Guía de lectura: El mapa y el territorio, de Michel Houllebecq


Autor: Raúl Molina

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1.  Michel Houllebecq: escritor y polemista

Poco tiempo después de nacer en 1958 en la Isla de La Reunión, un departamento de1 Michel Houllebecq ultramar francés cerca de la costa este de Madagascar, el cuidado y la educación de Michel Houllebecq pasan a cargo de su abuela paterna a consecuencia de que sus padres decidieron desentenderse de él. Ya en Francia, graba dos cortometrajes poco conocidos: Cristal de souffrance (1978) y Déséquilibres (1982), género al que regresará posteriormente: en 2001 con La rivière y en 2004 con Monde extérieur. Su primera incursión en el mundo literario se produce en 1992 con el poemario La poursuite du bonheur que junto a La peau (1995), La ville (1995) y La sens du combat (1996) fueron recogidos y traducidos en Poesías (Ed. Anagrama, 2010). Y sin embargo, Michel Houllebecq no es conocido, al menos para el gran público, por nada de esto, sino por sus novelas, de una tremenda calidad, y por su capacidad para polemizar, de una tremenda vehemencia. Hasta qué punto es inherente a su personalidad o una mera estrategia de mercado es una cuestión que se nos escapa. El hecho es que desde Ampliación del campo de batalla en 1994 Houllebecq se inserta de lleno en el panorama de las letras francesas de final de siglo. Aunque es a raíz de Partículas elementales (1998) cuando su figura entra en un imparable proceso de canonización. No en vano consigue el Premio Novembre y el reconocimiento a la mejor novela del año según la prestigiosa revista Lire. Las declaraciones en los medios de comunicación comienzan a adquirir ese tono que tanto gusta a la prensa amarillista y al que, por cierto, estamos aquí en España tan malacostumbrados. Pues bien, temas tan sensibles como los acontecimientos de Mayo del 68 o el Islam son pasto de la lengua viperina del escritor francés. “Cuando lees el Corán se te cae el alma a los pies” o “es la religión más idiota del mundo” son solo dos de los detalles que tuvo con los islamistas. Plataforma, publicada en 2001, tan solo acrecienta las diferencias entre sus incondicionales, quienes lo consideran el mejor escritor vivo en lengua francesa, y sus hostigadores, quienes lo tildan de misógino e islamófobo, halagadoras características a las que se une a partir de Plataforma la de exaltador del turismo sexual. Y es que esta novela trata precisamente este escabroso motivo; tema que, por otra parte, no por ser silenciado por la opinión pública es inexistente. La oleada de críticas en Francia durante estos años lo lleva a instalarse en Irlanda, desde donde se marcha al Cabo de Gata en Almería, su lugar de residencia actual. La posibilidad de una isla (2005), se aleja de este marco polémico, e incluso es llevada al cine por él mismo en 2008. Y, finalmente, en 2010 ve la luz El mapa y el territorio distinguida con el Premio Goncourt, tan prestigioso como curioso: prestigioso porque entre sus ganadores se encuentran Marguerite Duras, Simone de Beauvoir (mujer de Sartre e impulsora del feminismo), André Malraux o Marcel Proust y curioso porque el galardonado recibe únicamente diez simbólicos euros.

2. Empecemos por el título: sobre mapas y territorios

2 BorgesLeer a Jorge Luis Borges, argentino y ciego, es peligroso: produce una desazón increíble descubrir relato tras relato que cualquier idea ingeniosa que puedas haber tenido él ya la desarrolló hasta límites que tu mente nunca hubiera concebido posibles y, además, con un lenguaje tan soberbio que te hace cuestionarte si vale la pena seguir escribiendo. Ay Borges, a cuántos jóvenes escritores ilusionados habrán matado tus obras… Bueno, al grano: no es trivial traer a colación  este breve relato del escritor argentino para entender un poco mejor de qué va El mapa y el territorio. El título es “Del rigor de la ciencia”, incluido en El hacedor (1960):

En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.

Suárez Miranda: Viajes de varones prudentes,
libro cuarto, cap. XLV, Lérida, 1658.

Un mapa a escala 1:1 que cubre por completo la realidad. Increíble, sin duda, este Borges. Y anticipativo…

Pues bien, resulta que una fría tarde otoñal de los años 70 el filósofo francés Jean Baudrillard regresaba a Francia desde los Estados Unidos. Indudablemente, tantas horas de viaje sobre el Atlántico dan para echar unas cuantas cabezadas y, también, para pensar bastante; y en eso que, influido por sus estudios de sociología, las lecturas del filósofo marxista Louis Althusser y el bombardeo masivo de publicidad y manipulación informativa del que había sido objeto en Estados Unidos (en proceso de copiado en la3 Baudrillard Europa más avanzada) llega a una tremenda conclusión: la realidad tal y ha dejado de existir, la publicidad y los mass media sesgan y cubren por completo lo Real transformándolo en real. La realidad es incognoscible para Baudrillard: es imposible referirla, señalarla, a través del lenguaje y por lo tanto es imposible conocerla, hablar sobre ella. Para Baudrillard no vivimos en la realidad, sino en un espacio que denomina hiperreallidad  y que es más real que la propia realidad, es decir, vivimos en un simulacro de realidad. El cuento de Borges, utilizado por Baudrillard es muy ilustrativo: Si en “Del rigor de la ciencia” el narrador afirma que “En los desiertos del oeste perduran despedazadas las ruinas del mapa”, para Baudrillard las tornas han cambiado: el mapa, que sería la sucesión de simulacros es decir la hiperrealidad, cubre completamente el territorio, la realidad, cuyas ruinas quedan esparcidas sobre aquel: “En adelante será el mapa el que preceda al territorio y el que lo engendre, y si fuera preciso retomar la fábula”, afirma el filósofo francés, “hoy serían los girones del territorio los que se pudrirían lentamente sobre la superficie del mapa. Son los vestigios de lo real, no los del mapa, los que todavía subsisten esparcidos por unos desiertos que ya no son los del Imperio, sino nuestro desierto. El propio desierto de lo real” y continúa “Ha cambiado algo más: se esfumó la diferencia soberana entre uno y 4 Mapa y territoriootro que producía el encanto de la abstracción”. Para dar un ejemplo material y que la reflexión no se pierda en lo abstracto, una nueva cita de Baudrillard sobre la Guerra del Golfo: en el primer gran acontecimiento bélico difundido ampliamente en todo el planeta llegaron a realizarse grabaciones en estudios de cine para hacerlas pasar como noticias de la guerra y así justificarla. En relación a esto, dice Baudrillard que para la opinión pública mundial “el no acontecimiento del Golfo”, es decir toda esa maraña de informaciones falsas, “es de una gravedad que supera el acontecimiento mismo de la guerra”. Esto es: el mapa que se establece sobre el territorio de manera que resulta imposible distinguirlos.

Obviamente, la posición de Baudrillard es extrema pero nos sirve para buscar una interpretación plausible sobre el título: ¿Por qué la novela utiliza la terminología de Borges y Baudrillard sobre la realidad? ¿Qué tipo de realidad aparece representada en las páginas de El mapa y el territorio? Una pista en voz de Michel Houllebecq: “He descrito un mundo que no acabo de comprender, no entiendo cómo se establecen los precios en el mundo del arte. Son pocas las personas que deciden su valor […] Cada vez se comprende menos la economía”, dice el escritor francés en una entrevista concedida al programa Página 2 de La 2 de TVE.

3. Hablemos de la novela

En el Mapa y el territorio decenas de cuestiones orbitan alrededor de una historia5 Mapa principal: la vida de Jed Martin. Las relaciones personales con mujeres (Geneviéve, Olga…) se entremezclan con la singular vida de un polifacético artista plástico. Desde sus primeras exposiciones con fotografías de herramientas y utensilios manuales hasta los videogramas (“que treinta años después siguen suscitando a los visitantes una aprensión teñida de malestar”, 370[1]) y su último arte inspirado en el fin de la era industrial, pasando, por supuesto, por la exposición “El mapa es más importante que el territorio”, su primer gran éxito, y por los retratos de profesionales (El arquitecto Jean-Pierre Martin abandonando la dirección de la empresa, Bill Gates y Steve Jobs en una conversación informal, Jeff Koons y Damien Hirst repartiéndose el mercado del arte o Retrato de Michel Houllebecq). Gracias a un primer contacto con el taciturno Michel Houllebecq, personaje que comparte muchas características con el autor real y difiere en otras tantas, se establece una relación “de amistad” muy peculiar debido al carácter un tanto extraño y solitario de ambos. Esta relación propiciará años más adelante la colaboración de Jed Martin en la investigación policial sobre el brutal asesinato de Michel Houllebecq, momento en que la novela da un giro brutal para insertarse de lleno en el conocido género del relato policial.

La novela se abre con una cita de Charles d’Orléans que orienta la lectura que debemos realizar y nos da pistas para ubicar el punto de vista ante los problemas sobre los que incidirá la narración posterior: “El mundo está harto de mí y yo estoy harto de él”. Demoledora, sin duda. Como lo será también la historia de los personajes.

A continuación, y aquí viene un elemento sorpresivo, comienza describiendo una escena que posteriormente relacionaremos con el cuadro Jeff Koons y Damien Hirst repartiéndose el mercado del arte a la vez que esa misma voz en tercera persona habla sobre un personaje llamado Jed Martin, del cual se realiza un pequeño primer retrato que sirve como toma de contacto partiendo de la avería de la caldera: “En la cocina, a unos pasos de él, el calentador del agua emitía una sucesión de chasquidos secos. Se quidó quieto, paralizado. Era ya el 15 de diciembre” (p. 11).

Este inicio en el aire,  in medias res, sorprende todavía más cuando después de unas treinta páginas un rótulo en la parte superior de la página nos indica: Primera parte. Y, como tal, comienza la narración de la vida de Jed Martin, focalizada en episodios sobre al arte que de alguna forma van dejando huella en él a lo largo de los años y que ayudan, por lo tanto, al establecimiento de la personalidad peculiar de ese sujeto artista.

La historia continúa a lo largo de la Segunda parte y la Tercera parte con sus particularidades y giros narrativos. La Tercera parte deja hilos de la historia sin cerrar; de nuevo nos sorprendemos cuando vemos el rótulo Epílogo y pensamos que todavía nos faltan más de cuarenta páginas por leer. En efecto, es en el epílogo dónde se dará respuesta principalmente a dos preguntas: ¿Qué ocurre con la investigación policial? ¿Cómo continúa la vida de Jed Martin después de su viaje a Zúrich?

Si bien es cierto que posee ciertas particularidades formales, la novela en sí responde a un orden cronológico que tan solo se rompe en determinados momentos. Lo que hemos destacado aquí contribuye a matizar el sentido de algunas acciones a lo largo de la trama, sin embargo no es un aspecto ampliamente destacable ni excesivamente experimental, sino más bien clásico.

3.1 Debatamos: cuestiones principales de El mapa y el territorio

Michel Houllebecq es capaz de crear un pequeño mundo en sus novelas donde representar problemáticas actuales de las sociedades occidentales y  occidentalizadas. Desde el desconocido, romántico y un tanto detestable mundillo del arte hasta la eutanasia, el capitalismo o cuestiones literarias como la representación del autor real en el mundo ficticio de la novela.

3.1.1 La soledad del individuo en la sociedad de la comunicación

Jed Martin y Michel Houllebecq son personajes solitarios que responden al prototipo de

Caminante sobre un mar de nubes, de Friedrich, representa la soledad romántica ante lo sublime

Caminante sobre un mar de nubes, de Friedrich, representa la soledad romántica ante lo sublime

artista instaurado desde el romanticismo. Sin embargo, ni ese punto bohemio que tienen es atrayente ni su soledad responde a los modelos románticos: yo, el creador, ante la sublime realidad que me abruma como una noche oscura o la visión de un mar de nubes bajo mis pies. La soledad romántica tenía un punto de… de eso, de romanticismo, que es, al menos a priori, bonito aunque doloroso. Ahora la soledad deviene incomunicación. Ambos personajes se aíslan de la realidad exterior y son sus obras las que se relacionan con el mundo. Aunque en este caso Houllebecq lo lleva al terreno del arte, para enmascarar una crítica como después veremos, podemos extrapolarlo a un problema creciente en las sociedades avanzadas actuales: hoy en día es posible vivir sin mantener el menor contacto personal con ninguna persona. Podemos comprar desde 7 Soledadcasa o en grandes superficies donde no necesariamente tenemos que dialogar con nadie, tenemos la opción de trabajar mediando la pantalla de un ordenador, existe la posibilidad de cruzar la ciudad de punta a punta sin entablar conversación más que con nosotros mismos, excluyendo, por supuesto, algún que otro perdón por chocar hombro con hombro en un paso de peatones. Es la paradoja de nuestro tiempo: las sociedades están formadas por un mayor número de individuos que rehúyen del contacto personal. La norma denuncia la socialización más allá de unos límites marcados: interactuamos con desconocidos si nos sentamos juntos en una boda, pero no en el tren, en la panadería o en la cola del supermercado. Y aquellas personas que se saltan la norma reciben a cambio gestos de perplejidad, miradas de acusación y un alias: el/la que hablaba en la cola del súper/el tren/el autobús/la parada del metro. Se señalan sus actos como hechos únicos, extraños o no naturales, es decir, como fuera de la norma. En definitiva, la tendencia del sujeto es huir de la socialización para tender a la individualidad.

Claramente vinculado nos encontramos con un debate moral, ético, religioso, social, individual, de libertad de elección, etc. que con más o menos frecuencia aparece en los medios de comunicación: la eutanasia. Jed Martin no guarda con su padre Jean-Pierre Martin, prestigioso arquitecto y empresario, una relación fluida. Sabemos que en ocasiones se ven tan solo durante una cena anual en Navidad. Jean-Pierre, una vez abandona la dirección de la empresa que ha dirigido durante décadas se marcha a su chalet de Raincy, aunque decide abandonarlo para instalarse en una residencia de ancianos de Boulogne. De nuevo nos encontramos con un personaje que pese a haber logrado adquirir la fama como arquitecto, se encuentra ante una soledad e incomunicación absoluta cuando le llega la hora de la jubilación. Sus días acaban en una clínica de Zúrich, donde decide que le practiquen la eutanasia. Jed Martin, en un intento vano por trabar un último contacto con su padre marcha a Suiza y presa de la frustración le da una paliza a la mujer que lo atiende en una escena cargada de violencia que le valió a Houllebecq un aluvión de críticas que lo tachaban de machista. Así pues, la eutanasia como se presenta en la novela es un hecho de soledad y de decisión individual. Jean-Pierre no tiene unas carencias físicas que no le permitan desarrollar una vida plena sino que la soledad le lleva a un desencanto con la vida que le lleva a tomar esta decisión.

3.1.2 El mundo del arte y la economía de mercado

Volvamos sobre una cita de Michel Houllebecq ya expuesta: “He descrito un mundo que no acabo de comprender, no entiendo cómo se establecen los precios. Son pocas las personas que decide su valor. Cada vez se comprende menos la economía”. El mundo del arte, previsiblemente rodeado de un aura romántica, es un mercado cerrado y dirigido entre las grandes fortunas. Y como todo mercado, en el sentido tan manido que escuchamos todos los días en cualquier noticiario, está repleto de hijos de puta. Es así. El artista, en este caso Jed Martin principalmente, tiene un papel secundario: crea y expone. Controlar el resto de factores queda fuera de su alcance. A saber, la cotización de sus obras depende de las buenas críticas recibidas, algo totalmente subjetivo, y del precio que una serie de coleccionistas estén dispuestos a pagar. Si esas críticas consagran al artista y su fama crece exponencialmente el pastel se lo reparten entre las grandes fortunas, como podemos observar en la exposición de retratos sobre profesionales y en el cuadro de Martin Jeff Koons y Damien Hirst repartiéndose el mercado del arte. Como en todo mercado, la oferta y la demanda establecen unos precios en ocasiones desorbitados. La crítica de Houllebecq toca tangencialmente este aspecto para centrarse en la causa inicial: ¿Cómo se decide qué obras y autores entran en esta dinámica de excesos? ¿Por qué Jed Martin sí y otros tantos no? La ironía aquí juega un papel fundamental: el protagonista adquiere la fama haciendo fotografías a mapas de carreteras.

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Versiones de Jeff Koons y Damien Hirst repartiéndose el mercado del arte pintadas a partir de la novela:

http://www.saatchionline.com/art/Painting-Damien-Hirst-and-Jeff-Koons-carving-out-the-Art-market-inspired-by-a-fictional-portrait-in-Michel-Houellebecq-s-La-Carte-et-le-Territoire/285077/1271742/view 

http://ratak-monodosico.tumblr.com/post/13457093904

Pero la acusación Michel Houllebecq no se queda solo en el mundo del arte, sino que le sirve como pretexto para elaborar una sucinta crítica al neoliberalismo y la economía de mercado aparejada con él. Los ya comentados precios de las obras de arte (los personajes del galerista y el agente de Jed Martin forman parte de esta parte de la crítica) y cómo esto se relaciona con el entramado empresarial: Olga, la muchacha rusa con la que tiene una relación sentimental en la exposición de los mapas, trabaja para Michelín y consigue hacerse con un puesto de poder; los cuadros pintados por Martin para la siguiente exposición tienen claros tintes irónicos: Jeff Koons y Damien Hirst repartiéndose el mercado del arte, sobre cómo el poder de decisión recae en unos pocos elegidos; Michel Houllebecq, escritor, regalado al Michel Houllebecq aunque valorado en una cifra astronómica, viene a representar cómo para el artista está el arte por encima del dinero; El ingeniero Ferdinand Piëch visitando los talleres de producción de Molsheim, donde se fabrica el Bugatti Veyron, el automóvil más rápido y más caro del mundo; El arquitecto Jean-Pierre Martin abandonando la dirección de la empresa, es decir, el mundo del trabajo como elemento de clase; Bill Gates y Steve Jobs conversando sobre el futuro de la informática, de nuevo una esfera de la economía controlada por muy pocas10 Capitalismo empresas. En definitiva, Michel Houllebecq parte del mundo del arte y sus problemas particulares para llegar al neoliberalismo y al capitalismo a través de una crítica basada en la ironía, lo cual la hace todavía más contundente.

Para debatir sobre todo esto y para que no queden tan en el aire estas apreciaciones, traigo aquí un fragmento de El mapa y el territorio (p. 235-236):

Él mismo [Jed Martin] había sido distinguido, menos de un mes antes, por la ley de la oferta y la demanda, la riqueza le había envuelto de repente como una lluvia de chispas, liberado de todo yugo económico, y cayó en la cuenta de que ahora iba a abandonar aquel mundo del que en realidad nunca había formado parte, sus relaciones humanas, ya poco numerosas, iban a secarse una tras otra y a extinguirse, estaría en la vida como estaba actualmente en el habitáculo de acabado perfecto de su Audi Allroad A6, apacible y sin alegría, definitivamente neutro.

3.1.3 La fama

En las sociedades medievales, pongo como ejemplo por ser el más representativo, la fama se conseguía a lo largo de los años. Unida al honor y la honra eran las características básicas que debía tener todo aquel que deseaba adquirir algún poder en cualquier espacio de la sociedad. Los señores feudales, sin ir más lejos, buscaban mantener la honra en el espacio privado y conseguir fama y honor a través de sus acciones como el apoyo a la corona, la defensa de sus territorios… En nuestra sociedad, mediatizada por redes de información, la fama se puede conseguir por cualquier nimiedad, mientras que hechos, actos y creaciones a los que se han dedicado años de esfuerzo quedan en el vacío más absoluto hasta que alguien, si hay suerte, las rescata. Dos tipos de ejemplos: Antonio Machado murió en la más extrema necesidad durante los primeros días de su exilio en Francia y Benito Pérez Galdós, autor de más de cien novelas y más de veinte obras teatrales, murió ciego y enfermo en el hotel de su sobrino; cuando Franz Kafka murió en Austria el 3 de junio de 1924 únicamente había visto publicar algunas de sus historias cortas en revistas de segunda, el resto las dejó en manos de su albacea Max Brod, quien debía destruirlos, sin embargo y afortunadamente, Brod decidió publicarlos y lo demás es historia; Van Gogh nunca vendió un cuadro en vida. La fama es demasiado caprichosa: a algunos los ilumina para luego abandonarlos y a otros lo rechaza en vida para recogerlos  en muerte. En la sociedad actual la fugacidad y aleatoriedad de la fama se acrecienta más si cabe debido a la influencia de los medios de comunicación: sintonizad Telecinco y veréis lo que os digo. Pues bien, Michel Houllebecq juega perfectamente con este motivo a lo largo de su obra a través: primero con Houllebecq personaje, quien rehúye de los focos y cuya fama se acrecienta, como en todos los casos, una vez asesinado; segundo, con Jed Martin, quien primero coquetea con ella para luego recluirse y pasar sus últimos años solo, viviendo de las rentas recibidas años antes, aunque finalmente sea de nuevo reconocido con la exposición de sus videogramas en el MOMA de Philadelphia.

3.1.4 Problemáticas literarias: el autor como personaje y la novela policial

La aparición del autor como personaje no es una novedad en el mundo de la literatura. De12 Autor hecho ya hemos leído algunas que hacen uso de ello: La velocidad de la luz de Javier Cercas o Invisible de Paul Auster. Y es que los juegos con la identidad del autor en la novela se han convertido en una de las señas de identidad de la novela contemporánea. Aquí se nos presenta a un Michel Houllebecq personaje que guarda multitud de similitudes con el real: los libros publicados responden a los mismos títulos, las descripciones son perfectamente relacionables con la realidad, vive en las islas británicas… Sin embargo, el Houllebecq autor juega aquí a distanciarse para verse a sí mismo en un espejo deformado y presentarse así, como él mismo afirma en una entrevista, “Como esperan que yo sea. Tengo esa fama de alcohólico, huraño e insoportable”.  Juega a presentarse como el personaje que es para la opinión pública dejando, eso sí, un espacio para un Houllebecq más entrañable cuando se retira al pueblo.

11 PolicialPor último, el cambio hacia lo policial a partir de la Tercera Parte de la novela supone la entrada en un territorio hasta entonces inexplorado por Houllebecq. El giro inesperado sorprende al lector más todavía cuando se encuentra con la macabra escena. Houllebecq lo utiliza como un juego con el lector, ante el que aparecen dos nuevos personajes (Jasselin y Ferber), para experimentar las sensaciones que puede producir la descripción de su propia muerte y la investigación posterior sobre ella. Es en esta parte dónde podemos observar el fallo narrativo más claro: la resolución del caso aunque no es previsible resulta demasiado fácil y poco acorde con el nivel demostrado hasta ese momento en la narración.

3.2 Valoraciones

El mapa y el territorio parte del arte para reflexionar sobre la vida y la sociedad globalizada en la que desarrollamos nuestras vidas. Focaliza en los espacios oscuros del ser humano: la soledad, la individualidad, la fama… Pero también en los lugares turbios de la sociedad: los mercados, el mundo del arte, la fama de nuevo… En definitiva, la novela se plantea como una exploración del mapa en el que habitamos, de esa hiperrealidad de la que hablábamos al principio y que ha sustituido a la propia realidad en sí misma: para Houllebecq, el territorio ha desaparecido, no lo podemos conocer ni nombrar a partir del lenguaje; ahora solo quedan sus ruinas, volviendo al relato de Borges para darle la vuelta, esparcidas en este desierto de lo real que habitamos.


[1] Las referencias a El mapa y el territorio están extraídas de Houllebecq, Michel (2013): El mapa y el territorio, 1ª edición, Colección Compactos, Editorial Anagrama, Barcelona.

Un pensamiento en “Guía de lectura: El mapa y el territorio, de Michel Houllebecq

  1. Excelente guía de lectura. Un autor muy carismático y una novela que a mi me ha costado entender al principio pero que a medida que iba avanzando me ha enganchado. Son temas muy actuales los que aparecen en la novela y te hacen reflexionar mucho a cerca del mundo consumista que vivimos.Deseosa de leer la novela “Plataforma”. Enhorabuena Raúl.

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