr, avanzar por donde sea, bien por el agujero, bien por la diminuta puerta, siempre detrás de una quimera, tal vez, pero que ella vislumbra como un conejo blanco hiperactivo que parece ser el maestro de ceremonias de aquella fiesta grotesca.

Sí, huir de los convencionalismos y adentrarnos en un mundo de fantasía donde todo es posible, donde todo puede ocurrir. Pero incluso allí Alicia se encuentra con lo formal, con lo dirigido, con lo que es correcto o incorrecto, con lo que debe ser, como ocurre con el mazo de cartas, donde cada cual ocupa su lugar determinado y realiza la función para la que está destinado sin plantearse ninguna duda ante las órdenes sin sentido de una reina caprichosa, dentro del juego de la vida: el partido de croquet, y por eso están dispuestos a obedecer sin cuestionárselo, pues es más fácil dejar que otros piensen por ellos, y hacen de todo: de puentes, de mazos, de bolas, y cuando se equivocan en plantar unas flores blancas, puesto que se las habían pedido rojas, pues mienten y las pintan.

El caso es que siempre necesitamos de un conejo blanco que, sin necesidad de invitarnos, persigamos por otros caminos que no sean el de nuestra rutina, aunque en la actualidad nos dejemos ganar por la comodidad y un confort tóxico que nos arrastra, no a la aventura y la actividad, sino al abandono y la pasividad… Cosas del marketing… Sin embargo, el conejo blanco de la historia es lo más opuesto a un héroe de aventuras: corriendo continuamente, eternamente esclavo del reloj, sumiso hasta la desesperación a las órdenes de la condesa, atemorizado hasta la histeria por las represalias ante algo mal hecho y, por otra parte, siempre dando órdenes a quienes están por debajo de él… Curioso que al perseguir a este conejo blanco, tan poco apasionante, Alicia llegara a un “país de maravillas”, lo que ocurre es que ella todavía no se ha dado cuenta de que ese supuesto mundo maravilloso sólo es una alegoría del real.

alice15aY Alicia debe acomodarse a las circunstancias, pues o es demasiado grande para entrar por las puertas, o demasiado pequeña para alcanzar la llave… ¡Qué triste destino el de los humanos!… Claro que como ella está en el mundo de las maravillas puede aumentar o disminuir de tamaño comiendo o bebiendo lo que por allí alcanza, sin embargo, ¡cuántos errores comete!, y ello le lleva a la desesperación, a la sensación de derrota, al abatimiento, y con su llanto lo inunda todo, lo arrasa todo… como aquel mártir que apagaba el fuego que lo consumía con sus propias lágrimas… Y a causa de tal inundación debe participar en un típico debate, para conseguir la mejor forma de secarse, con diferentes personajes arquetípicos de la sociedad: el loro vanidoso que todo lo sabe porque es mayor, el ratón listillo que sólo consigue quedar en ridículo, el pragmático dodo que utiliza poses de líder y quien, al finalizar la loca carrera para conseguir airearse y ante la absurda y tradicional pregunta de “¿Quién ha ganado?”, decide, salomónicamente, que todos han sido los ganadores, cuando lo único que estado haciendo es perder el tiempo, pero él, como buen político, ha contentado a todos.

Y llegamos hasta uno de los personajes más decisivos de la historia, la oruga azul. Ésta, relajada y ausente de todo, fumando tranquilamente su pipa sobre un hongo, le formula un verdadero tercer grado a Alicia, a lo que la niña le responde: “Al menos puedo decirle quién era cuando me levanté esta mañana, pero creo que me deben haber cambiado varias veces en el día”. A lo que la oruga le aconseja que tenga paciencia… ¿Normal, no?… ¿A fin de cuentas no están ambas en la misma situación?… Quiero decir que tanto la oruga como la niña están próximas a sus particulares metamorfosis: la niña pasara por el periodo de adolescencia para hacerse mujer y la oruga se convertirá en crisálida para surgir de su capullo como una linda mariposa. Y para ambos periodos lo más correcto es tener mucha paciencia…

Tenniel-CheshirePero lo curioso de esta escena es la función del hongo: si come de un lado del mismo, crece, si lo hace del otro, mengua… Hay quienes han querido ver en ello una referencia, más o menos velada, a la utilización de drogas como solución a los problemas, pero, a pesar de que en aquella época victoriana tan puritana y severa era bastante frecuente entre la clase bien el uso del opio y otros estupefacientes naturales, no me atrevería a asegurar que Carroll aconsejase eso a su amada niña… Más bien puede que se refiriera a otro tipo de sustancias, o más bien argucias, ese ejemplar de alcaloide psicológico que nos hace sentir mejor, aunque sea un engaño: digamos, por ejemplo, los convencionalismos, las creencias, los tan llevados y traídos sentidos de la vida… es decir, una fuerza del inconsciente que simplemente nos dé el tamaño de autoestima que necesitemos para cada momento.

Pero no debemos olvidar a uno de los personajes más fantásticos, el gato de Cheshire, un ser que no suele estar constantemente a tu lado, pero que siempre aparece cuando se le necesita, aunque sólo sea la cabeza, y siempre con una enorme sonrisa… ¿no es lo más parecido a un amigo de verdad, que nos aconseja, nos consuela y nos dice, incluso, lo que no queremos escuchar?… Es el personaje que encarna a la lógica y por ello le gusta desaparecer de aquel mundo de disparate y no se inclina ante los convencionalismos, como ocurre ante los reyes.  Su primera conversación no tiene desperdicio:

– ¿Me podrías indicar hacia dónde tengo que ir desde aquí? – pregunta Alicia.

– Eso depende de a dónde quieras llegar – responde el gato.

– A mí no me importa demasiado a dónde.

– En ese caso, da igual hacia dónde vayas.

– Siempre que llegue a alguna parte.

– ¡Oh! Siempre llegarás a alguna parte si caminas lo suficiente.

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Un poco más adelante llega Alicia a una mesa donde siempre se sirve y se toma el té, porque allí siempre son las seis, y donde ella se siente confusa ante tanta estupidez, sin embargo, en nuestras vidas cotidianas y periódicas, siempre son las seis, pues repetimos sin cesar los mismos ritos, idénticas costumbres, similares comportamientos, ya que hemos basado los pilares de nuestra existencia en la rutina y, si algo cambia bruscamente, ya no sabemos qué hacer. Pero Alicia no está poseída todavía por esa adicción y no se deja engañar por el supuesto beneficio del conformismo, por lo que se aleja de allí y entonces se da cuenta de que el gato tenía razón al decir que aquél era un país de locos…

Y para el final dejamos el poder, el puesto más absurdo de la creación, pues, cuando alguien es torpe, o poco habilidoso, o sinvergüenza, o simple, o malo… cuanto más alto está, más se le nota, y sólo se mantiene gracias a quienes comen a su costa, que no son más nobles, pero sí más listos. Lo malo es que en la carrera por el poder los buenos ni participan, o desaparecen, porque en ella se avanza a costa de los demás. Los dos personajes que representan al poder en Alicia son la Reina y la Duquesa.

La Duquesa, tradicional y orgullosa en su necedad, siempre está buscándole moralejas a todo, tal vez para encontrarle un poco de sentido a su vida, y siempre está de acuerdo con todo lo que se diga, una forma fácil de agradar, aunque en realidad, ni se entera, pero teme, mientras acuna a un cerdito entre los brazos, cuando los otros pueden pensar por sí mismos:

– Pensando otra vez ¿eh? – preguntó la Duquesa.

– Tengo derecho a pensar – dijo Alicia con cierta aspereza, pues estaba empezando a preocuparse.

La Reina ya es el colmo de lo absurdo, pero sólo tendremos que dar un vistazo a la situación mundial, o un pequeño repaso por la historia, para darnos cuenta de que Carroll incluso se ha quedado corto. Sólo piensa en decapitar a todo el que le lleve la contraria o haga algo mal o que no está como ella quiere:

– ¡Que le corten la cabeza!

Menos mal que luego va el Rey perdonando a todos los que ha castigado su tiránica mujer, lo cual puede hacernos pensar un poco porque esta novela se escribió en la época en que la Reina Victoria ocupaba el trono de Inglaterra, aunque no creo que detrás de esta figura se esconda una crítica a la soberana del Reino Unido…  A lo mejor, los Reyes, además de representar la posible tiranía paternalista de los mayores hacia los niños, pueden también ser el reflejo de la doble personalidad de cada ser humano individualmente, pues en nosotros mismos se esconde el opresor y el tolerante, la justicia y la injusticia, el bien y el mal…

En conclusión, Alicia en el país de las maravillas es un libro repleto de insinuaciones a las costumbre y la educación de la época en que fue escrito, poseyendo bastante referencias a los problemas anímicos y morales que los seres humanos nos vamos encontrando a lo largo de nuestras vidas, pues ya nada más comenzar podemos observar un enorme ejemplo de depresión, una inquietante caída por el agujero interminable de la madriguera del conejo; un conejo que vive en una constante ansiedad, siempre pendiente del reloj y siempre con exigencias que rayan un comportamiento maniático. Es un intento de huir de un mundo rutinario, el mundo de los mayores, al que Alicia vuelve al despertar de su sueño. Pero no debemos olvidar que en realidad, en su origen, era un cuento para una niña, una niña con la que el autor quiso casarse cuando ella sólo contaba con trece años de edad…

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