Guía de lectura: Las edades de Lulú, de Almudena Grandes


Autor: Ancrugon
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Lulú

SOBRE LA AUTORA

Almudena GrandesAlmudena Grandes nació en Madrid en 1960 y se dio a conocer en el mundo literario con esta novela que vamos a analizar, “Las edades de Lulú”, en 1989, cuando ganó con ella el Premio La sonrisa vertical, teniendo desde entonces una creciente aceptación entre el público con títulos como Te llamaré viernes, Malena es un nombre de tango, Atlas de geografía humana, Los aires difíciles, Castillos de cartón, El corazón Helado, Modelos de mujer o Estaciones de paso. Recientemente se ha enfrascado en una aventura literaria titulada “Episodios de una Guerra Interminable” de la que lleva entregadas Inés y la alegría, (con la que consiguió el Premio de la Crítica de Madrid, el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska y el Premio Sor Juana Inés de la Cruz), El lector de Julio Verne y su última novela, Las tres bodas de Manolita.

¿DE QUÉ VA?

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“Ten cuidado con lo que deseas – me dijeron una vez, – porque podrías conseguirlo…” Eso es algo que los seres humanos olvidamos con muchísima frecuencia pues no sabemos poner fronteras a nuestros deseos, cosa que nos resulta bastante fácil si se trata de delimitar las libertades del resto o simplemente sus diferencias. Sin embargo, cuando se apodera de nosotros un apetito, una codicia, una apetencia, una pasión, una desazón o como queramos llamar ese antojo posesivo tanto de objetos como de sensaciones, somos incapaces de frenar a tiempo y casi siempre se tiene que parar… en muchas ocasiones, a las malas… Y es que el ser humano es el único ser vivo que nunca tiene suficiente.
Por otro lado, aunque bastante relacionado con lo dicho anteriormente, solemos confundir la felicidad con la dejadez, sobre todo de la responsabilidad y, por encima de cualquier otra, la propia… ¡Cuánto más sencillo es ser esclavo que señor!… ¡Qué vida tan confortable si otros piensan por nosotros!… Y entonces, si somos capaces de conjugar la consecución continuada de nuestras inclinaciones con el silencio absoluto de nuestra conciencia, el placer puede ser tan sublime que casi podemos creernos hechos de la misma materia de los dioses…
Sin embargo en la creación hay un componente imposible de dominar y que siempre, hagamos lo que hagamos por evitarlo, termina por vencernos y nos enfrenta cara a cara con la realidad, me refiero al tiempo quien, con su implacable y demoledor paso, nos va desgastando, consumiendo, torturando hasta aniquilarnos, no sin antes mostrarnos la mezquindad de nuestros actos y lo ridículo de nuestra existencia repleta de obsesiones insatisfechas.
Pues de esto, justo de todo esto, trata la novela de Almudena Grandes, “Las edades de Lulú” ya que en ella se nos muestra la agónica lucha contra el paso del tiempo de una niña que, llevada por la avariciosa lujuria, se abandona a los designios de la concupiscencia propia y ajena hasta caer en el infierno de la propia autodestrucción… Sin embargo, por muy realista que su autora nos la haya presentado, no se ha resistido a concluirla con un final más o menos esperanzado gracias al sentimiento salvador por excelencia, el amor… Pero, queridas y queridos, desengañémonos, la vida real casi nunca es así…
Así pues, quien diga que “Las edades de Lulú” es una mera novela erótica, puede estar seguro de haber emitido una afirmación bastante simplista y que sólo se ha quedado en la acción olvidándose que tras de todo acto, humano o no, siempre hay unas causas y unas consecuencias. El mismo título ya nos da algunas pistas, pues si la protagonista descubrió los ardores y la agonía del sexo cuando contaba sólo quince años y ello le produjo el afán por atesorar experiencias lúbricas cada vez más desenfrenadas, como ocurre con toda aquella persona que se deja arrastrar por la intoxicación de una sustancia de la cual termina por depender y a cuyo antojo abandona todo atisbo de propia voluntad, quiso olvidar que debía crecer con el paso del tiempo negándose a lo que por natural era imposible detener.

¿CÓMO SE DESARROLLA?

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El argumento de “Las edades de Lulú” está repleto de erotismo, de sexo explícito lleno de intensidad, fuerza, sinceridad y no exento de dureza, con lo que Almudena Grandes logra que sintamos unas sensaciones tan vivas y contradictorias que lejos de escandalizarnos, nos atrapan, pues nos lleva de la mano no solo hasta la piel de la protagonista, algo que hubiera logrado cualquier otra novela erótica con menos pretensiones, sino hasta las mismas raíces de sus sentimientos haciéndonos sufrir, descubrir, experimentar y sentir sus propias sensaciones.
La joven Lulú vive en una familia demasiado tradicional de padres demasiado ajenos e incluso lejanos, siendo la hermana pequeña entre varios, intentando competir por las migajas de cariño, al igual que por la ropa, los zapatos o la intimidad de una habitación, Lulú parece siempre fuera de sitio, desamparada y vulnerable, lo que le conduce a una búsqueda torpe de cariño, anhelando sentirse protegida y deseada por Pablo, el amigo de su hermano Marcelo, bastante más mayor que ella, con quien descubre el placer una noche desenfrenada y sorprendente de su inestable adolescencia, cuando todavía estaba llena de inocencia, ternura y curiosidad. Con él descubre no solo el goce del sexo, sino el de ser guiada, el de sentirse protegida y cuidada por alguien que además la colma de unos deleites y satisfacciones desconocidos hasta entonces para ella.
Y se casa con Pablo porque no podía ser de otra manera, porque siente que depende de él y con él irá descubriendo las diferentes etapas de un universo sexual que parece infinito e inabarcable y en el que Lulú encuentra algo parecido a la felicidad al dejarse llevar y hacer sin preguntas ni responsabilidades.
Pero la niña crece físicamente y su cuerpo va necesitando cada vez más dosis de nuevas experiencias que le hagan sentir inéditas sacudidas todavía no percibidas y ya no le basta con Pablo, el único hombre que ama y el padre de su hija, por lo que poco a poco se adentra en la gruta sin vuelta atrás, en la caverna del no retorno buscando en los fondos de los contenedores del vicio los sórdidos momentos de roces transexuales, de acometidas homosexuales, de la procacidad de la prostitución para arañar los desesperados orgasmos de la soledad, aproximándose a la temeraria frontera imprecisa y sutil del peligro y la depravación.

LA LITERATURA ERÓTICA

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El sexo, a pesar de nuestra educación tradicional en la que se presenta como algo pecaminoso e indecoroso, es una actividad bastante común y frecuente en nuestra existencia desde el principio de los días, digamos que es algo bastante normal, por mucho que se empeñen algunos. Sin embargo, claro está, todo debe consumirse en su justa dosis, pues está bien que te guste el vino, lo que está mal es beberse varias botellas al día, comer es necesario, pero la gula puede traernos muchos problemas de salud, y así con todo… Lo curioso es que lo erótico, lo sensual, lo carnal se ha convertido en una atracción poderosa para los humanos que pretenden conseguir sueños apasionados que les haga olvidar sus grises existencias, gracias a que se nos enseña, repito que de una forma antinatural, que eso nos conducirá hacia los fuegos eternos, que está prohibido sin no es bajo la capa protectora de un sacramento y que siempre se debe esconder… lo que consigue hacerlo irresistiblemente atractivo. Si nos hubieran enseñado que era algo natural, perdería encanto…
De ahí que la literatura erótica, desde la noche de los tiempo en que los humanos aprendieron a escribir, tiene bastante aceptación y una fecunda producción, aunque, todo hay que decirlo, no siempre vaya acompañada de la suficiente calidad, pero, de vez en cuando, aparecen pequeños milagros como Almudena Grandes que son capaces de descubrirnos el poder del deseo, señalando claramente dónde se encuentran las posibles transgresiones morales, pero aparcando con claridad los tabúes castrantes, enfrentándose así, a cara descubierta, al puritanismo enfermo de prejuicios y demostrándole que la diferencia entre lo propiamente erótico y lo pornográfico solo depende de la amplitud de miras del lector.
Dicho esto, la única división que deberíamos hacer en este tipo de literatura, con en el de cualquier otro, simplemente debería estar enmarcada por el grado de calidad de los trabajos encontrándose entre las de buen nivel títulos como “El lector” de Bernhard Schlink, “El amante de Lady Chatterley” de D.H. Lawrence, “En brazos de la mujer madura” de Stephen Vizinczey, “Lolita” de Vladimir Nabokov, “La pasión turca” de Antonio Gala, “Las amistades peligrosas” de Choderlos de Laclos, o la que nos ocupa “Las edades de Lulú” de Almudena Grandes, con la que obtuvo el “XI Premio La sonrisa vertical” concedido por la editorial Tusquets.

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