GUÍA DE LECTURA: Crematorio, de Rafael Chirbes, por Ancrugon.


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“Estás tendido sobre una sábana, sobre una lámina de met9788433973764al, o sobre un mármol. Te estoy viendo. Vuelvo a verte. Me he olvidado de ti mientras he estado charlando con el ruso en la cafetería, observando por detrás de la cristalera a los turistas que, a primera hora de la mañana, ocupan las sillas de la terraza y a los que, unos metros más allá, se tienden sobre la arena o chapotean en el agua. Él se ha tomado un par de whiskies. Yo me he pedido un té con hielo. No quiero beber tan temprano. Pero he mirado con ansiedad los dos vasos que el camarero le ha puesto delante. Si no hubiera sido porque estaba con él, de haber venido solo, me habría encontrado a gusto en el amplio salón aún vacío (allí dentro estábamos los dos solos), mirando el mar, verdoso en la orilla y de un intenso cobalto en la franja que precede al horizonte, por la que ya se mueven las lanchas, los barcos de vela, los catamaranes…
                                                            Inicio de “Crematorio”, de Rafael Chirbes

“No aguanto la doble moral, y me molesta el que llega arriba y desprecia al de abajo. Hay una especie de amor por los de abajo en todos mis libros. No me acabo de curar de eso.” Dijo una vez Rafael Chirbes, un novelista en cuyas obras es evidente la crítica social, aunque evita reducir la realidad a una simple oposición entre lo bueno y lo malo.
“Crematorio” es una de las novelas de este escritor valenciano donde se aborda el mundo resultante de un capitalismo desenfrenado, de dudosos negocios en los que afloran las más oscuras contradicciones del ser humano sin escrúpulos y deshumanizado, en una España ávida de dinero fácil y rápido donde a los simples timadores y especuladores se les llama empresarios.
orilla-2013-rafael-chirbes-rescoldos-crematorio_1_2107416               La historia se localiza en el pueblo ficticio de Misent, pero se podría fácilmente situar en cualquier lugar de la costa levantina española, y gira en torno a la muerte de Matías Bertomeu, un viejo idealista dedicado a la agricultura ecologista, sirviendo este suceso como excusa para introducirnos en las personalidades de los diferentes personajes que componen el clan Bertomeu, gracias a lo cual descubrimos las distintas perspectivas sobre Rubén, el hermano del fallecido, sobre sus actos, sobre su ética, sobre la destrucción de la naturaleza causada por la construcción de sus edificios costeros.

La novela se estructura en trece capítulos sin numerar, en los que tanto familiares como amigos del difunto van recreando sus vidas y las interrelaciones mantenidas con el resto de actores, formando así un conjunto polifónico que converge en una trama perfectamente organizada y compuesta de fragmentos aparentemente independientes.

Cada capítulo pertenece a un individuo, siendo pequeños monólogos en cuyas digresiones se abordan diferentes temas como la política o el dinero, la cultura o los sentimientos… Y es trabajo del lector el ir encajando las piezas de este puzle, el ir asimilando las circunstancias particulares de cada uno de ellos, y llegar al conjunto final que les dará la comprensión del drama.

Es una historia realista, sin buenos ni malos al uso, y con una carga de imperfección moral, de innumerables miserias confundidas con algunas virtudes y con un insufrible temor a la verdad que se nos hará bastante familiar y reconocible. Sin embargo es una historia válida para mostrar un espectáculo de corrupción que alimenta a toda una sociedad donde la destrucción de la naturaleza solamente es un símbolo más del futuro sin esperanza que nos aguarda. Es una sociedad abandonada, sin fe, sin creencias, sin ideas elevadas, viviendo solamente del envoltorio, de la imagen, de la apariencia, donde hasta el arte se prostituye y se doblega ante el valor monetario.

una-imagen-de-la-serie-crematorio-inspirada-en-la-novela-de-chirbesLos trece narradores nos van conduciendo mediante sus recuerdos, opiniones, deseos, temores… a lo largo de una historia en la que apenas ocurre nada porque todo sucedió en el pasado, por lo que es frecuente la utilización de regresiones que transportan al lector a otras épocas temporales: Guerra Civil, franquismo, transición, primeros gobiernos socialistas… hasta llegar a la actualidad, y todo para encuadrar la historia de una familia que se fue procurando un espacio dentro de la clase poderosa del país, “haciendo lo que había que hacer” para acumular capital, formándose como “clase social”, e intentando en el presente que ese mundo clasista se blinde de impermeabilidad para evitar que lleguen otros con nuevas armas a ocupar sus sitios.

Y mediante un perspectivismo múltiple, se analiza el conjunto agrupando los diferentes puntos de vista de los diferentes personajes, como el difunto Matías, un viejo revolucionario que, a pesar de todo, se mantuvo fiel a sus principios cobijándose en la agricultura; o su hermano Rubén, el arquitecto constructor sin escrúpulos que se ha enriquecido gracias a los manejos especulativos del boom del ladrillo; o Silvia, la hija de Rubén, una mujer dedicada a la restauración de arte y que todavía cree en los demás a pesar de las evidencias, y quien está casada con el catedrático y biógrafo Juan Mullor, totalmente opuesto al despropósito urbanístico de su suegro, y dedicado a escribir la biografía de un viejo amigo de la familia Bertomeu, el escritor fracasado, Federico Brouard, cuya perspectiva diaria gira alrededor del alcohol, las drogas y la prostitución; o el fiel perro guardián Ramón Collado, el de los trabajos sucios; o Traian, el mafioso ruso que comparte negocios con Rubén; o Mónica, su joven segunda esposa, lista y ambiciosa…

Estos monólogos interiores comienzan y acaban con el mismo Rubén, en primera persona, mientras el resto está dirigido por un narrador omnisciente y en estilo indirecto o directo libre:

“Pero aquel viaje no fue así, estaba demasiado enferma, no se sentía ni con fuerzas para escribir, o quizás pensó que lo que escribiera ya no iba a servirle para recordar nada, para documentar nada. Rubén le pidió a Silvia que los acompañara. Como cuando era pequeña, le dijo, pero ella no quiso, o no pudo ir. Seguramente, las dos cosas: no le apetecía aquella peregrinación triste, la animación forzada de preparar los equipajes y recoger las guías, ni tampoco sabía lo que hacer con los niños, con Juan, con el trabajo.”

Así pues, podemos decir que “Crematorio” es la visión de una época triste de nuestra historia, una época que todavía pervive, donde lo único que importa es el beneficio, por encima de lo que sea: destrucción del medio ambiente, sumisión de los derechos de las personas, limitación de las libertades, prostitución de la democracia… Todo vale si con ello el especulador obtiene ganancias. Y sin embargo, esos seres sin sentimientos sociales son individuos cultos, con una juventud repleta de ideales que en muchas ocasiones acabaron en las panzas de unos caballos repletas de drogas, tal y como se enriqueció Rubén.

El título, “Crematorio”, es bastante simbólico pues tanto representa el lugar donde van a acabar los restos de Matías, como el de aquellos ideales de las generaciones que ahora detentan el poder. Y en el transcurso de la historia, el ritmo textual se va incrementando, como las llamas que envuelven al lector, alimentadas por una prosa repleta de efectos, imágenes, matices y un léxico preciso.

thumbformatEl autor, Rafael Chirbes Magraner, nació el 27 de junio de 1949 en la localidad valenciana de Tabernes de Valldigna, muriendo en Valencia el 15 de agosto de 2015. En su trayectoria profesional destacan sus trabajos como crítico literario y el de novelista, con títulos como “Mimoun” (1988), que quedó finalista del Premio Herralde y que está ambientada en sus experiencias vividas durante su estancia en Marruecos como profesor de Castellano en la universidad de FEz; “La larga marcha” (1996), galardonada con el Premio SWR-Bestenliste en Alemania, primera entrega de la trilogía que habla de la sociedad española desde posguerra hasta la transición democrática y a la que siguieron “La caída de Madrid” (2000) y “Los viejos amigos” (2003); con “Crematorio” (2007) recibió el Premio Nacional de la Crítica y el V Premio Dulce Chacón, a ésta le siguió en la visión de una España en crisis “En la orilla” (2013), con la cual volvió a ganar el Premio Nacional de la Crítica de 2014 además del Premio Francisco Umbral al libro del año, y póstumamente apareció “Paris-Austerlitz”. En la actualidad Chirbes todavía es considerado el novelista que mejor ha novelado la problemática y evolución de la sociedad española de los últimos tiempos. Él mismo subrayó sobre su trabajo:

“Escribo de lo que veo. La relación entre las novelas viene después. En cada libro empiezas de cero: lo que en uno fue un hallazgo en el siguiente es un lastre. En el fondo, el tema es una excusa para las digresiones de los personajes. Por eso digo que todos son yo. Además, ninguno es del todo bueno ni malo, incluso las víctimas tienen sus mezquindades. No me gusta que los malos sean, además, tontos.”

En conclusión, “Crematorio” es como una catarsis en la que el lector se enfrenta a un estado de cosas que él mismo está tolerando y de la que forma parte más o menos activa, o por lo menos permisiva, con su actitud de cerrar los ojos para no ver, para no tener que juzgar y, en ocasiones, incluso envidiando. Y aunque en ella no aparece la trama, sí está repleta de estados de ánimo, de frustraciones, de traiciones, de deudas con la vida.

El tema es el del fracaso de esa persona que deja por testamento la ruina y las deudas, no tanto económicas, sino morales, algo que deja bien claro el propio autor:
“Crematorio no quiere ser una denuncia de la corrupción urbanística, eso de la corrupción es solo uno de los temas que circulan por detrás. Lo que se quiere contar aquí es cómo nuestra modernidad, lo que se suponía que íbamos a traer detrás del franquismo, ha dado como fruto esta especie de planta venenosa que nos asfixia. La novela trata también de si los ideales se han cumplido o no, y de la deriva de los individuos”.
Y esto no es ni más ni menos que el propio retrato de nuestra España: un país enfermo y sumido en un profunda crisis cuyas raíces se hunden en la codicia y la deshumanización de unas personas bastante cercanas genéticamente a las aves de rapiña, pues aunque la narración comience y termine el mismo día del funeral de Matías, todo gira alrededor de su hermano, Rubén, un empresario al estilo de Don Vito Corleone que ahora quiere redimirse de su pasado criminal: “Se acabó la época de lo sucio, ahora es la hora de lo limpio…”

Sin embargo él se siente feliz, contento con lo que ha hecho, porque todo lo sucio lo ha llevado a cabo la mafia rusa y sus personas de confianza, mientras él simulaba mantenerse al margen, y aunque todo lo que ha creado y le rodea sea corrupción: venta de drogas, negocio del sexo, tráfico de influencias o dinero negro, él se considera un hombre de negocios y se siente triunfador… y no asume responsabilidades en absoluto: la culpa siempre es de los otros… Y así ha ido evolucionando nuestra sociedad y el estado de nuestras almas. ¿Qué se puede esperar de aquellos que disculpan todos estos desmanes porque consideran que el beneficio justifica los medios?…

En 2011 “Crematorio”, fue llevada a la televisión en forma de serie dirigida por Jorge Sánchez-Cabezudo y con José Sancho en el papel principal.

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